• —Escribe en tu libro cómo el agua de la lluvia gotea de los brazos de esta mujer y se mezcla con el sudor del mediodía. Quiero saber si ese rastro de humedad la hace sentir sucia o si es la prueba más pura de que está viva y presente.—
    Comenta ladeando la cabeza, sus ojos rojos fijos en la ventana sellada que la protege del exterior.
    —Escribe en tu libro cómo el agua de la lluvia gotea de los brazos de esta mujer y se mezcla con el sudor del mediodía. Quiero saber si ese rastro de humedad la hace sentir sucia o si es la prueba más pura de que está viva y presente.— Comenta ladeando la cabeza, sus ojos rojos fijos en la ventana sellada que la protege del exterior.
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • ARCHIVO DE CEREBRO
    INSTITUTO XAVIER PARA JÓVENES DOTADOS SECCIÓN: MUTACIONES DE ALTO IMPACTO Sujeto registrado: Angelique Gaunt Designación: REVERIE Clasificación: Mutante Nivel Omega Estado: Activa – Autocontrol demostrado Documento: Análisis funcional del don mutante NATURALEZA DEL DON El don mutante registrado en el sujeto Gaunt se manifiesta como una...
    Me encocora
    2
    0 comentarios 1 compartido
  • Acércate. En la oscuridad no te queda nada, y yo lo tomaré.
    Acércate. En la oscuridad no te queda nada, y yo lo tomaré.
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    10
    10 turnos 0 maullidos
  • —Asegúrate de que la mujer de tu libro entre en un estanque a plena luz del día. Haz que esa mujer no tenga prisa por salir del agua. Que se quede ahí, en ese jardín que no le pertenece a ningún rey, simplemente sintiendo cómo la luz le atraviesa el cabello. Me pregunto si el rubio de su cabeza brilla más cuando no hay sombras de palacio acechando—

    Murmura mientras observa su propio reflejo en el fondo de la taza de té, con una mirada tan límpida y estática que parece de cristal. Sus ojos estaban fijos sobre su propio cabello.
    —Asegúrate de que la mujer de tu libro entre en un estanque a plena luz del día. Haz que esa mujer no tenga prisa por salir del agua. Que se quede ahí, en ese jardín que no le pertenece a ningún rey, simplemente sintiendo cómo la luz le atraviesa el cabello. Me pregunto si el rubio de su cabeza brilla más cuando no hay sombras de palacio acechando— Murmura mientras observa su propio reflejo en el fondo de la taza de té, con una mirada tan límpida y estática que parece de cristal. Sus ojos estaban fijos sobre su propio cabello.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Una vez más en este bosque... Una vez más los recuerdos inundarían su ahora lúcida mente...

    El camino había sido breve esta vez, lo recordaba con más claridad que antes, un efecto que tenía en ella el retomar su forma original.

    La noche era iluminada solamente por la luna llena. El único ruido en estos lugares era el viento silbando a través de los árboles, pues los animales eran escasos en estas tierras. Sus botas apenas hacían algún ruido al caminar.

    Sus ojos de un color plateado se notaban bajo la sombra proyectada por su sombrero. Su cabellera rubia era iluminada parcialmente por la luz lunar.

    Finalmente alcanzó su destino, la tumba que había visitado miles de veces. Las flores se amontonaban, la mayoría marchitas, apenas un recuerdo, una plegaria para que volviese con ella.

    Su voz rompió el silencio. — Pensé que querrías verme así. — Pues no venía como Morana, sino como Adela, aquella mujer de campo que, de alguna forma, consiguió cautivar la mirada de un noble.

    Adela suspiró, tenía sus girasoles en mano, una flor que simbolizaba la lealtad y la admiración. Colocó las flores sobre la tumba con delicadeza. — Es posible que no vuelva. — Comentó como si su esposo fuera a escucharla a través de la tierra.

    Si bien era poderosa, el conflicto por venir era a gran escala, y no sabría si le sería posible volver a verlo, no sabría si su vida terminaría en este siglo.

    — Espero que lo entiendas. — Su voz sonaba... Cansada más que triste. Tantos años repitiendo el mismo camino, tantos años repitiendo el mismo ritual ¿Para qué? Debería dejar de hacer esto, él ya no está y le dejó claro que no quería una segunda vida.

    — Adiós Gerhard. — Dijo en voz baja al momento de voltearse, quiso decir que lo amaba, pero realmente... Ya no lo tenía tan claro. El tiempo había hecho mella en su corazón, pero ahora no había tiempo de dudar...

    Así se alejó, caminando tan tranquilamente como llegó al lugar, pero con una nueva duda en su corazón.
    Una vez más en este bosque... Una vez más los recuerdos inundarían su ahora lúcida mente... El camino había sido breve esta vez, lo recordaba con más claridad que antes, un efecto que tenía en ella el retomar su forma original. La noche era iluminada solamente por la luna llena. El único ruido en estos lugares era el viento silbando a través de los árboles, pues los animales eran escasos en estas tierras. Sus botas apenas hacían algún ruido al caminar. Sus ojos de un color plateado se notaban bajo la sombra proyectada por su sombrero. Su cabellera rubia era iluminada parcialmente por la luz lunar. Finalmente alcanzó su destino, la tumba que había visitado miles de veces. Las flores se amontonaban, la mayoría marchitas, apenas un recuerdo, una plegaria para que volviese con ella. Su voz rompió el silencio. — Pensé que querrías verme así. — Pues no venía como Morana, sino como Adela, aquella mujer de campo que, de alguna forma, consiguió cautivar la mirada de un noble. Adela suspiró, tenía sus girasoles en mano, una flor que simbolizaba la lealtad y la admiración. Colocó las flores sobre la tumba con delicadeza. — Es posible que no vuelva. — Comentó como si su esposo fuera a escucharla a través de la tierra. Si bien era poderosa, el conflicto por venir era a gran escala, y no sabría si le sería posible volver a verlo, no sabría si su vida terminaría en este siglo. — Espero que lo entiendas. — Su voz sonaba... Cansada más que triste. Tantos años repitiendo el mismo camino, tantos años repitiendo el mismo ritual ¿Para qué? Debería dejar de hacer esto, él ya no está y le dejó claro que no quería una segunda vida. — Adiós Gerhard. — Dijo en voz baja al momento de voltearse, quiso decir que lo amaba, pero realmente... Ya no lo tenía tan claro. El tiempo había hecho mella en su corazón, pero ahora no había tiempo de dudar... Así se alejó, caminando tan tranquilamente como llegó al lugar, pero con una nueva duda en su corazón.
    Me gusta
    Me entristece
    7
    7 turnos 0 maullidos
  • —¿En serio? ¿Otra vez…?
    Si el piso tuviera un centímetro más, ya estarías arrastrándote con orgullo.
    —¿En serio? ¿Otra vez…? Si el piso tuviera un centímetro más, ya estarías arrastrándote con orgullo.
    Me gusta
    Me enjaja
    Me endiabla
    Me shockea
    5
    2 turnos 0 maullidos
  • 𝗜'𝗺 𝗳𝗲𝗲𝗹𝗶𝗻𝗴 𝗮𝗹𝗹 𝘆𝗼𝘂𝗿 𝗮𝘁𝘁𝗲𝗻𝘁𝗶𝗼𝗻 𝗼𝗻 𝗺𝗲 !
    Nombre: Seol HeeAlias: Luna SnowPoder: CryokinesisAfiliacion: Agents of AtlasOficio: estrella K-pop y superhéroe 𝗗𝗲𝘀𝗰𝗿𝗶𝗽𝗰𝗶𝗼𝗻 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗹  A raíz del trágico accidente que provocó la muerte de sus padres, Seol queda bajo la supervisión de su querida abuela. Es gracias a ella que logra sobrellevar la pérdida de sus progenitores, prometiéndose a...
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 comentarios 0 compartidos
  • Veythra Lili Queen Ishtar

    El hombre maldito y el sello roto

    La prisión del Infinito se quebró con un estruendo que no pertenecía a ningún mundo. Las runas que Oz había grabado milenios atrás se deshicieron como ceniza, y de entre las cadenas rotas emergió un antiguo Señor del Caos, su cuerpo envuelto en sombras vivientes.

    Frente a él estaba el hombre cuyo nombre fue borrado, el maldito por Oz. El antiguo Señor del Caos lo reconoció de inmediato, y con un rugido levantó su mano para aplastarlo. Pero entonces se detuvo.

    En el alma del hombre maldito no había nombre. En su lugar, brillaba una palabra grabada con fuego eterno, una marca de humillación que lo rebajaba más que cualquier herida. El Señor del Caos lo contempló y comenzó a reír, una risa áspera, cruel.

    -¿Quién te marcó así?- Preguntó con burla, deleitándose en la desgracia ajena.

    El hombre maldito levantó la mirada, y con una sonrisa torcida respondió:

    -Fue Oz… o mejor dicho, Ozma.

    El antiguo Señor del Caos frunció el ceño, confundido.

    -¿Ozma? ¿Qué significa eso?

    El hombre maldito sonrió aún más, con un brillo venenoso en los ojos. -Si me das tiempo… te lo contaré todo.- La escena se cortó en un silencio sepulcral, como si el mundo mismo contuviera la respiración.

    En un lugar ajeno y libre de esas presencias malignas, Lili descansaba en sus aposentos... De pronto,comenzo a temblar por una visión que la atrapó.

    Vio a Akane, levantaba el casco de Ozma con solemnidad, lo colocaba sobre su cabeza. El metal oscuro se fundía con su cabello plateado, y el aura del Caos emano de su mano mientras acomodaba su guante, envolviendo después su cuerpo como un manto inevitable.

    Luego, otra imagen: Oz, su abuelo, caído, su cuerpo inmóvil, su mirada apagada. Lili lo veía como siempre lo había visto: no como un Rey, sino como una figura paterna. En la visión, Oz la miraba una última vez y susurraba con ternura:

    -Mi pequeña florecilla… Cui... te.... su poder... Ozmira... Su arma...

    Las lágrimas ardieron en los ojos de Lili pero la visión no terminó ahí. El golpe final la atravesó como un cuchillo: quien mataba a Oz no era un enemigo desconocido, ni un dios lejano, era Akane.

    La imagen de Akane, con el casco de Ozma y la maza en alto, cayendo sobre su abuelo, se grabó en su mente como una herida imposible de borrar.

    [Lili.Queen] El hombre maldito y el sello roto La prisión del Infinito se quebró con un estruendo que no pertenecía a ningún mundo. Las runas que Oz había grabado milenios atrás se deshicieron como ceniza, y de entre las cadenas rotas emergió un antiguo Señor del Caos, su cuerpo envuelto en sombras vivientes. Frente a él estaba el hombre cuyo nombre fue borrado, el maldito por Oz. El antiguo Señor del Caos lo reconoció de inmediato, y con un rugido levantó su mano para aplastarlo. Pero entonces se detuvo. En el alma del hombre maldito no había nombre. En su lugar, brillaba una palabra grabada con fuego eterno, una marca de humillación que lo rebajaba más que cualquier herida. El Señor del Caos lo contempló y comenzó a reír, una risa áspera, cruel. -¿Quién te marcó así?- Preguntó con burla, deleitándose en la desgracia ajena. El hombre maldito levantó la mirada, y con una sonrisa torcida respondió: -Fue Oz… o mejor dicho, Ozma. El antiguo Señor del Caos frunció el ceño, confundido. -¿Ozma? ¿Qué significa eso? El hombre maldito sonrió aún más, con un brillo venenoso en los ojos. -Si me das tiempo… te lo contaré todo.- La escena se cortó en un silencio sepulcral, como si el mundo mismo contuviera la respiración. En un lugar ajeno y libre de esas presencias malignas, Lili descansaba en sus aposentos... De pronto,comenzo a temblar por una visión que la atrapó. Vio a Akane, levantaba el casco de Ozma con solemnidad, lo colocaba sobre su cabeza. El metal oscuro se fundía con su cabello plateado, y el aura del Caos emano de su mano mientras acomodaba su guante, envolviendo después su cuerpo como un manto inevitable. Luego, otra imagen: Oz, su abuelo, caído, su cuerpo inmóvil, su mirada apagada. Lili lo veía como siempre lo había visto: no como un Rey, sino como una figura paterna. En la visión, Oz la miraba una última vez y susurraba con ternura: -Mi pequeña florecilla… Cui... te.... su poder... Ozmira... Su arma... Las lágrimas ardieron en los ojos de Lili pero la visión no terminó ahí. El golpe final la atravesó como un cuchillo: quien mataba a Oz no era un enemigo desconocido, ni un dios lejano, era Akane. La imagen de Akane, con el casco de Ozma y la maza en alto, cayendo sobre su abuelo, se grabó en su mente como una herida imposible de borrar.
    Me encocora
    Me gusta
    Me shockea
    6
    27 turnos 0 maullidos
  • El vapor del té se eleva entre los dos, cargado de un aroma a bergamota que ella sirve con la precisión de un autómata de porcelana. Te dedica una sonrisa mansa, ladeando la cabeza con esa quietud de las estatuas que adornan los pasillos

    —Me han dicho que tu pluma es capaz de crear mundos —dice, y sus ojos rojos te recorren con una transparencia tan limpia que resulta ilegible.

    No hay rastro de colmillos en su gesto. Sus dedos largos dejan la tetera sobre la mesa sin producir el más mínimo tintineo.

    —Padezco de una vigilia que no cede. Me pregunto si podrías inventar un remedio para mí.

    Se detiene un segundo, sosteniendo la taza con ambas manos mientras el calor empaña sus pestañas. Su mirada se fija en la tuya, manteniéndose imperturbable en su suavidad.

    —Háblame de una mujer de mi estirpe que pueda caminar bajo el mediodía sin arder. Cuéntame cómo es su rutina en un mundo que no conoce la guerra.

    Bebe un sorbo corto, manteniendo esa sonrisa de joya inútil, aguardando en un silencio absoluto a que el rastro de la tinta aparezca en el papel.
    El vapor del té se eleva entre los dos, cargado de un aroma a bergamota que ella sirve con la precisión de un autómata de porcelana. Te dedica una sonrisa mansa, ladeando la cabeza con esa quietud de las estatuas que adornan los pasillos —Me han dicho que tu pluma es capaz de crear mundos —dice, y sus ojos rojos te recorren con una transparencia tan limpia que resulta ilegible. No hay rastro de colmillos en su gesto. Sus dedos largos dejan la tetera sobre la mesa sin producir el más mínimo tintineo. —Padezco de una vigilia que no cede. Me pregunto si podrías inventar un remedio para mí. Se detiene un segundo, sosteniendo la taza con ambas manos mientras el calor empaña sus pestañas. Su mirada se fija en la tuya, manteniéndose imperturbable en su suavidad. —Háblame de una mujer de mi estirpe que pueda caminar bajo el mediodía sin arder. Cuéntame cómo es su rutina en un mundo que no conoce la guerra. Bebe un sorbo corto, manteniendo esa sonrisa de joya inútil, aguardando en un silencio absoluto a que el rastro de la tinta aparezca en el papel.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • -a que no se creen que este soy yo?... por que no lo soy- agacho la cabeza algo triste contemplando su pancita de comer tantos postres -es un compañero que trabaja como guardia en el laboratorio, se supone que soy el agente de campo pero con los digimon evitando que haga nada no puedo agarrar nada de musculo- suspiro apenado
    -a que no se creen que este soy yo?... por que no lo soy- agacho la cabeza algo triste contemplando su pancita de comer tantos postres -es un compañero que trabaja como guardia en el laboratorio, se supone que soy el agente de campo pero con los digimon evitando que haga nada no puedo agarrar nada de musculo- suspiro apenado
    0 turnos 0 maullidos
Patrocinados