Carmina se miraba en el pequeño espejo de la tienda, el único que había podido encontrar detrás de las estanterías. Con una mano sostenía la plancha caliente, y con la otra se deslizaba el cabello, mechón por mechón, sintiendo cómo cada onda natural se convertía en un hilo lacio y brillante. Hacía años que no se lo alisaba. De hecho, no podía recordar la última vez que lo hizo.
Los clientes no llegarían hasta más tarde. La tienda estaba vacía, con el suave zumbido del refrigerador llenando el silencio. Mientras planchaba su cabello, no podía evitar preguntarse qué la había impulsado a hacer esto hoy. Un cambio tan drástico.
—¿Para qué? —se preguntó a sí misma, viendo cómo su reflejo cambiaba a cada pasada de la plancha.
Tal vez se había cansado de la imagen que siempre le devolvía el espejo: la chica de cabello desordenado, un poco rebelde, siempre con prisas y sin mucho interés en lo que los demás pensaran. Quizás, después de todo este tiempo, quería algo distinto, algo que dijera que podía ser alguien más que la chica en la caja registradora.
Pero, ¿realmente un cambio de look significaba algo? ¿O era solo una distracción más? Pensó en las cosas que la habían abrumado últimamente: los mismos clientes de siempre, la monotonía de los días en la tienda, la sensación de que la vida avanzaba sin que ella hiciera nada significativo.
—Quizás, si cambio cómo me veo, cambie cómo me siento —murmuró mientras soltaba un mechón lacio sobre su hombro.
Pero no estaba segura.
Carmina se miraba en el pequeño espejo de la tienda, el único que había podido encontrar detrás de las estanterías. Con una mano sostenía la plancha caliente, y con la otra se deslizaba el cabello, mechón por mechón, sintiendo cómo cada onda natural se convertía en un hilo lacio y brillante. Hacía años que no se lo alisaba. De hecho, no podía recordar la última vez que lo hizo.
Los clientes no llegarían hasta más tarde. La tienda estaba vacía, con el suave zumbido del refrigerador llenando el silencio. Mientras planchaba su cabello, no podía evitar preguntarse qué la había impulsado a hacer esto hoy. Un cambio tan drástico.
—¿Para qué? —se preguntó a sí misma, viendo cómo su reflejo cambiaba a cada pasada de la plancha.
Tal vez se había cansado de la imagen que siempre le devolvía el espejo: la chica de cabello desordenado, un poco rebelde, siempre con prisas y sin mucho interés en lo que los demás pensaran. Quizás, después de todo este tiempo, quería algo distinto, algo que dijera que podía ser alguien más que la chica en la caja registradora.
Pero, ¿realmente un cambio de look significaba algo? ¿O era solo una distracción más? Pensó en las cosas que la habían abrumado últimamente: los mismos clientes de siempre, la monotonía de los días en la tienda, la sensación de que la vida avanzaba sin que ella hiciera nada significativo.
—Quizás, si cambio cómo me veo, cambie cómo me siento —murmuró mientras soltaba un mechón lacio sobre su hombro.
Pero no estaba segura.