"𝕰𝖑 𝖗í𝖔 𝖋𝖑𝖚í𝖆 𝖘𝖊𝖗𝖊𝖓𝖔 𝖞 𝖈𝖆𝖑𝖑𝖆𝖉𝖔,
𝖑𝖑𝖊𝖛𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖈𝖔𝖓𝖘𝖎𝖌𝖔 𝖑𝖔 𝖙𝖗𝖎𝖘𝖙𝖊 𝖞 𝖑𝖔 𝖊𝖗𝖗𝖆𝖉𝖔.
𝕷𝖆𝖘 𝖉𝖊𝖗𝖗𝖔𝖙𝖆𝖘, 𝖈𝖚𝖆𝖑 𝖍𝖔𝖏𝖆𝖘, 𝖘𝖊 𝖎𝖇𝖆𝖓 𝖘𝖎𝖓 𝖕𝖗𝖎𝖘𝖆,
𝖕𝖊𝖗𝖉𝖎𝖉𝖆𝖘 𝖊𝖓 𝖆𝖌𝖚𝖆𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖘𝖚𝖆𝖛𝖎𝖟𝖆."
Había sido tedioso, pero ya casi había recuperado todas sus fuerzas. El zorro era un uno con la naturaleza, y es con ella cuando se sentía más centrado, más sereno.
Bajo aquella cascada sentía como si su cuerpo se enraizaran en la tierra, manteniéndolo sujeto en el aquí y ahora. Había sobrevivido, por primera vez había sentido la suave caricia de la muerte llamándole. El agua arrastraba esos pensamientos de temor, de venganza irrefrenable. Aquel Ōmukade se las vería con él más pronto que tarde. El Kitsune, guardián de su bosque, caminante entre lo visible y lo invisible. Esta vez él era el cazador, y el demonio escalopendra era su mal aventurada presa.
"𝕰𝖑 𝖗í𝖔 𝖋𝖑𝖚í𝖆 𝖘𝖊𝖗𝖊𝖓𝖔 𝖞 𝖈𝖆𝖑𝖑𝖆𝖉𝖔,
𝖑𝖑𝖊𝖛𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖈𝖔𝖓𝖘𝖎𝖌𝖔 𝖑𝖔 𝖙𝖗𝖎𝖘𝖙𝖊 𝖞 𝖑𝖔 𝖊𝖗𝖗𝖆𝖉𝖔.
𝕷𝖆𝖘 𝖉𝖊𝖗𝖗𝖔𝖙𝖆𝖘, 𝖈𝖚𝖆𝖑 𝖍𝖔𝖏𝖆𝖘, 𝖘𝖊 𝖎𝖇𝖆𝖓 𝖘𝖎𝖓 𝖕𝖗𝖎𝖘𝖆,
𝖕𝖊𝖗𝖉𝖎𝖉𝖆𝖘 𝖊𝖓 𝖆𝖌𝖚𝖆𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖘𝖚𝖆𝖛𝖎𝖟𝖆."
Había sido tedioso, pero ya casi había recuperado todas sus fuerzas. El zorro era un uno con la naturaleza, y es con ella cuando se sentía más centrado, más sereno.
Bajo aquella cascada sentía como si su cuerpo se enraizaran en la tierra, manteniéndolo sujeto en el aquí y ahora. Había sobrevivido, por primera vez había sentido la suave caricia de la muerte llamándole. El agua arrastraba esos pensamientos de temor, de venganza irrefrenable. Aquel Ōmukade se las vería con él más pronto que tarde. El Kitsune, guardián de su bosque, caminante entre lo visible y lo invisible. Esta vez él era el cazador, y el demonio escalopendra era su mal aventurada presa.