Aprovechaba que Slyther estaba durmiendo para consentir a Bambi luego de que le dejara encerrado en el armario, sentándose y llevándolo a su regazo.
—Pobrecillo, seguro que lo haz pasado mal~
Aprovechaba que Slyther estaba durmiendo para consentir a Bambi luego de que le dejara encerrado en el armario, sentándose y llevándolo a su regazo.
—Pobrecillo, seguro que lo haz pasado mal~
Se ha quedado hipnotizado por esa pequeña esfera de Luz que le entregaron, para un sitio sin casi estrellas, es realmente hermosa para el tenno y su Warframe.
Se ha quedado hipnotizado por esa pequeña esfera de Luz que le entregaron, para un sitio sin casi estrellas, es realmente hermosa para el tenno y su Warframe.
(El chico robot es despertado por su murciélago Kitsune. No registra fallas ni errores. Cuando le pregunta a su padre, este ni sabia que habia sido herido, mucho menos que en un intento de autodestrucción. Se notaba que Miyo estuvo muy callado y no queria preocuparlo. Pero MIyo no estaba en casa y Hiro sabe lo que eso significa. Asi que se queda dentro de su cama, sin muchas ganas de dormir y con lagrimas en los ojos)
Hiro: Me... me odia... X"""C
(El chico robot es despertado por su murciélago Kitsune. No registra fallas ni errores. Cuando le pregunta a su padre, este ni sabia que habia sido herido, mucho menos que en un intento de autodestrucción. Se notaba que Miyo estuvo muy callado y no queria preocuparlo. Pero MIyo no estaba en casa y Hiro sabe lo que eso significa. Asi que se queda dentro de su cama, sin muchas ganas de dormir y con lagrimas en los ojos)
Hiro: Me... me odia... X"""C
— Era una obra de arte. Esa belleza, el simulacro perfecto de la bruja que yo había visto a la luz de las velas en la capilla, no necesitaba opciones no conjuros para apoyar si causa. Era un ser perfecto e íntimamente magnífico.—
— Era una obra de arte. Esa belleza, el simulacro perfecto de la bruja que yo había visto a la luz de las velas en la capilla, no necesitaba opciones no conjuros para apoyar si causa. Era un ser perfecto e íntimamente magnífico.—
Pétalos multicolores bailaban por el aire, inundando el ambiente con su aroma dulce y floral.
El día estaba fresco, y Junior caminaba a paso calmo entre las flores del jardín.
Miró hacia el cielo despejado; el sol bañaba su figura, calentando suavemente su rostro.
Bajo el hermoso paisaje, el joven Phantomhive se sumió en sus reflexiones con una expresión serena.
“Ya era hora de que saliera a tomar aire fresco”, pensó.
Y es que había pasado días enteros encerrado en su habitación, inmerso en la observación de una muestra de tejido de un animal fosilizado, descubierto en las tierras lejanas de América del Sur.
Junior había pasado tanto tiempo inclinado hacia el microscopio óptico en la penumbra, que tuvo que parpadear varias veces para acostumbrarse a la brillante luz del día.
Pero su encierro tenía una buena razón: el Museo Nacional de Londres esperaba su artículo al respecto, y no le habían brindado mucho tiempo.
Junior se comunicaba con ellos bajo el seudónimo del profesor Eaglestein, un académico paleontológico de la Universidad de Cambridge. Tenía varios seudónimos bajo la manga, y debía usarlos para que lo tomaran en serio. Si revelaba su verdadera edad, lamentablemente, los adultos lo ignorarían por completo. Además, su situación única como Phantomhive le impedía revelarse al público, por lo que, de alguna forma, esta era la única manera que tenía para desplegar su intelecto.
De repente, suspiró.
Ser un genio tenía muchos beneficios, pero ahora solo podía pensar en una gran desventaja: la soledad.
Su situación como hijo ilegítimo del conde Phantomhive le cerraba las puertas a la posibilidad de mostrarse tal como era. Aunque Junior estaba tentado a culpar a sus circunstancias por su incapacidad para hacer amigos, en el fondo sabía que… probablemente, incluso sin ese obstáculo, no sería tan diferente.
Pétalos multicolores bailaban por el aire, inundando el ambiente con su aroma dulce y floral.
El día estaba fresco, y Junior caminaba a paso calmo entre las flores del jardín.
Miró hacia el cielo despejado; el sol bañaba su figura, calentando suavemente su rostro.
Bajo el hermoso paisaje, el joven Phantomhive se sumió en sus reflexiones con una expresión serena.
“Ya era hora de que saliera a tomar aire fresco”, pensó.
Y es que había pasado días enteros encerrado en su habitación, inmerso en la observación de una muestra de tejido de un animal fosilizado, descubierto en las tierras lejanas de América del Sur.
Junior había pasado tanto tiempo inclinado hacia el microscopio óptico en la penumbra, que tuvo que parpadear varias veces para acostumbrarse a la brillante luz del día.
Pero su encierro tenía una buena razón: el Museo Nacional de Londres esperaba su artículo al respecto, y no le habían brindado mucho tiempo.
Junior se comunicaba con ellos bajo el seudónimo del profesor Eaglestein, un académico paleontológico de la Universidad de Cambridge. Tenía varios seudónimos bajo la manga, y debía usarlos para que lo tomaran en serio. Si revelaba su verdadera edad, lamentablemente, los adultos lo ignorarían por completo. Además, su situación única como Phantomhive le impedía revelarse al público, por lo que, de alguna forma, esta era la única manera que tenía para desplegar su intelecto.
De repente, suspiró.
Ser un genio tenía muchos beneficios, pero ahora solo podía pensar en una gran desventaja: la soledad.
Su situación como hijo ilegítimo del conde Phantomhive le cerraba las puertas a la posibilidad de mostrarse tal como era. Aunque Junior estaba tentado a culpar a sus circunstancias por su incapacidad para hacer amigos, en el fondo sabía que… probablemente, incluso sin ese obstáculo, no sería tan diferente.