• Carmina salió de casa una tarde de otoño, cuando el aire era fresco y las hojas de los árboles caían en una cascada de colores dorados y rojizos. La calle estaba tranquila, solo el sonido de las hojas crujientes bajo sus pies acompañaba sus pensamientos. Llevaba consigo una bufanda que su abuela Lucia le había tejido, y cada vez que el viento la rodeaba, sentía el cálido abrazo de su familia, como un consuelo en medio de la incertidumbre.

    Mientras avanzaba, miraba a su alrededor. Observaba cómo el sol bañaba los árboles en un resplandor cálido, creando sombras alargadas que hacían que el paisaje pareciera un cuadro. Carmina no pudo evitar sonreír al ver a algunos niños jugando con las hojas caídas y a las personas con una expresión de calma, como si el mundo entero compartiera un instante de paz.

    Sus pensamientos, sin embargo, no estaban tan serenos. Sentía que algo dentro de ella había cambiado, como si una parte de sí misma se le hubiera escapado sin darse cuenta. Se esforzaba por recordar esa versión suya que era plena y segura, pero todo parecía lejano, como si no fuera realmente suyo. La inquietud de no reconocerse a sí misma le pesaba más que cualquier otra cosa, y a esa sensación se unía una soledad que últimamente la inundaba, incluso cuando estaba rodeada de otros.

    Carmina se detuvo un momento y se sentó en una banca, rodeada de hojas y del aroma terroso del otoño. Cerró los ojos y respiró profundo, dejando que el viento frío llenara sus pulmones. En medio de sus pensamientos, comprendió que esos momentos de tranquilidad, de simple belleza, le recordaban lo que realmente importaba. Las dudas y la tristeza eran parte de ella, sí, pero también lo eran esos instantes de felicidad que parecían surgir de la nada, como pequeñas luces en medio de la penumbra.

    Miró al cielo, donde unas nubes suaves se movían lentamente, y de repente sintió que, a pesar de la incertidumbre, todo estaba bien. Aunque no tenía todas las respuestas y aún no entendía por qué sentía que algo de sí misma se había perdido, comprendía que a veces solo era cuestión de permitir que el tiempo y el cambio siguieran su curso. Aquel paseo en medio del otoño le enseñó que la felicidad podía estar en los detalles más simples y que, a pesar de sus miedos y de esa soledad que la envolvía, siempre habría momentos para encontrar paz en lo inesperado.

    Con una sonrisa tranquila y una nostalgia en el corazón, Carmina se levantó y siguió caminando, sintiendo que, de algún modo, ese día de otoño había traído un poco de claridad a su alma, incluso si no tenía todas las respuestas.

    Carmina salió de casa una tarde de otoño, cuando el aire era fresco y las hojas de los árboles caían en una cascada de colores dorados y rojizos. La calle estaba tranquila, solo el sonido de las hojas crujientes bajo sus pies acompañaba sus pensamientos. Llevaba consigo una bufanda que su abuela Lucia le había tejido, y cada vez que el viento la rodeaba, sentía el cálido abrazo de su familia, como un consuelo en medio de la incertidumbre. Mientras avanzaba, miraba a su alrededor. Observaba cómo el sol bañaba los árboles en un resplandor cálido, creando sombras alargadas que hacían que el paisaje pareciera un cuadro. Carmina no pudo evitar sonreír al ver a algunos niños jugando con las hojas caídas y a las personas con una expresión de calma, como si el mundo entero compartiera un instante de paz. Sus pensamientos, sin embargo, no estaban tan serenos. Sentía que algo dentro de ella había cambiado, como si una parte de sí misma se le hubiera escapado sin darse cuenta. Se esforzaba por recordar esa versión suya que era plena y segura, pero todo parecía lejano, como si no fuera realmente suyo. La inquietud de no reconocerse a sí misma le pesaba más que cualquier otra cosa, y a esa sensación se unía una soledad que últimamente la inundaba, incluso cuando estaba rodeada de otros. Carmina se detuvo un momento y se sentó en una banca, rodeada de hojas y del aroma terroso del otoño. Cerró los ojos y respiró profundo, dejando que el viento frío llenara sus pulmones. En medio de sus pensamientos, comprendió que esos momentos de tranquilidad, de simple belleza, le recordaban lo que realmente importaba. Las dudas y la tristeza eran parte de ella, sí, pero también lo eran esos instantes de felicidad que parecían surgir de la nada, como pequeñas luces en medio de la penumbra. Miró al cielo, donde unas nubes suaves se movían lentamente, y de repente sintió que, a pesar de la incertidumbre, todo estaba bien. Aunque no tenía todas las respuestas y aún no entendía por qué sentía que algo de sí misma se había perdido, comprendía que a veces solo era cuestión de permitir que el tiempo y el cambio siguieran su curso. Aquel paseo en medio del otoño le enseñó que la felicidad podía estar en los detalles más simples y que, a pesar de sus miedos y de esa soledad que la envolvía, siempre habría momentos para encontrar paz en lo inesperado. Con una sonrisa tranquila y una nostalgia en el corazón, Carmina se levantó y siguió caminando, sintiendo que, de algún modo, ese día de otoño había traído un poco de claridad a su alma, incluso si no tenía todas las respuestas.
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  • —Sirius observaba como su padre y Cassandra peleaban,mientras tenia el mango de su espada en su mano,pensando a quien ayudar en ese combate,lo penso bastante tiempo,hasta que decidio intervenir.Este tomo a Cassandra y la arrojo lejos y se metio al combate,Hank no esperaba esa reaccion de el,Sirius y Hank empezaron a luchar,por mas rápido y habil que era Sirius con la espada,Hank lo superaba por mucho,apenas podia seguirle el ritmo a su padre,ademas de que las espadas de ambos eran diferentes,Hank intento darle un espadazo en la cara,pero Sirius detuvo la espada con su brazo bionico y logro encajarle un espadazo en el pecho a su padre,este solo lo observo con una sonrisa,mientras ponia una de sus manos en la mejilla,dejandose caer en el suelo con la espada en el pecho,Sirius todavia no reaccionaba ante lo que habia hecho,era como si hubiera entrado en un trance—
    —Sirius observaba como su padre y Cassandra peleaban,mientras tenia el mango de su espada en su mano,pensando a quien ayudar en ese combate,lo penso bastante tiempo,hasta que decidio intervenir.Este tomo a Cassandra y la arrojo lejos y se metio al combate,Hank no esperaba esa reaccion de el,Sirius y Hank empezaron a luchar,por mas rápido y habil que era Sirius con la espada,Hank lo superaba por mucho,apenas podia seguirle el ritmo a su padre,ademas de que las espadas de ambos eran diferentes,Hank intento darle un espadazo en la cara,pero Sirius detuvo la espada con su brazo bionico y logro encajarle un espadazo en el pecho a su padre,este solo lo observo con una sonrisa,mientras ponia una de sus manos en la mejilla,dejandose caer en el suelo con la espada en el pecho,Sirius todavia no reaccionaba ante lo que habia hecho,era como si hubiera entrado en un trance—
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  • Segunda foto de la sesión de día de muertos
    +Se resbala+
    Wah!
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  • ♠️— ¡Cómo me GUSTA el olor del miedo!
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  • ×~ Su camiseta lo dice todo. Es hermoso. Punto final (? ~×
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  • —Perdonen por no hablar. Soy muy tímido.
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  • Cariño
    Categoría Romance
    *Jörmungandr se recupera de sus heridas tras la pelea con Dark. Ate, junto con sus hijos, le cuidan con mucho cariño y amor. Los niños estan muy orgullosos de su padre. Ate atiende a su esposo, pero él dice que ya se encuentra bien*

    Aún así, debo cuidarte, mi amor.

    Como quieras, cariño, me dejaré mimar por ti y por los niños.

    *Jormun sonrie feliz al oír a su esposa. Se siente muy afortunado de tenerla a su lado. La abraza, dándole un beso en la frente*

    Te amo mucho, Ate.

    *Ella se deja abrazar*

    Yo también te amo, Jörmungandr.
    *Jörmungandr se recupera de sus heridas tras la pelea con Dark. Ate, junto con sus hijos, le cuidan con mucho cariño y amor. Los niños estan muy orgullosos de su padre. Ate atiende a su esposo, pero él dice que ya se encuentra bien* Aún así, debo cuidarte, mi amor. Como quieras, cariño, me dejaré mimar por ti y por los niños. *Jormun sonrie feliz al oír a su esposa. Se siente muy afortunado de tenerla a su lado. La abraza, dándole un beso en la frente* Te amo mucho, Ate. *Ella se deja abrazar* Yo también te amo, Jörmungandr.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
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    Terminado
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  • - Muy buenos días, el almuerzo estará listo para la hora prevista. Para empezar tenemos Pelmeni, que son empanadillas pequeñas hechas con carne picada, carne de res, hervidos y luego mayormente servidos con crema agria, le pongo también mostaza por si se le apetece. De primer plato; Shchi, es una sopa aparentemente simple con un complejo sabor. Mientras que puede parecer una simple sopa de repollo, es de hecho una sopa liviana, pero potente hecha de chucrut, repollo u otras hojas verdes. Shchi es una parte integral de la cocina rusa y ha sido comida casi a diario durante siglos. Disfrute de un cuenco de shchi con crema agria y una rodaja de pan negro de centeno. De segundo, Esturión, horneado con vegetales o unte algo de caviar negro en pan de salvado o en unos panqueques salados. Y de postre, Pierogi de cerezas. - Comentó educadamente a los presentes de la Mansión de la familia. - Le recuerdo que la reunión de esta tarde la han confirmado. Ahora si me disculpan. - Dijo educadamente para retirarse nuevamente.
    - Muy buenos días, el almuerzo estará listo para la hora prevista. Para empezar tenemos Pelmeni, que son empanadillas pequeñas hechas con carne picada, carne de res, hervidos y luego mayormente servidos con crema agria, le pongo también mostaza por si se le apetece. De primer plato; Shchi, es una sopa aparentemente simple con un complejo sabor. Mientras que puede parecer una simple sopa de repollo, es de hecho una sopa liviana, pero potente hecha de chucrut, repollo u otras hojas verdes. Shchi es una parte integral de la cocina rusa y ha sido comida casi a diario durante siglos. Disfrute de un cuenco de shchi con crema agria y una rodaja de pan negro de centeno. De segundo, Esturión, horneado con vegetales o unte algo de caviar negro en pan de salvado o en unos panqueques salados. Y de postre, Pierogi de cerezas. - Comentó educadamente a los presentes de la Mansión de la familia. - Le recuerdo que la reunión de esta tarde la han confirmado. Ahora si me disculpan. - Dijo educadamente para retirarse nuevamente.
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  • Luz serpenteante, sombras nebulosas.
    Textos impíos, estudios incesantes.
    Leve luz de luna lograba alcanzar a iluminar una pequeña parte de una página del pesado ejemplar postrado sobre la barra dentro de un viejo establecimiento.

    Línea a línea, párrafo tras párrafo.

    Absurdo.

    Un vaso de licor aguardaba del otro lado sobre la barra.

    Poderío. Cuidado.

    Se hallaba un libro abierto encima del gran tomo, dando el privilegio a su lectora de poder descifrar y saber los conocimientos que guardaban estas profanas escrituras. Un poco más a un lado, un cuaderno de bolsillo, también abierto, recibiendo solo la pulpa de esos jugosos saberes.

    Sensatez. Secreto.

    Con su índice y pulgar extinguió la llama de la vela que la acompañaba e iluminaba su alrededor, después de tomar lo que quedaba del vaso y recoger sus pertenencias. Salió del local. Sin tener que soltar alguna cosa, se las arregló para buscar las llaves en alguno de los bolsillos de su vestido y asegurarse de que la tienda, quedara bien cerrada.

    Dio la vuelta y subió las escaleras hacia su apartamento, dirigiéndose directamente a su habitación, para guardar los libros y sus apuntes en un lugar seguro. Fue a la cocina dónde encontró la botella de licor abierta. Se sirvió otro trago. Lo tomó. La sensación cálida recorrió su garganta. Volteó hacia el espejo. Círculos oscuros rodeaban sus ojos, pupilas dilatadas, respiración desigual.

    Miró la hora, faltaban más que unas cuantas horas para el siguiente día.

    Entró a su cuarto de baño y se quitó la ropa, de una dejó que el agua fresca de la ducha impactara sobre su rostro, y de ahí, el resto de su cuerpo, mismo que fue despojado de cualquier remanente de tensión ocasionado por la ardua sección de estudio ejecutada hace un rato. El aroma floral de los productos de higiene impregnó en el ambiente. Envolvió su cabello con una toalla después de colocarse la bata de baño. Dio una cepillada rápida a sus dientes.

    Sobre la cama yacían unos cuantos objetos, regalos que recibió por parte de algunos allegados. Se sentó a un lado mientras los miraba, una sonrisa de lado naturalmente se formó en su rostro.

    "Feliz cumpleaños" decía un sobre con letra manuscrita. No se atrevía a abrirlo, sabía de quien venía. Sacar la carta sería como abrir deliberadamente la caja de pandora.

    Se vistió con un conjunto para dormir y se acostó, sin sueño, volteó hacia su guardarropa deseando tener alguna excusa para levantarse para cambiarse completamente de ropa y hacer reventar con una gran fiesta excesiva y también pecaminosa, este intento de apartamento.

    Los tragos de licor comenzaban a hacer efecto, su visión se nubló por un segundo. Se levantó de la cama y caminó a la sala de estar, descolgó el teléfono de casa y marcó a su amigo.

    Charles Grey
    Luz serpenteante, sombras nebulosas. Textos impíos, estudios incesantes. Leve luz de luna lograba alcanzar a iluminar una pequeña parte de una página del pesado ejemplar postrado sobre la barra dentro de un viejo establecimiento. Línea a línea, párrafo tras párrafo. Absurdo. Un vaso de licor aguardaba del otro lado sobre la barra. Poderío. Cuidado. Se hallaba un libro abierto encima del gran tomo, dando el privilegio a su lectora de poder descifrar y saber los conocimientos que guardaban estas profanas escrituras. Un poco más a un lado, un cuaderno de bolsillo, también abierto, recibiendo solo la pulpa de esos jugosos saberes. Sensatez. Secreto. Con su índice y pulgar extinguió la llama de la vela que la acompañaba e iluminaba su alrededor, después de tomar lo que quedaba del vaso y recoger sus pertenencias. Salió del local. Sin tener que soltar alguna cosa, se las arregló para buscar las llaves en alguno de los bolsillos de su vestido y asegurarse de que la tienda, quedara bien cerrada. Dio la vuelta y subió las escaleras hacia su apartamento, dirigiéndose directamente a su habitación, para guardar los libros y sus apuntes en un lugar seguro. Fue a la cocina dónde encontró la botella de licor abierta. Se sirvió otro trago. Lo tomó. La sensación cálida recorrió su garganta. Volteó hacia el espejo. Círculos oscuros rodeaban sus ojos, pupilas dilatadas, respiración desigual. Miró la hora, faltaban más que unas cuantas horas para el siguiente día. Entró a su cuarto de baño y se quitó la ropa, de una dejó que el agua fresca de la ducha impactara sobre su rostro, y de ahí, el resto de su cuerpo, mismo que fue despojado de cualquier remanente de tensión ocasionado por la ardua sección de estudio ejecutada hace un rato. El aroma floral de los productos de higiene impregnó en el ambiente. Envolvió su cabello con una toalla después de colocarse la bata de baño. Dio una cepillada rápida a sus dientes. Sobre la cama yacían unos cuantos objetos, regalos que recibió por parte de algunos allegados. Se sentó a un lado mientras los miraba, una sonrisa de lado naturalmente se formó en su rostro. "Feliz cumpleaños" decía un sobre con letra manuscrita. No se atrevía a abrirlo, sabía de quien venía. Sacar la carta sería como abrir deliberadamente la caja de pandora. Se vistió con un conjunto para dormir y se acostó, sin sueño, volteó hacia su guardarropa deseando tener alguna excusa para levantarse para cambiarse completamente de ropa y hacer reventar con una gran fiesta excesiva y también pecaminosa, este intento de apartamento. Los tragos de licor comenzaban a hacer efecto, su visión se nubló por un segundo. Se levantó de la cama y caminó a la sala de estar, descolgó el teléfono de casa y marcó a su amigo. [EarlGrey]
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  • No más niñita tierna. Jaja!

    La habitación estaba llena de gente, pero la chica solo veía a él. Estaba rodeado de chicas sonrientes, riendo y tocándolo, y ella se sentía como si estuviera quemando por dentro.

    Se acercó a él con pasos lentos y deliberados, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Su rostro usualmente tierno y sonriente había dado paso a una expresión dura y dominante.

    "¿Qué pasa aquí?", preguntó ella, su voz baja y peligrosa.

    Él se dio la vuelta, sorprendido por su tono. "Nada, solo estoy pasando el rato", dijo él, sonriendo.

    Pero la chica no se dejó engañar. Podía ver la forma en que las otras chicas lo miraban, la forma en que él las tocaba y las hacía reír. Se sentía traicionada.

    "No te atreves a mentirme", dijo ella, su voz subiendo de tono. "Sé lo que estás haciendo"..

    La chica se acercó más, su rostro cerca del suyo. "Tú me perteneces", dijo ella, su voz baja y sensual. "No te permito que coquetees con otras".

    Él se sintió atrapado por su mirada, por su intensidad. Nunca había visto a la chica así antes, y se sentía atraído y asustado al mismo tiempo


    La chica lo miró fijamente, su corazón latiendo con fuerza. Luego, sin decir una palabra, lo tomó del brazo y lo sacó de la habitación.

    La gente los miraba, sorprendida por la escena. Pero la chica no se importaba. Solo quería estar a solas con él, quería hacerle entender que él era suyo.

    Una vez fuera de la habitación.
    No más niñita tierna. Jaja! La habitación estaba llena de gente, pero la chica solo veía a él. Estaba rodeado de chicas sonrientes, riendo y tocándolo, y ella se sentía como si estuviera quemando por dentro. Se acercó a él con pasos lentos y deliberados, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Su rostro usualmente tierno y sonriente había dado paso a una expresión dura y dominante. "¿Qué pasa aquí?", preguntó ella, su voz baja y peligrosa. Él se dio la vuelta, sorprendido por su tono. "Nada, solo estoy pasando el rato", dijo él, sonriendo. Pero la chica no se dejó engañar. Podía ver la forma en que las otras chicas lo miraban, la forma en que él las tocaba y las hacía reír. Se sentía traicionada. "No te atreves a mentirme", dijo ella, su voz subiendo de tono. "Sé lo que estás haciendo".. La chica se acercó más, su rostro cerca del suyo. "Tú me perteneces", dijo ella, su voz baja y sensual. "No te permito que coquetees con otras". Él se sintió atrapado por su mirada, por su intensidad. Nunca había visto a la chica así antes, y se sentía atraído y asustado al mismo tiempo La chica lo miró fijamente, su corazón latiendo con fuerza. Luego, sin decir una palabra, lo tomó del brazo y lo sacó de la habitación. La gente los miraba, sorprendida por la escena. Pero la chica no se importaba. Solo quería estar a solas con él, quería hacerle entender que él era suyo. Una vez fuera de la habitación.
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