• El sonido de las olas golpeando suavemente el casco del Thousand Sunny llenaba el aire mientras Robin descansaba en la cubierta. La tarde era tranquila, el sol proyectaba un cálido resplandor dorado sobre el océano, y el bullicio habitual de sus compañeros piratas parecía haberse desvanecido, al menos por unos momentos. Robin, sentada con un libro abierto en sus manos, no leía realmente. Sus ojos recorrían las líneas de texto, pero su mente estaba atrapada en pensamientos del pasado.

    Había sido Miss All Sunday, la mano derecha de Crocodile, una figura envuelta en misterio y miedo. Aún podía sentir el peso de la máscara que había llevado durante tanto tiempo: el papel de la mujer inescrutable que siempre tenía un as bajo la manga, que ofrecía una sonrisa mientras urdía traiciones y esquemas. No tenía elección entonces; vivir como una herramienta era la única manera de sobrevivir. Había aprendido a no confiar en nadie, a mantener a todos a distancia y a asumir que cualquier conexión era una amenaza.

    Pero todo eso había cambiado.

    Robin alzó la vista del libro y observó el barco que ahora llamaba hogar. Luffy reía ruidosamente en la proa, probablemente porque Usopp había contado una de sus exageradas historias. Chopper trotaba alrededor, intentando convencer a Sanji de que no necesitaba comer más verduras. Incluso Zoro, que dormía bajo la sombra de las velas, irradiaba una tranquilidad contagiosa. Era una vida que jamás imaginó tener.

    "Robin-chwan, ¿un té?" La voz de Sanji la sacó de sus pensamientos. Él había aparecido con una taza perfectamente preparada, inclinándose como siempre con una mezcla de devoción y dramatismo. Robin sonrió, aceptando la taza. "Gracias, Sanji-kun."

    Esa simple interacción la llenó de calidez. Era tan... normal. No había dobles intenciones, no había cálculos. Solo una pequeña muestra de amabilidad que, en otra época, habría considerado peligrosa o manipuladora.

    Mientras sorbía el té, sus pensamientos volvieron a Arabasta, donde todo comenzó a cambiar. Luffy y los demás habían enfrentado a Crocodile no solo por el país, sino por sus propios ideales de justicia y amistad. Habían sido lo opuesto a todo lo que conocía: desinteresados, honestos y, de alguna manera, increíblemente tercos. Y cuando Luffy le ofreció un lugar en su barco, no lo había entendido. ¿Por qué querrían a alguien como ella, una mujer con una recompensa que la marcaba como peligrosa y una historia llena de sombras?

    Ahora sabía la respuesta. Luffy no veía el pasado como una carga insuperable. Para él, lo único que importaba era quién eras en ese momento y hacia dónde querías ir.

    Robin cerró los ojos, dejando que la brisa marina acariciara su rostro. Había noches en las que las sombras del pasado intentaban alcanzarla, susurros de traiciones pasadas y memorias de soledad. Pero ahora, tenía voces más fuertes que esas sombras: el grito entusiasta de Luffy, la risa escandalosa de Nami, las bromas de Usopp, las disputas de Zoro y Sanji.

    Y en esos momentos, cuando los recuerdos la acechaban, recordaba algo simple pero poderoso: ya no era Miss All Sunday. Era Nico Robin, la arqueóloga de los Piratas del Sombrero de Paja, y nunca había sentido tanto alivio por ello.
    El sonido de las olas golpeando suavemente el casco del Thousand Sunny llenaba el aire mientras Robin descansaba en la cubierta. La tarde era tranquila, el sol proyectaba un cálido resplandor dorado sobre el océano, y el bullicio habitual de sus compañeros piratas parecía haberse desvanecido, al menos por unos momentos. Robin, sentada con un libro abierto en sus manos, no leía realmente. Sus ojos recorrían las líneas de texto, pero su mente estaba atrapada en pensamientos del pasado. Había sido Miss All Sunday, la mano derecha de Crocodile, una figura envuelta en misterio y miedo. Aún podía sentir el peso de la máscara que había llevado durante tanto tiempo: el papel de la mujer inescrutable que siempre tenía un as bajo la manga, que ofrecía una sonrisa mientras urdía traiciones y esquemas. No tenía elección entonces; vivir como una herramienta era la única manera de sobrevivir. Había aprendido a no confiar en nadie, a mantener a todos a distancia y a asumir que cualquier conexión era una amenaza. Pero todo eso había cambiado. Robin alzó la vista del libro y observó el barco que ahora llamaba hogar. Luffy reía ruidosamente en la proa, probablemente porque Usopp había contado una de sus exageradas historias. Chopper trotaba alrededor, intentando convencer a Sanji de que no necesitaba comer más verduras. Incluso Zoro, que dormía bajo la sombra de las velas, irradiaba una tranquilidad contagiosa. Era una vida que jamás imaginó tener. "Robin-chwan, ¿un té?" La voz de Sanji la sacó de sus pensamientos. Él había aparecido con una taza perfectamente preparada, inclinándose como siempre con una mezcla de devoción y dramatismo. Robin sonrió, aceptando la taza. "Gracias, Sanji-kun." Esa simple interacción la llenó de calidez. Era tan... normal. No había dobles intenciones, no había cálculos. Solo una pequeña muestra de amabilidad que, en otra época, habría considerado peligrosa o manipuladora. Mientras sorbía el té, sus pensamientos volvieron a Arabasta, donde todo comenzó a cambiar. Luffy y los demás habían enfrentado a Crocodile no solo por el país, sino por sus propios ideales de justicia y amistad. Habían sido lo opuesto a todo lo que conocía: desinteresados, honestos y, de alguna manera, increíblemente tercos. Y cuando Luffy le ofreció un lugar en su barco, no lo había entendido. ¿Por qué querrían a alguien como ella, una mujer con una recompensa que la marcaba como peligrosa y una historia llena de sombras? Ahora sabía la respuesta. Luffy no veía el pasado como una carga insuperable. Para él, lo único que importaba era quién eras en ese momento y hacia dónde querías ir. Robin cerró los ojos, dejando que la brisa marina acariciara su rostro. Había noches en las que las sombras del pasado intentaban alcanzarla, susurros de traiciones pasadas y memorias de soledad. Pero ahora, tenía voces más fuertes que esas sombras: el grito entusiasta de Luffy, la risa escandalosa de Nami, las bromas de Usopp, las disputas de Zoro y Sanji. Y en esos momentos, cuando los recuerdos la acechaban, recordaba algo simple pero poderoso: ya no era Miss All Sunday. Era Nico Robin, la arqueóloga de los Piratas del Sombrero de Paja, y nunca había sentido tanto alivio por ello.
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  • 𝑶𝒑𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒄𝒂𝒓𝒂𝒎𝒆𝒍𝒐𝒔, 𝒉𝒂𝒚 𝒑𝒐𝒓 𝒎𝒐𝒏𝒕𝒐́𝒏, 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒆 𝒎𝒂𝒄𝒂𝒓𝒐𝒏.
    𝑶𝒑𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝒄𝒂𝒓𝒂𝒎𝒆𝒍𝒐𝒔, 𝒉𝒂𝒚 𝒑𝒐𝒓 𝒎𝒐𝒏𝒕𝒐́𝒏, 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒆 𝒎𝒂𝒄𝒂𝒓𝒐𝒏.
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  • ¿Que miras? ¿Se te perdió algo?
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  • Poniendo la mano en el corazón, quisiera cantarte toda una canción.
    Que tú eres mi cielo; eres mis consuelos.
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  • "¡𝕭𝖎𝖊𝖓𝖛𝖊𝖓𝖎𝖉𝖔 𝖆𝖑 𝖎𝖓𝖋𝖎𝖊𝖗𝖓𝖔 𝖒𝖔𝖗𝖙𝖆𝖑, 𝖒𝖆𝖗𝖆𝖛𝖎𝖑𝖑𝖆𝖙𝖊 𝖉𝖊𝖑 𝖕𝖆𝖎𝖘𝖆𝖏𝖊, 𝖊𝖘 𝖑𝖔 𝖒á𝖘 𝖍𝖊𝖗𝖒𝖔𝖘𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖛𝖊𝖗á𝖘 𝖆𝖓𝖙𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖒𝖔𝖗𝖎𝖗!"
    "¡𝕭𝖎𝖊𝖓𝖛𝖊𝖓𝖎𝖉𝖔 𝖆𝖑 𝖎𝖓𝖋𝖎𝖊𝖗𝖓𝖔 𝖒𝖔𝖗𝖙𝖆𝖑, 𝖒𝖆𝖗𝖆𝖛𝖎𝖑𝖑𝖆𝖙𝖊 𝖉𝖊𝖑 𝖕𝖆𝖎𝖘𝖆𝖏𝖊, 𝖊𝖘 𝖑𝖔 𝖒á𝖘 𝖍𝖊𝖗𝖒𝖔𝖘𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖛𝖊𝖗á𝖘 𝖆𝖓𝖙𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖒𝖔𝖗𝖎𝖗!"
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  • Si se lo preguntaban, se lo había advertido, no era alguien fácil de tratar, pero ¿por qué no tomar el riesgo?, se habían conocido y había una conexión, aparte de los tratos “sucios” que ambos hacían en su campo, el en bajo mundo del inframundo y ella en el bajo mundo mundano, su sangre, su maldición, lo que él llamaba “hermanos de sangre”. Entonces debía pagar por jugar con fuego y aunque no fue capturada sin pelear, le seguía sorprendiendo que él tuviera más fuerza que la de ella, pero apuestas eran apuestas, si algo tenía Claudia era su honra en la palabra.

    Ahora ahí estaba medio furibunda por la pérdida en contra de el albino, maniatada y expectante. Aunque una pregunta rondaba su mente “¿Está es la clase de fetiches que le gustan?”.
    Si se lo preguntaban, se lo había advertido, no era alguien fácil de tratar, pero ¿por qué no tomar el riesgo?, se habían conocido y había una conexión, aparte de los tratos “sucios” que ambos hacían en su campo, el en bajo mundo del inframundo y ella en el bajo mundo mundano, su sangre, su maldición, lo que él llamaba “hermanos de sangre”. Entonces debía pagar por jugar con fuego y aunque no fue capturada sin pelear, le seguía sorprendiendo que él tuviera más fuerza que la de ella, pero apuestas eran apuestas, si algo tenía Claudia era su honra en la palabra. Ahora ahí estaba medio furibunda por la pérdida en contra de el albino, maniatada y expectante. Aunque una pregunta rondaba su mente “¿Está es la clase de fetiches que le gustan?”.
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  • Omg eres tú @𝐃𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐒𝐩𝐚𝐫𝐝𝐚
    Omg eres tú @𝐃𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐒𝐩𝐚𝐫𝐝𝐚
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  • https://www.youtube.com/watch?v=xYaQNrOMHNg&list=RDxYaQNrOMHNg&start_radio=1
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  • — Nami-Swaaan ~ ♡ ♡ ♡ ♡ ♡
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  • ¿Ahora iban a hacer equipo?… por los infiernos ni ellos lo sabían, pero qué bien se veían, apunto de matar a alguien, muy seguramente, era divertido, también, él era más alto que ella, ¿importaba?, no mucho, podía colgarse como monito en su espalda si era necesario.
    ¿Ahora iban a hacer equipo?… por los infiernos ni ellos lo sabían, pero qué bien se veían, apunto de matar a alguien, muy seguramente, era divertido, también, él era más alto que ella, ¿importaba?, no mucho, podía colgarse como monito en su espalda si era necesario.
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