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- https://vm.tiktok.com/ZMhfae3ok/ 1.- pobre cabello 2.- que buenas tomas 3.- aún se varios bailes
@chanluvus Mr. steal your girl 🤭 #bangchan #bangchanedit #straykidsedit #straykids #skz
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- Lucia levantó la mirada del libro cuando escuchó la puerta de la tienda cerrarse. Era la hora de almorzar, pero algo en la manera en que Carmina entró le hizo sentir una preocupación silenciosa. Su nieta llevaba el cabello planchado, algo que solo hacía cuando estaba sumergida en pensamientos tristes.
Dejó el libro a un lado, observándola en silencio mientras Carmina caminaba hacia la cocina, evitando el contacto visual. Lucia la conocía demasiado bien como para no darse cuenta de que algo la estaba consumiendo por dentro.
—Carmina, ven, siéntate conmigo un momento —le pidió con voz suave, señalando el sofá.
Carmina dudó por un instante, pero luego soltó un suspiro y se acercó al sofá, dejándose caer junto a su abuela. Durante unos segundos, solo miró sus manos, retorciendo un mechón de su cabello planchado.
—¿Qué sucede, cariño? —le preguntó Lucia, sabiendo que su nieta necesitaba sacar lo que tenía dentro.
Carmina jugueteó con su cabello, mirando hacia abajo. Cuando finalmente habló, su voz era baja y quebradiza.
—No quiero parecerme a ella, abuela —susurró, y Lucia supo inmediatamente que hablaba de su madre.
—Es como... —Carmina continuó, buscando las palabras—, a veces me miro en el espejo y veo algo que no quiero ver. Mi cabello... me recuerda a ella. No puedo evitarlo. Lo plancho porque así siento que lo estoy cambiando, pero ni así se siente bien. Me siento incómoda conmigo misma, como si no pudiera escapar de eso.
Lucia escuchó con atención, apretando suavemente la mano de Carmina en señal de apoyo. Sabía que había mucho más detrás de esas palabras, y que su nieta necesitaba tiempo para decirlo todo.
—Y... mis amigas del colegio… ya todas hicieron sus vidas. Apenas me hablan. Están estudiando, viajando, haciendo cosas... y yo estoy aquí, en la tienda, como si me hubiera quedado atrás. —Carmina apretó los labios, tratando de contener las lágrimas que ya estaban asomando—. Es como si todas me hubieran olvidado, como si no importara para nadie.
Lucia sintió una punzada en el corazón. Sabía cuánto significaban esas amistades para Carmina, y verla tan aislada, tan sola, la llenaba de tristeza. Luego, una idea cruzó por su mente, una amiga de la que había escuchado hablar, pero no conocía mucho.
—¿Y qué hay de Jade? —preguntó suavemente—. Sé que no la veo mucho por aquí, pero por lo que me has dicho, parece que es importante para ti. No sé mucho de ella, pero siempre hablas de lo que comparten. ¿No es ella parte de tu vida ahora?
Carmina parpadeó, sorprendida por la mención de Jade. Bajó la mirada por un momento y suspiró.
—Sí, Jade es... especial. Pero con ella tampoco puedo hablar de cómo me siento realmente. No sé por qué, abuela... simplemente siento que no puedo ser totalmente honesta. No quiero que piense que estoy rota o que algo está mal conmigo. Así que hablamos de cosas más superficiales, y aunque eso ayuda por un rato... no es lo que necesito.
Lucia asintió, su expresión calmada mientras escuchaba a su nieta desahogarse.
—Y lo peor es que no entiendo por qué todo me afecta tanto. Mi vida es buena, abuela. Tengo la tienda, te tengo a ti, tengo mi salud... pero aun así, todo se siente tan pesado. —Carmina comenzó a llorar otra vez, las lágrimas corriendo por sus mejillas mientras buscaba respuestas en la confusión que sentía—. No debería sentirme así, pero no puedo evitarlo. Me siento sola, como si todos se fueran, como si me quedara estancada mientras el resto sigue adelante.
Lucia la observó con el corazón encogido. Sabía que los sentimientos de su nieta no siempre tenían una explicación simple o fácil, y que, a veces, la tristeza aparecía incluso en los momentos de mayor estabilidad.
—Incluso el chico... —continuó Carmina, ahora con la voz más rota—. ¿Recuerdas al joven rubio del que te hablé? Él… me dijo algo muy raro. Dijo que me parecía a su mamá. Al principio no supe qué pensar, pero… de alguna manera, me dio ternura. Él hablaba de ella con tanto cariño, como si pensar en su madre le trajera paz. Y eso fue tan diferente a cómo me siento yo cuando pienso en la mía…
Carmina se detuvo un momento, secándose las lágrimas con la manga de su blusa.
—Pero hace mucho que no sé nada de él tampoco. Es como si, al igual que todos los demás, también se hubiera ido. —Al decirlo, su voz se quebró por completo, y Carmina se cubrió el rostro con las manos, soltando sollozos que llevaba demasiado tiempo conteniendo.
Lucia, con ternura infinita, la atrajo hacia ella, abrazándola y acariciando su cabello con delicadeza. La sentía tan vulnerable, tan herida por todas esas pérdidas, tanto físicas como emocionales.
—Es normal sentirte así, mi niña —murmuró Lucia con suavidad—. A veces las personas que amamos se alejan, y eso duele, pero no significa que lo que compartiste con ellos no sea valioso. Y aunque ahora te cueste verlo, eres mucho más que tus recuerdos o lo que otros te han dejado atrás.
Carmina se hundió más en el abrazo, dejando que las palabras de su abuela la envolvieran. El dolor seguía ahí, como una sombra persistente, pero en ese momento, en los brazos de Lucia, encontró un poco de consuelo.Lucia levantó la mirada del libro cuando escuchó la puerta de la tienda cerrarse. Era la hora de almorzar, pero algo en la manera en que Carmina entró le hizo sentir una preocupación silenciosa. Su nieta llevaba el cabello planchado, algo que solo hacía cuando estaba sumergida en pensamientos tristes. Dejó el libro a un lado, observándola en silencio mientras Carmina caminaba hacia la cocina, evitando el contacto visual. Lucia la conocía demasiado bien como para no darse cuenta de que algo la estaba consumiendo por dentro. —Carmina, ven, siéntate conmigo un momento —le pidió con voz suave, señalando el sofá. Carmina dudó por un instante, pero luego soltó un suspiro y se acercó al sofá, dejándose caer junto a su abuela. Durante unos segundos, solo miró sus manos, retorciendo un mechón de su cabello planchado. —¿Qué sucede, cariño? —le preguntó Lucia, sabiendo que su nieta necesitaba sacar lo que tenía dentro. Carmina jugueteó con su cabello, mirando hacia abajo. Cuando finalmente habló, su voz era baja y quebradiza. —No quiero parecerme a ella, abuela —susurró, y Lucia supo inmediatamente que hablaba de su madre. —Es como... —Carmina continuó, buscando las palabras—, a veces me miro en el espejo y veo algo que no quiero ver. Mi cabello... me recuerda a ella. No puedo evitarlo. Lo plancho porque así siento que lo estoy cambiando, pero ni así se siente bien. Me siento incómoda conmigo misma, como si no pudiera escapar de eso. Lucia escuchó con atención, apretando suavemente la mano de Carmina en señal de apoyo. Sabía que había mucho más detrás de esas palabras, y que su nieta necesitaba tiempo para decirlo todo. —Y... mis amigas del colegio… ya todas hicieron sus vidas. Apenas me hablan. Están estudiando, viajando, haciendo cosas... y yo estoy aquí, en la tienda, como si me hubiera quedado atrás. —Carmina apretó los labios, tratando de contener las lágrimas que ya estaban asomando—. Es como si todas me hubieran olvidado, como si no importara para nadie. Lucia sintió una punzada en el corazón. Sabía cuánto significaban esas amistades para Carmina, y verla tan aislada, tan sola, la llenaba de tristeza. Luego, una idea cruzó por su mente, una amiga de la que había escuchado hablar, pero no conocía mucho. —¿Y qué hay de Jade? —preguntó suavemente—. Sé que no la veo mucho por aquí, pero por lo que me has dicho, parece que es importante para ti. No sé mucho de ella, pero siempre hablas de lo que comparten. ¿No es ella parte de tu vida ahora? Carmina parpadeó, sorprendida por la mención de Jade. Bajó la mirada por un momento y suspiró. —Sí, Jade es... especial. Pero con ella tampoco puedo hablar de cómo me siento realmente. No sé por qué, abuela... simplemente siento que no puedo ser totalmente honesta. No quiero que piense que estoy rota o que algo está mal conmigo. Así que hablamos de cosas más superficiales, y aunque eso ayuda por un rato... no es lo que necesito. Lucia asintió, su expresión calmada mientras escuchaba a su nieta desahogarse. —Y lo peor es que no entiendo por qué todo me afecta tanto. Mi vida es buena, abuela. Tengo la tienda, te tengo a ti, tengo mi salud... pero aun así, todo se siente tan pesado. —Carmina comenzó a llorar otra vez, las lágrimas corriendo por sus mejillas mientras buscaba respuestas en la confusión que sentía—. No debería sentirme así, pero no puedo evitarlo. Me siento sola, como si todos se fueran, como si me quedara estancada mientras el resto sigue adelante. Lucia la observó con el corazón encogido. Sabía que los sentimientos de su nieta no siempre tenían una explicación simple o fácil, y que, a veces, la tristeza aparecía incluso en los momentos de mayor estabilidad. —Incluso el chico... —continuó Carmina, ahora con la voz más rota—. ¿Recuerdas al joven rubio del que te hablé? Él… me dijo algo muy raro. Dijo que me parecía a su mamá. Al principio no supe qué pensar, pero… de alguna manera, me dio ternura. Él hablaba de ella con tanto cariño, como si pensar en su madre le trajera paz. Y eso fue tan diferente a cómo me siento yo cuando pienso en la mía… Carmina se detuvo un momento, secándose las lágrimas con la manga de su blusa. —Pero hace mucho que no sé nada de él tampoco. Es como si, al igual que todos los demás, también se hubiera ido. —Al decirlo, su voz se quebró por completo, y Carmina se cubrió el rostro con las manos, soltando sollozos que llevaba demasiado tiempo conteniendo. Lucia, con ternura infinita, la atrajo hacia ella, abrazándola y acariciando su cabello con delicadeza. La sentía tan vulnerable, tan herida por todas esas pérdidas, tanto físicas como emocionales. —Es normal sentirte así, mi niña —murmuró Lucia con suavidad—. A veces las personas que amamos se alejan, y eso duele, pero no significa que lo que compartiste con ellos no sea valioso. Y aunque ahora te cueste verlo, eres mucho más que tus recuerdos o lo que otros te han dejado atrás. Carmina se hundió más en el abrazo, dejando que las palabras de su abuela la envolvieran. El dolor seguía ahí, como una sombra persistente, pero en ese momento, en los brazos de Lucia, encontró un poco de consuelo.0 turnos 0 maullidos
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- "La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma."
Solía despertar a mitad de la noche, el sudor empapaba su torso y piernas; el corazón parecía querer escapar, lo sentía en la traquea, en las sienes y hasta en las manos.
Los sueños habían vuelto, en ellos le llamaban con diferentes nombres; en el de aquella noche se encontraba con una mujer rubia, era hermosa a simple vista; labios carnosos, silueta exuberante; le trataba con la delicadeza de una amante a mitad de la noche, se sentía en paz, pero aquella paz fue tan efímera como un pestañeo, los pasos hicieron eco en su cabeza, 8 hombres armados, no los lograba ver pero sabía que iban en pos de el, intentó buscar su arma pero la premonición bloqueó su cuerpo, no tenía sentido huir; se vió asimismo, segundos más tarde, sangre por todos lados, estaba tumbado con un agujero en el abdomen, los ojos le pesaban y se terminaron por cerrar cuando vio a la mujer desfallecer a su lado, un disparo en la frente. De alguna forma sabía que también había muerto en aquel lugar."La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma." Solía despertar a mitad de la noche, el sudor empapaba su torso y piernas; el corazón parecía querer escapar, lo sentía en la traquea, en las sienes y hasta en las manos. Los sueños habían vuelto, en ellos le llamaban con diferentes nombres; en el de aquella noche se encontraba con una mujer rubia, era hermosa a simple vista; labios carnosos, silueta exuberante; le trataba con la delicadeza de una amante a mitad de la noche, se sentía en paz, pero aquella paz fue tan efímera como un pestañeo, los pasos hicieron eco en su cabeza, 8 hombres armados, no los lograba ver pero sabía que iban en pos de el, intentó buscar su arma pero la premonición bloqueó su cuerpo, no tenía sentido huir; se vió asimismo, segundos más tarde, sangre por todos lados, estaba tumbado con un agujero en el abdomen, los ojos le pesaban y se terminaron por cerrar cuando vio a la mujer desfallecer a su lado, un disparo en la frente. De alguna forma sabía que también había muerto en aquel lugar.0 turnos 0 maullidos4
- El interés es como el dinero, se nota.El interés es como el dinero, se nota.1 turno 0 maullidos
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- La vida me dió el mejor regalo, me dió al esposo más maravilloso y amoroso.
Pasan los días y cada día te amo más.La vida me dió el mejor regalo, me dió al esposo más maravilloso y amoroso. Pasan los días y cada día te amo más.2 turnos 0 maullidos1
- No creí encontrar alguien por Aquí
Más está noche , tan solitaria como está ¿Acaso ya nos vimos antes?No creí encontrar alguien por Aquí Más está noche , tan solitaria como está ¿Acaso ya nos vimos antes?0 turnos 0 maullidos
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- Usa el color verde sobre el color de energía de su cuerpo para pronto liberar una toxina en forma de gas que pronto va matando los mosquitos que tomaron la mala decisión de volar hacia su piel.Usa el color verde sobre el color de energía de su cuerpo para pronto liberar una toxina en forma de gas que pronto va matando los mosquitos que tomaron la mala decisión de volar hacia su piel.0 turnos 0 maullidos
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- Hey tú...
No temas, será rápido y no dolerá.... no mucho.Hey tú... No temas, será rápido y no dolerá.... no mucho.1 turno 0 maullidos
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- ¿Qué dicen?, ¿hacemos un trato?¿Qué dicen?, ¿hacemos un trato?0 turnos 0 maullidos3
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