- Hacía tiempo que no escribías. Pensé que no lo volverías a hacer.- se lleva el baso a los labios, sin dejar de mirar a su amigo, sentado sobre la butaca, con las manos entrelazadas frente a sus labios.
Erik, mudo desde hacía unos minutos, aparta la mirada, dirigiéndola hacia el escritorio donde reposan los papeles y legajos garabateados, emborronados y maltrechos. Apenas podía sacar algo coherente de los trazos sobre las hojas, y sin embargo, eran patente testigo del esfuerzo realizado.
- Se diría que estabas... o estás bloqueado, que no sabes siquiera cómo continuar tu historia, y eso sí que me sorprende, si he de serte sincero. Has pasado por mucho, por muchísimo, si me permites la referencia a tu longevidad, y ya has atravesado episodios así. Date tiempo, dado que tienes todo el del mundo a tu disposición. Céntrate... no sé, en lo que haces día a día, en esa pequeña rutina auto impuesta, en esa forma que tienes de simular... o aparentar una vida normal.- de nuevo, otro trago, dejando espacio para que sus palabras arraigaran en los oídos ajenos.
- Erik... ya lo hemos hablado, en tantas y tantas ocasiones. No eres humano, y todo lo que haces, todo lo que sientes, todo lo que sufres... está reservado para los que no viven el mundo de la noche como tu lo haces. No sé qué buscas exactamente, pero desde luego lo haces con todo el empeño del mundo, pero quizá y sólo quizá, deberías parar. Le coges demasiado cariño, demasiado rápido, a personas para las que significas, o deberías significar, un capítulo en su vida. Te esfuerzas en encajar, como un puzle macabro, y lo que primero deberías ver es que no perteneces a ese conjunto de piezas. ¿Cuántas de esas personas, o de esos seres, deben pasar por tu existencia y marcharse para que lo entiendas? Y lo peor... muchas veces parece que la siguiente llega para tapar los claros huecos y las claras cicatrices no curadas de las anteriores, y llevas tantas... tantas acumuladas... que pareces un cadáver andante...-
El vampiro parpadea por un instante y clava su mirada en el ajeno ante aquél comentario. Baja las manos y en su rostro se puede ver una mueca feroz, enseñando los colmillos, marca de su condición.
- Sí...sí, ya lo sé, es un muy, pero que muy mal chiste, dado que no te late el corazón. Pero sabes perfectamente a lo que me refiero. Se te acumulan los nombre en tu largo historial, y los últimos quizá van demasiado rápido, por no mencionar que alguno de ellos... sí, me refiero a Ninet.-
El vampiro se levanta de su asiento. Se puede ver la furia en su rostro, sus nudillos blancos de la tensión. Su mirada es furibunda y peligrosa.
- Oh... vamos, ¿he dado en hueso? Lo que hiciste el otro día fue todo un alarde de exuberancia y pomposidad en el teatro. Todo para llenar tu ego, para vacilar contigo mismo, supongo y quedar como ese anónimo benefactor que cuida en las sombras de los que aprecia y quiere... y todo para... ¿qué?. No me digas, por favor, que es para hacerles sentir algo, para tratarlos como se merecen o cosas así. Todo lo que haces ,lo haces por ti, por ti y nadie más, así que no me vengas con ese cuento. Si te apetece partirme la cara, adelante, hazlo, aquí estoy para ello, pero eso no borrará tu pasado ni tu forma de ser. Adelante...-
Antes de que pudiera continuar, Erik lanza con furia un puñetazo que hace añicos aquella figura. El espejo estalla en mil pedazos, clavándose en la carne, pero él no aprecia el dolor. Una risa diabólica llena la estancia y comienza a burlarse.
- Ese por Violet...-
El vampiro, con los ojos inyectados en sangre, arremete de nuevo contra los cristales.
- Por Jinx...-
Otro más.
- Por Calypso...-
Los pedazos más grandes eran del tamaño de una cuartilla y Erik los buscaba con una velocidad endiablada para seguir haciéndolos añicos, cada vez más y más pequeños.
- Por Amber, Ninet, por Adhara...-
El grito de rabia y desesperación fue tal, que sus manos se acabaron hundiendo en el propio suelo de la estancia, haciendo saltar astillas alrededor. La sangre manchaba todas las superficies, sus manos eran completamente rojas y en algunos puntos, podían verse los huesos.
La voz cesó, y cuando quiso ser consciente, miró a su alrededor, confuso, sin saber del todo donde se encontraba, hasta que conforme iban pasando los segundos, su mente lo devolvía a la realidad.
Notaba cómo sus heridas se curaban lentamente, mientras se dejaba caer, exhausto. Aquellos nombres permanecían en el aire, algunos con más peso que otros, el recuerdo constante de una vida de dolor y sufrimiento. Había amado, había reído, había perdido y había odiado. Tanto al mundo, como a sí mismo.
Se llevó la manos manchadas a su rostro y allí, ocultando su faz en las palmas, comenzó a llorar.