• Muchas gracias por su solicitud, espero pronto podamos entablar una conversación amena.
    Soy Daozhang Xiao Xingchen
    Muchas gracias por su solicitud, espero pronto podamos entablar una conversación amena. Soy Daozhang Xiao Xingchen
    Me gusta
    2
    2 turnos 0 maullidos
  • "El cielo que no me nombra"
    Relato de Perséfone Cada año, cuando cruzo la frontera entre la sombra y la luz, la tierra tiembla suavemente. No de miedo, sino de anticipación. Las raíces despiertan, los brotes empujan la tierra dormida, y el aire vuelve a oler a cosas vivas. Camino descalza sobre el primer pasto nuevo, y la vida vuelve a recordar mi nombre. Soy Perséfone, la que regresa....
    0 comentarios 0 compartidos
  • ❝ 𝐃𝐞𝐯𝐢𝐥 𝐖𝐞𝐚𝐫𝐬 𝐏𝐫𝐚𝐝𝐚. ❞

    ( https://youtu.be/2aSHYRN3AVU?si=LqXZjR1phgaLz2N6 )
    ❝ 𝐃𝐞𝐯𝐢𝐥 𝐖𝐞𝐚𝐫𝐬 𝐏𝐫𝐚𝐝𝐚. ❞ ( https://youtu.be/2aSHYRN3AVU?si=LqXZjR1phgaLz2N6 )
    Me gusta
    Me endiabla
    Me shockea
    Me encocora
    9
    0 turnos 0 maullidos
  • "Moras al amanecer"
    Fandom Mitología
    Categoría Slice of Life
    El amanecer llegaba lento sobre los campos de Eleusis. Perséfone caminaba descalza, sintiendo la frescura del rocío sobre la tierra. La túnica ligera se le pegaba a los tobillos, manchada por el polvo dorado del camino. En una mano llevaba una pequeña cesta vacía; en la otra, sostenía un racimo de moras que arrancaba directamente de los arbustos. El zumo oscuro teñía sus dedos, como si el inframundo no la dejara del todo.

    Cada paso entre las higueras y olivos era una caricia del mundo que siempre debía abandonar. Había aprendido a no contar los días. Lo que se vive con intensidad no necesita calendario. En la superficie, todo era sol, tierra fértil, risas suaves al fondo del templo. Allá abajo, todo era eco, silencio y la eternidad detenida.

    Hoy era uno de esos días simples que tanto atesoraba.

    —¿Ya te fuiste a perder entre los matorrales otra vez? —preguntó Deméter desde la linde del campo, con una sonrisa indulgente y una trenza mal hecha cayéndole sobre el hombro.

    Perséfone alzó la cesta, orgullosa. Moras, higos y algunas flores de azafrán. Ingredientes para el pan dulce que tanto gustaba a las niñas del templo. Su madre tomó la cesta sin decir más y juntas regresaron al hogar de piedra y arcilla, donde el fuego ya ardía.

    El interior olía a levadura, a madera quemada, a vida doméstica. Perséfone molía las moras con un mortero de bronce. El jugo, oscuro como el vino, se escurrió entre sus dedos otra vez. Por un momento, su mente volvió al Inframundo. A las granadas que Hades le ofrecía con esos ojos que nunca parpadeaban. A los jardines fríos donde florecían lirios negros. No era tristeza lo que sentía… era pertenencia dividida.

    —¿En qué piensas, hija? —preguntó Deméter sin mirarla.

    —En que el sabor de las moras no cambia, arriba o abajo.

    Deméter no respondió. Ambas sabían que la separación era inevitable, que el mundo la reclamaba en dos mitades.

    Al mediodía, el pan de moras se servía bajo la higuera más vieja del jardín. Las sacerdotisas se sentaban alrededor, como niñas, con los pies descalzos y las faldas recogidas. Reían por cualquier cosa. Perséfone las observaba con una sonrisa pequeña. No participaba mucho, pero las miraba con ternura.

    Cuando la sombra del árbol se alargó, supo que quedaba menos tiempo. El otoño ya la esperaba, como un susurro lejano.

    Pero mientras la última rebanada de pan aún se calentaba entre sus manos, mientras la brisa le traía el olor de la lavanda, pensó: todavía no. Hoy aún podía pertenecer al mundo de los vivos. Aunque fuera solo por un día más.

    Y eso bastaba.

    El amanecer llegaba lento sobre los campos de Eleusis. Perséfone caminaba descalza, sintiendo la frescura del rocío sobre la tierra. La túnica ligera se le pegaba a los tobillos, manchada por el polvo dorado del camino. En una mano llevaba una pequeña cesta vacía; en la otra, sostenía un racimo de moras que arrancaba directamente de los arbustos. El zumo oscuro teñía sus dedos, como si el inframundo no la dejara del todo. Cada paso entre las higueras y olivos era una caricia del mundo que siempre debía abandonar. Había aprendido a no contar los días. Lo que se vive con intensidad no necesita calendario. En la superficie, todo era sol, tierra fértil, risas suaves al fondo del templo. Allá abajo, todo era eco, silencio y la eternidad detenida. Hoy era uno de esos días simples que tanto atesoraba. —¿Ya te fuiste a perder entre los matorrales otra vez? —preguntó Deméter desde la linde del campo, con una sonrisa indulgente y una trenza mal hecha cayéndole sobre el hombro. Perséfone alzó la cesta, orgullosa. Moras, higos y algunas flores de azafrán. Ingredientes para el pan dulce que tanto gustaba a las niñas del templo. Su madre tomó la cesta sin decir más y juntas regresaron al hogar de piedra y arcilla, donde el fuego ya ardía. El interior olía a levadura, a madera quemada, a vida doméstica. Perséfone molía las moras con un mortero de bronce. El jugo, oscuro como el vino, se escurrió entre sus dedos otra vez. Por un momento, su mente volvió al Inframundo. A las granadas que Hades le ofrecía con esos ojos que nunca parpadeaban. A los jardines fríos donde florecían lirios negros. No era tristeza lo que sentía… era pertenencia dividida. —¿En qué piensas, hija? —preguntó Deméter sin mirarla. —En que el sabor de las moras no cambia, arriba o abajo. Deméter no respondió. Ambas sabían que la separación era inevitable, que el mundo la reclamaba en dos mitades. Al mediodía, el pan de moras se servía bajo la higuera más vieja del jardín. Las sacerdotisas se sentaban alrededor, como niñas, con los pies descalzos y las faldas recogidas. Reían por cualquier cosa. Perséfone las observaba con una sonrisa pequeña. No participaba mucho, pero las miraba con ternura. Cuando la sombra del árbol se alargó, supo que quedaba menos tiempo. El otoño ya la esperaba, como un susurro lejano. Pero mientras la última rebanada de pan aún se calentaba entre sus manos, mientras la brisa le traía el olor de la lavanda, pensó: todavía no. Hoy aún podía pertenecer al mundo de los vivos. Aunque fuera solo por un día más. Y eso bastaba.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    500
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    1
    1 turno 0 maullidos
  • "¿Por qué fumo?"

    La primera vez que lo intenté era un mocoso. No sabía ni cómo sostener el cigarro, tosí como un idiota. Pero no lo hice por gusto… lo hice porque quería verme fuerte. Quería que dejaran de tratarme como un inútil.

    Con el tiempo, el cuerpo se acostumbró, y el cigarro se quedó. No porque lo necesite, sino porque me recuerda que, aunque era solo un niño perdido, no dejé que me apagaran. Cada bocanada es mi forma de decir que sigo de pie, aunque nadie nunca sabra que comenzó por algo tan estupido, al menos así lo veo ahora.

    || No fumen porfa. (?)
    "¿Por qué fumo?" La primera vez que lo intenté era un mocoso. No sabía ni cómo sostener el cigarro, tosí como un idiota. Pero no lo hice por gusto… lo hice porque quería verme fuerte. Quería que dejaran de tratarme como un inútil. Con el tiempo, el cuerpo se acostumbró, y el cigarro se quedó. No porque lo necesite, sino porque me recuerda que, aunque era solo un niño perdido, no dejé que me apagaran. Cada bocanada es mi forma de decir que sigo de pie, aunque nadie nunca sabra que comenzó por algo tan estupido, al menos así lo veo ahora. || No fumen porfa. (?)
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    6
    4 turnos 0 maullidos
  • — ¡Viernes social con los Grand Casters! ¡Cheers!
    — ¡Viernes social con los Grand Casters! ¡Cheers!
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • — Para atrapar cucarachas tienes que ser una cucaracha.— Primero dió un discurso educativo, después se va a una fiesta aunque tenga mocos por todos lados.¿?
    — Para atrapar cucarachas tienes que ser una cucaracha.— Primero dió un discurso educativo, después se va a una fiesta aunque tenga mocos por todos lados.¿?
    Me enjaja
    6
    1 turno 0 maullidos
  • Últimamente hay mucha lluvia por estos lares.
    Últimamente hay mucha lluvia por estos lares.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝗚𝗼𝗼𝗱 𝗺𝗼𝗿𝗻𝗶𝗻𝗴 𝗩𝗶𝗲𝘁𝗻𝗮𝗺ⵑ
    𝗪𝗮𝗻𝗻𝗮 𝗴𝗿𝗮𝗯 𝗮 𝗰𝘂𝗽 𝗼' 𝗷𝗼𝗲 𝗮𝗻𝗱 𝘀𝗼𝗺𝗲 𝗯𝗮𝗰𝗼𝗻 𝗻' 𝗲𝗴𝗴𝘀?
    𝗚𝗼𝗼𝗱 𝗺𝗼𝗿𝗻𝗶𝗻𝗴 𝗩𝗶𝗲𝘁𝗻𝗮𝗺ⵑ 𝗪𝗮𝗻𝗻𝗮 𝗴𝗿𝗮𝗯 𝗮 𝗰𝘂𝗽 𝗼' 𝗷𝗼𝗲 𝗮𝗻𝗱 𝘀𝗼𝗺𝗲 𝗯𝗮𝗰𝗼𝗻 𝗻' 𝗲𝗴𝗴𝘀?
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • —El tiempo no se ha detenido, sigue implacable dando un paso tras de otro, hemos salido adelante, aquella batalla se llevó no solo la paz, si no a ti, mi amada madre, mi reina. Es curioso como aquel que anhelaba encontrar la libertad fuera de estás tierras, es quien ahora las custodia, fiel guardian de la gente que espera por ustedes, contando las historias que los acompañan, de los príncipes que murieron en batalla, por qué es más fácil asimilar la muerte, que un abandono sin razón—
    —El tiempo no se ha detenido, sigue implacable dando un paso tras de otro, hemos salido adelante, aquella batalla se llevó no solo la paz, si no a ti, mi amada madre, mi reina. Es curioso como aquel que anhelaba encontrar la libertad fuera de estás tierras, es quien ahora las custodia, fiel guardian de la gente que espera por ustedes, contando las historias que los acompañan, de los príncipes que murieron en batalla, por qué es más fácil asimilar la muerte, que un abandono sin razón—
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
Patrocinados