• De un evidente mal humor, bajó las orejas.

    — ¿Ya empezó toda esta mierda navideña? Por un demonio, ni siquiera estamos en diciembre —

    Maldijo mientras gruñía enseñando los dientes. Se sentía ridículo
    De un evidente mal humor, bajó las orejas. — ¿Ya empezó toda esta mierda navideña? Por un demonio, ni siquiera estamos en diciembre — Maldijo mientras gruñía enseñando los dientes. Se sentía ridículo
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  • *El callejón olía a metal quemado y a lluvia. Ray respiraba hondo, apenas manteniendo el pulso estable mientras una chispa en sus dedos se encendía, había sido una redada rápida y solo quedaba un último peón de la Corporación, tirado contra una pared, Ray levantó la mano, preparado para terminar esto...hasta que el tipo habló*

    …R.A.E…081… *la voz era áspera, temblorosa, pero llena de un reconocimiento incómodo* Claro que… eras tú

    *Ray se congeló un segundo, ese apodo numérico… hacía "años" que no lo escuchaba*

    Perfecto *murmura Ray exasperado* Encima hablas, pensé que ya estabas listo para dormir la siesta eterna

    Siempre reaccionando así… *tosió el peón, dejando una mancha oscura en el piso* No ha cambiado nada

    *Ray frunció el ceño*

    ¿En serio vamos a tener esta conversación ahora? Hermano, mírate, no estás en posición de...

    No decides nada *dijo el peón interrumpiendolo* solo reaccionas

    *Ray apretó la mandíbula, pero bajó apenas la mano, el tipo había encontrado un punto débil, uno que Ray detesta*

    ¿Tu vienes a darme lecciones? *dice Ray, riéndose sin humor* ¿De verdad?

    *El peón lo mira con una mezcla extraña de compasión y decepción*

    Huiste de la Corporación… Ray… sé con quién hablaste, sé lo que te prometieron, no saliste buscando libertad… ni fuiste tú quien “abrazó” a Acracia.
    Tú no buscaste a nadie.
    Solo saliste corriendo.

    *Ray chasquea la lengua, irritado*

    Claro, porque amaba mucho quedarme en esa linda jaula con iluminación fluorescente

    Eso digo *lo interrumpe el peón* crees que eres libre… pero sigues actuando como te programaron, golpeas, corres, sobrevives… sin preguntarte jamás qué es lo que eres

    *El silencio lo golpea fuerte*

    Eres bueno diciendo idioteces *murmura Ray, sin la misma seguridad que antes*

    Y tú eres bueno… evitando pensar *le responden, casi con lástima* Cuando dejaste la Corporación, ¿fue realmente por defender tu voluntad o porque no soportabas mirarte a ti mismo?

    *El chispazo en los dedos de Ray se apaga completamente*

    Ya basta *dice él, pero su voz no tiene filo*

    ¿Qué vas a hacer cuando el pasado te alcance, Ray? *pregunta el peón, la voz ya apagándose*
    Cuando ya no tengas a quién culpar…
    Cuando ya no puedas huir…
    ¿Quién vas a ser?

    *Sus ojos se cierran sin dramatismo.
    Sin un grito.
    Sin una detonación.
    Sin gloria.

    Solo silencio y un cuerpo que se queda ahí, apagado como cualquier máquina sin energía.

    Ray da un paso atrás, respira hondo, por primera vez en mucho tiempo, el control sobre la electricidad no le responde, no porque esté cansado sino porque la pregunta todavía le quema… más que cualquier descarga*
    *El callejón olía a metal quemado y a lluvia. Ray respiraba hondo, apenas manteniendo el pulso estable mientras una chispa en sus dedos se encendía, había sido una redada rápida y solo quedaba un último peón de la Corporación, tirado contra una pared, Ray levantó la mano, preparado para terminar esto...hasta que el tipo habló* …R.A.E…081… *la voz era áspera, temblorosa, pero llena de un reconocimiento incómodo* Claro que… eras tú *Ray se congeló un segundo, ese apodo numérico… hacía "años" que no lo escuchaba* Perfecto *murmura Ray exasperado* Encima hablas, pensé que ya estabas listo para dormir la siesta eterna Siempre reaccionando así… *tosió el peón, dejando una mancha oscura en el piso* No ha cambiado nada *Ray frunció el ceño* ¿En serio vamos a tener esta conversación ahora? Hermano, mírate, no estás en posición de... No decides nada *dijo el peón interrumpiendolo* solo reaccionas *Ray apretó la mandíbula, pero bajó apenas la mano, el tipo había encontrado un punto débil, uno que Ray detesta* ¿Tu vienes a darme lecciones? *dice Ray, riéndose sin humor* ¿De verdad? *El peón lo mira con una mezcla extraña de compasión y decepción* Huiste de la Corporación… Ray… sé con quién hablaste, sé lo que te prometieron, no saliste buscando libertad… ni fuiste tú quien “abrazó” a Acracia. Tú no buscaste a nadie. Solo saliste corriendo. *Ray chasquea la lengua, irritado* Claro, porque amaba mucho quedarme en esa linda jaula con iluminación fluorescente Eso digo *lo interrumpe el peón* crees que eres libre… pero sigues actuando como te programaron, golpeas, corres, sobrevives… sin preguntarte jamás qué es lo que eres *El silencio lo golpea fuerte* Eres bueno diciendo idioteces *murmura Ray, sin la misma seguridad que antes* Y tú eres bueno… evitando pensar *le responden, casi con lástima* Cuando dejaste la Corporación, ¿fue realmente por defender tu voluntad o porque no soportabas mirarte a ti mismo? *El chispazo en los dedos de Ray se apaga completamente* Ya basta *dice él, pero su voz no tiene filo* ¿Qué vas a hacer cuando el pasado te alcance, Ray? *pregunta el peón, la voz ya apagándose* Cuando ya no tengas a quién culpar… Cuando ya no puedas huir… ¿Quién vas a ser? *Sus ojos se cierran sin dramatismo. Sin un grito. Sin una detonación. Sin gloria. Solo silencio y un cuerpo que se queda ahí, apagado como cualquier máquina sin energía. Ray da un paso atrás, respira hondo, por primera vez en mucho tiempo, el control sobre la electricidad no le responde, no porque esté cansado sino porque la pregunta todavía le quema… más que cualquier descarga*
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  • Reinicio
    En medio de un gran salon perteneciente a una mansion abandonada hace decadas, se colaba la luz del sol a traves de una ventana rota. Una de las muchas propiedades que pertenecia a la Familia BloodFlame. Esta mansion en particular habia sido dejada atras cuando una rama de la familia habia muerto sin dejar descendientes. Y ahi en el salon principal habia una figura recargada parcialmente contra...
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  • A smile always brightens someone else's day ♥ never stop smiling ♥
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  • No puedo dormir otra vez..
    A pesar que estoy cansado
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  • Te sigo esperando Hugo, por favor aparece que deseo perderme en tus ojos heterocromaticos.
    #SeductiveSunday
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  • *Kendo esta frente a ti, por alguna razon el culto lo envio a buscarte, se te queda viendo un rato antes de hablar.*

    —Bien hagamos esto rapido, mi descanso es en 10 minutos.—

    *Empieza a vendar sus manos lo cual solo puede significar una cosa: Kendo se esta preparando para "partirte tu madre".*
    *Kendo esta frente a ti, por alguna razon el culto lo envio a buscarte, se te queda viendo un rato antes de hablar.* —Bien hagamos esto rapido, mi descanso es en 10 minutos.— *Empieza a vendar sus manos lo cual solo puede significar una cosa: Kendo se esta preparando para "partirte tu madre".*
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  • #Seductivesunday para ustedes hijos míos —
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  • Cuando Kazuo entró a su dormitorio encontró algo. Observó aquel obsequio; leyó la nota de [Fire.bl00m] mientras sus nueve colas se movían de un lado a otro, en un claro indicio de felicidad.

    Caminó hasta su ventana para atar con su hilo rojo el amuleto en la ventana. Sonrió, sintiendo una extraña calidez en su pecho. Intuía que hoy sería un buen día.
    Cuando Kazuo entró a su dormitorio encontró algo. Observó aquel obsequio; leyó la nota de [Fire.bl00m] mientras sus nueve colas se movían de un lado a otro, en un claro indicio de felicidad. Caminó hasta su ventana para atar con su hilo rojo el amuleto en la ventana. Sonrió, sintiendo una extraña calidez en su pecho. Intuía que hoy sería un buen día.
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  • Su expresión era seria. Fría. Había vendajes en su cuerpo que delataban su dura experiencia de vida.
    Su mirada resultaba afilada. Tus tacones resonaban con cada paso que daba en la torre de los los Vees. Un ambiente tan familiar para ella como nostálgico.

    Se paseó por las instalaciones, entre los atareados trabajadores que sólo eran desgraciadas almas bajo al mando de los dueños de aquel edificio. Ignoraba su presencia, pero tampoco podía evitar que en su mente volvieran los recuerdos de la vida que alguna vez tuvo.
    De la compañía que siempre estuvo a su lado, de lo que alguna vez consideró su familia... De forma inevitable, una de sus manos fue hasta la pelusa que adoraba su sacó y la acarició cerrando los ojos un momento. Suspiró y luego apartó la mano, volviendo a su porte erguido y la cabeza en alto como si nada hubiese pasando. Botando los recuerdos pasados de su mente.

    Su andar se retomó. De nuevo el ruido del taconeo. Emanaba determinación pura, algo buscaba. Con la misma decisión caminó hasta llegar a las amplias puertas de una oficina que no demoró en abrir abruptamente con sus dos manos.

    — ¿V? — Preguntó, casi con cautela. Casi con preocupación... Casi con angustia.
    Sin embargo, aunque con su mirada recorrió el lugar, no encontró rastros de quién buscaba.

    Caminó al interior de la instalación. No demoró en encontrar un amplio agujero en una de las paredes que daba directamente hacia la nada misma, fuera del edificio.
    Con esa abertura, que no debía estar ahí, podía ver toda ciudad pentagrama. Pero no por eso se acercó hasta la abertura. No. Se agachó y una de sus manos la pasó sobre la superficie rota del suelo.

    — Mierda. — Exclamó frunciendo el ceño mientras se incorporaba sacando su móvil. Su dedo se deslizó por la pantalla de su celular y pequeñas ventanas emergentes flotaron frente a ella que había hecho aparecer desde su celular.
    Páginas escritas en un idioma que solo ella comprendía. Un código. — Sabía que hacía bien en tener una copia en el móvil — casi se autofelicitó mientras repasaba lo que se encontraba escrito en las páginas. — ¿Ahora cómo mierda voy a encontrar a ese príncipe de pantalla plana? —
    Su expresión era seria. Fría. Había vendajes en su cuerpo que delataban su dura experiencia de vida. Su mirada resultaba afilada. Tus tacones resonaban con cada paso que daba en la torre de los los Vees. Un ambiente tan familiar para ella como nostálgico. Se paseó por las instalaciones, entre los atareados trabajadores que sólo eran desgraciadas almas bajo al mando de los dueños de aquel edificio. Ignoraba su presencia, pero tampoco podía evitar que en su mente volvieran los recuerdos de la vida que alguna vez tuvo. De la compañía que siempre estuvo a su lado, de lo que alguna vez consideró su familia... De forma inevitable, una de sus manos fue hasta la pelusa que adoraba su sacó y la acarició cerrando los ojos un momento. Suspiró y luego apartó la mano, volviendo a su porte erguido y la cabeza en alto como si nada hubiese pasando. Botando los recuerdos pasados de su mente. Su andar se retomó. De nuevo el ruido del taconeo. Emanaba determinación pura, algo buscaba. Con la misma decisión caminó hasta llegar a las amplias puertas de una oficina que no demoró en abrir abruptamente con sus dos manos. — ¿V? — Preguntó, casi con cautela. Casi con preocupación... Casi con angustia. Sin embargo, aunque con su mirada recorrió el lugar, no encontró rastros de quién buscaba. Caminó al interior de la instalación. No demoró en encontrar un amplio agujero en una de las paredes que daba directamente hacia la nada misma, fuera del edificio. Con esa abertura, que no debía estar ahí, podía ver toda ciudad pentagrama. Pero no por eso se acercó hasta la abertura. No. Se agachó y una de sus manos la pasó sobre la superficie rota del suelo. — Mierda. — Exclamó frunciendo el ceño mientras se incorporaba sacando su móvil. Su dedo se deslizó por la pantalla de su celular y pequeñas ventanas emergentes flotaron frente a ella que había hecho aparecer desde su celular. Páginas escritas en un idioma que solo ella comprendía. Un código. — Sabía que hacía bien en tener una copia en el móvil — casi se autofelicitó mientras repasaba lo que se encontraba escrito en las páginas. — ¿Ahora cómo mierda voy a encontrar a ese príncipe de pantalla plana? —
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