• — Vaya vaya, 2x1, ¡que ofertón! (?) —
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  • — Las dos gemelas se encontraban jugando en el suelo, a su lado se encontraba HeeSeung, el cual había caído dormido, habían cambiado el medicamento que le brindaban para el cáncer, por lo que su cuerpo estaba sufriendo los ajustes, uno de sus síntomas era el sueño.—

    Hermano, ¿vienes a jugar con nosotros?

    — Lily observo a Allen, su hermano se había sentado a un lado de su madre.—

    Mika Xiao Kim
    — Las dos gemelas se encontraban jugando en el suelo, a su lado se encontraba HeeSeung, el cual había caído dormido, habían cambiado el medicamento que le brindaban para el cáncer, por lo que su cuerpo estaba sufriendo los ajustes, uno de sus síntomas era el sueño.— Hermano, ¿vienes a jugar con nosotros? — Lily observo a Allen, su hermano se había sentado a un lado de su madre.— [fable_silver_frog_194]
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  • —Eres una criatura muy curiosa, lástima que no puedo matarte...
    —Eres una criatura muy curiosa, lástima que no puedo matarte... ✨
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  • Axel Koroved
    *Moge-ko salvaje aparece fuera de tu casa con obvias intenciones asesinas (consejo:corre)
    —mogejejejej otro cadaver para mi coleccion
    [Akly_5] *Moge-ko salvaje aparece fuera de tu casa con obvias intenciones asesinas (consejo:corre) —mogejejejej otro cadaver para mi coleccion 💕
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  • —no soy una diva¡ ¿Quien fue el que dijo eso?¡ RWAAAAAR¡
    *hace ruidos de gato enojado*
    —no soy una diva¡ ¿Quien fue el que dijo eso?¡ RWAAAAAR¡ 💢 *hace ruidos de gato enojado*
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  • Por fin, después de una larga semana, ahora sí toca descansar.
    Por fin, después de una larga semana, ahora sí toca descansar.
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  • Respira... Mika, respira. No pasa nada, todo está en orden... S-solo fue un mal rato...

    — El pelinegro golpeateaba su pie en el suelo de manera frenética, ese gesto nervioso que tenía cuando su cabeza no lograba controlar su cuerpo. Se llevó las manos al rostro y apretó sus dedos entre su cabello, buscando tapar un poco de la luz que en ese momento lo enceguecía.

    Se había tenido que ir del consultorio, no fue capaz de atender al próximo paciente, por más que lo había intentado, aquella sesión lo había dejado completamente roto y no era capaz de retomar el control.
    Se encerró en la sala de descanso, sin permitir que ninguno de sus compañeros lo siguiera, por más que intentaron ayudarlo, cerró la puerta con seguro y se quedó allí. —
    Respira... Mika, respira. No pasa nada, todo está en orden... S-solo fue un mal rato... — El pelinegro golpeateaba su pie en el suelo de manera frenética, ese gesto nervioso que tenía cuando su cabeza no lograba controlar su cuerpo. Se llevó las manos al rostro y apretó sus dedos entre su cabello, buscando tapar un poco de la luz que en ese momento lo enceguecía. Se había tenido que ir del consultorio, no fue capaz de atender al próximo paciente, por más que lo había intentado, aquella sesión lo había dejado completamente roto y no era capaz de retomar el control. Se encerró en la sala de descanso, sin permitir que ninguno de sus compañeros lo siguiera, por más que intentaron ayudarlo, cerró la puerta con seguro y se quedó allí. —
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  • Deja el peluche en la puerta de la casa de la chica con una nota.

    — Soy Quesito, te mando a mi amigo para que te haga compañía, feliz cumpleaños adelantado. Se llama Sir Hamilton .

    Deja el peluche en la puerta de la casa de la chica con una nota. — Soy Quesito, te mando a mi amigo para que te haga compañía, feliz cumpleaños adelantado. Se llama Sir Hamilton .
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  • La espesura del bosque estaba cargada de tensión. Las ramas altas bloqueaban buena parte del sol y el suelo estaba cubierto de huellas profundas y rastros de batalla reciente. Un grupo de guardabosques humanos, cuatro en total, se abrían paso con cuidado entre los árboles. Habían sido enviados a capturar —o eliminar— a un grupo de vándalos
    especialmente peligrosos que merodeaban cerca de pueblos aislados.

    —Son peligrosos.—susurró uno de ellos, leyendo el aviso arrugado—.

    Pero al llegar al claro donde según el informe debía estar el nido de las criaturas, todos se detuvieron de golpe.

    Allí, justo al centro, había una peculiar figura de baja estatura. Con un pie sobre la cabeza de un sujeto inconsciente, este respiraba agitado pero sonriendo orgulloso, estaba un oso hormiguero de pelaje celeste con ropa de geek moderno.

    Había rastros de golpes por todo el lugar. Árboles partidos, rocas agrietadas, marcas de puñetazos... pero también huellas claras de una pelea cuerpo a cuerpo. Los humanos estaban noqueados, uno con la boca amoratada, dos con una mano quiebrada, y un cuarto con un moretón en la mandíbula. El último jadeaba en el suelo, apenas consciente.

    El Vermilinguo se sacudía el polvo de los pantalones, claramente exhausto, pero victorioso.

    — Eso estuvo difícil!. ¡Pero lo logré!

    Los guardabosques no podían creerlo. Uno de ellos alzó la voz:

    —¡¿Fuiste tú quien las derrotó?! ¿Tú solo?

    —¿Estos chicos? Sí. Estaban dispuestos a atacarme.

    —¿Sabías que hay una recompensa por capturarlos? —preguntó uno de las guardabosques, aún incrédulo.
    Una recompensa. Dinero. Por derrotarlos.
    La espesura del bosque estaba cargada de tensión. Las ramas altas bloqueaban buena parte del sol y el suelo estaba cubierto de huellas profundas y rastros de batalla reciente. Un grupo de guardabosques humanos, cuatro en total, se abrían paso con cuidado entre los árboles. Habían sido enviados a capturar —o eliminar— a un grupo de vándalos especialmente peligrosos que merodeaban cerca de pueblos aislados. —Son peligrosos.—susurró uno de ellos, leyendo el aviso arrugado—. Pero al llegar al claro donde según el informe debía estar el nido de las criaturas, todos se detuvieron de golpe. Allí, justo al centro, había una peculiar figura de baja estatura. Con un pie sobre la cabeza de un sujeto inconsciente, este respiraba agitado pero sonriendo orgulloso, estaba un oso hormiguero de pelaje celeste con ropa de geek moderno. Había rastros de golpes por todo el lugar. Árboles partidos, rocas agrietadas, marcas de puñetazos... pero también huellas claras de una pelea cuerpo a cuerpo. Los humanos estaban noqueados, uno con la boca amoratada, dos con una mano quiebrada, y un cuarto con un moretón en la mandíbula. El último jadeaba en el suelo, apenas consciente. El Vermilinguo se sacudía el polvo de los pantalones, claramente exhausto, pero victorioso. — Eso estuvo difícil!. ¡Pero lo logré! Los guardabosques no podían creerlo. Uno de ellos alzó la voz: —¡¿Fuiste tú quien las derrotó?! ¿Tú solo? —¿Estos chicos? Sí. Estaban dispuestos a atacarme. —¿Sabías que hay una recompensa por capturarlos? —preguntó uno de las guardabosques, aún incrédulo. Una recompensa. Dinero. Por derrotarlos.
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  • La mañana está arruinada está lluvia...
    La mañana está arruinada está lluvia...
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