Ella fue un relámpago en la penumbra,
la visión más pura que el alma pudo concebir.
Un ave cautiva que, aun tras barrotes,
agitó sus alas y desató tormentas.
El susurro de su vuelo,
como el de una mariposa en la penumbra,
se volvió vendaval en los corazones dormidos.
Mas hoy, en su silencio elegido,
respetamos la sombra que la envuelve.
Porque saberla cerca,
es recordar que el abismo aún nos ronda.
Ella fue un relámpago en la penumbra,
la visión más pura que el alma pudo concebir.
Un ave cautiva que, aun tras barrotes,
agitó sus alas y desató tormentas.
El susurro de su vuelo,
como el de una mariposa en la penumbra,
se volvió vendaval en los corazones dormidos.
Mas hoy, en su silencio elegido,
respetamos la sombra que la envuelve.
Porque saberla cerca,
es recordar que el abismo aún nos ronda.