• De nuevo me alcanzó la mañana.
    Aun no puedo dormir. No aún.
    De nuevo me alcanzó la mañana. Aun no puedo dormir. No aún.
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  • "por suerte aún sigo vivo , Pero bueno aún ay muchas cosas que hacer , como curar a los vampiros carmesí de esa maldición."
    "por suerte aún sigo vivo , Pero bueno aún ay muchas cosas que hacer , como curar a los vampiros carmesí de esa maldición."
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  • — Auch.

    El pelirrojo suspira y deja de intentarlo, terminará con la espalda rota o delatando su escondite, el mismo resultado, no puede entrar en transferencia al cuerpo de Chroma y le arden un poco las palmas de sus manos.

    — Quizá si descanso, podré usar a Chroma.
    — Auch. El pelirrojo suspira y deja de intentarlo, terminará con la espalda rota o delatando su escondite, el mismo resultado, no puede entrar en transferencia al cuerpo de Chroma y le arden un poco las palmas de sus manos. — Quizá si descanso, podré usar a Chroma.
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  • Mi ojo... Antes era azul después de mi primera caída de reino y de que lucifer arrancará mis ojos y que Bloom Night los regenerará quedó de ese color porque será...?
    Mi ojo... Antes era azul después de mi primera caída de reino y de que lucifer arrancará mis ojos y que [Bloom_Night]los regenerará quedó de ese color porque será...?
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  • *Como miembro de la Infantería Móvil, Adam tiene aptitudes para desempeñarse como auriga, dadas sus habilidades como conductor...*
    *Como miembro de la Infantería Móvil, Adam tiene aptitudes para desempeñarse como auriga, dadas sus habilidades como conductor...*
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  • Por ti baby...sería batman !, todo esto es tuyo
    Por ti baby...sería batman !, todo esto es tuyo
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  • Like, si quieres tener sex conmigo (??)
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  • -Soy todo tuyo..Mon amour...ahora y siempre
    -Soy todo tuyo..Mon amour...ahora y siempre
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  • El cartel de “cerrado” colgaba torcido sobre la puerta de cristal, reflejando la luz cálida del atardecer. Carmina echó la llave con un suspiro largo, ese que solo se suelta cuando el día por fin se rinde. La tienda de conveniencia estaba en silencio, salvo por el zumbido lejano de un refrigerador y el tenue golpeteo del reloj sobre la pared.

    Cruzó el pequeño pasillo trasero y se dejó caer en el sillón desfondado de la trastienda, ese que había heredado con el local y que se negaba a jubilarse. Se quitó los zapatos sin desatarse los cordones y estiró las piernas sobre una caja de refrescos sin abrir. En la mesita baja, junto a un vaso de agua tibia y un cenicero con una sola colilla, descansaba su libro a medio leer. No lo abrió.

    En vez de eso, cerró los ojos un momento y escuchó. El mundo afuera pasaba sin ella por primera vez en todo el día. El canto intermitente de un ave, el rugido suave de un motor distante, y el crujir de las vigas viejas que conocían bien el peso de su rutina.

    Por un instante, no era dueña ni empleada ni nada que tuviera que preocuparse por los inventarios o los clientes que preguntaban por cosas que no vendía. Solo era Carmina, con las mejillas aún tibias por el sol de la tarde, y un minuto de paz que no tenía precio.
    El cartel de “cerrado” colgaba torcido sobre la puerta de cristal, reflejando la luz cálida del atardecer. Carmina echó la llave con un suspiro largo, ese que solo se suelta cuando el día por fin se rinde. La tienda de conveniencia estaba en silencio, salvo por el zumbido lejano de un refrigerador y el tenue golpeteo del reloj sobre la pared. Cruzó el pequeño pasillo trasero y se dejó caer en el sillón desfondado de la trastienda, ese que había heredado con el local y que se negaba a jubilarse. Se quitó los zapatos sin desatarse los cordones y estiró las piernas sobre una caja de refrescos sin abrir. En la mesita baja, junto a un vaso de agua tibia y un cenicero con una sola colilla, descansaba su libro a medio leer. No lo abrió. En vez de eso, cerró los ojos un momento y escuchó. El mundo afuera pasaba sin ella por primera vez en todo el día. El canto intermitente de un ave, el rugido suave de un motor distante, y el crujir de las vigas viejas que conocían bien el peso de su rutina. Por un instante, no era dueña ni empleada ni nada que tuviera que preocuparse por los inventarios o los clientes que preguntaban por cosas que no vendía. Solo era Carmina, con las mejillas aún tibias por el sol de la tarde, y un minuto de paz que no tenía precio.
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  • Todos los que sabemos es algo que a la vez no .....
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