Cuando el malestar matutino finalmente cedió, llegó el hambre, el problema es que no era hambre común por golosinas como hasta ese momento.
Se había quedado mirando desde una de las ventanas del palacio, observando el mini Edén ya abandonado a esas alturas pero subsistiendo por mérito propio como buen ciclo natural, gruñendo y relamiéndose los labios al ver a los animales corriendo de un lado a otro.
—Quiero...
Sabía que ese momento iba a llegar, el antojo de carne, pero no de un trozo insignificante, si no de algo vivo y que pudiera cazar.
Dejó sus rasgos demoniacos salir poco a poco, saliendo del palacio para ir directo a buscar su alimento.
#HazbinHotel
Se había quedado mirando desde una de las ventanas del palacio, observando el mini Edén ya abandonado a esas alturas pero subsistiendo por mérito propio como buen ciclo natural, gruñendo y relamiéndose los labios al ver a los animales corriendo de un lado a otro.
—Quiero...
Sabía que ese momento iba a llegar, el antojo de carne, pero no de un trozo insignificante, si no de algo vivo y que pudiera cazar.
Dejó sus rasgos demoniacos salir poco a poco, saliendo del palacio para ir directo a buscar su alimento.
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Cuando el malestar matutino finalmente cedió, llegó el hambre, el problema es que no era hambre común por golosinas como hasta ese momento.
Se había quedado mirando desde una de las ventanas del palacio, observando el mini Edén ya abandonado a esas alturas pero subsistiendo por mérito propio como buen ciclo natural, gruñendo y relamiéndose los labios al ver a los animales corriendo de un lado a otro.
—Quiero...
Sabía que ese momento iba a llegar, el antojo de carne, pero no de un trozo insignificante, si no de algo vivo y que pudiera cazar.
Dejó sus rasgos demoniacos salir poco a poco, saliendo del palacio para ir directo a buscar su alimento.
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