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El último barco navega sobre las hortalizas; tus ruegos somnolientos; si es al pastar la ansiedad concisa; tersa a tus dientes de entretejida caries, y, sobrepensarías como yo en el cómo, la majestad de esas orillas.
Guiarían al color de esa, tu sonrisa, hacia mis aromas crecientes, esas de álgidas minorías. Sobreestimadas.
Y si yo predispuesto me hallaría, no habría quién gobierne a este eje de nupcial eco, porque si el que gobierna la osadía de los cascos, fuese el espejismo en el que reflejas lo pútrido de tus álmicos cimientos.
Serías lo que es escarmentado desde el averno de los sesgos a lo más álgido del firmamento; de esos se que tejen y ríen, entre los elíseos en el que te explayas como el más horadado.
Malnacido. Un huso horario de hurtos.
El último barco navega sobre las hortalizas; tus ruegos somnolientos; si es al pastar la ansiedad concisa; tersa a tus dientes de entretejida caries, y, sobrepensarías como yo en el cómo, la majestad de esas orillas.
Guiarían al color de esa, tu sonrisa, hacia mis aromas crecientes, esas de álgidas minorías. Sobreestimadas.
Y si yo predispuesto me hallaría, no habría quién gobierne a este eje de nupcial eco, porque si el que gobierna la osadía de los cascos, fuese el espejismo en el que reflejas lo pútrido de tus álmicos cimientos.
Serías lo que es escarmentado desde el averno de los sesgos a lo más álgido del firmamento; de esos se que tejen y ríen, entre los elíseos en el que te explayas como el más horadado.
Malnacido. Un huso horario de hurtos.
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El último barco navega sobre las hortalizas; tus ruegos somnolientos; si es al pastar la ansiedad concisa; tersa a tus dientes de entretejida caries, y, sobrepensarías como yo en el cómo, la majestad de esas orillas.
Guiarían al color de esa, tu sonrisa, hacia mis aromas crecientes, esas de álgidas minorías. Sobreestimadas.
Y si yo predispuesto me hallaría, no habría quién gobierne a este eje de nupcial eco, porque si el que gobierna la osadía de los cascos, fuese el espejismo en el que reflejas lo pútrido de tus álmicos cimientos.
Serías lo que es escarmentado desde el averno de los sesgos a lo más álgido del firmamento; de esos se que tejen y ríen, entre los elíseos en el que te explayas como el más horadado.
Malnacido. Un huso horario de hurtos.