• El Encuentro de las Dos Sendas: Maestro y Aprendiz en la Oficina Arcana
    Fandom Ninguno
    Categoría Fantasía
    Todo parecía ser un día habitual en una de las tantas sucursales del departamento de seguridad mágica. En donde aquel joven prodigio se encontraba haciendo papeleo, ya fuera haciendo reportes de misiones pasadas o leyendo nuevas peticiones de misiones nuevas. En medio de aquellos papeles, uno llamo su atención y es que era una petición de una madre sobre el guiar a su hija como hechicera. Claramente arqueó una ceja, no porque le incomodará la petición pero tenía duda de como llegó hacia él, pues el era un agente de seguridad, no un profesor. Igualmente mientras meditaba las implicaciones de la petición, escucho que tocaron a la puerta. Así que se levanto con elegancia, y abrió la puerta.


    ⸻ ¿Si? ¿En que puedo ayudarle?


    Fueron sus primeras palabras hacia la persona detrás de la puerta. Un tono cordial pero serio.


    Whit: Zahmira
    Todo parecía ser un día habitual en una de las tantas sucursales del departamento de seguridad mágica. En donde aquel joven prodigio se encontraba haciendo papeleo, ya fuera haciendo reportes de misiones pasadas o leyendo nuevas peticiones de misiones nuevas. En medio de aquellos papeles, uno llamo su atención y es que era una petición de una madre sobre el guiar a su hija como hechicera. Claramente arqueó una ceja, no porque le incomodará la petición pero tenía duda de como llegó hacia él, pues el era un agente de seguridad, no un profesor. Igualmente mientras meditaba las implicaciones de la petición, escucho que tocaron a la puerta. Así que se levanto con elegancia, y abrió la puerta. ⸻ ¿Si? ¿En que puedo ayudarle? Fueron sus primeras palabras hacia la persona detrás de la puerta. Un tono cordial pero serio. Whit: [Zhamira_01]
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  • —Wade,estuviste hablado por dos horas de como manoseaste a Coloso,callate de una vez
    —Wade,estuviste hablado por dos horas de como manoseaste a Coloso,callate de una vez
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  • Creo que este traje no es muy adecuado para asaltar y navegar los siete mares. *Dice pensativa*
    Creo que este traje no es muy adecuado para asaltar y navegar los siete mares. *Dice pensativa*
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  • El agua aquí es cálida, pero jamás como los manantiales del cielo… Nada se compara con su pureza, con la caricia de su luz.

    Ojalá pudiera volver a ser un ángel, volver a sentirme en casa…
    El agua aquí es cálida, pero jamás como los manantiales del cielo… Nada se compara con su pureza, con la caricia de su luz. Ojalá pudiera volver a ser un ángel, volver a sentirme en casa…
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  • Dean se puso su camisón morado, ese que para él era tan cómodo como una segunda piel. Apenas lo sintió rozar su espalda, se sintió en casa. Sin pensarlo dos veces, salió de su habitación y echó a correr por los fríos y largos pasillos del búnker, no quería que nadie lo viera. Las luces tenues parpadeaban levemente, acompañando el eco de sus pasos.

    A cada zancada, su sonrisa se ensanchaba. Sabía exactamente a dónde iba: su "cueva", su santuario personal, un rincón que había transformado con el tiempo hasta hacerlo enteramente suyo. Al llegar, empujó la puerta con entusiasmo y se dejó caer en su mullido sofá, ese que había rescatado de alguna tienda de segunda mano, pero que ahora se sentía como el trono de un rey.

    La tele, ya encendida, mostraba alguna repetición de un episodio antiguo de Scooby Doo. En la mesita baja, junto al sofá, estaba su caja de pizza (de la noche anterior), una botella de cerveza a medio terminar y un mando a distancia que parecía hecho a la medida de su mano.

    Dean suspiró, estirándose como un gato satisfecho. Aquella habitación, llena de pequeños tesoros personales, discos viejos, revistas de coches y un poster desgastado de una película ochentera, era su refugio en medio de todo el caos que solía rodear su vida. Y, por un momento, mientras el sonido de la televisión llenaba el aire, todo parecía estar en perfecta calma.

    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    Dean se puso su camisón morado, ese que para él era tan cómodo como una segunda piel. Apenas lo sintió rozar su espalda, se sintió en casa. Sin pensarlo dos veces, salió de su habitación y echó a correr por los fríos y largos pasillos del búnker, no quería que nadie lo viera. Las luces tenues parpadeaban levemente, acompañando el eco de sus pasos. A cada zancada, su sonrisa se ensanchaba. Sabía exactamente a dónde iba: su "cueva", su santuario personal, un rincón que había transformado con el tiempo hasta hacerlo enteramente suyo. Al llegar, empujó la puerta con entusiasmo y se dejó caer en su mullido sofá, ese que había rescatado de alguna tienda de segunda mano, pero que ahora se sentía como el trono de un rey. La tele, ya encendida, mostraba alguna repetición de un episodio antiguo de Scooby Doo. En la mesita baja, junto al sofá, estaba su caja de pizza (de la noche anterior), una botella de cerveza a medio terminar y un mando a distancia que parecía hecho a la medida de su mano. Dean suspiró, estirándose como un gato satisfecho. Aquella habitación, llena de pequeños tesoros personales, discos viejos, revistas de coches y un poster desgastado de una película ochentera, era su refugio en medio de todo el caos que solía rodear su vida. Y, por un momento, mientras el sonido de la televisión llenaba el aire, todo parecía estar en perfecta calma. #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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  • Las expectativas de otros no dictan mi camino.
    Las expectativas de otros no dictan mi camino.
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  • Siento una extraña presencia por aquí. -Gracias a mi querido amigo 𝑆𝑒𝑟𝑝𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒
    Siento una extraña presencia por aquí. -Gracias a mi querido amigo [SDark0]
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  • El sol empezaba a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados mientras Maki Zenin salía del campo de entrenamiento, con la camiseta empapada de sudor y el cabello despeinado. Se pasó una mano por la frente, alejando algunos mechones rebeldes, y dejó escapar un largo suspiro de satisfacción. Había sido un buen día.

    Horas de práctica intensa, repitiendo movimientos hasta que sus músculos ardieron, pero valía la pena. Cada gota de sudor era un paso más lejos de los Zenin y su estúpida visión de la fuerza. Ella iba a demostrarles que el talento no significaba nada frente al esfuerzo puro.

    El pasillo estaba desierto, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que el silencio no era tan malo. Sin Panda parloteando sin parar o Inumaki limitándose a sus “salmones” y “bonitos,” el mundo parecía moverse más lento. Hasta podía escuchar el suave susurro del viento afuera.

    De camino a su habitación, hizo una parada en la máquina expendedora. Metió unas monedas y presionó el botón para una bebida energética. El sonido del bote cayendo al compartimento resonó fuerte en el pasillo vacío. Se inclinó para recogerlo y, sin pensarlo mucho, se dejó caer en un banco cercano, sintiendo cómo sus músculos se relajaban.

    —Por fin... un momento de paz... —murmuró, apoyando la cabeza contra la pared mientras el frío de la lata refrescaba sus manos.

    Cerró los ojos, permitiéndose unos minutos para disfrutar del silencio y la brisa que se colaba por las ventanas abiertas. La bebida era amarga, pero reconfortante, y sintió la energía regresar poco a poco a su cuerpo agotado.

    Sin nada que hacer y nadie que la molestara, su mente empezó a divagar. Pensó en Mai, en sus palabras llenas de resentimiento y dolor. En cómo las cosas podrían haber sido diferentes si... pero no, sacudió la cabeza. No tenía caso pensar en “qué pasaría si.” Ella ya había tomado su decisión.

    —Idiota... —susurró, más para sí misma que para nadie más.

    Dejó escapar una risa corta y seca. Sí, era una idiota, pero una idiota con metas claras y con la determinación de alcanzarlas, sin importar lo que dijeran los demás.

    El cielo seguía cambiando de color, y el aire se sentía más fresco. Maki dejó que su cuerpo se hundiera un poco más en el banco, mirando las nubes moverse lentamente. No tenía prisa. Al menos por hoy, podía permitirse unos minutos más de descanso antes de volver a cargar su peso sobre los hombros.

    Bebió otro trago y cerró los ojos, permitiéndose disfrutar el momento.
    El sol empezaba a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados mientras Maki Zenin salía del campo de entrenamiento, con la camiseta empapada de sudor y el cabello despeinado. Se pasó una mano por la frente, alejando algunos mechones rebeldes, y dejó escapar un largo suspiro de satisfacción. Había sido un buen día. Horas de práctica intensa, repitiendo movimientos hasta que sus músculos ardieron, pero valía la pena. Cada gota de sudor era un paso más lejos de los Zenin y su estúpida visión de la fuerza. Ella iba a demostrarles que el talento no significaba nada frente al esfuerzo puro. El pasillo estaba desierto, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que el silencio no era tan malo. Sin Panda parloteando sin parar o Inumaki limitándose a sus “salmones” y “bonitos,” el mundo parecía moverse más lento. Hasta podía escuchar el suave susurro del viento afuera. De camino a su habitación, hizo una parada en la máquina expendedora. Metió unas monedas y presionó el botón para una bebida energética. El sonido del bote cayendo al compartimento resonó fuerte en el pasillo vacío. Se inclinó para recogerlo y, sin pensarlo mucho, se dejó caer en un banco cercano, sintiendo cómo sus músculos se relajaban. —Por fin... un momento de paz... —murmuró, apoyando la cabeza contra la pared mientras el frío de la lata refrescaba sus manos. Cerró los ojos, permitiéndose unos minutos para disfrutar del silencio y la brisa que se colaba por las ventanas abiertas. La bebida era amarga, pero reconfortante, y sintió la energía regresar poco a poco a su cuerpo agotado. Sin nada que hacer y nadie que la molestara, su mente empezó a divagar. Pensó en Mai, en sus palabras llenas de resentimiento y dolor. En cómo las cosas podrían haber sido diferentes si... pero no, sacudió la cabeza. No tenía caso pensar en “qué pasaría si.” Ella ya había tomado su decisión. —Idiota... —susurró, más para sí misma que para nadie más. Dejó escapar una risa corta y seca. Sí, era una idiota, pero una idiota con metas claras y con la determinación de alcanzarlas, sin importar lo que dijeran los demás. El cielo seguía cambiando de color, y el aire se sentía más fresco. Maki dejó que su cuerpo se hundiera un poco más en el banco, mirando las nubes moverse lentamente. No tenía prisa. Al menos por hoy, podía permitirse unos minutos más de descanso antes de volver a cargar su peso sobre los hombros. Bebió otro trago y cerró los ojos, permitiéndose disfrutar el momento.
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  • - Creó que es así.

    Mirmuraba al tomarse la fotografía perfecta, la idea loca de busca paraja por internet gracias a su amiga no lo dejaba en paz.

    -Ya... Ya está, un poco a la izquierda y... De verdad estoy realmente loco para hacer esto. (?)
    - Creó que es así. Mirmuraba al tomarse la fotografía perfecta, la idea loca de busca paraja por internet gracias a su amiga no lo dejaba en paz. -Ya... Ya está, un poco a la izquierda y... De verdad estoy realmente loco para hacer esto. (?)
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  • El reloj de pared
    Anunciando las 6:23
    El pasado con sed
    Y el presente es un atleta sin pies

    Ya son las 6:43
    Y el cadáver del minuto que pasó
    Me dice: Así se vive aquí, te guste o no
    Y la nostalgia pone casa en mi cabeza

    Y dan las 6 con 50
    ¿Quién te dijo que yo
    Era el sueño que soñaste una vez?
    ¿Quién te dijo que tú
    Voltearías mi futuro al revés?

    Ya son las 7:16
    Y el cadáver del minuto que pasó
    Me dice: Tu estrategia te arruinó
    No queda más que ir aprendiendo a vivir solo
    Si te quedan agallas

    La casa no es otra cosa
    Que un cementerio de historias
    Enterradas en fosas
    Que algunos llaman memorias

    Minutos, como sal en la herida
    Se me pasa la vida, gastando el reloj
    Minutos son la morgue del tiempo
    Cadáveres de momentos que no vuelven jamás
    No hay reloj que de vuelta hacia atrás

    Como duele gastar
    El instante en el que tú ya no estas
    Como cuesta luchar
    Con las cosas que no vuelven más

    Ya son las 9:23
    Y el cadáver del minuto que pasó
    Se burla de mis ganas de besar
    La foto que dejaste puesta en el buró
    Mi soledad es tu venganza

    El ministerio del tiempo
    Puso sede en mi almohada
    Ahí te encuentro a momentos
    Aunque no sirve de nada

    Minutos, como sal en la herida
    Se me pasa la vida, gastando el reloj
    Minutos son la morgue del tiempo
    Cadáveres de momentos que no vuelven jamás
    No hay reloj que de vuelta hacia atrás

    Minutos que se burlan de mí
    Minutos como furia de mar
    Minutos pasajeros de un tren que no va a ningún lugar

    Minutos como lluvia de sal
    Minutos como fuego en la piel
    Minutos forasteros que vienen y se van sin decir

    Minutos que me duelen sin ti
    Minutos que no pagan pensión
    Minutos que, al morir, formarán el batallón del ayer

    Minutos que se roban la luz
    Minutos que me oxidan la fe
    Minutos inquilinos del tiempo mientras puedan durar

    Minutos que disfrutan morir
    Minutos que no tienen lugar
    Minutos que se estrellan en mí
    Son kamikazes de Dios




    https://youtu.be/FA6_tsYMiDE?si=2HswAV-1ql09_tCA
    El reloj de pared Anunciando las 6:23 El pasado con sed Y el presente es un atleta sin pies Ya son las 6:43 Y el cadáver del minuto que pasó Me dice: Así se vive aquí, te guste o no Y la nostalgia pone casa en mi cabeza Y dan las 6 con 50 ¿Quién te dijo que yo Era el sueño que soñaste una vez? ¿Quién te dijo que tú Voltearías mi futuro al revés? Ya son las 7:16 Y el cadáver del minuto que pasó Me dice: Tu estrategia te arruinó No queda más que ir aprendiendo a vivir solo Si te quedan agallas La casa no es otra cosa Que un cementerio de historias Enterradas en fosas Que algunos llaman memorias Minutos, como sal en la herida Se me pasa la vida, gastando el reloj Minutos son la morgue del tiempo Cadáveres de momentos que no vuelven jamás No hay reloj que de vuelta hacia atrás Como duele gastar El instante en el que tú ya no estas Como cuesta luchar Con las cosas que no vuelven más Ya son las 9:23 Y el cadáver del minuto que pasó Se burla de mis ganas de besar La foto que dejaste puesta en el buró Mi soledad es tu venganza El ministerio del tiempo Puso sede en mi almohada Ahí te encuentro a momentos Aunque no sirve de nada Minutos, como sal en la herida Se me pasa la vida, gastando el reloj Minutos son la morgue del tiempo Cadáveres de momentos que no vuelven jamás No hay reloj que de vuelta hacia atrás Minutos que se burlan de mí Minutos como furia de mar Minutos pasajeros de un tren que no va a ningún lugar Minutos como lluvia de sal Minutos como fuego en la piel Minutos forasteros que vienen y se van sin decir Minutos que me duelen sin ti Minutos que no pagan pensión Minutos que, al morir, formarán el batallón del ayer Minutos que se roban la luz Minutos que me oxidan la fe Minutos inquilinos del tiempo mientras puedan durar Minutos que disfrutan morir Minutos que no tienen lugar Minutos que se estrellan en mí Son kamikazes de Dios https://youtu.be/FA6_tsYMiDE?si=2HswAV-1ql09_tCA
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