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Una voz infantil, aún aguda por la edad. Preguntó a la mujer que bailaba al ritmo de la extraña música. Bailaba con un hombre alto, con cuernos. Catherine aún no podía entenderlo. Pero el hombre frente a ella no era otro que su padre. Anna, descubierta completamente, soltó una larga risa mientras ambos se fijaban en la pequeña, el varón, a pesar de los cuernos que poseía, no despertó miedo alguno en la niña. Un olor a podrido estaba acompañando las velas aromáticas de lilas, no ocultándolo, más bien, parecía buscar realzarlo. 

Ninguno respondió con palabras, pero la mirada que le arrojaron era una de aceptación, Catherine era la hija de una bruja y Lucifer. Un desliz de un par de amantes, para esa edad ni siquiera sabía conceptos del bien y el mal, sin embargo, fue el principio de su introducción al aquelarre.

Primero hechizos pequeños; ¡Gran potencial!

Después sacrificios... ¡La mejor!

¿Cómo iba a convertirse en la bruja líder de un aquelarre si no era capaz de vencer a su propia madre?

 

La mente de Catherine se había convertido en una maraña, sus ideas iban y venían, tenía que ser la Reina de ese aquelarre, le correspondía. Además quién tenía derecho de sangre demoníaca era ella, no su madre. En sus ideas revueltas... ¡Era ella el nuevo Salvador! la historia que impusieron los cristianos de Jesucristo no eran más que patrañas, si eso era lo que hablaban del hijo de Dios, ella era hija del mismísimo Lucifer, del adversario... ¡El príncipe de las tinieblas! ¿Y las brujas se atrevían a imponerse como sus superiores? ¡Ella era mil veces más poderosa! ¡Mil veces mejor que su propia madre!

 

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Lucifer mismo la visitó en su habitación. El panorama se oscureció a pesar de estar entre velas y hechizos de luminosidad. La observó, como aquella vez hace veinticinco años. Catherine fijó su mirada en los pies, verlo tan de cerca era aplastador, abrumaba hasta a la bruja egocéntrica. Pero Lucifer tenía un trato para ella, uno que le dejaría ser lo que ella quería. La bruja más poderosa.

 

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La voz grave del hombre se afirmó en su memoria. Anna ni siquiera quiso combatir a su hija, la dejó tomar su corazón como si la hubiese sorprendido. Sabía que eso iba a matar su parte más humana y dejar que la bruja demoníaca despertara. Pero Lucifer tiene tantos años o más que la oscuridad misma, fue creado en el principio y su profecía se cumplió. Catherine está aburrida de la humanidad, a veces, cuando cae en ese pozo de la inmensa ociosidad "ayuda" a alguien, pero también toma de esa persona lo que más ama. Para que vea entonces como un simple deseo no es lo que le hará feliz. 

 

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