• 𝐋𝐚𝐬 𝐟𝐢𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐞𝐧 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨𝐬 𝐈𝐈

    — S. XIX —

    La puertecita de madera estaba decorada de lo más llamativa; indicativo de que se trataba del último día.

    ¿Qué sería esta vez?

    El año pasado le había tocado un mensaje bíblico. El año antes que ese, le había tocado un ángel, y los años anteriores diversos elementos religiosos para colocar en el pesebre.

    Jean abrió la puerta lentamente, para mantener el suspenso hasta el último segundo… encontrándose con una estrella. Dorada y puntiaguda. Especial para colocar en el árbol del salón.

    —Hmh —dejó salir con poco entusiasmo.

    Los calendarios de adviento ya estaban comenzando a parecerle poco atractivos.

    Probablemente estaba relacionado a su crecimiento.

    Incluso escribir una carta a Santa Claus le parecía aburrido. La idea de pedir cosas absurdas para poner nerviosos a sus padres siempre le había parecido divertido antes, pero ahora…

    Dejó la figura dentro del calendario de madera para más tarde, cuando la familia se reuniera alrededor del árbol, y se dispuso a vestirse él mismo. Hace un tiempo que había prescindido de los servicios de un sirviente para que lo vistiera, y aunque su padre había insistido en que lo conservara, Jean ya tenía siete años y podía encargarse de ello sin problema.

    Se abotonó tranquilamente la camisa blanca y procedió con las demás prendas de la misma forma. Frente al espejo, comprobó que todo estuviera colocado prolijamente.

    —Perfecto —musitó.

    Su traje era de un azul profundo, como su mirada. Tenía detalles plateados en los hombros, que caían hacia sus brazos como delicados colgantes que brillaban como pequeños puntos de luz. Un moño del mismo tono cerraba el atuendo; obra de la modista Nina Hopkins, quien, a pesar de llamarse a sí misma una mujer moderna, había optado por un diseño bastante anticuado, pero que no dejaba de ser elegante y hermoso, adecuado para el día de hoy.

    Hoy Jean cenaría un gran banquete con la familia. Después, iría hacia el árbol del salón y colocaría la estrella en la punta, dejaría un vaso de leche y un plato de galletas preparado por Sebastián. Se retiraría unos minutos para permitir que sus padres colocaran los regalos, y luego, regresaría fingiendo sorprenderse ante la pantomima de sus padres de que todo era obra de Santa Claus.

    Aunque, a estas alturas, incluso ellos comenzaban a sospechar que Jean ya no creía tanto en aquel amable y bonachón hombre que supuestamente dejaba obsequios en secreto para los niños buenos.

    De hecho, Jean había decidido que hoy sería el fin de esa tradición, quedando como un tierno recuerdo de sus ilusiones infantiles.
    Hacía años que conocía la verdad, pero seguía disfrutando de ello solo por ver a sus padres unidos, poniéndose de acuerdo en sus pedidos irrisorios.

    ¿Sería que este año habían podido encontrar lo que había pedido? No lo creía, pero se moría de ganas de saber cuál había sido su alternativa para complacerlo. Luego, les confesaría que, había sabido la verdad todo el tiempo.

    Los liberaría de esa carga, y, los cargaría con otras de un carácter más relevante que un tonto cuento infantil.

    Jean se dirigió hacia la puerta en dirección al comedor, pero, de repente, esta se abrió de golpe, haciéndolo dar un salto de sorpresa.

    —¿Qué suced—

    Ni siquiera alcanzó a terminar la frase cuando Finnian apareció con su característica sonrisa grande, llevando un gorrito rojo con el típico pompón blanco en la punta.

    —¡Joven amo! —dijo con entusiasmo, extendiéndole un gorro igual al suyo. —¿Ya está listo? ¡Tome, necesita ponerse esto!

    Jean alzó una ceja mientras tomaba el gorro, desconcertado.
    —¿Por qué?

    —¡Para hacer la ocasión más feliz!

    Aunque dudaba mucho que llevar ese gorrito lo hiciera feliz, no podía negarle nada a Finnian. Su entusiasmo y alegría eran demasiado contagiosos. Con un suspiro resignado, Jean se colocó el gorro, consciente de que probablemente estaba arruinando el conjunto perfectamente diseñado que llevaba.

    “Si Nina se entera, se enfadará”, pensó, aunque sabía bien que ella no lo haría.

    Bajó al comedor acompañado por el entusiasmado jardinero, y lo que encontró al llegar lo dejó pasmado por unos segundos.

    Todos estaban allí: el cocinero, la ama de llaves, el mayordomo y, por supuesto, sus padres. Todos llevaban gorritos navideños similares y lucían sonrisas que irradiaban calidez.

    Quizá Finnian tenía algo de razón.

    Jean se acercó a la mesa con una expresión más relajada y un leve gesto en los labios que podría interpretarse como una sutil sonrisa.

    Cada año sentía menos entusiasmo por ciertos aspectos de la Navidad, pero había algo que nunca cambiaba: a pesar de todo, ver a su familia reunida seguía siendo una de las cosas de la cual nunca se cansaría.
    𝐋𝐚𝐬 𝐟𝐢𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐞𝐧 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨𝐬 𝐈𝐈 — S. XIX — La puertecita de madera estaba decorada de lo más llamativa; indicativo de que se trataba del último día. ¿Qué sería esta vez? El año pasado le había tocado un mensaje bíblico. El año antes que ese, le había tocado un ángel, y los años anteriores diversos elementos religiosos para colocar en el pesebre. Jean abrió la puerta lentamente, para mantener el suspenso hasta el último segundo… encontrándose con una estrella. Dorada y puntiaguda. Especial para colocar en el árbol del salón. —Hmh —dejó salir con poco entusiasmo. Los calendarios de adviento ya estaban comenzando a parecerle poco atractivos. Probablemente estaba relacionado a su crecimiento. Incluso escribir una carta a Santa Claus le parecía aburrido. La idea de pedir cosas absurdas para poner nerviosos a sus padres siempre le había parecido divertido antes, pero ahora… Dejó la figura dentro del calendario de madera para más tarde, cuando la familia se reuniera alrededor del árbol, y se dispuso a vestirse él mismo. Hace un tiempo que había prescindido de los servicios de un sirviente para que lo vistiera, y aunque su padre había insistido en que lo conservara, Jean ya tenía siete años y podía encargarse de ello sin problema. Se abotonó tranquilamente la camisa blanca y procedió con las demás prendas de la misma forma. Frente al espejo, comprobó que todo estuviera colocado prolijamente. —Perfecto —musitó. Su traje era de un azul profundo, como su mirada. Tenía detalles plateados en los hombros, que caían hacia sus brazos como delicados colgantes que brillaban como pequeños puntos de luz. Un moño del mismo tono cerraba el atuendo; obra de la modista Nina Hopkins, quien, a pesar de llamarse a sí misma una mujer moderna, había optado por un diseño bastante anticuado, pero que no dejaba de ser elegante y hermoso, adecuado para el día de hoy. Hoy Jean cenaría un gran banquete con la familia. Después, iría hacia el árbol del salón y colocaría la estrella en la punta, dejaría un vaso de leche y un plato de galletas preparado por Sebastián. Se retiraría unos minutos para permitir que sus padres colocaran los regalos, y luego, regresaría fingiendo sorprenderse ante la pantomima de sus padres de que todo era obra de Santa Claus. Aunque, a estas alturas, incluso ellos comenzaban a sospechar que Jean ya no creía tanto en aquel amable y bonachón hombre que supuestamente dejaba obsequios en secreto para los niños buenos. De hecho, Jean había decidido que hoy sería el fin de esa tradición, quedando como un tierno recuerdo de sus ilusiones infantiles. Hacía años que conocía la verdad, pero seguía disfrutando de ello solo por ver a sus padres unidos, poniéndose de acuerdo en sus pedidos irrisorios. ¿Sería que este año habían podido encontrar lo que había pedido? No lo creía, pero se moría de ganas de saber cuál había sido su alternativa para complacerlo. Luego, les confesaría que, había sabido la verdad todo el tiempo. Los liberaría de esa carga, y, los cargaría con otras de un carácter más relevante que un tonto cuento infantil. Jean se dirigió hacia la puerta en dirección al comedor, pero, de repente, esta se abrió de golpe, haciéndolo dar un salto de sorpresa. —¿Qué suced— Ni siquiera alcanzó a terminar la frase cuando Finnian apareció con su característica sonrisa grande, llevando un gorrito rojo con el típico pompón blanco en la punta. —¡Joven amo! —dijo con entusiasmo, extendiéndole un gorro igual al suyo. —¿Ya está listo? ¡Tome, necesita ponerse esto! Jean alzó una ceja mientras tomaba el gorro, desconcertado. —¿Por qué? —¡Para hacer la ocasión más feliz! Aunque dudaba mucho que llevar ese gorrito lo hiciera feliz, no podía negarle nada a Finnian. Su entusiasmo y alegría eran demasiado contagiosos. Con un suspiro resignado, Jean se colocó el gorro, consciente de que probablemente estaba arruinando el conjunto perfectamente diseñado que llevaba. “Si Nina se entera, se enfadará”, pensó, aunque sabía bien que ella no lo haría. Bajó al comedor acompañado por el entusiasmado jardinero, y lo que encontró al llegar lo dejó pasmado por unos segundos. Todos estaban allí: el cocinero, la ama de llaves, el mayordomo y, por supuesto, sus padres. Todos llevaban gorritos navideños similares y lucían sonrisas que irradiaban calidez. Quizá Finnian tenía algo de razón. Jean se acercó a la mesa con una expresión más relajada y un leve gesto en los labios que podría interpretarse como una sutil sonrisa. Cada año sentía menos entusiasmo por ciertos aspectos de la Navidad, pero había algo que nunca cambiaba: a pesar de todo, ver a su familia reunida seguía siendo una de las cosas de la cual nunca se cansaría.
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  • — a mi ya no me hablen, no quiero hacer nada... —

    La noche anterior estuvo de aqui para alla debido a que como el era el encargado de las bebidas lo andaban trayendo de aqui para aca acabando el exhausto y solo se fue a dormir con su amada

    #MerryChristmas

    — a mi ya no me hablen, no quiero hacer nada... — La noche anterior estuvo de aqui para alla debido a que como el era el encargado de las bebidas lo andaban trayendo de aqui para aca acabando el exhausto y solo se fue a dormir con su amada #MerryChristmas
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  • ¡Felices Fiestas! La navidad esta aquí, al igual que los regalos, vengo a traerles amor y mucha felicidad.

    ¡Feliz navidad a Todos!
    ¡Felices Fiestas! La navidad esta aquí, al igual que los regalos, vengo a traerles amor y mucha felicidad. ¡Feliz navidad a Todos!
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  • Feliz navidad, errante... Pasa una agradable fiesta.
    Feliz navidad, errante... Pasa una agradable fiesta.
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  • Feliz Navidad a todos
    espero les gusten mis regalitos!!

    Alli se fueron 500 puntos jajaja, los quiero a todos
    Feliz Navidad a todos espero les gusten mis regalitos!! :STK-64: Alli se fueron 500 puntos jajaja, los quiero a todos :STK-13:
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  • *Jormun lo meditó largo tiempo, veía a su esposa descansar en la cama, desnuda. Él por su parte, mira por la ventana el nevado paisaje, fumando en su pipa con el torso desnudo. Sin duda, no le gustaba para nada aquella idea que le rondaba por la cabeza. Así, que cuando Ate se despertó le comentó su idea. Ate se horrorizo*

    ¿Estás seguro, mi amor?

    Es la única forma de que cierres ese circulo.

    Yo te amo a ti, lo sabes de sobra.

    No me gusta la idea, pero es posible que funcione. Si le das lo mismo que me has dado a mi, todo terminará para bien.

    *Responde Jormun mirando a su esposa con todo su amor*

    No te lo reprocharé, mi amor.

    No, no puedo...no quiero serte infiel.

    Es la única manera.

    *Besa a su esposa como si fuera la primera vez, ambos disfrutan del beso*

    Solo una vez, esa vez y no más.

    *Termina por decir Jormun con ojos vidriosos*

    Solo lo haré si me lo pides.

    Hazlo, pero que no se sepa.

    *Angustiada, Ate afirma con la cabeza y ambos esposos se abrazan mostrando así su gran amor*
    *Jormun lo meditó largo tiempo, veía a su esposa descansar en la cama, desnuda. Él por su parte, mira por la ventana el nevado paisaje, fumando en su pipa con el torso desnudo. Sin duda, no le gustaba para nada aquella idea que le rondaba por la cabeza. Así, que cuando Ate se despertó le comentó su idea. Ate se horrorizo* ¿Estás seguro, mi amor? Es la única forma de que cierres ese circulo. Yo te amo a ti, lo sabes de sobra. No me gusta la idea, pero es posible que funcione. Si le das lo mismo que me has dado a mi, todo terminará para bien. *Responde Jormun mirando a su esposa con todo su amor* No te lo reprocharé, mi amor. No, no puedo...no quiero serte infiel. Es la única manera. *Besa a su esposa como si fuera la primera vez, ambos disfrutan del beso* Solo una vez, esa vez y no más. *Termina por decir Jormun con ojos vidriosos* Solo lo haré si me lo pides. Hazlo, pero que no se sepa. *Angustiada, Ate afirma con la cabeza y ambos esposos se abrazan mostrando así su gran amor*
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  • Dean no era una persona realmente detallista, pero lo cierto era que a pesar de lo que la mayoría de la gente pudiera pensar si que se fijaba en las pequeñas cosas y tenia en cuenta los sentimientos de la gente, es por eso que se había puesto en contacto con las tías de Hope, y el primer regalo de vida para la tribrida, eran dos fotos de su familia, cuidadosamente enmarcadas.

    El segundo venia con una simple nota.
    " Feliz navidad. Con este diario ya eres toda la cazadora, úsalo para escribir tus aventuras, o tus pensamientos, lo que mas te guste.
    Dean."
    Hope Mikaelson
    Dean no era una persona realmente detallista, pero lo cierto era que a pesar de lo que la mayoría de la gente pudiera pensar si que se fijaba en las pequeñas cosas y tenia en cuenta los sentimientos de la gente, es por eso que se había puesto en contacto con las tías de Hope, y el primer regalo de vida para la tribrida, eran dos fotos de su familia, cuidadosamente enmarcadas. El segundo venia con una simple nota. " Feliz navidad. Con este diario ya eres toda la cazadora, úsalo para escribir tus aventuras, o tus pensamientos, lo que mas te guste. Dean." [thetribrid]
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  • Te deseo un bonito navidad mi dulce flor .

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    Te deseo un bonito navidad mi dulce flor . [Presea]
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  • Felicidades, me alegro de poder estar contigo ahora mismo. —mostró su más sincera y honesta sonrisa a su melliza. Entregó sus obsequios, un par de cintas de comedias y dramas, aparte de una carta—
    Felicidades, me alegro de poder estar contigo ahora mismo. —mostró su más sincera y honesta sonrisa a su melliza. Entregó sus obsequios, un par de cintas de comedias y dramas, aparte de una carta—
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  • Buenos Días!
    Les deseo un excelente día
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