• *Rashley se sienta en el piso, para después contemplar el atardecer desiertico* - Quien diría que en un lugar donde menos te lo esperas...tendría una gran y hermosa vista.. -
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  • โ”€โ”€โ”€โ”€โ”€ No los quiero espantar pero hay una rata vaquera en sus botas ¡cuiden sus pelotas y chichotas!
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  • ‎***Sonido de estática, seguido de un golpe seco contra un micrófono***


    ‎ — ¿Está encendido? ¿Sí? ¡Hola, Hawkins! Aquí su locutora favorita, la única persona en este pueblo que puede recitar el abecedario al revés mientras sufre una crisis existencial: Robin Buckley. Están sintonizando la frecuencia que nadie pidió, pero que todos necesitan para no morir de aburrimiento entre el campo de maíz número cuarenta y dos y la tienda de conveniencia que siempre huele a pies



    ‎***Se escucha el sonido de papeles revolviéndose rápidamente***



    ‎ — Noticias del día: el alcalde Kline sigue insistiendo en que el bache de la calle Main es un "proyecto de diseño urbano vanguardista" y no un portal al centro de la tierra que se tragó la bicicleta de Henderson ayer ¡En otras noticias! El jefe de policía recomienda no acercarse al bosque por la noche. Uhhh ¿Por qué será? Pues no por monstruos —porque, por favor, los monstruos no existen, ¿Verdad? — sino por el riesgo de encontrarse a Steve Harrington intentando usar un mapa sin ayuda de un adulto ¡Eso sí que es una tragedia humanitaria, gente, CUÍDENSE MUCHO!



    ‎***Se escucha la propia risa mal contenida de la locutora de fondo, y eso que había alejado lo suficiente el micrófono***



    ‎ — Okay... Muy bien, continuando con lo bueno ¿Sabían que los flamencos pueden doblar sus rodillas hacia atrás? No, esperen... Técnicamente son sus tobillos... ¿Y por qué les digo esto? Pues porque pasé cuatro horas anoche leyendo una enciclopedia porque no podía dormir y ahora ustedes tienen que cargar con este dato inútil conmigo ¡De nada! —Robin aclara su voz y su tono se vuelve un poco más "profesional" pero juguetón...



    ‎ — Pero bueno, basta de ciencia animal... Hoy es un día histórico. Un día que debería estar marcado en el calendario con letras mayúsculas, negrita y quizás algunos destellos de color pastel. Una de mis personas favoritas, la chica que tiene más determinación que todo el equipo de baloncesto y el cabello más perfecto bajo presión que he visto en mi vida —No te pongas celoso Harrington— está cumpliendo años y ¡Sí, hablo de ti [vortex_blue_shark_898]! La mujer que puede desarmar un motor o a un idiota con la misma mirada fría. Así que, prepárate, porque aquí viene...



    ‎***Se empieza a escuchar un tamborileo de dedos golpeando rítmicamente el borde de la mesa***



    ‎ — ¡Tweedly-deedly-dee, Nancy! ¡A-rockin' Robin está aquí para decirte que eres un año más vieja pero mil veces más increíble! ¡Caw-caw! ¡Feliz cumpleaños, Nancy! —Por favor no me mates por hacer esto en público, es que en serio, todavía tengo que devolver tres cintas en Family Video y no quiero que mi legado sea morir a manos de una periodista furiosa— ¡Ejem! Y como sé que odias las canciones de cumpleaños tradicionales porque son "ineficientes y repetitivas" voy a poner algo que realmente aprecias... Aquí va algo de "The Psychedelic Furs" así que disfruta de tu día, Wheeler. ¡Hawkins, háganme un favor no se mueran, regresamos después de la música!



    ‎***Entra el sintetizador icónico de "Love My Way" de The Psychedelic Furs***
    ‎***Sonido de estática, seguido de un golpe seco contra un micrófono*** ‎ ‎ — ¿Está encendido? ¿Sí? ¡Hola, Hawkins! Aquí su locutora favorita, la única persona en este pueblo que puede recitar el abecedario al revés mientras sufre una crisis existencial: Robin Buckley. Están sintonizando la frecuencia que nadie pidió, pero que todos necesitan para no morir de aburrimiento entre el campo de maíz número cuarenta y dos y la tienda de conveniencia que siempre huele a pies ‎ ‎***Se escucha el sonido de papeles revolviéndose rápidamente*** ‎ ‎ ‎ — Noticias del día: el alcalde Kline sigue insistiendo en que el bache de la calle Main es un "proyecto de diseño urbano vanguardista" y no un portal al centro de la tierra que se tragó la bicicleta de Henderson ayer ¡En otras noticias! El jefe de policía recomienda no acercarse al bosque por la noche. Uhhh ¿Por qué será? Pues no por monstruos —porque, por favor, los monstruos no existen, ¿Verdad? — sino por el riesgo de encontrarse a [Steve.H] intentando usar un mapa sin ayuda de un adulto ¡Eso sí que es una tragedia humanitaria, gente, CUÍDENSE MUCHO! ‎ ‎ ‎***Se escucha la propia risa mal contenida de la locutora de fondo, y eso que había alejado lo suficiente el micrófono*** ‎ ‎ — Okay... Muy bien, continuando con lo bueno ¿Sabían que los flamencos pueden doblar sus rodillas hacia atrás? No, esperen... Técnicamente son sus tobillos... ¿Y por qué les digo esto? Pues porque pasé cuatro horas anoche leyendo una enciclopedia porque no podía dormir y ahora ustedes tienen que cargar con este dato inútil conmigo ¡De nada! —Robin aclara su voz y su tono se vuelve un poco más "profesional" pero juguetón... ‎ ‎ ‎ — Pero bueno, basta de ciencia animal... Hoy es un día histórico. Un día que debería estar marcado en el calendario con letras mayúsculas, negrita y quizás algunos destellos de color pastel. Una de mis personas favoritas, la chica que tiene más determinación que todo el equipo de baloncesto y el cabello más perfecto bajo presión que he visto en mi vida —No te pongas celoso Harrington— está cumpliendo años y ¡Sí, hablo de ti [vortex_blue_shark_898]! La mujer que puede desarmar un motor o a un idiota con la misma mirada fría. Así que, prepárate, porque aquí viene... ‎ ‎ ‎***Se empieza a escuchar un tamborileo de dedos golpeando rítmicamente el borde de la mesa*** ‎ ‎ ‎ — ¡Tweedly-deedly-dee, Nancy! ¡A-rockin' Robin está aquí para decirte que eres un año más vieja pero mil veces más increíble! ¡Caw-caw! ¡Feliz cumpleaños, Nancy! —Por favor no me mates por hacer esto en público, es que en serio, todavía tengo que devolver tres cintas en Family Video y no quiero que mi legado sea morir a manos de una periodista furiosa— ¡Ejem! Y como sé que odias las canciones de cumpleaños tradicionales porque son "ineficientes y repetitivas" voy a poner algo que realmente aprecias... Aquí va algo de "The Psychedelic Furs" así que disfruta de tu día, Wheeler. ¡Hawkins, háganme un favor no se mueran, regresamos después de la música! ‎ ‎***Entra el sintetizador icónico de "Love My Way" de The Psychedelic Furs*** ‎
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  • —se quedó rendido después de viajar durante mucho tiempo—
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  • Vamos a prepararnos un poco antes de ir a cazar.
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  • Bien bien bien...

    No se donde diablos estoy. Que novedad...

    En fin. Al menos esta vez no llegue desarmado. Veamos que tal me va
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  • Perdió una apuesta y le prometió una cita, él era hombre de palabra pero de pocos recursos. Tardó varios días en reunir el suficiente dinero para comprar la caravana y adecentarla para ella.

    La cita no era una cita, era un viaje a Islandia para allí tener la cita que se merecía, Intentaría que fuera algo inolvidable y bonito, últimamente no lo había pasado bien. Ya era hora de que le pasarán cosas buenas y él... Intentaba serlo.

    — ¿Tan difícil es preparar la maleta? Llevo un rato esperando.
    Perdió una apuesta y le prometió una cita, él era hombre de palabra pero de pocos recursos. Tardó varios días en reunir el suficiente dinero para comprar la caravana y adecentarla para ella. La cita no era una cita, era un viaje a Islandia para allí tener la cita que se merecía, Intentaría que fuera algo inolvidable y bonito, últimamente no lo había pasado bien. Ya era hora de que le pasarán cosas buenas y él... Intentaba serlo. — ¿Tan difícil es preparar la maleta? Llevo un rato esperando.
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  • Se había puesto a jugar con Ally en la estancia, debía admitir que, para ser extraño, era jodidamente adorable y y le había empezado a tomar mucho cariño, sonriendo.

    —Eres jodidamente espeluznante y adorable~
    Además de muy consentido~

    Riendo leve, le acariciaba las orejas suavemente.
    Se había puesto a jugar con Ally en la estancia, debía admitir que, para ser extraño, era jodidamente adorable y y le había empezado a tomar mucho cariño, sonriendo. —Eres jodidamente espeluznante y adorable~ Además de muy consentido~ Riendo leve, le acariciaba las orejas suavemente.
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  • Estupendo, como siempre los hombres fallando cuando más necesito de ellos... Porque ya nada me extraña

    -aun con los dolores de la contracción del parto tuvo que buscar en su celular como autoasistirse en el parto ya que tiene ese leve presentimiento de que está completamente sola con el fantasma de Adán, que por primera vez su locura a medias le está ayudando a no sentirse terriblemente mal y en completa soledad de algo le sirvió la esquizofrenia (?.
    Tomaba profundas bocanadas de aire expulsando la lentamente buscando rápido la información antes de que su hijo decida nacer por cuenta propia -
    Estupendo, como siempre los hombres fallando cuando más necesito de ellos... Porque ya nada me extraña -aun con los dolores de la contracción del parto tuvo que buscar en su celular como autoasistirse en el parto ya que tiene ese leve presentimiento de que está completamente sola con el fantasma de Adán, que por primera vez su locura a medias le está ayudando a no sentirse terriblemente mal y en completa soledad de algo le sirvió la esquizofrenia (?. Tomaba profundas bocanadas de aire expulsando la lentamente buscando rápido la información antes de que su hijo decida nacer por cuenta propia -
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  • โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐ทí๐‘Ž ๐‘™๐‘–๐‘๐‘Ÿ๐‘’ ๐‘ฆ ๐‘™๐‘Ž ๐‘ก๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘›๐‘ž๐‘ข๐‘–๐‘™๐‘–๐‘‘๐‘Ž๐‘‘ ๐‘Ž๐‘‘๐‘’๐‘๐‘ข๐‘Ž๐‘‘๐‘Ž. โ”€โ”€โ”€โ”€

    [] ๐ต๐‘’๐‘Ÿ๐‘™í๐‘›, ๐ด๐‘™๐‘’๐‘š๐‘Ž๐‘›๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿธ:๐Ÿน๐Ÿถ ๐‘ƒ.๐‘€

    Caminaba en ese entonces por las calles de Kreuzberg bajo una lluvia fina pero persistente que Berlín parece regalarle casi a diario en esta época del año. El paraguas negro que lleva apenas alcanza a cubrirlo; el viento frío se encarga de mojarle los bordes del abrigo y de salpicarle las botas cada vez que pisa un charco mal calculado.

    Las luces de los semáforos se reflejan en los adoquines brillantes y en los charcos que multiplican la ciudad. Pasa frente a murales enormes medio descoloridos, bicicletas encadenadas que parecen haber sido abandonadas hace décadas, y escaparates de tiendas de segunda mano que exhiben lámparas extrañas y vinilos polvorientos.

    Hay algo reconfortante en esa mezcla de desorden y melancolía que desprende el barrio.

    Después de unos quince minutos deambulando sin rumbo fijo, la ve: una pequeña cafetería con ventanales grandes y empañados, un letrero de madera pintado a mano que simplemente dice :

    โ ๐Š๐€๐…๐…๐„๐„ & ๐Š๐”๐‚๐‡๐„๐ โž

    y una luz cálida color ámbar que se derrama hacia la calle como si quisiera invitar a cualquiera que pase por ahí.

    Empuja la puerta y el tintineo de una campanita anuncia su llegada.

    El aroma a café recién molido y masa horneada lo envuelve de inmediato. Se sacude un poco el agua del abrigo, cierra el paraguas y lo apoya junto a otros en la entrada.

    ๐˜— : โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜ž๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎö๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต ๐˜ฅ๐˜ถ? โ”€โ”€โ”€โ”€ (๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ¿๐˜˜๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ข? )

    Dice la chica detrás del mostrador con una sonrisa amable.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜Œ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜Š๐˜ข๐˜ฑ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ค๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ต๐˜ต๐˜ฆ. โ”€โ”€โ”€โ”€ (¡๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด! ๐˜œ๐˜ฏ ๐˜ค๐˜ข๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ง๐˜ข๐˜ท๐˜ฐ๐˜ณ.)

    Responde en un alemán correcto pero con ese acento que todavía delata que no lleva tantos años aquí.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜œ๐˜ฏ๐˜ฅ. . . ๐˜ท๐˜ช๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ฏ ๐˜š๐˜ตü๐˜ค๐˜ฌ ๐˜ˆ๐˜ฑ๐˜ง๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ, ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฏ ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜จ๐˜ช๐˜ฃ๐˜ต. โ”€โ”€โ”€โ”€ ( ๐˜ . . . ๐˜˜๐˜ถ๐˜ช๐˜ปá๐˜ด ๐˜ถ๐˜ฏ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ป๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ป๐˜ข๐˜ฏ๐˜ข, ๐˜ด๐˜ช ๐˜ฉ๐˜ข๐˜บ.)

    Se lleva la bandeja a una mesa junto a la ventana. Se sienta, se quita la bufanda húmeda y deja que el calor del local le vaya descongelando los dedos. Afuera, la lluvia sigue cayendo en hilos finos y pacientes.

    Adentro, el vapor del cappuccino sube en espirales lentas mientras la espuma dibuja un corazón imperfecto que se deshace poco a poco.

    Mira la calle, la gente que pasa apresurada con capuchas y paraguas rotos, las luces que se encienden temprano porque el cielo gris nunca termina de aclararse. Piensa que en dos días tiene que volver al trabajo y debe aprovechar un poco cada momento.

    Pero por ahora hay café caliente, un pedazo de strudel con canela que huele a infancia ajena, y el sonido suave de la lluvia golpeando el vidrio.

    Y eso, por unos minutos más, le parece suficiente.
    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐ทí๐‘Ž ๐‘™๐‘–๐‘๐‘Ÿ๐‘’ ๐‘ฆ ๐‘™๐‘Ž ๐‘ก๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘›๐‘ž๐‘ข๐‘–๐‘™๐‘–๐‘‘๐‘Ž๐‘‘ ๐‘Ž๐‘‘๐‘’๐‘๐‘ข๐‘Ž๐‘‘๐‘Ž. โ”€โ”€โ”€โ”€ [๐Ÿ‡ฉ๐Ÿ‡ช] ๐ต๐‘’๐‘Ÿ๐‘™í๐‘›, ๐ด๐‘™๐‘’๐‘š๐‘Ž๐‘›๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿธ:๐Ÿน๐Ÿถ ๐‘ƒ.๐‘€ Caminaba en ese entonces por las calles de Kreuzberg bajo una lluvia fina pero persistente que Berlín parece regalarle casi a diario en esta época del año. El paraguas negro que lleva apenas alcanza a cubrirlo; el viento frío se encarga de mojarle los bordes del abrigo y de salpicarle las botas cada vez que pisa un charco mal calculado. Las luces de los semáforos se reflejan en los adoquines brillantes y en los charcos que multiplican la ciudad. Pasa frente a murales enormes medio descoloridos, bicicletas encadenadas que parecen haber sido abandonadas hace décadas, y escaparates de tiendas de segunda mano que exhiben lámparas extrañas y vinilos polvorientos. Hay algo reconfortante en esa mezcla de desorden y melancolía que desprende el barrio. Después de unos quince minutos deambulando sin rumbo fijo, la ve: una pequeña cafetería con ventanales grandes y empañados, un letrero de madera pintado a mano que simplemente dice : โ ๐Š๐€๐…๐…๐„๐„ & ๐Š๐”๐‚๐‡๐„๐ โž y una luz cálida color ámbar que se derrama hacia la calle como si quisiera invitar a cualquiera que pase por ahí. Empuja la puerta y el tintineo de una campanita anuncia su llegada. El aroma a café recién molido y masa horneada lo envuelve de inmediato. Se sacude un poco el agua del abrigo, cierra el paraguas y lo apoya junto a otros en la entrada. ๐˜— : โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜ž๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎö๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต ๐˜ฅ๐˜ถ? โ”€โ”€โ”€โ”€ (๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ¿๐˜˜๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ข? ) Dice la chica detrás del mostrador con una sonrisa amable. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜Œ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜Š๐˜ข๐˜ฑ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ค๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ต๐˜ต๐˜ฆ. โ”€โ”€โ”€โ”€ (¡๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด! ๐˜œ๐˜ฏ ๐˜ค๐˜ข๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ง๐˜ข๐˜ท๐˜ฐ๐˜ณ.) Responde en un alemán correcto pero con ese acento que todavía delata que no lleva tantos años aquí. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜œ๐˜ฏ๐˜ฅ. . . ๐˜ท๐˜ช๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ฏ ๐˜š๐˜ตü๐˜ค๐˜ฌ ๐˜ˆ๐˜ฑ๐˜ง๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ, ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฏ ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜จ๐˜ช๐˜ฃ๐˜ต. โ”€โ”€โ”€โ”€ ( ๐˜ . . . ๐˜˜๐˜ถ๐˜ช๐˜ปá๐˜ด ๐˜ถ๐˜ฏ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ป๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ป๐˜ข๐˜ฏ๐˜ข, ๐˜ด๐˜ช ๐˜ฉ๐˜ข๐˜บ.) Se lleva la bandeja a una mesa junto a la ventana. Se sienta, se quita la bufanda húmeda y deja que el calor del local le vaya descongelando los dedos. Afuera, la lluvia sigue cayendo en hilos finos y pacientes. Adentro, el vapor del cappuccino sube en espirales lentas mientras la espuma dibuja un corazón imperfecto que se deshace poco a poco. Mira la calle, la gente que pasa apresurada con capuchas y paraguas rotos, las luces que se encienden temprano porque el cielo gris nunca termina de aclararse. Piensa que en dos días tiene que volver al trabajo y debe aprovechar un poco cada momento. Pero por ahora hay café caliente, un pedazo de strudel con canela que huele a infancia ajena, y el sonido suave de la lluvia golpeando el vidrio. Y eso, por unos minutos más, le parece suficiente.
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