• *Paseando por su jardín, percibe que sus rosales ya le van saliendo las hojas. Sonríe feliz, ya que en unas semanas tendrá hermosas rosas. Continua con su paseo, parándose a admirar las futuras flores que pronto verían al luz. Sus dos hijas, Letha y Sigrid, ya le habían dicho de la próxima apertura de las flores. Tanto madre como hijas, solían observar a ver cuando eclosionarían las flores*
    *Paseando por su jardín, percibe que sus rosales ya le van saliendo las hojas. Sonríe feliz, ya que en unas semanas tendrá hermosas rosas. Continua con su paseo, parándose a admirar las futuras flores que pronto verían al luz. Sus dos hijas, Letha y Sigrid, ya le habían dicho de la próxima apertura de las flores. Tanto madre como hijas, solían observar a ver cuando eclosionarían las flores*
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  • Malvyna en el Tiempo: Capítulo 25
    Los Caminos del Imperio Inca – 1380dc - 1430dc - A lo lejos, la silueta de las montañas emergía entre la bruma matinal, mientras mis pasos me guiaban por senderos de piedra que parecían haber sido esculpidos por manos expertas. El aire era denso, perfumado por la humedad de la tierra y el aroma de las hojas secas. Había llegado a una tierra desconocida, un...
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  • Pudo ser peor..

    —Al menos fue solo su pie y no otra parte de su cuerpo.—
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  • Joo.. Hace mucho calor..

    —Se ha quitado la blusa para poder refrescarse un poco.—
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  • — ¿Y si tratamos de predecir tu futuro?
    — ¿Y si tratamos de predecir tu futuro?
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  • Merienda entre nuevas amigas
    Fandom Los Bridgerton
    Categoría Original
    Violet Bridgerton

    Mi carruaje aún no está preparado, estoy bastante emocionada por fin Violet Bridgerton ha cedido ante mi insistencia y esta tarde disfrutaremos de una agradable merienda en su tan conocido hogar.
    Antes tenía una doble intención, descubrir si Sophie seguía trabajando para ellos y deshacerme de una vez de esa mosquita muerta.
    Pero ella misma hizo el trabajo por mi, sea marchado para siempre de la cuidad.
    Por fin voy a poder seguir libremente con la vida por la que tanto he peleado y nadie va arrebatarme.

    —Señora, el carruaje ya está listo.
    [L_Bridgerton] Mi carruaje aún no está preparado, estoy bastante emocionada por fin Violet Bridgerton ha cedido ante mi insistencia y esta tarde disfrutaremos de una agradable merienda en su tan conocido hogar. Antes tenía una doble intención, descubrir si Sophie seguía trabajando para ellos y deshacerme de una vez de esa mosquita muerta. Pero ella misma hizo el trabajo por mi, sea marchado para siempre de la cuidad. Por fin voy a poder seguir libremente con la vida por la que tanto he peleado y nadie va arrebatarme. —Señora, el carruaje ya está listo.
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    Individual
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    Cualquier línea
    Estado
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  • Bueno no es lo mismo de siempre pero funciona..

    —Estaba usando aquel traje de coneja o al menos ese era el concepto.—
    Bueno no es lo mismo de siempre pero funciona.. —Estaba usando aquel traje de coneja o al menos ese era el concepto.—
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  • ......

    -considera ir a molestar a su hermano se siente solo, abandonado y solo -
    ...... -considera ir a molestar a su hermano se siente solo, abandonado y solo -
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  • —Buenos días espero lo esten teniendo, ¡Yo por fin estoy desperezando el cuerpo! Jajaja ~ —risueña saluda con un vestido sencillo y juvenil, Digno de ella, la Diosa de la Juventud y Vitalidad.
    —Buenos días espero lo esten teniendo, ¡Yo por fin estoy desperezando el cuerpo! Jajaja ~ —risueña saluda con un vestido sencillo y juvenil, Digno de ella, la Diosa de la Juventud y Vitalidad.
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  • El Beso Robado de Artemisa
    Fandom Olimpo
    Categoría Original
    Las llamas de la fragua rugían como bestias encadenadas en las profundidades del Olimpo. El metal candente chisporroteaba bajo el martillo, enviando destellos dorados a la penumbra de la caverna. El aire estaba cargado de humo, calor y el aroma ferroso del trabajo en la forja.

    Entre las sombras, una figura se movía con la ligereza de una criatura salvaje. Artemisa avanzó con paso sigiloso, sus ojos plateados recorriendo cada rincón del taller. La caverna olía a ceniza y esfuerzo, un mundo tan distinto al suyo, donde la brisa acariciaba los árboles y el suelo crujía bajo las pezuñas de los ciervos.

    —Sabía que eras hábil, Hefesto, pero nunca te había visto crear con tanta devoción.

    La luz del fuego titiló sobre su piel, resaltando el resplandor níveo de sus brazos y el destello afilado de su mirada. Se acercó con la misma audacia con la que enfrentaba a los monstruos del bosque, sin temor a las llamas ni al sudor que perlaba el ambiente.

    —No busco armas. Busco una promesa.

    Se inclinó con la misma rapidez con la que una flecha abandona la cuerda de un arco. Sus labios, fríos como la brisa nocturna que se desliza entre los árboles, encontraron los de Hefesto, quemados por el fuego perpetuo de su fragua. Al principio, el contraste fue un choque de mundos, la gélida caricia de la diosa contra el calor abrasador del herrero. Pero, por un instante, ese roce se fundió en un equilibrio perfecto: el frío conteniendo el ardor, el fuego derritiendo el hielo.

    El contacto fue fugaz, apenas un suspiro, como la brisa que mece las hojas en la espesura. No hubo ternura ni duda, solo la certeza de un gesto robado, un desafío en forma de caricia. Sus labios se apartaron con la misma rapidez con la que se habían encontrado, dejando tras de sí un rastro de lo que pudo ser, de lo que jamás volvería a repetirse.

    Artemisa sonrió con el destello de la travesura brillando en sus ojos.

    —Prométeme que nunca forjarás cadenas para mí.

    No esperó respuesta. Con la agilidad de un ciervo en fuga, se deslizó entre las sombras y desapareció, llevándose consigo el aroma de los bosques y el eco de su risa.

    @Hefesto
    Las llamas de la fragua rugían como bestias encadenadas en las profundidades del Olimpo. El metal candente chisporroteaba bajo el martillo, enviando destellos dorados a la penumbra de la caverna. El aire estaba cargado de humo, calor y el aroma ferroso del trabajo en la forja. Entre las sombras, una figura se movía con la ligereza de una criatura salvaje. Artemisa avanzó con paso sigiloso, sus ojos plateados recorriendo cada rincón del taller. La caverna olía a ceniza y esfuerzo, un mundo tan distinto al suyo, donde la brisa acariciaba los árboles y el suelo crujía bajo las pezuñas de los ciervos. —Sabía que eras hábil, Hefesto, pero nunca te había visto crear con tanta devoción. La luz del fuego titiló sobre su piel, resaltando el resplandor níveo de sus brazos y el destello afilado de su mirada. Se acercó con la misma audacia con la que enfrentaba a los monstruos del bosque, sin temor a las llamas ni al sudor que perlaba el ambiente. —No busco armas. Busco una promesa. Se inclinó con la misma rapidez con la que una flecha abandona la cuerda de un arco. Sus labios, fríos como la brisa nocturna que se desliza entre los árboles, encontraron los de Hefesto, quemados por el fuego perpetuo de su fragua. Al principio, el contraste fue un choque de mundos, la gélida caricia de la diosa contra el calor abrasador del herrero. Pero, por un instante, ese roce se fundió en un equilibrio perfecto: el frío conteniendo el ardor, el fuego derritiendo el hielo. El contacto fue fugaz, apenas un suspiro, como la brisa que mece las hojas en la espesura. No hubo ternura ni duda, solo la certeza de un gesto robado, un desafío en forma de caricia. Sus labios se apartaron con la misma rapidez con la que se habían encontrado, dejando tras de sí un rastro de lo que pudo ser, de lo que jamás volvería a repetirse. Artemisa sonrió con el destello de la travesura brillando en sus ojos. —Prométeme que nunca forjarás cadenas para mí. No esperó respuesta. Con la agilidad de un ciervo en fuga, se deslizó entre las sombras y desapareció, llevándose consigo el aroma de los bosques y el eco de su risa. @Hefesto
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    Grupal
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