• Ser una rubia romántica y enamoradiza es algo complicado... en especial cuando eres soltera... pero bueno, ¿qué se puede hacer? ¡Hay que disfrutar de la vida!
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  • https://www.youtube.com/watch?v=0hGENevbkMk

    Podré tener un día horrible, pero si oigo esta canción se alegra. (?)
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  • Crónicas del Olvido - Epilogo: El Último Portador

    El Corazón del Vacío colapsó. El Señor de las Sombras no explotó ni se desintegró. Simplemente… dejó de existir. Como si nunca hubiera estado allí.
    Kael, de pie en el centro, con el Amuleto del Destino completo en sus manos, cayó de rodillas.
    No por dolor. Por todo lo que había perdido.

    El Templo del Viento – En honor a Sira
    Cada año, Kael regresa al Templo del Viento. No entra. Se sienta en la entrada, donde la corriente aún canta.
    Saca la daga de Sira, la coloca sobre una piedra pulida por el tiempo, y espera.

    Kael (en voz baja): “El viento no se detiene. Solo cambia de dirección.”

    Las hojas giran. El aire se arremolina. Y Kael escucha, sin buscar respuestas. Solo presencia.

    El Templo de Ceniza – En honor a Tharos
    En Aeloria, Kael camina entre campos que florecen con fuego controlado. En el altar del templo, coloca la piedra incandescente.
    El calor no quema. Abraza.

    Kael: “Tu fuego no destruyó. Iluminó lo que no queríamos ver.”

    El templo vibra. Las llamas bailan sin consumir. Y Kael se queda hasta que el sol se oculta.

    El Templo del Bosque – En honor a Elen

    En el corazón del Bosque de los Ancestros, Kael encuentra el árbol que creció donde Elen cayó. En sus ramas, flores que solo brotan en primavera.

    Kael coloca la flor que recogió aquel día en una raíz expuesta, y se sienta.

    Kael: “Tu memoria no se perdió. Se convirtió en raíz.”

    El árbol susurra. Las criaturas mágicas se acercan. Y Kael permanece, sin magia. Solo con manos temblorosas.

    Kael no fundó academias. No lideró reinos. Viajó solo, llevando el Amuleto en una caja tallada por él mismo, sin hechizos. Solo con intención.
    En el Templo de la Luz Silente, dejó el Amuleto y su libro: Crónicas del Olvido.

    “No somos el final. Somos el comienzo.”


    Kael desapareció. Nadie lo buscó. Porque sabían que su historia… ya estaba completa.

    Pero en cada rincón, en cada flor, en cada corriente de viento, se siente el eco de una promesa:

    “La luz no muere. Solo espera.”



    Crónicas del Olvido - Epilogo: El Último Portador El Corazón del Vacío colapsó. El Señor de las Sombras no explotó ni se desintegró. Simplemente… dejó de existir. Como si nunca hubiera estado allí. Kael, de pie en el centro, con el Amuleto del Destino completo en sus manos, cayó de rodillas. No por dolor. Por todo lo que había perdido. El Templo del Viento – En honor a Sira Cada año, Kael regresa al Templo del Viento. No entra. Se sienta en la entrada, donde la corriente aún canta. Saca la daga de Sira, la coloca sobre una piedra pulida por el tiempo, y espera. Kael (en voz baja): “El viento no se detiene. Solo cambia de dirección.” Las hojas giran. El aire se arremolina. Y Kael escucha, sin buscar respuestas. Solo presencia. El Templo de Ceniza – En honor a Tharos En Aeloria, Kael camina entre campos que florecen con fuego controlado. En el altar del templo, coloca la piedra incandescente. El calor no quema. Abraza. Kael: “Tu fuego no destruyó. Iluminó lo que no queríamos ver.” El templo vibra. Las llamas bailan sin consumir. Y Kael se queda hasta que el sol se oculta. El Templo del Bosque – En honor a Elen En el corazón del Bosque de los Ancestros, Kael encuentra el árbol que creció donde Elen cayó. En sus ramas, flores que solo brotan en primavera. Kael coloca la flor que recogió aquel día en una raíz expuesta, y se sienta. Kael: “Tu memoria no se perdió. Se convirtió en raíz.” El árbol susurra. Las criaturas mágicas se acercan. Y Kael permanece, sin magia. Solo con manos temblorosas. Kael no fundó academias. No lideró reinos. Viajó solo, llevando el Amuleto en una caja tallada por él mismo, sin hechizos. Solo con intención. En el Templo de la Luz Silente, dejó el Amuleto y su libro: Crónicas del Olvido. “No somos el final. Somos el comienzo.” Kael desapareció. Nadie lo buscó. Porque sabían que su historia… ya estaba completa. Pero en cada rincón, en cada flor, en cada corriente de viento, se siente el eco de una promesa: “La luz no muere. Solo espera.”
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  • No todo lo que hago , es culpa mia ....
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  • Crónicas del Olvido – Capítulo VI: El Corazón del Vacío

    El Corazón del Vacío no es un lugar. Es una herida en la realidad. El Cuarteto de la Aurora avanza, sabiendo que no todos saldrán. El Amuleto del Destino vibra, incompleto pero consciente. Y el Señor de las Sombras ha enviado a sus tres Generales: fragmentos de humanidad corrompidos por el olvido.

    Sira vs. Velmora, la Dama del Viento Roto

    Velmora aparece como Lidica. No una ilusión. Una réplica perfecta, con sus recuerdos, su voz, su mirada.
    Velmora: “¿Por qué sigues luchando, Sira? Yo ya caí. Tú también puedes descansar.”

    Sira: “No lucho por mí. Lucho por lo que tú creíste. Por lo que aún vive en mí.”

    Velmora lanza ráfagas que susurran verdades distorsionadas. Cada golpe es una duda. Cada corriente, una traición.
    Velmora: “¿Y si tu memoria es falsa? ¿Y si Lidica nunca creyó en ti?”

    Sira (cerrando los ojos): “Entonces lucharé por la versión que sí lo hizo. Porque esa es la que me salvó.”

    Sira canaliza el viento real. No el que corta, sino el que canta. Con una ráfaga pura, atraviesa a Velmora. Pero su cuerpo queda atrapado en la corriente.
    Sira (último suspiro): “Kael… no olvides que el viento siempre regresa.”

    Deja su daga en el camino. El viento la lleva. El recuerdo permanece.


    Tharos vs. Karn, el Portador de la Ira

    Karn, el mentor de Tharos, ahora es magma y odio. Cada ataque grita. Cada explosión es un recuerdo ardiente.


    Karn lanza visiones: su familia ardiendo, sus compañeros muriendo, su alma corrompida.


    Lucha sin magia. Solo con voluntad. Karn se debilita. El fuego sin odio no lo sostiene. Tharos se lanza en una llamarada que purifica. Ambos desaparecen.

    En el suelo queda una piedra incandescente. El núcleo de Tharos. El legado de su redención.

    Elen vs. Neriah, la Madre de las Raíces Muertas

    Neriah absorbe recuerdos. Elen comienza a olvidar: su nombre, su misión, sus amigos.
    Neriah: “La memoria es una carga. Déjala ir. Sé raíz. Sé olvido.”

    Elen (temblando): “Si olvido quién soy… que esta semilla lo recuerde por mí.”

    Canaliza su magia en una semilla que ella misma plantó. La raíz pura crece, envolviendo a Neriah. Elen queda atrapada. Su cuerpo se convierte en árbol. Su alma… en guía.
    Elen (último susurro): “Kael… si el mundo florece, que sea porque tú lo regaste.”

    Kael encuentra la flor que brota del árbol. La última ofrenda. El último suspiro.

    Kael y el Señor de las Sombras

    Kael está solo. Con la daga de Sira, la piedra de Tharos y la flor de Elen, completa el Amuleto. No como arma. Como legado.
    El Señor de las Sombras no tiene forma. Es entorno. Es vacío.
    Señor de las Sombras: “¿Crees que el sacrificio basta? El olvido es más fuerte que la memoria.”

    Kael: “La memoria no necesita fuerza. Solo fe.”

    El combate no es físico. Es conceptual. Cada hechizo de Kael está reforzado por los sacrificios. Cada paso que da… es sostenido por lo que perdió.
    Kael: “No soy el héroe. Soy el testigo.”

    Señor de las Sombras: “Entonces muere con tu testimonio.”

    Kael recuerda:
    Yukine (eco): “No todos los sellos se rompen con fuerza. Algunos… con fe.”

    Con un último hechizo, Kael canaliza el sacrificio de Sira, Tharos y Elen en una onda de purificación que atraviesa el núcleo del vacío.
    El Señor de las Sombras grita. No por dolor. Por incredulidad.
    Y desaparece.



    Crónicas del Olvido – Capítulo VI: El Corazón del Vacío El Corazón del Vacío no es un lugar. Es una herida en la realidad. El Cuarteto de la Aurora avanza, sabiendo que no todos saldrán. El Amuleto del Destino vibra, incompleto pero consciente. Y el Señor de las Sombras ha enviado a sus tres Generales: fragmentos de humanidad corrompidos por el olvido. Sira vs. Velmora, la Dama del Viento Roto Velmora aparece como Lidica. No una ilusión. Una réplica perfecta, con sus recuerdos, su voz, su mirada. Velmora: “¿Por qué sigues luchando, Sira? Yo ya caí. Tú también puedes descansar.” Sira: “No lucho por mí. Lucho por lo que tú creíste. Por lo que aún vive en mí.” Velmora lanza ráfagas que susurran verdades distorsionadas. Cada golpe es una duda. Cada corriente, una traición. Velmora: “¿Y si tu memoria es falsa? ¿Y si Lidica nunca creyó en ti?” Sira (cerrando los ojos): “Entonces lucharé por la versión que sí lo hizo. Porque esa es la que me salvó.” Sira canaliza el viento real. No el que corta, sino el que canta. Con una ráfaga pura, atraviesa a Velmora. Pero su cuerpo queda atrapado en la corriente. Sira (último suspiro): “Kael… no olvides que el viento siempre regresa.” Deja su daga en el camino. El viento la lleva. El recuerdo permanece. Tharos vs. Karn, el Portador de la Ira Karn, el mentor de Tharos, ahora es magma y odio. Cada ataque grita. Cada explosión es un recuerdo ardiente. Karn lanza visiones: su familia ardiendo, sus compañeros muriendo, su alma corrompida. Lucha sin magia. Solo con voluntad. Karn se debilita. El fuego sin odio no lo sostiene. Tharos se lanza en una llamarada que purifica. Ambos desaparecen. En el suelo queda una piedra incandescente. El núcleo de Tharos. El legado de su redención. Elen vs. Neriah, la Madre de las Raíces Muertas Neriah absorbe recuerdos. Elen comienza a olvidar: su nombre, su misión, sus amigos. Neriah: “La memoria es una carga. Déjala ir. Sé raíz. Sé olvido.” Elen (temblando): “Si olvido quién soy… que esta semilla lo recuerde por mí.” Canaliza su magia en una semilla que ella misma plantó. La raíz pura crece, envolviendo a Neriah. Elen queda atrapada. Su cuerpo se convierte en árbol. Su alma… en guía. Elen (último susurro): “Kael… si el mundo florece, que sea porque tú lo regaste.” Kael encuentra la flor que brota del árbol. La última ofrenda. El último suspiro. Kael y el Señor de las Sombras Kael está solo. Con la daga de Sira, la piedra de Tharos y la flor de Elen, completa el Amuleto. No como arma. Como legado. El Señor de las Sombras no tiene forma. Es entorno. Es vacío. Señor de las Sombras: “¿Crees que el sacrificio basta? El olvido es más fuerte que la memoria.” Kael: “La memoria no necesita fuerza. Solo fe.” El combate no es físico. Es conceptual. Cada hechizo de Kael está reforzado por los sacrificios. Cada paso que da… es sostenido por lo que perdió. Kael: “No soy el héroe. Soy el testigo.” Señor de las Sombras: “Entonces muere con tu testimonio.” Kael recuerda: Yukine (eco): “No todos los sellos se rompen con fuerza. Algunos… con fe.” Con un último hechizo, Kael canaliza el sacrificio de Sira, Tharos y Elen en una onda de purificación que atraviesa el núcleo del vacío. El Señor de las Sombras grita. No por dolor. Por incredulidad. Y desaparece.
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  • 𝓛𝓪 𝓯𝓮𝓵𝓲𝓬𝓲𝓭𝓪𝓭 𝓮𝓼 𝓼𝓮𝓷𝓽𝓲𝓻 𝓹𝓪𝔃 𝓮𝓷 𝓽𝓾 𝓪𝓵𝓶𝓪.
    𝓒𝓾𝓪𝓷𝓭𝓸 𝓪𝓹𝓻𝓮𝓷𝓭𝓮𝓼 𝓪 𝓭𝓮𝓳𝓪𝓻 𝓭𝓮 𝓵𝓾𝓬𝓱𝓪𝓻 𝓬𝓸𝓷𝓽𝓻𝓪 𝓵𝓸 𝓺𝓾𝓮 𝓷𝓸 𝓹𝓾𝓮𝓭𝓮𝓼 𝓬𝓸𝓷𝓽𝓻𝓸𝓵𝓪𝓻.
    𝓡𝓮𝓬𝓲𝓫𝓮𝓼 𝓵𝓪 𝓿𝓲𝓭𝓪 𝓬𝓸𝓷 𝓾𝓷𝓪 𝓼𝓸𝓷𝓻𝓲𝓼𝓪.
    ( ´͈ ᵕ `͈ )◞♡
    𝓛𝓪 𝓯𝓮𝓵𝓲𝓬𝓲𝓭𝓪𝓭 𝓮𝓼 𝓼𝓮𝓷𝓽𝓲𝓻 𝓹𝓪𝔃 𝓮𝓷 𝓽𝓾 𝓪𝓵𝓶𝓪. 𝓒𝓾𝓪𝓷𝓭𝓸 𝓪𝓹𝓻𝓮𝓷𝓭𝓮𝓼 𝓪 𝓭𝓮𝓳𝓪𝓻 𝓭𝓮 𝓵𝓾𝓬𝓱𝓪𝓻 𝓬𝓸𝓷𝓽𝓻𝓪 𝓵𝓸 𝓺𝓾𝓮 𝓷𝓸 𝓹𝓾𝓮𝓭𝓮𝓼 𝓬𝓸𝓷𝓽𝓻𝓸𝓵𝓪𝓻. 𝓡𝓮𝓬𝓲𝓫𝓮𝓼 𝓵𝓪 𝓿𝓲𝓭𝓪 𝓬𝓸𝓷 𝓾𝓷𝓪 𝓼𝓸𝓷𝓻𝓲𝓼𝓪. ( ´͈ ᵕ `͈ )◞♡
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  • 𝐾𝑖𝑠𝑠 𝑚𝑒 𝑙𝑖𝑘𝑒 𝑛𝑜𝑏𝑜𝑑𝑦 𝑤𝑜𝑢𝑙𝑑 𝑤ℎ𝑒𝑛 𝐼 𝑤𝑎𝑠 15
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  • — Nuevo cosplay, está vez de Zelda. ♡
    ¡Quedó hermoso! Créditos a Gojo-kun. — (?)
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  • Tck! , por eso es que odio los mortales!!! ¡¿Como pueden ganarle asi un dios?!
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  • - Hoy me siento bondadoso, así que responderé a tu pregunta, No.. no te puedo amar, no me puedo enamorar, porque vivo amando y sigo enamorado de alguien más, y no es alguien a quien pretenda olvidar, no lo intento, no lo deseo, ella es alguien inigualable, realmente especial, le amare por el resto de mis días y la buscaré en cada una de mis vidas .
    - Hoy me siento bondadoso, así que responderé a tu pregunta, No.. no te puedo amar, no me puedo enamorar, porque vivo amando y sigo enamorado de alguien más, y no es alguien a quien pretenda olvidar, no lo intento, no lo deseo, ella es alguien inigualable, realmente especial, le amare por el resto de mis días y la buscaré en cada una de mis vidas .
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