😂😂😂😂 —¡Jajaja! —¡Al final no pasó nada! 😂 —¡Nada! 😂 *Estaba toda la banda de Kurogane reunida jugando una partida de Mario Kart, y todos se reían, divertidos.* —¡Mira las imágene
Disfruta de ser el esposo de lucif..... Porque jamás llegó Lilith a pelear ?!!!
Como atraer a Lilith en dos pasos
Paso uno. Toma a lucifer
Paso dos. Vuelve lo tu pasivo
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Apuestas... apuestas callejeras... apuestas callejeras de autos, de motocicletas... si, ese parece un lugar adecuado para empezar a hacer negocios. Ahora, necesito uno de esos... o alguien bueno para usarlo en el matadero.
-Frente a la vitrina de una sucursal de Yamaha, a pesar de ser ajeno a la cultura, las lineas agresivas y la penumbra encima de una R1 llaman la atencion del felino.-
Apuestas... apuestas callejeras... apuestas callejeras de autos, de motocicletas... si, ese parece un lugar adecuado para empezar a hacer negocios. Ahora, necesito uno de esos... o alguien bueno para usarlo en el matadero.
-Frente a la vitrina de una sucursal de Yamaha, a pesar de ser ajeno a la cultura, las lineas agresivas y la penumbra encima de una R1 llaman la atencion del felino.-
Disfrazada de una fiesta, la reunión de seguimiento tendría sesión. Mientras que la gente en general disfruraba de la comida y el entretenimiento gratis, cinco de las siete líderes estaban ahi presentes para discutir sus siguientes planes.
── Ira, Lujuria, Envidia y Codicia...──
Pronunció con un ligero desdén, criticando, desaprobando la ausencia de pereza y gula.
── Bueno, pero ciertamente, las otras dos deben estar en la fiesta y sus aportaciones siempre son....── chasquea la lengua contra su paladar, dando a entender que le daban igual.
── Entonces...─ hizo un poco de suspenso. ── Confirmaron el asesinato de Humildad y Caridad... el atentado dio lugar en la llamada "zona de cambio" los fallecimientos no han sido compartidos con la población en general. ──
Con calma, Soberbia les mostró fotografías, sí eran dos hombres de atuendos desalineados, pero la detección de las cámaras de seguridad y los chips confirmaban sus identidades exactas.
── Mis entrañables hermanas. Las siete virtudes están jugando a ser Dios. ──
Eso llamó la atención, incluso de lujuria, que ya parecía aburrida.
── Están desarrollando sintéticos. ──
Alguien llamó a la puerta, Soberbia alzó su mano, todo parecia indicar que un informante habia retornado...
¿Qué noticias podrían ser?
[ Reunion ] [ Open Rol ]
Disfrazada de una fiesta, la reunión de seguimiento tendría sesión. Mientras que la gente en general disfruraba de la comida y el entretenimiento gratis, cinco de las siete líderes estaban ahi presentes para discutir sus siguientes planes.
── Ira, Lujuria, Envidia y Codicia...──
Pronunció con un ligero desdén, criticando, desaprobando la ausencia de pereza y gula.
── Bueno, pero ciertamente, las otras dos deben estar en la fiesta y sus aportaciones siempre son....── chasquea la lengua contra su paladar, dando a entender que le daban igual.
── Entonces...─ hizo un poco de suspenso. ── Confirmaron el asesinato de Humildad y Caridad... el atentado dio lugar en la llamada "zona de cambio" los fallecimientos no han sido compartidos con la población en general. ──
Con calma, Soberbia les mostró fotografías, sí eran dos hombres de atuendos desalineados, pero la detección de las cámaras de seguridad y los chips confirmaban sus identidades exactas.
── Mis entrañables hermanas. Las siete virtudes están jugando a ser Dios. ──
Eso llamó la atención, incluso de lujuria, que ya parecía aburrida.
── Están desarrollando sintéticos. ──
Alguien llamó a la puerta, Soberbia alzó su mano, todo parecia indicar que un informante habia retornado...
¿Qué noticias podrían ser?
El firmamento estaba tranquilo, un mar oscuro salpicado de luz plateada. Entre todas las constelaciones, Elsbeth permanecía sola, la favorita de la Luna, observando cómo los demás descendían a la Tierra. Cada uno había dejado su rastro, sus luchas y su historia, y ella los había visto a todos perderse y confundirse en el mundo humano.
Pero antes de partir, dejó su propio mensaje. Una lluvia de nereidas comenzó a surcar el cielo nocturno, un espectáculo que solo sus hermanos podrían reconocer. Cada destello era un susurro, un recuerdo de que, aunque distante, su mirada y su cuidado aún los seguían. Entre todos los destellos, uno brilló más fuerte, más intenso. Esa era ella: una señal, clara e inconfundible.
Entonces, la Luna habló con un susurro que sólo Elsbeth podía escuchar:
—Ve. Es tu momento.
Sin dudarlo, descendió. No era una caída, sino un desplazamiento preciso, elegante, que parecía rasgar la oscuridad con su luz. Tocó la Tierra con suavidad, la misma calma letal con la que siempre ejecutaba su destino. Su cabello negro azabache flotaba ligeramente, reflejando los últimos destellos de la lluvia de nereidas, y su piel pálida parecía capturar la luz de cada estrella que aún parpadeaba en el aire.
Al alzar la mirada al cielo nocturno, sonrió. Por primera vez en siglos, estaba en el mismo plano que sus hermanos, el mismo espacio que todos ellos, aunque separados. Cada chispa de la lluvia era un recordatorio de que no los había olvidado, que siempre había estado observando.
—Ahora sí que comience —susurró, dejando que su voz se perdiera entre los ecos de la noche—.
El firmamento estaba tranquilo, un mar oscuro salpicado de luz plateada. Entre todas las constelaciones, Elsbeth permanecía sola, la favorita de la Luna, observando cómo los demás descendían a la Tierra. Cada uno había dejado su rastro, sus luchas y su historia, y ella los había visto a todos perderse y confundirse en el mundo humano.
Pero antes de partir, dejó su propio mensaje. Una lluvia de nereidas comenzó a surcar el cielo nocturno, un espectáculo que solo sus hermanos podrían reconocer. Cada destello era un susurro, un recuerdo de que, aunque distante, su mirada y su cuidado aún los seguían. Entre todos los destellos, uno brilló más fuerte, más intenso. Esa era ella: una señal, clara e inconfundible.
Entonces, la Luna habló con un susurro que sólo Elsbeth podía escuchar:
—Ve. Es tu momento.
Sin dudarlo, descendió. No era una caída, sino un desplazamiento preciso, elegante, que parecía rasgar la oscuridad con su luz. Tocó la Tierra con suavidad, la misma calma letal con la que siempre ejecutaba su destino. Su cabello negro azabache flotaba ligeramente, reflejando los últimos destellos de la lluvia de nereidas, y su piel pálida parecía capturar la luz de cada estrella que aún parpadeaba en el aire.
Al alzar la mirada al cielo nocturno, sonrió. Por primera vez en siglos, estaba en el mismo plano que sus hermanos, el mismo espacio que todos ellos, aunque separados. Cada chispa de la lluvia era un recordatorio de que no los había olvidado, que siempre había estado observando.
—Ahora sí que comience —susurró, dejando que su voz se perdiera entre los ecos de la noche—.