• Fliqpy me da mucho miedo cuando anda raro y se acerca demasiado a mí.
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  • —¡Pum! Acabas de ser alcanzado por las consecuencias de tu deseo. No te preocupes, el efecto es... retardado ~
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  • Una foto junto a mi padre Rihan Nura soy si segundo hijo solo Rikuo es mayor que yo se podría decir que tengo un hermano mayor de parte de papá
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  • El fin del mundo
    Fandom OC Original
    Categoría Original
    [nova_navy_mouse_914]

    Como rara vez pasaba, la alarma nunca sonó, y la mañana la tomó por sorpresa como quien despierta en una ciudad que ha decidido moverse sin avisarle. Lilian se tuvo que incorporar de un salto, el cabello rubio desordenado en un halo que apenas contenía con los dedos, y dejó la taza a medio terminar sobre la mesita y salió de su apartamento con la chaqueta aún desabrochada, una manga por dentro de una prisa que parecía tener su propia cadencia. Toronto respiraba frío y concreto; el pavimento olía a lluvia reciente y a gasolina, y los edificios levantaban ojos de vidrio que la miraban pasar. Corrió bajando las escaleras a prisa saludando solo a la vieja Lauren que como siempre le dijo “buenos días lili” y ella tan amable aunque con prisas respondido “buenos días señora Lau” aunque parecía tonto, la vieja Lau era su mejor amiga en el edificio, ambas igual de solas, una vez en el suelo corrió como quien huye de un recuerdo, sin mirar atrás, con la certeza inexplicable de que si se detenía el día la alcanzaría.

    El autobús al centro no era más que una línea entre su vida de mañanas y sus horas de tarde: el pequeño restaurante familiar en el corazón del centro —las mesas con mantel a cuadros, la cocina que olía a pan recién hecho y sopa de pollo— la esperaba para sostenerla con su ritmo sencillo, solo pedir ordenes, hacer sonreír a niños y tal vez escuchar uno que otro chisme.

    A mitad de cuadra, dando una vuelta choco aprisa con alguien, su cuerpo claramente cayo a el suelo, pero el tiempo no aguardaba
    -Lo siento.. perdona- Su bufanda junto a su celular ambos cayeron, pero apenas se dio cuenta, simplemente tomo rápido su bufanda de cuadros con solo un objetivo, no perder el autobús, olvidado por completo su celular en el suelo junto al desconocido, gracias a sus ágiles piernas logro subir sin notar el peso que había dejado atrás. En su cabeza ya repetía sonrisas, nombres de clientes, el orden de la mesa tres. El conductor le dio un gesto corto, la ciudad desfiló y ella tomo asiento, respirando finalmente por poder llegar a el trabajo, No fue hasta que las luces del restaurante —esas lámparas que parecían pequeñas lunas de consumo— la saludaron con su cálida indiferencia que sintió el hueco. Buscó el teléfono en el bolsillo con la misma delicadeza con la que abre un libro por la página correcta, y el frío de la ausencia le golpeó en el estómago.

    Miró el autobús irse esperando que le devolviera lo que le había quitado. El teléfono no apareció. Un murmullo sin nombre se paseó por su garganta —molesto, urgente— pero lo tragó. Había una regla antigua que sostenía: perder cosas casi nunca era tan peligroso como perder el control en público.

    Se permitió, apenas un segundo, la imagen de su teléfono tumbado en la acera, la pantalla encendida con notificaciones ajenas; la posibilidad de que un desconocido lo hubiera recogido y curioseara sus mensajes —esas líneas íntimas donde, por la noche, vaciaba todo lo que la existencia le negaba— la dejó con la piel de gallina. Su escritura, sus borradores sin guardar, las confesiones dirigidas a personajes que solo existían para ella; todo eso podía estar en manos ajenas. La idea le ardió como un hierro caliente.

    Respiró, respiró otra vez. La profesionalidad la abrazó como un viejo abrigo: sonrisa pulida, paso controlado, saludos precisos, un aura cálida que decía que todo estaba perfecto, cuando internamente grita y se desesperaba, muchos podrían decir que exageraban cuando los jóvenes decían que el celular era su todo, en el caso de Lilian, con una mala memoria y plena confianza en que jamas perdería su celular, si, era fin del mundo
    [nova_navy_mouse_914] Como rara vez pasaba, la alarma nunca sonó, y la mañana la tomó por sorpresa como quien despierta en una ciudad que ha decidido moverse sin avisarle. Lilian se tuvo que incorporar de un salto, el cabello rubio desordenado en un halo que apenas contenía con los dedos, y dejó la taza a medio terminar sobre la mesita y salió de su apartamento con la chaqueta aún desabrochada, una manga por dentro de una prisa que parecía tener su propia cadencia. Toronto respiraba frío y concreto; el pavimento olía a lluvia reciente y a gasolina, y los edificios levantaban ojos de vidrio que la miraban pasar. Corrió bajando las escaleras a prisa saludando solo a la vieja Lauren que como siempre le dijo “buenos días lili” y ella tan amable aunque con prisas respondido “buenos días señora Lau” aunque parecía tonto, la vieja Lau era su mejor amiga en el edificio, ambas igual de solas, una vez en el suelo corrió como quien huye de un recuerdo, sin mirar atrás, con la certeza inexplicable de que si se detenía el día la alcanzaría. El autobús al centro no era más que una línea entre su vida de mañanas y sus horas de tarde: el pequeño restaurante familiar en el corazón del centro —las mesas con mantel a cuadros, la cocina que olía a pan recién hecho y sopa de pollo— la esperaba para sostenerla con su ritmo sencillo, solo pedir ordenes, hacer sonreír a niños y tal vez escuchar uno que otro chisme. A mitad de cuadra, dando una vuelta choco aprisa con alguien, su cuerpo claramente cayo a el suelo, pero el tiempo no aguardaba -Lo siento.. perdona- Su bufanda junto a su celular ambos cayeron, pero apenas se dio cuenta, simplemente tomo rápido su bufanda de cuadros con solo un objetivo, no perder el autobús, olvidado por completo su celular en el suelo junto al desconocido, gracias a sus ágiles piernas logro subir sin notar el peso que había dejado atrás. En su cabeza ya repetía sonrisas, nombres de clientes, el orden de la mesa tres. El conductor le dio un gesto corto, la ciudad desfiló y ella tomo asiento, respirando finalmente por poder llegar a el trabajo, No fue hasta que las luces del restaurante —esas lámparas que parecían pequeñas lunas de consumo— la saludaron con su cálida indiferencia que sintió el hueco. Buscó el teléfono en el bolsillo con la misma delicadeza con la que abre un libro por la página correcta, y el frío de la ausencia le golpeó en el estómago. Miró el autobús irse esperando que le devolviera lo que le había quitado. El teléfono no apareció. Un murmullo sin nombre se paseó por su garganta —molesto, urgente— pero lo tragó. Había una regla antigua que sostenía: perder cosas casi nunca era tan peligroso como perder el control en público. Se permitió, apenas un segundo, la imagen de su teléfono tumbado en la acera, la pantalla encendida con notificaciones ajenas; la posibilidad de que un desconocido lo hubiera recogido y curioseara sus mensajes —esas líneas íntimas donde, por la noche, vaciaba todo lo que la existencia le negaba— la dejó con la piel de gallina. Su escritura, sus borradores sin guardar, las confesiones dirigidas a personajes que solo existían para ella; todo eso podía estar en manos ajenas. La idea le ardió como un hierro caliente. Respiró, respiró otra vez. La profesionalidad la abrazó como un viejo abrigo: sonrisa pulida, paso controlado, saludos precisos, un aura cálida que decía que todo estaba perfecto, cuando internamente grita y se desesperaba, muchos podrían decir que exageraban cuando los jóvenes decían que el celular era su todo, en el caso de Lilian, con una mala memoria y plena confianza en que jamas perdería su celular, si, era fin del mundo
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  • Parece que yo seré el villano de este cuento .
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  • No , tranquil@ esto no es nada para mi.
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  • ────
    Han sido dias agotadores,
    responsabilidades con un compromiso muy regulado, pero sobre todo.... muchos dilemas personales y una cirugía... a veces...desearía poder tener a alguien para hablar al respecto, sin embargo...es complicado, no cualquiera entiende mi transición.
    ──── Han sido dias agotadores, responsabilidades con un compromiso muy regulado, pero sobre todo.... muchos dilemas personales y una cirugía... a veces...desearía poder tener a alguien para hablar al respecto, sin embargo...es complicado, no cualquiera entiende mi transición.
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  • ❝ 𝑃𝑎𝑠𝑡 𝑀𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑒𝑠 ❞ — (𝟸𝟶𝟸𝟻)

    ──── 𝘛𝘰𝘥𝘢𝘷í𝘢 𝘳𝘦𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰 𝘢𝘲𝘶é𝘭 𝘥í𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘰𝘭𝘷í 𝘢 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘺 𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳. 𝘛𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘳𝘢 𝘵𝘢𝘯 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢ñ𝘰 𝘺 𝘵𝘢𝘯 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘶𝘴𝘰 𝘥𝘰𝘯𝘥𝘦 𝘯𝘪 𝘴𝘢𝘣í𝘢 𝘲𝘶𝘪é𝘯 𝘦𝘳𝘢 𝘺𝘰 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘯𝘪 𝘵𝘢𝘮𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘥𝘢𝘣𝘢 𝘢 𝘯𝘢𝘥𝘪𝘦. 𝘓𝘢 𝘤𝘪𝘤𝘢𝘵𝘳𝘪𝘻 𝘥𝘦 𝘮𝘪 𝘤𝘶𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘴𝘢𝘯ó, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘦𝘤𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘢𝘯 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘥𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘰 𝘺 𝘮𝘪𝘴 𝘣𝘳𝘢𝘻𝘰𝘴 𝘢 𝘱𝘦𝘴𝘢𝘳 𝘥𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘷𝘰𝘭𝘷𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘢 𝘴𝘶 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘯𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭. ────

    ──── 𝘌𝘭 𝘯𝘰 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘥𝘢𝘳 𝘺 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘦𝘯 𝘶𝘯 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘭𝘦𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝘢𝘭𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘱𝘦𝘤𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘦𝘴 𝘪𝘨𝘶𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘪𝘯𝘧𝘪𝘦𝘳𝘯𝘰; 𝘺 𝘦𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘺𝘰 𝘷𝘦𝘯𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘢𝘭𝘭í. ────
    ❝ 𝑃𝑎𝑠𝑡 𝑀𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑒𝑠 ❞ — (𝟸𝟶𝟸𝟻) ──── 𝘛𝘰𝘥𝘢𝘷í𝘢 𝘳𝘦𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰 𝘢𝘲𝘶é𝘭 𝘥í𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘰𝘭𝘷í 𝘢 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘺 𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳. 𝘛𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘳𝘢 𝘵𝘢𝘯 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢ñ𝘰 𝘺 𝘵𝘢𝘯 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘶𝘴𝘰 𝘥𝘰𝘯𝘥𝘦 𝘯𝘪 𝘴𝘢𝘣í𝘢 𝘲𝘶𝘪é𝘯 𝘦𝘳𝘢 𝘺𝘰 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘯𝘪 𝘵𝘢𝘮𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘥𝘢𝘣𝘢 𝘢 𝘯𝘢𝘥𝘪𝘦. 𝘓𝘢 𝘤𝘪𝘤𝘢𝘵𝘳𝘪𝘻 𝘥𝘦 𝘮𝘪 𝘤𝘶𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘴𝘢𝘯ó, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘦𝘤𝘦 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘢𝘯 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘥𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘰 𝘺 𝘮𝘪𝘴 𝘣𝘳𝘢𝘻𝘰𝘴 𝘢 𝘱𝘦𝘴𝘢𝘳 𝘥𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘷𝘰𝘭𝘷𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘢 𝘴𝘶 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘯𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭. ──── ──── 𝘌𝘭 𝘯𝘰 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘥𝘢𝘳 𝘺 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘦𝘯 𝘶𝘯 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘭𝘦𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝘢𝘭𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘱𝘦𝘤𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘦𝘴 𝘪𝘨𝘶𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘪𝘯𝘧𝘪𝘦𝘳𝘯𝘰; 𝘺 𝘦𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘺𝘰 𝘷𝘦𝘯𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘢𝘭𝘭í. ────
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  • —La parte que más disfruto de esas largas exploraciones para "limpiar" territorios, es esta, la paz que queda al acabar.
    —La parte que más disfruto de esas largas exploraciones para "limpiar" territorios, es esta, la paz que queda al acabar.
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  • Mi mente es incontrolable.
    La ira... la tristeza.
    ¡No puedo concentrarme!
    --Sus manos tiemblan y de repente truenos golpean un valle. La tierra se parte en dos...--
    Mi mente es incontrolable. La ira... la tristeza. ¡No puedo concentrarme! --Sus manos tiemblan y de repente truenos golpean un valle. La tierra se parte en dos...--
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