• -Sentada sobre las raices de un árbol. Unas cuantas lágrimas caen de los ojos de la roedora al recordar personas que ya no están a su lado.-
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  • — Espero poder cuidarte y protegerte mejor.
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  • //Escena abierta para rol Individual//

    Kazuo descendía la montaña para pisar la población en muy contadas ocasiones. Prefería estar en su templo o recorriendo el bosque del Monte Inari de norte a sur.

    Aquella tarde bajó por que necesitaba de algunas provisiones de bien fresco; verduras, especias, queso... Aunque vivía de una forma casi autosostenible, en ocasiones necesitaba un extra para su día a día.

    El zorro en siglos de aprendizaje había dominado el arte de la medicina natural. A él no le hacía falta, pero era un buen método con el que poder sacar recursos en intercambios o trabajos. Ya fuera dinero o víveres, lo que fuera para poder vivir.

    Ya caía el Sol cuando el demonio, en su disfraz mundano, había terminado sus tareas. Se disponía a ir de vuelta cuando sintió como unas gotas de agua helaban su coronilla. Pronto, en apenas unos segundos, el cielo rompería en llanto.

    Para él la lluvia no era un problema. Pero no quería que se mojaran unas hierbas secas que acababa de adquirir para preparar algunos engüentos.

    Una pequeña posada, antigua, a la salida de Kyoto era el único refugio a mano en el que se pudo cobijar. A pesar de haber pocas personas, el silencio se hizo aún más presente en cuanto Kazuo entró por la puerta. Las miradas indiscretas no se hicieron de esperar. Kazuo, acostumbrado a que su aspecto generase todo tipo de opiniones; tanto buenas como malas, saludó a la mesera con un gesto suave de cabeza ignorando al resto.

    No tuvo que quitarse sandalias, por que él siempre iba descalzo, y aún así, sus pies lucían impecables. Se dirigió hacia la mesa más alejada del local, una que daba a una de las ventanas. Segundos más tarde llegó la mesera. Una chica joven, de generosas proporciones y rostro dulce.

    ~ Buenas se...señor. Que le podemos ofrecer~ Decía esta con claro nerviosismo, abrumada por la belleza salvaje de Kazuo.

    - Tomaré sake.... Una botella por favor...- Le dijo con ese gesto estoico que tanto le caracterizaba.

    Esta se inclinó varias veces al tiempo que un "si señor, ahora mismo" se escapaba nervioso de sus labios rosados. Al darse la vuelta la joven Kazuo sonrió, no con mofa, si no con cierta ternura.

    En menos de lo que esperaba la joven le trajo la botella de sake acompañado de un vaso. El primer servicio se lo hizo ella, pero es resto fué el mismo Kazuo quien se servía a sí mismo.
    //Escena abierta para rol Individual// Kazuo descendía la montaña para pisar la población en muy contadas ocasiones. Prefería estar en su templo o recorriendo el bosque del Monte Inari de norte a sur. Aquella tarde bajó por que necesitaba de algunas provisiones de bien fresco; verduras, especias, queso... Aunque vivía de una forma casi autosostenible, en ocasiones necesitaba un extra para su día a día. El zorro en siglos de aprendizaje había dominado el arte de la medicina natural. A él no le hacía falta, pero era un buen método con el que poder sacar recursos en intercambios o trabajos. Ya fuera dinero o víveres, lo que fuera para poder vivir. Ya caía el Sol cuando el demonio, en su disfraz mundano, había terminado sus tareas. Se disponía a ir de vuelta cuando sintió como unas gotas de agua helaban su coronilla. Pronto, en apenas unos segundos, el cielo rompería en llanto. Para él la lluvia no era un problema. Pero no quería que se mojaran unas hierbas secas que acababa de adquirir para preparar algunos engüentos. Una pequeña posada, antigua, a la salida de Kyoto era el único refugio a mano en el que se pudo cobijar. A pesar de haber pocas personas, el silencio se hizo aún más presente en cuanto Kazuo entró por la puerta. Las miradas indiscretas no se hicieron de esperar. Kazuo, acostumbrado a que su aspecto generase todo tipo de opiniones; tanto buenas como malas, saludó a la mesera con un gesto suave de cabeza ignorando al resto. No tuvo que quitarse sandalias, por que él siempre iba descalzo, y aún así, sus pies lucían impecables. Se dirigió hacia la mesa más alejada del local, una que daba a una de las ventanas. Segundos más tarde llegó la mesera. Una chica joven, de generosas proporciones y rostro dulce. ~ Buenas se...señor. Que le podemos ofrecer~ Decía esta con claro nerviosismo, abrumada por la belleza salvaje de Kazuo. - Tomaré sake.... Una botella por favor...- Le dijo con ese gesto estoico que tanto le caracterizaba. Esta se inclinó varias veces al tiempo que un "si señor, ahora mismo" se escapaba nervioso de sus labios rosados. Al darse la vuelta la joven Kazuo sonrió, no con mofa, si no con cierta ternura. En menos de lo que esperaba la joven le trajo la botella de sake acompañado de un vaso. El primer servicio se lo hizo ella, pero es resto fué el mismo Kazuo quien se servía a sí mismo.
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  • ~𝓒𝓮𝓵𝓲𝓵𝓲𝓱 𝔂 𝔂𝓸 𝓵𝓮𝓼 𝓭𝓮𝓼𝓮𝓪𝓶𝓸𝓼 𝓾𝓷 𝓯𝓮𝓵𝓲𝔃 𝓯𝓲𝓷 𝓭𝓮 𝓼𝓮𝓶𝓪𝓷𝓪 ~ 𝓢𝓮 𝓱𝓪𝓬𝓮 𝓫𝓸𝓵𝓲𝓽𝓪 𝓭𝓮 𝓵𝓪 𝓹𝓮𝓷𝓪

    #SeductiveSunday
    ~𝓒𝓮𝓵𝓲𝓵𝓲𝓱 𝔂 𝔂𝓸 𝓵𝓮𝓼 𝓭𝓮𝓼𝓮𝓪𝓶𝓸𝓼 𝓾𝓷 𝓯𝓮𝓵𝓲𝔃 𝓯𝓲𝓷 𝓭𝓮 𝓼𝓮𝓶𝓪𝓷𝓪 ~ 𝓢𝓮 𝓱𝓪𝓬𝓮 𝓫𝓸𝓵𝓲𝓽𝓪 𝓭𝓮 𝓵𝓪 𝓹𝓮𝓷𝓪 #SeductiveSunday :STK-26:
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  • No importa que siglo este siempre es la misma soledad mi interior .
    No importa que siglo este siempre es la misma soledad mi interior .
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  • Capítulo IV: El Templo del Bosque y el Legado de Lidica

    El grupo se dirige al último templo elemental: el Templo del Bosque, oculto en el corazón del Bosque de los Ancestros. Este lugar fue el santuario de Lidica. Aquí entrenó. Aquí prometió proteger. Y aquí… fue enterrado su recuerdo.

    Sira comienza a tener sueños más intensos. Ve a Lidica en sus últimos momentos, no como guerrera, sino como hermana. El vínculo emocional se vuelve tan fuerte que su magia comienza a cambiar: ya no solo manipula el viento, sino que lo escucha.

    En el centro del templo, el grupo encuentra un altar cubierto de raíces vivas. Al tocarlo, Sira entra en trance. Ve a Lidica enfrentando al Señor de las Sombras, sabiendo que no sobrevivirá. Pero también ve su decisión: no luchar por poder, sino por proteger a Yukine.

    Sira despierta. Y el fragmento se libera. Esta vez, no brilla. Vibra.

    Desde las raíces emerge el Portador de la Sangre, un emisario que manipula emociones como armas. Su magia provoca dolor físico a través de recuerdos. Cada herida que inflige es una culpa revivida.
    • Kael se desmaya al ver a Yukine fallar.
    • Tharos se arrodilla, sintiendo que mató a su familia.
    • Elen se encierra en una barrera, temiendo que su magia solo destruye.
    • Sira, guiada por el fragmento, se enfrenta al enemigo con una voluntad que no puede ser corrompida.
    La batalla es brutal. Pero al final, el Portador de la Sangre es derrotado. Y el templo… florece.

    Con los cuatro fragmentos reunidos, el grupo regresa al Templo de la Luz Silente, donde el Amuleto del Destino fue sellado. Kael, ahora más maduro, comienza a entender que no deben usar el Amuleto como arma… sino como llave.
    Elen purifica los fragmentos. Tharos estabiliza la energía.

    Sira canaliza el vínculo. Y Kael, guiado por el eco de Yukine, comienza a reconstruir el Amuleto.

    Pero el cielo se oscurece. El Señor de las Sombras ha sentido el cambio. Y esta vez… no enviará emisarios.
    Capítulo IV: El Templo del Bosque y el Legado de Lidica El grupo se dirige al último templo elemental: el Templo del Bosque, oculto en el corazón del Bosque de los Ancestros. Este lugar fue el santuario de Lidica. Aquí entrenó. Aquí prometió proteger. Y aquí… fue enterrado su recuerdo. Sira comienza a tener sueños más intensos. Ve a Lidica en sus últimos momentos, no como guerrera, sino como hermana. El vínculo emocional se vuelve tan fuerte que su magia comienza a cambiar: ya no solo manipula el viento, sino que lo escucha. En el centro del templo, el grupo encuentra un altar cubierto de raíces vivas. Al tocarlo, Sira entra en trance. Ve a Lidica enfrentando al Señor de las Sombras, sabiendo que no sobrevivirá. Pero también ve su decisión: no luchar por poder, sino por proteger a Yukine. Sira despierta. Y el fragmento se libera. Esta vez, no brilla. Vibra. Desde las raíces emerge el Portador de la Sangre, un emisario que manipula emociones como armas. Su magia provoca dolor físico a través de recuerdos. Cada herida que inflige es una culpa revivida. • Kael se desmaya al ver a Yukine fallar. • Tharos se arrodilla, sintiendo que mató a su familia. • Elen se encierra en una barrera, temiendo que su magia solo destruye. • Sira, guiada por el fragmento, se enfrenta al enemigo con una voluntad que no puede ser corrompida. La batalla es brutal. Pero al final, el Portador de la Sangre es derrotado. Y el templo… florece. Con los cuatro fragmentos reunidos, el grupo regresa al Templo de la Luz Silente, donde el Amuleto del Destino fue sellado. Kael, ahora más maduro, comienza a entender que no deben usar el Amuleto como arma… sino como llave. Elen purifica los fragmentos. Tharos estabiliza la energía. Sira canaliza el vínculo. Y Kael, guiado por el eco de Yukine, comienza a reconstruir el Amuleto. Pero el cielo se oscurece. El Señor de las Sombras ha sentido el cambio. Y esta vez… no enviará emisarios.
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  • — Este era el único camino posible, esta era la elección correcta y se siente tan pesado que la palabra paz solo es un sueño.
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  • 𝒞 assandra tuvo que aceptar, a la fuerza, las vacaciones que le ofrecieron por parte de su organización. Su forma había presentado inestabilidad y temían que se volviera violenta con sus semejantes. Por ello, con maleta en mano, la mujer tomó un avión rumbo a Asia para asistir a un retiro espiritual.
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    Si antes su cabellera rubia era el centro de atención, lo era aún más el nuevo tono jade que había adoptado tras su —casi— transformación. Incluso su hábito fue guardado hasta que volviera a la normalidad.
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    En el tren, camino a su destino, ella evita la mirada curiosa de un grupo de infantes, mientras ignora la expresión de desaprobación de los más longevos.
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    𝒞 assandra tuvo que aceptar, a la fuerza, las vacaciones que le ofrecieron por parte de su organización. Su forma había presentado inestabilidad y temían que se volviera violenta con sus semejantes. Por ello, con maleta en mano, la mujer tomó un avión rumbo a Asia para asistir a un retiro espiritual. ‎ ‎‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ Si antes su cabellera rubia era el centro de atención, lo era aún más el nuevo tono jade que había adoptado tras su —casi— transformación. Incluso su hábito fue guardado hasta que volviera a la normalidad. ‎ ‎‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ En el tren, camino a su destino, ella evita la mirada curiosa de un grupo de infantes, mientras ignora la expresión de desaprobación de los más longevos. ‎ ‎‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ — ...
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  • -pasear por las tardes atra vez de los bosques torcidos es una eperiencia bastante relajante, aunque eh de admitir que me sorprende encontrar otros exploradores en este bosque perdido entre naciones-

    Recomendado escuchar en este rol: https://music.youtube.com/watch?v=Voiey-TriJY&si=hxEF-X6Xw-euE96-
    -pasear por las tardes atra vez de los bosques torcidos es una eperiencia bastante relajante, aunque eh de admitir que me sorprende encontrar otros exploradores en este bosque perdido entre naciones- Recomendado escuchar en este rol: https://music.youtube.com/watch?v=Voiey-TriJY&si=hxEF-X6Xw-euE96-
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  • Crónicas del Olvido — Capítulo III: El Templo del Agua y el Primer Emisario

    Tras la purificación del Templo de Ceniza, el grupo se dirige hacia las ruinas sumergidas de Nymar, donde se encuentra el Templo del Agua, ahora hundido bajo un lago corrompido por la magia oscura. Elen siente una conexión profunda con este lugar: su linaje druídico proviene de las guardianas del agua, y su magia comienza a reaccionar incluso antes de llegar.

    Pero el lago no está vacío. Criaturas líquidas, deformadas por la corrupción, acechan bajo la superficie. El grupo debe descender con cuidado, usando una combinación de magia de aire y raíces para crear una burbuja de protección.

    Dentro del templo, Elen comienza a recordar fragmentos de su infancia: cantos antiguos, rituales de purificación, y una voz que le hablaba desde el agua. Al tocar el altar central, una corriente de energía la envuelve. No es agresiva. Es ancestral.

    Elen entra en trance. Ve a Lidica, no como guerrera, sino como protectora. La visión le revela que el agua no solo limpia… también guarda. Y que el fragmento del Amuleto aquí presente está sellado por una memoria que solo puede ser liberada por alguien que no busca poder, sino equilibrio.
    Elen despierta. Y el fragmento se libera.

    Pero el templo tiembla. Desde las profundidades del lago emerge una figura encapuchada: el Emisario del Vacío, un sirviente directo del Señor de las Sombras. Su cuerpo está formado por agua oscura, y su magia no tiene forma: distorsiona el entorno, altera la percepción, y convierte los recuerdos en armas.
    • Kael comienza a ver visiones de Yukine muriendo una y otra vez.
    • Sira se paraliza al ver a Lidica traicionándola.
    • Tharos pierde el control, incendiando parte del templo.
    • Elen, con el fragmento recién despertado, canaliza una onda de purificación que estabiliza el grupo.

    La batalla es caótica. El Emisario se mueve como líquido, atacando desde todas direcciones. Pero Kael, guiado por el fragmento, logra conjurar un hechizo de “Anclaje de Realidad”, que fija la percepción del grupo y permite que Sira lo atraviese con una ráfaga de viento cortante.

    El Emisario se disuelve. Pero no sin dejar una advertencia:

    “El Señor ya se ha levantado. Y ustedes… llegarán tarde.”

    Crónicas del Olvido — Capítulo III: El Templo del Agua y el Primer Emisario Tras la purificación del Templo de Ceniza, el grupo se dirige hacia las ruinas sumergidas de Nymar, donde se encuentra el Templo del Agua, ahora hundido bajo un lago corrompido por la magia oscura. Elen siente una conexión profunda con este lugar: su linaje druídico proviene de las guardianas del agua, y su magia comienza a reaccionar incluso antes de llegar. Pero el lago no está vacío. Criaturas líquidas, deformadas por la corrupción, acechan bajo la superficie. El grupo debe descender con cuidado, usando una combinación de magia de aire y raíces para crear una burbuja de protección. Dentro del templo, Elen comienza a recordar fragmentos de su infancia: cantos antiguos, rituales de purificación, y una voz que le hablaba desde el agua. Al tocar el altar central, una corriente de energía la envuelve. No es agresiva. Es ancestral. Elen entra en trance. Ve a Lidica, no como guerrera, sino como protectora. La visión le revela que el agua no solo limpia… también guarda. Y que el fragmento del Amuleto aquí presente está sellado por una memoria que solo puede ser liberada por alguien que no busca poder, sino equilibrio. Elen despierta. Y el fragmento se libera. Pero el templo tiembla. Desde las profundidades del lago emerge una figura encapuchada: el Emisario del Vacío, un sirviente directo del Señor de las Sombras. Su cuerpo está formado por agua oscura, y su magia no tiene forma: distorsiona el entorno, altera la percepción, y convierte los recuerdos en armas. • Kael comienza a ver visiones de Yukine muriendo una y otra vez. • Sira se paraliza al ver a Lidica traicionándola. • Tharos pierde el control, incendiando parte del templo. • Elen, con el fragmento recién despertado, canaliza una onda de purificación que estabiliza el grupo. La batalla es caótica. El Emisario se mueve como líquido, atacando desde todas direcciones. Pero Kael, guiado por el fragmento, logra conjurar un hechizo de “Anclaje de Realidad”, que fija la percepción del grupo y permite que Sira lo atraviese con una ráfaga de viento cortante. El Emisario se disuelve. Pero no sin dejar una advertencia: “El Señor ya se ha levantado. Y ustedes… llegarán tarde.”
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