• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    // ¡Por favor! ¡Es que es inadmisible, dantesco, descabellado! ¡Un atentado directo contra la paz mental y la dignidad humana! Tres horas, doce minutos y treinta y dos segundos, segundo arriba, segundo abajo, ¡que el dolor no me deja contar! ¿Cuánto ha pasado desde que mi mensaje quedó flotando en el vacío cósmico de su desinterés? ¿Qué hace Anyel Martnes ? ¿Acaso está buscando la cura del hambre para salvar a los niños de África? ¿O es que ha decidido emprender un viaje espiritual de iluminación ascética en el Tíbet justo en el maldito instante en que presioné "enviar"? No, no hay excusa telúrica que justifique semejante abandono.

    Es un ultraje de proporciones bíblicas, una falta de respeto que rasga las vestiduras de nuestra convivencia. Mientras el maldito reloj avanzaba con su tictac tortuoso, yo contemplo la pantalla como quien espera una señal divina en medio del desierto, viendo cómo mi juventud se marchita y mis esperanzas se desmoronan como un castillo de naipes en pleno huracán. Tres horas y doce minutos son suficientes para que caigan imperios, para que se extingan especies, ¡para que se congele el mismísimo núcleo de la Tierra! Pero para Anyel Martnes no, claro que no, el tiempo debe de ser una mera sugerencia abstracta, un lienzo en blanco donde pintar su soberana y absoluta indiferencia ante nuestros ojos mortales.

    ¡Exijo venganza! Porque dejar a alguien esperando tres horas, doce minutos y treinta y dos segundos, y pasearse frente a sus narices sin soltar una sola letra, no es un simple despiste; es un acto de guerra psicológica, una estrategia maquiavélica diseñada para minar mi cordura. Me imagino a Anyel Martnes mirando el teléfono, viendo la notificación aparecer con el brillo de mi desesperación, y diciendo: "Oh, mírale, sufriendo... dejémosle un rato más, que tres horas y once minutos me parece poco castigo". ¡Qué audacia, qué desplante, qué absoluto desdén por el prójimo y por las leyes más elementales de la cortesía rolera!

    El mundo sigue girando, la gente nace, crece y se reproduce, las estrellas colapsan en agujeros negros, y yo... yo sigo aquí, momificada en la antesala de su bendita respuesta que nunca llega, convertida en una estatua de la cual burlarse. Es que se me agotan los adjetivos y me hierve la sangre ante este vacío existencial que me ha impuesto. No sé si reír por no llorar, o si convocar a los elementos de la naturaleza para que desaten una tormenta que refleje el caos que su tardanza ha provocado en mi espíritu herido.

    Y lo peor, lo verdaderamente trágico y ridículo de este drama shakesperiano que estoy viviendo en absoluta soledad y a su entera merced, es que cuando por fin se digne a aparecer... Voy a recibirle con los brazos abiertos, porque es jodidamente irresistible.

    #NotReal
    // ¡Por favor! ¡Es que es inadmisible, dantesco, descabellado! ¡Un atentado directo contra la paz mental y la dignidad humana! Tres horas, doce minutos y treinta y dos segundos, segundo arriba, segundo abajo, ¡que el dolor no me deja contar! ¿Cuánto ha pasado desde que mi mensaje quedó flotando en el vacío cósmico de su desinterés? ¿Qué hace [anyelm1heru] ? ¿Acaso está buscando la cura del hambre para salvar a los niños de África? ¿O es que ha decidido emprender un viaje espiritual de iluminación ascética en el Tíbet justo en el maldito instante en que presioné "enviar"? No, no hay excusa telúrica que justifique semejante abandono. Es un ultraje de proporciones bíblicas, una falta de respeto que rasga las vestiduras de nuestra convivencia. Mientras el maldito reloj avanzaba con su tictac tortuoso, yo contemplo la pantalla como quien espera una señal divina en medio del desierto, viendo cómo mi juventud se marchita y mis esperanzas se desmoronan como un castillo de naipes en pleno huracán. Tres horas y doce minutos son suficientes para que caigan imperios, para que se extingan especies, ¡para que se congele el mismísimo núcleo de la Tierra! Pero para [anyelm1heru] no, claro que no, el tiempo debe de ser una mera sugerencia abstracta, un lienzo en blanco donde pintar su soberana y absoluta indiferencia ante nuestros ojos mortales. ¡Exijo venganza! Porque dejar a alguien esperando tres horas, doce minutos y treinta y dos segundos, y pasearse frente a sus narices sin soltar una sola letra, no es un simple despiste; es un acto de guerra psicológica, una estrategia maquiavélica diseñada para minar mi cordura. Me imagino a [anyelm1heru] mirando el teléfono, viendo la notificación aparecer con el brillo de mi desesperación, y diciendo: "Oh, mírale, sufriendo... dejémosle un rato más, que tres horas y once minutos me parece poco castigo". ¡Qué audacia, qué desplante, qué absoluto desdén por el prójimo y por las leyes más elementales de la cortesía rolera! El mundo sigue girando, la gente nace, crece y se reproduce, las estrellas colapsan en agujeros negros, y yo... yo sigo aquí, momificada en la antesala de su bendita respuesta que nunca llega, convertida en una estatua de la cual burlarse. Es que se me agotan los adjetivos y me hierve la sangre ante este vacío existencial que me ha impuesto. No sé si reír por no llorar, o si convocar a los elementos de la naturaleza para que desaten una tormenta que refleje el caos que su tardanza ha provocado en mi espíritu herido. Y lo peor, lo verdaderamente trágico y ridículo de este drama shakesperiano que estoy viviendo en absoluta soledad y a su entera merced, es que cuando por fin se digne a aparecer... Voy a recibirle con los brazos abiertos, porque es jodidamente irresistible. #NotReal
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  • [[ El dia que la tragedia llegó. ]]

    El vacío del espacio era el único templo digno de su verdadera naturaleza..

    Durante años, Zhen había intentado asfixiar el vacío de su pecho con los burdos consuelos de los mortales. Probó el calor de la carne, el éxtasis del vino en festivales ruidosos, los lazos efímeros de la amistad y la dulce mentira de los actos de bondad. Todo fue inútil.

    Los distractores terrenales no eran más que ceniza en su boca, incapaces de saciar un hambre de proporciones cósmicas.

    Él no pertenecía a la tierra; pertenecía a la devastación. Dejando atrás el último mundo que lo albergó, Zhen rompió las cadenas de la gravedad y se elevó hacia el firmamento.

    La atmósfera planetaria quedó atrás como una débil capa de humo; en la negrura absoluta, libre de pretensiones humanas, su cuerpo se expandió. La carne mortal dio paso a escamas de jade que reflejaban la luz de estrellas moribundas, y sus garras se extendieron hasta abarcar kilómetros de distancia. Su verdadera forma titánica finalmente respiró.

    Ante él se extendía un sistema desconocido, custodiado por un majestuoso planeta rodeado de satélites brillantes. Zhen sonrió, mostrando una hilera de dientes capaces de triturar continentes.

    No hubo piedad, solo una necesidad biológica e implacable, se abalanzó sobre la primera luna, atrapándola entre sus fauces y provocando una explosión de roca y magma que saboreó con delicia.

    Una a una, las lunas de aquel desdichado mundo comenzaron a desaparecer en su garganta, destrozando el equilibrio gravitatorio del sistema y sumiendo al planeta de abajo en el caos absoluto.

    El festín cósmico duró apenas unos momentos, pero fue suficiente para volverlo a calmar.
    [[ El dia que la tragedia llegó. ]] El vacío del espacio era el único templo digno de su verdadera naturaleza.. Durante años, Zhen había intentado asfixiar el vacío de su pecho con los burdos consuelos de los mortales. Probó el calor de la carne, el éxtasis del vino en festivales ruidosos, los lazos efímeros de la amistad y la dulce mentira de los actos de bondad. Todo fue inútil. Los distractores terrenales no eran más que ceniza en su boca, incapaces de saciar un hambre de proporciones cósmicas. Él no pertenecía a la tierra; pertenecía a la devastación. Dejando atrás el último mundo que lo albergó, Zhen rompió las cadenas de la gravedad y se elevó hacia el firmamento. La atmósfera planetaria quedó atrás como una débil capa de humo; en la negrura absoluta, libre de pretensiones humanas, su cuerpo se expandió. La carne mortal dio paso a escamas de jade que reflejaban la luz de estrellas moribundas, y sus garras se extendieron hasta abarcar kilómetros de distancia. Su verdadera forma titánica finalmente respiró. Ante él se extendía un sistema desconocido, custodiado por un majestuoso planeta rodeado de satélites brillantes. Zhen sonrió, mostrando una hilera de dientes capaces de triturar continentes. No hubo piedad, solo una necesidad biológica e implacable, se abalanzó sobre la primera luna, atrapándola entre sus fauces y provocando una explosión de roca y magma que saboreó con delicia. Una a una, las lunas de aquel desdichado mundo comenzaron a desaparecer en su garganta, destrozando el equilibrio gravitatorio del sistema y sumiendo al planeta de abajo en el caos absoluto. El festín cósmico duró apenas unos momentos, pero fue suficiente para volverlo a calmar.
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  • —Se quita el polvo de encima. Demasiado tiempo dormido eñ el templo del tiempo… Otra vez—
    —Se quita el polvo de encima. Demasiado tiempo dormido eñ el templo del tiempo… Otra vez—
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  • 𝐿𝑎 𝑃𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑦 𝐸𝑡𝑒𝑟𝑛𝑎 𝐿𝑙𝑎𝑚𝑎
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Ambient: https://youtu.be/reiZrOUYpjY?si=aBIYTpySt-M_Q6_g

    En el claro del bosque antiguo, donde la luz dorada se filtraba entre las hojas como un recuerdo que se niega a morir, Siegmeyer se arrodilló. Su armadura , marcada por el paso de incontables batallas, brillaba débilmente bajo el sol del atardecer. La capa roja, raída y descolorida por el tiempo, caía pesadamente sobre sus hombros. Su gran espada descansaba en su espalda, testigo silencioso de una pena que nunca sanaba.

    Habían pasado más de siglos. Y aun así, el dolor era fresco como la mañana en que la perdió. Su nombre era Liora. Su primer amor. La mujer que le enseñó que un corazón inmortal podía latir con la misma fuerza que uno mortal. La conoció cuando él aún era joven en espíritu, recién bendecido (o maldecido) con la inmortalidad. Ella era una simple sanadora de una aldea fronteriza, cabello castaño que brillaba como miel bajo el sol, ojos verdes llenos de una calidez que hacía que el mundo entero pareciera menos cruel. No era una guerrera, ni una princesa, ni una maga poderosa. Solo era ella y eso bastaba.

    Se enamoraron despacio, como crecen las flores silvestres primero como compañeros, ella curaba sus heridas después de cada batalla, riendo suavemente cuando él intentaba impresionarla con historias de dragones y ejércitos caídos. Eres un tonto Siegmeyer”, le susurraba mientras pasaba sus dedos por su rostro.

    Compartieron años que para él fueron un suspiro. Caminatas por este mismo bosque, noches bajo las estrellas donde ella apoyaba la cabeza en su pecho y soñaba en voz alta con una vida sencilla, una casa pequeña, hijos corriendo entre las flores, envejecer juntos. Siegmeyer nunca tuvo el valor de decirle que él no envejecería. Que mientras ella hablaba de canas y arrugas, él ya sabía que la vería marchitarse.

    La enfermedad llegó sin aviso. Una plaga oscura que ni sus hierbas ni sus oraciones pudieron detener. Siegmeyer lo intentó todo. Cabalgó días enteros en busca de curanderos legendarios, ofreció su propia sangre a dioses que en ese entonces creía, se arrodilló en templos olvidados rogando un milagro, pero nada funcionó.

    En sus últimos días, yacía en la cama de su humilde cabaña, frágil como una hoja seca. Tomó su mano grande y callosa entre las suyas, ya temblorosas y frías.

    —Prométeme algo. —Le dijo con voz débil pero serena—. No dejes que esto te convierta en piedra. Ama de nuevo. Ríe. Vive… por los dos. —

    El caballero que había enfrentado dragones y ejércitos sin temblar, rompió a llorar como un niño.

    —No puedo. — Susurró. — No quiero vivir sin ti. —

    Liora sonrió con esfuerzo, esa sonrisa que siempre lograba calmar sus tormentas internas.

    — Entonces vive por mí. Cada vez que protejas a alguien, cada vez que mires una flor silvestre o escuches el viento entre los árboles… que sea por mí. Yo estaré ahí, en tus recuerdos. No me dejes ir del todo. —

    Murió al amanecer, con la mano aún entrelazada con la de él. Siegmeyer se quedó allí, inmóvil, sosteniendo un cuerpo que ya no era ella. El sol salió igual que siempre, indiferente a su dolor.

    Siglos despues, cuando todo se habia tornado mas oscuro. Las lágrimas caían silenciosas bajo el yelmo. Había tenido otros compañeros desde entonces, y los había amado a cada uno. Pero ella fue la primera. Antes de marcharse, tocó con los dedos la pequeña piedra que había tallado siglos atrás junto al claro, solo un nombre y una frase sencilla.

    “Liora. Mi primer amanecer.”

    || Disculpen lo meloso. ||
    Ambient: https://youtu.be/reiZrOUYpjY?si=aBIYTpySt-M_Q6_g En el claro del bosque antiguo, donde la luz dorada se filtraba entre las hojas como un recuerdo que se niega a morir, Siegmeyer se arrodilló. Su armadura , marcada por el paso de incontables batallas, brillaba débilmente bajo el sol del atardecer. La capa roja, raída y descolorida por el tiempo, caía pesadamente sobre sus hombros. Su gran espada descansaba en su espalda, testigo silencioso de una pena que nunca sanaba. Habían pasado más de siglos. Y aun así, el dolor era fresco como la mañana en que la perdió. Su nombre era Liora. Su primer amor. La mujer que le enseñó que un corazón inmortal podía latir con la misma fuerza que uno mortal. La conoció cuando él aún era joven en espíritu, recién bendecido (o maldecido) con la inmortalidad. Ella era una simple sanadora de una aldea fronteriza, cabello castaño que brillaba como miel bajo el sol, ojos verdes llenos de una calidez que hacía que el mundo entero pareciera menos cruel. No era una guerrera, ni una princesa, ni una maga poderosa. Solo era ella y eso bastaba. Se enamoraron despacio, como crecen las flores silvestres primero como compañeros, ella curaba sus heridas después de cada batalla, riendo suavemente cuando él intentaba impresionarla con historias de dragones y ejércitos caídos. Eres un tonto Siegmeyer”, le susurraba mientras pasaba sus dedos por su rostro. Compartieron años que para él fueron un suspiro. Caminatas por este mismo bosque, noches bajo las estrellas donde ella apoyaba la cabeza en su pecho y soñaba en voz alta con una vida sencilla, una casa pequeña, hijos corriendo entre las flores, envejecer juntos. Siegmeyer nunca tuvo el valor de decirle que él no envejecería. Que mientras ella hablaba de canas y arrugas, él ya sabía que la vería marchitarse. La enfermedad llegó sin aviso. Una plaga oscura que ni sus hierbas ni sus oraciones pudieron detener. Siegmeyer lo intentó todo. Cabalgó días enteros en busca de curanderos legendarios, ofreció su propia sangre a dioses que en ese entonces creía, se arrodilló en templos olvidados rogando un milagro, pero nada funcionó. En sus últimos días, yacía en la cama de su humilde cabaña, frágil como una hoja seca. Tomó su mano grande y callosa entre las suyas, ya temblorosas y frías. —Prométeme algo. —Le dijo con voz débil pero serena—. No dejes que esto te convierta en piedra. Ama de nuevo. Ríe. Vive… por los dos. — El caballero que había enfrentado dragones y ejércitos sin temblar, rompió a llorar como un niño. —No puedo. — Susurró. — No quiero vivir sin ti. — Liora sonrió con esfuerzo, esa sonrisa que siempre lograba calmar sus tormentas internas. — Entonces vive por mí. Cada vez que protejas a alguien, cada vez que mires una flor silvestre o escuches el viento entre los árboles… que sea por mí. Yo estaré ahí, en tus recuerdos. No me dejes ir del todo. — Murió al amanecer, con la mano aún entrelazada con la de él. Siegmeyer se quedó allí, inmóvil, sosteniendo un cuerpo que ya no era ella. El sol salió igual que siempre, indiferente a su dolor. Siglos despues, cuando todo se habia tornado mas oscuro. Las lágrimas caían silenciosas bajo el yelmo. Había tenido otros compañeros desde entonces, y los había amado a cada uno. Pero ella fue la primera. Antes de marcharse, tocó con los dedos la pequeña piedra que había tallado siglos atrás junto al claro, solo un nombre y una frase sencilla. “Liora. Mi primer amanecer.” || Disculpen lo meloso. ||
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  • Mí cabeza duele un poco... Mejor salgo a caminar antes de que me diga que debo ayudarla con el templo otra vez
    Mí cabeza duele un poco... Mejor salgo a caminar antes de que me diga que debo ayudarla con el templo otra vez
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  • Qué bueno que vienes, entonces vamos a comenzar con la limpieza del templo que tiene muchas telarañas hoy.
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  • Shiori Novella

    -Era un día nublado, en instantes llovería con mucha intensidad.

    Mientras tanro la okami tras terminar de limpiar los templos abandonados, Mio decide al fin regresar a casa, no obstante la lluvia llegó y fué corriendo resguardándose de un árbol a otro, hasta que encontró unas extrañas ruinas.

    Decide entrar, almenos hasta que la lluvia parara, los truenos la asustan mucho asi que decide adentrarse en esas ruinas, encendió con una cerilla una vela que logró ver a duras penas.

    El lugar parecía una vieja biblioteca, parecía saqueada desde hace mucho, apenas había nada de interés.

    Con su gracia patosidad tumbó unas estanterías, una de ellas tenía justo encima un libro, parecía muy viejo y antiguo.

    Los truenos la seguían asustando, asi que decide leer para no pensar en la tormenta.

    Encontró una mesa, mientras mira a su alrededor y va encendiendo unas cuantas velas mas, iluminando mejor el siniestro lugar.

    Una vez con algo mas de comodidad, decide abrir el libro, y al instante, el libro se ilumina sus páginas, la conciencia de Mio desaparece al instante teniendo los ojos en blanco, como si una entidad le fuera a robar la mente siendo absorbida por el libro, estaba completamente indefensa en ese momento, incapaz de soltar el libro-

    A-ahhh....hmm....
    [specter_copper_horse_768] -Era un día nublado, en instantes llovería con mucha intensidad. Mientras tanro la okami tras terminar de limpiar los templos abandonados, Mio decide al fin regresar a casa, no obstante la lluvia llegó y fué corriendo resguardándose de un árbol a otro, hasta que encontró unas extrañas ruinas. Decide entrar, almenos hasta que la lluvia parara, los truenos la asustan mucho asi que decide adentrarse en esas ruinas, encendió con una cerilla una vela que logró ver a duras penas. El lugar parecía una vieja biblioteca, parecía saqueada desde hace mucho, apenas había nada de interés. Con su gracia patosidad tumbó unas estanterías, una de ellas tenía justo encima un libro, parecía muy viejo y antiguo. Los truenos la seguían asustando, asi que decide leer para no pensar en la tormenta. Encontró una mesa, mientras mira a su alrededor y va encendiendo unas cuantas velas mas, iluminando mejor el siniestro lugar. Una vez con algo mas de comodidad, decide abrir el libro, y al instante, el libro se ilumina sus páginas, la conciencia de Mio desaparece al instante teniendo los ojos en blanco, como si una entidad le fuera a robar la mente siendo absorbida por el libro, estaba completamente indefensa en ese momento, incapaz de soltar el libro- A-ahhh....hmm....
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  • ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ El sonido predominante en la solitaria habitación es la radio, el transmisor emite un suave Chello de Bach que es el único acompañante a la pluma golpeando contra el papel.

    La mujer está demasiado concentrada transcribiendo sus observaciones a los expedientes en los que lleva trabajando varios días, el caso Leroy se le fue entregado por el padre Clement para que pudiera hacer las entrevistas pertinentes y tomar fotografías, y ella estaba poniendo toda su energía en esos documentos detallando cada mirada evitativa y lágrima derramada.

    Su pluma se detuvo al culminar la descripción del afectado vomitando sangre luego de una intensa sesión de rezos, suspirando con la tinta negra delineando con más fuerza ese pequeño punto que termina el párrafo de tan demacrada historia.

    Dormir se ha vuelto opcional y su rostro se ha visto víctima de los estragos de sus malas prácticas de descanso ; abismos oscuros debajo de los ya castigados ojos ambar, la piel seca y los labios agrietados. Estaba dando todo de sí, mientras el padre Clement se negaba a intervenir entre sonrisas amables, caricias demasiado largas para ser formales, insistiendo en que acabara las investigaciones pertinentes antes de escalar la situación.

    "Bien podría solo ser una pobre oveja víctima de las adicciones y otras aficciones, no podemos utilizar todos nuestros recursos en una sola persona..como bien dice nuestro señor, ayúdate que yo te ayudaré" esas fueron las palabras del anciano cuando acarició con el pulgar su dorso desnudo cuando intentó entregarle la decena de evidencias que hubo acumulado, ese desagradable recuerdo retumbo en su cabeza sentiendo su cicatriz punzar de la frustracion.

    Quiso arrancarse la mano ahí mismo, pero en su lugar la llevó a agua caliente hasta que la piel se vio tan irritada que se volvió marca de quemadura menor.

    Ya estaba divagando de nuevo, pensando en cosas que no le corresponden. Debe concentrarse, esta vez tiene que ser suficiente, tenía que ser suficiente.

    Parpadeó y se sorprendió al ver las manecillas tan cambiadas, apenas logrando abrir los ojos al ser demasiado el peso cargado en sus párpados.

    Suspiro y cerro el cuaderno con un golpe seco, no porque quisiera, sino por necesidad. Teniendo que levantarse para que su cuerpo dejara de doler al haber estado sentada durante tantas horas.

    Apoyó su posterior al escritorio y con las manos apoyadas se estiró buscando corregir su postura y que su espalda pudiera alinearse librándola del intenso dolor que le venía desde su coxis.

    ¿Tiene veintinueve años o ciento nueve? Sus iguales incluso se lo han preguntado entre susurros al verla caminar por los pasillos de la iglesia. Para ella era normal, ser indeseable no importa el templo que pise, es algo habitual en ese punto de su vida.

    Un golpe en la puerta la distrae y ella alza la mirada, observando el umbral hecho de madera vieja, un material que le recuerda a ella misma.

    ── Pase, no es mi oficina así que no tiene que pedir permiso..pero aprecio la educación ── Y era verdad. Agnieszka es un peón sin hogar, pasando como fantasma por las iglesias asistiendo investigaciones o supliendo elementos caídos, pero ya llevaba un tiempo en esa misma casa del señor, a esas alturas sintiendo brotes de raíces salir de sus pies.

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❛ https://www.youtube.com/watch?v=DwHpDOWhkGk
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ El sonido predominante en la solitaria habitación es la radio, el transmisor emite un suave Chello de Bach que es el único acompañante a la pluma golpeando contra el papel. La mujer está demasiado concentrada transcribiendo sus observaciones a los expedientes en los que lleva trabajando varios días, el caso Leroy se le fue entregado por el padre Clement para que pudiera hacer las entrevistas pertinentes y tomar fotografías, y ella estaba poniendo toda su energía en esos documentos detallando cada mirada evitativa y lágrima derramada. Su pluma se detuvo al culminar la descripción del afectado vomitando sangre luego de una intensa sesión de rezos, suspirando con la tinta negra delineando con más fuerza ese pequeño punto que termina el párrafo de tan demacrada historia. Dormir se ha vuelto opcional y su rostro se ha visto víctima de los estragos de sus malas prácticas de descanso ; abismos oscuros debajo de los ya castigados ojos ambar, la piel seca y los labios agrietados. Estaba dando todo de sí, mientras el padre Clement se negaba a intervenir entre sonrisas amables, caricias demasiado largas para ser formales, insistiendo en que acabara las investigaciones pertinentes antes de escalar la situación. "Bien podría solo ser una pobre oveja víctima de las adicciones y otras aficciones, no podemos utilizar todos nuestros recursos en una sola persona..como bien dice nuestro señor, ayúdate que yo te ayudaré" esas fueron las palabras del anciano cuando acarició con el pulgar su dorso desnudo cuando intentó entregarle la decena de evidencias que hubo acumulado, ese desagradable recuerdo retumbo en su cabeza sentiendo su cicatriz punzar de la frustracion. Quiso arrancarse la mano ahí mismo, pero en su lugar la llevó a agua caliente hasta que la piel se vio tan irritada que se volvió marca de quemadura menor. Ya estaba divagando de nuevo, pensando en cosas que no le corresponden. Debe concentrarse, esta vez tiene que ser suficiente, tenía que ser suficiente. Parpadeó y se sorprendió al ver las manecillas tan cambiadas, apenas logrando abrir los ojos al ser demasiado el peso cargado en sus párpados. Suspiro y cerro el cuaderno con un golpe seco, no porque quisiera, sino por necesidad. Teniendo que levantarse para que su cuerpo dejara de doler al haber estado sentada durante tantas horas. Apoyó su posterior al escritorio y con las manos apoyadas se estiró buscando corregir su postura y que su espalda pudiera alinearse librándola del intenso dolor que le venía desde su coxis. ¿Tiene veintinueve años o ciento nueve? Sus iguales incluso se lo han preguntado entre susurros al verla caminar por los pasillos de la iglesia. Para ella era normal, ser indeseable no importa el templo que pise, es algo habitual en ese punto de su vida. Un golpe en la puerta la distrae y ella alza la mirada, observando el umbral hecho de madera vieja, un material que le recuerda a ella misma. ── Pase, no es mi oficina así que no tiene que pedir permiso..pero aprecio la educación ── Y era verdad. Agnieszka es un peón sin hogar, pasando como fantasma por las iglesias asistiendo investigaciones o supliendo elementos caídos, pero ya llevaba un tiempo en esa misma casa del señor, a esas alturas sintiendo brotes de raíces salir de sus pies. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❛ https://www.youtube.com/watch?v=DwHpDOWhkGk
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  • El joven cura de gorra de caza roja y largo abrigo oscuro permanecía sentado en una de las sillas de plástico blanco de aquella nueva iglesia. Desde afuera, el edificio parecía más un supermercado recién inaugurado que un templo: paredes lisas, carteles luminosos y una fachada tan moderna que apenas conservaba algo de aspecto religioso.

    Mientras el pastor hablaba desde el escenario, caminando de un lado a otro con micrófono en mano, el cura lo observaba fijamente. Sus ojos ardían con una intensidad difícil de ignorar. No asentía, no sonreía, no participaba de los aplausos; simplemente escuchaba, inmóvil, como una llama contenida.

    Entonces llegó el momento de los testimonios.

    <¿Hay alguien que quiera compartir su experiencia con el Señor>

    Preguntó el pastor con entusiasmo.

    Una mano se alzó entre la multitud. Era la del cura.

    Varias personas lo observaron mientras avanzaba por el pasillo central. Sus botas resonaban contra el suelo brillante hasta llegar al presbiterio. Tomó el micrófono. Durante unos segundos reinó el silencio.

    Habló con voz firme y clara:

    ●Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anuncie otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

    El silencio duró apenas un instante. Los insultos estallaron desde todos los rincones. Alguien le gritó que se marchara. Otro le arrojó una botella de plástico. Luego vino una de vidrio que se hizo añicos contra una pared cercana. Los abucheos crecieron mientras el joven sacerdote descendía tranquilamente del escenario. No respondió a nadie. Simplemente siguió caminando.

    Botellas y objetos golpeaban el suelo a su alrededor mientras atravesaba el pasillo central con las manos en los bolsillos del abrigo. Finalmente alcanzó la puerta principal.

    Al abrirla, una intensa luz del exterior inundó el recinto. Por un instante su figura quedó reducida a una simple silueta oscura rodeada de resplandor, como si la claridad misma se negara a dejar ver su rostro. Y así se fue con una pequeña sonrisa de satisfacción dibujándose bajo la visera de su gorra roja, convencido de que había cumplido exactamente aquello para lo que había entrado.
    El joven cura de gorra de caza roja y largo abrigo oscuro permanecía sentado en una de las sillas de plástico blanco de aquella nueva iglesia. Desde afuera, el edificio parecía más un supermercado recién inaugurado que un templo: paredes lisas, carteles luminosos y una fachada tan moderna que apenas conservaba algo de aspecto religioso. Mientras el pastor hablaba desde el escenario, caminando de un lado a otro con micrófono en mano, el cura lo observaba fijamente. Sus ojos ardían con una intensidad difícil de ignorar. No asentía, no sonreía, no participaba de los aplausos; simplemente escuchaba, inmóvil, como una llama contenida. Entonces llegó el momento de los testimonios. <¿Hay alguien que quiera compartir su experiencia con el Señor> Preguntó el pastor con entusiasmo. Una mano se alzó entre la multitud. Era la del cura. Varias personas lo observaron mientras avanzaba por el pasillo central. Sus botas resonaban contra el suelo brillante hasta llegar al presbiterio. Tomó el micrófono. Durante unos segundos reinó el silencio. Habló con voz firme y clara: ●Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anuncie otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. El silencio duró apenas un instante. Los insultos estallaron desde todos los rincones. Alguien le gritó que se marchara. Otro le arrojó una botella de plástico. Luego vino una de vidrio que se hizo añicos contra una pared cercana. Los abucheos crecieron mientras el joven sacerdote descendía tranquilamente del escenario. No respondió a nadie. Simplemente siguió caminando. Botellas y objetos golpeaban el suelo a su alrededor mientras atravesaba el pasillo central con las manos en los bolsillos del abrigo. Finalmente alcanzó la puerta principal. Al abrirla, una intensa luz del exterior inundó el recinto. Por un instante su figura quedó reducida a una simple silueta oscura rodeada de resplandor, como si la claridad misma se negara a dejar ver su rostro. Y así se fue con una pequeña sonrisa de satisfacción dibujándose bajo la visera de su gorra roja, convencido de que había cumplido exactamente aquello para lo que había entrado.
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  • -La okami estaba cuidando uno de tantos templos antiguos abandonados tiempo ha.

    Una vez que limpia todo lo que puede, se dedica a rezar, sin darse cuenta de la preséncia de Aikaterine Ouro -
    -La okami estaba cuidando uno de tantos templos antiguos abandonados tiempo ha. Una vez que limpia todo lo que puede, se dedica a rezar, sin darse cuenta de la preséncia de [Mercenary1x] -
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