Se acerca la guerra...
— Cuanto tiempo ha pasado... — La voz de Morana resonó entre la oscuridad. — Volvemos una vez más a alzarnos en armas... — Aunque la emoción la recorriese, su voz sonaba... Cansada, diferente...
Entonces en la oscuridad se hizo presente el sonido de sus pasos.
Un paso. — Buscaron mandarme a la pira. —
Otro paso. — Arrasaron con mi gente. — Su voz se volvió más grave.
Otro paso. — Acabaron con mi esposo. — Se podía notar el dolor en su voz al mencionarlo.
Se detuvo en seco. — Una guerra acabada hace siglos. — Suspiró. — Un pacto roto. — Respiró profundo, su voz calmándose nuevamente.
— Si Dios no bendice mis armas en esta guerra, que su sangre sea la que alimente mi fuerza. —
— Si realmente Dios desea mi muerte, que baje él mismo a crucificarme. —
La puerta a la oscura habitación se abrió. — Marchamos a la guerra una vez más... — Finalmente salió de la oscura habitación, pero esta vez portando una nueva forma. — No me esconderé, se acabó el huir. — Su voz adquirió un tono firme.
— Esta vez ni siquiera la muerte os puede proteger... Y no habrá misericordia. —
Elijah Vítkov
— Cuanto tiempo ha pasado... — La voz de Morana resonó entre la oscuridad. — Volvemos una vez más a alzarnos en armas... — Aunque la emoción la recorriese, su voz sonaba... Cansada, diferente...
Entonces en la oscuridad se hizo presente el sonido de sus pasos.
Un paso. — Buscaron mandarme a la pira. —
Otro paso. — Arrasaron con mi gente. — Su voz se volvió más grave.
Otro paso. — Acabaron con mi esposo. — Se podía notar el dolor en su voz al mencionarlo.
Se detuvo en seco. — Una guerra acabada hace siglos. — Suspiró. — Un pacto roto. — Respiró profundo, su voz calmándose nuevamente.
— Si Dios no bendice mis armas en esta guerra, que su sangre sea la que alimente mi fuerza. —
— Si realmente Dios desea mi muerte, que baje él mismo a crucificarme. —
La puerta a la oscura habitación se abrió. — Marchamos a la guerra una vez más... — Finalmente salió de la oscura habitación, pero esta vez portando una nueva forma. — No me esconderé, se acabó el huir. — Su voz adquirió un tono firme.
— Esta vez ni siquiera la muerte os puede proteger... Y no habrá misericordia. —
Elijah Vítkov
Se acerca la guerra...
— Cuanto tiempo ha pasado... — La voz de Morana resonó entre la oscuridad. — Volvemos una vez más a alzarnos en armas... — Aunque la emoción la recorriese, su voz sonaba... Cansada, diferente...
Entonces en la oscuridad se hizo presente el sonido de sus pasos.
Un paso. — Buscaron mandarme a la pira. —
Otro paso. — Arrasaron con mi gente. — Su voz se volvió más grave.
Otro paso. — Acabaron con mi esposo. — Se podía notar el dolor en su voz al mencionarlo.
Se detuvo en seco. — Una guerra acabada hace siglos. — Suspiró. — Un pacto roto. — Respiró profundo, su voz calmándose nuevamente.
— Si Dios no bendice mis armas en esta guerra, que su sangre sea la que alimente mi fuerza. —
— Si realmente Dios desea mi muerte, que baje él mismo a crucificarme. —
La puerta a la oscura habitación se abrió. — Marchamos a la guerra una vez más... — Finalmente salió de la oscura habitación, pero esta vez portando una nueva forma. — No me esconderé, se acabó el huir. — Su voz adquirió un tono firme.
— Esta vez ni siquiera la muerte os puede proteger... Y no habrá misericordia. —
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