• ❝𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑎𝑢𝑛𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑢́ 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑙𝑜 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑒𝑠.❞

    𝘌𝘭 𝘣𝘰𝘻𝘢𝘭 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘴𝘪𝘵𝘪𝘰. 𝘌𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘴𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘥𝜄́𝘣𝘶𝘭𝘢 𝘺 𝘦𝘭 𝘮𝘦𝘵𝘢𝘭 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘢𝘯𝘴𝘢 𝘧𝘳𝜄́𝘰 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘮𝘪𝘴 𝘭𝘢𝘣𝘪𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳𝘰. 𝘕𝘰 𝘮𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘭𝘢 𝘣𝘰𝘤𝘢 𝘮𝘢́𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘰, 𝘺 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳𝘭𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘰𝘯𝘥𝘦𝘯 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘵𝘪𝘳𝘰́𝘯 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘤𝘢𝘳 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳.

    𝘠𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘪 𝘯𝘪 𝘭𝘰 𝘯𝘰𝘵𝘰, 𝘱𝘶𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘩𝘢 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘵𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘪𝘴𝘢𝘫𝘦, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻 𝘣𝘭𝘢𝘯𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘢 𝘰 𝘦𝘭 𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘪𝘯𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘪𝘳𝘦.

    𝘓𝘢𝘴 𝘤𝘢́𝘮𝘢𝘳𝘢𝘴 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘲𝘶𝘪𝘯𝘢𝘴.

    𝘗𝘶𝘦𝘥𝘰 𝘰𝜄́𝘳𝘭𝘢𝘴 𝘢𝘫𝘶𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘧𝘰𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦 𝘷𝘦𝘻 𝘦𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰, 𝘦𝘴𝘦 𝘻𝘶𝘮𝘣𝘪𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦𝘯̃𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘭𝘢𝘵𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘢𝘭 𝘰𝘵𝘳𝘰 𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘯𝘵𝘢𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝜄́. 𝘜𝘯 𝘮𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘣𝘳𝘶𝘴𝘤𝘰. 𝘜𝘯 𝘨𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘧𝘳𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯.
    ❝𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑎𝑢𝑛𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑢́ 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑙𝑜 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑒𝑠.❞ 𝘌𝘭 𝘣𝘰𝘻𝘢𝘭 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘴𝘪𝘵𝘪𝘰. 𝘌𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘴𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘥𝜄́𝘣𝘶𝘭𝘢 𝘺 𝘦𝘭 𝘮𝘦𝘵𝘢𝘭 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘢𝘯𝘴𝘢 𝘧𝘳𝜄́𝘰 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘮𝘪𝘴 𝘭𝘢𝘣𝘪𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳𝘰. 𝘕𝘰 𝘮𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘭𝘢 𝘣𝘰𝘤𝘢 𝘮𝘢́𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘰, 𝘺 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳𝘭𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘰𝘯𝘥𝘦𝘯 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘵𝘪𝘳𝘰́𝘯 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘤𝘢𝘳 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳. 𝘠𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘪 𝘯𝘪 𝘭𝘰 𝘯𝘰𝘵𝘰, 𝘱𝘶𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘩𝘢 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘵𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘪𝘴𝘢𝘫𝘦, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻 𝘣𝘭𝘢𝘯𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘢 𝘰 𝘦𝘭 𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘪𝘯𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘪𝘳𝘦. 𝘓𝘢𝘴 𝘤𝘢́𝘮𝘢𝘳𝘢𝘴 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘲𝘶𝘪𝘯𝘢𝘴. 𝘗𝘶𝘦𝘥𝘰 𝘰𝜄́𝘳𝘭𝘢𝘴 𝘢𝘫𝘶𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘧𝘰𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦 𝘷𝘦𝘻 𝘦𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰, 𝘦𝘴𝘦 𝘻𝘶𝘮𝘣𝘪𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦𝘯̃𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘭𝘢𝘵𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘢𝘭 𝘰𝘵𝘳𝘰 𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘯𝘵𝘢𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝜄́. 𝘜𝘯 𝘮𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘣𝘳𝘶𝘴𝘤𝘰. 𝘜𝘯 𝘨𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘧𝘳𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯.
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  • Que sueño... [Dragon_Blood] apenas y dormí anoche. —Le estaba alborotando su cabello.—
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  • Pongo un ramo frente tuyo



    - ¡ Felicidades ! -
    Pongo un ramo frente tuyo - ¡ Felicidades ! -
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  • Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía...

    No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses.

    Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso.

    Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha.

    ¿Qué había pasado?

    Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar.

    Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente.

    Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
    Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía... No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses. Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso. Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha. ¿Qué había pasado? Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar. Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente. Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
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  • - Se estaba arreglando para comenzar la mañana -
    Creo que así va ..
    Solo un día y podré dormir un poco más
    - Se estaba arreglando para comenzar la mañana - Creo que así va .. Solo un día y podré dormir un poco más
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  • QUE VIVA LA MARI UANA JAJAJAJAJA

    *Diría mientras tira el humo hacia el aire*
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  • ────Oh, ¿esto? Tranquilos, no es el muñeco vudú que Afro usa cuando el director le pide repetir la escena desde el principio... aunque admito que sería tentador hacerle cosquillas en la pancita. En realidad es un llavero que tejí. ¿Qué tal? ¿Se ve lindo?
    ────Oh, ¿esto? Tranquilos, no es el muñeco vudú que Afro usa cuando el director le pide repetir la escena desde el principio... aunque admito que sería tentador hacerle cosquillas en la pancita. En realidad es un llavero que tejí. ¿Qué tal? ¿Se ve lindo?
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  • — No tengas miedo. Debemos reforzar nuestra amistad.(?)
    — No tengas miedo. Debemos reforzar nuestra amistad.(?)
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  • 確信できる今だけ重ねて。
    Mikhail Wolfgang

    Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día.

    Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba.

    Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro.

    Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho.

    El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir.

    —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor?

    Dios, que día largo.
    確信できる今だけ重ねて。 [MishaWolfgang0] Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día. Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba. Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro. Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho. El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir. —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor? Dios, que día largo.
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  • Trabajar en el club llevando copas, algo de comida y bebidas en general de un lado a otro no era su trabajo soñado, pero pagaba lo que necesitaba... la mayoría del tiempo.

    Sin embargo, aunque solía estar ocupada con los pedidos y en asegurarse que los clientes estuvieran atendidos, en los momentos de descanso quería distraerse con solo observar.

    En el club, con las luces rojas y más oscuridad que claridad, las sombras eran más difíciles de ver, pero ella sabía que ahí estaban. Sabía que la observaban todo el tiempo.

    —...¿Por qué no me dejan en paz? —un murmullo que, esperó, ni siquiera se escuchara debido a la música.
    Trabajar en el club llevando copas, algo de comida y bebidas en general de un lado a otro no era su trabajo soñado, pero pagaba lo que necesitaba... la mayoría del tiempo. Sin embargo, aunque solía estar ocupada con los pedidos y en asegurarse que los clientes estuvieran atendidos, en los momentos de descanso quería distraerse con solo observar. En el club, con las luces rojas y más oscuridad que claridad, las sombras eran más difíciles de ver, pero ella sabía que ahí estaban. Sabía que la observaban todo el tiempo. —...¿Por qué no me dejan en paz? —un murmullo que, esperó, ni siquiera se escuchara debido a la música.
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