• ¿Por qué el idioma en este lugar tenía que ser tan complicado? Irura se volvió a quedar dormida, luego de horas intentando comprender una única página.
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  • Pues, me siento cómoda con este traje humano. Es muy lindo y juvenil.
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  • — El tintinear de la campanilla sobre la puerta rompió la quietud del local como un suspiro de viento entre hojas dormidas. Zareth Aurelion cruzó el umbral con paso lento, casi ceremonioso, envuelto en su abrigo oscuro que parecía absorber la luz cálida del lugar. El contraste entre su presencia y el entorno era palpable: él, hijo de extremos celestiales e infernales, caminaba entre estanterías repletas de vida delicada, de colores suaves y aromas dulces. El aire estaba impregnado de lavanda, tierra húmeda y un leve rastro de incienso de sándalo, como si el tiempo allí se midiera en fragancias. Sus ojos dorados recorrieron el espacio con calma, deteniéndose en cada rincón como si leyera una historia oculta entre los pétalos. Se acercó a una mesa de madera donde descansaban orquídeas negras, sus dedos rozando apenas los bordes de una flor que parecía latir con luz propia, como si reconociera algo en él que no podía nombrar —

    Buenos días… Qué ramo tan peculiar el que lo acompaña. ¿Puedo ayudarlo en algo

    — La voz provenía de una mujer detrás del mostrador, de rostro sereno y manos manchadas de polen. Su mirada no era temerosa, pero sí cautelosa, como quien reconoce que algo extraordinario acaba de entrar. Zareth no respondió de inmediato. Su silencio era denso, como si las palabras tuvieran que abrirse paso entre siglos de pensamientos. Finalmente, su voz emergió, grave y pausada, como un eco que no pertenece del todo al presente —

    Busco una flor que no exista. Una que no haya sido nombrada aún

    — La florista ladeó la cabeza, sin apartar la mirada. No parecía burlarse, ni desconcertada. Solo curiosa. Caminó con calma hacia una estantería alta, donde descansaban macetas de cerámica pintadas a mano. Tomó una pequeña, de color azul profundo, y la colocó sobre el mostrador. En su interior, una flor de pétalos traslúcidos brillaba con una luz suave, casi respirando. Zareth se acercó, sin tocarla, solo observándola como si en ese instante el tiempo se hubiera detenido. Afuera, la ciudad seguía su curso, pero dentro de la floristería, el mundo parecía haberse detenido a escuchar —

    Aquí tenemos muchas que la gente olvida nombrar. Algunas florecen solo una vez al año. Otras… solo si alguien las recuerda

    — Zareth inclinó la cabeza, sus ojos fijos en la flor. No dijo nada más. Pero algo en su expresión cambió, como si una puerta invisible se hubiera abierto. Su voz volvió a surgir, más baja, más íntima —

    No busco flores para regalar. Solo… para recordar

    — La florista se acercó con la maceta entre las manos, ofreciéndosela sin palabras. La flor parecía temblar levemente, como si reconociera al visitante. Él no la tomó. Solo la contempló, y en ese silencio compartido, algo antiguo pareció despertar entre los tallos y las raíces. Una memoria sin nombre. Un vínculo sin tiempo —

    Entonces tal vez esta sea la que busca. No tiene nombre. Nadie ha querido ponerle uno. Dicen que quien lo haga… la perderá
    — El tintinear de la campanilla sobre la puerta rompió la quietud del local como un suspiro de viento entre hojas dormidas. Zareth Aurelion cruzó el umbral con paso lento, casi ceremonioso, envuelto en su abrigo oscuro que parecía absorber la luz cálida del lugar. El contraste entre su presencia y el entorno era palpable: él, hijo de extremos celestiales e infernales, caminaba entre estanterías repletas de vida delicada, de colores suaves y aromas dulces. El aire estaba impregnado de lavanda, tierra húmeda y un leve rastro de incienso de sándalo, como si el tiempo allí se midiera en fragancias. Sus ojos dorados recorrieron el espacio con calma, deteniéndose en cada rincón como si leyera una historia oculta entre los pétalos. Se acercó a una mesa de madera donde descansaban orquídeas negras, sus dedos rozando apenas los bordes de una flor que parecía latir con luz propia, como si reconociera algo en él que no podía nombrar — Buenos días… Qué ramo tan peculiar el que lo acompaña. ¿Puedo ayudarlo en algo — La voz provenía de una mujer detrás del mostrador, de rostro sereno y manos manchadas de polen. Su mirada no era temerosa, pero sí cautelosa, como quien reconoce que algo extraordinario acaba de entrar. Zareth no respondió de inmediato. Su silencio era denso, como si las palabras tuvieran que abrirse paso entre siglos de pensamientos. Finalmente, su voz emergió, grave y pausada, como un eco que no pertenece del todo al presente — Busco una flor que no exista. Una que no haya sido nombrada aún — La florista ladeó la cabeza, sin apartar la mirada. No parecía burlarse, ni desconcertada. Solo curiosa. Caminó con calma hacia una estantería alta, donde descansaban macetas de cerámica pintadas a mano. Tomó una pequeña, de color azul profundo, y la colocó sobre el mostrador. En su interior, una flor de pétalos traslúcidos brillaba con una luz suave, casi respirando. Zareth se acercó, sin tocarla, solo observándola como si en ese instante el tiempo se hubiera detenido. Afuera, la ciudad seguía su curso, pero dentro de la floristería, el mundo parecía haberse detenido a escuchar — Aquí tenemos muchas que la gente olvida nombrar. Algunas florecen solo una vez al año. Otras… solo si alguien las recuerda — Zareth inclinó la cabeza, sus ojos fijos en la flor. No dijo nada más. Pero algo en su expresión cambió, como si una puerta invisible se hubiera abierto. Su voz volvió a surgir, más baja, más íntima — No busco flores para regalar. Solo… para recordar — La florista se acercó con la maceta entre las manos, ofreciéndosela sin palabras. La flor parecía temblar levemente, como si reconociera al visitante. Él no la tomó. Solo la contempló, y en ese silencio compartido, algo antiguo pareció despertar entre los tallos y las raíces. Una memoria sin nombre. Un vínculo sin tiempo — Entonces tal vez esta sea la que busca. No tiene nombre. Nadie ha querido ponerle uno. Dicen que quien lo haga… la perderá
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  • Nosotras nunca le pedimos nada a nadie.
    Desde la tragedia con el proyecto Gestal, todos los demás androides nos dieron la espalda, pues la humanidad encontró su fin.
    Como nuestros creadores, ellos eran como nuestro Dios, pero no pudimos salvarlos y se extinguieron, maldita enfermedad que se los llevo.. Malditas seas esas Devola y Popola de otro lugar que provocaron qué ahora nosotras seamos las que carguemos con el peso de esta cruz..

    Aunque espero que al final de nuestro calvario, logremos esa redención.
    Nosotras nunca le pedimos nada a nadie. Desde la tragedia con el proyecto Gestal, todos los demás androides nos dieron la espalda, pues la humanidad encontró su fin. Como nuestros creadores, ellos eran como nuestro Dios, pero no pudimos salvarlos y se extinguieron, maldita enfermedad que se los llevo.. Malditas seas esas Devola y Popola de otro lugar que provocaron qué ahora nosotras seamos las que carguemos con el peso de esta cruz.. Aunque espero que al final de nuestro calvario, logremos esa redención.
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  • Cuando pasas tanto tiempo atrapada en la oscuridad, descubres que la oscuridad empieza a devolverte la mirada
    Cuando pasas tanto tiempo atrapada en la oscuridad, descubres que la oscuridad empieza a devolverte la mirada
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  • Bonito dia de playa, aproveche que hacia calor
    #SeductiveSunday
    Bonito dia de playa, aproveche que hacia calor #SeductiveSunday
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  • ⋆·˚ ༘ * Quien adivine de que personaje se disfrazó, se la lleva para su cuarto completamente gratis. ⋆·˚ ༘ *

    ❝ Yo... no acepté eso.❞
    ⋆·˚ ༘ * Quien adivine de que personaje se disfrazó, se la lleva para su cuarto completamente gratis. ⋆·˚ ༘ * ❝ Yo... no acepté eso.❞
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  • Christopher Shikibu ¿Y tú? ¿Por qué me estás abrazando, crío? Tsk..
    [Christopher007] ¿Y tú? ¿Por qué me estás abrazando, crío? Tsk..
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  • "Por fin estoy de regreso. Ha Sido una ardua semana de trabajo, Pero por fin puedo volver a estos lados. Y este #Seductivesunday es dedicado única y exclusivamente al amor de mi vida 𝕹𝖆𝖛𝖎𝖆 ♥️"
    "Por fin estoy de regreso. Ha Sido una ardua semana de trabajo, Pero por fin puedo volver a estos lados. Y este #Seductivesunday es dedicado única y exclusivamente al amor de mi vida [Navia01] ♥️"
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  • Buenos dias
    Les deseo a todos ustedes.
    Buenos dias Les deseo a todos ustedes.
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