Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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****Edad del Caos****
"Elun’Kaor, la Hija del Monstruo"
La guerra había cambiado, ya no era solo Ozma contra los dioses ahora eran pueblos enteros luchando por sobrevivir, razas obligadas a elegir un bando y traiciones nacidas del miedo.
Yen lo sabía por eso, cuando recibió el aviso de que una de las ciudades liberadas estaba a punto de caer, no dudó.
Ozma no iría con ella, Helior Prime había aparecido y eso solo significaba una cosa:
era una trampa. Los Dioses querian dividir sus fuerzas pero aun asi Yen avanzó.
No tenía opción, los ciudadanos no corrían, no gritaban, esperaban. Fue entonces cuando lo entendió.
Esto no es un rescate -Murmuró Yen.-
Las puertas se abrieron s lo que salió de ellas no eran refugiados, eran enemigos, humanos armados, criaturas deformadas, Demonios con marcas que no les pertenecían.
Nos vendieron… -Susurró uno de los Kijin.-
No... No nos vendieron, eligieron un bando. -Respondio Yen.-
Los dioses les habían ofrecido poder y ellos aceptaron. La batalla comenzó sin tregua. Fue un día entero sin descanso, sin pausas.
Yen luchaba al frente, como siempre, su espada cortaba, su cuerpo resistía, su mente calculaba pero no era suficiente. Los demonios no caían como deberían, se regeneraban, se retorcían y se levantaban. El poder de los dioses mezclado con el poder oscuro de estos. Era una aberración.
Al caer la noche los Kijin empezaron a caer uno a uno, Onix seguía en pie, cubierta de sangre y agotada. Yen respiraba con dificultad, su brazo mecánico crujía, su cuerpo ya no respondía igual y por primera vez en años penso que esta vez nadie de su grupo se salvaría
-Pero entonces levanto la vista a la luna llena observándola.- Padre… -Susurró, apretando los dientes- Dame fuerza.
-Pero no fue a él a quien sintió, fue calor suave y familiar.- Madre…?! -La luz la envolvió, su piel cambió, la oscuridad verde desapareció y en su lugar… una figura de luz plateada emergio
Su cabello era plateado y brillante, ojos claros... Una Elunai completa. Los Kijin retrocedieron, porque no entendían lo que veían pero aun asi, lo sabian en el fondo.
"Es ella…"
Yen no dudó, se lanzó, ahora diferente, su espada ya no solo cortaba, Quemaba y purificaba. La magia de sanación fluía por su cuerpo pero no sanaba... Destruía.
Los demonios gritaban, sus cuerpos se deshacían bajo una luz que no debería matar. Y ahí, algo comenzó a romperse dentro de ella. La luna no estaba hecha para eso, ese poder no era para destruir, Yen lo forzó, lo torció y lo usó como arma.
-Su cabello plateado se oscureció, al lado de sus ojos se marcaba en rojo. Los Elunai que observaban desde lejos lo entendieron al instante.- "Elun’Kaor… Una corrupta… La hija del monstruo".
Pero Yen ya no escuchaba, ni siquiera era consiente de su propio apariencia, solo avanzaba y destruía. Un demonio mayor cargó contra ella.
Gigantesco, deforme, gritando, Yen levantó su brazo mecánico y lo detuvo en seco con un poderoso golpe. El impacto rompió el suelo, el aire explotó y luego del golpeó el cuerpo del demonio se desintegró.
Pero algo más también se rompió, su brazo mecánico estalló en pedazos. Onix lo vio y grito asustada: ¡YEN!
Pero Yen no se detuvo, gritó. Fue un grito que no era de este mundo, su poder se disparó, su cuerpo creció, músculos, fuerza, furia y entonces… sintió algo nuevo donde no había nada. Algo nació, era carne, hueso, sangre... Su brazo regenerándose demasiado rápido,, demasiado violento.
Yen estaba completa, vio a sus enemigos y sonrió con sed de sangre... La batalla terminó poco después no porque ganaran, sino porque no quedó nada con que combatir.
Yen cayó de rodillas, su cuerpo volvió a la normalidad. Piel verde, respiración rota.
Había ganado, sí, pero en el fondo algo no estaba bien.
"Elun’Kaor, la Hija del Monstruo"
La guerra había cambiado, ya no era solo Ozma contra los dioses ahora eran pueblos enteros luchando por sobrevivir, razas obligadas a elegir un bando y traiciones nacidas del miedo.
Yen lo sabía por eso, cuando recibió el aviso de que una de las ciudades liberadas estaba a punto de caer, no dudó.
Ozma no iría con ella, Helior Prime había aparecido y eso solo significaba una cosa:
era una trampa. Los Dioses querian dividir sus fuerzas pero aun asi Yen avanzó.
No tenía opción, los ciudadanos no corrían, no gritaban, esperaban. Fue entonces cuando lo entendió.
Esto no es un rescate -Murmuró Yen.-
Las puertas se abrieron s lo que salió de ellas no eran refugiados, eran enemigos, humanos armados, criaturas deformadas, Demonios con marcas que no les pertenecían.
Nos vendieron… -Susurró uno de los Kijin.-
No... No nos vendieron, eligieron un bando. -Respondio Yen.-
Los dioses les habían ofrecido poder y ellos aceptaron. La batalla comenzó sin tregua. Fue un día entero sin descanso, sin pausas.
Yen luchaba al frente, como siempre, su espada cortaba, su cuerpo resistía, su mente calculaba pero no era suficiente. Los demonios no caían como deberían, se regeneraban, se retorcían y se levantaban. El poder de los dioses mezclado con el poder oscuro de estos. Era una aberración.
Al caer la noche los Kijin empezaron a caer uno a uno, Onix seguía en pie, cubierta de sangre y agotada. Yen respiraba con dificultad, su brazo mecánico crujía, su cuerpo ya no respondía igual y por primera vez en años penso que esta vez nadie de su grupo se salvaría
-Pero entonces levanto la vista a la luna llena observándola.- Padre… -Susurró, apretando los dientes- Dame fuerza.
-Pero no fue a él a quien sintió, fue calor suave y familiar.- Madre…?! -La luz la envolvió, su piel cambió, la oscuridad verde desapareció y en su lugar… una figura de luz plateada emergio
Su cabello era plateado y brillante, ojos claros... Una Elunai completa. Los Kijin retrocedieron, porque no entendían lo que veían pero aun asi, lo sabian en el fondo.
"Es ella…"
Yen no dudó, se lanzó, ahora diferente, su espada ya no solo cortaba, Quemaba y purificaba. La magia de sanación fluía por su cuerpo pero no sanaba... Destruía.
Los demonios gritaban, sus cuerpos se deshacían bajo una luz que no debería matar. Y ahí, algo comenzó a romperse dentro de ella. La luna no estaba hecha para eso, ese poder no era para destruir, Yen lo forzó, lo torció y lo usó como arma.
-Su cabello plateado se oscureció, al lado de sus ojos se marcaba en rojo. Los Elunai que observaban desde lejos lo entendieron al instante.- "Elun’Kaor… Una corrupta… La hija del monstruo".
Pero Yen ya no escuchaba, ni siquiera era consiente de su propio apariencia, solo avanzaba y destruía. Un demonio mayor cargó contra ella.
Gigantesco, deforme, gritando, Yen levantó su brazo mecánico y lo detuvo en seco con un poderoso golpe. El impacto rompió el suelo, el aire explotó y luego del golpeó el cuerpo del demonio se desintegró.
Pero algo más también se rompió, su brazo mecánico estalló en pedazos. Onix lo vio y grito asustada: ¡YEN!
Pero Yen no se detuvo, gritó. Fue un grito que no era de este mundo, su poder se disparó, su cuerpo creció, músculos, fuerza, furia y entonces… sintió algo nuevo donde no había nada. Algo nació, era carne, hueso, sangre... Su brazo regenerándose demasiado rápido,, demasiado violento.
Yen estaba completa, vio a sus enemigos y sonrió con sed de sangre... La batalla terminó poco después no porque ganaran, sino porque no quedó nada con que combatir.
Yen cayó de rodillas, su cuerpo volvió a la normalidad. Piel verde, respiración rota.
Había ganado, sí, pero en el fondo algo no estaba bien.
****Edad del Caos****
"Elun’Kaor, la Hija del Monstruo"
La guerra había cambiado, ya no era solo Ozma contra los dioses ahora eran pueblos enteros luchando por sobrevivir, razas obligadas a elegir un bando y traiciones nacidas del miedo.
Yen lo sabía por eso, cuando recibió el aviso de que una de las ciudades liberadas estaba a punto de caer, no dudó.
Ozma no iría con ella, Helior Prime había aparecido y eso solo significaba una cosa:
era una trampa. Los Dioses querian dividir sus fuerzas pero aun asi Yen avanzó.
No tenía opción, los ciudadanos no corrían, no gritaban, esperaban. Fue entonces cuando lo entendió.
Esto no es un rescate -Murmuró Yen.-
Las puertas se abrieron s lo que salió de ellas no eran refugiados, eran enemigos, humanos armados, criaturas deformadas, Demonios con marcas que no les pertenecían.
Nos vendieron… -Susurró uno de los Kijin.-
No... No nos vendieron, eligieron un bando. -Respondio Yen.-
Los dioses les habían ofrecido poder y ellos aceptaron. La batalla comenzó sin tregua. Fue un día entero sin descanso, sin pausas.
Yen luchaba al frente, como siempre, su espada cortaba, su cuerpo resistía, su mente calculaba pero no era suficiente. Los demonios no caían como deberían, se regeneraban, se retorcían y se levantaban. El poder de los dioses mezclado con el poder oscuro de estos. Era una aberración.
Al caer la noche los Kijin empezaron a caer uno a uno, Onix seguía en pie, cubierta de sangre y agotada. Yen respiraba con dificultad, su brazo mecánico crujía, su cuerpo ya no respondía igual y por primera vez en años penso que esta vez nadie de su grupo se salvaría
-Pero entonces levanto la vista a la luna llena observándola.- Padre… -Susurró, apretando los dientes- Dame fuerza.
-Pero no fue a él a quien sintió, fue calor suave y familiar.- Madre…?! -La luz la envolvió, su piel cambió, la oscuridad verde desapareció y en su lugar… una figura de luz plateada emergio
Su cabello era plateado y brillante, ojos claros... Una Elunai completa. Los Kijin retrocedieron, porque no entendían lo que veían pero aun asi, lo sabian en el fondo.
"Es ella…"
Yen no dudó, se lanzó, ahora diferente, su espada ya no solo cortaba, Quemaba y purificaba. La magia de sanación fluía por su cuerpo pero no sanaba... Destruía.
Los demonios gritaban, sus cuerpos se deshacían bajo una luz que no debería matar. Y ahí, algo comenzó a romperse dentro de ella. La luna no estaba hecha para eso, ese poder no era para destruir, Yen lo forzó, lo torció y lo usó como arma.
-Su cabello plateado se oscureció, al lado de sus ojos se marcaba en rojo. Los Elunai que observaban desde lejos lo entendieron al instante.- "Elun’Kaor… Una corrupta… La hija del monstruo".
Pero Yen ya no escuchaba, ni siquiera era consiente de su propio apariencia, solo avanzaba y destruía. Un demonio mayor cargó contra ella.
Gigantesco, deforme, gritando, Yen levantó su brazo mecánico y lo detuvo en seco con un poderoso golpe. El impacto rompió el suelo, el aire explotó y luego del golpeó el cuerpo del demonio se desintegró.
Pero algo más también se rompió, su brazo mecánico estalló en pedazos. Onix lo vio y grito asustada: ¡YEN!
Pero Yen no se detuvo, gritó. Fue un grito que no era de este mundo, su poder se disparó, su cuerpo creció, músculos, fuerza, furia y entonces… sintió algo nuevo donde no había nada. Algo nació, era carne, hueso, sangre... Su brazo regenerándose demasiado rápido,, demasiado violento.
Yen estaba completa, vio a sus enemigos y sonrió con sed de sangre... La batalla terminó poco después no porque ganaran, sino porque no quedó nada con que combatir.
Yen cayó de rodillas, su cuerpo volvió a la normalidad. Piel verde, respiración rota.
Había ganado, sí, pero en el fondo algo no estaba bien.
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