• La marea estaba baja cuando una pequeña selkie salió del agua. Al ojo común, solo era una foca más.

    Primero asomó la cabeza, oscura y brillante entre las olas negras. El viento nocturno le revolvió los bigotes de foca y ella olfateó el aire.

    Arrastró su cuerpo húmedo hasta la arena.

    Entonces dejó que la piel resbalara de su forma como una sombra desprendiéndose. Donde antes había una foca, ahora se incorporaba una joven de cabello enredado por la sal, la piel pálida aún cubierta de gotas de mar.

    Fiadh recogió el pequeño tesoro que había traído consigo.

    Una concha blanca en espiral.
    Un trozo de vidrio verde pulido por las olas.
    Una piedra lisa, gris y suave como un huevo.

    Caminó descalza hasta el borde de cierto jardín. La hierba estaba fría bajo sus pies. Se agachó junto a la cerca de madera y acomodó los objetos con cuidado, como si estuviera armando un pequeño altar secreto.

    Se quedó un momento mirándolos.

    Luego levantó la vista hacia la casa.

    Había una ventana que conocía bien.

    Fiadh no se acercó más.

    El niño dormiría ahora, respirando lento, sin saber que el mar lo visitaba cada noche. Eso estaba bien. Así debía ser.

    La joven se levantó, retrocedió en silencio y regresó a la playa.

    Antes de entrar al agua, miró una última vez la casa.

    Mañana por la mañana, pensó, él los encontrará.

    Y eso era suficiente.

    Con ese pensamiento, Fiadh volvió al mar.
    La marea estaba baja cuando una pequeña selkie salió del agua. Al ojo común, solo era una foca más. Primero asomó la cabeza, oscura y brillante entre las olas negras. El viento nocturno le revolvió los bigotes de foca y ella olfateó el aire. Arrastró su cuerpo húmedo hasta la arena. Entonces dejó que la piel resbalara de su forma como una sombra desprendiéndose. Donde antes había una foca, ahora se incorporaba una joven de cabello enredado por la sal, la piel pálida aún cubierta de gotas de mar. Fiadh recogió el pequeño tesoro que había traído consigo. Una concha blanca en espiral. Un trozo de vidrio verde pulido por las olas. Una piedra lisa, gris y suave como un huevo. Caminó descalza hasta el borde de cierto jardín. La hierba estaba fría bajo sus pies. Se agachó junto a la cerca de madera y acomodó los objetos con cuidado, como si estuviera armando un pequeño altar secreto. Se quedó un momento mirándolos. Luego levantó la vista hacia la casa. Había una ventana que conocía bien. Fiadh no se acercó más. El niño dormiría ahora, respirando lento, sin saber que el mar lo visitaba cada noche. Eso estaba bien. Así debía ser. La joven se levantó, retrocedió en silencio y regresó a la playa. Antes de entrar al agua, miró una última vez la casa. Mañana por la mañana, pensó, él los encontrará. Y eso era suficiente. Con ese pensamiento, Fiadh volvió al mar.
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  • Aun no me acostumbro a estar mas de ocho horas sentado.
    Necesito un ibuprofeno y un té.
    Aun no me acostumbro a estar mas de ocho horas sentado. Necesito un ibuprofeno y un té.
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  • — Me gusta entrenar, aunque... Luego me den muchas ganas de comer. —

    #SeductiveSunday
    — Me gusta entrenar, aunque... Luego me den muchas ganas de comer. — #SeductiveSunday
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  • Un poco de cafe para llevar el día mejor
    Un poco de cafe para llevar el día mejor
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  • — El espíritu del mar y el rugir de las olas parecen resonar con más fuerza ultimamente.
    — El espíritu del mar y el rugir de las olas parecen resonar con más fuerza ultimamente.
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  • Ay vamos , yo!? Loki el dios de engaño siendo amable ..... bueno quizas un poco pero solo por divercion, y quizas alguna que otra jugarreta de las grandes
    Ay vamos , yo!? Loki el dios de engaño siendo amable ..... bueno quizas un poco pero solo por divercion, y quizas alguna que otra jugarreta de las grandes
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  • -Me gusta verte cuando estás trabajando, tienes una expresión tan seria...
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  • Que terrible situación... muy lindo lo que dices, pero me quedo con lo que haces... poco hombre, que va... animal fácil de domesticar ~
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  • -La noche caía sobre la ciudad con esa calma engañosa que tienen las madrugadas, cuando casi todo el mundo ya se ha ido a dormir y solo quedan las luces lejanas y el murmullo distante de los autos que pasan por las avenidas. El balcón del bar estaba iluminado apenas por una lámpara tenue colgada en la pared, lo suficiente para dibujar sombras largas sobre el suelo de madera. Ryuji se apoyaba en la barandilla con los brazos cruzados, mirando la ciudad como si estuviera leyendo algo escrito en el horizonte. Su expresión era tranquila, casi indiferente, pero en sus ojos había ese cansancio que solo deja el tiempo.

    Por unos segundos no dijo nada. Solo dejó que el silencio se asentara entre ambos, como si estuviera esperando que el viento terminara de llevarse algo que ya no valía la pena conservar. Luego dejó escapar un pequeño suspiro, sin dramatismo, sin rabia… más parecido al gesto de alguien que ya entendió algo hace mucho tiempo. Sus ojos rojos se movieron apenas hacia ella, y entonces habló con esa calma que tenía cuando decía algo que consideraba simple-

    Las palabras son curiosas…

    -Murmuró finalmente, su voz baja pero clara en la quietud del balcón-

    pueden sonar sinceras mientras se dicen, pero pierden todo valor cuando cualquiera puede escucharlas.

    -Se enderezó un poco, apoyando ahora las manos sobre la barandilla mientras observaba la calle varios pisos más abajo. Durante un momento pareció que estaba recordando algo lejano, algo que ya no dolía, pero tampoco había sido fácil de aprender. Cuando volvió a hablar, su tono seguía siendo tranquilo, casi didáctico, como si no estuviera juzgando a nadie, solo explicando una verdad sencilla-

    La gente suele pensar que lo importante es lo que alguien dice… pero con el tiempo te das cuenta de que lo único que realmente importa es a quién decide decírselo… y a cuántos más se lo ha dicho antes.

    -Finalmente giró un poco el rostro hacia ella, lo suficiente para mirarla directamente, aunque su expresión seguía siendo calmada. No había reproche en su mirada, ni enojo… solo la serenidad de alguien que ya había aprendido esa lección mucho antes-

    Así que no te preocupes demasiado por las palabras bonitas

    -Añadió con una ligera inclinación de cabeza-

    Si realmente significan algo, nunca vas a tener que preguntarte si eran solo para ti.
    -La noche caía sobre la ciudad con esa calma engañosa que tienen las madrugadas, cuando casi todo el mundo ya se ha ido a dormir y solo quedan las luces lejanas y el murmullo distante de los autos que pasan por las avenidas. El balcón del bar estaba iluminado apenas por una lámpara tenue colgada en la pared, lo suficiente para dibujar sombras largas sobre el suelo de madera. Ryuji se apoyaba en la barandilla con los brazos cruzados, mirando la ciudad como si estuviera leyendo algo escrito en el horizonte. Su expresión era tranquila, casi indiferente, pero en sus ojos había ese cansancio que solo deja el tiempo. Por unos segundos no dijo nada. Solo dejó que el silencio se asentara entre ambos, como si estuviera esperando que el viento terminara de llevarse algo que ya no valía la pena conservar. Luego dejó escapar un pequeño suspiro, sin dramatismo, sin rabia… más parecido al gesto de alguien que ya entendió algo hace mucho tiempo. Sus ojos rojos se movieron apenas hacia ella, y entonces habló con esa calma que tenía cuando decía algo que consideraba simple- Las palabras son curiosas… -Murmuró finalmente, su voz baja pero clara en la quietud del balcón- pueden sonar sinceras mientras se dicen, pero pierden todo valor cuando cualquiera puede escucharlas. -Se enderezó un poco, apoyando ahora las manos sobre la barandilla mientras observaba la calle varios pisos más abajo. Durante un momento pareció que estaba recordando algo lejano, algo que ya no dolía, pero tampoco había sido fácil de aprender. Cuando volvió a hablar, su tono seguía siendo tranquilo, casi didáctico, como si no estuviera juzgando a nadie, solo explicando una verdad sencilla- La gente suele pensar que lo importante es lo que alguien dice… pero con el tiempo te das cuenta de que lo único que realmente importa es a quién decide decírselo… y a cuántos más se lo ha dicho antes. -Finalmente giró un poco el rostro hacia ella, lo suficiente para mirarla directamente, aunque su expresión seguía siendo calmada. No había reproche en su mirada, ni enojo… solo la serenidad de alguien que ya había aprendido esa lección mucho antes- Así que no te preocupes demasiado por las palabras bonitas -Añadió con una ligera inclinación de cabeza- Si realmente significan algo, nunca vas a tener que preguntarte si eran solo para ti.
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  • Bueno , por lo menos luego de una cuantas bromas a los demas .... me meresco un leve descanzo
    Bueno , por lo menos luego de una cuantas bromas a los demas .... me meresco un leve descanzo
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