• ❝Todo colapsó...❞
    Fandom Supernatural
    Categoría Acción
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ Dean Winchester


    ¿Nunca has pensado en la posibilidad de la existencia de mundos paralelos? Ya sabes, mundos que parecen iguales al tuyo y que difieren en pequeños y simples aspectos. El efecto mariposa elevado a la máxima potencia. Tal vez si le hubieras plantado cara a esa abusona en el instituto en lugar de agachar la cabeza y continuar por el pasillo hoy serias dueña de una multinacional. Decisiones mínimas que tomamos a diario pueden desentrañar cambios impresionantes. ¡BUM! Mundos paralelos.

    Bueno, en nuestro caso no es tan sencillo. Digamos que en esta realidad la creación de mundos paralelos no depende de nuestras decisiones, más bien de las de un ser codicioso, despreciable y aburrido. Un tipo que crea mundos enteros y los deshecha cuando no le entretienen lo suficiente. Y uno de estos mundos descartados y abandonado a su buena suerte era el mundo en el que Sadie vivía. Claro que las personas del planeta no sabían que Dios habia cerrado la puerta y se habia mudado de edificio. Ellos vivían sus vidas cotidianas, con el vaivén de las vicisitudes del día a día.

    Y luego estaba la cara B. El mundo sobrenatural, los Hombres de Letras y los cazadores. Los que aterrorizaban a los inocentes por la noche y los que los combatían. Sadie Torres era una de ellas. Se habia formado como bruja y habia terminado viendo como su vida era destrozada por un grupo de vampiros. No os voy a mentir, aquel desenlace fue terrible, pero abrió una puerta desconocida para Sadie y le consiguió un puesto en la prestigiosa organización de Los Hombres de Letras de Estados Unidos.

    Los Hombres de Letras era el cuerpo de elite del conocimiento sobrenatural, contaban con equipos de cazadores, de agentes y estudiosos. Poseían búnkeres por todo el mundo. Varios en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España, Bélgica. En fin… En cada parte del mundo la organización habia extendido sus largos dedos con intención de mantener el orden y la estabilidad de un mundo cada vez más caótico.

    Y los lideres de esa organización en Estados Unidos eran los Winchester. John dirigía el bunker de Kansas y se coordinaba con el resto de búnkeres y miembros del país. Mary, su mujer, prefería el trabajo de campo y entrenaba y salvaba a nuevos cazadores y futuros reclutas. Luego estaban sus hijos: Sam y Dean. Sam era experto en demonología y Angeología. Y Dean… el mayor, era de los que preferían mancharse las manos. Un excelente estratega, habilidoso en la batalla y con una mente brillante y avispada. A menudo Sadie bromeaba con él diciendo que bien parecía McGyver, capaz de construir una bomba con un chiche y un boli bic.

    Sadie y Dean se compenetraban a la perfección. Tanto que comenzaron a realizar salidas juntos: cacerías, salvamento de inocentes, resolución de misterios… Y, como era de esperar, se enamoraron. Tanto que Dean se sintió con la confianza de dar el siguiente paso tres años después de conocer a Sadie. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que… el universo empezó a colapsar sobre sí mismo…

    Literalmente.

    Al principio eran solamente noticias raras sobre meteoritos y extraños movimientos de tierra. Después comenzaron las catástrofes naturales: maremotos en Indonesia y Europa, terremotos en Estados Unidos, derrumbamiento de acantilados y puentes… Y entonces… llegó el fin del mundo sin que nadie supiera qué hacer para detener aquello.

    John Winchester se pasó una mano por el rostro, abatido. Apenas se sentía capaz de alzar la mirada hacia los cazadores y miembros de la organización. Sadie pudo ver que no sabía qué decirles a pesar de haberlos reunido allí como su líder. Sadie sabía que, ante el fin del mundo, ni siquiera el todopoderoso John Winchester, su suegro, sabia como proteger a su gente y que solo era cuestión de tiempo que el bunker cayera sobre sus cabezas.

    -Ha llegado la hora… El mundo se va al infierno y no hay forma de pararlo. No voy a pediros que os quedéis. Si teneis familia, si teneis algo ahí afuera, volved a casa con vuestros seres queridos. Me duele decir esto pero, por primera vez, no encuentro la forma de detener esto…

    Sadie tragó saliva de forma pesada y se aferró aún más a la mano de Dean. Este captó el gesto y alzó ese brazo para rodear el cuello de Sadie estrechándola contra sí y dejar después un beso en su cabello.

    -Saldremos de esta, ¿vale? -le dijo en voz baja- No sé cómo, pero te pondré a salvo…

    Sadie asintió solamente.

    Tras aquella funesta reunión fueron muchos de sus amigos los que decidieron abandonar el bunker para poder pasar sus últimos dias con sus seres queridos. En las despedidas todo eran buenos deseos, abrazos y lágrimas silenciosas de dolor y frustración. Y menos de tres dias después solo la familia Winchester restaba en el bunker. Aunque estos eran resilientes y cabezotas. Sadie sobre todo. Intentó buscar y crear hechizos que pudieran protegerlos pero ninguno funcionaba…

    Absolutamente. Ninguno.

    Y entonces… no hubo escapatoria.

    Era de noche en el resto del mundo pero en el interior del bunker de Lebanon la familia superviviente corría para salvar sus vidas. La corriente eléctrica habia fallado y el color rojizo de las luces de emergencia parpadeando iluminaban el pasillo de forma mortecina. El primer temblor habia puesto a la familia Winchester en alerta. Después llegó una sacudida aún más fuerte y el panel de seguridad empezó a timbrar de forma estridente y aguda avisando de un fallo de seguridad en la estructura. No era tal, pues lo cierto era que medio edificio se habia derrumbado desde uno de los lados cayendo sobre la gruesa capa de hormigón y piedra.

    Sadie, Sam y Dean corrían por el pasillo que llegaba hasta la biblioteca. Corazones latiendo a toda velocidad, compungidos ante los sonidos de golpes sobre sus cabezas y el tintineo de los azulejos de las paredes al resquebrajarse a su paso. Sadie aferraba la mano de Dean y sentía clavarse el anillo de compromiso entre sus otros dedos al ser estos oprimidos por la fuerza de la mano de su prometido.

    De pronto el pasillo colapsó sobre sí mismo y los tres tuvieron que retroceder entre el polvo y los cascotes de hormigón. Dean agarró a Sadie apartándola de la trayectoria de los escombros que caían y la estrechó contra la pared, cubriéndola con su cuerpo y sus manos.

    -¿Estás bien? -preguntó él con la voz ronca a causa del polvo en el ambiente.

    Sadie asintió tosiendo ligeramente.

    -¡Por aquí! -bramó la voz de John desde la entrada de la cocina. No podían verle con el humo reinante en el ambiente, pero todos sabían dónde se encontraba la puerta asi que retrocedieron hasta dar con las manos de Mary y John que los guiaron hasta el interior de la cocina.

    -¡Esto se va a la mierda! -gritó Dean- ¿Podemos llegar al garaje?

    John negó con la cabeza.

    -El techo se ha derrumbado y la puerta está bloqueada… -dijo Mary.

    -Joder… -masculló Dean.

    John posó una mano en la espalda de Mary guiándola hacia la otra salida de la sala.

    -Tenemos que irnos ahora mismo. O moriremos aquí abajo. Solo podemos salir por la puerta de la sala de guerra… Es arriesgado…

    Sadie todavia tosía el humo y polvo que habia aspirado.

    -Puedo intentar contener el derrumbe y daros una oportunidad -dijo ella con voz débil.

    Dean la miró como si acabara de ver a ET recién aterrizado.

    -¿Estás loca? No, ni de coña. Nos vamos. Todos.

    John hizo una seña con un gesto de su cabeza.

    -Pues tiene que ser ahora. ¡Ya! ¡Vamos!

    De modo que los cinco salieron corriendo por la segunda puerta de la cocina, la que quedaba más cerca de la biblioteca. Las luces rojas impedían estar seguro de por donde uno pisaba y tener que esquivar mesas y sillas no era una tarea facil mientras el escenario temblaba.

    De pronto un enorme estruendo y una sacudida al edificio hizo que Sam, Dean y Sadie cayeran al suelo.

    -¡NO! ¡MAMÁ!

    Sadie pudo escuchar el grito desgarrador de Dean cuando al incorporarse descubrió que John y Mary Winchester no habían podido llegar a la biblioteca antes de que el pasillo colapsara sobre ellos, atrapándolos bajo los escombros. El cazador corrió a intentar quitar las piedras, con la esperanza de poder llegar hasta sus padres a pesar de la mancha de sangre que comenzaba a brotar en el suelo en un fino reguero.

    -¡DEAN! -lo llamó Sam mientras Sadie y él llegaban hasta Dean para intentar detenerlo.

    -¡Dean! ¡Cariño, tenemos que salir de aquí! -le pidió la bruja a su prometido- ¡Dean! ¡Por favor!

    El cazador cejó en su empeño con rabia, dolor y frustración. Se incorporó pasándose el dorso de la muñeca por el rostro para limpiar su visión de polvo y lágrimas y asintió tomando rápidamente la mano de Sadie para salir corriendo hacia la salida. Estaban cerca. Tan cerca…

    Y de pronto…

    -¡DEAN! -fue todo lo que Sadie escuchó antes de que Sam apartara a Dean de un empujón. Dean cayó al suelo y Sam desapareció de la vista de los dos debajo de una nube de piedra y polvo.

    -No… Nonononono…¡NO! ¡SAM! -la voz rota de Dean destrozó el corazón de Sadie.

    -Dean… Dean… Tenemos que irnos… ¡Dean!

    Sadie buscó el brazo de su prometido con la mano y trató de tirar de él para apartarlo de aquelle enorme grieta en el techo. Todo sucedió muy rapido después de aquello. Sadie advirtió el sonido de la piedra desprendiéndose. Su mirada buscó a Dean y vio el miedo en los ojos verdes de Dean un segundo antes de que el techo comenzara a caer sobre él.

    -¡DEAN!- gritó Sadie. Alargó sus manos hacia él liberando una onda expansiva de magia con intención de apartarlo del derrumbe. Pero esta golpeó contra uno de los símbolos de protección tallados en la piedra del arco principal de la entrada a la biblioteca y entonces…. Todo explotó. Y se volvió negro.

    >> Todo era normal en el bunker, o al menos tan normal como esos dias en que no se terminaba el mundo. Sam se habia levantado a las seis de la mañana, habia salido a correr… Habia recogido el correo de la oficina de correos del pueblo y habia regresado a casa. Mientras esperaba al regreso de Dean, quien habia bajado a comprar, habia preparado la comida… Como digo, un día absolutamente normal.

    Esa tarde compartían un bourbon ya que Sam habia decidido apartar la mirada de la sección de noticias de la página web que mostraba su ordenador portátil, un rato al ser traicioneramente seducido por la botella que su hermano habia llevado hasta la mesa. Si no habían encontrado a Amara en una semana, no la encontrarían en los siguientes veinte minutos.

    -¿Qué harías tú? -preguntó Sam de pronto, dando voz a una pregunta que habia pasado algunas veces por su cabeza- Si tuviésemos la opción de una vida normal, quiero decir. Yo querría retomar Derecho y… seria increible graduarme antes de los cuarenta y cinco…- bromeó negando con la cabeza- Y el bunker… Podríamos convertirlo en algo más… En algo mejor… Un lugar que ayudase a otros cazadores… ¿Cuál sería tu plan?

    Entonces recordó algo.

    -Antes de que se me olvide… -dijo inclinándose hacia su portátil y cambiando de pestaña en el navegador- Garth cree que hay un caso de poltergeist en Utah. Le dije que le echaríamos un vistazo…

    Y entonces… un fogonazo de luz los sorprendió a ambos. Una luz amarilla que duró un segundo, un destello de una luz de emergencia lejana y de pronto… Una humareda de polvo y algunos cascotes de piedra cayeron sobre el suelo de madera. Sam se levantó a toda velocidad dejando su vaso sobre la mesa y corriendo a ver qué ocurría.

    -¡Dean! -llamó a su hermano al ver el cuerpo de una mujer joven, inconsciente en el suelo. Estaba cubierta de polvo, magullada y tenía heridas recientes en la frente, en la mejilla, en el hombro- ¿Qué demonios…?

    Entonces la muchacha abrió los ojos apenas un par de segundos.

    -¿Dean? -preguntó esbozando una sonrisa cansada.

    Sam miró a su hermano y luego descubrió algo al lado de la muchacha. Se agachó a recogerlo al tiempo que la joven preguntaba de nuevo, casi sin voz ni consciencia:

    -¿Sam…?

    Sam frunció las cejas mientras tomaba un cascote de piedra y se lo enseñaba a su hermano. Era el emblema de la estrella de Acuario que adornaba el arco de la entrada a la biblioteca. Exactamente. El. Mismo. Escudo. De. Piedra.

    Sam lo alzó para compararlo con el que presidia el arco.

    -¿Qué está pasando? -preguntó.
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ [IMPALA.DRIVER] ¿Nunca has pensado en la posibilidad de la existencia de mundos paralelos? Ya sabes, mundos que parecen iguales al tuyo y que difieren en pequeños y simples aspectos. El efecto mariposa elevado a la máxima potencia. Tal vez si le hubieras plantado cara a esa abusona en el instituto en lugar de agachar la cabeza y continuar por el pasillo hoy serias dueña de una multinacional. Decisiones mínimas que tomamos a diario pueden desentrañar cambios impresionantes. ¡BUM! Mundos paralelos. Bueno, en nuestro caso no es tan sencillo. Digamos que en esta realidad la creación de mundos paralelos no depende de nuestras decisiones, más bien de las de un ser codicioso, despreciable y aburrido. Un tipo que crea mundos enteros y los deshecha cuando no le entretienen lo suficiente. Y uno de estos mundos descartados y abandonado a su buena suerte era el mundo en el que Sadie vivía. Claro que las personas del planeta no sabían que Dios habia cerrado la puerta y se habia mudado de edificio. Ellos vivían sus vidas cotidianas, con el vaivén de las vicisitudes del día a día. Y luego estaba la cara B. El mundo sobrenatural, los Hombres de Letras y los cazadores. Los que aterrorizaban a los inocentes por la noche y los que los combatían. Sadie Torres era una de ellas. Se habia formado como bruja y habia terminado viendo como su vida era destrozada por un grupo de vampiros. No os voy a mentir, aquel desenlace fue terrible, pero abrió una puerta desconocida para Sadie y le consiguió un puesto en la prestigiosa organización de Los Hombres de Letras de Estados Unidos. Los Hombres de Letras era el cuerpo de elite del conocimiento sobrenatural, contaban con equipos de cazadores, de agentes y estudiosos. Poseían búnkeres por todo el mundo. Varios en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España, Bélgica. En fin… En cada parte del mundo la organización habia extendido sus largos dedos con intención de mantener el orden y la estabilidad de un mundo cada vez más caótico. Y los lideres de esa organización en Estados Unidos eran los Winchester. John dirigía el bunker de Kansas y se coordinaba con el resto de búnkeres y miembros del país. Mary, su mujer, prefería el trabajo de campo y entrenaba y salvaba a nuevos cazadores y futuros reclutas. Luego estaban sus hijos: Sam y Dean. Sam era experto en demonología y Angeología. Y Dean… el mayor, era de los que preferían mancharse las manos. Un excelente estratega, habilidoso en la batalla y con una mente brillante y avispada. A menudo Sadie bromeaba con él diciendo que bien parecía McGyver, capaz de construir una bomba con un chiche y un boli bic. Sadie y Dean se compenetraban a la perfección. Tanto que comenzaron a realizar salidas juntos: cacerías, salvamento de inocentes, resolución de misterios… Y, como era de esperar, se enamoraron. Tanto que Dean se sintió con la confianza de dar el siguiente paso tres años después de conocer a Sadie. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que… el universo empezó a colapsar sobre sí mismo… Literalmente. Al principio eran solamente noticias raras sobre meteoritos y extraños movimientos de tierra. Después comenzaron las catástrofes naturales: maremotos en Indonesia y Europa, terremotos en Estados Unidos, derrumbamiento de acantilados y puentes… Y entonces… llegó el fin del mundo sin que nadie supiera qué hacer para detener aquello. John Winchester se pasó una mano por el rostro, abatido. Apenas se sentía capaz de alzar la mirada hacia los cazadores y miembros de la organización. Sadie pudo ver que no sabía qué decirles a pesar de haberlos reunido allí como su líder. Sadie sabía que, ante el fin del mundo, ni siquiera el todopoderoso John Winchester, su suegro, sabia como proteger a su gente y que solo era cuestión de tiempo que el bunker cayera sobre sus cabezas. -Ha llegado la hora… El mundo se va al infierno y no hay forma de pararlo. No voy a pediros que os quedéis. Si teneis familia, si teneis algo ahí afuera, volved a casa con vuestros seres queridos. Me duele decir esto pero, por primera vez, no encuentro la forma de detener esto… Sadie tragó saliva de forma pesada y se aferró aún más a la mano de Dean. Este captó el gesto y alzó ese brazo para rodear el cuello de Sadie estrechándola contra sí y dejar después un beso en su cabello. -Saldremos de esta, ¿vale? -le dijo en voz baja- No sé cómo, pero te pondré a salvo… Sadie asintió solamente. Tras aquella funesta reunión fueron muchos de sus amigos los que decidieron abandonar el bunker para poder pasar sus últimos dias con sus seres queridos. En las despedidas todo eran buenos deseos, abrazos y lágrimas silenciosas de dolor y frustración. Y menos de tres dias después solo la familia Winchester restaba en el bunker. Aunque estos eran resilientes y cabezotas. Sadie sobre todo. Intentó buscar y crear hechizos que pudieran protegerlos pero ninguno funcionaba… Absolutamente. Ninguno. Y entonces… no hubo escapatoria. Era de noche en el resto del mundo pero en el interior del bunker de Lebanon la familia superviviente corría para salvar sus vidas. La corriente eléctrica habia fallado y el color rojizo de las luces de emergencia parpadeando iluminaban el pasillo de forma mortecina. El primer temblor habia puesto a la familia Winchester en alerta. Después llegó una sacudida aún más fuerte y el panel de seguridad empezó a timbrar de forma estridente y aguda avisando de un fallo de seguridad en la estructura. No era tal, pues lo cierto era que medio edificio se habia derrumbado desde uno de los lados cayendo sobre la gruesa capa de hormigón y piedra. Sadie, Sam y Dean corrían por el pasillo que llegaba hasta la biblioteca. Corazones latiendo a toda velocidad, compungidos ante los sonidos de golpes sobre sus cabezas y el tintineo de los azulejos de las paredes al resquebrajarse a su paso. Sadie aferraba la mano de Dean y sentía clavarse el anillo de compromiso entre sus otros dedos al ser estos oprimidos por la fuerza de la mano de su prometido. De pronto el pasillo colapsó sobre sí mismo y los tres tuvieron que retroceder entre el polvo y los cascotes de hormigón. Dean agarró a Sadie apartándola de la trayectoria de los escombros que caían y la estrechó contra la pared, cubriéndola con su cuerpo y sus manos. -¿Estás bien? -preguntó él con la voz ronca a causa del polvo en el ambiente. Sadie asintió tosiendo ligeramente. -¡Por aquí! -bramó la voz de John desde la entrada de la cocina. No podían verle con el humo reinante en el ambiente, pero todos sabían dónde se encontraba la puerta asi que retrocedieron hasta dar con las manos de Mary y John que los guiaron hasta el interior de la cocina. -¡Esto se va a la mierda! -gritó Dean- ¿Podemos llegar al garaje? John negó con la cabeza. -El techo se ha derrumbado y la puerta está bloqueada… -dijo Mary. -Joder… -masculló Dean. John posó una mano en la espalda de Mary guiándola hacia la otra salida de la sala. -Tenemos que irnos ahora mismo. O moriremos aquí abajo. Solo podemos salir por la puerta de la sala de guerra… Es arriesgado… Sadie todavia tosía el humo y polvo que habia aspirado. -Puedo intentar contener el derrumbe y daros una oportunidad -dijo ella con voz débil. Dean la miró como si acabara de ver a ET recién aterrizado. -¿Estás loca? No, ni de coña. Nos vamos. Todos. John hizo una seña con un gesto de su cabeza. -Pues tiene que ser ahora. ¡Ya! ¡Vamos! De modo que los cinco salieron corriendo por la segunda puerta de la cocina, la que quedaba más cerca de la biblioteca. Las luces rojas impedían estar seguro de por donde uno pisaba y tener que esquivar mesas y sillas no era una tarea facil mientras el escenario temblaba. De pronto un enorme estruendo y una sacudida al edificio hizo que Sam, Dean y Sadie cayeran al suelo. -¡NO! ¡MAMÁ! Sadie pudo escuchar el grito desgarrador de Dean cuando al incorporarse descubrió que John y Mary Winchester no habían podido llegar a la biblioteca antes de que el pasillo colapsara sobre ellos, atrapándolos bajo los escombros. El cazador corrió a intentar quitar las piedras, con la esperanza de poder llegar hasta sus padres a pesar de la mancha de sangre que comenzaba a brotar en el suelo en un fino reguero. -¡DEAN! -lo llamó Sam mientras Sadie y él llegaban hasta Dean para intentar detenerlo. -¡Dean! ¡Cariño, tenemos que salir de aquí! -le pidió la bruja a su prometido- ¡Dean! ¡Por favor! El cazador cejó en su empeño con rabia, dolor y frustración. Se incorporó pasándose el dorso de la muñeca por el rostro para limpiar su visión de polvo y lágrimas y asintió tomando rápidamente la mano de Sadie para salir corriendo hacia la salida. Estaban cerca. Tan cerca… Y de pronto… -¡DEAN! -fue todo lo que Sadie escuchó antes de que Sam apartara a Dean de un empujón. Dean cayó al suelo y Sam desapareció de la vista de los dos debajo de una nube de piedra y polvo. -No… Nonononono…¡NO! ¡SAM! -la voz rota de Dean destrozó el corazón de Sadie. -Dean… Dean… Tenemos que irnos… ¡Dean! Sadie buscó el brazo de su prometido con la mano y trató de tirar de él para apartarlo de aquelle enorme grieta en el techo. Todo sucedió muy rapido después de aquello. Sadie advirtió el sonido de la piedra desprendiéndose. Su mirada buscó a Dean y vio el miedo en los ojos verdes de Dean un segundo antes de que el techo comenzara a caer sobre él. -¡DEAN!- gritó Sadie. Alargó sus manos hacia él liberando una onda expansiva de magia con intención de apartarlo del derrumbe. Pero esta golpeó contra uno de los símbolos de protección tallados en la piedra del arco principal de la entrada a la biblioteca y entonces…. Todo explotó. Y se volvió negro. >> Todo era normal en el bunker, o al menos tan normal como esos dias en que no se terminaba el mundo. Sam se habia levantado a las seis de la mañana, habia salido a correr… Habia recogido el correo de la oficina de correos del pueblo y habia regresado a casa. Mientras esperaba al regreso de Dean, quien habia bajado a comprar, habia preparado la comida… Como digo, un día absolutamente normal. Esa tarde compartían un bourbon ya que Sam habia decidido apartar la mirada de la sección de noticias de la página web que mostraba su ordenador portátil, un rato al ser traicioneramente seducido por la botella que su hermano habia llevado hasta la mesa. Si no habían encontrado a Amara en una semana, no la encontrarían en los siguientes veinte minutos. -¿Qué harías tú? -preguntó Sam de pronto, dando voz a una pregunta que habia pasado algunas veces por su cabeza- Si tuviésemos la opción de una vida normal, quiero decir. Yo querría retomar Derecho y… seria increible graduarme antes de los cuarenta y cinco…- bromeó negando con la cabeza- Y el bunker… Podríamos convertirlo en algo más… En algo mejor… Un lugar que ayudase a otros cazadores… ¿Cuál sería tu plan? Entonces recordó algo. -Antes de que se me olvide… -dijo inclinándose hacia su portátil y cambiando de pestaña en el navegador- Garth cree que hay un caso de poltergeist en Utah. Le dije que le echaríamos un vistazo… Y entonces… un fogonazo de luz los sorprendió a ambos. Una luz amarilla que duró un segundo, un destello de una luz de emergencia lejana y de pronto… Una humareda de polvo y algunos cascotes de piedra cayeron sobre el suelo de madera. Sam se levantó a toda velocidad dejando su vaso sobre la mesa y corriendo a ver qué ocurría. -¡Dean! -llamó a su hermano al ver el cuerpo de una mujer joven, inconsciente en el suelo. Estaba cubierta de polvo, magullada y tenía heridas recientes en la frente, en la mejilla, en el hombro- ¿Qué demonios…? Entonces la muchacha abrió los ojos apenas un par de segundos. -¿Dean? -preguntó esbozando una sonrisa cansada. Sam miró a su hermano y luego descubrió algo al lado de la muchacha. Se agachó a recogerlo al tiempo que la joven preguntaba de nuevo, casi sin voz ni consciencia: -¿Sam…? Sam frunció las cejas mientras tomaba un cascote de piedra y se lo enseñaba a su hermano. Era el emblema de la estrella de Acuario que adornaba el arco de la entrada a la biblioteca. Exactamente. El. Mismo. Escudo. De. Piedra. Sam lo alzó para compararlo con el que presidia el arco. -¿Qué está pasando? -preguntó.
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    Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D:

    ㅤㅤ¡Shacya Naeko!
    Raza: Humano
    Fandom: Z.Y.X.S
    Estudiante- cazadora

    Es un placer tenerte por aquí . Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol.

    Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma.

    Recursos útiles para empezar:

    Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines

    Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711

    GUIA 0.1 – Empezar en FicRol: Encontrar rol y amistades: https://ficrol.com/blogs/366170/GUIA-0-1-Empezar-en-FicRol-Encontrar-rol-y-amistades

    Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D

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    ✨ ¡Bienvenid@ a FicRol! ✨ Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D: ㅤㅤ¡[fire_magenta_owl_544]! 🧬Raza: Humano 👾Fandom: Z.Y.X.S 💼Estudiante- cazadora Es un placer tenerte por aquí 🍂. Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol. 🧙‍♀️ Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma. 🔎 Recursos útiles para empezar: ✨ Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines ✨ Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711 ✨ GUIA 0.1 – Empezar en FicRol: Encontrar rol y amistades: https://ficrol.com/blogs/366170/GUIA-0-1-Empezar-en-FicRol-Encontrar-rol-y-amistades ✨ Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D ✨ Directorio 3D: https://ficrol.com/posts/181793 ✨ Tienes toda esta información y más en el apartado "Ficha" de mi perfil: https://ficrol.com/blogs/353277/ENLACES-DE-INTER%C3%89S-PARA-FICROLERS ¡Nos vemos en el Inicio! 🍁 #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
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  • Finalmente dejo su descanso, se dispuso ahora a buscar a un demonio, pues según un informante, le comento de uno por esa zona.

    Ume no tenía nada que perder, su deber como cazadora, la hacia que optar por cumplir con su misión qué le fue asignada por el patrón, líder de los cazadores de Demonios.
    Finalmente dejo su descanso, se dispuso ahora a buscar a un demonio, pues según un informante, le comento de uno por esa zona. Ume no tenía nada que perder, su deber como cazadora, la hacia que optar por cumplir con su misión qué le fue asignada por el patrón, líder de los cazadores de Demonios.
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  • ────────────────── 𝕸𝖊𝖗𝖈𝖆𝖙𝖔𝖗 𝖁𝖊𝖓𝖊𝖓𝖎.
    Categoría Aventura
    { Ambient: https://open.spotify.com/intl-es/track/6V8ERjRVcuP3FsKrCr2DL2?si=7786de6c1e6649ab }

    .



    La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia.

    Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque.

    Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar.

    Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible:
    una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto.

    Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos.

    Se detuvo un instante.

    A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella.
    Un carruaje.
    O algo parecido.
    El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha.

    Odette entrecerró apenas los ojos.

    No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes.

    Y muchísimo menos comerciantes armados.

    La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro.

    Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno.

    Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez.

    —Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también.

    Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura.

    —¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido?

    Un trueno distante resonó entre los árboles.

    Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio.
    Un silencio muerto. Expectante.
    { Ambient: https://open.spotify.com/intl-es/track/6V8ERjRVcuP3FsKrCr2DL2?si=7786de6c1e6649ab } . ༒ La lluvia había cesado hacía apenas una hora, pero el bosque seguía respirando humedad. El barro se adhería a las botas como manos débiles intentando arrastrar a los vivos bajo tierra, y entre los árboles desnudos por el frío se extendía una niebla tan espesa que el camino parecía deshacerse a pocos metros de distancia. Odette avanzaba sola. Cubierta por su capa de tela gruesa color negro y con la capucha ocultando parte de su rostro, llevaba un pequeño farol de aceite en una mano y su bolso de cuero colgado al costado. Dentro tintineaban frascos, morteros pequeños y envoltorios de hierbas secas. El aire alrededor de ella olía a ajenjo, alcanfor y lirios del bosque. Había abandonado el pueblo antes del amanecer tras recibir un encargo peculiar. Un cazador había llegado moribundo a la botica la noche anterior. Alcanzó únicamente a murmurar sobre un pantano oculto entre los bosques del norte. Decía que en sus aguas crecía una planta imposible: una flor pálida capaz de intensificar cualquier veneno o convertir un remedio en algo letal... Y ahora él estaba muerto. Odette no confiaba en historias contadas por hombres agonizantes, pero sí confiaba en la expresión de terror que había visto en sus ojos. Se detuvo un instante. A lo lejos, entre la niebla, distinguió una luz cálida balanceándose lentamente. No parecía provenir de una casa ni de un campamento militar. Era móvil. Como una luciérnaga atrapada en una botella. Un carruaje. O algo parecido. El sonido metálico de cadenas suaves y el relinchar cansado de un caballo terminaron de confirmar su sospecha. Odette entrecerró apenas los ojos. No era común encontrar viajeros en aquella ruta olvidada. Mucho menos comerciantes. Y muchísimo menos comerciantes armados. La herborista abandonó el sendero principal y avanzó entre los árboles húmedos hasta divisar finalmente la figura del desconocido: un mercader acompañado por un carromato repleto de cajas, cuchillos, pequeños frascos y puntas de flecha cuidadosamente envueltas en cuero oscuro. Incluso desde lejos podía percibir el olor metálico del veneno. Odette observó las mercancías con atención curiosa antes de hablar por primera vez. —Tus flechas están impregnadas con eléboro negro… pero las dagas huelen a tejo y cicuta.—Su voz sonó tranquila, casi indiferente.—Una mezcla extraña... Y costosa también. Sus ojos finalmente se dirigieron hacia el enano de armadura. —¿Eres lo bastante valiente para atravesar el pantano del norte… o simplemente estás perdido? Un trueno distante resonó entre los árboles. Y por un instante, el bosque entero pareció quedarse en silencio. Un silencio muerto. Expectante.
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  • 。 𝗔𝗹𝗹 𝘁𝗵𝗮𝘁 𝗴𝗹𝗶𝘁𝘁𝗲𝗿𝘀 𝗶𝘀 𝗻𝗼𝘁 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝗴𝗼𝗹𝗱.
    Categoría Original
    La cámara subterránea apestaba a una mezcla entre vísceras hinchadas por la descomposición y a carne quemada.

    No era un olor normal, ni una combinación común.

    El hombre sintió cómo la pestilencia le bajaba por la garganta y se le pegaba al paladar como grasa rancia.

    Tragó saliva con total asco mientras la antorcha escupía humo negro contra el techo.

    La luz temblorosa arrancaba formas deformes de las paredes: manchas oscuras, costras secas y salpicaduras que, en algún punto, habían sido sangre humana.

    Incluso había uñas incrustadas entre las piedras.

    Docenas.

    Algunas todavía conservaban fragmentos de dedos ennegrecidos.

    —Mierda... —escupió, cubriéndose la nariz con el antebrazo—. Qué clase de degenerado construye un lugar así...

    El suelo crujía bajo sus botas.

    No por ser grava.

    Sino por ser huesos.

    Costillas quebradas, vértebras pulverizadas y dientes humanos mezclados con barro húmedo. Cada paso trituraba restos amarillentos que llevaban años pudriéndose bajo aquella oscuridad sofocante.

    Había pelos pegados entre las grietas de las piedras. Trozos de cuero cabelludo seco adheridos como un enfermizo musgo.

    Y en medio de todo eso...

    Un ataúd descansaba sobre una plataforma de mármol negro; como una joya caída del cielo en mitad de un osario.

    Era exquisito.

    No había otra palabra.

    La estructura entera estaba construida con una madera tan oscura y pulida que parecía obsidiana líquida. Filigranas de oro recorrían cada borde formando patrones delicados de flores entrelazadas. Rubíes enormes ardían bajo la luz de la antorcha como gotas de sangre fresca atrapadas en cristal. Zafiros del tamaño de huevos brillaban incrustados entre líneas de plata pura. Diamantes pequeños estaban cuidadosamente encajados formando constelaciones diminutas sobre la tapa.

    Eso valía reinos enteros, tanto que podría ser la razón para causar varias guerras.

    Aquel ataúd no pertenecía a una tumba.

    Parecía un altar dedicado a la avaricia humana.

    Y quizá, lo más curioso era ese enorme lazo...

    Daba la sensación de que todo era un regalo finamente envuelto, pero prefirió ignorar esa mortífera idea.

    El cazador silbó entre dientes.

    —Mierda... —murmuró, acercándose lentamente—. Con esto podría retirarme, comprar una jodida taberna y morir ahí...

    La luz del fuego danzaba sobre el oro, haciendo que todo el sarcófago brillara con una belleza obscena en medio de aquella podredumbre. Ni una mota de polvo descansaba sobre el ataúd.

    Las gemas estaban impecables. El metal relucía como recién pulido.

    Demasiado perfecto.

    Demasiado limpio.

    El hombre apoyó una mano sobre la tapa ornamentada.

    El oro estaba tibio.

    Eso le desagradó más de lo que le gustaría admitir.

    Hizo un poco de fuerza.

    Y el ataúd se abrió con un gemido espeso, casi como un grito ahogado en dolor.

    El olor golpeó primero.

    No era putrefacción.

    Era algo mucho peor.

    Sangre fresca mezclada con un perfume dulzón. Carne troceada. Flores marchitas flotando sobre un pantano de vísceras.

    El cazador retrocedió un paso automáticamente.

    Dentro no había un cadáver.

    Había una mujer.

    Inmóvil sobre terciopelo rojo empapado de sangre vieja.

    Piel blanca. Demasiado blanca. Tensada sobre los huesos como cera húmeda.

    El vestido de seda seguía intacto. Puro. Inmaculado.

    Contrastando horriblemente con los restos humanos que la rodeaban.

    El hombre sintió un escalofrío reptándole por la espalda.

    No por miedo.

    Era repulsión pura.
    La cámara subterránea apestaba a una mezcla entre vísceras hinchadas por la descomposición y a carne quemada. No era un olor normal, ni una combinación común. El hombre sintió cómo la pestilencia le bajaba por la garganta y se le pegaba al paladar como grasa rancia. Tragó saliva con total asco mientras la antorcha escupía humo negro contra el techo. La luz temblorosa arrancaba formas deformes de las paredes: manchas oscuras, costras secas y salpicaduras que, en algún punto, habían sido sangre humana. Incluso había uñas incrustadas entre las piedras. Docenas. Algunas todavía conservaban fragmentos de dedos ennegrecidos. —Mierda... —escupió, cubriéndose la nariz con el antebrazo—. Qué clase de degenerado construye un lugar así... El suelo crujía bajo sus botas. No por ser grava. Sino por ser huesos. Costillas quebradas, vértebras pulverizadas y dientes humanos mezclados con barro húmedo. Cada paso trituraba restos amarillentos que llevaban años pudriéndose bajo aquella oscuridad sofocante. Había pelos pegados entre las grietas de las piedras. Trozos de cuero cabelludo seco adheridos como un enfermizo musgo. Y en medio de todo eso... Un ataúd descansaba sobre una plataforma de mármol negro; como una joya caída del cielo en mitad de un osario. Era exquisito. No había otra palabra. La estructura entera estaba construida con una madera tan oscura y pulida que parecía obsidiana líquida. Filigranas de oro recorrían cada borde formando patrones delicados de flores entrelazadas. Rubíes enormes ardían bajo la luz de la antorcha como gotas de sangre fresca atrapadas en cristal. Zafiros del tamaño de huevos brillaban incrustados entre líneas de plata pura. Diamantes pequeños estaban cuidadosamente encajados formando constelaciones diminutas sobre la tapa. Eso valía reinos enteros, tanto que podría ser la razón para causar varias guerras. Aquel ataúd no pertenecía a una tumba. Parecía un altar dedicado a la avaricia humana. Y quizá, lo más curioso era ese enorme lazo... Daba la sensación de que todo era un regalo finamente envuelto, pero prefirió ignorar esa mortífera idea. El cazador silbó entre dientes. —Mierda... —murmuró, acercándose lentamente—. Con esto podría retirarme, comprar una jodida taberna y morir ahí... La luz del fuego danzaba sobre el oro, haciendo que todo el sarcófago brillara con una belleza obscena en medio de aquella podredumbre. Ni una mota de polvo descansaba sobre el ataúd. Las gemas estaban impecables. El metal relucía como recién pulido. Demasiado perfecto. Demasiado limpio. El hombre apoyó una mano sobre la tapa ornamentada. El oro estaba tibio. Eso le desagradó más de lo que le gustaría admitir. Hizo un poco de fuerza. Y el ataúd se abrió con un gemido espeso, casi como un grito ahogado en dolor. El olor golpeó primero. No era putrefacción. Era algo mucho peor. Sangre fresca mezclada con un perfume dulzón. Carne troceada. Flores marchitas flotando sobre un pantano de vísceras. El cazador retrocedió un paso automáticamente. Dentro no había un cadáver. Había una mujer. Inmóvil sobre terciopelo rojo empapado de sangre vieja. Piel blanca. Demasiado blanca. Tensada sobre los huesos como cera húmeda. El vestido de seda seguía intacto. Puro. Inmaculado. Contrastando horriblemente con los restos humanos que la rodeaban. El hombre sintió un escalofrío reptándole por la espalda. No por miedo. Era repulsión pura.
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  • « 𝙉𝙤𝙗𝙤𝙙𝙮 𝙘𝙖𝙡𝙡𝙨 𝙞𝙩 𝙛𝙚𝙖𝙧 𝙖𝙣𝙮𝙢𝙤𝙧𝙚 »


    La transmisión seguía encendida aunque nadie realmente estuviera viendo ya. ¿Para qué hacerlo? Sus rostros mostraban un desespero, aunque paulatino, era evidente conforme las voces de los reporteros daban la nota. Se mezclaban unas cosas con otras desde distintos puntos de vista dentro del Instituto. Televisores olvidados en salas comunes, teléfonos apoyados boca arriba sobre escritorios, pantallas abiertas en laboratorios donde estudiantes fingían continuar tareas que habían dejado de leer hacía varios minutos. El nombre de Stark Industries aparecía una y otra vez, acompañado de gráficos bursátiles, declaraciones corporativas y sonrisas cuidadosamente entrenadas frente a cámaras.

    "𝘜𝘯𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘦𝘵𝘢𝘱𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭. 𝘔𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘦𝘤𝘯𝘰𝘭𝘰́𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘺 𝘤𝘰𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘪𝘷𝘢"

    Había escuchado suficientes ruedas de prensa en su vida para reconocer cuándo alguien intentaba vender miedo utilizando lenguaje elegante. Y 𝙁𝙚𝙞𝙡𝙤𝙣𝙜 no necesitó demasiado tiempo para empezar a meter sus manos donde no debía desde que compró parte de las acciones. Ni siquiera estaba intentando esconderlo. No a ojos de los mutantes.

    Había algo casi insultante en la transparencia de todo aquello; como si supiera perfectamente que ya nadie iba a detenerlo. El programa SENTINEL llevaba años siendo una amenaza latente, cambiando de nombre, de financiamiento y de rostro cada vez que la opción pública necesitaba algo más cómodo que odiar. Pero seguía siendo lo mismo. Siempre era lo mismo, y siempre terminaba de mal en peor.

    Máquinas construidas para vigilar mutantes; máquinas para cazarlos cuando dejara de ser suficiente vigilarlos. Con la única diferencia que ahora era que lo estaban anunciando en televisión nacional como si fuese el lanzamiento de un teléfono nuevo. Permanece sentado frente a la mesa táctica de la sala de guerra, con ambos antebrazos apoyados sobre la superficie metálica. La iluminación tenue del lugar convertía el brillo rojizo de su visor en la única fuente constante de color dentro de la habitación.

    "...𝘦𝘭 𝘚𝘦𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘳𝘢́ 𝘥𝘦𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘔𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘵𝘰𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘰́𝘹𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴. 𝘋𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘰𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳𝘢́ 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘱𝘢𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘺 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘭𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝙆𝙧𝙖𝙠𝙤𝙖..."

    —Siempre empieza igual... —murmuró finalmente, sin apartar la vista de las imágenes frente a él—. Primero hablan de prevención, después de control. Luego empiezan a señalar nombres como si no hubiera terminado ya en una isla llena de cadáveres una vez.

    Su mandíbula se tensa de tan solo recordar la tragedia.

    —Genosha tampoco parecía imposible hasta que ocurrió.
    « 𝙉𝙤𝙗𝙤𝙙𝙮 𝙘𝙖𝙡𝙡𝙨 𝙞𝙩 𝙛𝙚𝙖𝙧 𝙖𝙣𝙮𝙢𝙤𝙧𝙚 » La transmisión seguía encendida aunque nadie realmente estuviera viendo ya. ¿Para qué hacerlo? Sus rostros mostraban un desespero, aunque paulatino, era evidente conforme las voces de los reporteros daban la nota. Se mezclaban unas cosas con otras desde distintos puntos de vista dentro del Instituto. Televisores olvidados en salas comunes, teléfonos apoyados boca arriba sobre escritorios, pantallas abiertas en laboratorios donde estudiantes fingían continuar tareas que habían dejado de leer hacía varios minutos. El nombre de Stark Industries aparecía una y otra vez, acompañado de gráficos bursátiles, declaraciones corporativas y sonrisas cuidadosamente entrenadas frente a cámaras. "𝘜𝘯𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘦𝘵𝘢𝘱𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭. 𝘔𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘦𝘤𝘯𝘰𝘭𝘰́𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘺 𝘤𝘰𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘪𝘷𝘢" Había escuchado suficientes ruedas de prensa en su vida para reconocer cuándo alguien intentaba vender miedo utilizando lenguaje elegante. Y 𝙁𝙚𝙞𝙡𝙤𝙣𝙜 no necesitó demasiado tiempo para empezar a meter sus manos donde no debía desde que compró parte de las acciones. Ni siquiera estaba intentando esconderlo. No a ojos de los mutantes. Había algo casi insultante en la transparencia de todo aquello; como si supiera perfectamente que ya nadie iba a detenerlo. El programa SENTINEL llevaba años siendo una amenaza latente, cambiando de nombre, de financiamiento y de rostro cada vez que la opción pública necesitaba algo más cómodo que odiar. Pero seguía siendo lo mismo. Siempre era lo mismo, y siempre terminaba de mal en peor. Máquinas construidas para vigilar mutantes; máquinas para cazarlos cuando dejara de ser suficiente vigilarlos. Con la única diferencia que ahora era que lo estaban anunciando en televisión nacional como si fuese el lanzamiento de un teléfono nuevo. Permanece sentado frente a la mesa táctica de la sala de guerra, con ambos antebrazos apoyados sobre la superficie metálica. La iluminación tenue del lugar convertía el brillo rojizo de su visor en la única fuente constante de color dentro de la habitación. "...𝘦𝘭 𝘚𝘦𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘳𝘢́ 𝘥𝘦𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘔𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘵𝘰𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘰́𝘹𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴. 𝘋𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘰𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳𝘢́ 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘱𝘢𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘺 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘭𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝙆𝙧𝙖𝙠𝙤𝙖..." —Siempre empieza igual... —murmuró finalmente, sin apartar la vista de las imágenes frente a él—. Primero hablan de prevención, después de control. Luego empiezan a señalar nombres como si no hubiera terminado ya en una isla llena de cadáveres una vez. Su mandíbula se tensa de tan solo recordar la tragedia. —Genosha tampoco parecía imposible hasta que ocurrió.
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  • 𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝐷𝑢𝑒𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑚𝑜𝑟𝑡𝑎𝑙𝑒𝑠

    Estaba a punto de llegar a Karadath el ultimo bastion humano en el norte. La nieve caía con más furia que nunca, como si el cielo mismo quisiera borrar todo rastro de lo que estaba a punto de suceder. Mis botas pesadas crujían sobre la capa helada que cubría las ruinas de la antigua fortaleza de Valthor. El frío se filtraba a traves de mi armadurade placas, mordiendo la carne que había sobrevivido a cien muertes.

    Frente a mí estaba ella. Una única caza recompenzas, siempre venían una docena tras el inmortal. Una mujer de cabello negro que ondeaba y se congelaba en un vaivén. Equipaba una armadura ligera sólida. Se hacía llamar la Segadora, la reconoci por su bufanda roja, siempre pense que era un mito, ya que decían que había cazado a otros inmortales antes que yo.

    Nuestras espadas chocaron y el mundo se redujo a acero y nieve. Su hoja era más ligera, más rápida, un relámpago vivo que buscaba los huecos de mi defensa. Yo blandía mi gran espada de dos manos, pesada y brutal, pero cada golpe que lanzaba ella lo esquivaba con una gracia inhumana, como si bailara con la tormenta.

    “Eres lento, viejo inmortal”, susurró con una voz que cortaba más que el viento. “¿Todavía sigues aferrándote a esa carne podrida?”

    Su espada busco y me abrió el costado justo en la unión de las placas. Sentí cómo la hoja rasgaba malla, piel y costilla. El dolor fue tan intenso que por un segundo creí que esta vez sí moriría de verdad. Caí sobre una rodilla, la nieve tiñéndose de rojo bajo mi peso. Ella no se apresuró. Caminó alrededor mío, disfrutando el momento.

    “¿Cuántas veces has muerto, Siegmeyer? ¿Y todavía sigues aquí, arrastrando esa maldición como un perro viejo?”

    Me levanté rugiendo. Mi espada chocó contra la suya. Ella retrocedió, pero no cayó. Contraatacó con una serie de estocadas tan rápidas que apenas pude bloquearlas. Una me atravesó un punto debil en el muslo, otra rn la unión de la hombreras, hiriendome hombro. Sangre caliente salpicaba la nieve con cada movimiento.

    En un momento de furia ciega logré atraparla. La embestí con el hombro y la lancé contra una pared derruida. El impacto fue brutal. Ella tosió sangre, pero sonrió. Sus ojos brillaban con algo que no era solo odio era reconocimiento.

    “Por fin”, murmuró, limpiándose la boca con el dorso de la mano. “Un inmortal que vale la pena matar.”

    Volvimos a cruzarnos. Esta vez no fue técnica. Fue pura rabia animal. Nuestras espadas cantaban una melodía mortal mientras girábamos entre las ruinas. La nieve nos cubría, nos cegaba, nos hacía resbalar. Perdí la cuenta de cuántas veces me hirió y tambien de cuántas veces la herí yo a ella.

    En el clímax del duelo, nuestras hojas se trabaron en un forcejeo mortal. Cara a cara, respiraciones entrecortadas, sangre cayendo de ambos. Podía ver mi propio reflejo roto en sus ojos.

    “¿Por qué no mueres?”, gruñí.

    “Porque yo también estoy maldita”, respondió ella, y entonces vi algo parecido a dolor en su rostro.

    Con un último esfuerzo giré mi espada y la liberé de su agarre. Mi hoja descendió en un arco perfecto. Ella levantó la suya para parar, pero su arma se quebró. Mi acero le atravesó el pecho.

    Cayó de rodillas en la nieve, sosteniendo la hoja que la mataba como si fuera un viejo amigo. Me miró una última vez y sonrió con sangre en los dientes.

    “Al fin… alguien que pudo terminarlo.”

    Se desplomó. La tormenta se calmó casi al instante, dejando solo el silencio y el sonido de mi propia respiración entrecortada.

    Me quedé allí, tambaleándome, con más heridas de las que podía contar. La inmortalidad me mantenía en pie, pero nunca me había sentido tan cerca de la muerte verdadera. Quedé con muchas preguntas. Espere que sanara como yo lo hacía pero no volvió a abrir los ojos. Sus heridas no cerraron, ¿Por que decía estar maldita? Fue otro enigma que quedó grabado en mi mente.
    𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝐷𝑢𝑒𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑚𝑜𝑟𝑡𝑎𝑙𝑒𝑠 Estaba a punto de llegar a Karadath el ultimo bastion humano en el norte. La nieve caía con más furia que nunca, como si el cielo mismo quisiera borrar todo rastro de lo que estaba a punto de suceder. Mis botas pesadas crujían sobre la capa helada que cubría las ruinas de la antigua fortaleza de Valthor. El frío se filtraba a traves de mi armadurade placas, mordiendo la carne que había sobrevivido a cien muertes. Frente a mí estaba ella. Una única caza recompenzas, siempre venían una docena tras el inmortal. Una mujer de cabello negro que ondeaba y se congelaba en un vaivén. Equipaba una armadura ligera sólida. Se hacía llamar la Segadora, la reconoci por su bufanda roja, siempre pense que era un mito, ya que decían que había cazado a otros inmortales antes que yo. Nuestras espadas chocaron y el mundo se redujo a acero y nieve. Su hoja era más ligera, más rápida, un relámpago vivo que buscaba los huecos de mi defensa. Yo blandía mi gran espada de dos manos, pesada y brutal, pero cada golpe que lanzaba ella lo esquivaba con una gracia inhumana, como si bailara con la tormenta. “Eres lento, viejo inmortal”, susurró con una voz que cortaba más que el viento. “¿Todavía sigues aferrándote a esa carne podrida?” Su espada busco y me abrió el costado justo en la unión de las placas. Sentí cómo la hoja rasgaba malla, piel y costilla. El dolor fue tan intenso que por un segundo creí que esta vez sí moriría de verdad. Caí sobre una rodilla, la nieve tiñéndose de rojo bajo mi peso. Ella no se apresuró. Caminó alrededor mío, disfrutando el momento. “¿Cuántas veces has muerto, Siegmeyer? ¿Y todavía sigues aquí, arrastrando esa maldición como un perro viejo?” Me levanté rugiendo. Mi espada chocó contra la suya. Ella retrocedió, pero no cayó. Contraatacó con una serie de estocadas tan rápidas que apenas pude bloquearlas. Una me atravesó un punto debil en el muslo, otra rn la unión de la hombreras, hiriendome hombro. Sangre caliente salpicaba la nieve con cada movimiento. En un momento de furia ciega logré atraparla. La embestí con el hombro y la lancé contra una pared derruida. El impacto fue brutal. Ella tosió sangre, pero sonrió. Sus ojos brillaban con algo que no era solo odio era reconocimiento. “Por fin”, murmuró, limpiándose la boca con el dorso de la mano. “Un inmortal que vale la pena matar.” Volvimos a cruzarnos. Esta vez no fue técnica. Fue pura rabia animal. Nuestras espadas cantaban una melodía mortal mientras girábamos entre las ruinas. La nieve nos cubría, nos cegaba, nos hacía resbalar. Perdí la cuenta de cuántas veces me hirió y tambien de cuántas veces la herí yo a ella. En el clímax del duelo, nuestras hojas se trabaron en un forcejeo mortal. Cara a cara, respiraciones entrecortadas, sangre cayendo de ambos. Podía ver mi propio reflejo roto en sus ojos. “¿Por qué no mueres?”, gruñí. “Porque yo también estoy maldita”, respondió ella, y entonces vi algo parecido a dolor en su rostro. Con un último esfuerzo giré mi espada y la liberé de su agarre. Mi hoja descendió en un arco perfecto. Ella levantó la suya para parar, pero su arma se quebró. Mi acero le atravesó el pecho. Cayó de rodillas en la nieve, sosteniendo la hoja que la mataba como si fuera un viejo amigo. Me miró una última vez y sonrió con sangre en los dientes. “Al fin… alguien que pudo terminarlo.” Se desplomó. La tormenta se calmó casi al instante, dejando solo el silencio y el sonido de mi propia respiración entrecortada. Me quedé allí, tambaleándome, con más heridas de las que podía contar. La inmortalidad me mantenía en pie, pero nunca me había sentido tan cerca de la muerte verdadera. Quedé con muchas preguntas. Espere que sanara como yo lo hacía pero no volvió a abrir los ojos. Sus heridas no cerraron, ¿Por que decía estar maldita? Fue otro enigma que quedó grabado en mi mente.
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    ✨ ¡Bienvenida a FicRol! ✨ Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D: ㅤㅤ¡[PEACE0UTB]! 🧬Raza: Humana 👾Fandom: Supernatural 💼 IT girl // Mujer de letras // Cazadora Es un placer tenerte por aquí 🍂. Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol. 🧙‍♀️ Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma. 🔎 Recursos útiles para empezar: ✨ Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines ✨ Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711 ✨ GUIA 0.1 – Empezar en FicRol: Encontrar rol y amistades: https://ficrol.com/blogs/366170/GUIA-0-1-Empezar-en-FicRol-Encontrar-rol-y-amistades ✨ Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D ✨ Directorio 3D: https://ficrol.com/posts/181793 ✨ Tienes toda esta información y más en el apartado "Ficha" de mi perfil: https://ficrol.com/blogs/353277/ENLACES-DE-INTER%C3%89S-PARA-FICROLERS ¡Nos vemos en el Inicio! 🍁 #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
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  • —¿Qué tal si dejo de estar de vago y me dispongo a cazar? Nah, una siesta más y ya, lo prometo. (?)
    —¿Qué tal si dejo de estar de vago y me dispongo a cazar? Nah, una siesta más y ya, lo prometo. (?)
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  • Hay muchas cosas que pueden parecer pasadas de moda, pero en realidad son un recuerdo de lo más romántico. Por ejemplo, hacerse no una, si no dos sesiones de fotos de fotomatón seguidas. Y, por otro, llevar una tira de fotos en el parasol del coche. Pero ver la tira de fotos algo avejentada a causa del polvo y el demasiado uso del parasol todos los dias en el impala de Dean Winchester hace que me sienta... no sé, parte real de su mundo.

    No ha sido facil amoldar nuestros dos universos... Por supuesto que no. Ha costado trabajo.

    ¿Sobrenatural y humano? ¿Tríbrida y cazador? Cualquiera diría que hay material para sitcom, o para película de drama de Hallmark. Pero para nosotros funciona. A pesar de lo tercos que somos (los dos), a pesar de la innumerable cantidad de veces que nos sacamos de quicio, a pesar de lo mucho que el otro puede frustrarnos a veces.... funciona. Porque le quiero. Y porque me quiere.
    Hay muchas cosas que pueden parecer pasadas de moda, pero en realidad son un recuerdo de lo más romántico. Por ejemplo, hacerse no una, si no dos sesiones de fotos de fotomatón seguidas. Y, por otro, llevar una tira de fotos en el parasol del coche. Pero ver la tira de fotos algo avejentada a causa del polvo y el demasiado uso del parasol todos los dias en el impala de [BxbyDriver] hace que me sienta... no sé, parte real de su mundo. No ha sido facil amoldar nuestros dos universos... Por supuesto que no. Ha costado trabajo. ¿Sobrenatural y humano? ¿Tríbrida y cazador? Cualquiera diría que hay material para sitcom, o para película de drama de Hallmark. Pero para nosotros funciona. A pesar de lo tercos que somos (los dos), a pesar de la innumerable cantidad de veces que nos sacamos de quicio, a pesar de lo mucho que el otro puede frustrarnos a veces.... funciona. Porque le quiero. Y porque me quiere.
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