Veythra Lili Queen Ishtar
El hombre maldito y el sello roto
La prisión del Infinito se quebró con un estruendo que no pertenecía a ningún mundo. Las runas que Oz había grabado milenios atrás se deshicieron como ceniza, y de entre las cadenas rotas emergió un antiguo Señor del Caos, su cuerpo envuelto en sombras vivientes.
Frente a él estaba el hombre cuyo nombre fue borrado, el maldito por Oz. El antiguo Señor del Caos lo reconoció de inmediato, y con un rugido levantó su mano para aplastarlo. Pero entonces se detuvo.
En el alma del hombre maldito no había nombre. En su lugar, brillaba una palabra grabada con fuego eterno, una marca de humillación que lo rebajaba más que cualquier herida. El Señor del Caos lo contempló y comenzó a reír, una risa áspera, cruel.
-¿Quién te marcó así?- Preguntó con burla, deleitándose en la desgracia ajena.
El hombre maldito levantó la mirada, y con una sonrisa torcida respondió:
-Fue Oz… o mejor dicho, Ozma.
El antiguo Señor del Caos frunció el ceño, confundido.
-¿Ozma? ¿Qué significa eso?
El hombre maldito sonrió aún más, con un brillo venenoso en los ojos. -Si me das tiempo… te lo contaré todo.- La escena se cortó en un silencio sepulcral, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
En un lugar ajeno y libre de esas presencias malignas, Lili descansaba en sus aposentos... De pronto,comenzo a temblar por una visión que la atrapó.
Vio a Akane, levantaba el casco de Ozma con solemnidad, lo colocaba sobre su cabeza. El metal oscuro se fundía con su cabello plateado, y el aura del Caos emano de su mano mientras acomodaba su guante, envolviendo después su cuerpo como un manto inevitable.
Luego, otra imagen: Oz, su abuelo, caído, su cuerpo inmóvil, su mirada apagada. Lili lo veía como siempre lo había visto: no como un Rey, sino como una figura paterna. En la visión, Oz la miraba una última vez y susurraba con ternura:
-Mi pequeña florecilla… Cui... te.... su poder... Ozmira... Su arma...
Las lágrimas ardieron en los ojos de Lili pero la visión no terminó ahí. El golpe final la atravesó como un cuchillo: quien mataba a Oz no era un enemigo desconocido, ni un dios lejano, era Akane.
La imagen de Akane, con el casco de Ozma y la maza en alto, cayendo sobre su abuelo, se grabó en su mente como una herida imposible de borrar.
[Lili.Queen]
El hombre maldito y el sello roto
La prisión del Infinito se quebró con un estruendo que no pertenecía a ningún mundo. Las runas que Oz había grabado milenios atrás se deshicieron como ceniza, y de entre las cadenas rotas emergió un antiguo Señor del Caos, su cuerpo envuelto en sombras vivientes.
Frente a él estaba el hombre cuyo nombre fue borrado, el maldito por Oz. El antiguo Señor del Caos lo reconoció de inmediato, y con un rugido levantó su mano para aplastarlo. Pero entonces se detuvo.
En el alma del hombre maldito no había nombre. En su lugar, brillaba una palabra grabada con fuego eterno, una marca de humillación que lo rebajaba más que cualquier herida. El Señor del Caos lo contempló y comenzó a reír, una risa áspera, cruel.
-¿Quién te marcó así?- Preguntó con burla, deleitándose en la desgracia ajena.
El hombre maldito levantó la mirada, y con una sonrisa torcida respondió:
-Fue Oz… o mejor dicho, Ozma.
El antiguo Señor del Caos frunció el ceño, confundido.
-¿Ozma? ¿Qué significa eso?
El hombre maldito sonrió aún más, con un brillo venenoso en los ojos. -Si me das tiempo… te lo contaré todo.- La escena se cortó en un silencio sepulcral, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
En un lugar ajeno y libre de esas presencias malignas, Lili descansaba en sus aposentos... De pronto,comenzo a temblar por una visión que la atrapó.
Vio a Akane, levantaba el casco de Ozma con solemnidad, lo colocaba sobre su cabeza. El metal oscuro se fundía con su cabello plateado, y el aura del Caos emano de su mano mientras acomodaba su guante, envolviendo después su cuerpo como un manto inevitable.
Luego, otra imagen: Oz, su abuelo, caído, su cuerpo inmóvil, su mirada apagada. Lili lo veía como siempre lo había visto: no como un Rey, sino como una figura paterna. En la visión, Oz la miraba una última vez y susurraba con ternura:
-Mi pequeña florecilla… Cui... te.... su poder... Ozmira... Su arma...
Las lágrimas ardieron en los ojos de Lili pero la visión no terminó ahí. El golpe final la atravesó como un cuchillo: quien mataba a Oz no era un enemigo desconocido, ni un dios lejano, era Akane.
La imagen de Akane, con el casco de Ozma y la maza en alto, cayendo sobre su abuelo, se grabó en su mente como una herida imposible de borrar.