• Epifanías y maldiciones.
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
    Sébastien avanzaba por el corredor con cierta prisa, sintiendo cómo la sangre le regresaba a los dedos con un cosquilleo que excedía de lo punzante hacia lo doloroso.

    Acababa de regresar de pasar un rato afuera con el grupo de siempre ——— la excusa había sido ir a ver el entrenamiento de Quiddich, pero en realidad lo que habían hecho era trapichear con las tareas a entregar al día siguiente. Para sorpresa de quién quisiera haber mantenido una visión del sujeto en cuestión como modelo académico, el Noailles se encontraba los pobres afectados por la epidemia de pereza.

    La idea del pequeño colectivo de Slytherin era entrar en calor hasta la hora de cenar pero el muchacho se había separado para dejar sus pertenencias primero en el dormitorio y no tener que llevar consigo a la mesa una mochila con pergaminos que seguramente alguien acabaría pisando. No contaba con atropellar a nadie girando la esquina, claro estaba, aunque tampoco se podía decir que hubiese tenido precisamente cuidado.

    …la clase de actitud que, en más de una ocasión, le había gestado movida con los prefectos.

    Arrugó la nariz en una mueca que silenciaba un ‘joder’, retrocediendo un paso torpe /como si hubiese rebotado/ antes de echar la mano a la otra persona para impedir su caída.

    Lucy Weasley, no te había visto. ”
    Sébastien avanzaba por el corredor con cierta prisa, sintiendo cómo la sangre le regresaba a los dedos con un cosquilleo que excedía de lo punzante hacia lo doloroso. Acababa de regresar de pasar un rato afuera con el grupo de siempre ——— la excusa había sido ir a ver el entrenamiento de Quiddich, pero en realidad lo que habían hecho era trapichear con las tareas a entregar al día siguiente. Para sorpresa de quién quisiera haber mantenido una visión del sujeto en cuestión como modelo académico, el Noailles se encontraba los pobres afectados por la epidemia de pereza. La idea del pequeño colectivo de Slytherin era entrar en calor hasta la hora de cenar pero el muchacho se había separado para dejar sus pertenencias primero en el dormitorio y no tener que llevar consigo a la mesa una mochila con pergaminos que seguramente alguien acabaría pisando. No contaba con atropellar a nadie girando la esquina, claro estaba, aunque tampoco se podía decir que hubiese tenido precisamente cuidado. …la clase de actitud que, en más de una ocasión, le había gestado movida con los prefectos. Arrugó la nariz en una mueca que silenciaba un ‘joder’, retrocediendo un paso torpe /como si hubiese rebotado/ antes de echar la mano a la otra persona para impedir su caída. “ [sweetwitch93], no te había visto. ”
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  • 𝑭𝒊𝒓𝒔𝒕 𝒉𝒆𝒓𝒃𝒐𝒍𝒐𝒈𝒚 𝒄𝒍𝒂𝒔𝒔
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    Acordo con Albus separarse cuando terminarán el desayuno. Scorpius le había suplicado a su mejor amigo que le permitiera hacer equipo con Rose en la clase de Herbología y Albus se había negado un par de veces para molestarlo, hasta que al final había accedido.

    El rubio abrazo fuertemente a su mejor amigo y tras guardar una manzana verde en el bolsillo de la túnica, salió disparado del comedor rumbo a los invernaderos detrás del castillo. Sabía que los Ravenclaw tenían fama de llegar antes para ocupar los mejores lugares, a diferencia de los Slytherin que solían entrar cinco minutos antes de que iniciara la clase.

    Al llegar, se encontro a los estudiantes de túnica negra y azul haciendo fila en la puerta del invernadero cuatro. Se olfateo disimuladamente antes de acercarse a ellos, temiendo apestar por haber corrido hacia ahí, pero por fortuna olía bien, como a menta y a jabón caro.

    Rodeó al grupo hasta que encontro a Rose, leyendo algo mientras esperaba a que el profesor Longbottom llegara a abrirles la puerta. Scorpius se paró a su lado, tratando de camuflarse con el resto de estudiantes que hablaban entre si.

    ──Pssst, psst, Rose. ¡Hola! ¿Quieres ser mi pareja?── Le tocó el hombro para llamar su atención y continuó hablando en voz baja para no avergonzarla con sus compañeros de casa, pero en cuanto se dio cuenta de lo que había preguntado, sintió que se le subía el calor a las mejillas y que le ardían las orejas. ──¡Mi pareja de clase! Quiero decir, pareja en equipo. No pareja real, nunca he tenido pareja real, y... y... Albus dijo que podía hacer equipo contigo, si estas de acuerdo claro.

    Si se había puesto nervioso por solo preguntarle si podían trabajar juntos, no quería imaginarse lo que sufriría cuando le tocara invitarla a hacer cualquier otra actividad. La excursión a Hogsmade estaba prácticamente a la vuelta de la esquina y como compartían el gusto por la lectura, había pensado en invitarla a la mansión Malfoy algún fin de semana para que conociera la enorme biblioteca que tenían, pero ahora, dudaba tener el valor para hacerlo.

    En ese momento, el profesor Longbottom se paró en la entrada del invernadero y le dedico una mirada confusa al verlo allí, más no le dijo nada, en palabras de Neville, Scorpius era la versión bondadosa de Draco a su edad, no era un alumno problemático por lo que no vio necesario apartarlo de los Ravenclaw.

    El profesor saludó a los primeros alumnos en llegar y les pidió esperar al resto. Neville traía consigo un pequeño cactus gris en una maceta, el tallo estaba cubierto con furúnculos en lugar de espinas. A simple vista se podía identificar como una mimbulus mimbletonia, una planta mágica muy rara originaria de Asiria.

    Esa sería la lección del día y al rubio no le agrado mucho la idea. Según lo que había leído, la mimbulus mimbletoniatenía tenía un mecanismo de defensa único que al pincharla soltaba una sustancia asquerosa desde los forúnculos en la superficie de la planta, llamada jugo fétido. Un líquido no venenoso, color verde oscuro y con olor a alcantarilla o estiércol podrido, y eso le hizo pensar que ese sería el perfume que usarían varios de sus compañeros si no prestaban atención a la clase; solo esperaba que Albus se lo tomara en serio o de lo contrario, apestaria toda la habitación por días.

    Rose M Weasley Granger
    Acordo con Albus separarse cuando terminarán el desayuno. Scorpius le había suplicado a su mejor amigo que le permitiera hacer equipo con Rose en la clase de Herbología y Albus se había negado un par de veces para molestarlo, hasta que al final había accedido. El rubio abrazo fuertemente a su mejor amigo y tras guardar una manzana verde en el bolsillo de la túnica, salió disparado del comedor rumbo a los invernaderos detrás del castillo. Sabía que los Ravenclaw tenían fama de llegar antes para ocupar los mejores lugares, a diferencia de los Slytherin que solían entrar cinco minutos antes de que iniciara la clase. Al llegar, se encontro a los estudiantes de túnica negra y azul haciendo fila en la puerta del invernadero cuatro. Se olfateo disimuladamente antes de acercarse a ellos, temiendo apestar por haber corrido hacia ahí, pero por fortuna olía bien, como a menta y a jabón caro. Rodeó al grupo hasta que encontro a Rose, leyendo algo mientras esperaba a que el profesor Longbottom llegara a abrirles la puerta. Scorpius se paró a su lado, tratando de camuflarse con el resto de estudiantes que hablaban entre si. ──Pssst, psst, Rose. ¡Hola! ¿Quieres ser mi pareja?── Le tocó el hombro para llamar su atención y continuó hablando en voz baja para no avergonzarla con sus compañeros de casa, pero en cuanto se dio cuenta de lo que había preguntado, sintió que se le subía el calor a las mejillas y que le ardían las orejas. ──¡Mi pareja de clase! Quiero decir, pareja en equipo. No pareja real, nunca he tenido pareja real, y... y... Albus dijo que podía hacer equipo contigo, si estas de acuerdo claro. Si se había puesto nervioso por solo preguntarle si podían trabajar juntos, no quería imaginarse lo que sufriría cuando le tocara invitarla a hacer cualquier otra actividad. La excursión a Hogsmade estaba prácticamente a la vuelta de la esquina y como compartían el gusto por la lectura, había pensado en invitarla a la mansión Malfoy algún fin de semana para que conociera la enorme biblioteca que tenían, pero ahora, dudaba tener el valor para hacerlo. En ese momento, el profesor Longbottom se paró en la entrada del invernadero y le dedico una mirada confusa al verlo allí, más no le dijo nada, en palabras de Neville, Scorpius era la versión bondadosa de Draco a su edad, no era un alumno problemático por lo que no vio necesario apartarlo de los Ravenclaw. El profesor saludó a los primeros alumnos en llegar y les pidió esperar al resto. Neville traía consigo un pequeño cactus gris en una maceta, el tallo estaba cubierto con furúnculos en lugar de espinas. A simple vista se podía identificar como una mimbulus mimbletonia, una planta mágica muy rara originaria de Asiria. Esa sería la lección del día y al rubio no le agrado mucho la idea. Según lo que había leído, la mimbulus mimbletoniatenía tenía un mecanismo de defensa único que al pincharla soltaba una sustancia asquerosa desde los forúnculos en la superficie de la planta, llamada jugo fétido. Un líquido no venenoso, color verde oscuro y con olor a alcantarilla o estiércol podrido, y eso le hizo pensar que ese sería el perfume que usarían varios de sus compañeros si no prestaban atención a la clase; solo esperaba que Albus se lo tomara en serio o de lo contrario, apestaria toda la habitación por días. [twilightelegy93]
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  • I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
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    STARTER

    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
    STARTER La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo. Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante. Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
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  • El tic tac de la clase de pociones
    Fandom Harry Potter
    Categoría Slice of Life
    Sébastien Alain Noailles

    La profesora de Pociones estaba repartiendo los trabajos ya corregidos que había mandado para las Navidades. El tema había sido los escarabajos y las distintas utilidades que tenían dentro de las pociones. Al principio, Lucy había arrugado la nariz porque no es que fuera muy amiga de los bichos, pero confesaba que ahora que lo había terminado y había recibido su nota de Excelente, le había encontrado el gusto.

    Una vez todos tenían su nota, la profesora informó al ver ciertas manos ya levantadas, que si alguien tenía problema con su nota, que la fueran a ver cuando la clase terminara, pues no era el momento de andar perdiendo el tiempo.

    En la pizarra aparecieron ingredientes, mientras que con un movimiento de varita, todos los libros se cerraron.

    "Bien, en esta ocasión vamos a hacer un ejercicio preliminar algo distinto. Todos estos ingredientes los hemos visto tanto en este curso como en los anteriores. Quiero que penséis qué clase de poción podría realizar".

    A medida que hablaba, la mujer paseaba por el aula, asegurándose de que nadie tuviera su libro abierto ni nada que pudiera ayudar con esa tarea.

    "No necesito que me digáis el nombre de la poción en concreto, con que me expongáis las propiedades que esta poción pudiera tener y por qué lo crees, me es suficiente".

    Una mano se alzó al fondo de la clase, y Lucy vio a una de sus compañeras de Slytherin, la clase con la que compartía esa materia. Pronto la profesora le dio el turno de palabra.

    "¿Se puede hacer en grupo?"

    "Por parejas", aclaró la profesora, mirándolos a todos. "Con vuestro compañero de mesa, así que nada de cambiarse. Quiero tener el trabajo en mi mesa antes de que toque el timbre. Podéis empezar".

    Lucy agradeció con un suspiro que a su lado estuviera su mejor amiga y compañera de dormitorio. Siempre era fácil trabajar con ella y pronto ya se estaba poniendo cerca de ella mientras sacaba un pergamino de su mochila.
    [sebastien.alain.noailles] La profesora de Pociones estaba repartiendo los trabajos ya corregidos que había mandado para las Navidades. El tema había sido los escarabajos y las distintas utilidades que tenían dentro de las pociones. Al principio, Lucy había arrugado la nariz porque no es que fuera muy amiga de los bichos, pero confesaba que ahora que lo había terminado y había recibido su nota de Excelente, le había encontrado el gusto. Una vez todos tenían su nota, la profesora informó al ver ciertas manos ya levantadas, que si alguien tenía problema con su nota, que la fueran a ver cuando la clase terminara, pues no era el momento de andar perdiendo el tiempo. En la pizarra aparecieron ingredientes, mientras que con un movimiento de varita, todos los libros se cerraron. "Bien, en esta ocasión vamos a hacer un ejercicio preliminar algo distinto. Todos estos ingredientes los hemos visto tanto en este curso como en los anteriores. Quiero que penséis qué clase de poción podría realizar". A medida que hablaba, la mujer paseaba por el aula, asegurándose de que nadie tuviera su libro abierto ni nada que pudiera ayudar con esa tarea. "No necesito que me digáis el nombre de la poción en concreto, con que me expongáis las propiedades que esta poción pudiera tener y por qué lo crees, me es suficiente". Una mano se alzó al fondo de la clase, y Lucy vio a una de sus compañeras de Slytherin, la clase con la que compartía esa materia. Pronto la profesora le dio el turno de palabra. "¿Se puede hacer en grupo?" "Por parejas", aclaró la profesora, mirándolos a todos. "Con vuestro compañero de mesa, así que nada de cambiarse. Quiero tener el trabajo en mi mesa antes de que toque el timbre. Podéis empezar". Lucy agradeció con un suspiro que a su lado estuviera su mejor amiga y compañera de dormitorio. Siempre era fácil trabajar con ella y pronto ya se estaba poniendo cerca de ella mientras sacaba un pergamino de su mochila.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    Creo que Nyx seria una slytherin en el mundo de harry potter o ustedes que dicen?
    Creo que Nyx seria una slytherin en el mundo de harry potter o ustedes que dicen?
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  • 𝑹𝑬𝑻𝑼𝑹𝑵𝑰𝑵𝑮 𝑻𝑶 𝑯𝑶𝑮𝑾𝑨𝑹𝑻𝑺
    Fandom Harry Potter
    Categoría Acción
    Últimamente la mansión de los Malfoy parecía haberse convertido en un hotel de tantas visitas e invitados que tenían. Los únicos rostros conocidos qué Draco había visto durante el verano eran los de sus amigos y el de los padres de sus amigos.

    El resto de los invitados eran conocidos de sus padres, sobre todo de Lucius quien solía mantenerlo alejado de la sala principal de la casa cuando se reunían allí. Nunca se lo había pedido directamente, pero hacia todo lo posible para evitar que estuviera presente cuando ocurrian, incluso le compro una escoba nueva a él y a sus amigos para que se pasaran el día entero practicando y jugando quidditch lejos de la mansión.

    Al principio no le dio importancia, como hijo único, recibir atención y una extensa variedad de regalos era algo normal. Lo habían acostumbrado a eso y era lo que creía hasta que la noche previa a su regreso a clases encontro a un par de elfos domésticos hablando en un corredor sobre lo crueles que eran los magos de rostro plateado que estaban de visita esa noche, fue todo lo que pudo oír porque al acercarse fingieron estar hablando de otra cosa, tampoco le parecio sensato interrogarlos, podría meterse el problemas con su padre solo por dirigirle la palabra a la servidumbre.

    Sin embargo, esa misma noche no pudo dormir. No era imbécil pero se sintió como uno al entender, algo tarde, lo que ocurria en su casa. Los elfos habían hecho una descripción muy boba pero los había entendido, antes de que lo vieran llegar habían estado hablando sobre mortifagos que mientras él trataba de dormir, ellos estaban en la sala. Lucius le había dicho que pronto llegaría el momento en el que sería invitado a esas reuniones y que el señor tenebroso estaba ansioso por conocerlo.

    Draco esperaba que ese momento no llegase nunca, no quería ser parte de lo que fuera que estaban tramando pero su voluntad y palabra nunca habían tenido peso en su hogar. No supo en que momento amanecio o si llego a dormir si quiera que apenas tuvo tiempo de organizar su día.

    Un par de horas después estaba saludando a su madre en la puerta de la mansión, resignandose a que su padre no iba a despedirse de él.

    ──Me asegurare de que tu padre te escriba cuando tenga un descanso── Le dijo ella mientras que los elfos cargaban las pesadas maletas por la escalinata de la entrada. El menor de los Malfoy sabía que eso no iba a suceder, pero no dijo nada, solo asintió para contentar a su madre y se despidió de ella con un fugaz beso en la mejilla.

    Lo único que le agradaba de regresar a Hogwarts era la oportunidad de "huir" de su hogar, aunque eso no le aseguraba que tuviera mejor suerte que en aquel lugar. Le basto con poner un pie dentro del tren para que Blaise Zabini se le acercara corriendo con la el rostro tan desencajado que parecía haber visto el fantasma del mismísimo Salazar Slytherin.

    ──Crei que no vendrías. Pensé que ibas a pedirle a tu padre que hablara con Dumbledore... ── Se lo veía inquieto, incómodo, como si no supiera como decir lo que tenia en mente. ──Es que acabo de pasar por el vagon, allí estan todos y en vistas de que has llegado sobre la hora, te asignaron con ella. Es obvio que nadie quiere soportarla todo el camino, ni siquiera la comadreja, creo que discutieron antes pero no estoy seguro ── Zabini hablaba sin parar, apenas respiraba lo suficiente para no desmayarse por la falta de oxígeno.

    Impaciente por no comprenderlo del todo, Draco lo tomo por los hombros y lo sacudió una sola vez para hacerlo callar.

    ──¿De que diablos estas hablando? ¿Por que mi padre tendría que hablar con el lunático de Dumbledore? ── Los ojos grises del Slytherin buscaban una respuesta a todo ese parloteo pero lo único que veían era una mezcla entre asombro y desagrado. Los alumnos que subían tenían que esquivarlos, estaban ocupando el centro del corredor principal, cerca de los primeros vagones aunque aun faltaban los de primero que eran los últimos en subir.

    ──Te lo dije, tienen que cambiar de lechuza y lamento ser quien te lo diga, pero te nombraron prefecto y por si eso no fuera suficiente castigo, tienes que compartir uno de los vagones para prefectos con la sangre sucia── Lo último lo dijo en voz baja, lo que menos necesitaban en ese momento era empezar el año con algún llamado de atención.

    Malfoy se tomo un momento para procesar que lo había oído y sin más, soltó a su amigo con un empujón para quitarlo de su camino. Avanzó con su equipaje de mano por el corredor, esquivando a otros estudiantes y mirando hacia el interior de cada vagon para dar con el que le correspondía. Era uno de los últimos, un vagón especial para prefectos y el único que no tenía la cortinilla baja en el cristal de la puerta.

    Se detuvo un instante a observar a través del cristal. Sentada a un lado de la ventanilla estaba Hermione, con su clásico cabello alborotado aunque no tanto como años anteriores, y a su lado estaba ese gato naranja que la seguía a todas partes y que al verlo, le bufo enseñado los colmillos.

    Entró sin mucho ánimo, cerrando la puerta tras de si y bajando la cortina. Suponía que iba a tener que ponerse al tanto de lo que habían hablado en la reunión con los Premios Anuales y que iba a tener que esperar a llegar al colegio para exigir cualquier cambio.

    ──Sé que te la dieron a ti. Entregame la estúpida insignia y se breve con lo que tengas que decirme, Granger ── Extendió la palma de la mano en su dirección, pero antes de que pudiera recibir cualquier cosa Crookshanks, el gato mitad kneazle trato de arañarle la mano. El slytherin lo esquivo por poco, de no ser por sus reflejos como buscador en el equipo de quidditch, estaría lamentando una herida.

    ──Y controla a tu bola de pelos deforme o lo voy convertir en una exótica alfombra para el baño de prefectos.

    Hermione Granger
    Últimamente la mansión de los Malfoy parecía haberse convertido en un hotel de tantas visitas e invitados que tenían. Los únicos rostros conocidos qué Draco había visto durante el verano eran los de sus amigos y el de los padres de sus amigos. El resto de los invitados eran conocidos de sus padres, sobre todo de Lucius quien solía mantenerlo alejado de la sala principal de la casa cuando se reunían allí. Nunca se lo había pedido directamente, pero hacia todo lo posible para evitar que estuviera presente cuando ocurrian, incluso le compro una escoba nueva a él y a sus amigos para que se pasaran el día entero practicando y jugando quidditch lejos de la mansión. Al principio no le dio importancia, como hijo único, recibir atención y una extensa variedad de regalos era algo normal. Lo habían acostumbrado a eso y era lo que creía hasta que la noche previa a su regreso a clases encontro a un par de elfos domésticos hablando en un corredor sobre lo crueles que eran los magos de rostro plateado que estaban de visita esa noche, fue todo lo que pudo oír porque al acercarse fingieron estar hablando de otra cosa, tampoco le parecio sensato interrogarlos, podría meterse el problemas con su padre solo por dirigirle la palabra a la servidumbre. Sin embargo, esa misma noche no pudo dormir. No era imbécil pero se sintió como uno al entender, algo tarde, lo que ocurria en su casa. Los elfos habían hecho una descripción muy boba pero los había entendido, antes de que lo vieran llegar habían estado hablando sobre mortifagos que mientras él trataba de dormir, ellos estaban en la sala. Lucius le había dicho que pronto llegaría el momento en el que sería invitado a esas reuniones y que el señor tenebroso estaba ansioso por conocerlo. Draco esperaba que ese momento no llegase nunca, no quería ser parte de lo que fuera que estaban tramando pero su voluntad y palabra nunca habían tenido peso en su hogar. No supo en que momento amanecio o si llego a dormir si quiera que apenas tuvo tiempo de organizar su día. Un par de horas después estaba saludando a su madre en la puerta de la mansión, resignandose a que su padre no iba a despedirse de él. ──Me asegurare de que tu padre te escriba cuando tenga un descanso── Le dijo ella mientras que los elfos cargaban las pesadas maletas por la escalinata de la entrada. El menor de los Malfoy sabía que eso no iba a suceder, pero no dijo nada, solo asintió para contentar a su madre y se despidió de ella con un fugaz beso en la mejilla. Lo único que le agradaba de regresar a Hogwarts era la oportunidad de "huir" de su hogar, aunque eso no le aseguraba que tuviera mejor suerte que en aquel lugar. Le basto con poner un pie dentro del tren para que Blaise Zabini se le acercara corriendo con la el rostro tan desencajado que parecía haber visto el fantasma del mismísimo Salazar Slytherin. ──Crei que no vendrías. Pensé que ibas a pedirle a tu padre que hablara con Dumbledore... ── Se lo veía inquieto, incómodo, como si no supiera como decir lo que tenia en mente. ──Es que acabo de pasar por el vagon, allí estan todos y en vistas de que has llegado sobre la hora, te asignaron con ella. Es obvio que nadie quiere soportarla todo el camino, ni siquiera la comadreja, creo que discutieron antes pero no estoy seguro ── Zabini hablaba sin parar, apenas respiraba lo suficiente para no desmayarse por la falta de oxígeno. Impaciente por no comprenderlo del todo, Draco lo tomo por los hombros y lo sacudió una sola vez para hacerlo callar. ──¿De que diablos estas hablando? ¿Por que mi padre tendría que hablar con el lunático de Dumbledore? ── Los ojos grises del Slytherin buscaban una respuesta a todo ese parloteo pero lo único que veían era una mezcla entre asombro y desagrado. Los alumnos que subían tenían que esquivarlos, estaban ocupando el centro del corredor principal, cerca de los primeros vagones aunque aun faltaban los de primero que eran los últimos en subir. ──Te lo dije, tienen que cambiar de lechuza y lamento ser quien te lo diga, pero te nombraron prefecto y por si eso no fuera suficiente castigo, tienes que compartir uno de los vagones para prefectos con la sangre sucia── Lo último lo dijo en voz baja, lo que menos necesitaban en ese momento era empezar el año con algún llamado de atención. Malfoy se tomo un momento para procesar que lo había oído y sin más, soltó a su amigo con un empujón para quitarlo de su camino. Avanzó con su equipaje de mano por el corredor, esquivando a otros estudiantes y mirando hacia el interior de cada vagon para dar con el que le correspondía. Era uno de los últimos, un vagón especial para prefectos y el único que no tenía la cortinilla baja en el cristal de la puerta. Se detuvo un instante a observar a través del cristal. Sentada a un lado de la ventanilla estaba Hermione, con su clásico cabello alborotado aunque no tanto como años anteriores, y a su lado estaba ese gato naranja que la seguía a todas partes y que al verlo, le bufo enseñado los colmillos. Entró sin mucho ánimo, cerrando la puerta tras de si y bajando la cortina. Suponía que iba a tener que ponerse al tanto de lo que habían hablado en la reunión con los Premios Anuales y que iba a tener que esperar a llegar al colegio para exigir cualquier cambio. ──Sé que te la dieron a ti. Entregame la estúpida insignia y se breve con lo que tengas que decirme, Granger ── Extendió la palma de la mano en su dirección, pero antes de que pudiera recibir cualquier cosa Crookshanks, el gato mitad kneazle trato de arañarle la mano. El slytherin lo esquivo por poco, de no ser por sus reflejos como buscador en el equipo de quidditch, estaría lamentando una herida. ──Y controla a tu bola de pelos deforme o lo voy convertir en una exótica alfombra para el baño de prefectos. [cozygryffindor93]
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  • Magos, nieve y travesuras
    Fandom Harry Potter
    Categoría Slice of Life
    El patio de transformaciones se había convertido en una batalla improvisada de bola de nieves entre los del año de Ginny Weasley. La muchacha lideraba a los tres gryffindor, compañeros de ella, que se habían sumado, contra 4 chicos de Hufflepuff y dos de Ravenclaw. Los de Slytherin se habían ido después de los primeros bolazos diciendo que ellos no tenían tiempo para esas tontería.

    La risa de la pelirroja se escuchaba mientras correteaba por el patio. Se agachó, para recoger algo de nieve que dio formar entre sus manos, mientras esquivaba una de las bolas que lanzaron en su dirección.

    Y lanzó una nueva bola, sin embargo, no miró bien a quien, y, por supuesto, no se dio cuenta de que una clase estaba saliendo de la clase de Transformaciones. Para cuando quiso darse cuenta, la bola de nieve impactó sobre el brazo de Harry Potter.

    Ginny rio muy suavemente, alzando la mano para disculparse...
    El patio de transformaciones se había convertido en una batalla improvisada de bola de nieves entre los del año de Ginny Weasley. La muchacha lideraba a los tres gryffindor, compañeros de ella, que se habían sumado, contra 4 chicos de Hufflepuff y dos de Ravenclaw. Los de Slytherin se habían ido después de los primeros bolazos diciendo que ellos no tenían tiempo para esas tontería. La risa de la pelirroja se escuchaba mientras correteaba por el patio. Se agachó, para recoger algo de nieve que dio formar entre sus manos, mientras esquivaba una de las bolas que lanzaron en su dirección. Y lanzó una nueva bola, sin embargo, no miró bien a quien, y, por supuesto, no se dio cuenta de que una clase estaba saliendo de la clase de Transformaciones. Para cuando quiso darse cuenta, la bola de nieve impactó sobre el brazo de Harry Potter. Ginny rio muy suavemente, alzando la mano para disculparse...
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  • Están en una misión mucho mas importante que aquello que lo mantiene despierto a las cuatro y media de la madrugada. Pero por mucho que ahora vivan en una realidad diferente, el 4 de Noviembre sigue siendo un día importante en el calendario del auror.

    El único problema es que no tiene ningún regalo. Al menos no uno que estuviera a la altura de aquella mujer. Al final decide improvisar.
    No necesita buscar mucho para encontrarla y por suerte tenia una pluma que no necesitaba tinta.

    ❝𝐹𝑒𝑙𝑖𝑧 𝑐𝑢𝑚𝑝𝑙𝑒𝑎𝑛̃𝑜𝑠, 𝑉𝑖𝑜𝑙𝑒𝑡.
    𝑁𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑜 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑎𝑙𝑔𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑎𝑞𝑢𝑖́. 𝑃𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑠𝑒𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑒𝑠𝑝𝑒𝑟𝑎𝑛𝑧𝑎, 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑣𝑒𝑎𝑠 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑖𝑒𝑛𝑑𝑎𝑠 𝑠𝑢 𝑠𝑖𝑔𝑛𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑑𝑜.
    𝐿𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑛𝑚𝑖𝑔𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒, 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 𝑐𝑒𝑟𝑐𝑎. 𝑌 𝑎𝑢𝑛𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑙𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑧𝑐𝑎 𝑚𝑒 ℎ𝑎 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟𝑚𝑒 𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑜 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜.
    𝑇𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑚𝑒𝑡𝑜 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑜 𝑚𝑒𝑗𝑜𝑟 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑎𝑚𝑏𝑜𝑠 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑠𝑒𝑟 𝑛𝑜𝑠𝑜𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜𝑠.
    𝑇𝑒 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑉𝑖𝑜𝑙𝑒𝑡 𝐵𝑎𝑟𝑟𝑜𝑤.❞

    Dobla la foto por la misma marca que ya tiene y se la guarda en el abrigo, con el mayor de los cuidados, justo antes de volver a su lucha de aquella noche, intentar dormir.
    Violet Barrow — Anderson
    Están en una misión mucho mas importante que aquello que lo mantiene despierto a las cuatro y media de la madrugada. Pero por mucho que ahora vivan en una realidad diferente, el 4 de Noviembre sigue siendo un día importante en el calendario del auror. El único problema es que no tiene ningún regalo. Al menos no uno que estuviera a la altura de aquella mujer. Al final decide improvisar. No necesita buscar mucho para encontrarla y por suerte tenia una pluma que no necesitaba tinta. ❝𝐹𝑒𝑙𝑖𝑧 𝑐𝑢𝑚𝑝𝑙𝑒𝑎𝑛̃𝑜𝑠, 𝑉𝑖𝑜𝑙𝑒𝑡. 𝑁𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑜 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑎𝑙𝑔𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑎𝑞𝑢𝑖́. 𝑃𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑠𝑒𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑒𝑠𝑝𝑒𝑟𝑎𝑛𝑧𝑎, 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑣𝑒𝑎𝑠 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑖𝑒𝑛𝑑𝑎𝑠 𝑠𝑢 𝑠𝑖𝑔𝑛𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑑𝑜. 𝐿𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑛𝑚𝑖𝑔𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒, 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 𝑐𝑒𝑟𝑐𝑎. 𝑌 𝑎𝑢𝑛𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑙𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑧𝑐𝑎 𝑚𝑒 ℎ𝑎 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟𝑚𝑒 𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑜 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜. 𝑇𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑚𝑒𝑡𝑜 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑜 𝑚𝑒𝑗𝑜𝑟 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑎𝑚𝑏𝑜𝑠 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑠𝑒𝑟 𝑛𝑜𝑠𝑜𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜𝑠. 𝑇𝑒 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑉𝑖𝑜𝑙𝑒𝑡 𝐵𝑎𝑟𝑟𝑜𝑤.❞ Dobla la foto por la misma marca que ya tiene y se la guarda en el abrigo, con el mayor de los cuidados, justo antes de volver a su lucha de aquella noche, intentar dormir. [brxvestslytherin]
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  • 𝑇𝑒 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡𝑜 𝑐𝑜𝑛𝑚𝑖𝑔𝑜..
    Fandom Harry Potter
    Categoría Drama
    𝑠𝑡𝑎𝑟𝑡𝑒𝑟 𝑝𝑎𝑟𝑎:

    જ⁀➴ Nora Woodward



    Sentía el peso en sus brazos. El peso de un cuerpo inerte. Había tenido esa pesadilla muchas veces. Pero hacía tiempo que no regresaba a él… ahora había vuelto, no era la misma, se entremezclaba con otros recuerdos, aquellos que realmente ahora si le perseguían.
    Su cuerpo había reaccionado por memoria muscular, por instinto. No era la primera vez que vivía aquello, no era la primera vez que perdía a la mujer de su vida…
    Orión había extendido los brazos, se había preparado para recibir el cuerpo de Nora, para sostenerlo, acunarlo, acompañarla, hacerle saber que no estaba sola…
    Pero la bruja era pura energía, y en eso se había convertido.

    No tenía un cuerpo sobre el que llorar, no quedaba un lugar al que ir a drenar su dolor… tan solo quedaban promesas rotas. Las de un futuro, las de felicidad, amor y esperanza.

    El auror despierta de golpe, en el sofá de su casa. No había vuelto a pisar las habitaciones desde que todo había ocurrido, y tampoco es que importara mucho viendo la poca cantidad de tiempo que conseguía dormir.
    Promesas rotas… todas. Tan solo una quedaba intacta.
    No esperaba poder mantener su palabra, aquel último juramento que había salido de sus labios. Pero aquella vez… aquella vez tenía amigos.
    Se había apoyado en Jessica, Cameron, y Violet. Ellos le habían ayudado, si no a superar su dolor, algo que no esperaba poder conseguir jamás, si a tratar de vivir con el.

    Fuera de aquellas horas temidas en las que la oscuridad le devolvía sus fantasmas, y de cara a la galería, Orión era un mago y un hombre casi renacido.

    Los informes de Jessica, y la pareja Keane/Barrow acerca de todo cuanto había pasado, habían limpiado su imagen hasta tal punto que sin llegar a saber bien como, lo habían ascendido, a ni más ni menos que, Jefe del Departamento de Aurores.
    Aquello no dejaba de sorprenderle, pero entre luchar contra el síndrome del impostor, gestionar un departamento entero, y reuniones interdepartamentales e interministeriales, tenía su mente y su día entero lo suficientemente ocupado como para no pensar.

    𝗨𝗻 𝗮𝗻̃𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀

    >>Los días pasaban sin que nada los detuviera, y antes de que nadie se pudiera dar cuenta, había pasado un año desde aquel terrible día en el que él había perdido su mundo por salvar el mundo entero.
    Violet había sido un gran apoyo para el auror, todos sus nuevos amigos, pero la Slytherin en concreto, desde el momento en el que le había abrazado en aquel sótano, parecía que se había empeñado en evitar que se hundiera, y por Merlín si lo había conseguido.

    Aquel día no sabía por qué, ya que no era un día especial, no era diferente al resto, se sentía ligeramente optimista, y había acudido al callejón Diagon con intención de enviar un detalle a Violet y su familia.
    Un juego nuevo de plumas y tinteros para Cameron, una pequeña quaffle de peluche para Minerva, y para Violet… un set variado de ingredientes para pociones.
    Aquello era lo último en su lista, y sin muchas ganas de caminar y buscar por más tiendas, entra en la primera botica que aparece a su paso.

    La sutil y aguda campanita vibra cuando abre la puerta y después de nuevo al cerrarse. Él murmura un saludo a la nada, ya que no veía a nadie tras el mostrador, y centra su atención en las estanterías que poblaban la pared, llenas de tarros de cristal de todos los tamaños y colores y llenos de todo lo que uno pudiera desear.
    Llevaba en la mano izquierda un pequeño tarro lleno de polvo de serpiente arbórea africana, como primera elección cuando una voz que detrás suyo hace que su corazón se salte dos latidos.

    — “𝐵𝑢𝑒𝑛𝑜𝑠 𝑑𝑖́𝑎𝑠, ¿𝑝𝑢𝑒𝑑𝑜 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎𝑟𝑙𝑒?”

    Aquella voz hace que Orión en un solo segundo, se gire y su mano deje caer el pequeño bote que se estrella contra el suelo, haciéndose pedazos, del mismo modo que lo hace su mundo.
    Era ella, estaba frente a él, observándolo, esperando una respuesta a su pregunta, con una sonrisa amable, una preciosa sonrisa. Aquello no podia ser real… ¿estaba soñando? No… el peso de los paquetes que cargaba bajo su brazo izquierdo era muy real.

    — No puede ser… No eres…. — Su voz no es más que un susurro ininteligible, al menos hasta que inspira hondo, tratando de tragar un repentino nudo en la garganta, recomponerse y averiguar que está pasando. Claramente ella le miraba con amabilidad, pero sin ningún tipo de reconocimiento en sus ojos… —… si, es… es posible que sí. Busco hacerle un regalo a una buena amiga, una especie de lote indispensable para pociones… ¿crees que me puedes echar una mano? Soy… soy Orión, por cierto, y… perdona, perdona por este desastre.

    Estaba fuera de lugar, nadie se presentaba a la dependienta de una tienda, así sin más, pero tenía que probar suerte, necesitaba ver si su nombre despertaba algo en ella, aunque fuera una chispa.
    𝑠𝑡𝑎𝑟𝑡𝑒𝑟 𝑝𝑎𝑟𝑎: જ⁀➴ [JailOfwoxd] Sentía el peso en sus brazos. El peso de un cuerpo inerte. Había tenido esa pesadilla muchas veces. Pero hacía tiempo que no regresaba a él… ahora había vuelto, no era la misma, se entremezclaba con otros recuerdos, aquellos que realmente ahora si le perseguían. Su cuerpo había reaccionado por memoria muscular, por instinto. No era la primera vez que vivía aquello, no era la primera vez que perdía a la mujer de su vida… Orión había extendido los brazos, se había preparado para recibir el cuerpo de Nora, para sostenerlo, acunarlo, acompañarla, hacerle saber que no estaba sola… Pero la bruja era pura energía, y en eso se había convertido. No tenía un cuerpo sobre el que llorar, no quedaba un lugar al que ir a drenar su dolor… tan solo quedaban promesas rotas. Las de un futuro, las de felicidad, amor y esperanza. El auror despierta de golpe, en el sofá de su casa. No había vuelto a pisar las habitaciones desde que todo había ocurrido, y tampoco es que importara mucho viendo la poca cantidad de tiempo que conseguía dormir. Promesas rotas… todas. Tan solo una quedaba intacta. No esperaba poder mantener su palabra, aquel último juramento que había salido de sus labios. Pero aquella vez… aquella vez tenía amigos. Se había apoyado en Jessica, Cameron, y Violet. Ellos le habían ayudado, si no a superar su dolor, algo que no esperaba poder conseguir jamás, si a tratar de vivir con el. Fuera de aquellas horas temidas en las que la oscuridad le devolvía sus fantasmas, y de cara a la galería, Orión era un mago y un hombre casi renacido. Los informes de Jessica, y la pareja Keane/Barrow acerca de todo cuanto había pasado, habían limpiado su imagen hasta tal punto que sin llegar a saber bien como, lo habían ascendido, a ni más ni menos que, Jefe del Departamento de Aurores. Aquello no dejaba de sorprenderle, pero entre luchar contra el síndrome del impostor, gestionar un departamento entero, y reuniones interdepartamentales e interministeriales, tenía su mente y su día entero lo suficientemente ocupado como para no pensar. 𝗨𝗻 𝗮𝗻̃𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀 >>Los días pasaban sin que nada los detuviera, y antes de que nadie se pudiera dar cuenta, había pasado un año desde aquel terrible día en el que él había perdido su mundo por salvar el mundo entero. Violet había sido un gran apoyo para el auror, todos sus nuevos amigos, pero la Slytherin en concreto, desde el momento en el que le había abrazado en aquel sótano, parecía que se había empeñado en evitar que se hundiera, y por Merlín si lo había conseguido. Aquel día no sabía por qué, ya que no era un día especial, no era diferente al resto, se sentía ligeramente optimista, y había acudido al callejón Diagon con intención de enviar un detalle a Violet y su familia. Un juego nuevo de plumas y tinteros para Cameron, una pequeña quaffle de peluche para Minerva, y para Violet… un set variado de ingredientes para pociones. Aquello era lo último en su lista, y sin muchas ganas de caminar y buscar por más tiendas, entra en la primera botica que aparece a su paso. La sutil y aguda campanita vibra cuando abre la puerta y después de nuevo al cerrarse. Él murmura un saludo a la nada, ya que no veía a nadie tras el mostrador, y centra su atención en las estanterías que poblaban la pared, llenas de tarros de cristal de todos los tamaños y colores y llenos de todo lo que uno pudiera desear. Llevaba en la mano izquierda un pequeño tarro lleno de polvo de serpiente arbórea africana, como primera elección cuando una voz que detrás suyo hace que su corazón se salte dos latidos. — “𝐵𝑢𝑒𝑛𝑜𝑠 𝑑𝑖́𝑎𝑠, ¿𝑝𝑢𝑒𝑑𝑜 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎𝑟𝑙𝑒?” Aquella voz hace que Orión en un solo segundo, se gire y su mano deje caer el pequeño bote que se estrella contra el suelo, haciéndose pedazos, del mismo modo que lo hace su mundo. Era ella, estaba frente a él, observándolo, esperando una respuesta a su pregunta, con una sonrisa amable, una preciosa sonrisa. Aquello no podia ser real… ¿estaba soñando? No… el peso de los paquetes que cargaba bajo su brazo izquierdo era muy real. — No puede ser… No eres…. — Su voz no es más que un susurro ininteligible, al menos hasta que inspira hondo, tratando de tragar un repentino nudo en la garganta, recomponerse y averiguar que está pasando. Claramente ella le miraba con amabilidad, pero sin ningún tipo de reconocimiento en sus ojos… —… si, es… es posible que sí. Busco hacerle un regalo a una buena amiga, una especie de lote indispensable para pociones… ¿crees que me puedes echar una mano? Soy… soy Orión, por cierto, y… perdona, perdona por este desastre. Estaba fuera de lugar, nadie se presentaba a la dependienta de una tienda, así sin más, pero tenía que probar suerte, necesitaba ver si su nombre despertaba algo en ella, aunque fuera una chispa.
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