• El sol apenas comenzaba a colarse por las cortinas de la casa, tiñendo de un dorado suave las paredes. La mañana estaba en silencio, salvo por los pasos sigilosos de Masthian y su primo, que subían la escalera con las guitarras a cuestas como si fueran dos ladrones planeando un golpe maestro.

    —Oye, si se despierta antes y nos arruina la sorpresa, es tu culpa —susurró Masthian, tratando de ocultar sus nervios con falsa molestia. Ajustó la correa de su guitarra y se pasó una mano por el cabello, dándose un aire exageradamente confiado, como si estuviera a punto de dar el concierto de su vida. Si al menos parecía que no lo estaba, estaría todo bien.

    Al llegar frente a la puerta, hizo una seña dramática con el dedo en los labios, como si su primo no supiera ya que había que estar en silencio. Aún así, se inclinó hacia él y agregó, en un hilito de voz.

    — Entras después de mi, ok? Como lo hemos practicado, que se trata escuche el coro, ¿oíste?.

    Giró la perilla despacio y la puerta cedió con un pequeño clic. El interior de la habitación todavía estaba envuelto en esa luz suave del amanecer; la silueta de su pareja descansaba entre las sábanas, con el cabello desordenado y el gesto sereno. Masthian apenas pudo evitar soltar un comentario, pero el brillo pícaro en sus ojos lo delató.

    Entró primero, apoyando la guitarra contra la pierna y rascando suavemente las cuerdas, produciendo un acorde juguetón que rompió el silencio. No fue nada melodioso, solo un ruido intencionado para llamar la atención.

    —Buenos días, cumpleañera… —canturreó con descaro, ladeando la cabeza—. ¿Pediste a dos increíbles músicos a domicilio?

    Dio un paso más, inclinándose un poco hacia la cama, y añadió con tono coqueto:

    — Despierta, preciosa, ya empezaron a llegar los regalos.

    Con una sonrisa amplia, dejó que su primo entrara detrás de él. Se aseguró que ella abriera los ojos antes de acomodarse, haciéndole una señal a su primo para que también se alistara, se preparó para arrancar con la canción que llevaba ensayando en secreto, mientras los primeros rayos de sol bañaban la habitación como si también quisieran formar parte de la sorpresa.

    — ¡Feliz cumpleaños, Thalya! —Exclamó, empezando entonces con el rift, marcando el tiempo de la batería con el pie.


    Anyel Martnes [quasar_aqua_scorpion_350]

    https://youtu.be/cc0E1E-CQsU?si=O5xCC_k6o0uAo0Ba
    El sol apenas comenzaba a colarse por las cortinas de la casa, tiñendo de un dorado suave las paredes. La mañana estaba en silencio, salvo por los pasos sigilosos de Masthian y su primo, que subían la escalera con las guitarras a cuestas como si fueran dos ladrones planeando un golpe maestro. —Oye, si se despierta antes y nos arruina la sorpresa, es tu culpa —susurró Masthian, tratando de ocultar sus nervios con falsa molestia. Ajustó la correa de su guitarra y se pasó una mano por el cabello, dándose un aire exageradamente confiado, como si estuviera a punto de dar el concierto de su vida. Si al menos parecía que no lo estaba, estaría todo bien. Al llegar frente a la puerta, hizo una seña dramática con el dedo en los labios, como si su primo no supiera ya que había que estar en silencio. Aún así, se inclinó hacia él y agregó, en un hilito de voz. — Entras después de mi, ok? Como lo hemos practicado, que se trata escuche el coro, ¿oíste?. Giró la perilla despacio y la puerta cedió con un pequeño clic. El interior de la habitación todavía estaba envuelto en esa luz suave del amanecer; la silueta de su pareja descansaba entre las sábanas, con el cabello desordenado y el gesto sereno. Masthian apenas pudo evitar soltar un comentario, pero el brillo pícaro en sus ojos lo delató. Entró primero, apoyando la guitarra contra la pierna y rascando suavemente las cuerdas, produciendo un acorde juguetón que rompió el silencio. No fue nada melodioso, solo un ruido intencionado para llamar la atención. —Buenos días, cumpleañera… —canturreó con descaro, ladeando la cabeza—. ¿Pediste a dos increíbles músicos a domicilio? Dio un paso más, inclinándose un poco hacia la cama, y añadió con tono coqueto: — Despierta, preciosa, ya empezaron a llegar los regalos. Con una sonrisa amplia, dejó que su primo entrara detrás de él. Se aseguró que ella abriera los ojos antes de acomodarse, haciéndole una señal a su primo para que también se alistara, se preparó para arrancar con la canción que llevaba ensayando en secreto, mientras los primeros rayos de sol bañaban la habitación como si también quisieran formar parte de la sorpresa. — ¡Feliz cumpleaños, Thalya! —Exclamó, empezando entonces con el rift, marcando el tiempo de la batería con el pie. [Anyel01] [quasar_aqua_scorpion_350] https://youtu.be/cc0E1E-CQsU?si=O5xCC_k6o0uAo0Ba
    11 turnos 0 maullidos
  • Venga vengo a ser sociable buenas a los que me agregan
    Venga vengo a ser sociable buenas a los que me agregan
    0 turnos 0 maullidos
  • Cuanto menos te muevas, menos te dolerá.
    Cuanto menos te muevas, menos te dolerá.
    0 turnos 0 maullidos
  • Draco Negrescu

    Querido ya estoy lista, podemos irnos cuando quieras.
    [ThxVampire13] Querido ya estoy lista, podemos irnos cuando quieras.
    Me endiabla
    1
    20 turnos 0 maullidos
  • ¿Qué haces aquí?

    Tu falta de diligencia e ineptitud harán que me descubran.
    ¿Qué haces aquí? Tu falta de diligencia e ineptitud harán que me descubran.
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • — Euuu calma con tu cuestionario. — Sorbito a su coquita. — Yo siempre fui humano, que tomara la decisión de ser un gato fue un deseo del universo. — Señala hacia arriba.— Mi vida como humano era insatisfactoria, mucho trabajo que hacer y poco tiempo ¡Y no hablemos de la pereza!. Bueno, es un capricho mío pero ser un gato me ayudó a descubrir que mi mamá me envenenaba para quedarse con la herencia y que mi hermana era una loca incestuosa que se cogía a mi papá, bonita familia. ¿Eh?. Ser un gato me dió libertad: no más tareas, no más pendientes, no más asuntos familiares, solo comer, dormir, cagar y ser bonito.
    — Euuu calma con tu cuestionario. — Sorbito a su coquita. — Yo siempre fui humano, que tomara la decisión de ser un gato fue un deseo del universo. — Señala hacia arriba.— Mi vida como humano era insatisfactoria, mucho trabajo que hacer y poco tiempo ¡Y no hablemos de la pereza!. Bueno, es un capricho mío pero ser un gato me ayudó a descubrir que mi mamá me envenenaba para quedarse con la herencia y que mi hermana era una loca incestuosa que se cogía a mi papá, bonita familia. ¿Eh?. Ser un gato me dió libertad: no más tareas, no más pendientes, no más asuntos familiares, solo comer, dormir, cagar y ser bonito.
    Me gusta
    Me enjaja
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Era uno de esos raros fines de semana en que el clima de Hogwarts parecía haber hecho las paces con los estudiantes. El sol se filtraba tímido entre las nubes, dorando los muros del castillo y bañando el patio interior con una luz cálida.

    Susan Bones estaba sentada en el borde de una de las bancas de piedra, hojeando un libro sin demasiado interés. Ese día no vestía el uniforme completo, solo una túnica ligera abierta sobre ropa cómoda. Su cabello recogido en una media coleta dejaba al descubierto un rostro más fresco de lo habitual, resaltado por un maquillaje sutil: un poco de rubor, apenas brillo en los labios y una sombra clara que hacía resaltar sus ojos. No era algo que solía usar a diario, pero ese sábado… se permitió el capricho.

    El sonido de pasos arrastrados sobre la grava del patio anunció la llegada de alguien más. No necesitó alzar la vista para saber quién era; la voz se encargó de confirmarlo.

    —Someone’s looking extracute today.

    Susan cerró el libro con un golpe seco, y alzó la mirada directo a él, arqueando una ceja con naturalidad desarmante.

    —Are you high? —preguntó, sin rodeos, como si la frase hubiera sido ensayada de antemano.

    Un par de estudiantes en la otra punta del patio contuvieron la risa, murmurando entre ellos, atentos a lo que pudiera suceder. Susan, en cambio, no pareció darle demasiada importancia. Volvió a abrir su libro, como si la conversación hubiera terminado allí mismo.

    Pero en el aire quedó suspendida esa chispa de tensión juguetona, como si el destino hubiera preparado el escenario para que Nott decidiera quedarse, replicar o marcharse con una sonrisa torcida.
    Era uno de esos raros fines de semana en que el clima de Hogwarts parecía haber hecho las paces con los estudiantes. El sol se filtraba tímido entre las nubes, dorando los muros del castillo y bañando el patio interior con una luz cálida. Susan Bones estaba sentada en el borde de una de las bancas de piedra, hojeando un libro sin demasiado interés. Ese día no vestía el uniforme completo, solo una túnica ligera abierta sobre ropa cómoda. Su cabello recogido en una media coleta dejaba al descubierto un rostro más fresco de lo habitual, resaltado por un maquillaje sutil: un poco de rubor, apenas brillo en los labios y una sombra clara que hacía resaltar sus ojos. No era algo que solía usar a diario, pero ese sábado… se permitió el capricho. El sonido de pasos arrastrados sobre la grava del patio anunció la llegada de alguien más. No necesitó alzar la vista para saber quién era; la voz se encargó de confirmarlo. —Someone’s looking extracute today. Susan cerró el libro con un golpe seco, y alzó la mirada directo a él, arqueando una ceja con naturalidad desarmante. —Are you high? —preguntó, sin rodeos, como si la frase hubiera sido ensayada de antemano. Un par de estudiantes en la otra punta del patio contuvieron la risa, murmurando entre ellos, atentos a lo que pudiera suceder. Susan, en cambio, no pareció darle demasiada importancia. Volvió a abrir su libro, como si la conversación hubiera terminado allí mismo. Pero en el aire quedó suspendida esa chispa de tensión juguetona, como si el destino hubiera preparado el escenario para que Nott decidiera quedarse, replicar o marcharse con una sonrisa torcida.
    0 turnos 0 maullidos
  • La Cámara del Tercer Guardián: Nymira, la Soberana de las Mareas Emocionales

    La cámara es una cúpula de cristal azul oscuro. El agua flota en el aire como si estuviera viva, formando espirales, esferas y corrientes suspendidas. El suelo refleja no solo sus cuerpos, sino sus emociones más intensas.

    Sin mover un dedo, Nymira convoca esferas líquidas que rodean a Yukine y Lidica. Al tocarlas, cada esfera se convierte en una escena emocional hiperrealista:

    - Yukine ve a Lidica entregándolo al enemigo. La escena es tan vívida que su corazón se acelera, su respiración se corta, y por un instante, duda de ella.

    - Lidica ve a Yukine huyendo del Laberinto, dejándola atrás. Siente traición, abandono, y su cuerpo se tensa como si fuera a atacar.

    Ambos están al borde de enfrentarse entre sí. Nymira no ataca directamente: los obliga a destruirse desde dentro. La cámara amplifica cada emoción, y el agua vibra con sus pensamientos. Cuanto más intensa la emoción, más agresivo se vuelve el entorno.

    Yukine, con esfuerzo, lanza un hechizo de “Separación de Esencia”, que corta temporalmente los vínculos emocionales falsos. Lidica, aferrándose a un recuerdo real —la promesa que Yukine le hizo en la Sala de las Ilusiones— logra romper la ilusión. Pero ambos quedan emocionalmente drenados.

    La cámara comienza a inundarse. El agua sube hasta las rodillas, luego al pecho. Corrientes invisibles arrastran objetos, y el suelo se vuelve resbaladizo. Nymira se funde con el agua, atacando desde múltiples direcciones.

    - Invocando Espectros de Agua: figuras hechas de líquido que adoptan la forma de personas amadas por Yukine y Lidica.

    - Yukine ve a su madre, que lo abraza mientras lo ahoga lentamente.

    - Lidica ve a su hermana, que le pide ayuda mientras la arrastra al fondo.

    - Yukine intenta lanzar hechizos, pero el agua distorsiona las palabras mágicas. Cada intento le cuesta energía vital.

    - Lidica lucha por moverse. Sus dagas son lentas bajo el agua, y cada golpe se siente como si cortara recuerdos.

    Yukine logra lanzar un hechizo de “Claridad Emocional”, que crea una burbuja de aire y lucidez. El costo es alto: su pecho se contrae, su visión se nubla.

    Lidica, con un grito de dolor, destruye los espectros con una onda de energía emocional, pero queda con quemaduras internas provocadas por la presión mágica.

    Para este punto la cámara se había transformado en un océano suspendido. Nymira, ahora convertida en una Serpiente Marina de Emoción Pura, giraba alrededor de Yukine y Lidica, lanzando chorros de agua cargados con recuerdos distorsionados.

    Cada impacto no solo dolía, sino que desestabilizaba la mente.
    Yukine y Lidica estaban al borde del colapso. Sus cuerpos temblaban, sus emociones eran un caos. Nymira se alimentaba de su vínculo, amplificando cada duda, cada herida emocional.

    —“¿Creen que su conexión los salvará? Yo la romperé… y los ahogaré en ella.” —susurró Nymira, con voz líquida.

    Yukine, con voz quebrada, miró a Lidica.

    —“¡Tú me fallaste! ¡Siempre lo supe! ¡Tu lealtad es falsa”

    Lidica, con los ojos llenos de rabia, respondió:

    —“¡Y tú no eres más que un mago débil que se esconde tras una transformación! ¡Nunca confiaste en mí!”

    Yukine lanzó un hechizo de impacto, que golpeó a Lidica y la arrojó contra una columna de agua.

    Lidica se levantó, sangrando, y arrojó una de sus dagas, que rozó el rostro de Yukine.

    Nymira se detuvo. Observaba con deleite. Las emociones eran reales. El vínculo se rompía. Su poder crecía.

    —“Sí… así es como termina. El amor, la confianza… todo se disuelve.”

    Pero entonces, Yukine susurró una palabra mágica que solo Lidica conocía: “Aequor.”

    Lidica sonrió apenas. Era la señal.

    Yukine lanzó un hechizo de protección mental, magia defensiva para liberar la mente del control enemigo, costándole una gran cantidad poder magico, tanto que lo hizo toser sangre, pero esto seria lo necesario para que LIdica, con la mente clara lanzara sus dagas que atravesaron las corrientes emocionales que protegían el núcleo de Nymira.

    Nymira gritó. No entendía. El vínculo no se había roto. Había sido usado como arma.

    —“¡Imposible! ¡No pueden… sentir tanto y aún luchar juntos!”
    Yukine, con voz firme, respondió:

    —“Sentir no es debilidad. Es estrategia.”

    Lidica, con una última pirueta, atravesó el núcleo líquido de Nymira. El agua se congeló por un instante, luego explotó en una lluvia de luz azul.

    La cámara se secó. Yukine y Lidica cayeron al suelo, exhaustos, heridos, pero victoriosos. La puerta final apareció, tallada en cristal y viento.

    —“Nunca pensé que tendría que herirte para salvarnos.” —dijo Yukine, tocando el brazo de Lidica.

    —“Y yo nunca pensé que confiaría en ti… incluso cuando me atacaras.” —respondió ella, con una sonrisa rota.
    La Cámara del Tercer Guardián: Nymira, la Soberana de las Mareas Emocionales La cámara es una cúpula de cristal azul oscuro. El agua flota en el aire como si estuviera viva, formando espirales, esferas y corrientes suspendidas. El suelo refleja no solo sus cuerpos, sino sus emociones más intensas. Sin mover un dedo, Nymira convoca esferas líquidas que rodean a Yukine y Lidica. Al tocarlas, cada esfera se convierte en una escena emocional hiperrealista: - Yukine ve a Lidica entregándolo al enemigo. La escena es tan vívida que su corazón se acelera, su respiración se corta, y por un instante, duda de ella. - Lidica ve a Yukine huyendo del Laberinto, dejándola atrás. Siente traición, abandono, y su cuerpo se tensa como si fuera a atacar. Ambos están al borde de enfrentarse entre sí. Nymira no ataca directamente: los obliga a destruirse desde dentro. La cámara amplifica cada emoción, y el agua vibra con sus pensamientos. Cuanto más intensa la emoción, más agresivo se vuelve el entorno. Yukine, con esfuerzo, lanza un hechizo de “Separación de Esencia”, que corta temporalmente los vínculos emocionales falsos. Lidica, aferrándose a un recuerdo real —la promesa que Yukine le hizo en la Sala de las Ilusiones— logra romper la ilusión. Pero ambos quedan emocionalmente drenados. La cámara comienza a inundarse. El agua sube hasta las rodillas, luego al pecho. Corrientes invisibles arrastran objetos, y el suelo se vuelve resbaladizo. Nymira se funde con el agua, atacando desde múltiples direcciones. - Invocando Espectros de Agua: figuras hechas de líquido que adoptan la forma de personas amadas por Yukine y Lidica. - Yukine ve a su madre, que lo abraza mientras lo ahoga lentamente. - Lidica ve a su hermana, que le pide ayuda mientras la arrastra al fondo. - Yukine intenta lanzar hechizos, pero el agua distorsiona las palabras mágicas. Cada intento le cuesta energía vital. - Lidica lucha por moverse. Sus dagas son lentas bajo el agua, y cada golpe se siente como si cortara recuerdos. Yukine logra lanzar un hechizo de “Claridad Emocional”, que crea una burbuja de aire y lucidez. El costo es alto: su pecho se contrae, su visión se nubla. Lidica, con un grito de dolor, destruye los espectros con una onda de energía emocional, pero queda con quemaduras internas provocadas por la presión mágica. Para este punto la cámara se había transformado en un océano suspendido. Nymira, ahora convertida en una Serpiente Marina de Emoción Pura, giraba alrededor de Yukine y Lidica, lanzando chorros de agua cargados con recuerdos distorsionados. Cada impacto no solo dolía, sino que desestabilizaba la mente. Yukine y Lidica estaban al borde del colapso. Sus cuerpos temblaban, sus emociones eran un caos. Nymira se alimentaba de su vínculo, amplificando cada duda, cada herida emocional. —“¿Creen que su conexión los salvará? Yo la romperé… y los ahogaré en ella.” —susurró Nymira, con voz líquida. Yukine, con voz quebrada, miró a Lidica. —“¡Tú me fallaste! ¡Siempre lo supe! ¡Tu lealtad es falsa” Lidica, con los ojos llenos de rabia, respondió: —“¡Y tú no eres más que un mago débil que se esconde tras una transformación! ¡Nunca confiaste en mí!” Yukine lanzó un hechizo de impacto, que golpeó a Lidica y la arrojó contra una columna de agua. Lidica se levantó, sangrando, y arrojó una de sus dagas, que rozó el rostro de Yukine. Nymira se detuvo. Observaba con deleite. Las emociones eran reales. El vínculo se rompía. Su poder crecía. —“Sí… así es como termina. El amor, la confianza… todo se disuelve.” Pero entonces, Yukine susurró una palabra mágica que solo Lidica conocía: “Aequor.” Lidica sonrió apenas. Era la señal. Yukine lanzó un hechizo de protección mental, magia defensiva para liberar la mente del control enemigo, costándole una gran cantidad poder magico, tanto que lo hizo toser sangre, pero esto seria lo necesario para que LIdica, con la mente clara lanzara sus dagas que atravesaron las corrientes emocionales que protegían el núcleo de Nymira. Nymira gritó. No entendía. El vínculo no se había roto. Había sido usado como arma. —“¡Imposible! ¡No pueden… sentir tanto y aún luchar juntos!” Yukine, con voz firme, respondió: —“Sentir no es debilidad. Es estrategia.” Lidica, con una última pirueta, atravesó el núcleo líquido de Nymira. El agua se congeló por un instante, luego explotó en una lluvia de luz azul. La cámara se secó. Yukine y Lidica cayeron al suelo, exhaustos, heridos, pero victoriosos. La puerta final apareció, tallada en cristal y viento. —“Nunca pensé que tendría que herirte para salvarnos.” —dijo Yukine, tocando el brazo de Lidica. —“Y yo nunca pensé que confiaría en ti… incluso cuando me atacaras.” —respondió ella, con una sonrisa rota.
    0 turnos 0 maullidos
  • —¿Una apuesta con Astoria, en serio?
    —¿Una apuesta con Astoria, en serio?
    7 turnos 0 maullidos
  • —No pienso revisar tu tarea de pociones.
    —No pienso revisar tu tarea de pociones.
    Me encocora
    1
    3 turnos 0 maullidos
Patrocinados