• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Preguntas y respuestas con Morana.
    Pueden preguntar lo que sea y lo responderé en personaje.
    Si, acepto todo tipo de preguntas.



    Si, vi a varias personas haciéndolo y me entraron ganas a hacerlo yo también...
    Preguntas y respuestas con Morana. Pueden preguntar lo que sea y lo responderé en personaje. Si, acepto todo tipo de preguntas. Si, vi a varias personas haciéndolo y me entraron ganas a hacerlo yo también...
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  • Cuando fue arrastrado, no puso resistencia, tampoco es que hubiera podido pues su cuerpo estaba débil, mucho más de lo que quisiera admitir al tener aquel aspecto humano.
    Fue llevado hasta donde la multitud se había juntado, en las calles donde resonaban gritos, aplausos, algarabía y júbilo desenfrenado, antes de la música acercándose cada vez más y el confeti volando por los alrededores.

    Curioso, miraba hacia arriba antes de abrirse paso un poco entre la gente junto al moreno, pues su estatura le impedía la visión hasta que pasó de la gente y se colocó hasta el frente, finalmente pudiendo ver aquel gran desfile y colorido, haciendo su expresión suavizar antes de la fascinación.

    —¿Pero... Qué es esto?

    Cuestionó apenas, maravillado con los colores, la vibra, era todo una fiesta que, en apenas minutos, se había montado cuando todo estaba tan tranquilo hacía apenas un momento.
    Volvió su mirada a aquel hombre, queriendo explicaciones a tantas preguntas no dichas pero, que seguro, él ya se imaginaba pasaban por su cabeza con tanta novedad junta.

    Alastor ¿Esto es normal aquí?
    Cuando fue arrastrado, no puso resistencia, tampoco es que hubiera podido pues su cuerpo estaba débil, mucho más de lo que quisiera admitir al tener aquel aspecto humano. Fue llevado hasta donde la multitud se había juntado, en las calles donde resonaban gritos, aplausos, algarabía y júbilo desenfrenado, antes de la música acercándose cada vez más y el confeti volando por los alrededores. Curioso, miraba hacia arriba antes de abrirse paso un poco entre la gente junto al moreno, pues su estatura le impedía la visión hasta que pasó de la gente y se colocó hasta el frente, finalmente pudiendo ver aquel gran desfile y colorido, haciendo su expresión suavizar antes de la fascinación. —¿Pero... Qué es esto? Cuestionó apenas, maravillado con los colores, la vibra, era todo una fiesta que, en apenas minutos, se había montado cuando todo estaba tan tranquilo hacía apenas un momento. Volvió su mirada a aquel hombre, queriendo explicaciones a tantas preguntas no dichas pero, que seguro, él ya se imaginaba pasaban por su cabeza con tanta novedad junta. —[4lastor] ¿Esto es normal aquí?
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  • Faust ha pensado en cómo la sociedad no tiene cultura. Así que ha inaugurado el preguntas y respuestas con Faust. Donde se aprenderán datos curiosos o hechos históricos. La puerta de preguntas está abierta.
    Faust ha pensado en cómo la sociedad no tiene cultura. Así que ha inaugurado el preguntas y respuestas con Faust. Donde se aprenderán datos curiosos o hechos históricos. La puerta de preguntas está abierta.
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  • Las doradas cadenas envolvieron su cuello así como una serpiente constrictora a su presa, de nuevo su libertad arrebatada por un nuevo contrato pese a que sabía cuánto le había costado romper el que había formado con Rosie. Cuántos años tuvo que soportar el seguir órdenes que no le agradaban, saberse la mascota de alguien más para que, ahora libre, volviera a caer en garras angelicales esta vez.
    Y, sin embargo, en su interior se debatía el por qué aquellas cadenas que lo atrapaban ahora no se sentían tan pesadas como otras que portó. Por qué no las sentía asfixiantes alrededor de su cuello como se suponía debía ser... ¿Realmente había hecho aquello por poder? Tal y como Lucifer le había preguntado... ¿Realmente estaba tan desesperado por mantener lo obtenido como para rebajarse a vender su alma por la eternidad sin oportunidad de retorno está vez? Y aunque mantenía sus orejas abajo y de forma leve su ceño fruncido, cuando su mirada pasó de la cadena dorada a los ojos ajenos la respuesta había llegado tan rápido que incluso lo asustó; sí. Sí lo estaba. Más no estaba desesperado por retener en su alcance el poder que Lucifer le había dado, no, estaba desesperado por mantener al ángel a su lado así él tuviera que rebajarse a no más que cualquier miserable demonio.

    Antes de que su mente pudiera seguir dándole vueltas al asunto, sintió el tirón en su cuello que le hizo agacharse. Una acción que frunció su ceño y casi le arrebató un gruñido de desagrado... Casi. Pues antes de que un sólo sonido pudiera salir de sus labios se encontró silenciado. Sorprendido. De nuevo aquella suavidad de los labios ajenos sobre los suyos que apenas si le dejó abrir sus ojos ampliamente con sorpresa antes de verlo salir corriendo, siguiéndolo con su mirada hasta que desapareció por el balcón.
    Escuchó el aletear de sus alas hasta que el silencio volvió a rodearlo, observando la ventana abierta ya vacía, una suave ventizca que apenas movía las cortinas. Cuando una de sus manos ascendió, acariciando casi imperceptible sus labios de forma inconsciente, su sombra emergió a su lado mirándolo con una sonrisa. Ignorando su presencia y su mirada cuando tras varios minutos de pie en el mismo lugar logró dar un paso, alejándose.
    Sus pasos se sentían pesados ¿O tal vez eran livianos? Una mano en su pecho cuando comenzó a sentir su corazón latir acelerado ¿Por qué pasaba aquello? De nuevo las interrogantes, tal vez incluso la inseguridad o el estrés. Sus manos apoyándose con demasiada brusquedad sobre la superficie de su tocador cuando trastabilló al llegar, su respiración casi acelerada al no conseguir las respuestas a sus preguntas o tal vez no deseando admitirlas. Levantando su mirada, observando su reflejo en el espejo, logró ver el brillo dorado que ahora rodeaba su cuello. Una joyería delicada, preciosa y brillante que contrastaba demasiado con su estilo pero que, ahora, era un vivo recordatorio de a quién pertenecía...

    Una de sus manos se alzó, ascendiendo lentamente hasta que finalmente sus dedos rosaron la serpiente que rodeaba su cuello, acariciando la joyera como si temiera romperla... ¿Temiera romperla? De nuevo su ceño fruncido. ¿Cómo no quería que eso ocurriera? Si después de todo era la prueba de que ahora él no era un alma libre...
    Y su mirada pareció suavizarse, su sombra apareciendo de nuevo a su lado mirándole en silencio en lo que él bajaba su mano para servirse una copa de whisky y beber hasta el fondo antes de volver a ver su reflejo. A su mente llegó de nuevo aquel beso, ambos besos pero sin duda un poco más aquel más reciente. Su mano libre acarició sus propios labios aunque con más seguridad está vez. Sí, ahora le pertenecía a alguien y, aunque lo negara, la idea no le desagradara más no por el hecho de volverse mascota sino más bien por saber en manos de quién estaba... Y con ello también llegó una nueva frustración. Sí, ahora él pertenecía a Lucifer ¿Pero qué había del ángel? Pues él también lo quería en su poder más ya no para someterlo o dañarlo. Ni siquiera para humillarlo.

    La codicia que siempre lo había impulsado, aquella que siempre rugía ambrienta en su alma, de nuevo sintiéndose insatisfecha. Él que todo lo quería aunque todo lo tenía, esta vez anhelaba mucho más de lo que creyó imaginar alguna vez. Quería tener en su poder a Lucifer, quería tenerlo entre sus garras más no se refería a algo carnal.
    Al igual que el soberano tenía su alma, él quería la ajena. Quería su alma, sus pensamientos, su risa, su aliento, sus penas y su alegría... Quería su corazón y sus sentimientos.
    Su mirada brilló de un rojo intenso al ver una vez más su reflejo y su sombra sonrió a su lado. Aún a pesar del orgullo que no le permitía aún admitir una verdad tan cierta como la vida misma, ya tenía una meta que alcanzar pues, determinado, había decidido que quería a Lucifer.
    Las doradas cadenas envolvieron su cuello así como una serpiente constrictora a su presa, de nuevo su libertad arrebatada por un nuevo contrato pese a que sabía cuánto le había costado romper el que había formado con Rosie. Cuántos años tuvo que soportar el seguir órdenes que no le agradaban, saberse la mascota de alguien más para que, ahora libre, volviera a caer en garras angelicales esta vez. Y, sin embargo, en su interior se debatía el por qué aquellas cadenas que lo atrapaban ahora no se sentían tan pesadas como otras que portó. Por qué no las sentía asfixiantes alrededor de su cuello como se suponía debía ser... ¿Realmente había hecho aquello por poder? Tal y como Lucifer le había preguntado... ¿Realmente estaba tan desesperado por mantener lo obtenido como para rebajarse a vender su alma por la eternidad sin oportunidad de retorno está vez? Y aunque mantenía sus orejas abajo y de forma leve su ceño fruncido, cuando su mirada pasó de la cadena dorada a los ojos ajenos la respuesta había llegado tan rápido que incluso lo asustó; sí. Sí lo estaba. Más no estaba desesperado por retener en su alcance el poder que Lucifer le había dado, no, estaba desesperado por mantener al ángel a su lado así él tuviera que rebajarse a no más que cualquier miserable demonio. Antes de que su mente pudiera seguir dándole vueltas al asunto, sintió el tirón en su cuello que le hizo agacharse. Una acción que frunció su ceño y casi le arrebató un gruñido de desagrado... Casi. Pues antes de que un sólo sonido pudiera salir de sus labios se encontró silenciado. Sorprendido. De nuevo aquella suavidad de los labios ajenos sobre los suyos que apenas si le dejó abrir sus ojos ampliamente con sorpresa antes de verlo salir corriendo, siguiéndolo con su mirada hasta que desapareció por el balcón. Escuchó el aletear de sus alas hasta que el silencio volvió a rodearlo, observando la ventana abierta ya vacía, una suave ventizca que apenas movía las cortinas. Cuando una de sus manos ascendió, acariciando casi imperceptible sus labios de forma inconsciente, su sombra emergió a su lado mirándolo con una sonrisa. Ignorando su presencia y su mirada cuando tras varios minutos de pie en el mismo lugar logró dar un paso, alejándose. Sus pasos se sentían pesados ¿O tal vez eran livianos? Una mano en su pecho cuando comenzó a sentir su corazón latir acelerado ¿Por qué pasaba aquello? De nuevo las interrogantes, tal vez incluso la inseguridad o el estrés. Sus manos apoyándose con demasiada brusquedad sobre la superficie de su tocador cuando trastabilló al llegar, su respiración casi acelerada al no conseguir las respuestas a sus preguntas o tal vez no deseando admitirlas. Levantando su mirada, observando su reflejo en el espejo, logró ver el brillo dorado que ahora rodeaba su cuello. Una joyería delicada, preciosa y brillante que contrastaba demasiado con su estilo pero que, ahora, era un vivo recordatorio de a quién pertenecía... Una de sus manos se alzó, ascendiendo lentamente hasta que finalmente sus dedos rosaron la serpiente que rodeaba su cuello, acariciando la joyera como si temiera romperla... ¿Temiera romperla? De nuevo su ceño fruncido. ¿Cómo no quería que eso ocurriera? Si después de todo era la prueba de que ahora él no era un alma libre... Y su mirada pareció suavizarse, su sombra apareciendo de nuevo a su lado mirándole en silencio en lo que él bajaba su mano para servirse una copa de whisky y beber hasta el fondo antes de volver a ver su reflejo. A su mente llegó de nuevo aquel beso, ambos besos pero sin duda un poco más aquel más reciente. Su mano libre acarició sus propios labios aunque con más seguridad está vez. Sí, ahora le pertenecía a alguien y, aunque lo negara, la idea no le desagradara más no por el hecho de volverse mascota sino más bien por saber en manos de quién estaba... Y con ello también llegó una nueva frustración. Sí, ahora él pertenecía a Lucifer ¿Pero qué había del ángel? Pues él también lo quería en su poder más ya no para someterlo o dañarlo. Ni siquiera para humillarlo. La codicia que siempre lo había impulsado, aquella que siempre rugía ambrienta en su alma, de nuevo sintiéndose insatisfecha. Él que todo lo quería aunque todo lo tenía, esta vez anhelaba mucho más de lo que creyó imaginar alguna vez. Quería tener en su poder a Lucifer, quería tenerlo entre sus garras más no se refería a algo carnal. Al igual que el soberano tenía su alma, él quería la ajena. Quería su alma, sus pensamientos, su risa, su aliento, sus penas y su alegría... Quería su corazón y sus sentimientos. Su mirada brilló de un rojo intenso al ver una vez más su reflejo y su sombra sonrió a su lado. Aún a pesar del orgullo que no le permitía aún admitir una verdad tan cierta como la vida misma, ya tenía una meta que alcanzar pues, determinado, había decidido que quería a Lucifer.
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  • 𝗣&𝗥 𝗖𝗢𝗡 𝗞𝗜𝗬𝗢 𝗬 𝗦𝗨𝗦 𝗩𝗘𝗥𝗦𝗜𝗢𝗡𝗘𝗦.
    ::::::::::

    Usa uno de los emojis de arriba para hacerle una pregunta a las versiones originales de la usuaria. Cada una te responderá a su modo y sus preguntas pueden sorprenderte.

    𝗔𝗖𝗘𝗣𝗧𝗔𝗠𝗢𝗦 𝗧𝗢𝗗𝗢 𝗧𝗜𝗣𝗢 𝗗𝗘 𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔𝗦:
    𝗖𝗼𝗺𝘂𝗻𝗲𝘀, 𝘀𝘂𝗯𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗻𝗼 𝘆 𝘃𝗲𝗿𝗴𝗼𝗻𝘇𝗼𝘀𝗮𝘀.
    𝗣&𝗥 𝗖𝗢𝗡 𝗞𝗜𝗬𝗢 𝗬 𝗦𝗨𝗦 𝗩𝗘𝗥𝗦𝗜𝗢𝗡𝗘𝗦. :🔮:🪓:🪄:🏯:🤖:🧹:🐺:🌵:👓: Usa uno de los emojis de arriba para hacerle una pregunta a las versiones originales de la usuaria. Cada una te responderá a su modo y sus preguntas pueden sorprenderte. 𝗔𝗖𝗘𝗣𝗧𝗔𝗠𝗢𝗦 𝗧𝗢𝗗𝗢 𝗧𝗜𝗣𝗢 𝗗𝗘 𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔𝗦: 𝗖𝗼𝗺𝘂𝗻𝗲𝘀, 𝘀𝘂𝗯𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗻𝗼 𝘆 𝘃𝗲𝗿𝗴𝗼𝗻𝘇𝗼𝘀𝗮𝘀.
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  • Nuestra hija ha crecido sin ti, lo digo sin reproches, pero tampoco es algo que pueda suavizarse. Tiene dieciséis años y sigue buscándote, en la gente, en los gestos, en su propio reflejo, se parece demasiado a ti para mí desgracia. Dieciséis primaveras preguntando por ti, dieciséis inviernos sin saber que responder. La dejé explorar el mundo, hacerse preguntas, equivocarse. No quise que creciera encerrada en silencios ni en rencores que no eran suyos.

    A veces me pregunta cómo hueles para seguirte el rastro. Siempre hay un segundo de pausa antes de responder, porque la verdad es que no lo recuerdo. El aroma por el que un día me desvivía se borró. No fue poco a poco, fue como un bloqueo, supongo que la mente hace lo que puede para seguir en pie.

    Ahora solo huelo a jazmín, me centro en el presente. Dejé de mirar el pasado porque cada vez que lo hacía algo dentro de mí se rompía un poco más. Aun así, la espina sigue clavada recordándome que hay cosas que nunca entendí.

    Sigo sin saber el porqué y eso escuece. No la ausencia, sino la falta de respuestas. Una herida con explicación duele, pero acaba cerrando y está herida no es así.

    Espero que ella, algún día, sepa perdonarte, de verdad lo espero, por su bien. Yo no lo haría, no por odio, sino porque ya me dejé demasiado intentando comprenderte.

    Hay algunas noches que sigue costando respirar, que tu recuerdo me asalta como una pesadilla constante, pero tengo una suerte que no merezco cuando ese aroma a Jazmín me abraza, invade mis sentidos y calma mis demonios. No se merece que malgaste ni un solo segundo que vuelva a pensar en ti, no se lo merece.
    Nuestra hija ha crecido sin ti, lo digo sin reproches, pero tampoco es algo que pueda suavizarse. Tiene dieciséis años y sigue buscándote, en la gente, en los gestos, en su propio reflejo, se parece demasiado a ti para mí desgracia. Dieciséis primaveras preguntando por ti, dieciséis inviernos sin saber que responder. La dejé explorar el mundo, hacerse preguntas, equivocarse. No quise que creciera encerrada en silencios ni en rencores que no eran suyos. A veces me pregunta cómo hueles para seguirte el rastro. Siempre hay un segundo de pausa antes de responder, porque la verdad es que no lo recuerdo. El aroma por el que un día me desvivía se borró. No fue poco a poco, fue como un bloqueo, supongo que la mente hace lo que puede para seguir en pie. Ahora solo huelo a jazmín, me centro en el presente. Dejé de mirar el pasado porque cada vez que lo hacía algo dentro de mí se rompía un poco más. Aun así, la espina sigue clavada recordándome que hay cosas que nunca entendí. Sigo sin saber el porqué y eso escuece. No la ausencia, sino la falta de respuestas. Una herida con explicación duele, pero acaba cerrando y está herida no es así. Espero que ella, algún día, sepa perdonarte, de verdad lo espero, por su bien. Yo no lo haría, no por odio, sino porque ya me dejé demasiado intentando comprenderte. Hay algunas noches que sigue costando respirar, que tu recuerdo me asalta como una pesadilla constante, pero tengo una suerte que no merezco cuando ese aroma a Jazmín me abraza, invade mis sentidos y calma mis demonios. No se merece que malgaste ni un solo segundo que vuelva a pensar en ti, no se lo merece.
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  • [spark_jade_donkey_103]

    No, es muy didáctico lo que mencioné.

    No espero por costumbre,
    espero porque todavía sangro preguntas.
    No es impaciencia:
    es aprender a habitarme sin desaparecer.
    La calma no siempre llega como virtud,
    a veces llega como cansancio.
    Y aun así, sigo buscando
    no a quien me salve,
    sino a quien no me borre
    cuando me mire.
    [spark_jade_donkey_103] No, es muy didáctico lo que mencioné. No espero por costumbre, espero porque todavía sangro preguntas. No es impaciencia: es aprender a habitarme sin desaparecer. La calma no siempre llega como virtud, a veces llega como cansancio. Y aun así, sigo buscando no a quien me salve, sino a quien no me borre cuando me mire.
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  • ‎ — ¿Hmm? —El joven pelirrojo apenas abría los ojos por... ¿tercera vez en las doce horas transcurridas? No estaba seguro.



    ‎***Plic... Plic... Plic... Plic...***



    ‎ * El tenue sonido del suero goteando era lo único que se escuchaba en aquella sala de piedra. Aquel ruido era como un metrónomo, uno que le recordaba a Elijah que ya no estaba en el caos del campo de batalla que hace unas cuantas horas le parecía su perdición. Vítkov se mantenía sentado con los ojos entreabiertos, mirando la lámpara que iluminaba fuertemente aquel lugar, pero principalmente el sitio donde él se encontraba. Sus manos se hallaban débilmente apoyadas en la mesa, boca arriba; sus nudillos, enrojecidos, estaban destrozados y aún quedaban restos de esa ceniza grisácea que no parecía humana en el pantalón de su uniforme.
    ‎Su mirada descendió hasta su brazo derecho, que tenía aquella intravenosa que lo conectaba al suero; luego pasó a la de la otra persona presente en el lugar. No era cualquiera... Era un inquisidor, cuya silueta apenas se recortaba contra la puerta. El hombre golpeó la mesa con una carpeta que llevaba el sello de cera roja del Vaticano *



    ‎ — Veo que volviste a abrir los ojos, Vítkov... Vamos a repetirlo una vez más. El activo del Gladius Dei, Caspian, fue reportado como desaparecido en combate. Tú eres el único que hasta ahora se mantiene consciente de los otros siete que regresaron conti... — Elijah veía al inquisidor con una seriedad absoluta. No le importaba si sus palabras intentaban sonar como un halago; él no estaba dispuesto a continuar con esto y se lo iba a dejar en claro interrumpiéndolo de forma respetuosa:



    ‎ — Sí, eso ya me lo dejó en claro, monseñor. Pero me temo que, sin importar cuántas veces venga a mí con las mismas preguntas, yo no puedo decirle lo que quiere; pues todo lo que he hablado y repetido hasta ahora es todo lo que sé, señor...



    ‎ * El inquisidor miraba con reproche al joven que le había interrumpido. Si las circunstancias fueran diferentes, seguro que le habría reprendido por su osadía, pero esta vez era distinto; tenía que ser cuidadoso con lo que hacía. Por eso, a pesar de lo que sabía, optó por mencionarle al joven eslovaco algo que podría refrescar su memoria: *



    ‎ — Está bien, joven Vítkov. Yo no te pido que te inventes una historia alterna de todos los acontecimientos que me contaste desde que tuvieron contacto con el objetivo hasta que llegaron a los sótanos de esta catedral. No; ahora te pido algo más simple que, de hecho, has omitido... Cuéntame sobre la mujer que encontraron.



    ‎ * La voz del inquisidor se tornaba más seria al hablar de "la mujer". Los ojos de Elijah se abrieron un poco ante la mención de esa cosa como si fuera humana siquiera. Una sonrisa cínica, pero adolorida se hizo presente en el rostro magullado del joven eslovaco mientras acercaba lentamente su torso vendado —que hasta ahora se había mantenido cuidadosamente recostado del espaldar de la silla— a la mesa para contestarle *



    ‎ — Oh... Discúlpeme, monseñor, pero no sé de qué "mujer" me habla. En aquel maldito lugar solo nos encontramos con monstruos, no hubo mujer alguna. Y si se refiere a esa cosa de aspecto femenino pues... sí, la he omitido pues no estaba seguro de qué decir al respecto. Esa cosa no estaba relacionada con la misión. ¿Y es por eso que está aquí, no? Quiere saber por qué se jodió toda la misión, ¿cierto



    ‎* Elijah miraba fijamente a los ojos del inquisidor. Su tono, aunque pudiera considerarse rebelde, en realidad no tenía intención de serlo; realmente hacía aquella pregunta con profundo interés y sin motivos ocultos. Si no fuera porque aquel inquisidor era consciente de su actitud, esto ya sería un problema aún más complicado; así que, por el momento, decidió seguirle la corriente para no levantar sospechas *



    ‎ — Exactamente, Elijah. La Santa Iglesia me envió aquí para descubrir qué ocurrió exactamente con la misión y nada más. Pero me llamó la atención que uno de tus compañeros, que se encuentra en estado de shock, no deja de mencionar a cierta "mujer". Ya si lo era o no, solo tú puedes decírmelo. Incluso si no tiene mucho que ver con la misión, lo cierto es que aquella presencia tuvo algo que ver con lo catastrófica que resultó la situación... ¿o me equivoco?



    ‎ * Elijah bajaba la mirada mientras apretaba los dientes al recordar cómo todo pasó de un reconocimiento a un desorden de sombra y sangre. De repente, sintió una punzada de dolor en su nuca, justo en el lugar donde recibió aquel golpe que lo dejó inconsciente. En su mente, todavía veía con recelo la misteriosa presencia y la mirada de Caspian que, por un segundo antes del desastre, no pareció de fe... sino de terror puro *



    ‎ — Ah... Está bien, voy a contarle. Pero le digo de una vez que todo eso me es confuso incluso a mí, pues para cuando nos encontramos con esa cosa, el caballero ya se encontraba en el lugar, por lo que la mayor interacción con esa cosa la tuvo el mismísimo Caspian...



    ‎ * Elijah procedió a contar nuevamente los acontecimientos de la misión, pero esta vez incluyendo a cierto individuo que, para su desconocimiento, tenía mucho más que ver con lo ocurrido de lo que dejaba pensar *
    ‎ — ¿Hmm? —El joven pelirrojo apenas abría los ojos por... ¿tercera vez en las doce horas transcurridas? No estaba seguro. ‎ ‎ ‎ ‎***Plic... Plic... Plic... Plic...*** ‎ ‎ ‎ ‎ * El tenue sonido del suero goteando era lo único que se escuchaba en aquella sala de piedra. Aquel ruido era como un metrónomo, uno que le recordaba a Elijah que ya no estaba en el caos del campo de batalla que hace unas cuantas horas le parecía su perdición. Vítkov se mantenía sentado con los ojos entreabiertos, mirando la lámpara que iluminaba fuertemente aquel lugar, pero principalmente el sitio donde él se encontraba. Sus manos se hallaban débilmente apoyadas en la mesa, boca arriba; sus nudillos, enrojecidos, estaban destrozados y aún quedaban restos de esa ceniza grisácea que no parecía humana en el pantalón de su uniforme. ‎Su mirada descendió hasta su brazo derecho, que tenía aquella intravenosa que lo conectaba al suero; luego pasó a la de la otra persona presente en el lugar. No era cualquiera... Era un inquisidor, cuya silueta apenas se recortaba contra la puerta. El hombre golpeó la mesa con una carpeta que llevaba el sello de cera roja del Vaticano * ‎ ‎ ‎ ‎ — Veo que volviste a abrir los ojos, Vítkov... Vamos a repetirlo una vez más. El activo del Gladius Dei, Caspian, fue reportado como desaparecido en combate. Tú eres el único que hasta ahora se mantiene consciente de los otros siete que regresaron conti... — Elijah veía al inquisidor con una seriedad absoluta. No le importaba si sus palabras intentaban sonar como un halago; él no estaba dispuesto a continuar con esto y se lo iba a dejar en claro interrumpiéndolo de forma respetuosa: ‎ ‎ ‎ ‎ — Sí, eso ya me lo dejó en claro, monseñor. Pero me temo que, sin importar cuántas veces venga a mí con las mismas preguntas, yo no puedo decirle lo que quiere; pues todo lo que he hablado y repetido hasta ahora es todo lo que sé, señor... ‎ ‎ ‎ ‎ * El inquisidor miraba con reproche al joven que le había interrumpido. Si las circunstancias fueran diferentes, seguro que le habría reprendido por su osadía, pero esta vez era distinto; tenía que ser cuidadoso con lo que hacía. Por eso, a pesar de lo que sabía, optó por mencionarle al joven eslovaco algo que podría refrescar su memoria: * ‎ ‎ ‎ ‎ — Está bien, joven Vítkov. Yo no te pido que te inventes una historia alterna de todos los acontecimientos que me contaste desde que tuvieron contacto con el objetivo hasta que llegaron a los sótanos de esta catedral. No; ahora te pido algo más simple que, de hecho, has omitido... Cuéntame sobre la mujer que encontraron. ‎ ‎ ‎ ‎ * La voz del inquisidor se tornaba más seria al hablar de "la mujer". Los ojos de Elijah se abrieron un poco ante la mención de esa cosa como si fuera humana siquiera. Una sonrisa cínica, pero adolorida se hizo presente en el rostro magullado del joven eslovaco mientras acercaba lentamente su torso vendado —que hasta ahora se había mantenido cuidadosamente recostado del espaldar de la silla— a la mesa para contestarle * ‎ ‎ ‎ ‎ — Oh... Discúlpeme, monseñor, pero no sé de qué "mujer" me habla. En aquel maldito lugar solo nos encontramos con monstruos, no hubo mujer alguna. Y si se refiere a esa cosa de aspecto femenino pues... sí, la he omitido pues no estaba seguro de qué decir al respecto. Esa cosa no estaba relacionada con la misión. ¿Y es por eso que está aquí, no? Quiere saber por qué se jodió toda la misión, ¿cierto ‎ ‎ ‎ ‎* Elijah miraba fijamente a los ojos del inquisidor. Su tono, aunque pudiera considerarse rebelde, en realidad no tenía intención de serlo; realmente hacía aquella pregunta con profundo interés y sin motivos ocultos. Si no fuera porque aquel inquisidor era consciente de su actitud, esto ya sería un problema aún más complicado; así que, por el momento, decidió seguirle la corriente para no levantar sospechas * ‎ ‎ ‎ ‎ — Exactamente, Elijah. La Santa Iglesia me envió aquí para descubrir qué ocurrió exactamente con la misión y nada más. Pero me llamó la atención que uno de tus compañeros, que se encuentra en estado de shock, no deja de mencionar a cierta "mujer". Ya si lo era o no, solo tú puedes decírmelo. Incluso si no tiene mucho que ver con la misión, lo cierto es que aquella presencia tuvo algo que ver con lo catastrófica que resultó la situación... ¿o me equivoco? ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah bajaba la mirada mientras apretaba los dientes al recordar cómo todo pasó de un reconocimiento a un desorden de sombra y sangre. De repente, sintió una punzada de dolor en su nuca, justo en el lugar donde recibió aquel golpe que lo dejó inconsciente. En su mente, todavía veía con recelo la misteriosa presencia y la mirada de Caspian que, por un segundo antes del desastre, no pareció de fe... sino de terror puro * ‎ ‎ ‎ ‎ — Ah... Está bien, voy a contarle. Pero le digo de una vez que todo eso me es confuso incluso a mí, pues para cuando nos encontramos con esa cosa, el caballero ya se encontraba en el lugar, por lo que la mayor interacción con esa cosa la tuvo el mismísimo Caspian... ‎ ‎ ‎ ‎ * Elijah procedió a contar nuevamente los acontecimientos de la misión, pero esta vez incluyendo a cierto individuo que, para su desconocimiento, tenía mucho más que ver con lo ocurrido de lo que dejaba pensar *
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  • Oscorp Industries — Comunicado de Cierre de Año


    Las luces del edificio siguen encendidas más de lo habitual. Última semana de diciembre. Angie revisa el texto una vez más antes de autorizarlo. No lo escribe para emocionar. Lo escribe para que suene correcto.

    Correcto es sobrevivir otro año.

    En Oscorp Industries creemos que el progreso no se mide únicamente en avances tecnológicos, sino en la confianza que se construye día a día.

    Este año nos enfrentó a cambios, desafíos y preguntas necesarias. Gracias a nuestros colaboradores, socios y equipos de trabajo, seguimos avanzando con la convicción de que la innovación responsable es el único camino hacia el futuro.

    Agradecemos la confianza depositada en nosotros y reafirmamos nuestro compromiso con el desarrollo, la precisión y la continuidad.

    Oscorp Industries.
    Construyendo el mañana.
    Angie guarda silencio unos segundos antes de enviar.

    Luego murmura, solo para sí:

    —Y ocultando lo suficiente del hoy.

    Hace clic.
    El mensaje se publica.
    Nadie nota la ironía.
    Eso significa que está bien hecho.
    Oscorp Industries — Comunicado de Cierre de Año Las luces del edificio siguen encendidas más de lo habitual. Última semana de diciembre. Angie revisa el texto una vez más antes de autorizarlo. No lo escribe para emocionar. Lo escribe para que suene correcto. Correcto es sobrevivir otro año. En Oscorp Industries creemos que el progreso no se mide únicamente en avances tecnológicos, sino en la confianza que se construye día a día. Este año nos enfrentó a cambios, desafíos y preguntas necesarias. Gracias a nuestros colaboradores, socios y equipos de trabajo, seguimos avanzando con la convicción de que la innovación responsable es el único camino hacia el futuro. Agradecemos la confianza depositada en nosotros y reafirmamos nuestro compromiso con el desarrollo, la precisión y la continuidad. Oscorp Industries. Construyendo el mañana. Angie guarda silencio unos segundos antes de enviar. Luego murmura, solo para sí: —Y ocultando lo suficiente del hoy. Hace clic. El mensaje se publica. Nadie nota la ironía. Eso significa que está bien hecho.
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  • No es que no pueda quedarme en un pueblo durante años. Es difícil para mí cuando empiezan las preguntas.
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