• A estas tempranas horas de la mañana no hay nadie aquí... Todos duermen hasta tarde o no soportan la brisa fria, ¿No?.
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  • Nadie lloró mi caída. Ni siquiera yo mismo, no tenía arrepentimientos por negarme a amar más allá de lo que se me estaba permitido.

    Solo lloré el día en el que consumí la vida de quien era lo más amado para mí.

    Me quedé sin lágrimas ese día. Desde entonces, ninguna desdicha las ha hecho volver a brotar.

    Soy testigo de cómo el mundo avanza, sin poder intervenir en él. No lo hago por miedo, miedo a volver a arrebatar el aliento de alguien más.
    Nadie lloró mi caída. Ni siquiera yo mismo, no tenía arrepentimientos por negarme a amar más allá de lo que se me estaba permitido. Solo lloré el día en el que consumí la vida de quien era lo más amado para mí. Me quedé sin lágrimas ese día. Desde entonces, ninguna desdicha las ha hecho volver a brotar. Soy testigo de cómo el mundo avanza, sin poder intervenir en él. No lo hago por miedo, miedo a volver a arrebatar el aliento de alguien más.
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  • Ataque a la muerte
    -Luego que la noche más larga había terminado, la misma muerte acompañó a las almas al portal del mundo espiritual. Pero lo que no sabían es que no venían solos.-   Sacerdotes: te hemos encontrado bruja, por tu brujería y blasfemia contra la iglesia pagarás con la muerte..   -La mujer escuchó mirando de reojo a...
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  • 🌹 El Propósito de Elorien — El Portador del Último Aliento
    Desde su caída, Elorien vaga entre los vivos y los moribundos, invisible para los ojos de la mayoría. No busca compañía, pero las almas que están a punto de partir lo sienten: una presencia cálida, un susurro dorado que las llama con ternura. Son aquellas almas que sufren, las que claman por descanso, las que han sido heridas por el amor, la soledad o...
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  • E-eh?~... Apaga esa luz~... L-la fiesta de ayer fue una locura~... N-no se vayan~ arruinan la diversión!~...

    *Su todo baila con el viento mientras vocifera, el aroma que desprende es de cerveza junto a tacos al pastor*
    E-eh?~... Apaga esa luz~... L-la fiesta de ayer fue una locura~... N-no se vayan~ arruinan la diversión!~... *Su todo baila con el viento mientras vocifera, el aroma que desprende es de cerveza junto a tacos al pastor*
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  • Buenos dias ,
    A todos ustedes les deseo.
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  • Pese a que sólo puedo verte una vez cada dos o tres años siempre estaré ansioso por volver a verte, abrazarte y contarte todo lo que a sucedido. No soy el ser más puro y posiblemente no merezca estar en donde tu estas y aunque sea un monstruo en la oscuridad tu eres la luz que da calidez a mi podrida alma.
    Pese a que sólo puedo verte una vez cada dos o tres años siempre estaré ansioso por volver a verte, abrazarte y contarte todo lo que a sucedido. No soy el ser más puro y posiblemente no merezca estar en donde tu estas y aunque sea un monstruo en la oscuridad tu eres la luz que da calidez a mi podrida alma.
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  • No va a admitir que, a pesar de que es muy serio, algo tosco y bastante callado, le gusta ver aquellos gestos de cariño con su caballo.

    "No le mires tanto", se dice a si misma.
    No va a admitir que, a pesar de que es muy serio, algo tosco y bastante callado, le gusta ver aquellos gestos de cariño con su caballo. "No le mires tanto", se dice a si misma.
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  • Creo que mi poder está empezando a crecer mucho. Pero es agradable y controlado.
    Creo que mi poder está empezando a crecer mucho. Pero es agradable y controlado.
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  • Confesión.

    Imagina descubrir el castigo del cielo justo en el momento en que sientes cómo el ser al que amas deja escapar su último aliento contra tus labios.
    Así lo supe yo. Así comprendí la magnitud de mi pecado.

    Fui creado con tanto amor que no supe contenerlo. Mientras mis hermanos elevaban himnos al Creador, yo miré más allá, hacia la tierra. Allí encontré algo que en el cielo jamás vi: la pasión con la que los humanos viven y aman, la entrega ciega con que se funden unos en otros, aun sabiendo que el tiempo les roba todo.

    Y entonces lo vi a él...
    Una sola mirada bastó para que mi existencia se incendiara. En aquel instante, el fuego del amor —ese que debía ser puro y divino— ardió con deseo humano. Y ya no hubo marcha atrás.

    Qué crueldad, ¿no? Haber sido creado para amar, pero tener prohibido hacerlo fuera del Reino de los Cielos. Prohibido amar a otro ser que no fuera mi creador.
    El amor que me dio vida fue el mismo que selló mi condena.

    Me arrancaron cuatro de mis seis alas para impedirme regresar a mi hogar.
    El dolor fue insoportable... no solo el físico, sino el del alma desgarrada al comprender que jamás volvería a sentir el toque de su piel.
    El cielo me maldijo con la eternidad y me despojó de todo, excepto de la memoria de su rostro.

    Y ahora vivo condenado: si alguna vez vuelvo a amar, si mi piel toca la de otro ser, le arrebataré un año de vida por cada minuto de contacto.
    Un castigo cruel… desproporcionado al crimen cometido.

    A veces pienso que el cielo no soportó ver lo que creó: un ángel capaz de amar más allá de sus límites.
    Y aunque la eternidad me pese, confieso que no me arrepiento.
    Porque aunque el amor me costó el cielo, su último aliento... aún arde en mis labios.
    Confesión. Imagina descubrir el castigo del cielo justo en el momento en que sientes cómo el ser al que amas deja escapar su último aliento contra tus labios. Así lo supe yo. Así comprendí la magnitud de mi pecado. Fui creado con tanto amor que no supe contenerlo. Mientras mis hermanos elevaban himnos al Creador, yo miré más allá, hacia la tierra. Allí encontré algo que en el cielo jamás vi: la pasión con la que los humanos viven y aman, la entrega ciega con que se funden unos en otros, aun sabiendo que el tiempo les roba todo. Y entonces lo vi a él... Una sola mirada bastó para que mi existencia se incendiara. En aquel instante, el fuego del amor —ese que debía ser puro y divino— ardió con deseo humano. Y ya no hubo marcha atrás. Qué crueldad, ¿no? Haber sido creado para amar, pero tener prohibido hacerlo fuera del Reino de los Cielos. Prohibido amar a otro ser que no fuera mi creador. El amor que me dio vida fue el mismo que selló mi condena. Me arrancaron cuatro de mis seis alas para impedirme regresar a mi hogar. El dolor fue insoportable... no solo el físico, sino el del alma desgarrada al comprender que jamás volvería a sentir el toque de su piel. El cielo me maldijo con la eternidad y me despojó de todo, excepto de la memoria de su rostro. Y ahora vivo condenado: si alguna vez vuelvo a amar, si mi piel toca la de otro ser, le arrebataré un año de vida por cada minuto de contacto. Un castigo cruel… desproporcionado al crimen cometido. A veces pienso que el cielo no soportó ver lo que creó: un ángel capaz de amar más allá de sus límites. Y aunque la eternidad me pese, confieso que no me arrepiento. Porque aunque el amor me costó el cielo, su último aliento... aún arde en mis labios.
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