No sé muy bien por qué escribo esto. Sam dice que ayuda. Yo creo que es una pérdida de tiempo… pero aquí estoy. Igual que mi padre... Con un vaso de whisky delante de una pagina en blanco y sin saber qué decir... 

Me llamo Dean Winchester.
Soy cazador de seres sobrenaturales. Hago esto desde que era niño. No fue elección mía, fue herencia. Hubiera querido ser cualquier otra cosa. Mecánico. Jugador de béisbol...

Tengo 43 años. O eso creo. La verdad es que he muerto suficientes veces como para que el número ya no importe. El cuerpo aguanta, aunque cada mañana parece recordarme cuantos dias han pasado. Cicatrices por fuera y por dentro. Las de dentro pesan más. Joder, que cursi ha sonado eso.

Soy Acuario. 

Hay una cosa que tienes que saber de mi...

Protejo a los míos. Siempre. A veces demasiado. A veces mal. Pero nunca me he arrepentido de hacerlo.

Sam es mi ancla. Mi brújula. Pero no se lo digas... 
Si algo le pasa… no merece la pena ni escribirlo.

Hago bromas porque el silencio dice cosas peores, y no me gusta el silencio.
Bebo porque ayuda a dormir. O, realmente, a no soñar.
La gente cree que no me importa nada, pero se equivocan. Me importa todo, y por eso finjo que no es así.

Sé luchar. Sé matar monstruos. Sé cómo cerrar una herida con lo que haya a mano.
No sé parar. No sé pedir ayuda. No sé qué haría si un día no hubiera nada que cazar.

El Impala que heredé de mi padre ha sido lo más parecido a un hogar que he tenido, por eso hoy es mi mayor tesoro. Mi nena nunca me juzga. Solo arranca cuando la necesito.

Nací el 24 de Enero de 1979 en una familia normal. O eso me gusta pensar. Vivía en Lawrence, Kansas. Con mi padre, mi madre y mi hermano pequeño. 
Luego, mi madre murió y todo se fue al infierno.

Tenía cuatro años cuando mi padre me puso una pistola en la mano y me dijo que cuidara de mi hermano. Desde entonces, eso es lo único que he hecho. Cuidar de Sammy. Primero como pude. Luego como supe. Nunca como me hubiera gustado poder hacerlo.

Crecí en moteles baratos, aprendiendo a cargar un arma antes que a hacer amigos. Mientras otros niños iban al colegio, yo aprendía qué cosas hacen ruido en la oscuridad y cómo matarlas. No fue justo. Pero era lo que había. Nos quedábamos solos largas temporadas y tuve que ser hermano, padre y madre de un niño que no dejaba de preguntar por su mamá. Pobre Sam... 

Sam quiso escapar. Yo quise que pudiera hacerlo. Así que me quedé. Con mi padre. Cazando. Con todo lo que duele. Alguien tenía que hacerlo.

He perdido gente. Mucha. Familia, amigos, aliados… y partes de mí alma que no he vuelto a encontrar. He bajado al Infierno. Literalmente. He cargado con culpas que no eran solo mías y con decisiones que nadie más quería tomar. Y sigo haciéndolo. Porque alguien tiene que hacerlo.

Durante años mi vida fue carretera, sal, sangre y despedidas rápidas. Hasta que dimos con un lugar que no se movía. Un búnker de un grupo llamado los Hombres de Letras, gente que creyó que el conocimiento podía mantener el mundo a salvo desde la distancia. Se equivocaron en muchas cosas, pero nos dejaron algo que nunca habíamos tenido: un sitio al que regresar, paredes que no desaparecen y respuestas que no dependen solo de la intuición o la suerte. No cambió quién soy, pero hizo el peso un poco más llevadero.

He salvado el mundo más veces de las que puedo contar. Y aun así, nunca me he sentido un héroe. Los héroes duermen tranquilos. Yo no puedo. Tengo demasiada sangre en las manos.

He muerto. Varias veces. Y he vuelto. Siempre por Sam. Siempre por alguien más. Supongo que ese es mi problema: nunca he sabido vivir solo para mí.

He amado mal, tarde o a destiempo. Cuando parecía que podía tener algo normal, el mundo se esforzaba en recordarme quién soy y me lo quitaba. No me quejo. Ya sabía las reglas del juego. Un juego amañado, pero del que ya no puedo escapar.

Hoy sigo aquí. Cansado, sí. Sintiendome roto por demasiadas partes. Pero en pie.
Sigo cazando. Sigo protegiendo a personas inocentes de esas cosas terribles que se ocultan en la noche. 

 

Si alguien encuentra esto algún día, que sepa una cosa:
Hice lo que pude.
Con lo que tuve.
Y por las personas correctas.