• ¿Que debería hacerle a mí dios para desayunar?

    #SeductiveSunday
    ¿Que debería hacerle a mí dios para desayunar? #SeductiveSunday
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  • Tú y yo arderemos en un infierno infinito.
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  • ──Creí que era obvio, pero el pecho de un dragón no se toca. ──

    #SeductiveSunday
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  • Hola hola~ Ya es inicio de febrero, lo que significa que San Valentin está cerca! Por lo que debo estar presentable de la mejor forma para mis clientes, no crees?, así que vamos! No seas tímido y encarga tus detalles antes del 14 de febrero! Tu mercader de confianza está aquí para cualquier servicio~

    **Mencionó el esqueleto con entusiasmo, se notaba bastante emocionado o motivado por atender los pedidos que pudieran llegar.**

    **Por favor no lo juzguen, tuvo que embriagarse lo necesario para tomar valor de usar esa ropa y mostrar "más" de lo normal, no esta tan ebrio para olvidar todo así que aun conserva parte de sus 5 sentidos.**





    //si, bueno, de donde vengo San Valentin es en febrero así que pueden ignorarlo o unirse a los roles
    Hola hola~ Ya es inicio de febrero, lo que significa que San Valentin está cerca! Por lo que debo estar presentable de la mejor forma para mis clientes, no crees?, así que vamos! No seas tímido y encarga tus detalles antes del 14 de febrero! Tu mercader de confianza está aquí para cualquier servicio~ **Mencionó el esqueleto con entusiasmo, se notaba bastante emocionado o motivado por atender los pedidos que pudieran llegar.** **Por favor no lo juzguen, tuvo que embriagarse lo necesario para tomar valor de usar esa ropa y mostrar "más" de lo normal, no esta tan ebrio para olvidar todo así que aun conserva parte de sus 5 sentidos.** //si, bueno, de donde vengo San Valentin es en febrero así que pueden ignorarlo o unirse a los roles
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  • @𝗗𝗮𝗻𝗶𝗲𝗯𝘂𝗻𝗻𝘆

    ❝ 𝗟𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗶𝗻𝗶𝘁𝗮 𝗯𝗲𝗹𝗹𝗲𝘇𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲𝘁𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀... ❞
    @𝗗𝗮𝗻𝗶𝗲𝗯𝘂𝗻𝗻𝘆 ❝ 𝗟𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗶𝗻𝗶𝘁𝗮 𝗯𝗲𝗹𝗹𝗲𝘇𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲𝘁𝗮𝗹𝗹𝗲𝘀... ❞
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  • ¡𝗗𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗮 𝗺𝗶 𝗰𝗼𝗹𝗲𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻ⵑ

    Un pequeño viaje dentro del viejo azul y he podido conseguir estas monadas.
    Mi colección se amplía cada día más ♡
    ¡𝗗𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗮 𝗺𝗶 𝗰𝗼𝗹𝗲𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻ⵑ Un pequeño viaje dentro del viejo azul y he podido conseguir estas monadas. Mi colección se amplía cada día más ♡
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  • ❝ 𝗘𝗹 𝗼𝗰𝗲𝗮𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗺𝗶 𝗹𝘂𝗴𝗮𝗿 𝗳𝗲𝗹𝗶𝘇. ❞

    –No había conocido nada más que el enorme mar azul, la arena blanca y el sol que acariciaba su piel.
    Había nacido ahí.
    Era una hija del mar.
    Pero si quería cumplir su sueño... debía irse e iniciar de cero en otro sitio.–
    ❝ 𝗘𝗹 𝗼𝗰𝗲𝗮𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗺𝗶 𝗹𝘂𝗴𝗮𝗿 𝗳𝗲𝗹𝗶𝘇. ❞ –No había conocido nada más que el enorme mar azul, la arena blanca y el sol que acariciaba su piel. Había nacido ahí. Era una hija del mar. Pero si quería cumplir su sueño... debía irse e iniciar de cero en otro sitio.–
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  • Adrián salió a caminar cuando la ciudad comenzaba a bajar el ritmo. Era una costumbre que repetía casi sin pensarlo: auriculares puestos, cámara colgando del cuello y pasos lentos, como si no tuviera prisa por llegar a ningún lado. La noche en Nueva York siempre le resultaba extrañamente cómoda; entre las luces y el ruido distante, se sentía menos solo.

    Se detuvo frente a la baranda, observando el perfil de los edificios reflejados sobre el agua. Las luces encendidas parecían pequeñas historias ajenas, vidas que seguían su curso sin detenerse. Adrián levantó la cámara casi por instinto. No buscaba una foto perfecta, solo capturar ese momento exacto: el cielo cubierto de nubes, la ciudad despierta, el silencio que solo él parecía notar.

    Presionó el obturador y, por un segundo, todo quedó en calma. Pensó en su madre, en cómo ella le había enseñado a mirar más allá de lo evidente, a encontrar belleza incluso en lo cotidiano. Tomar esa fotografía no era solo parte de su rutina; era su manera de sentirse cerca de ella, de no dejar que el recuerdo se desvaneciera.

    Guardó la cámara y siguió caminando, perdiéndose entre las calles iluminadas, mientras la ciudad seguía viva a su alrededor.
    Adrián salió a caminar cuando la ciudad comenzaba a bajar el ritmo. Era una costumbre que repetía casi sin pensarlo: auriculares puestos, cámara colgando del cuello y pasos lentos, como si no tuviera prisa por llegar a ningún lado. La noche en Nueva York siempre le resultaba extrañamente cómoda; entre las luces y el ruido distante, se sentía menos solo. Se detuvo frente a la baranda, observando el perfil de los edificios reflejados sobre el agua. Las luces encendidas parecían pequeñas historias ajenas, vidas que seguían su curso sin detenerse. Adrián levantó la cámara casi por instinto. No buscaba una foto perfecta, solo capturar ese momento exacto: el cielo cubierto de nubes, la ciudad despierta, el silencio que solo él parecía notar. Presionó el obturador y, por un segundo, todo quedó en calma. Pensó en su madre, en cómo ella le había enseñado a mirar más allá de lo evidente, a encontrar belleza incluso en lo cotidiano. Tomar esa fotografía no era solo parte de su rutina; era su manera de sentirse cerca de ella, de no dejar que el recuerdo se desvaneciera. Guardó la cámara y siguió caminando, perdiéndose entre las calles iluminadas, mientras la ciudad seguía viva a su alrededor.
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  • « Las heridas profundas jamás sanan, toma un arma para ejecutar las voces en tu cabeza o convive con ellas hasta el último hilo de aliento. »
    « Las heridas profundas jamás sanan, toma un arma para ejecutar las voces en tu cabeza o convive con ellas hasta el último hilo de aliento. »
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  • Luana en la orilla

    Luana se encontraba tendida sobre la arena tibia, dejando que el sol se mezclara con las gotas saladas que aún resbalaban por su piel. Había llegado ahí después de una larga travesía, buscando un momento para respirar, para escucharse, para volver a sentir que el mundo no giraba demasiado rápido para ella.

    Sus ojos, claros y encendidos como un reflejo del mar, permanecían fijos en el horizonte mientras su respiración se estabilizaba poco a poco. Cada exhalación levantaba apenas un poco de arena, como si el propio viento respetara el cansancio que llevaba encima.
    Su cabello húmedo caía en mechones sobre su rostro, pegado por el agua y las pequeñas partículas doradas. No era exactamente una pose cómoda, pero a Luana no le importaba. Necesitaba sentir el peso del mundo aflojarse, aunque fuera por unos minutos.

    A su lado, los brazaletes dorados tintineaban suavemente con cada movimiento de sus dedos, recordándole quién era, de dónde venía y lo que había logrado resistir.

    Había sido un día duro, pero no uno que la derrumbara.
    Era más bien un punto de pausa… uno en el que el corazón se tranquilizaba lo suficiente para dejar que los pensamientos se ordenaran.
    Luana cerró los ojos un momento.
    El viento rozó su mejilla.

    Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió simplemente estar.
    Sin obligaciones.
    Sin máscaras.
    Solo ella, el mar y la arena abrazándola como un refugio inesperado.
    Luana en la orilla Luana se encontraba tendida sobre la arena tibia, dejando que el sol se mezclara con las gotas saladas que aún resbalaban por su piel. Había llegado ahí después de una larga travesía, buscando un momento para respirar, para escucharse, para volver a sentir que el mundo no giraba demasiado rápido para ella. Sus ojos, claros y encendidos como un reflejo del mar, permanecían fijos en el horizonte mientras su respiración se estabilizaba poco a poco. Cada exhalación levantaba apenas un poco de arena, como si el propio viento respetara el cansancio que llevaba encima. Su cabello húmedo caía en mechones sobre su rostro, pegado por el agua y las pequeñas partículas doradas. No era exactamente una pose cómoda, pero a Luana no le importaba. Necesitaba sentir el peso del mundo aflojarse, aunque fuera por unos minutos. A su lado, los brazaletes dorados tintineaban suavemente con cada movimiento de sus dedos, recordándole quién era, de dónde venía y lo que había logrado resistir. Había sido un día duro, pero no uno que la derrumbara. Era más bien un punto de pausa… uno en el que el corazón se tranquilizaba lo suficiente para dejar que los pensamientos se ordenaran. Luana cerró los ojos un momento. El viento rozó su mejilla. Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió simplemente estar. Sin obligaciones. Sin máscaras. Solo ella, el mar y la arena abrazándola como un refugio inesperado.
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