• ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝¿𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎𝑠 𝑒𝑙 𝑠𝑜𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑎́𝑟𝑏𝑜𝑙𝑒𝑠 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑎𝑟.ᐣ❞

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎



    ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ La pregunta regresó a él años después de haber sido pronunciada. No como una voz, sino como un recuerdo atrapado entre el crujido de las ramas y el murmullo del viento atravesando los bosques antiguos. Hubo un tiempo en que habría respondido sin pensarlo. Un tiempo en que los caminos eran más cortos, las noches menos pesadas y los árboles parecían compartir secretos que los hombres aún podían comprender.

    Ahora le costaba recordarlo. No el sonido, era la sensación.

    Porque los bosques seguían hablando; siempre lo habían hecho. Susurraban en la lluvia, en las raíces, en las hojas que caían sobre tumbas olvidadas. Lo que había desaparecido era la capacidad de escucharlos sin miedo.

    Los ancianos decían que los árboles guardaban memorias. Que recordaban nombres, promesas y pecados mucho después de que quienes lo pronunciaron se hubieran convertido en polvo. Kanwulf nunca supo si aquello era cierto. Pero había recorrido suficientes senderos para comprender que algunos lugares conservaban ausencias del mismo modo que otros conservaban vida. Que a veces, durante las noches más silenciosas, creía oír aquellos susurros nuevamente. No eran palabras ni advertencias. Eran ecos de algo antiguo que persistía más allá de los reinos, de las guerras, de los dioses. Una voz tan vieja como el mundo recordándole que hubo una época en que los hombres pertenecían a los bosques, y no al contrario.

    Porque cuando más tiempo pasaba caminando entre ruinas y cementerios, más comprendía una verdad incómoda:

    Los árboles nunca dejaron de susurrar. Fueron los hombres quienes aprendieron a dejar de escucharlos.


    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ᛘᛁᚱᚴᚱᛁᚦ ᚴᛚᛅᛁᛘᛁᛦ ᛅᛁᚴᛁ ᛋᛒᚢᚱᚢᛘ
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘋𝘢𝘳𝘬𝘯𝘦𝘴𝘴 𝘧𝘰𝘳𝘨𝘦𝘵𝘴 𝘯𝘰 𝘧𝘰𝘰𝘵𝘱𝘳𝘪𝘯𝘵𝘴.❞



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ


    ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ 𝖳𝗋𝖾́𝗇 þ𝖾𝗀𝗃𝖺 𝖾𝗂𝗀𝗂; 𝗆𝖾𝗇𝗇 𝗁𝗅ýð𝖺 𝖾𝗂𝗀𝗂. ❜
    ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/3v6lvqtTyo4
    ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬 ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝¿𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎𝑠 𝑒𝑙 𝑠𝑜𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑎́𝑟𝑏𝑜𝑙𝑒𝑠 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑎𝑟.ᐣ❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ La pregunta regresó a él años después de haber sido pronunciada. No como una voz, sino como un recuerdo atrapado entre el crujido de las ramas y el murmullo del viento atravesando los bosques antiguos. Hubo un tiempo en que habría respondido sin pensarlo. Un tiempo en que los caminos eran más cortos, las noches menos pesadas y los árboles parecían compartir secretos que los hombres aún podían comprender. Ahora le costaba recordarlo. No el sonido, era la sensación. Porque los bosques seguían hablando; siempre lo habían hecho. Susurraban en la lluvia, en las raíces, en las hojas que caían sobre tumbas olvidadas. Lo que había desaparecido era la capacidad de escucharlos sin miedo. Los ancianos decían que los árboles guardaban memorias. Que recordaban nombres, promesas y pecados mucho después de que quienes lo pronunciaron se hubieran convertido en polvo. Kanwulf nunca supo si aquello era cierto. Pero había recorrido suficientes senderos para comprender que algunos lugares conservaban ausencias del mismo modo que otros conservaban vida. Que a veces, durante las noches más silenciosas, creía oír aquellos susurros nuevamente. No eran palabras ni advertencias. Eran ecos de algo antiguo que persistía más allá de los reinos, de las guerras, de los dioses. Una voz tan vieja como el mundo recordándole que hubo una época en que los hombres pertenecían a los bosques, y no al contrario. Porque cuando más tiempo pasaba caminando entre ruinas y cementerios, más comprendía una verdad incómoda: Los árboles nunca dejaron de susurrar. Fueron los hombres quienes aprendieron a dejar de escucharlos. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ᛘᛁᚱᚴᚱᛁᚦ ᚴᛚᛅᛁᛘᛁᛦ ᛅᛁᚴᛁ ᛋᛒᚢᚱᚢᛘ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘋𝘢𝘳𝘬𝘯𝘦𝘴𝘴 𝘧𝘰𝘳𝘨𝘦𝘵𝘴 𝘯𝘰 𝘧𝘰𝘰𝘵𝘱𝘳𝘪𝘯𝘵𝘴.❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ 𝖳𝗋𝖾́𝗇 þ𝖾𝗀𝗃𝖺 𝖾𝗂𝗀𝗂; 𝗆𝖾𝗇𝗇 𝗁𝗅ýð𝖺 𝖾𝗂𝗀𝗂. ❜ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/3v6lvqtTyo4 ❜
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  • 𝑂𝑓 𝑤𝘩𝑎𝑡 𝑟𝑒𝑚𝑎𝑖𝑛𝑒𝑑 𝑢𝑛𝑠𝑙𝑎𝑖𝑛, 𝑜𝑓 𝑎 𝑑𝑎𝑟𝑘𝑛𝑒𝑠𝑠 𝑘𝑛𝑜𝑤𝑛 𝑏𝑦 𝑛𝑎𝑚𝑒
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    𝑹𝒐𝒍 𝒄𝒐𝒏: 𝑨𝒆𝒍𝒊𝒂𝒏𝒏𝒂


    𝑨𝒃𝒂𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒊𝒏𝒕 𝑬𝒊𝒓𝒊𝒍𝒅, 𝑬𝒊𝒄𝒉𝒆𝒏𝒘𝒂𝒍𝒅

    𝐴 𝑙𝑎 𝑑𝑢𝑜𝑑𝑒́𝑐𝑖𝑚𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑎𝑛𝑎𝑑𝑎; 𝑎 𝑙𝑎 𝘩𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑏𝑜𝑠 - 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙖 𝙣𝙤𝙘𝙝𝙚.


    La tormenta había terminado dos días atrás, pero el barro seguía aferrándose a las botas melladas de acero y al borde de la capa como si algo en el camino se negara a dejarlo marchar. El Vaeltaja no regresó a la abadía con prisa. Nunca lo hacía, pues durante el viaje hubo una incomodidad persistente acompañándolo entre árboles, una sensación que ni las bestias del bosque ni los espectros de los viejos caminos habían logrado provocarle jamás. Había enfrentado criaturas nacidas antes que sus reinos. Había contemplado horrores que hacían retroceder a hombres de fe y guerreros por igual. Aquello era diferente.

    Era duda que lo devora por dentro como una maldición.

    La abadía apareció finalmente entre la niebla de la madrugada, erguida sobre la colina como siempre había estado. Inmutable, familiar. Durante un instante permaneció observándola desde la distancia. Las agujas de piedra elevándose hacia un cielo gris, los muros antiguos, los vitrales oscuros y todos donde la luz moría antes de atravesarlos del todo. Allí dentro sabe que estaba esperando. Lo sabía con la misma certeza con la que conocía el peso de su espada o el sonido de su propia respiración. Y precisamente por eso había tardado tanto en regresar.

    𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑠𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑞𝑢𝑒́ 𝘩𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑜.

    La pesada puerta cedió bajo su mano enguantada de acero negro. El interior lo recibió con el olor familiar a muerte, a cadáveres, el incienso antiguo. La piedra húmeda y algo más difícil de nombrar. Algo que siempre parecía pertenecerle únicamente a ella. Sus pies resonaron por la piedra caliza a paso silencioso, mientras avanzaba sin anunciarse. No traía presas para alimentar su hambre, no arrastraba cadáveres ni trofeos de alguna cacería. Tampoco estaba herido. A simple vista parecía el mismo hombre que había partido semanas atrás.

    No lo era.

    Bajo uno de sus brazos descansaba un objeto envuelto en tela oscura. Grande, plano, protegido con más cuidado del que normalmente reservaba para cualquier reliquia. Y cuando finalmente se detuvo, el silencio permaneció entre las columnas durante varios segundos antes que su voz rompiera la quietud.

    —𝘌𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘦́ 𝘵𝘶 𝘳𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 —la frase salió simple, directa. Como una herida que no ha sido sanada. Sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la oscuridad, esperando sentir su presencia incluso antes de verla—. 𝘈 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶𝜄́.

    La tela fue retirada lentamente. Debajo apareció una tabla de madera ennegrecida por los siglos; los bordes estaban consumidos por el tiempo y las grietas recorrían la superficie como venas secas. En el centro, apenas conservado por milagro o maldición, permanecía el retrato de una mujer.

    Cabello claro y níveo, rasgos delicados. La misma curva de sus labios y... extrañamente, asumía que los mismos ojos. No parecida, sino idéntica. La inscripción inferior estaba casi destruida, pero todavía podían leerse fragmentos de una fecha tan antigua que pertenecía a una época anterior a varios reinos que hoy seguro gobernaban aquellas tierras. Kanwulf no apartó la mirada del retrato todavía.

    —𝘋𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘦́ 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘯𝘤𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘶́ —la confesión fue apenas más baja, honesta—. 𝘕𝘰 𝘧𝘶𝘯𝘤𝘪𝘰𝘯𝘰́.

    Por primera vez levantó la vista. No hacia la pintura, sino hacia donde —𝘦́𝘭 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘢— ella está, en algún lugar de la inmensa y abandonada abadía. Porque aquello era lo que realmente le siembra una duda que aterra en el pecho. No la posibilidad de que la mujer fuera un retrato de Aelianna; no la posibilidad de que algo imposible estuviera ocurriendo. Lo que le inquietaba era haberse dado cuenta, en algún punto del regreso, de que la respuesta no cambiaría nada. Si aquel rostro había esperado por siglos sumido en la oscuridad. Si existían más o si ella era algo mucho más antiguo de lo que muchos pudieran imaginar.

    Y quizá esa era la parte verdaderamente oscura de toda la historia. Que la duda había viajado con él durante semanas, pero la devoción había llegado primero. En cómo los Vaeltaja fueron creados para reconocer la oscuridad allí donde se ocultara. Quizá por eso la encontró; la tragedia nunca fue haberla amado. La tragedia fue reconocer exactamente lo que era... y permanecer de todos modos.

    𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑎𝑏𝑎𝑑𝜄́𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜. 𝐶𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑜: 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟.
    𝑹𝒐𝒍 𝒄𝒐𝒏: [meine.sehnsucht] 𝑨𝒃𝒂𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒊𝒏𝒕 𝑬𝒊𝒓𝒊𝒍𝒅, 𝑬𝒊𝒄𝒉𝒆𝒏𝒘𝒂𝒍𝒅 𝐴 𝑙𝑎 𝑑𝑢𝑜𝑑𝑒́𝑐𝑖𝑚𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑎𝑛𝑎𝑑𝑎; 𝑎 𝑙𝑎 𝘩𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑏𝑜𝑠 - 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙖 𝙣𝙤𝙘𝙝𝙚. La tormenta había terminado dos días atrás, pero el barro seguía aferrándose a las botas melladas de acero y al borde de la capa como si algo en el camino se negara a dejarlo marchar. El Vaeltaja no regresó a la abadía con prisa. Nunca lo hacía, pues durante el viaje hubo una incomodidad persistente acompañándolo entre árboles, una sensación que ni las bestias del bosque ni los espectros de los viejos caminos habían logrado provocarle jamás. Había enfrentado criaturas nacidas antes que sus reinos. Había contemplado horrores que hacían retroceder a hombres de fe y guerreros por igual. Aquello era diferente. Era duda que lo devora por dentro como una maldición. La abadía apareció finalmente entre la niebla de la madrugada, erguida sobre la colina como siempre había estado. Inmutable, familiar. Durante un instante permaneció observándola desde la distancia. Las agujas de piedra elevándose hacia un cielo gris, los muros antiguos, los vitrales oscuros y todos donde la luz moría antes de atravesarlos del todo. Allí dentro sabe que estaba esperando. Lo sabía con la misma certeza con la que conocía el peso de su espada o el sonido de su propia respiración. Y precisamente por eso había tardado tanto en regresar. 𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑠𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑞𝑢𝑒́ 𝘩𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑜. La pesada puerta cedió bajo su mano enguantada de acero negro. El interior lo recibió con el olor familiar a muerte, a cadáveres, el incienso antiguo. La piedra húmeda y algo más difícil de nombrar. Algo que siempre parecía pertenecerle únicamente a ella. Sus pies resonaron por la piedra caliza a paso silencioso, mientras avanzaba sin anunciarse. No traía presas para alimentar su hambre, no arrastraba cadáveres ni trofeos de alguna cacería. Tampoco estaba herido. A simple vista parecía el mismo hombre que había partido semanas atrás. No lo era. Bajo uno de sus brazos descansaba un objeto envuelto en tela oscura. Grande, plano, protegido con más cuidado del que normalmente reservaba para cualquier reliquia. Y cuando finalmente se detuvo, el silencio permaneció entre las columnas durante varios segundos antes que su voz rompiera la quietud. —𝘌𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘦́ 𝘵𝘶 𝘳𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 —la frase salió simple, directa. Como una herida que no ha sido sanada. Sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la oscuridad, esperando sentir su presencia incluso antes de verla—. 𝘈 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶𝜄́. La tela fue retirada lentamente. Debajo apareció una tabla de madera ennegrecida por los siglos; los bordes estaban consumidos por el tiempo y las grietas recorrían la superficie como venas secas. En el centro, apenas conservado por milagro o maldición, permanecía el retrato de una mujer. Cabello claro y níveo, rasgos delicados. La misma curva de sus labios y... extrañamente, asumía que los mismos ojos. No parecida, sino idéntica. La inscripción inferior estaba casi destruida, pero todavía podían leerse fragmentos de una fecha tan antigua que pertenecía a una época anterior a varios reinos que hoy seguro gobernaban aquellas tierras. Kanwulf no apartó la mirada del retrato todavía. —𝘋𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘦́ 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘯𝘤𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘶́ —la confesión fue apenas más baja, honesta—. 𝘕𝘰 𝘧𝘶𝘯𝘤𝘪𝘰𝘯𝘰́. Por primera vez levantó la vista. No hacia la pintura, sino hacia donde —𝘦́𝘭 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘢— ella está, en algún lugar de la inmensa y abandonada abadía. Porque aquello era lo que realmente le siembra una duda que aterra en el pecho. No la posibilidad de que la mujer fuera un retrato de Aelianna; no la posibilidad de que algo imposible estuviera ocurriendo. Lo que le inquietaba era haberse dado cuenta, en algún punto del regreso, de que la respuesta no cambiaría nada. Si aquel rostro había esperado por siglos sumido en la oscuridad. Si existían más o si ella era algo mucho más antiguo de lo que muchos pudieran imaginar. Y quizá esa era la parte verdaderamente oscura de toda la historia. Que la duda había viajado con él durante semanas, pero la devoción había llegado primero. En cómo los Vaeltaja fueron creados para reconocer la oscuridad allí donde se ocultara. Quizá por eso la encontró; la tragedia nunca fue haberla amado. La tragedia fue reconocer exactamente lo que era... y permanecer de todos modos. 𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑎𝑏𝑎𝑑𝜄́𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜. 𝐶𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑜: 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟.
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  • A mis muy queridos y venerados maestros:

    Recibid, os ruego, estas humildes letras, enviadas desde tierras lejanas, con el propósito de aquietar vuestras inquietudes y haceros saber que vuestra enseñanza aún perdura firme en mi pecho. Me hallo sano y con buen ánimo, amparado por la gracia del Altísimo.

    Durante mi peregrinaje he conocido a numerosas almas bondadosas y de noble corazón, y presumo que la Providencia habrá de poner muchas más en mi sendero. No obstante, también he debido afrontar no pocas acechanzas. Diversos demonios procuraron seducirme con embustes, quebrantar mi espíritu e incluso segar mi existencia; mas mi fe permaneció inmutable, cual faro en medio de la tempestad.

    Lamentablemente, todavía no he logrado consumar la promesa que hice a mi amada Nattasha. El tiempo ha transcurrido con excesiva premura y mis pasos han sido desviados por incontables deberes. Sin embargo, aunque tardía, dicha promesa será cumplida. Así lo juro ante Dios y ante su memoria.

    Esta noche volveré a encender un sahumerio en honor de ella y de mi pequeña hija, elevando plegarias por sus almas y suplicando que la paz celestial continúe cobijándolas.

    ¡Ah! Casi olvido referiros una novedad de gran importancia. He acogido bajo mi tutela a una desdichada niña llamada Sapphire. Su carácter es intrincado y no pocas veces pone a prueba mi paciencia; sin embargo, creo que poco a poco comenzamos a comprendernos. Cada jornada aprendemos algo el uno del otro, y en ello encuentro una dicha que no esperaba hallar.

    Estoy convencido de que Nattasha, desde los luminosos reinos celestiales, contemplaría esta situación con inmensa ternura. Quizás incluso reiría dulcemente al verme intentando criar a una niña tan singular como Sapphire. Después de todo, formar una familia fue siempre nuestro anhelo más preciado, y considero que el Señor, en Su infinita misericordia, ha bendecido mis días con su presencia.

    Esta misma noche encenderé otro incienso y elevaré oraciones por vosotros. Os imploro, si os es posible, que hagáis lo propio por ellas. Y si la voluntad divina así lo dispone, algún día tendréis el honor de conocer a la pequeña Sapphire con vuestros propios ojos.

    Que la luz del Altísimo guíe vuestros pasos y que Su misericordia jamás os abandone.

    Con la más profunda estima, respeto y afecto filial.

    Atte: Zelkova Legasov.
    A mis muy queridos y venerados maestros: Recibid, os ruego, estas humildes letras, enviadas desde tierras lejanas, con el propósito de aquietar vuestras inquietudes y haceros saber que vuestra enseñanza aún perdura firme en mi pecho. Me hallo sano y con buen ánimo, amparado por la gracia del Altísimo. Durante mi peregrinaje he conocido a numerosas almas bondadosas y de noble corazón, y presumo que la Providencia habrá de poner muchas más en mi sendero. No obstante, también he debido afrontar no pocas acechanzas. Diversos demonios procuraron seducirme con embustes, quebrantar mi espíritu e incluso segar mi existencia; mas mi fe permaneció inmutable, cual faro en medio de la tempestad. Lamentablemente, todavía no he logrado consumar la promesa que hice a mi amada Nattasha. El tiempo ha transcurrido con excesiva premura y mis pasos han sido desviados por incontables deberes. Sin embargo, aunque tardía, dicha promesa será cumplida. Así lo juro ante Dios y ante su memoria. Esta noche volveré a encender un sahumerio en honor de ella y de mi pequeña hija, elevando plegarias por sus almas y suplicando que la paz celestial continúe cobijándolas. ¡Ah! Casi olvido referiros una novedad de gran importancia. He acogido bajo mi tutela a una desdichada niña llamada Sapphire. Su carácter es intrincado y no pocas veces pone a prueba mi paciencia; sin embargo, creo que poco a poco comenzamos a comprendernos. Cada jornada aprendemos algo el uno del otro, y en ello encuentro una dicha que no esperaba hallar. Estoy convencido de que Nattasha, desde los luminosos reinos celestiales, contemplaría esta situación con inmensa ternura. Quizás incluso reiría dulcemente al verme intentando criar a una niña tan singular como Sapphire. Después de todo, formar una familia fue siempre nuestro anhelo más preciado, y considero que el Señor, en Su infinita misericordia, ha bendecido mis días con su presencia. Esta misma noche encenderé otro incienso y elevaré oraciones por vosotros. Os imploro, si os es posible, que hagáis lo propio por ellas. Y si la voluntad divina así lo dispone, algún día tendréis el honor de conocer a la pequeña Sapphire con vuestros propios ojos. Que la luz del Altísimo guíe vuestros pasos y que Su misericordia jamás os abandone. Con la más profunda estima, respeto y afecto filial. Atte: Zelkova Legasov.
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    LA CULTIVACIÓN - ANTIGUA CHINA
    INFORMACIÓN: - - - - - - - - - -

    El Cultivador Espiritual (Taoísta / Inmortal)En el folclore, la filosofía china y géneros de fantasía como el Xianxia, un "cultivador" es un ser humano que busca la trascendencia.

    Concepto de cultivo: Es la práctica de absorber y refinar el Qi (la energía vital).Objetivos: Los cultivadores buscaban purificar su cuerpo y espíritu para obtener longevidad, poderes sobrenaturales y, en última instancia, convertirse en inmortales (Xian)

    Prácticas reales: Se basaban en la alquimia interna (Neidan), artes marciales (Qigong) y la meditación taoísta.

    El género xianxia a menudo se compara con el género wuxia (en chino simplificado, 武侠; literalmente, ‘Héroes marciales’) ya que los dos comparten muchas similitudes: ambos están ambientados en la antigua China casi histórica, tienen personajes de otro mundo y una batalla entre el bien y el mal. La principal diferencia es que el xianxia suele ser más sagrado, trascendental o metafísico, centrándose más en el crecimiento espiritual y el dominio de los poderes, la búsqueda de la existencia eterna, el destino y la reencarnación, los múltiples reinos de la realidad y las interacciones con seres sobrenaturales. y espíritus.
    Aunque ambientada en el mundo humano, el género wuxia tiene pocos elementos sobrenaturales y enfatiza principalmente en las artes marciales, la venganza personal, la búsqueda de tesoros, la justicia social y las luchas por el poder..

    El Género Xianxia (Héroes Inmortales)El término es muy popular hoy en día gracias al género literario y televisivo Xianxia (que se traduce literalmente como "Héroes Inmortales"). En estas historias:Los cultivadores son los protagonistas y héroes de la historia.Utilizan espadas voladoras, controlan los elementos, invocan bestias míticas y desafían a dioses y demonios.Cuentan con un sistema de progresión o niveles, haciéndose cada vez más poderosos a medida que "purifican" su energía.

    NOTA: Si hay interesados en este mundo son bienvenidos.
    LA CULTIVACIÓN - ANTIGUA CHINA INFORMACIÓN: - - - - - - - - - - El Cultivador Espiritual (Taoísta / Inmortal)En el folclore, la filosofía china y géneros de fantasía como el Xianxia, un "cultivador" es un ser humano que busca la trascendencia. Concepto de cultivo: Es la práctica de absorber y refinar el Qi (la energía vital).Objetivos: Los cultivadores buscaban purificar su cuerpo y espíritu para obtener longevidad, poderes sobrenaturales y, en última instancia, convertirse en inmortales (Xian) Prácticas reales: Se basaban en la alquimia interna (Neidan), artes marciales (Qigong) y la meditación taoísta. El género xianxia a menudo se compara con el género wuxia (en chino simplificado, 武侠; literalmente, ‘Héroes marciales’) ya que los dos comparten muchas similitudes: ambos están ambientados en la antigua China casi histórica, tienen personajes de otro mundo y una batalla entre el bien y el mal. La principal diferencia es que el xianxia suele ser más sagrado, trascendental o metafísico, centrándose más en el crecimiento espiritual y el dominio de los poderes, la búsqueda de la existencia eterna, el destino y la reencarnación, los múltiples reinos de la realidad y las interacciones con seres sobrenaturales. y espíritus. Aunque ambientada en el mundo humano, el género wuxia tiene pocos elementos sobrenaturales y enfatiza principalmente en las artes marciales, la venganza personal, la búsqueda de tesoros, la justicia social y las luchas por el poder.. El Género Xianxia (Héroes Inmortales)El término es muy popular hoy en día gracias al género literario y televisivo Xianxia (que se traduce literalmente como "Héroes Inmortales"). En estas historias:Los cultivadores son los protagonistas y héroes de la historia.Utilizan espadas voladoras, controlan los elementos, invocan bestias míticas y desafían a dioses y demonios.Cuentan con un sistema de progresión o niveles, haciéndose cada vez más poderosos a medida que "purifican" su energía. NOTA: Si hay interesados en este mundo son bienvenidos.
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    Hace ya mucho tiempo existieron una raza de seres con un poder inconmensurable, estos vivían sin dañar a nadie en lo basto del mundo de los dioses, pues estos pertenecían a los reinos de las divinidades por su majestuosidad y poder, el nombre de estos seres mitológicos es "Dragónes", aquellos únicos capaces de ser distinguidos de cualquier otra bestia en el mundo divino, estos vivieron durante cientos de años protegiendo aquel lugar donde vivían. Por otro lado, había una diosa que no estaba de acuerdo con que semejantes bestias salvajes "Según ella" vivieran allí, sus palabras fueron: — "¿Que harán cuando se revelen contra nosotros?, a medida que sigan aumentando en número se les será más fácil adueñarse de este lugar por su orgullo inamovible" — Por alguna razón desconocida aquella entidad odiaba a los dragones, los despreciaba en silencio, no soportaba su presencia cerca de ella, a sus ojos solo eran animales sin uso de razón que en algún momento se revelarían solo por ser territoriales como cualquier otra bestia cualquiera. Estas palabras no eran del agrado de los dioses del lugar causando con el tiempo que sus palabras fueran tomadas como blasfemias por hacia sus protectores, con el tiempo sus palabras eran cada vez más ignoradas hasta el punto de parecer más bien una diosa renegada, este desden y rechazo solo aumento el resentimiento hacia los dioses del lugar hasta el punto en que por su mente paso asesinar a uno de ellos, su idea era que al matar a un dragón los demás dragones perderían el control al sentir la traición y comenzarían un ataque en contra de los dioses provocando que los mismos dioses se vieran obligados a extingirlos por completo, la inmadurez de aquella diosa renegada no le dejó ver qué su plan tenía un enorme fallo en su contra, esto se debía a qué sus deseos de acabar con los dragones parecía más bien una obsesión...

    Pasaron algunos días pensando en "Quien debería ser el primer dragón muerto" Hasta que dio con aquel dragón que era de uno de los dioses más influyentes en ese lugar divino, fue aquel que se encargo de cada arquitectura del enorme palacio donde vivían, aquel que hace miles de años creo una conexión entre el mundo terrestre y su mundo divino para poder repartir bendiciones con la idea de ayudar, sin duda un gran apoyo para para la tierra y los cielos, este dios llamado Kairu tenía a dos dragones hermanos en su poder, eran parte de su familia desde que nacieron, eran figuras imponentes con pelaje rojo vinotinto con apariencia elegante pero poderosa, estos eran macho y hembra cada uno, el nombre del dragón que protegía las puertas de dónde se hospedaba Kairu era Rihona, más alto y formido que su hermanan Nidia que era más elegante y quién escoltaba a su dios en sus viajes, allá donde fuera este señor brillaba por su dragona y su hogar respetado por su dragón. Aquella diosa, Reika apunto a asesinar al dragón Rihona para cuándo Kairu saliera de viaje, paso el tiempo y efectivamente el viaje se dio, aquel señor salió con su dragonesa en un largo viaje.
    —Esta es la oportunidad perfecta, al regresar solo encontrará un gran baño de sangre sin remedio... — Pensó en voz baja Reika, con el pasar de dos dias de haberse ido Kairu, el asesinato de Rihona ocurrió en el anochecer, su rugido retumbó en todo el lugar y los dioses fueron a observar que estaba ocurriendo, pero ya era demasiado tarde, al acercarse y revisar el cuerpo este parecía tener una herida causada por una lanza o algo parecido que atravesó su cráneo causando su muerte al instante, este hecho era bastante extraño pues el dragón que protegía las puertas de los cielos nunca aviso de algún intruso, así que lo mas probable es que fuera alguien del lugar, además Rihona tenía un fuerte sentido del olfato, podría oler a kilómetros a cualquier intruso aún estando profundamente dormido este se levantaría a proteger su lugar, así que... ¿Porque no murió sin luchar?... No tardaron mucho en pensar lo obvio, efectivamente era alguien que ya era residente del lugar divino, además era alguien con quién Rihona estaba familiarizado y por eso jamás se espero tal traición, por lo tanto había tan solo un sospechoso, mejor dicho "Una" sospechosa.

    Pasaron los días y Kairu regreso junto con Nidia, este se sintió extrañado por el silencio de las personas en el lugar y tantos dragones reunidos, —¿Que sucede aquí?— Pregunto Kairu para luego recibir la respuesta... —Señor... Lamentamos informarle que su dragón Rihona a sido asesinado... Pero al menos ya tenemos al culpable, estuvimos esperando su regreso para que usted mismo decida que es lo que debemos hacer con la diosa Reika—
    Al escuchar esta noticia el feroz rugido de la hermana del dragón asesinado se desencadenó junto con un acercamiento forzado por su irá hacia donde se encontraba la culpable en el centro del palacio destrozando parte del lugar, esta imagen causó un brillo en los ojos de la asesina
    —¿Lo ven?... ¡¡SON BESTIAS!!, ¡¡¿QUE HARAS?!!, ¡¡NOS MATARÁS A TODOS, ¿VERDAD?!!—
    Nidia escucho su voz y se centro solo en ella, Reika estaba indefensa, vigilada, atrapada, y la irá y dolor de la dragonesa estaban siendo soportados pero la impotencia estaba por quebrarse para volverse un baño de sangre pero de quien causó todo...
    —¡BASTA!— Dice Kairu alzando su mano... Veía las lágrimas recorrer el perfil de aquella dragón compartiendo su sentimiento, pero si acababa con su vida le estaría dando la razón... Y quebraria el voto con los dioses de no agredirlos sinó protegerlos... Así que por respeto a su maestro, Nidia se mantuvo en un solo lugar.

    Kairu se acercó a aquella obsesionada enfermiza y tomo una decisión muy piadosa para algo que se debía pagar con la misma moneda según la visión de Nidia. Este dios desterró a Reika a una ciudad en la tierra, una ciudad completamente muerta en donde no existían habitantes y ni siquiera la luz del sol se dignaba a iluminar, era un lugar muy amplio, pero devastado y solitario además de serle puesto en su espalda un sello sumamente doloroso para que no pudiera usar sus poderes divinos, sin embargo, aún con ese castigo Nidia sabía que nada hará que su hermano regrese a la vida, ese castigo solo se podía pagar con la muerte...


    — [Al pasar de unas semanas] —

    La dragonesa se sentía realmente sola, aún con el cariño de su maestro esta sentía que le faltaba su otra mitad, ese dolor no podía ser superado con tan solo pensar que aquella renegada sigue con vida, con la capacidad de viajar o encontrar a quien la apoye como si nunca hubiera pasado nada, ¿Y que pasaría si lograba deshacer el sello para luego hacer lo que quisiera?... Estos pensamientos invadían la mente de la dragón día tras día.
    En una noche tiempo después de aquel suceso, Nidia se acercó a la puerta del reino de los cielos, allí se comunicó con los dragones que resguardaban está misma puerta, sabían que al irse ella su señor quedaría sin dragones, pero entendían su pesar... Estos dragones decidieron darle paso a la salida del mundo divino y con el tiempo comenzarían su ausencia protegiendo a su señor y con el tiempo otorgándole otro protector, Kairu sufrirá su partida, pero sabrá entender...

    [Al bajar de los cielos...]

    Nidia no tardó mucho tiempo para captar la presencia sellada de la renegada, sin embargo desde el cielo veía la apariencia de los que en el plano terrenal vivían y está tomo su forma, una mujer pelirroja con una armadura que reflejaba su coraza con cuernos y cola draconica, con esta forma Nidia podía pasar desapercibida entre los humanos y demihumanos mientras se encaminaba a donde se encontraba su objetivo.

    A Nidia le tomo solo un día para llegar a aquella ciudad devastada puesto a que sus alas nunca perdieron su fuerza original, su velocidad era más rápida que el mismo sonido, Nidia en su forma demihumana veía la gran torre supuestamente abandonada en frente si con una mirada decisiva, sabía que allí se encontraba a quien vino a castigar, camino un largo trecho por lo extensa que era la ciudad devastada, fue paso a paso para ir recordando cada palabra, cada momento, cada recuerdo que no se repetirá jamás.

    Mientras, la Raika escuchaba pasos acercandose lentamente —¿Alguien vino aquí?— pensó con esperanzas de qué tal vez alguien la guíe a dónde haya población, comida, etc... Pero en tan solo un segundo la puerta de madera podrida que estaba enfrente de si fue destruida.
    —¡¿Que?...— Exclamo Raika del susto viendo a una mujer frente a ella — Me calma que aún sigas en buen estado después de aquel momento... Eres lo que necesito para que mi mente y la de mi hermano descansen — Dijo la pelirroja acercándose lentamente — ¡Hermano!... ¿Tu eres?... — Pregunto Reika asustada viendo como su muerte de acercaba paso a paso, el anterior de la habitación era oscuro y monocromático por la luz que entraba por lo que debió haber sido una ventana hace ya muchos años, el piso se quebraba ligeramente mientras más cerca estaba la dragonesa en con su apariencia humana pero intimidante como un dragón en su forma original. — ¡¡Espera...!!, ¡¡DETENTE ALLI...!!, ¡¡TAL VEZ YA NO SEA UNA DIOSA, PERO SI ME QUITAS ESTE SELLO PODRE DARTE LO QUE DESEES, LO QUE QUIERAS!! —
    Después de escuchar estas palabras, Nidia se detuvo en seco en frente, su rostro no mostraba ninguna expresión, está accedió a quitarle el sello, agradecida y aliviada, Reika se dio la vuelta para que aquel sello fuera removido, para que esto fuera exitoso, Nidia renuncio a su forma de dragón completa como pago para poder quitar el sello y efectivamente los poderes de Reika comenzaban a regresar — ¡¡JAJAJAJA, SI, POR FIN, PODRÉ DESHACERME DE ESTA MISERABLE VIDA!!.

    Nidia coloco su mano en el hombro de Reika ya recuperada de sus poderes y solo dijo una cosa
    — Bien, con esto será justo lo que pasara, mi orgullo tal y como le llamas no me dejaría sentirme satisfecha con esto —

    La dragón sabía que la diosa no cumpliría con su palabra —Bien, imagino que lo que deseas es estar al lado de tu hermano, tranquila, será rápido ese deseo —

    En ese preciso momento el combate ya había empezado, Reina dejo salir gran parte de su energía como una onda de choque que destruiría la habitación en la torre donde estaban estando ahora las dos en el aire viendo quien atacara primero, Reika creo una enorme espada de su propia energía divina para luego arremeter contra la dragón, sin embargo, Nidia esquiva con facilidad, aún sin tener arma la dragonesa no mostraba ninguna expresión de desventaja o miedo, desde el aire se aproxima el ataque de Nidia ahora, una enorme bola de fuego carmesi que es disparada a gran velocidad, el campo estaba hecho para esta batalla, pues ya estaba completamente destruido como si llamara al mismo caos, aunque esté era más bien un asunto de venganza y respeto, dos ideales opuestos en un mismo lugar con motivos diferentes de enfrentarse pero con un mismo desenlace, arrebatar la vida de su oponente o morir, está misma mentalidad de todo o nada es lo que implica a usar un 100% de sus habilidades por lo que Reika corta aquella esfera de fuego de dragón, pero justo detrás venía a gran velocidad cortante incluso para el viento la dragona que solo necesitaba un ataque certero...

    — ¡¡MALDI...!! —

    Las palabras de la diosa fueron interrumpidas al sentir como su respiración se cortaba por el fuerte apretón de mano de Nidia quien la tenía en el aire sujetada, sus garras se clavaron en el cuello de Reika para inutilizar cualquier intento de escape, al menor intento de huir su cuello quedaría desgarrado con tan solo una mano.

    — No podías soportar que una "Bestia" tuviera más poder que tú, una diosa, tu envidia marco tu destino — Dijo la dragonesa con una última pregunta y está fue: "¿Cuáles serán tus últimas palabras?", a lo que Reika respondió: — Vamos... En ti... Debe haber también algo de ambición... ¿No hay algo que... Quieras...? —

    Nidia apretó su mano con un cierre respondiendo su pregunta pero está vez con un tono de irá que llevaba mucho tiempo acumulado: — ¡¡QUIERO QUE MUERAS!! —Fueron sus palabras al apretar el cuello de su oponente con una fuerza brutal dejando escapar aquel recentimiento y dolor en un solo movimiento separando la cabeza del cuerpo de Reika... En el aire se veía como un cadáver caía en dos partes mientras la espesa sangre caía marcando en campo de batalla, en la mano de la dragón yacía la sangre de aquella que mato a su hermano y con eso por fin descansaría en paz Rihona y sentiría que habría cumplido Nidia.

    Aún después de un momento, Nidia seguía en el aire cabizbaja, casi como si no estuviera allí, por su mente sabía lo que había pasado, no solo había matado a una diosa para que su hermano fuera vengado, algo más se encontraba en ese desenlace...

    "He renunciado a mi forma de dragón porque fue manchada por romper el juramento que le hice a mi maestro... Jure jamás agredir a un dios... Así que mi penitencia será vivir en este destierro, tomaré el castigo de la renegada, lo que sea con tal de que mi hermano... Mi otra mitad... Descanse en paz..."

    Estás fueron sus últimas palabras en este combate, ahora había quedado sin norte, pero con su mente libre, también sin poder retornar, pero con el poder de sobrevivir, y sin poder transformarse en su forma bestia, pero con la misma fuera y poder como si lo estuviera con sus rasgos que la caracterizan como uno, sus alas para volar más allá del destino, su cola serpeteante y sus cuernos que son más una corona de fortaleza.


    CAP 1: FIN
    Hace ya mucho tiempo existieron una raza de seres con un poder inconmensurable, estos vivían sin dañar a nadie en lo basto del mundo de los dioses, pues estos pertenecían a los reinos de las divinidades por su majestuosidad y poder, el nombre de estos seres mitológicos es "Dragónes", aquellos únicos capaces de ser distinguidos de cualquier otra bestia en el mundo divino, estos vivieron durante cientos de años protegiendo aquel lugar donde vivían. Por otro lado, había una diosa que no estaba de acuerdo con que semejantes bestias salvajes "Según ella" vivieran allí, sus palabras fueron: — "¿Que harán cuando se revelen contra nosotros?, a medida que sigan aumentando en número se les será más fácil adueñarse de este lugar por su orgullo inamovible" — Por alguna razón desconocida aquella entidad odiaba a los dragones, los despreciaba en silencio, no soportaba su presencia cerca de ella, a sus ojos solo eran animales sin uso de razón que en algún momento se revelarían solo por ser territoriales como cualquier otra bestia cualquiera. Estas palabras no eran del agrado de los dioses del lugar causando con el tiempo que sus palabras fueran tomadas como blasfemias por hacia sus protectores, con el tiempo sus palabras eran cada vez más ignoradas hasta el punto de parecer más bien una diosa renegada, este desden y rechazo solo aumento el resentimiento hacia los dioses del lugar hasta el punto en que por su mente paso asesinar a uno de ellos, su idea era que al matar a un dragón los demás dragones perderían el control al sentir la traición y comenzarían un ataque en contra de los dioses provocando que los mismos dioses se vieran obligados a extingirlos por completo, la inmadurez de aquella diosa renegada no le dejó ver qué su plan tenía un enorme fallo en su contra, esto se debía a qué sus deseos de acabar con los dragones parecía más bien una obsesión... Pasaron algunos días pensando en "Quien debería ser el primer dragón muerto" Hasta que dio con aquel dragón que era de uno de los dioses más influyentes en ese lugar divino, fue aquel que se encargo de cada arquitectura del enorme palacio donde vivían, aquel que hace miles de años creo una conexión entre el mundo terrestre y su mundo divino para poder repartir bendiciones con la idea de ayudar, sin duda un gran apoyo para para la tierra y los cielos, este dios llamado Kairu tenía a dos dragones hermanos en su poder, eran parte de su familia desde que nacieron, eran figuras imponentes con pelaje rojo vinotinto con apariencia elegante pero poderosa, estos eran macho y hembra cada uno, el nombre del dragón que protegía las puertas de dónde se hospedaba Kairu era Rihona, más alto y formido que su hermanan Nidia que era más elegante y quién escoltaba a su dios en sus viajes, allá donde fuera este señor brillaba por su dragona y su hogar respetado por su dragón. Aquella diosa, Reika apunto a asesinar al dragón Rihona para cuándo Kairu saliera de viaje, paso el tiempo y efectivamente el viaje se dio, aquel señor salió con su dragonesa en un largo viaje. —Esta es la oportunidad perfecta, al regresar solo encontrará un gran baño de sangre sin remedio... — Pensó en voz baja Reika, con el pasar de dos dias de haberse ido Kairu, el asesinato de Rihona ocurrió en el anochecer, su rugido retumbó en todo el lugar y los dioses fueron a observar que estaba ocurriendo, pero ya era demasiado tarde, al acercarse y revisar el cuerpo este parecía tener una herida causada por una lanza o algo parecido que atravesó su cráneo causando su muerte al instante, este hecho era bastante extraño pues el dragón que protegía las puertas de los cielos nunca aviso de algún intruso, así que lo mas probable es que fuera alguien del lugar, además Rihona tenía un fuerte sentido del olfato, podría oler a kilómetros a cualquier intruso aún estando profundamente dormido este se levantaría a proteger su lugar, así que... ¿Porque no murió sin luchar?... No tardaron mucho en pensar lo obvio, efectivamente era alguien que ya era residente del lugar divino, además era alguien con quién Rihona estaba familiarizado y por eso jamás se espero tal traición, por lo tanto había tan solo un sospechoso, mejor dicho "Una" sospechosa. Pasaron los días y Kairu regreso junto con Nidia, este se sintió extrañado por el silencio de las personas en el lugar y tantos dragones reunidos, —¿Que sucede aquí?— Pregunto Kairu para luego recibir la respuesta... —Señor... Lamentamos informarle que su dragón Rihona a sido asesinado... Pero al menos ya tenemos al culpable, estuvimos esperando su regreso para que usted mismo decida que es lo que debemos hacer con la diosa Reika— Al escuchar esta noticia el feroz rugido de la hermana del dragón asesinado se desencadenó junto con un acercamiento forzado por su irá hacia donde se encontraba la culpable en el centro del palacio destrozando parte del lugar, esta imagen causó un brillo en los ojos de la asesina —¿Lo ven?... ¡¡SON BESTIAS!!, ¡¡¿QUE HARAS?!!, ¡¡NOS MATARÁS A TODOS, ¿VERDAD?!!— Nidia escucho su voz y se centro solo en ella, Reika estaba indefensa, vigilada, atrapada, y la irá y dolor de la dragonesa estaban siendo soportados pero la impotencia estaba por quebrarse para volverse un baño de sangre pero de quien causó todo... —¡BASTA!— Dice Kairu alzando su mano... Veía las lágrimas recorrer el perfil de aquella dragón compartiendo su sentimiento, pero si acababa con su vida le estaría dando la razón... Y quebraria el voto con los dioses de no agredirlos sinó protegerlos... Así que por respeto a su maestro, Nidia se mantuvo en un solo lugar. Kairu se acercó a aquella obsesionada enfermiza y tomo una decisión muy piadosa para algo que se debía pagar con la misma moneda según la visión de Nidia. Este dios desterró a Reika a una ciudad en la tierra, una ciudad completamente muerta en donde no existían habitantes y ni siquiera la luz del sol se dignaba a iluminar, era un lugar muy amplio, pero devastado y solitario además de serle puesto en su espalda un sello sumamente doloroso para que no pudiera usar sus poderes divinos, sin embargo, aún con ese castigo Nidia sabía que nada hará que su hermano regrese a la vida, ese castigo solo se podía pagar con la muerte... — [Al pasar de unas semanas] — La dragonesa se sentía realmente sola, aún con el cariño de su maestro esta sentía que le faltaba su otra mitad, ese dolor no podía ser superado con tan solo pensar que aquella renegada sigue con vida, con la capacidad de viajar o encontrar a quien la apoye como si nunca hubiera pasado nada, ¿Y que pasaría si lograba deshacer el sello para luego hacer lo que quisiera?... Estos pensamientos invadían la mente de la dragón día tras día. En una noche tiempo después de aquel suceso, Nidia se acercó a la puerta del reino de los cielos, allí se comunicó con los dragones que resguardaban está misma puerta, sabían que al irse ella su señor quedaría sin dragones, pero entendían su pesar... Estos dragones decidieron darle paso a la salida del mundo divino y con el tiempo comenzarían su ausencia protegiendo a su señor y con el tiempo otorgándole otro protector, Kairu sufrirá su partida, pero sabrá entender... [Al bajar de los cielos...] Nidia no tardó mucho tiempo para captar la presencia sellada de la renegada, sin embargo desde el cielo veía la apariencia de los que en el plano terrenal vivían y está tomo su forma, una mujer pelirroja con una armadura que reflejaba su coraza con cuernos y cola draconica, con esta forma Nidia podía pasar desapercibida entre los humanos y demihumanos mientras se encaminaba a donde se encontraba su objetivo. A Nidia le tomo solo un día para llegar a aquella ciudad devastada puesto a que sus alas nunca perdieron su fuerza original, su velocidad era más rápida que el mismo sonido, Nidia en su forma demihumana veía la gran torre supuestamente abandonada en frente si con una mirada decisiva, sabía que allí se encontraba a quien vino a castigar, camino un largo trecho por lo extensa que era la ciudad devastada, fue paso a paso para ir recordando cada palabra, cada momento, cada recuerdo que no se repetirá jamás. Mientras, la Raika escuchaba pasos acercandose lentamente —¿Alguien vino aquí?— pensó con esperanzas de qué tal vez alguien la guíe a dónde haya población, comida, etc... Pero en tan solo un segundo la puerta de madera podrida que estaba enfrente de si fue destruida. —¡¿Que?...— Exclamo Raika del susto viendo a una mujer frente a ella — Me calma que aún sigas en buen estado después de aquel momento... Eres lo que necesito para que mi mente y la de mi hermano descansen — Dijo la pelirroja acercándose lentamente — ¡Hermano!... ¿Tu eres?... — Pregunto Reika asustada viendo como su muerte de acercaba paso a paso, el anterior de la habitación era oscuro y monocromático por la luz que entraba por lo que debió haber sido una ventana hace ya muchos años, el piso se quebraba ligeramente mientras más cerca estaba la dragonesa en con su apariencia humana pero intimidante como un dragón en su forma original. — ¡¡Espera...!!, ¡¡DETENTE ALLI...!!, ¡¡TAL VEZ YA NO SEA UNA DIOSA, PERO SI ME QUITAS ESTE SELLO PODRE DARTE LO QUE DESEES, LO QUE QUIERAS!! — Después de escuchar estas palabras, Nidia se detuvo en seco en frente, su rostro no mostraba ninguna expresión, está accedió a quitarle el sello, agradecida y aliviada, Reika se dio la vuelta para que aquel sello fuera removido, para que esto fuera exitoso, Nidia renuncio a su forma de dragón completa como pago para poder quitar el sello y efectivamente los poderes de Reika comenzaban a regresar — ¡¡JAJAJAJA, SI, POR FIN, PODRÉ DESHACERME DE ESTA MISERABLE VIDA!!. Nidia coloco su mano en el hombro de Reika ya recuperada de sus poderes y solo dijo una cosa — Bien, con esto será justo lo que pasara, mi orgullo tal y como le llamas no me dejaría sentirme satisfecha con esto — La dragón sabía que la diosa no cumpliría con su palabra —Bien, imagino que lo que deseas es estar al lado de tu hermano, tranquila, será rápido ese deseo — En ese preciso momento el combate ya había empezado, Reina dejo salir gran parte de su energía como una onda de choque que destruiría la habitación en la torre donde estaban estando ahora las dos en el aire viendo quien atacara primero, Reika creo una enorme espada de su propia energía divina para luego arremeter contra la dragón, sin embargo, Nidia esquiva con facilidad, aún sin tener arma la dragonesa no mostraba ninguna expresión de desventaja o miedo, desde el aire se aproxima el ataque de Nidia ahora, una enorme bola de fuego carmesi que es disparada a gran velocidad, el campo estaba hecho para esta batalla, pues ya estaba completamente destruido como si llamara al mismo caos, aunque esté era más bien un asunto de venganza y respeto, dos ideales opuestos en un mismo lugar con motivos diferentes de enfrentarse pero con un mismo desenlace, arrebatar la vida de su oponente o morir, está misma mentalidad de todo o nada es lo que implica a usar un 100% de sus habilidades por lo que Reika corta aquella esfera de fuego de dragón, pero justo detrás venía a gran velocidad cortante incluso para el viento la dragona que solo necesitaba un ataque certero... — ¡¡MALDI...!! — Las palabras de la diosa fueron interrumpidas al sentir como su respiración se cortaba por el fuerte apretón de mano de Nidia quien la tenía en el aire sujetada, sus garras se clavaron en el cuello de Reika para inutilizar cualquier intento de escape, al menor intento de huir su cuello quedaría desgarrado con tan solo una mano. — No podías soportar que una "Bestia" tuviera más poder que tú, una diosa, tu envidia marco tu destino — Dijo la dragonesa con una última pregunta y está fue: "¿Cuáles serán tus últimas palabras?", a lo que Reika respondió: — Vamos... En ti... Debe haber también algo de ambición... ¿No hay algo que... Quieras...? — Nidia apretó su mano con un cierre respondiendo su pregunta pero está vez con un tono de irá que llevaba mucho tiempo acumulado: — ¡¡QUIERO QUE MUERAS!! —Fueron sus palabras al apretar el cuello de su oponente con una fuerza brutal dejando escapar aquel recentimiento y dolor en un solo movimiento separando la cabeza del cuerpo de Reika... En el aire se veía como un cadáver caía en dos partes mientras la espesa sangre caía marcando en campo de batalla, en la mano de la dragón yacía la sangre de aquella que mato a su hermano y con eso por fin descansaría en paz Rihona y sentiría que habría cumplido Nidia. Aún después de un momento, Nidia seguía en el aire cabizbaja, casi como si no estuviera allí, por su mente sabía lo que había pasado, no solo había matado a una diosa para que su hermano fuera vengado, algo más se encontraba en ese desenlace... "He renunciado a mi forma de dragón porque fue manchada por romper el juramento que le hice a mi maestro... Jure jamás agredir a un dios... Así que mi penitencia será vivir en este destierro, tomaré el castigo de la renegada, lo que sea con tal de que mi hermano... Mi otra mitad... Descanse en paz..." Estás fueron sus últimas palabras en este combate, ahora había quedado sin norte, pero con su mente libre, también sin poder retornar, pero con el poder de sobrevivir, y sin poder transformarse en su forma bestia, pero con la misma fuera y poder como si lo estuviera con sus rasgos que la caracterizan como uno, sus alas para volar más allá del destino, su cola serpeteante y sus cuernos que son más una corona de fortaleza. CAP 1: FIN
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  • 。 𝗔𝗹𝗹 𝘁𝗵𝗮𝘁 𝗴𝗹𝗶𝘁𝘁𝗲𝗿𝘀 𝗶𝘀 𝗻𝗼𝘁 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝗴𝗼𝗹𝗱.
    Categoría Original
    La cámara subterránea apestaba a una mezcla entre vísceras hinchadas por la descomposición y a carne quemada.

    No era un olor normal, ni una combinación común.

    El hombre sintió cómo la pestilencia le bajaba por la garganta y se le pegaba al paladar como grasa rancia.

    Tragó saliva con total asco mientras la antorcha escupía humo negro contra el techo.

    La luz temblorosa arrancaba formas deformes de las paredes: manchas oscuras, costras secas y salpicaduras que, en algún punto, habían sido sangre humana.

    Incluso había uñas incrustadas entre las piedras.

    Docenas.

    Algunas todavía conservaban fragmentos de dedos ennegrecidos.

    —Mierda... —escupió, cubriéndose la nariz con el antebrazo—. Qué clase de degenerado construye un lugar así...

    El suelo crujía bajo sus botas.

    No por ser grava.

    Sino por ser huesos.

    Costillas quebradas, vértebras pulverizadas y dientes humanos mezclados con barro húmedo. Cada paso trituraba restos amarillentos que llevaban años pudriéndose bajo aquella oscuridad sofocante.

    Había pelos pegados entre las grietas de las piedras. Trozos de cuero cabelludo seco adheridos como un enfermizo musgo.

    Y en medio de todo eso...

    Un ataúd descansaba sobre una plataforma de mármol negro; como una joya caída del cielo en mitad de un osario.

    Era exquisito.

    No había otra palabra.

    La estructura entera estaba construida con una madera tan oscura y pulida que parecía obsidiana líquida. Filigranas de oro recorrían cada borde formando patrones delicados de flores entrelazadas. Rubíes enormes ardían bajo la luz de la antorcha como gotas de sangre fresca atrapadas en cristal. Zafiros del tamaño de huevos brillaban incrustados entre líneas de plata pura. Diamantes pequeños estaban cuidadosamente encajados formando constelaciones diminutas sobre la tapa.

    Eso valía reinos enteros, tanto que podría ser la razón para causar varias guerras.

    Aquel ataúd no pertenecía a una tumba.

    Parecía un altar dedicado a la avaricia humana.

    Y quizá, lo más curioso era ese enorme lazo...

    Daba la sensación de que todo era un regalo finamente envuelto, pero prefirió ignorar esa mortífera idea.

    El cazador silbó entre dientes.

    —Mierda... —murmuró, acercándose lentamente—. Con esto podría retirarme, comprar una jodida taberna y morir ahí...

    La luz del fuego danzaba sobre el oro, haciendo que todo el sarcófago brillara con una belleza obscena en medio de aquella podredumbre. Ni una mota de polvo descansaba sobre el ataúd.

    Las gemas estaban impecables. El metal relucía como recién pulido.

    Demasiado perfecto.

    Demasiado limpio.

    El hombre apoyó una mano sobre la tapa ornamentada.

    El oro estaba tibio.

    Eso le desagradó más de lo que le gustaría admitir.

    Hizo un poco de fuerza.

    Y el ataúd se abrió con un gemido espeso, casi como un grito ahogado en dolor.

    El olor golpeó primero.

    No era putrefacción.

    Era algo mucho peor.

    Sangre fresca mezclada con un perfume dulzón. Carne troceada. Flores marchitas flotando sobre un pantano de vísceras.

    El cazador retrocedió un paso automáticamente.

    Dentro no había un cadáver.

    Había una mujer.

    Inmóvil sobre terciopelo rojo empapado de sangre vieja.

    Piel blanca. Demasiado blanca. Tensada sobre los huesos como cera húmeda.

    El vestido de seda seguía intacto. Puro. Inmaculado.

    Contrastando horriblemente con los restos humanos que la rodeaban.

    El hombre sintió un escalofrío reptándole por la espalda.

    No por miedo.

    Era repulsión pura.
    La cámara subterránea apestaba a una mezcla entre vísceras hinchadas por la descomposición y a carne quemada. No era un olor normal, ni una combinación común. El hombre sintió cómo la pestilencia le bajaba por la garganta y se le pegaba al paladar como grasa rancia. Tragó saliva con total asco mientras la antorcha escupía humo negro contra el techo. La luz temblorosa arrancaba formas deformes de las paredes: manchas oscuras, costras secas y salpicaduras que, en algún punto, habían sido sangre humana. Incluso había uñas incrustadas entre las piedras. Docenas. Algunas todavía conservaban fragmentos de dedos ennegrecidos. —Mierda... —escupió, cubriéndose la nariz con el antebrazo—. Qué clase de degenerado construye un lugar así... El suelo crujía bajo sus botas. No por ser grava. Sino por ser huesos. Costillas quebradas, vértebras pulverizadas y dientes humanos mezclados con barro húmedo. Cada paso trituraba restos amarillentos que llevaban años pudriéndose bajo aquella oscuridad sofocante. Había pelos pegados entre las grietas de las piedras. Trozos de cuero cabelludo seco adheridos como un enfermizo musgo. Y en medio de todo eso... Un ataúd descansaba sobre una plataforma de mármol negro; como una joya caída del cielo en mitad de un osario. Era exquisito. No había otra palabra. La estructura entera estaba construida con una madera tan oscura y pulida que parecía obsidiana líquida. Filigranas de oro recorrían cada borde formando patrones delicados de flores entrelazadas. Rubíes enormes ardían bajo la luz de la antorcha como gotas de sangre fresca atrapadas en cristal. Zafiros del tamaño de huevos brillaban incrustados entre líneas de plata pura. Diamantes pequeños estaban cuidadosamente encajados formando constelaciones diminutas sobre la tapa. Eso valía reinos enteros, tanto que podría ser la razón para causar varias guerras. Aquel ataúd no pertenecía a una tumba. Parecía un altar dedicado a la avaricia humana. Y quizá, lo más curioso era ese enorme lazo... Daba la sensación de que todo era un regalo finamente envuelto, pero prefirió ignorar esa mortífera idea. El cazador silbó entre dientes. —Mierda... —murmuró, acercándose lentamente—. Con esto podría retirarme, comprar una jodida taberna y morir ahí... La luz del fuego danzaba sobre el oro, haciendo que todo el sarcófago brillara con una belleza obscena en medio de aquella podredumbre. Ni una mota de polvo descansaba sobre el ataúd. Las gemas estaban impecables. El metal relucía como recién pulido. Demasiado perfecto. Demasiado limpio. El hombre apoyó una mano sobre la tapa ornamentada. El oro estaba tibio. Eso le desagradó más de lo que le gustaría admitir. Hizo un poco de fuerza. Y el ataúd se abrió con un gemido espeso, casi como un grito ahogado en dolor. El olor golpeó primero. No era putrefacción. Era algo mucho peor. Sangre fresca mezclada con un perfume dulzón. Carne troceada. Flores marchitas flotando sobre un pantano de vísceras. El cazador retrocedió un paso automáticamente. Dentro no había un cadáver. Había una mujer. Inmóvil sobre terciopelo rojo empapado de sangre vieja. Piel blanca. Demasiado blanca. Tensada sobre los huesos como cera húmeda. El vestido de seda seguía intacto. Puro. Inmaculado. Contrastando horriblemente con los restos humanos que la rodeaban. El hombre sintió un escalofrío reptándole por la espalda. No por miedo. Era repulsión pura.
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  • -El viento no soplaba, rugia con total fuerza sobre los hombros del Ogro, arrastraba ceniza, olor a hierro y muerte, hacia crujir los estandartes rotos clavados en la tierra conquistada. La montaña sobre la que se encontraba parado el Ogro no era un un simbolo.. era una declaracion. Cuerpos apilados sin distincios, reyes, soldados, bestias, traidores. Todos iguales ahora, todos en silencio, inmovil, dominante, con su piel azul marcada por la guerra, los cuernos recortandose contra el cielo enfermo, y los ojos brillando como brasas que no se apagan nunca. En su mano, el estandarte no era solo un trofeo.. era el sello de su conquista, pero esta vez, no era por Gloria, ni por furia, si no por ella-

    -El nombre no se gritaba, no era necesario, La reina del Caos, Veythra Lili Queen Ishtar -

    -Esa tierra, antes fertil, antes orgullosa.. ahora era un cadaver mas bajo sus pies, sus murallas reducidas a polvo, sus ejercitos convertidos en cimientos de algo mas grande, algo Inevitable, el ogro bajo lentamente la mirada hacia el horizonte ensangrecido, no habia duda, esas tierras serian un tributo perfecto para su nueva Reina, con un movimiento pesado, hundio el asta del estandarte aun mas profundo entre los cuerpos, clavandolo como si atravesara el corazon mismo del mundo, no hubo palabras, no habia amor, no sabia de ello, pero entendia el lenguaje del poder, y aquello era una ofrenda, millones habian caido, reinos enteros habian desaparecido, y todo absolutamente todo, desde la sangre seca hasta las montañas que ahora le pertenecian, eran su dote, para ella, para su Reina, quien no heredaria un trono, si no un mundo arrodillado, y en la cima de ese silencio absoluto, el ogro no sonrio, porque eso recien empezaba.-
    -El viento no soplaba, rugia con total fuerza sobre los hombros del Ogro, arrastraba ceniza, olor a hierro y muerte, hacia crujir los estandartes rotos clavados en la tierra conquistada. La montaña sobre la que se encontraba parado el Ogro no era un un simbolo.. era una declaracion. Cuerpos apilados sin distincios, reyes, soldados, bestias, traidores. Todos iguales ahora, todos en silencio, inmovil, dominante, con su piel azul marcada por la guerra, los cuernos recortandose contra el cielo enfermo, y los ojos brillando como brasas que no se apagan nunca. En su mano, el estandarte no era solo un trofeo.. era el sello de su conquista, pero esta vez, no era por Gloria, ni por furia, si no por ella- -El nombre no se gritaba, no era necesario, La reina del Caos, [Lili.Queen] - -Esa tierra, antes fertil, antes orgullosa.. ahora era un cadaver mas bajo sus pies, sus murallas reducidas a polvo, sus ejercitos convertidos en cimientos de algo mas grande, algo Inevitable, el ogro bajo lentamente la mirada hacia el horizonte ensangrecido, no habia duda, esas tierras serian un tributo perfecto para su nueva Reina, con un movimiento pesado, hundio el asta del estandarte aun mas profundo entre los cuerpos, clavandolo como si atravesara el corazon mismo del mundo, no hubo palabras, no habia amor, no sabia de ello, pero entendia el lenguaje del poder, y aquello era una ofrenda, millones habian caido, reinos enteros habian desaparecido, y todo absolutamente todo, desde la sangre seca hasta las montañas que ahora le pertenecian, eran su dote, para ella, para su Reina, quien no heredaria un trono, si no un mundo arrodillado, y en la cima de ese silencio absoluto, el ogro no sonrio, porque eso recien empezaba.-
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  • La loba y el mercenario
    Fandom Game of Thrones
    Categoría Slice of Life

    ㅤㅤㅤㅤ⤷ Starter para Daario Naharis

    ㅤㅤ


    ㅤㅤㅤㅤTodavia, a pesar de conocer los planes de Jon y la necesidad de alianzas que tenia el Norte, se mostraba ciertamente reticente a la llegada de extranjeros cuando todavia quedaban apenas unas jornadas para que el Rey en el Norte regresara a casa. El Norte era distinto al resto de pueblos y reinos de Poniente. El Norte era orgulloso y no cedería ante una “invasora” extranjera. Pues asi es como el Norte vería a Daenerys Targaryen y sus dragones. Pero la carta de Jon era sincera.

    No le habia agradado saber que habia hincado la rodilla ante una reina Targaryen. El Norte recordaba. Recordaba lo que habia pasado la ultima vez que un Stark se habia arrodillado ante un Targaryen. Tendría mas de un par de palabras con Jon a su regreso. Ese habia sido el pensamiento que habia martilleado la cabeza de Sansa Stark durante dias. Pero entonces habia visto llegar al enorme ejercito de la reina dragón. Sus dothrakis, sus Inmaculados, sus dragones. Todos estaban allí para ayudar, porque querían salvar Poniente de una amenaza peor que Cersei Lannister. Daenerys Targaryen habia dejado a un lado su guerra para ayudar a un pueblo que siquiera la queria allí.

    Y cuando tuvo delante a la hija del Rey Loco reconoció en su mirada clara la misma expresión que la propia Sansa habia tenido en el rostro la primera vez que llegó al Castillo Negro. La expresión de una mujer joven a la que le habían arrebatado su hogar, que esperaba estar haciendo lo correcto y que solo queria hacer las cosas bien. Puede que Daenerys Targaryen llegara a Invernalia para ayudarles a ganar una guerra, pero la grandeza de aquel gesto no era algo que la rubia esgrimiera por bandera. Fue cordial al presentarse. Educada. Y Sansa pensó que, si iban a vivir juntas en aquel castillo seria mejor para todos no tensar más la cuerda.

    Era difícil dar de comer a tantas personas y a dos dragones. Y, aunque la comida no era algo que sobrara en el Norte con el invierno ciñéndose sus cabezas, lo cierto era que el ejercito Targaryen se esforzaba por ganarse el pan: cavaban trincheras, ayudaban a entrenar, a trasladar comida, a las labores cotidianas en el castillo… Y, para cuando Jaime Lannister se presentó en las puertas de Invernalia quedó claro que ella no era la única que sentía desagrado por tal presencia. Gusano Gris, el capitán de los Inmaculados tenía la misma expresión de disgusto en el rostro. En cambio, el más alto, el fornido Capitán de los Segundos Hijos, quien nunca se separaba de Daenerys parecía divertido con la presencia del Lannister en Invernalia, como si estuviese seguro de los segundos que tardaría en matarlo si la situación lo requería. Parecía demasiado seguro de sí mismo.

    Aquella mañana, Lady Sansa observaba el patio donde norteños, Inmaculados, Mormont y dothrakis entrenaban- Daario Naharis, que asi se llamaba el Capitán de los Segundos Hijos parecía exquisitamente divertido blandiendo una daga de vidriagón y esquivando los embates de sus atacantes. Era bueno, muy bueno. Tan bueno como lo era Jon. Y, de un modo extraño, su modo de volverse era algo… hipnótico. Tanto que Sansa no era capaz de apartar la mirada de él. Incluso cuando el Maestre Wolkan se acercó a ella con el inventario en las manos.

    -Lady Sansa…

    -¿Hmm?- murmuró Sansa sin apartar su mirada de los movimientos de Daario.

    -Ne- necesitan de su consejo acerca de las reservas de grano y sorgo -continuó Wolkan- Además, los aldeanos refugiados quieren permiso para salir a talar al bosque.

    Sansa asintió y se apartó de la barandilla para recorrer el puente y bajar hasta el patio. Pasó al lado de Daario y Gusano Gris, sin mirarlos, con la cabeza alzada y la mirada centrada en los hombres que, a algunos metros de ella aguardaban su llegada para resolver sus dudas.

    -Gracias por atendernos, Lady Sansa -agradeció uno de ellos mientras la hija mayor de Ned Stark llegaba hasta ellos.

    Sansa asintió y tomó los pergaminos que le tendían.


    ㅤ ㅤㅤㅤㅤ⤷ Starter para [SEC0NDSON] ㅤ ㅤㅤ ㅤ ㅤ ㅤㅤㅤ🐺ㅤTodavia, a pesar de conocer los planes de Jon y la necesidad de alianzas que tenia el Norte, se mostraba ciertamente reticente a la llegada de extranjeros cuando todavia quedaban apenas unas jornadas para que el Rey en el Norte regresara a casa. El Norte era distinto al resto de pueblos y reinos de Poniente. El Norte era orgulloso y no cedería ante una “invasora” extranjera. Pues asi es como el Norte vería a Daenerys Targaryen y sus dragones. Pero la carta de Jon era sincera. No le habia agradado saber que habia hincado la rodilla ante una reina Targaryen. El Norte recordaba. Recordaba lo que habia pasado la ultima vez que un Stark se habia arrodillado ante un Targaryen. Tendría mas de un par de palabras con Jon a su regreso. Ese habia sido el pensamiento que habia martilleado la cabeza de Sansa Stark durante dias. Pero entonces habia visto llegar al enorme ejercito de la reina dragón. Sus dothrakis, sus Inmaculados, sus dragones. Todos estaban allí para ayudar, porque querían salvar Poniente de una amenaza peor que Cersei Lannister. Daenerys Targaryen habia dejado a un lado su guerra para ayudar a un pueblo que siquiera la queria allí. Y cuando tuvo delante a la hija del Rey Loco reconoció en su mirada clara la misma expresión que la propia Sansa habia tenido en el rostro la primera vez que llegó al Castillo Negro. La expresión de una mujer joven a la que le habían arrebatado su hogar, que esperaba estar haciendo lo correcto y que solo queria hacer las cosas bien. Puede que Daenerys Targaryen llegara a Invernalia para ayudarles a ganar una guerra, pero la grandeza de aquel gesto no era algo que la rubia esgrimiera por bandera. Fue cordial al presentarse. Educada. Y Sansa pensó que, si iban a vivir juntas en aquel castillo seria mejor para todos no tensar más la cuerda. Era difícil dar de comer a tantas personas y a dos dragones. Y, aunque la comida no era algo que sobrara en el Norte con el invierno ciñéndose sus cabezas, lo cierto era que el ejercito Targaryen se esforzaba por ganarse el pan: cavaban trincheras, ayudaban a entrenar, a trasladar comida, a las labores cotidianas en el castillo… Y, para cuando Jaime Lannister se presentó en las puertas de Invernalia quedó claro que ella no era la única que sentía desagrado por tal presencia. Gusano Gris, el capitán de los Inmaculados tenía la misma expresión de disgusto en el rostro. En cambio, el más alto, el fornido Capitán de los Segundos Hijos, quien nunca se separaba de Daenerys parecía divertido con la presencia del Lannister en Invernalia, como si estuviese seguro de los segundos que tardaría en matarlo si la situación lo requería. Parecía demasiado seguro de sí mismo. Aquella mañana, Lady Sansa observaba el patio donde norteños, Inmaculados, Mormont y dothrakis entrenaban- Daario Naharis, que asi se llamaba el Capitán de los Segundos Hijos parecía exquisitamente divertido blandiendo una daga de vidriagón y esquivando los embates de sus atacantes. Era bueno, muy bueno. Tan bueno como lo era Jon. Y, de un modo extraño, su modo de volverse era algo… hipnótico. Tanto que Sansa no era capaz de apartar la mirada de él. Incluso cuando el Maestre Wolkan se acercó a ella con el inventario en las manos. -Lady Sansa… -¿Hmm?- murmuró Sansa sin apartar su mirada de los movimientos de Daario. -Ne- necesitan de su consejo acerca de las reservas de grano y sorgo -continuó Wolkan- Además, los aldeanos refugiados quieren permiso para salir a talar al bosque. Sansa asintió y se apartó de la barandilla para recorrer el puente y bajar hasta el patio. Pasó al lado de Daario y Gusano Gris, sin mirarlos, con la cabeza alzada y la mirada centrada en los hombres que, a algunos metros de ella aguardaban su llegada para resolver sus dudas. -Gracias por atendernos, Lady Sansa -agradeció uno de ellos mientras la hija mayor de Ned Stark llegaba hasta ellos. Sansa asintió y tomó los pergaminos que le tendían. ㅤ ㅤ
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    Grupal
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    Cualquier línea
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  • Where two worlds meet. - El primer encuentro.
    Fandom OC
    Categoría Original
    Illán

    Demasiados años habían pasado desde los momentos de gloria de la torre, aquellos tiempos en los que el deber de Eve tenía sentido, proteger la torre de intrusos no deseados... Ahora no era más que la vigilante de una puerta que jamás se abría, pero eso debería cambiar ¿No? Era imposible que la humanidad simplemente se olvidase de la torre, imposible que los guerreros poderosos dejaran de existir de esa manera...

    En su aburrimiento, la guardiana cumpliría un nuevo papel, pero esta vez impuesto por nadie más que si misma; buscaría nuevos candidatos para la torre, así tuviera que crearlos ella misma.

    Un viaje, bien sabido era por ella que la torre la llamaría cuando fuera necesario ¿Dónde la llevó su viaje? Buena pregunta, después de todo, para ella el mundo moderno era un laberinto, desconocía los nombres de las ciudades o países que ella, vulgarmente, llamaba reinos.

    Su instinto seguía tan afilado como hace siglos, siempre tuvo un talento para encontrar gente con potencial, por eso mismo su instinto sería la brújula que guíe su camino, poco le importaba el lugar. Las calles de la ciudad se sentían opresivas, las miradas curiosas de los transeúntes se clavaban sobre ella y era comprensible, después de todo, su apariencia llamaba la atención de lejos:

    Cabello rubio desordenado.
    Ojos rojos brillantes.
    Sus dos cuernos que no se molestaba en ocultar.
    Sus ropajes que parecían sacados de otra época.

    Mientras pensaba en su próximo destino, lo sintió... Una presencia diferente, casi imperceptible, era como si formase parte del propio ambiente, como si se fusionara con el todo... Le llamó la atención, claro que lo hizo, tanto o más de lo que lo haría una presencia opresiva.

    Se dirigió hacia donde su instinto la guio y, en la distancia, lo vio, un hombre pelirrojo que, a simple vista, parecía una persona normal y corriente... ⸻ Te encontré. ⸻ Sin ningún tipo de vergüenza se acercó, irrumpiendo en la acción que se estuviera llevando a cabo y una vez estuvo frente a él, alzó el dedo índice de la diestra, señalando. ⸻ ¡Tú! ⸻ Alzó la voz, su energía a veces la hacía ser ruidosa. ⸻ ¡Eres fuerte! ¡Seamos amigos! ⸻ Y si, así de fácil, así de simple, así era ella.
    [Cursed_Bastard] Demasiados años habían pasado desde los momentos de gloria de la torre, aquellos tiempos en los que el deber de Eve tenía sentido, proteger la torre de intrusos no deseados... Ahora no era más que la vigilante de una puerta que jamás se abría, pero eso debería cambiar ¿No? Era imposible que la humanidad simplemente se olvidase de la torre, imposible que los guerreros poderosos dejaran de existir de esa manera... En su aburrimiento, la guardiana cumpliría un nuevo papel, pero esta vez impuesto por nadie más que si misma; buscaría nuevos candidatos para la torre, así tuviera que crearlos ella misma. Un viaje, bien sabido era por ella que la torre la llamaría cuando fuera necesario ¿Dónde la llevó su viaje? Buena pregunta, después de todo, para ella el mundo moderno era un laberinto, desconocía los nombres de las ciudades o países que ella, vulgarmente, llamaba reinos. Su instinto seguía tan afilado como hace siglos, siempre tuvo un talento para encontrar gente con potencial, por eso mismo su instinto sería la brújula que guíe su camino, poco le importaba el lugar. Las calles de la ciudad se sentían opresivas, las miradas curiosas de los transeúntes se clavaban sobre ella y era comprensible, después de todo, su apariencia llamaba la atención de lejos: Cabello rubio desordenado. Ojos rojos brillantes. Sus dos cuernos que no se molestaba en ocultar. Sus ropajes que parecían sacados de otra época. Mientras pensaba en su próximo destino, lo sintió... Una presencia diferente, casi imperceptible, era como si formase parte del propio ambiente, como si se fusionara con el todo... Le llamó la atención, claro que lo hizo, tanto o más de lo que lo haría una presencia opresiva. Se dirigió hacia donde su instinto la guio y, en la distancia, lo vio, un hombre pelirrojo que, a simple vista, parecía una persona normal y corriente... ⸻ Te encontré. ⸻ Sin ningún tipo de vergüenza se acercó, irrumpiendo en la acción que se estuviera llevando a cabo y una vez estuvo frente a él, alzó el dedo índice de la diestra, señalando. ⸻ ¡Tú! ⸻ Alzó la voz, su energía a veces la hacía ser ruidosa. ⸻ ¡Eres fuerte! ¡Seamos amigos! ⸻ Y si, así de fácil, así de simple, así era ella.
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  • - aun antes de que todo aquello pasara y lancelot junto a los demas se fueran a camelot a cumplir, su mision ella se quedo junto a el hablando un poco apesar de que sus emociones no dejaba pensar.-

    Creo que todo esto se acabe , habra boda ..... de tristan aun que me da un poco de envidia ..... eh! No no yo dijo pense que tristan no se animaria

    -casi me tia la pata y dio un supiro aveces sentia que sus emociones las engaña.-

    Pero aun asi creo que la paz, llegara a todos los reinos .....
    - aun antes de que todo aquello pasara y lancelot junto a los demas se fueran a camelot a cumplir, su mision ella se quedo junto a el hablando un poco apesar de que sus emociones no dejaba pensar.- Creo que todo esto se acabe , habra boda ..... de tristan aun que me da un poco de envidia ..... eh! No no yo dijo pense que tristan no se animaria -casi me tia la pata y dio un supiro aveces sentia que sus emociones las engaña.- Pero aun asi creo que la paz, llegara a todos los reinos .....
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