• Parte 2...
    La luz pasaba por la ventana, tocando los párpados de "B", causando que los abriera, un largo estirar acompañado de un bostezo relajante; frotó sus ojos con ambas manos, de un brinco se paró de la cama, tendiéndola como en la milicia, impecable, sin alguna arruga, chanclas, toalla en el hombro, directo a la ducha.  — ¡Rayos!.- Exclamó, el agua congelaba su piel; el estar en lo alto del pueblo tenía sus pros y contras y eso era uno de ellos. 

    El trabajo lo esperaba, pero antes tendría que pasar a pagar la cuenta pendiente con don Fermín, el tendero del poblado; pantalones de mezclilla, sus botas de siempre, una básica oscura y esa chamarra de piel vieja y desgastada que tenía un valor sumamente sentimental.

    — Carajo, voy tarde otra vez. - Una echada de ojo al reloj que poseía en la muñeca, un mordisco a una fruta que tomó de la mesa; salió corriendo de su pequeño hogar, cerrando fuerte la puerta tras él.  — ¡Max, cuida la casa, no dejes que nadie se acerque!.- Dijo rápidamente al canino viejo que se había adoptado solo, montándose en la moto que había adquirido con el mecánico. A 5 minutos estaba el primer destino, la tienda de víveres.

    Al abrir la puerta, el sonido de la clásica campanita que avisaba a don Fermín de los clientes.  — ¡Coff!, ¡Coff!, adelante. - Saludando con cordialidad el señor mayor, que sonrió cuando vio de quién se trataba. —¡Muchacho, tú sí que madrugas!.

    —Si madrugas, Dios te ayuda. - Respondió Abel, aprendiendo muchos dichos de Panamá. - causando gracia entre el mayor y él. —Sí, sí, así es, muchacho, déjame ver dónde estás. - Del estante sustrajo una libreta vieja donde don Fermín tenía a sus clientes a los que les fiaba el mandado.  — A.… a...Abel, aquí estás, $1,500.00, muchacho. - Inmediatamente, "B", tomó de su bolsillo la cartera, sacando el dinero de la despensa. - Aquí tiene, don Fermín, le agradezco y nos vemos la próxima semana. 

    —Abel, Abel... - La voz de una pequeña niña de no más de 5 años estirando los brazos salió de la trastienda; era Lupita, hija de María, tomándola en brazos, la saludó. — Lupita, veo que estás mucho mejor; la fiebre y la tos se fueron; me da mucho gusto verte, ahora a reposar, es muy temprano y el sereno puede hacerte recaer.
    — Está bien Abel, por cierto, ella es muy bonita, parece un ángel, y dijo que estaba bien...
    Parte 2... La luz pasaba por la ventana, tocando los párpados de "B", causando que los abriera, un largo estirar acompañado de un bostezo relajante; frotó sus ojos con ambas manos, de un brinco se paró de la cama, tendiéndola como en la milicia, impecable, sin alguna arruga, chanclas, toalla en el hombro, directo a la ducha.  — ¡Rayos!.- Exclamó, el agua congelaba su piel; el estar en lo alto del pueblo tenía sus pros y contras y eso era uno de ellos.  El trabajo lo esperaba, pero antes tendría que pasar a pagar la cuenta pendiente con don Fermín, el tendero del poblado; pantalones de mezclilla, sus botas de siempre, una básica oscura y esa chamarra de piel vieja y desgastada que tenía un valor sumamente sentimental. — Carajo, voy tarde otra vez. - Una echada de ojo al reloj que poseía en la muñeca, un mordisco a una fruta que tomó de la mesa; salió corriendo de su pequeño hogar, cerrando fuerte la puerta tras él.  — ¡Max, cuida la casa, no dejes que nadie se acerque!.- Dijo rápidamente al canino viejo que se había adoptado solo, montándose en la moto que había adquirido con el mecánico. A 5 minutos estaba el primer destino, la tienda de víveres. Al abrir la puerta, el sonido de la clásica campanita que avisaba a don Fermín de los clientes.  — ¡Coff!, ¡Coff!, adelante. - Saludando con cordialidad el señor mayor, que sonrió cuando vio de quién se trataba. —¡Muchacho, tú sí que madrugas!. —Si madrugas, Dios te ayuda. - Respondió Abel, aprendiendo muchos dichos de Panamá. - causando gracia entre el mayor y él. —Sí, sí, así es, muchacho, déjame ver dónde estás. - Del estante sustrajo una libreta vieja donde don Fermín tenía a sus clientes a los que les fiaba el mandado.  — A.… a...Abel, aquí estás, $1,500.00, muchacho. - Inmediatamente, "B", tomó de su bolsillo la cartera, sacando el dinero de la despensa. - Aquí tiene, don Fermín, le agradezco y nos vemos la próxima semana.  —Abel, Abel... - La voz de una pequeña niña de no más de 5 años estirando los brazos salió de la trastienda; era Lupita, hija de María, tomándola en brazos, la saludó. — Lupita, veo que estás mucho mejor; la fiebre y la tos se fueron; me da mucho gusto verte, ahora a reposar, es muy temprano y el sereno puede hacerte recaer. — Está bien Abel, por cierto, ella es muy bonita, parece un ángel, y dijo que estaba bien...
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  • "Lo bueno de la ciencia es que es cierta independientemente de si crees o no en ella"
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  • Procederé a "Ahhhhhhhhhhhh!!!!!!"
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  • — A empezar de cero, supongo
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  • ' ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝ 𝑷𝒆𝒆𝒌-𝒂-𝒃𝒐𝒐~ ❞


    ━━ 𝑁𝑜𝑤'𝑠 𝑤ℎ𝑒𝑛 𝑦𝑜𝑢 𝑠𝑡𝑎𝑟𝑡 𝑟𝑢𝑛𝑛𝑖𝑛𝑔...━━
    ' ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝ 𝑷𝒆𝒆𝒌-𝒂-𝒃𝒐𝒐~ ❞ ━━ 𝑁𝑜𝑤'𝑠 𝑤ℎ𝑒𝑛 𝑦𝑜𝑢 𝑠𝑡𝑎𝑟𝑡 𝑟𝑢𝑛𝑛𝑖𝑛𝑔...━━
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  • Bien hora de trabajar en la ficha de este señor
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  • Necesito con urgencia irme de compras....
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  • ¡Este es mi yo del futuro!. El Profesor S, un gran Maestro del Tiempo.
    En algunas misiones trabajamos en equipo.
    ¡Este es mi yo del futuro!. El Profesor S, un gran Maestro del Tiempo. En algunas misiones trabajamos en equipo.
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  • ♧ El Umbral del Caos. Guerra de Clanes ♧
    Un frío sobrenatural recorrió la columna de Soomin, arrancándola del sueño antes del alba, anunciandole que un cataclismo internacional se estaba gestando entre los Clanes mafiosos del bajo mundo, y el Clan " del Tigre Blanco" Park era el objetivo.Sin dudar, activó su terminal encriptada para contactar a su proveedora de armas de confianza....
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