• Después de estar trabajando muchos días me gusta ir al sauna a relajarme.... Hmm se nota aún el top deportivo... Que mas da?
    Después de estar trabajando muchos días me gusta ir al sauna a relajarme.... Hmm se nota aún el top deportivo... Que mas da?
    Me encocora
    Me gusta
    7
    0 turnos 0 maullidos
  • Hotel Ruby, una joya invaluable. Soy un padre orgulloso al contemplarlo. Siempre lo amaré y lo consideraré mi hogar.
    Hotel Ruby, una joya invaluable. Soy un padre orgulloso al contemplarlo. Siempre lo amaré y lo consideraré mi hogar.
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • — Hazles creer que te agachas por una moneda de oro, que nadie sepa que te trono la rodilla.—
    — Hazles creer que te agachas por una moneda de oro, que nadie sepa que te trono la rodilla.—
    Me enjaja
    Me gusta
    Me encocora
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • No me lo explico. ¿Cómo pueden justificarse sin sentir, un gramo de culpa?. Que cara tan dura deben tener, que frío tiene que ser su corazón, que tan podrida tienen la cabeza para expresar lo siento, sin sentirlo de verdad.

    No me lo explico.
    Los que en verdad se disculpan tomaron distancia y no regresaron.

    Y los fingen hacerlo, persisten como hormigas excavando tierra de dónde no hay más que cenizas.

    ¿Con que propósito?.

    - Urano se hacía esas preguntas. Presenciando lo terrible del mundo, de su gente. Se rasco debajo del mentón, se sentía abrumado.-
    No me lo explico. ¿Cómo pueden justificarse sin sentir, un gramo de culpa?. Que cara tan dura deben tener, que frío tiene que ser su corazón, que tan podrida tienen la cabeza para expresar lo siento, sin sentirlo de verdad. No me lo explico. Los que en verdad se disculpan tomaron distancia y no regresaron. Y los fingen hacerlo, persisten como hormigas excavando tierra de dónde no hay más que cenizas. ¿Con que propósito?. - Urano se hacía esas preguntas. Presenciando lo terrible del mundo, de su gente. Se rasco debajo del mentón, se sentía abrumado.-
    Me gusta
    Me shockea
    Me entristece
    7
    4 turnos 0 maullidos
  • ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ 》ᴿᵒˡ ᵃᵇⁱᵉʳᵗᵒ
    ​El sol se alza sobre los edificios de hormigón y cristal, proyectando delgadas sombras a lo largo de una calle lateral. El aire aún conserva un ligero frío matutino, la calle está llena de vida: gente saliendo de cafeterías con tazas de cartón, perros tirando de sus correas, el murmullo de conversaciones triviales...​Irina vestida siempre de negro, con su densa melena azabache al viento y sus ojos grisáceos penetrantes pero ligeramente distraídos.
    Con un propósito silencioso, sus pasos son firmes y miden la distancia entre ella y su objetivo. Lleva un plano doblado en una mano y una foto de baja resolución en la otra, la imagen de un hombre de mediana edad, barba canosa y mirada huidiza, un experto en criptografía que se ha esfumado con información clasificada.
    ​Se detiene en un cruce, escudriñando los edificios de enfrente, ​Irina cae en cuenta que ha queddo justo frente a una pequeña cafetería, el cristal está empañado. Una mujer ríe dentro, su cabeza echada hacia atrás mientras le entrega un billete a la barista.
    ​Irina siente un impulso repentino, su misión es prioritaria, pero se permite desviarse.

    Entra en la cafetería.
    El calor la envuelve, la fila es corta. Irina observa cómo la barista, una joven con el cabello recogido descuidadamente, prepara un latte con movimientos precisos. El vapor sube, el sonido del molinillo y la leche espumándose es un ruido de fondo que de alguna manera le resulta profundamente extraño, ajeno

    ──Un americano grande - pide al llegar su turno
    ​La barista asiente, sin mirarla.
    ​Mientras espera, se recarga contra el mostrador. Saca su teléfono y revisa el plano: el área de búsqueda es amplia, densa, saturada. Pero su mirada se desvía, ​a su lado, un hombre de negocios, con el traje pulcro y un maletín de cuero, revisa las noticias en su tableta mientras da un sorbo a su café. En una mesa, una pareja joven discute planes para el fin de semana.

    ​Un recuerdo fugaz la golpea: ella, hace años, sentada en una mesa similar, leyendo un libro antes de ir a trabajar, saboreando el momento.
    ​La barista llama su nombre: "Alicia" (Por supuesto no daría el real, nunca se sabe quien escucha, quien la observa)
    ​Toma la taza humeante, el cartón caliente y ligeramente rugoso entre sus dedos y da un sorbo. El amargor oscuro y fuerte del café, el calor entrando en su cuerpo, es un ancla.
    ​Una sensación extraña y casi dolorosa la invade...​Mira a su alrededor, a la gente inmersa en sus pequeñas rutinas. El ir y venir. La normalidad.
    ​Una opresión fría se instala en su pecho. Se siente como una turista en un país que solía ser su hogar. Sus motivos son grandes, sus responsabilidades vitales, pero aquí, en este burbujeo de lo cotidiano, es una pieza fuera de lugar. Su rutina es el secretismo, la alerta constante, el no ser vista. Su café es una pausa forzada, no un ritual.
    ​El hombre de la foto en su bolsillo parece ahora un fantasma, una excusa para no ser parte de esto.

    ── La rutina… el privilegio de la normalidad, la olvidé. - dijo para sí en un susurro
    ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ 》ᴿᵒˡ ᵃᵇⁱᵉʳᵗᵒ ​El sol se alza sobre los edificios de hormigón y cristal, proyectando delgadas sombras a lo largo de una calle lateral. El aire aún conserva un ligero frío matutino, la calle está llena de vida: gente saliendo de cafeterías con tazas de cartón, perros tirando de sus correas, el murmullo de conversaciones triviales...​Irina vestida siempre de negro, con su densa melena azabache al viento y sus ojos grisáceos penetrantes pero ligeramente distraídos. Con un propósito silencioso, sus pasos son firmes y miden la distancia entre ella y su objetivo. Lleva un plano doblado en una mano y una foto de baja resolución en la otra, la imagen de un hombre de mediana edad, barba canosa y mirada huidiza, un experto en criptografía que se ha esfumado con información clasificada. ​Se detiene en un cruce, escudriñando los edificios de enfrente, ​Irina cae en cuenta que ha queddo justo frente a una pequeña cafetería, el cristal está empañado. Una mujer ríe dentro, su cabeza echada hacia atrás mientras le entrega un billete a la barista. ​Irina siente un impulso repentino, su misión es prioritaria, pero se permite desviarse. Entra en la cafetería. El calor la envuelve, la fila es corta. Irina observa cómo la barista, una joven con el cabello recogido descuidadamente, prepara un latte con movimientos precisos. El vapor sube, el sonido del molinillo y la leche espumándose es un ruido de fondo que de alguna manera le resulta profundamente extraño, ajeno ──Un americano grande - pide al llegar su turno ​La barista asiente, sin mirarla. ​Mientras espera, se recarga contra el mostrador. Saca su teléfono y revisa el plano: el área de búsqueda es amplia, densa, saturada. Pero su mirada se desvía, ​a su lado, un hombre de negocios, con el traje pulcro y un maletín de cuero, revisa las noticias en su tableta mientras da un sorbo a su café. En una mesa, una pareja joven discute planes para el fin de semana. ​Un recuerdo fugaz la golpea: ella, hace años, sentada en una mesa similar, leyendo un libro antes de ir a trabajar, saboreando el momento. ​La barista llama su nombre: "Alicia" (Por supuesto no daría el real, nunca se sabe quien escucha, quien la observa) ​Toma la taza humeante, el cartón caliente y ligeramente rugoso entre sus dedos y da un sorbo. El amargor oscuro y fuerte del café, el calor entrando en su cuerpo, es un ancla. ​Una sensación extraña y casi dolorosa la invade...​Mira a su alrededor, a la gente inmersa en sus pequeñas rutinas. El ir y venir. La normalidad. ​Una opresión fría se instala en su pecho. Se siente como una turista en un país que solía ser su hogar. Sus motivos son grandes, sus responsabilidades vitales, pero aquí, en este burbujeo de lo cotidiano, es una pieza fuera de lugar. Su rutina es el secretismo, la alerta constante, el no ser vista. Su café es una pausa forzada, no un ritual. ​El hombre de la foto en su bolsillo parece ahora un fantasma, una excusa para no ser parte de esto. ​ ── La rutina… el privilegio de la normalidad, la olvidé. - dijo para sí en un susurro
    Me gusta
    Me encocora
    7
    31 turnos 0 maullidos
  • //Escena abierta a rol individual//

    No es el momento ni el lugar...

    En las noches sin luna, cuando las sombras se funden con el silencio, el mal se oculta tras aquello que parece inofensivo.

    El zorro, esta vez sin su habitual rostro amable, hace acto de presencia. No con malas intenciones, sino como el rostro visible de una advertencia ancestral: un presagio que insta al caminante a retroceder.

    —Hoy es una noche sin luna... No sigas, o tu alma se perderá en la oscuridad —su voz resonó grave, espectral, como un eco surgido del más allá.

    La figura del zorro, envuelta en penumbra, anunciaba un peligro inminente. A veces, las palabras suaves no bastan; y el miedo, por más cruel que parezca, puede ser la única salvación para apartar a los mortales de un destino sin retorno.

    //Es el mes de Halloween. Tocan post tenebrosos//
    //Escena abierta a rol individual// No es el momento ni el lugar... En las noches sin luna, cuando las sombras se funden con el silencio, el mal se oculta tras aquello que parece inofensivo. El zorro, esta vez sin su habitual rostro amable, hace acto de presencia. No con malas intenciones, sino como el rostro visible de una advertencia ancestral: un presagio que insta al caminante a retroceder. —Hoy es una noche sin luna... No sigas, o tu alma se perderá en la oscuridad —su voz resonó grave, espectral, como un eco surgido del más allá. La figura del zorro, envuelta en penumbra, anunciaba un peligro inminente. A veces, las palabras suaves no bastan; y el miedo, por más cruel que parezca, puede ser la única salvación para apartar a los mortales de un destino sin retorno. //Es el mes de Halloween. Tocan post tenebrosos//
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    7
    12 turnos 0 maullidos
  • Los primeros pergaminos escritos del grimorio de 𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 para tener más a mano en combate.
    Los primeros pergaminos escritos del grimorio de [Ayane_Ishtar] para tener más a mano en combate.
    Me encocora
    2
    1 turno 0 maullidos
  • Ella se pensaba que él no era capaz de atreverse a hacerlo, él que no tenía ni pizca de vergüenza lo hizo. — Una vez más.— Siempre decía que el maquillaje no servía para nada, que ella al natural era una octava maravilla. Y le dio otra lección. El amor es ciego, pero el colorete deja huella.Habia aprendido a usar esas brochas, esos coloretes, ese pintalabios...

    — Ahora la diva soy yo.

    Ella se pensaba que él no era capaz de atreverse a hacerlo, él que no tenía ni pizca de vergüenza lo hizo. — Una vez más.— Siempre decía que el maquillaje no servía para nada, que ella al natural era una octava maravilla. Y le dio otra lección. El amor es ciego, pero el colorete deja huella.Habia aprendido a usar esas brochas, esos coloretes, ese pintalabios... — Ahora la diva soy yo.
    Me enjaja
    Me gusta
    Me encocora
    8
    5 turnos 0 maullidos
  • Quiero ponerme estas pinzas de cabello en mis púas para que disimulen mi caspa un poco.
    Quiero ponerme estas pinzas de cabello en mis púas para que disimulen mi caspa un poco.
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • -ylva estaba en una mision especial , por su habilidades no solo de pilar si no de conocimiento y mucho que evitaba esto lo hacia por ordenes de patron-

    Respiracion del hielo
    Sexta postura : dragon helado!

    -asi cortando la cabeza a un demonio que estaba atacando la aldea-
    -ylva estaba en una mision especial , por su habilidades no solo de pilar si no de conocimiento y mucho que evitaba esto lo hacia por ordenes de patron- Respiracion del hielo Sexta postura : dragon helado! -asi cortando la cabeza a un demonio que estaba atacando la aldea-
    0 turnos 0 maullidos
Patrocinados