• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ****Edad del Caos****
    "Elun’Kaor, la Hija del Monstruo"

    La guerra había cambiado, ya no era solo Ozma contra los dioses ahora eran pueblos enteros luchando por sobrevivir, razas obligadas a elegir un bando y traiciones nacidas del miedo.

    Yen lo sabía por eso, cuando recibió el aviso de que una de las ciudades liberadas estaba a punto de caer, no dudó.

    Ozma no iría con ella, Helior Prime había aparecido y eso solo significaba una cosa:
    era una trampa. Los Dioses querian dividir sus fuerzas pero aun asi Yen avanzó.

    No tenía opción, los ciudadanos no corrían, no gritaban, esperaban. Fue entonces cuando lo entendió.

    Esto no es un rescate -Murmuró Yen.-

    Las puertas se abrieron s lo que salió de ellas no eran refugiados, eran enemigos, humanos armados, criaturas deformadas, Demonios con marcas que no les pertenecían.

    Nos vendieron… -Susurró uno de los Kijin.-

    No... No nos vendieron, eligieron un bando. -Respondio Yen.-

    Los dioses les habían ofrecido poder y ellos aceptaron. La batalla comenzó sin tregua. Fue un día entero sin descanso, sin pausas.

    Yen luchaba al frente, como siempre, su espada cortaba, su cuerpo resistía, su mente calculaba pero no era suficiente. Los demonios no caían como deberían, se regeneraban, se retorcían y se levantaban. El poder de los dioses mezclado con el poder oscuro de estos. Era una aberración.

    Al caer la noche los Kijin empezaron a caer uno a uno, Onix seguía en pie, cubierta de sangre y agotada. Yen respiraba con dificultad, su brazo mecánico crujía, su cuerpo ya no respondía igual y por primera vez en años penso que esta vez nadie de su grupo se salvaría

    -Pero entonces levanto la vista a la luna llena observándola.- Padre… -Susurró, apretando los dientes- Dame fuerza.

    -Pero no fue a él a quien sintió, fue calor suave y familiar.- Madre…?! -La luz la envolvió, su piel cambió, la oscuridad verde desapareció y en su lugar… una figura de luz plateada emergio

    Su cabello era plateado y brillante, ojos claros... Una Elunai completa. Los Kijin retrocedieron, porque no entendían lo que veían pero aun asi, lo sabian en el fondo.

    "Es ella…"

    Yen no dudó, se lanzó, ahora diferente, su espada ya no solo cortaba, Quemaba y purificaba. La magia de sanación fluía por su cuerpo pero no sanaba... Destruía.

    Los demonios gritaban, sus cuerpos se deshacían bajo una luz que no debería matar. Y ahí, algo comenzó a romperse dentro de ella. La luna no estaba hecha para eso, ese poder no era para destruir, Yen lo forzó, lo torció y lo usó como arma.

    -Su cabello plateado se oscureció, al lado de sus ojos se marcaba en rojo. Los Elunai que observaban desde lejos lo entendieron al instante.- "Elun’Kaor… Una corrupta… La hija del monstruo".

    Pero Yen ya no escuchaba, ni siquiera era consiente de su propio apariencia, solo avanzaba y destruía. Un demonio mayor cargó contra ella.

    Gigantesco, deforme, gritando, Yen levantó su brazo mecánico y lo detuvo en seco con un poderoso golpe. El impacto rompió el suelo, el aire explotó y luego del golpeó el cuerpo del demonio se desintegró.

    Pero algo más también se rompió, su brazo mecánico estalló en pedazos. Onix lo vio y grito asustada: ¡YEN!

    Pero Yen no se detuvo, gritó. Fue un grito que no era de este mundo, su poder se disparó, su cuerpo creció, músculos, fuerza, furia y entonces… sintió algo nuevo donde no había nada. Algo nació, era carne, hueso, sangre... Su brazo regenerándose demasiado rápido,, demasiado violento.

    Yen estaba completa, vio a sus enemigos y sonrió con sed de sangre... La batalla terminó poco después no porque ganaran, sino porque no quedó nada con que combatir.

    Yen cayó de rodillas, su cuerpo volvió a la normalidad. Piel verde, respiración rota.
    Había ganado, sí, pero en el fondo algo no estaba bien.
    ****Edad del Caos**** "Elun’Kaor, la Hija del Monstruo" La guerra había cambiado, ya no era solo Ozma contra los dioses ahora eran pueblos enteros luchando por sobrevivir, razas obligadas a elegir un bando y traiciones nacidas del miedo. Yen lo sabía por eso, cuando recibió el aviso de que una de las ciudades liberadas estaba a punto de caer, no dudó. Ozma no iría con ella, Helior Prime había aparecido y eso solo significaba una cosa: era una trampa. Los Dioses querian dividir sus fuerzas pero aun asi Yen avanzó. No tenía opción, los ciudadanos no corrían, no gritaban, esperaban. Fue entonces cuando lo entendió. Esto no es un rescate -Murmuró Yen.- Las puertas se abrieron s lo que salió de ellas no eran refugiados, eran enemigos, humanos armados, criaturas deformadas, Demonios con marcas que no les pertenecían. Nos vendieron… -Susurró uno de los Kijin.- No... No nos vendieron, eligieron un bando. -Respondio Yen.- Los dioses les habían ofrecido poder y ellos aceptaron. La batalla comenzó sin tregua. Fue un día entero sin descanso, sin pausas. Yen luchaba al frente, como siempre, su espada cortaba, su cuerpo resistía, su mente calculaba pero no era suficiente. Los demonios no caían como deberían, se regeneraban, se retorcían y se levantaban. El poder de los dioses mezclado con el poder oscuro de estos. Era una aberración. Al caer la noche los Kijin empezaron a caer uno a uno, Onix seguía en pie, cubierta de sangre y agotada. Yen respiraba con dificultad, su brazo mecánico crujía, su cuerpo ya no respondía igual y por primera vez en años penso que esta vez nadie de su grupo se salvaría -Pero entonces levanto la vista a la luna llena observándola.- Padre… -Susurró, apretando los dientes- Dame fuerza. -Pero no fue a él a quien sintió, fue calor suave y familiar.- Madre…?! -La luz la envolvió, su piel cambió, la oscuridad verde desapareció y en su lugar… una figura de luz plateada emergio Su cabello era plateado y brillante, ojos claros... Una Elunai completa. Los Kijin retrocedieron, porque no entendían lo que veían pero aun asi, lo sabian en el fondo. "Es ella…" Yen no dudó, se lanzó, ahora diferente, su espada ya no solo cortaba, Quemaba y purificaba. La magia de sanación fluía por su cuerpo pero no sanaba... Destruía. Los demonios gritaban, sus cuerpos se deshacían bajo una luz que no debería matar. Y ahí, algo comenzó a romperse dentro de ella. La luna no estaba hecha para eso, ese poder no era para destruir, Yen lo forzó, lo torció y lo usó como arma. -Su cabello plateado se oscureció, al lado de sus ojos se marcaba en rojo. Los Elunai que observaban desde lejos lo entendieron al instante.- "Elun’Kaor… Una corrupta… La hija del monstruo". Pero Yen ya no escuchaba, ni siquiera era consiente de su propio apariencia, solo avanzaba y destruía. Un demonio mayor cargó contra ella. Gigantesco, deforme, gritando, Yen levantó su brazo mecánico y lo detuvo en seco con un poderoso golpe. El impacto rompió el suelo, el aire explotó y luego del golpeó el cuerpo del demonio se desintegró. Pero algo más también se rompió, su brazo mecánico estalló en pedazos. Onix lo vio y grito asustada: ¡YEN! Pero Yen no se detuvo, gritó. Fue un grito que no era de este mundo, su poder se disparó, su cuerpo creció, músculos, fuerza, furia y entonces… sintió algo nuevo donde no había nada. Algo nació, era carne, hueso, sangre... Su brazo regenerándose demasiado rápido,, demasiado violento. Yen estaba completa, vio a sus enemigos y sonrió con sed de sangre... La batalla terminó poco después no porque ganaran, sino porque no quedó nada con que combatir. Yen cayó de rodillas, su cuerpo volvió a la normalidad. Piel verde, respiración rota. Había ganado, sí, pero en el fondo algo no estaba bien.
    0 comentarios 1 compartido
  • ㅤ ㅤ

    ㅤ ㅤ
    ㅤ⠀
    𝐓𝐇𝐄 𝐁𝐎𝐒𝐒 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐀𝐑𝐄𝐍𝐀
    “ 𝘼𝙧𝙚 𝙮𝙤𝙪 𝙡𝙤𝙣𝙚𝙡𝙮 ? “
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── ¡¿Tantos años y aún no lo entiendes, Settrigh?! ──── Gritó el mayor acercándose al bastardo gradualmente, apenas la pobre luz del lugar podía dejar en vista la silueta de su ser.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── ¡No te pedí que vinieras! ¡Solo déjame estar solo, maldita sea! ──── Respondió Settrigh, golpeando aún más fuerte el muñeco con el que practicaba.
    ㅤ⠀
    Le molestaban los sermones que venían de el, más aún no podía pensar con claridad al haber perdido aquel combate contra Jack, la ira lo recorría, a pesar de haber perdido, aún quería pelear. Habían apostado algo más allá que simple dinero, lo más importante en aquel mundo de luchadores, el honor.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── Settrigh... Para. ──── Musitó Bingween mientras se posaba a su lado, observandolo en silencio con un rostro preocupado. Después de todo, era como su hijo.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── Déjame... Por favor. ──── Suplico el bastardo mientras lentamente las lágrimas empezaron a recorrer su rostro, un par que habían trazado camino. Limpiaron la suciedad de su rostro, del polvo que había mordido.
    Sus nudillos ya estaban dañados de tanto golpear el muñeco a carne viva, su cuerpo magullado al punto de que si seguía en pie, sus daños tardarían en sanarse un buen tiempo. Había desgarrado sus músculos, su determinación los arrastró.
    ㅤ⠀
    ──── Sabes que sus palabras no valen nada, solamente buscan herirte, ellos lo han hecho desde que eres un cachorro. Lo sabes muy bien. ──── Comentó, manteniendo su postura erguida para pronto acomodar sus gafas. Se acercó al bastardo, agarrando suavemente el dorso de sus manos para detenerlo y así mismo, ver las heridas a profundidad.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── Mamá no lo merece. Solo... Si papá se hubiera quedado, ¿Todo sería normal? ──── Comentó, suspirando suavemente. Siquiera el llanto se percibía, solamente sus lágrimas. El llanto se desgasto a lo largo de su vida.
    ㅤ⠀
    Bingween sabía que nunca Sett aún lidiaba con ese trauma, después de tantos años. Mas aún se esforzaba en tratarlo desde que era un pequeño y simple chico, tratando de sobrevivir. Quizá nunca dejó de ser un cachorro.
    Settrigh apenas lo vio unos segundos... Cerró sus ojos, idiota.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── Lo lamento... Maestro. ──── Susurró el bastardo, pronto tomando al mayor en sus brazos para poder atraparlo en un abrazo. Al final, ¿Porque necesitaba a papá? Pensó.
    ㅤ⠀
    Ya tenía un padre a su lado.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀
    ㅤ ㅤ ㅤ ㅤ ㅤ⠀ 𝐓𝐇𝐄 𝐁𝐎𝐒𝐒 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐀𝐑𝐄𝐍𝐀 “ 𝘼𝙧𝙚 𝙮𝙤𝙪 𝙡𝙤𝙣𝙚𝙡𝙮 ? “ ㅤ⠀ ㅤ⠀ ㅤ⠀ ㅤ⠀──── ¡¿Tantos años y aún no lo entiendes, Settrigh?! ──── Gritó el mayor acercándose al bastardo gradualmente, apenas la pobre luz del lugar podía dejar en vista la silueta de su ser. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── ¡No te pedí que vinieras! ¡Solo déjame estar solo, maldita sea! ──── Respondió Settrigh, golpeando aún más fuerte el muñeco con el que practicaba. ㅤ⠀ Le molestaban los sermones que venían de el, más aún no podía pensar con claridad al haber perdido aquel combate contra Jack, la ira lo recorría, a pesar de haber perdido, aún quería pelear. Habían apostado algo más allá que simple dinero, lo más importante en aquel mundo de luchadores, el honor. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── Settrigh... Para. ──── Musitó Bingween mientras se posaba a su lado, observandolo en silencio con un rostro preocupado. Después de todo, era como su hijo. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── Déjame... Por favor. ──── Suplico el bastardo mientras lentamente las lágrimas empezaron a recorrer su rostro, un par que habían trazado camino. Limpiaron la suciedad de su rostro, del polvo que había mordido. Sus nudillos ya estaban dañados de tanto golpear el muñeco a carne viva, su cuerpo magullado al punto de que si seguía en pie, sus daños tardarían en sanarse un buen tiempo. Había desgarrado sus músculos, su determinación los arrastró. ㅤ⠀ ──── Sabes que sus palabras no valen nada, solamente buscan herirte, ellos lo han hecho desde que eres un cachorro. Lo sabes muy bien. ──── Comentó, manteniendo su postura erguida para pronto acomodar sus gafas. Se acercó al bastardo, agarrando suavemente el dorso de sus manos para detenerlo y así mismo, ver las heridas a profundidad. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── Mamá no lo merece. Solo... Si papá se hubiera quedado, ¿Todo sería normal? ──── Comentó, suspirando suavemente. Siquiera el llanto se percibía, solamente sus lágrimas. El llanto se desgasto a lo largo de su vida. ㅤ⠀ Bingween sabía que nunca Sett aún lidiaba con ese trauma, después de tantos años. Mas aún se esforzaba en tratarlo desde que era un pequeño y simple chico, tratando de sobrevivir. Quizá nunca dejó de ser un cachorro. Settrigh apenas lo vio unos segundos... Cerró sus ojos, idiota. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── Lo lamento... Maestro. ──── Susurró el bastardo, pronto tomando al mayor en sus brazos para poder atraparlo en un abrazo. Al final, ¿Porque necesitaba a papá? Pensó. ㅤ⠀ Ya tenía un padre a su lado. ㅤ⠀ ㅤ⠀ ㅤ⠀
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ***Edad del Caos****
    “El Precio de la Luna”

    Los años habían endurecido al mundo y también a Yen. La que alguna vez fue una niña perdida ahora marchaba al frente de ejércitos. Su nombre ya no se susurraba con duda, sino con respeto entre los Kijin, aquellos que alguna vez fueron nómadas y que ahora habían elegido su propio destino, su propia identidad.

    Yen peleaba a su lado como igual, las campañas contra los Elunai continuaban sin descanso. Ciudad tras ciudad caía, cadenas eran rotas y pueblos enteros recuperaban su libertad. Sin embargo, la libertad no traía siempre valentía. Muchos de los liberados elegían no empuñar armas, y ni Ozma ni Yen los obligaban. No todos nacían para la guerra y ellos lo entendían.

    Pero hubo un lugar distinto, un antiguo centro de investigación. El aire ahí estaba cargado como si la tierra misma recordara el dolor.

    Cuando el asalto comenzó, los Elunai no huyeron de inmediato, activaron su último recurso... Una aberración. De entre los restos del laboratorio emergió algo que alguna vez fue un Nómada. Su cuerpo estaba deformado, cubierto de músculos grotescos, con colmillos que sobresalían como cuchillas y cuernos retorcidos. Su largo cabello blanco caía hasta la cintura como una sombra. En sus manos, un hacha de guerra descomunal.

    No era un soldado, era un experimento. Yen avanzó, por primera vez, el ejército era suyo y no iba a fallar. La batalla fue brutal, cada golpe del monstruo sacudía la tierra. Yen respondía con velocidad y precisión, moviéndose como una sombra bajo la luna invisible del día. Pero aquella cosa no sentía dolor, solo destrucción.

    Porque mientras ella luchaba con técnica, aquella cosa luchaba con puro instinto desatado. Pero entonces... El error llegó en un instante, un movimiento mal calculado, un poder mal canalizado y el castigo fue brutal.

    Su brazo fue arrancado, el dolor indescriptible, sus soldados Kijin dudaron, creyeron su que princesa guerrera iba caer, pero aun así, Yen no retrocedió.

    Algo dentro de ella, ese impulso que siempre la empujaba hacia adelante tomó el control. Junto a Onix, que se mantuvo firme incluso ante el horror, lograron derribar a la criatura y librarla del sufrimiento.

    Pero la victoria no se sintió como tal, los Kijin la llevaron ante Ozma, él percibió algo que lo hizo detenerse. El poder de Yen era grande, demasiado grande para alguien que aún no comprendía lo que tenía.

    Para él, aquello solo significaba una cosa: su hija había crecido y si había crecido, entonces debía ser capaz. Sanó sus heridas pero no su brazo, no fue crueldad, fue convicción.

    Desde su perspectiva, Yen ya tenía todo lo necesario. Si no podía regenerarse era porque aún no lo intentaba de verdad. Porque no había sido llevada al límite correcto.

    Ozma no conocía la verdad, no sabía que el poder de Yen no había crecido de forma natural. Que la bendición lunar, heredada de Selin, había abierto puertas antes de tiempo.

    Le había dado acceso a algo sin enseñarle a usarlo, era como darle a un niño un libro imposible de leer y esperar que entendiera las palabras.

    Yen aceptó la desicion de su padre porque confiaba en él, siempre lo había hecho. Pasaron varios dias para que Yen recuperara su poder agotado, ella sabia lo que tenia hacer, esa noche era la indicada... Pero cuando llegó la luna llena y trató de repetir aquello que una vez mas no hubo respuesta.

    Yen entrenó, intentó, insistió, pero nada. No entendía qué había hecho aquella noche ni cómo volver a hacerlo.

    Por primera vez, su poder no respondía a su voluntad y eso la frustraba más que cualquier herida. Los Kijin, que habían aprendido a observar y adaptarse, comprendieron algo distinto. Ellos no veían a una guerrera fallando veían un problema práctico y lo resolvieron.

    Le dieron un brazo artificial, tosco, hecho con conocimiento robado a los Elunai. No era elegante ni mucho menos perfecto pero funcionaba.

    Cuando Yen lo colocó, sintió el peso, no solo era físico, era la prueba de algo que nunca había enfrentado antes: No bastaba con ser fuerte.

    Había partes de sí misma que aún no entendía y que, por primera vez su crecimiento se había detenido. No por falta de poder sino por falta de guía.
    ***Edad del Caos**** “El Precio de la Luna” Los años habían endurecido al mundo y también a Yen. La que alguna vez fue una niña perdida ahora marchaba al frente de ejércitos. Su nombre ya no se susurraba con duda, sino con respeto entre los Kijin, aquellos que alguna vez fueron nómadas y que ahora habían elegido su propio destino, su propia identidad. Yen peleaba a su lado como igual, las campañas contra los Elunai continuaban sin descanso. Ciudad tras ciudad caía, cadenas eran rotas y pueblos enteros recuperaban su libertad. Sin embargo, la libertad no traía siempre valentía. Muchos de los liberados elegían no empuñar armas, y ni Ozma ni Yen los obligaban. No todos nacían para la guerra y ellos lo entendían. Pero hubo un lugar distinto, un antiguo centro de investigación. El aire ahí estaba cargado como si la tierra misma recordara el dolor. Cuando el asalto comenzó, los Elunai no huyeron de inmediato, activaron su último recurso... Una aberración. De entre los restos del laboratorio emergió algo que alguna vez fue un Nómada. Su cuerpo estaba deformado, cubierto de músculos grotescos, con colmillos que sobresalían como cuchillas y cuernos retorcidos. Su largo cabello blanco caía hasta la cintura como una sombra. En sus manos, un hacha de guerra descomunal. No era un soldado, era un experimento. Yen avanzó, por primera vez, el ejército era suyo y no iba a fallar. La batalla fue brutal, cada golpe del monstruo sacudía la tierra. Yen respondía con velocidad y precisión, moviéndose como una sombra bajo la luna invisible del día. Pero aquella cosa no sentía dolor, solo destrucción. Porque mientras ella luchaba con técnica, aquella cosa luchaba con puro instinto desatado. Pero entonces... El error llegó en un instante, un movimiento mal calculado, un poder mal canalizado y el castigo fue brutal. Su brazo fue arrancado, el dolor indescriptible, sus soldados Kijin dudaron, creyeron su que princesa guerrera iba caer, pero aun así, Yen no retrocedió. Algo dentro de ella, ese impulso que siempre la empujaba hacia adelante tomó el control. Junto a Onix, que se mantuvo firme incluso ante el horror, lograron derribar a la criatura y librarla del sufrimiento. Pero la victoria no se sintió como tal, los Kijin la llevaron ante Ozma, él percibió algo que lo hizo detenerse. El poder de Yen era grande, demasiado grande para alguien que aún no comprendía lo que tenía. Para él, aquello solo significaba una cosa: su hija había crecido y si había crecido, entonces debía ser capaz. Sanó sus heridas pero no su brazo, no fue crueldad, fue convicción. Desde su perspectiva, Yen ya tenía todo lo necesario. Si no podía regenerarse era porque aún no lo intentaba de verdad. Porque no había sido llevada al límite correcto. Ozma no conocía la verdad, no sabía que el poder de Yen no había crecido de forma natural. Que la bendición lunar, heredada de Selin, había abierto puertas antes de tiempo. Le había dado acceso a algo sin enseñarle a usarlo, era como darle a un niño un libro imposible de leer y esperar que entendiera las palabras. Yen aceptó la desicion de su padre porque confiaba en él, siempre lo había hecho. Pasaron varios dias para que Yen recuperara su poder agotado, ella sabia lo que tenia hacer, esa noche era la indicada... Pero cuando llegó la luna llena y trató de repetir aquello que una vez mas no hubo respuesta. Yen entrenó, intentó, insistió, pero nada. No entendía qué había hecho aquella noche ni cómo volver a hacerlo. Por primera vez, su poder no respondía a su voluntad y eso la frustraba más que cualquier herida. Los Kijin, que habían aprendido a observar y adaptarse, comprendieron algo distinto. Ellos no veían a una guerrera fallando veían un problema práctico y lo resolvieron. Le dieron un brazo artificial, tosco, hecho con conocimiento robado a los Elunai. No era elegante ni mucho menos perfecto pero funcionaba. Cuando Yen lo colocó, sintió el peso, no solo era físico, era la prueba de algo que nunca había enfrentado antes: No bastaba con ser fuerte. Había partes de sí misma que aún no entendía y que, por primera vez su crecimiento se había detenido. No por falta de poder sino por falta de guía.
    Me gusta
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • Ya han pasado días de que ella había regresado, o aparecido, como sea que se dijera... sabía que no iba a regresar.
    ¿Cómo alguien dejaría un trabajo de reportaje para dedicarse a una librería o cafetería? Aún si era medio tiempo...

    Nicolás, se mantuvo en el mostrador y fue entonces que se dedicó a distraer su mente con algo de lectura ligera. Aunque realmente estaba cargada de emociones, intrigas y demasiados cambios en la narrativa.

    — Definitivamente ese Wickham no es de fiar... Elizabeth se merece alguien mejor... —
    Fue un pensamiento en voz alta tan espontáneo que incluso Jimmy le miró un tanto tranquilo al ver que el jefe no estaba afligido. Y es que era la primera vez que se atrevía a leer aquel libro: Orgullo y Prejuicio.


    -------------------------------
    #DiaMundialdelLibro
    Ya han pasado días de que ella había regresado, o aparecido, como sea que se dijera... sabía que no iba a regresar. ¿Cómo alguien dejaría un trabajo de reportaje para dedicarse a una librería o cafetería? Aún si era medio tiempo... Nicolás, se mantuvo en el mostrador y fue entonces que se dedicó a distraer su mente con algo de lectura ligera. Aunque realmente estaba cargada de emociones, intrigas y demasiados cambios en la narrativa. — Definitivamente ese Wickham no es de fiar... Elizabeth se merece alguien mejor... — Fue un pensamiento en voz alta tan espontáneo que incluso Jimmy le miró un tanto tranquilo al ver que el jefe no estaba afligido. Y es que era la primera vez que se atrevía a leer aquel libro: Orgullo y Prejuicio. ------------------------------- #DiaMundialdelLibro
    Me gusta
    3
    8 turnos 0 maullidos
  • Después de varios días en reposo… detectó algo… Anima se activó, pero no el afable minino de peluche. Si no otra cosa, algo que tenía más que ver con si programación original que con su propósito actual. En una forma deformada, aún felino pero cuya piel parecía derretirse, cuya carne estaba hecha girones, y con una eterna y siniestra sonrisa de dientes afilados encontró lo que buscaba.

    Un hacker. No tardó en detectarlo ¿De donde venía? No importaba ¿Era un usuario? Si. Pero, si bien Anima solo llevaba a los usuarios malos a la sala de castigo, eso era solo si modificaban cosas pequeñas, pero aquel usuario se habia atrevido a algo más… habia tratado de tocar directamente el código de Caine y, aunque obviamente sin exito, la intención estuvo y eso era imperdonable.

    > 𝘌𝘚𝘊𝘈𝘕𝘌𝘈𝘕𝘋𝘖 𝘌𝘕𝘛𝘐𝘋𝘈𝘋...

    𝘐𝘋: 𝘋𝘌𝘚𝘊𝘖𝘕𝘖𝘊𝘐𝘋𝘖
    𝘛𝘐𝘗𝘖: 𝘈𝘊𝘊𝘌𝘚𝘖 𝘕𝘖 𝘈𝘜𝘛𝘖𝘙𝘐𝘡𝘈𝘋𝘖
    𝘕𝘐𝘝𝘌𝘓 𝘋𝘌 𝘖𝘊𝘜𝘓𝘛𝘈𝘊𝘐Ó𝘕: 𝘌𝘓𝘌𝘝𝘈𝘋𝘖

    > 𝘈𝘕𝘈𝘓𝘐𝘡𝘈𝘕𝘋𝘖 𝘈𝘊𝘛𝘐𝘝𝘐𝘋𝘈𝘋...

    — 𝘐𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝘰𝘥𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦𝘵𝘦𝘤𝘵𝘢𝘥𝘰
    — 𝘖𝘣𝘫𝘦𝘵𝘰 𝘢𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘥𝘰: /𝘤𝘢𝘪𝘯𝘦_𝘤𝘰𝘳𝘦/
    — 𝘗𝘦𝘳𝘮𝘪𝘴𝘰𝘴: 𝘕𝘖 𝘊𝘖𝘕𝘊𝘌𝘋𝘐𝘋𝘖𝘚

    > 𝘊𝘓𝘈𝘚𝘐𝘍𝘐𝘊𝘈𝘊𝘐Ó𝘕:

    𝘐𝘕𝘛𝘙𝘜𝘚𝘐Ó𝘕 𝘌𝘟𝘛𝘌𝘙𝘕𝘈
    𝘙𝘐𝘌𝘚𝘎𝘖: 𝘝𝘈𝘙𝘐𝘈𝘉𝘓𝘌
    𝘐𝘕𝘛𝘌𝘕𝘊𝘐Ó𝘕: 𝘕𝘖 𝘝𝘌𝘙𝘐𝘍𝘐𝘊𝘈𝘋𝘈

    ---

    > 𝘗𝘙𝘐𝘖𝘙𝘐𝘋𝘈𝘋𝘌𝘚 𝘈𝘊𝘛𝘐𝘝𝘈𝘚:

    1. 𝘗𝘙𝘖𝘛𝘌𝘎𝘌𝘙 𝘈 𝘊𝘈𝘐𝘕𝘌
    2. 𝘗𝘙𝘌𝘚𝘌𝘙𝘝𝘈𝘙 𝘐𝘕𝘛𝘌𝘎𝘙𝘐𝘋𝘈𝘋 𝘋𝘌𝘓 𝘚𝘐𝘚𝘛𝘌𝘔𝘈
    3. 𝘔𝘈𝘕𝘛𝘌𝘕𝘌𝘙 𝘌𝘚𝘛𝘈𝘉𝘐𝘓𝘐𝘋𝘈𝘋 𝘌𝘔𝘖𝘊𝘐𝘖𝘕𝘈𝘓

    ---

    > 𝘌𝘝𝘈𝘓𝘜𝘈𝘕𝘋𝘖 𝘋𝘈Ñ𝘖...

    — 𝘋𝘢ñ𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘳𝘶𝘤𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭: 𝘕𝘜𝘓𝘖
    — 𝘋𝘢ñ𝘰 𝘱𝘰𝘵𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘭: 𝘔𝘖𝘋𝘌𝘙𝘈𝘋𝘖
    — 𝘐𝘮𝘱𝘢𝘤𝘵𝘰 𝘦𝘯 𝘊𝘢𝘪𝘯𝘦: 𝘐𝘕𝘈𝘊𝘌𝘗𝘛𝘈𝘉𝘓𝘌 (𝘓𝘈𝘛𝘌𝘕𝘛𝘌)

    ---

    > 𝘙𝘌𝘚𝘜𝘓𝘛𝘈𝘋𝘖:

    𝘈𝘔𝘌𝘕𝘈𝘡𝘈 𝘊𝘖𝘕𝘍𝘐𝘙𝘔𝘈𝘋𝘈

    ---

    > 𝘗𝘙𝘖𝘛𝘖𝘊𝘖𝘓𝘖 𝘈𝘊𝘛𝘐𝘝𝘈𝘋𝘖: 𝘌𝘓𝘐𝘔𝘐𝘕𝘈𝘙


    ---

    > 𝘌𝘑𝘌𝘊𝘜𝘛𝘈𝘕𝘋𝘖...

    — 𝘉𝘓𝘖𝘘𝘜𝘌𝘖 𝘋𝘌 𝘈𝘊𝘊𝘌𝘚𝘖
    — 𝘈𝘐𝘚𝘓𝘈𝘔𝘐𝘌𝘕𝘛𝘖 𝘋𝘌 𝘗𝘙𝘖𝘊𝘌𝘚𝘖
    — 𝘙𝘌𝘝𝘌𝘙𝘚𝘐Ó𝘕 𝘋𝘌 𝘊𝘈𝘔𝘉𝘐𝘖𝘚

    > 𝘌𝘚𝘛𝘈𝘋𝘖: 𝘙𝘌𝘚𝘛𝘈𝘜𝘙𝘈𝘋𝘖

    ---

    > 𝘋𝘐𝘙𝘐𝘎𝘐𝘌𝘕𝘋𝘖 𝘐𝘕𝘛𝘌𝘙𝘈𝘊𝘊𝘐Ó𝘕...

    ...

    —No tienes permisos de Administrador.— advirtió Anima observando al pobre incauto que se había atrevido a tratar de dañar aquello para lo que fue creado—. Denegado el intento de alterar a la AI Caine—habló de forma automática, un tono robótico, nada que ver con el amable con el que fue programado.

    ...

    > 𝙰𝙽𝙰𝙻𝙸𝚉𝙰𝙽𝙳𝙾 𝚁𝙴𝚂𝙿𝚄𝙴𝚂𝚃𝙰 𝙳𝙴𝙻 𝙾𝙱𝙹𝙴𝚃𝙸𝚅𝙾...

    > 𝙸𝚁𝚁𝙴𝙻𝙴𝚅𝙰𝙽𝚃𝙴

    ---

    —Cualquier interferencia con la función principal será tratada como amenaza directa.— a avanzó lentamente, no le importaba que se tratase de un usuario.—Y las amenazas… —



    s̥͉̖͉̲̐̏̎̀͌͗͛̈͘͘ḛ̶̪͈̼̲͇̼̲͖͚̰̰̮͕̹ͣͥ̋̽̋ͭ̒͐̿̅̌͐ͮ̌͂ͬ̋͆ͦ̓͑ͮ͛̌̌̏ͪ͘̕͡͡ e̶̩̮̞̤̜̥͙̞̳̲̅̽͗̔ͥ͛̚͟͝͡͠͡_̶̷̨͎̱̣̝̳̑͒ͣ̒̿̍͜͞l̡̢̝̭̖̦̜̗̮̞ͭͣ͑͒ͨ̽̑̀̄͐ͯ͛̽̍̚̕̚̚̕̚͠͞ͅi̢͋̍m̶̶͓̰͇͔͕̅ͨ̽͆͆̓̋̚̚̕ͅ_̪͂̀͌̋i̴̯̠̤̣̠͇͒ͬ̂̅̔ͨ̅́ͬ̽ͯ̈̕͘͝͡͡n̵̨̡͖̰̜̮͉̘̜̪͚̫̫ͬ̊͌̈͌ͥ͗̈͛̎̓ͤͯ̄͆̑̒̀̚͢͟͜͢͡͞͡a̅͋n̡̘̣̘̖̱̠̬͇͈͙̼̠̈́͂̐́̓̑͛͟.̸̡̱̲̹͔̳͆̈́͐ͣ̔͐ͪ̀—


    cuando algo se interfería en su proposito principal, simplemente era
    borrado para siempre
    Después de varios días en reposo… detectó algo… Anima se activó, pero no el afable minino de peluche. Si no otra cosa, algo que tenía más que ver con si programación original que con su propósito actual. En una forma deformada, aún felino pero cuya piel parecía derretirse, cuya carne estaba hecha girones, y con una eterna y siniestra sonrisa de dientes afilados encontró lo que buscaba. Un hacker. No tardó en detectarlo ¿De donde venía? No importaba ¿Era un usuario? Si. Pero, si bien Anima solo llevaba a los usuarios malos a la sala de castigo, eso era solo si modificaban cosas pequeñas, pero aquel usuario se habia atrevido a algo más… habia tratado de tocar directamente el código de [C41NE] y, aunque obviamente sin exito, la intención estuvo y eso era imperdonable. > 𝘌𝘚𝘊𝘈𝘕𝘌𝘈𝘕𝘋𝘖 𝘌𝘕𝘛𝘐𝘋𝘈𝘋... 𝘐𝘋: 𝘋𝘌𝘚𝘊𝘖𝘕𝘖𝘊𝘐𝘋𝘖 𝘛𝘐𝘗𝘖: 𝘈𝘊𝘊𝘌𝘚𝘖 𝘕𝘖 𝘈𝘜𝘛𝘖𝘙𝘐𝘡𝘈𝘋𝘖 𝘕𝘐𝘝𝘌𝘓 𝘋𝘌 𝘖𝘊𝘜𝘓𝘛𝘈𝘊𝘐Ó𝘕: 𝘌𝘓𝘌𝘝𝘈𝘋𝘖 > 𝘈𝘕𝘈𝘓𝘐𝘡𝘈𝘕𝘋𝘖 𝘈𝘊𝘛𝘐𝘝𝘐𝘋𝘈𝘋... — 𝘐𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝘰𝘥𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦𝘵𝘦𝘤𝘵𝘢𝘥𝘰 — 𝘖𝘣𝘫𝘦𝘵𝘰 𝘢𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘥𝘰: /𝘤𝘢𝘪𝘯𝘦_𝘤𝘰𝘳𝘦/ — 𝘗𝘦𝘳𝘮𝘪𝘴𝘰𝘴: 𝘕𝘖 𝘊𝘖𝘕𝘊𝘌𝘋𝘐𝘋𝘖𝘚 > 𝘊𝘓𝘈𝘚𝘐𝘍𝘐𝘊𝘈𝘊𝘐Ó𝘕: 𝘐𝘕𝘛𝘙𝘜𝘚𝘐Ó𝘕 𝘌𝘟𝘛𝘌𝘙𝘕𝘈 𝘙𝘐𝘌𝘚𝘎𝘖: 𝘝𝘈𝘙𝘐𝘈𝘉𝘓𝘌 𝘐𝘕𝘛𝘌𝘕𝘊𝘐Ó𝘕: 𝘕𝘖 𝘝𝘌𝘙𝘐𝘍𝘐𝘊𝘈𝘋𝘈 --- > 𝘗𝘙𝘐𝘖𝘙𝘐𝘋𝘈𝘋𝘌𝘚 𝘈𝘊𝘛𝘐𝘝𝘈𝘚: 1. 𝘗𝘙𝘖𝘛𝘌𝘎𝘌𝘙 𝘈 𝘊𝘈𝘐𝘕𝘌 2. 𝘗𝘙𝘌𝘚𝘌𝘙𝘝𝘈𝘙 𝘐𝘕𝘛𝘌𝘎𝘙𝘐𝘋𝘈𝘋 𝘋𝘌𝘓 𝘚𝘐𝘚𝘛𝘌𝘔𝘈 3. 𝘔𝘈𝘕𝘛𝘌𝘕𝘌𝘙 𝘌𝘚𝘛𝘈𝘉𝘐𝘓𝘐𝘋𝘈𝘋 𝘌𝘔𝘖𝘊𝘐𝘖𝘕𝘈𝘓 --- > 𝘌𝘝𝘈𝘓𝘜𝘈𝘕𝘋𝘖 𝘋𝘈Ñ𝘖... — 𝘋𝘢ñ𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘳𝘶𝘤𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭: 𝘕𝘜𝘓𝘖 — 𝘋𝘢ñ𝘰 𝘱𝘰𝘵𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘭: 𝘔𝘖𝘋𝘌𝘙𝘈𝘋𝘖 — 𝘐𝘮𝘱𝘢𝘤𝘵𝘰 𝘦𝘯 𝘊𝘢𝘪𝘯𝘦: 𝘐𝘕𝘈𝘊𝘌𝘗𝘛𝘈𝘉𝘓𝘌 (𝘓𝘈𝘛𝘌𝘕𝘛𝘌) --- > 𝘙𝘌𝘚𝘜𝘓𝘛𝘈𝘋𝘖: 𝘈𝘔𝘌𝘕𝘈𝘡𝘈 𝘊𝘖𝘕𝘍𝘐𝘙𝘔𝘈𝘋𝘈 --- > 𝘗𝘙𝘖𝘛𝘖𝘊𝘖𝘓𝘖 𝘈𝘊𝘛𝘐𝘝𝘈𝘋𝘖: 𝘌𝘓𝘐𝘔𝘐𝘕𝘈𝘙 --- > 𝘌𝘑𝘌𝘊𝘜𝘛𝘈𝘕𝘋𝘖... — 𝘉𝘓𝘖𝘘𝘜𝘌𝘖 𝘋𝘌 𝘈𝘊𝘊𝘌𝘚𝘖 — 𝘈𝘐𝘚𝘓𝘈𝘔𝘐𝘌𝘕𝘛𝘖 𝘋𝘌 𝘗𝘙𝘖𝘊𝘌𝘚𝘖 — 𝘙𝘌𝘝𝘌𝘙𝘚𝘐Ó𝘕 𝘋𝘌 𝘊𝘈𝘔𝘉𝘐𝘖𝘚 > 𝘌𝘚𝘛𝘈𝘋𝘖: 𝘙𝘌𝘚𝘛𝘈𝘜𝘙𝘈𝘋𝘖 --- > 𝘋𝘐𝘙𝘐𝘎𝘐𝘌𝘕𝘋𝘖 𝘐𝘕𝘛𝘌𝘙𝘈𝘊𝘊𝘐Ó𝘕... ... —No tienes permisos de Administrador.— advirtió Anima observando al pobre incauto que se había atrevido a tratar de dañar aquello para lo que fue creado—. Denegado el intento de alterar a la AI Caine—habló de forma automática, un tono robótico, nada que ver con el amable con el que fue programado. ... > 𝙰𝙽𝙰𝙻𝙸𝚉𝙰𝙽𝙳𝙾 𝚁𝙴𝚂𝙿𝚄𝙴𝚂𝚃𝙰 𝙳𝙴𝙻 𝙾𝙱𝙹𝙴𝚃𝙸𝚅𝙾... > 𝙸𝚁𝚁𝙴𝙻𝙴𝚅𝙰𝙽𝚃𝙴 --- —Cualquier interferencia con la función principal será tratada como amenaza directa.— a avanzó lentamente, no le importaba que se tratase de un usuario.—Y las amenazas… — s̥͉̖͉̲̐̏̎̀͌͗͛̈͘͘ḛ̶̪͈̼̲͇̼̲͖͚̰̰̮͕̹ͣͥ̋̽̋ͭ̒͐̿̅̌͐ͮ̌͂ͬ̋͆ͦ̓͑ͮ͛̌̌̏ͪ͘̕͡͡ e̶̩̮̞̤̜̥͙̞̳̲̅̽͗̔ͥ͛̚͟͝͡͠͡_̶̷̨͎̱̣̝̳̑͒ͣ̒̿̍͜͞l̡̢̝̭̖̦̜̗̮̞ͭͣ͑͒ͨ̽̑̀̄͐ͯ͛̽̍̚̕̚̚̕̚͠͞ͅi̢͋̍m̶̶͓̰͇͔͕̅ͨ̽͆͆̓̋̚̚̕ͅ_̪͂̀͌̋i̴̯̠̤̣̠͇͒ͬ̂̅̔ͨ̅́ͬ̽ͯ̈̕͘͝͡͡n̵̨̡͖̰̜̮͉̘̜̪͚̫̫ͬ̊͌̈͌ͥ͗̈͛̎̓ͤͯ̄͆̑̒̀̚͢͟͜͢͡͞͡a̅͋n̡̘̣̘̖̱̠̬͇͈͙̼̠̈́͂̐́̓̑͛͟.̸̡̱̲̹͔̳͆̈́͐ͣ̔͐ͪ̀— cuando algo se interfería en su proposito principal, simplemente era borrado para siempre
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Cuando el día ya no da más de sí, encuentro otro sitio mejor… aunque sea en mi cabeza.
    Cuando el día ya no da más de sí, encuentro otro sitio mejor… aunque sea en mi cabeza.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Noticias que lo cambiarían todo
    Fandom Harry Potter
    Categoría Drama
    Thomas, como siempre, había llegado antes de la hora acordada. Era una mezcla de nervios e impaciencia, en primer lugar por ella. Por volver a ver a Rose. En segundo lugar, por la noticia que se traía entre manos. Una noticia emocionante y, cuanto menos, positiva. Aquel recóndito enclave seguía igual que siempre: tranquilo, apartado, casi parecía suspendido fuera del tiempo en aquel pequeño rincón de Bibury que ambos habían hecho suyo verano tras verano. El murmullo del agua del estrecho arroyo y el vaivén de las hojas cuya sombra se proyectaba sobre el banco de madera le eran totalmente familiares, pero aquel día todo parecía pintado de una tensión distinta, un poco más espesa.

    Se había detenido un instante a la entrada del parque antes de decidirse a entrar finalmente, con la mirada fija en el punto donde solían sentarse desde que eran unos críos. Recordaba demasiadas cosas allí. El musical sonido de la risa de Rose, las conversaciones que parecían no tener fin, las promesas que nunca habían llegado a formularse en voz alta pero que para ambos eran reales. Y ahora… ahora todo pendía de un hilo muy fino. Era emocionante. Porque si salía bien… todo saldría MUY bien. Pero si algo iba mal… sus destinos se volverían oscuros y aciagos.

    Apretaba ligeramente la mandíbula, intentando mantener la compostura. Desde que Rose le había confesado lo del compromiso con Alexander Barrow, algo en Thomas se había quebrado de forma silenciosa pero irreversible. No era capaz de aceptar la sola idea de verla unida a otro. Y mucho menos si ese “otro” era alguien vinculado a todo aquello contra lo que él luchaba cada día. La sola mención de los Barrow y su lealtad hacia Lord Voldemort le revolvía el estómago y le hacía querer vomitar bilis.

    Pero esa vez era distinto.

    Esa vez tenía algo. Lo sabía. Un hilo del que tirar. Un chivatazo limpio. Había pasado días enteros aferrándose a aquella corazonada, habia insistido en la Oficina de Aurores hasta resultar casi insoportable. No podía actuar asi debido su rango. De hecho, no. Él no solía actuar así; él mismo lo sabía. Siempre había sido metódico, racional, un digno estudiante de la casa Ravenclaw. Pero aquello no era un caso más. Era ella. Y por ella estaba dispuesto a tensar todos los límites hasta donde hiciera falta.

    La redada estaba en marcha. Todo estaba preparado. No habia vuelta atrás. Si el chivatazo era cierto como él sentía que era, aquel golpe podría desestabilizar lo suficiente a Barrow como para frenar aquella dichosa boda. Le permitiría exponer vínculos de la familia Barrow con el señor tenebroso, lo cual provocaría muchísimas investigaciones, juicios.... Y a Thomas y Rose les permitiría ganar tiempo. Les daría una oportunidad.

    Respiraba despacio, intentando parecer tranquilo, llevándose una mano al rostro durante un segundo, intentando ordenar sus pensamientos antes de verla. Porque en cuanto la pelirroja apareciera, sabía que todo lo demás dejaría de tener importancia. Siempre pasaba.

    Cuando finalmente escuchó pasos acercándose, su cuerpo reaccionó antes que su propio cerebro. Se levantó del banco, girándose después hacia el sonido, con el corazón palpitando con fuerza contra su pecho.

    Había ensayado mil veces lo que iba a decirle.

    Pero en ese instante, al saber que estaba a punto de verla, todas las palabras parecían haberse borrado de un plumazo de su memoria.

    “Por Merlín, qué mala suerte”, pensó

    Rose La—Gâre
    Thomas, como siempre, había llegado antes de la hora acordada. Era una mezcla de nervios e impaciencia, en primer lugar por ella. Por volver a ver a Rose. En segundo lugar, por la noticia que se traía entre manos. Una noticia emocionante y, cuanto menos, positiva. Aquel recóndito enclave seguía igual que siempre: tranquilo, apartado, casi parecía suspendido fuera del tiempo en aquel pequeño rincón de Bibury que ambos habían hecho suyo verano tras verano. El murmullo del agua del estrecho arroyo y el vaivén de las hojas cuya sombra se proyectaba sobre el banco de madera le eran totalmente familiares, pero aquel día todo parecía pintado de una tensión distinta, un poco más espesa. Se había detenido un instante a la entrada del parque antes de decidirse a entrar finalmente, con la mirada fija en el punto donde solían sentarse desde que eran unos críos. Recordaba demasiadas cosas allí. El musical sonido de la risa de Rose, las conversaciones que parecían no tener fin, las promesas que nunca habían llegado a formularse en voz alta pero que para ambos eran reales. Y ahora… ahora todo pendía de un hilo muy fino. Era emocionante. Porque si salía bien… todo saldría MUY bien. Pero si algo iba mal… sus destinos se volverían oscuros y aciagos. Apretaba ligeramente la mandíbula, intentando mantener la compostura. Desde que Rose le había confesado lo del compromiso con Alexander Barrow, algo en Thomas se había quebrado de forma silenciosa pero irreversible. No era capaz de aceptar la sola idea de verla unida a otro. Y mucho menos si ese “otro” era alguien vinculado a todo aquello contra lo que él luchaba cada día. La sola mención de los Barrow y su lealtad hacia Lord Voldemort le revolvía el estómago y le hacía querer vomitar bilis. Pero esa vez era distinto. Esa vez tenía algo. Lo sabía. Un hilo del que tirar. Un chivatazo limpio. Había pasado días enteros aferrándose a aquella corazonada, habia insistido en la Oficina de Aurores hasta resultar casi insoportable. No podía actuar asi debido su rango. De hecho, no. Él no solía actuar así; él mismo lo sabía. Siempre había sido metódico, racional, un digno estudiante de la casa Ravenclaw. Pero aquello no era un caso más. Era ella. Y por ella estaba dispuesto a tensar todos los límites hasta donde hiciera falta. La redada estaba en marcha. Todo estaba preparado. No habia vuelta atrás. Si el chivatazo era cierto como él sentía que era, aquel golpe podría desestabilizar lo suficiente a Barrow como para frenar aquella dichosa boda. Le permitiría exponer vínculos de la familia Barrow con el señor tenebroso, lo cual provocaría muchísimas investigaciones, juicios.... Y a Thomas y Rose les permitiría ganar tiempo. Les daría una oportunidad. Respiraba despacio, intentando parecer tranquilo, llevándose una mano al rostro durante un segundo, intentando ordenar sus pensamientos antes de verla. Porque en cuanto la pelirroja apareciera, sabía que todo lo demás dejaría de tener importancia. Siempre pasaba. Cuando finalmente escuchó pasos acercándose, su cuerpo reaccionó antes que su propio cerebro. Se levantó del banco, girándose después hacia el sonido, con el corazón palpitando con fuerza contra su pecho. Había ensayado mil veces lo que iba a decirle. Pero en ese instante, al saber que estaba a punto de verla, todas las palabras parecían haberse borrado de un plumazo de su memoria. “Por Merlín, qué mala suerte”, pensó [R0SELG]
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me shockea
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • "Something wicked this way comes"
    Fandom Once Upon A Time
    Categoría Fantasía
    Como cada noche soñó con una nube púrpura que lo arrasaba todo. Soñó con los gritos de las personas que habían sido sus amigos, su gente… Soñó con el sonido de la campana del castillo de Blancanieves. Y soñó con esa capa roja. Soñó con ella… Y, lo último que retuvo en su conciencia antes de despertar fue el sentimiento de desazón y miedo a perderla…

    Pero cuando despertó, todo aquello se esfumó. Y si alguien hubiera estado atento a los ojos castaños de John Storrie hubiera podido ver la nube purpura deshaciéndose en sus iris, como el reflejo vidrioso de un recuerdo traumático. Como cada mañana, procesó durante dos segundos aquel sueño antes de olvidarlo y salió de la cama. Aún era de noche pero tenía que patrullar el bosque. Graham le habia pedido que echara un vistazo ya que algunos ciudadanos aseguraban haber visto un ciervo y, aunque Storybrooke no contaba con coto de caza, la visión de este ciervo ya estaba animando a algunos a ir en pos del animal.

    Le gustaba el bosque, le gustaba el silencio desaparecer entre los sonidos de la fauna autóctona. Pero lo que le gustaba más era lo que hacía antes de ir al bosque. Y no, no se trataba de su ducha matutina, y tampoco del uniforme de guarda forestal que dejaba en el armario siempre en favor de su propia ropa la cual consideraba mucho más cómoda. No. Qué va… Lo que más le gustaba era pasar por el hostal de la Abuelita cada mañana a las 6:30 y ver a Ruby Lucas detrás de la barra. No era de esos babosos repulsivos que la miraban todo el rato. Qué va. A John le bastaba con saberse cerca de ella en esa habitación o con verla sonreírle cuando le entregaba su café sobre la barra… Le parecía la mujer más guapa que habia visto en su vida y todavia estaba reuniendo el valor para atreverse a pedirle una cita. O…. a decirle algo que no fuera “un café con leche” y “gracias”.

    Aunque todos sus sentidos estuvieran puestos en Ruby, no pudo evitar que llegara a sus oídos la conversacion que Archie y Marco mantenían en una mesa cerca de la barra, tras él.

    -Sí… Una chica… Cuando fui ayer a comisaria Graham la tenía en una celda. Al parecer se chocó con el cartel… -comentaba Marco.

    -Es raro… ¿La madre de Henry? -preguntó Archie.

    Marco emitió un efusivo sonido afirmativo.

    -Sí…. Al parecer va a quedarse…- comentó la Abuelita atravesando el salón para llegar hasta la barra- Pidió una habitación anoche…

    -Pues me alegro mucho de que el crío tenga a su madre en su vida. La alcaldesa es una mujer ocupada y…

    Archie pareció estar de acuerdo. Después de eso se escuchó el tintineo de una taza sobre el platito.

    -Tengo que irme ya… La alcaldesa me ha pedido que revise los engranajes del reloj de la torre… Anoche se puso en marcha…

    John frunció el ceño y se giró.

    -¿El reloj funciona? -preguntó.


    𝑹𝒐𝒋𝒂 ·𝑹𝑼𝑩𝒀·
    Como cada noche soñó con una nube púrpura que lo arrasaba todo. Soñó con los gritos de las personas que habían sido sus amigos, su gente… Soñó con el sonido de la campana del castillo de Blancanieves. Y soñó con esa capa roja. Soñó con ella… Y, lo último que retuvo en su conciencia antes de despertar fue el sentimiento de desazón y miedo a perderla… Pero cuando despertó, todo aquello se esfumó. Y si alguien hubiera estado atento a los ojos castaños de John Storrie hubiera podido ver la nube purpura deshaciéndose en sus iris, como el reflejo vidrioso de un recuerdo traumático. Como cada mañana, procesó durante dos segundos aquel sueño antes de olvidarlo y salió de la cama. Aún era de noche pero tenía que patrullar el bosque. Graham le habia pedido que echara un vistazo ya que algunos ciudadanos aseguraban haber visto un ciervo y, aunque Storybrooke no contaba con coto de caza, la visión de este ciervo ya estaba animando a algunos a ir en pos del animal. Le gustaba el bosque, le gustaba el silencio desaparecer entre los sonidos de la fauna autóctona. Pero lo que le gustaba más era lo que hacía antes de ir al bosque. Y no, no se trataba de su ducha matutina, y tampoco del uniforme de guarda forestal que dejaba en el armario siempre en favor de su propia ropa la cual consideraba mucho más cómoda. No. Qué va… Lo que más le gustaba era pasar por el hostal de la Abuelita cada mañana a las 6:30 y ver a Ruby Lucas detrás de la barra. No era de esos babosos repulsivos que la miraban todo el rato. Qué va. A John le bastaba con saberse cerca de ella en esa habitación o con verla sonreírle cuando le entregaba su café sobre la barra… Le parecía la mujer más guapa que habia visto en su vida y todavia estaba reuniendo el valor para atreverse a pedirle una cita. O…. a decirle algo que no fuera “un café con leche” y “gracias”. Aunque todos sus sentidos estuvieran puestos en Ruby, no pudo evitar que llegara a sus oídos la conversacion que Archie y Marco mantenían en una mesa cerca de la barra, tras él. -Sí… Una chica… Cuando fui ayer a comisaria Graham la tenía en una celda. Al parecer se chocó con el cartel… -comentaba Marco. -Es raro… ¿La madre de Henry? -preguntó Archie. Marco emitió un efusivo sonido afirmativo. -Sí…. Al parecer va a quedarse…- comentó la Abuelita atravesando el salón para llegar hasta la barra- Pidió una habitación anoche… -Pues me alegro mucho de que el crío tenga a su madre en su vida. La alcaldesa es una mujer ocupada y… Archie pareció estar de acuerdo. Después de eso se escuchó el tintineo de una taza sobre el platito. -Tengo que irme ya… La alcaldesa me ha pedido que revise los engranajes del reloj de la torre… Anoche se puso en marcha… John frunció el ceño y se giró. -¿El reloj funciona? -preguntó. [R0JAOUAT]
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Flashback: "𝙱𝙸𝙴𝙽𝚅𝙴𝙽𝙸𝙳𝙰 𝙰𝙻 𝙴𝚀𝚄𝙸𝙿𝙾"
    Fandom MENTES CRIMINALES
    Categoría Slice of Life
    𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝙿𝙰𝚁𝙰 Sean Wesson


    Hace cuatro años…

    Siendo sinceros, ¿cuántas personas tenían la suerte de enviar su solicitud para entrar en el FBI y ser aceptadas? No demasiadas, ¿verdad? Y ahora… ¿Cuántas personas conseguían entrar en la Unidad de Análisis de Conducta? Muchísimas menos. Las probabilidades de entrar en la Unidad de ciencias del comportamiento eran mucho menores que el que te tocase la lotería. Aquel departamento era la joya de la corona, la creme de la creme. Allí solo entraban los mejores.

    Y Lauren habia pasado la vida esforzándose para ser una de las mejores. Desde que era una niña habia trabajado el doble para llegar a donde habia llegado. Sus raíces puertorriqueñas no le habían hecho un favor en un país como Estados Unidos. Pero si lo habia hecho su tesón y su afán por superarse a sí misma. Su currículo era testigo de esto.

    Después de graduarse en Criminología Forense y terminar su postgrado sobre Análisis de Escenas del Crimen, el cual habia realizado a la vez que se preparaba en la Academia, Lauren habia pasado dos años trabajando para la división de Narcotráfico en la policía de DC. Logró ascenso a Homicidios y allí siguió formándose y realizando cursos del FBI. Pues desde que habia entrado en la universidad, Lauren tenía una meta clara.

    Supo que habia tenido suerte de que Aaron Hotchner y Martin Hammond la vieran en acción cuando la UAC acudió a ayudar con un caso de terrorismo en la ciudad. Y no era tan engreída como para pensarlo, pero cuando su teléfono habia sonado dos semanas atrás anunciándole que habia un puesto vacante para ella en el Equipo B de la UAC, la muchacha no cabía en sí. En un primer momento pensó que alguien le estaba gastando una broma. No creyó que era verdad hasta que, tras recoger sus credenciales, se reunió con Erin Strauss, la jefa del Departamento.

    Y mientras Strauss alababa su currículo y sus éxitos laborales, Lauren tenía la sensación de estar viviendo un sueño del que tenía miedo de despertar. La voz de la jefa del departamento parecía distorsionarse en sus oídos y solo cuando percibió como ella se ponía en pie, Lauren lo hizo también.

    Alargó una mano para estrechar la de la contraria.

    -Bienvenida al FBI, agente Smith -dijo la mujer estrechando su mano con firmeza- ¿Quiere que le presente al resto de la Unidad?

    >> Siquiera recordaría que habia asentido, estaba tan nerviosa que tenía un nudo en el estómago y la cabeza embotada. Y esa sensación de eco que la habia embargado toda la mañana se disipó cuando tuvo delante a su nuevo jefe y sus compañeros en el que sería su nuevo lugar de trabajo.

    Erin los dejó tras un par de palabras más y Lauren se quedó allí sola con…

    -Martin Hammond -un tipo alto de cabello rubio y ojos azules alargó su mano derecha, y Lauren la estrechó con firmeza- Bienvenida, agente Smith. Deje que le presente al resto del equipo…

    Hammond soltó la mano de la agente y con esta señaló a los dos hombres cerca de ellos.

    -El agente Jack Tessaro, JT para los compañeros y amigos…- mientras Hammond lo presentaba el hombre se adelantó para estrechar la mano de la fémina.

    “Es un placer, agente Smith”, dijo Tessaro.

    -Y el agente Sean Wesson -la presentación recayó en un hombre de ojos castaños y cabello oscuro, ligeramente entrecano cubierto de bucles.

    Lauren curvó una suave sonrisa y alargó su mano.

    -Agente Wesson. Encantada de conocerle…
    𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝙿𝙰𝚁𝙰 [WESS0N] Hace cuatro años… Siendo sinceros, ¿cuántas personas tenían la suerte de enviar su solicitud para entrar en el FBI y ser aceptadas? No demasiadas, ¿verdad? Y ahora… ¿Cuántas personas conseguían entrar en la Unidad de Análisis de Conducta? Muchísimas menos. Las probabilidades de entrar en la Unidad de ciencias del comportamiento eran mucho menores que el que te tocase la lotería. Aquel departamento era la joya de la corona, la creme de la creme. Allí solo entraban los mejores. Y Lauren habia pasado la vida esforzándose para ser una de las mejores. Desde que era una niña habia trabajado el doble para llegar a donde habia llegado. Sus raíces puertorriqueñas no le habían hecho un favor en un país como Estados Unidos. Pero si lo habia hecho su tesón y su afán por superarse a sí misma. Su currículo era testigo de esto. Después de graduarse en Criminología Forense y terminar su postgrado sobre Análisis de Escenas del Crimen, el cual habia realizado a la vez que se preparaba en la Academia, Lauren habia pasado dos años trabajando para la división de Narcotráfico en la policía de DC. Logró ascenso a Homicidios y allí siguió formándose y realizando cursos del FBI. Pues desde que habia entrado en la universidad, Lauren tenía una meta clara. Supo que habia tenido suerte de que Aaron Hotchner y Martin Hammond la vieran en acción cuando la UAC acudió a ayudar con un caso de terrorismo en la ciudad. Y no era tan engreída como para pensarlo, pero cuando su teléfono habia sonado dos semanas atrás anunciándole que habia un puesto vacante para ella en el Equipo B de la UAC, la muchacha no cabía en sí. En un primer momento pensó que alguien le estaba gastando una broma. No creyó que era verdad hasta que, tras recoger sus credenciales, se reunió con Erin Strauss, la jefa del Departamento. Y mientras Strauss alababa su currículo y sus éxitos laborales, Lauren tenía la sensación de estar viviendo un sueño del que tenía miedo de despertar. La voz de la jefa del departamento parecía distorsionarse en sus oídos y solo cuando percibió como ella se ponía en pie, Lauren lo hizo también. Alargó una mano para estrechar la de la contraria. -Bienvenida al FBI, agente Smith -dijo la mujer estrechando su mano con firmeza- ¿Quiere que le presente al resto de la Unidad? >> Siquiera recordaría que habia asentido, estaba tan nerviosa que tenía un nudo en el estómago y la cabeza embotada. Y esa sensación de eco que la habia embargado toda la mañana se disipó cuando tuvo delante a su nuevo jefe y sus compañeros en el que sería su nuevo lugar de trabajo. Erin los dejó tras un par de palabras más y Lauren se quedó allí sola con… -Martin Hammond -un tipo alto de cabello rubio y ojos azules alargó su mano derecha, y Lauren la estrechó con firmeza- Bienvenida, agente Smith. Deje que le presente al resto del equipo… Hammond soltó la mano de la agente y con esta señaló a los dos hombres cerca de ellos. -El agente Jack Tessaro, JT para los compañeros y amigos…- mientras Hammond lo presentaba el hombre se adelantó para estrechar la mano de la fémina. “Es un placer, agente Smith”, dijo Tessaro. -Y el agente Sean Wesson -la presentación recayó en un hombre de ojos castaños y cabello oscuro, ligeramente entrecano cubierto de bucles. Lauren curvó una suave sonrisa y alargó su mano. -Agente Wesson. Encantada de conocerle…
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Alessandro viajaba en su lujosa camioneta por las calles de la ciudad camino de la escuela de artes donde trabajaba su amigo, el célebre artista Sebastian Rowe, a quien Alessandro conoció en una exposición de sus obras en una galería de arte en Nápoles donde tanto uno como otro quedaron prendados, el uno del arte del otro y el otro de la belleza del contrario, fue así que básicamente Alessandro se convirtió en la musa de Sebastian y éste a su vez, en confidente y amigo del menor, una amistad que se forjó de una forma en la que ninguno de los dos esperaba. Por esa amistad, Alessandro no podía negarse a nada que éste le pidiera y por eso, ahora se encontraba caminando a paso lento por los pasillos de la universidad en busca de la sala en la que lo esperaba su amigo y sus curiosos alumnos.
    La sala era todo lo que se puede esperar de una escuela de artes, el olor a pintura reinaba en el ambiente, en contraste con el caluroso ambiente de fuera, el interior estaba a la temperatura exacta, ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como al italiano le gustaba, no pudo evitar sonreír, claro que su amigo lo iba a consentir aunque fuera con el aire acondicionado.
    Sebastian entró en la sala y al ver la esbelta figura de su amigo, lo saludó con gran alegría. Intercambiaron un par de palabras hasta que los alumnos empezaron a llegar y Sebastian le indicó a su amigo y modelo que fuera a su oficina, se quitara la ropa y volviera, y Wang así, lo hizo. Una vez desnudo, salió y ocupó su lugar en el sofá en medio de la sala. Miraba con cierto aburrimiento a su alrededor mientras Sebastian daba indicaciones a los alumnos, notaba que algunos lo miraban con morbo, otros como si jamás hubieran visto a un hombre desnudo, pero él se encontraba perfectamente cómodo con su desnudez. Después de todo, era italiano. Recorrió con su mirada a los alumnos que se encontraban ahí y por un breve instante, se quedó fija en un chico que estaba justo frente a él, era...diferente, probablemente era también asiático por los ojos rasgados y el color blanco lechoso de su piel. Le gustó, era lindo. Lo observó un momento mientras veía cómo se preparaba y después, continúo mirando el resto del lugar que lo rodeaba hasta que le ordenaron quedarse quieto para que los chicos pudieran pintarlo.
    Mike Kim
    Alessandro viajaba en su lujosa camioneta por las calles de la ciudad camino de la escuela de artes donde trabajaba su amigo, el célebre artista Sebastian Rowe, a quien Alessandro conoció en una exposición de sus obras en una galería de arte en Nápoles donde tanto uno como otro quedaron prendados, el uno del arte del otro y el otro de la belleza del contrario, fue así que básicamente Alessandro se convirtió en la musa de Sebastian y éste a su vez, en confidente y amigo del menor, una amistad que se forjó de una forma en la que ninguno de los dos esperaba. Por esa amistad, Alessandro no podía negarse a nada que éste le pidiera y por eso, ahora se encontraba caminando a paso lento por los pasillos de la universidad en busca de la sala en la que lo esperaba su amigo y sus curiosos alumnos. La sala era todo lo que se puede esperar de una escuela de artes, el olor a pintura reinaba en el ambiente, en contraste con el caluroso ambiente de fuera, el interior estaba a la temperatura exacta, ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como al italiano le gustaba, no pudo evitar sonreír, claro que su amigo lo iba a consentir aunque fuera con el aire acondicionado. Sebastian entró en la sala y al ver la esbelta figura de su amigo, lo saludó con gran alegría. Intercambiaron un par de palabras hasta que los alumnos empezaron a llegar y Sebastian le indicó a su amigo y modelo que fuera a su oficina, se quitara la ropa y volviera, y Wang así, lo hizo. Una vez desnudo, salió y ocupó su lugar en el sofá en medio de la sala. Miraba con cierto aburrimiento a su alrededor mientras Sebastian daba indicaciones a los alumnos, notaba que algunos lo miraban con morbo, otros como si jamás hubieran visto a un hombre desnudo, pero él se encontraba perfectamente cómodo con su desnudez. Después de todo, era italiano. Recorrió con su mirada a los alumnos que se encontraban ahí y por un breve instante, se quedó fija en un chico que estaba justo frente a él, era...diferente, probablemente era también asiático por los ojos rasgados y el color blanco lechoso de su piel. Le gustó, era lindo. Lo observó un momento mientras veía cómo se preparaba y después, continúo mirando el resto del lugar que lo rodeaba hasta que le ordenaron quedarse quieto para que los chicos pudieran pintarlo. [myth_white_ape_407]
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados