-El viejo goblin terminó recogiendo el puesto cuando el sol comenzó a descender. No había hecho grandes negocios aquel día, aunque tampoco era una novedad. La mayoría de sus mercancías llevaban más tiempo viajando con él que vendiéndose.-

-Varias espadas oxidadas, un casco abollado, algunas pociones de dudosa procedencia, herramientas incompletas y toda clase de curiosidades acabaron amontonadas sobre un carro de madera desgastada por los años.-

-Varios minutos después, el comerciante abandonó la aldea por el camino principal.-

-Tirando del carro avanzaba una enorme bestia lupina de pelaje oscuro. Un huargo tan grande que pocos se atrevían a acercarse demasiado. Su respiración expulsaba nubes de vapor mientras sus garras dejaban profundas marcas en el barro del sendero.-

El negocio nunca duerme...

-Masculló el goblin mientras acomodaba su sombrero remendado.-

Quizá la próxima aldea tenga clientes con mejor gusto.

O con menos cerebro.

-Añadió entre risas para sí mismo.-

-Las ruedas chirriaban a cada bache. Las armas golpeaban unas contra otras. Las botellas tintineaban. Los amuletos colgantes se balanceaban con el movimiento del camino.-

-Y entre toda aquella colección de objetos olvidados viajaba también la extraña roca con forma de huevo.-

-Permanecía dentro de una caja vieja de madera, medio cubierta por trapos, herramientas rotas y cachivaches sin valor aparente.-

-Nadie le prestaba demasiada atención.-

-No era la pieza más brillante del carro.-

-No era la más cara.-

-Ni siquiera la más extraña.-

-Para cualquier observador parecía exactamente lo que era a simple vista: una roca oscura con una forma curiosa.-

-El goblin apenas la miró al pasar.-

Llevas tres generaciones sin darme un cobre...

No espero que empieces ahora.

-El comerciante soltó una carcajada mientras daba una palmada a uno de los laterales de la caja.-

-El huargo continuó avanzando por el camino polvoriento mientras la noche comenzaba a caer sobre los bosques cercanos.-

-Hacia otra aldea.-

-Hacia otros viajeros.-

-Hacia nuevos compradores.-

-Y quizá, con algo de suerte, hacia alguien dispuesto a pagar por aquello que los demás consideraban simple basura.-

Garou Sobachi
-El viejo goblin terminó recogiendo el puesto cuando el sol comenzó a descender. No había hecho grandes negocios aquel día, aunque tampoco era una novedad. La mayoría de sus mercancías llevaban más tiempo viajando con él que vendiéndose.- -Varias espadas oxidadas, un casco abollado, algunas pociones de dudosa procedencia, herramientas incompletas y toda clase de curiosidades acabaron amontonadas sobre un carro de madera desgastada por los años.- -Varios minutos después, el comerciante abandonó la aldea por el camino principal.- -Tirando del carro avanzaba una enorme bestia lupina de pelaje oscuro. Un huargo tan grande que pocos se atrevían a acercarse demasiado. Su respiración expulsaba nubes de vapor mientras sus garras dejaban profundas marcas en el barro del sendero.- El negocio nunca duerme... -Masculló el goblin mientras acomodaba su sombrero remendado.- Quizá la próxima aldea tenga clientes con mejor gusto. O con menos cerebro. -Añadió entre risas para sí mismo.- -Las ruedas chirriaban a cada bache. Las armas golpeaban unas contra otras. Las botellas tintineaban. Los amuletos colgantes se balanceaban con el movimiento del camino.- -Y entre toda aquella colección de objetos olvidados viajaba también la extraña roca con forma de huevo.- -Permanecía dentro de una caja vieja de madera, medio cubierta por trapos, herramientas rotas y cachivaches sin valor aparente.- -Nadie le prestaba demasiada atención.- -No era la pieza más brillante del carro.- -No era la más cara.- -Ni siquiera la más extraña.- -Para cualquier observador parecía exactamente lo que era a simple vista: una roca oscura con una forma curiosa.- -El goblin apenas la miró al pasar.- Llevas tres generaciones sin darme un cobre... No espero que empieces ahora. -El comerciante soltó una carcajada mientras daba una palmada a uno de los laterales de la caja.- -El huargo continuó avanzando por el camino polvoriento mientras la noche comenzaba a caer sobre los bosques cercanos.- -Hacia otra aldea.- -Hacia otros viajeros.- -Hacia nuevos compradores.- -Y quizá, con algo de suerte, hacia alguien dispuesto a pagar por aquello que los demás consideraban simple basura.- [spark_brass_snake_601]
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