• El trabajo en el bar es pesado, toda la noche de aquí para allá lidiando con borrachos pesados a cada rato, un compañero hijo de puta que me deja 2 horas diarias cubriéndolo para irse a fumar al callejón de al lado con su estúpida excusa "Es que ya me estrese" anda al psicólogo.

    De todas maneras mi calma llega cuando 5 minutos antes de las 2 de la noche el jefe me llama al pequeño escenario, me da un micrófono y el chico de sonido me pone mis canciones favoritas, las miradas van hacia mi, bajan sus tragos para escucharme cantar y siempre sin falta alguna llegan los aplausos, aún que sea por solo un momento me da la relajación necesaria para seguir con la noche, llegar a casa a mi escenario privado, una ducha fría y placentera, mi cama y a dormir.
    El trabajo en el bar es pesado, toda la noche de aquí para allá lidiando con borrachos pesados a cada rato, un compañero hijo de puta que me deja 2 horas diarias cubriéndolo para irse a fumar al callejón de al lado con su estúpida excusa "Es que ya me estrese" anda al psicólogo. De todas maneras mi calma llega cuando 5 minutos antes de las 2 de la noche el jefe me llama al pequeño escenario, me da un micrófono y el chico de sonido me pone mis canciones favoritas, las miradas van hacia mi, bajan sus tragos para escucharme cantar y siempre sin falta alguna llegan los aplausos, aún que sea por solo un momento me da la relajación necesaria para seguir con la noche, llegar a casa a mi escenario privado, una ducha fría y placentera, mi cama y a dormir.
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  • Elizabeth se apoyó contra la madera de la puerta de su alcoba, con la espalda y el vientre aún conservando un calor residual que parecía una traición a su propia lógica.

    ​Estaba sola.

    Caminó hacia el centro de la estancia con la elegancia fracturada. Sus pies descalzos sentían la suavidad de las alfombras, un contraste doloroso con la piedra fría y la harina que había cubierto sus pies minutos antes.
    Sin darse cuenta quedó frente al gran espejo de bronce, lo que vio la dejó sin aliento.
    ​No era solo el desorden, era la mirada...Sus ojos rojos, habitualmente gélidos y calculadores, conservaban un brillo febril, una neblina de lujuria que no terminaba de disiparse. Se despojó de los jirones de su túnica con dedos temblorosos.​Había marcas de dedos en sus muslos, el rastro de los colmillos en su cuello

    ​✴ ─¿Qué has hecho Elizabeth? —susurró para sí misma, y su voz dulce y rasgada, todavía sonaba a esa mujer que habia sido protagonista esa madrugada.

    ​Se acercó a la palangana de agua y empezó a lavarse con una urgencia casi violenta. Necesitaba quitarse el olor a madera chamuscada, a especias y, sobre todo, el aroma del Kitsune que parecía haber saturado sus poros.

    ​Se sentó en su cama sin una pizca de sueño consciente de que la verdadera batalla no sería contra sus enemigos externos, sino contra la necesidad hambrienta de volver a esa oscuridad viciada para sentirse una vez más, simplemente una mujer frente a su igual.

    ​Había probado la fruta prohibida, y el sabor todavía permanecía en su lengua como una promesa de perdición.

    ──────────
    Epílogo de https://ficrol.com/posts/364285
    Elizabeth se apoyó contra la madera de la puerta de su alcoba, con la espalda y el vientre aún conservando un calor residual que parecía una traición a su propia lógica. ​Estaba sola. Caminó hacia el centro de la estancia con la elegancia fracturada. Sus pies descalzos sentían la suavidad de las alfombras, un contraste doloroso con la piedra fría y la harina que había cubierto sus pies minutos antes. Sin darse cuenta quedó frente al gran espejo de bronce, lo que vio la dejó sin aliento. ​No era solo el desorden, era la mirada...Sus ojos rojos, habitualmente gélidos y calculadores, conservaban un brillo febril, una neblina de lujuria que no terminaba de disiparse. Se despojó de los jirones de su túnica con dedos temblorosos.​Había marcas de dedos en sus muslos, el rastro de los colmillos en su cuello ​✴ ─¿Qué has hecho Elizabeth? —susurró para sí misma, y su voz dulce y rasgada, todavía sonaba a esa mujer que habia sido protagonista esa madrugada. ​Se acercó a la palangana de agua y empezó a lavarse con una urgencia casi violenta. Necesitaba quitarse el olor a madera chamuscada, a especias y, sobre todo, el aroma del Kitsune que parecía haber saturado sus poros. ​ ​Se sentó en su cama sin una pizca de sueño consciente de que la verdadera batalla no sería contra sus enemigos externos, sino contra la necesidad hambrienta de volver a esa oscuridad viciada para sentirse una vez más, simplemente una mujer frente a su igual. ​Había probado la fruta prohibida, y el sabor todavía permanecía en su lengua como una promesa de perdición. ────────── Epílogo de https://ficrol.com/posts/364285
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  • Debes ser mas cuidadoso kalim, sabes que no estare siempre alli para cuidarte tus espaldas .... no seas decuidado
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  • — Tengo que verme bien en todo momento. Incluso en el campo de batalla
    — Tengo que verme bien en todo momento. Incluso en el campo de batalla
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  • Está vez una sugerencia de Caine fue tomaba. Todos los integrantes del Circo Digital se encontraban en el lago digital, cada uno hacia lo que más le apetecía.

    Hinata se encontraba en el agua disfrutando del sol y de la frescura que la abrazaba.

    —¡Caine! ¿Qué hace allí arriba? ¿Por qué no baja con nosotros?
    Está vez una sugerencia de [C41NE] fue tomaba. Todos los integrantes del Circo Digital se encontraban en el lago digital, cada uno hacia lo que más le apetecía. Hinata se encontraba en el agua disfrutando del sol y de la frescura que la abrazaba. —¡Caine! ¿Qué hace allí arriba? ¿Por qué no baja con nosotros?
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  • Konkon, de vez en cuando debo vestirme como la deidad que soy. ¿Que tal luzco, hm? ¡Mas vale que tengas cosas bonitas a decir!
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  • — Quién lo diría, un abrazo tuyo podría bastar para mejorarme el día. No necesito algo más.
    — Quién lo diría, un abrazo tuyo podría bastar para mejorarme el día. No necesito algo más.
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  • — Ehm... Supongo que esto significa que no habrá segunda cita, ¿verdad? —

    El chico que había aceptado salir con Antimony huyó despavorido, luego de que ella tuviera la brillantísima idea de arrancarse el brazo para sacar el móvil de él de una alcantarilla.

    Se recostó bajo un árbol, mirando al cielo e intentando ignorar los murmullos y miradas de quienes iban pasando.

    — *Sigh*. —
    — Ehm... Supongo que esto significa que no habrá segunda cita, ¿verdad? — El chico que había aceptado salir con Antimony huyó despavorido, luego de que ella tuviera la brillantísima idea de arrancarse el brazo para sacar el móvil de él de una alcantarilla. Se recostó bajo un árbol, mirando al cielo e intentando ignorar los murmullos y miradas de quienes iban pasando. — *Sigh*. —
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  • Es bueno que un hombre sea ambicioso.
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  • —...Entonces él me dijo "no, por favor, señor cobrador, le prometo que la próxima semana, sin falta lo tengo". Yo respondí "sólo te pedí la hora, bro", y se desmayó.

    Y esa es la historia del por qué me gustan las madres solteras... Espera, ¿de qué estábamos hablando? (?)
    —...Entonces él me dijo "no, por favor, señor cobrador, le prometo que la próxima semana, sin falta lo tengo". Yo respondí "sólo te pedí la hora, bro", y se desmayó. Y esa es la historia del por qué me gustan las madres solteras... Espera, ¿de qué estábamos hablando? (?)
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