• //Continuación de https://ficrol.com/posts/359883 //

    "Te has ganado tu vida"

    Fueron las palabras de la reina Elizabeth cuando el zorro cumplió su promesa de salvar a su protegida, Milenka.
    Nunca esperó que su primer día en aquella ciudad, Brattvåg, fuera tan intenso.

    El zorro había llevado su poder de sanación a un punto límite. Era un don que no estaba hecho para compartirse, pero aun así él lo ofrecía a aquellos a quienes deseaba salvar. El agotamiento fue extremo, y para recuperar fuerzas Kazuo necesitaba la energía del bosque. Él daba a la tierra, y la tierra siempre le devolvía el favor.

    En un principio iba a ser escoltado por órdenes de la soberana, pero pidió ir solo. No quería mostrar su vulnerabilidad ni que nadie supiera más de lo necesario sobre él y el poder que albergaba en su interior. Ella cedió después de ver que él había cumplido diligentemente su promesa, a pesar de la sorpresa de descubrir que no era un simple humano.

    Pasó el resto del día y toda la noche en la profundidad del bosque, en soledad, tal como deseaba. La tierra le devolvía poco a poco la fuerza de su sacrificio. Él no exigía nada del bosque; permitía que este le ofreciera su energía de forma voluntaria, al ritmo que la naturaleza considerase adecuado.

    Por la mañana, Kazuo abrió los ojos lentamente. El brillo zafiro había regresado a sus profundos orbes. Su piel marmórea lucía más saludable, y el cabello azabache había recuperado su lustre habitual.
    No estaba completamente recuperado, pero había prometido regresar a Brattvåg para tratar las heridas de la arquera y de Su Majestad, además de ayudar a cualquiera que necesitara sus conocimientos de medicina. Estaba claro que en aquel lugar los curanderos y sanadores brillaban por su ausencia. Estaría algunas horas más allí hasta iniciar su camino de regreso, cumpliendo con la hora acordada con la reina el día anterior.

    Quizás pasar una temporada en aquella ciudad, ofreciendo su ayuda y conocimiento, llenaría el vacío que de pronto le habían arrancado en su hogar; un recuerdo que, por mucho que lo intentase, no lograba recuperar.

    Estar lejos de su hogar no significaba que estuviera exento de su deber como kitsune. Sentiría la llamada de Inari cuando fuera necesario, y a través del bosque podría regresar a su templo para cumplir con su labor de mensajero. Aun así, estaba seguro de que, por alguna razón, seguiría volviendo a la ciudad de Brattvåg, gobernada por la reina de ojos escarlata.
    //Continuación de https://ficrol.com/posts/359883 // "Te has ganado tu vida" Fueron las palabras de la reina Elizabeth cuando el zorro cumplió su promesa de salvar a su protegida, Milenka. Nunca esperó que su primer día en aquella ciudad, Brattvåg, fuera tan intenso. El zorro había llevado su poder de sanación a un punto límite. Era un don que no estaba hecho para compartirse, pero aun así él lo ofrecía a aquellos a quienes deseaba salvar. El agotamiento fue extremo, y para recuperar fuerzas Kazuo necesitaba la energía del bosque. Él daba a la tierra, y la tierra siempre le devolvía el favor. En un principio iba a ser escoltado por órdenes de la soberana, pero pidió ir solo. No quería mostrar su vulnerabilidad ni que nadie supiera más de lo necesario sobre él y el poder que albergaba en su interior. Ella cedió después de ver que él había cumplido diligentemente su promesa, a pesar de la sorpresa de descubrir que no era un simple humano. Pasó el resto del día y toda la noche en la profundidad del bosque, en soledad, tal como deseaba. La tierra le devolvía poco a poco la fuerza de su sacrificio. Él no exigía nada del bosque; permitía que este le ofreciera su energía de forma voluntaria, al ritmo que la naturaleza considerase adecuado. Por la mañana, Kazuo abrió los ojos lentamente. El brillo zafiro había regresado a sus profundos orbes. Su piel marmórea lucía más saludable, y el cabello azabache había recuperado su lustre habitual. No estaba completamente recuperado, pero había prometido regresar a Brattvåg para tratar las heridas de la arquera y de Su Majestad, además de ayudar a cualquiera que necesitara sus conocimientos de medicina. Estaba claro que en aquel lugar los curanderos y sanadores brillaban por su ausencia. Estaría algunas horas más allí hasta iniciar su camino de regreso, cumpliendo con la hora acordada con la reina el día anterior. Quizás pasar una temporada en aquella ciudad, ofreciendo su ayuda y conocimiento, llenaría el vacío que de pronto le habían arrancado en su hogar; un recuerdo que, por mucho que lo intentase, no lograba recuperar. Estar lejos de su hogar no significaba que estuviera exento de su deber como kitsune. Sentiría la llamada de Inari cuando fuera necesario, y a través del bosque podría regresar a su templo para cumplir con su labor de mensajero. Aun así, estaba seguro de que, por alguna razón, seguiría volviendo a la ciudad de Brattvåg, gobernada por la reina de ojos escarlata.
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  • 𝕬 𝖉𝖎𝖑𝖊𝖒𝖒𝖆 𝖎𝖓 𝕷𝖚𝖈𝖐𝖞 𝕷𝖆𝖓𝖉 — 𝕻𝖆𝖗𝖆𝖉𝖎𝖘𝖊 𝖎𝖘 𝖇𝖚𝖎𝖑𝖙 𝖚𝖕𝖔𝖓 𝖚𝖓𝖎𝖋𝖔𝖗𝖒𝖎𝖙𝖞.

    Disparidades en un mar de pensamiento: la heterogeneidad de Adam cautivó su preocupación.

    Pidió a quien consideraba un colega registros visuales de la política ejecutada bajo el ala del honorable congreso. Con precisa humildad, buscó un consejo: el lenguaje tácito del sanedrín, la dinámica de un debate que escondía el cubismo más grosero.

    Reconoció cualidades que algunos llamarían honorables, mas el telar de palabras forjó un foro carente de sustancia.

    Dictámenes aplicados en un territorio reducido eran más fáciles de ejecutar; aunque las formas imperaron, halló utilidad al cincelar un sistema imperfecto. Pero, al contemplar al cónclave regir bajo la sombra de las naciones, tan insípido le pareció que él mismo se cuestionó la decisión de invertir su tiempo en tal espectáculo.

    Y ante las intrincadas sombras que brotaron de un artefacto holográfico, Zeraim hizo una comparación ingrata.

    Aquello estudiado destacaba por su disposición en herradura; él rememoró que la primera deliberación ocurrió bajo el testigo de una estrella marchita y un prado que se desentendió de la finitud. Ellos, como individuos, eran innegablemente desiguales, pero en su construcción conquistaron una afinidad propia de organismos más sencillos.

    La individualidad nunca fue un concepto a destacar. Eran frágiles, conscientes de un funesto destino en caso de negarse a la unidad; los que antes fueron miles decidieron privarse del sueño, y fraguaron las mitzvot. Y solo cuando necesitaron dictaminar el arquetipo de la nueva sangre y carne: aquello llamado “soma", reencontraron el cónclave.

    '𝕺𝖓𝖈𝖊 𝖒𝖔𝖗𝖊 𝕴 𝖇𝖊𝖘𝖊𝖊𝖈𝖍 𝖞𝖔𝖚, 𝖆𝖈𝖍𝖎𝖒: 𝖏𝖔𝖎𝖓 𝖞𝖔𝖚𝖗 𝖍𝖆𝖓𝖉𝖘. 𝕳𝖔𝖜 𝖘𝖍𝖆𝖑𝖑 𝖜𝖊 𝖈𝖔𝖒𝖊 𝖙𝖔 𝖚𝖓𝖉𝖊𝖗𝖘𝖙𝖆𝖓𝖉 𝖎𝖋 𝖜𝖊 𝖙𝖗𝖆𝖓𝖘𝖈𝖊𝖓𝖉 𝖓𝖔𝖙 𝖔𝖚𝖗𝖘𝖊𝖑𝖛𝖊𝖘?'

    Al culmen de la última grabación, en el silencio de su despacho, contempló con frialdad la boiserie delante de él. Quizá un vestigio de nostalgia: el fruncir de los labios que expresa conflictos, palabras que no pueden ser enunciadas.

    No era indecisión, sino una genuina interrogante que lo indujo a la reflexión: ¿cómo la marea de almas muriendo sobre la playa podía pecar de tanta divergencia?

    No llegó para evangelizar; la nación del Tevel no era objetivo de conquista, solo de estudio y eventual extracción.

    Conflictuado, el eco de una paternidad cósmica lo empujó a sentir genuina lástima, ya fuera por la endeblez observada o por la inflexibilidad de los dogmas.
    𝕬 𝖉𝖎𝖑𝖊𝖒𝖒𝖆 𝖎𝖓 𝕷𝖚𝖈𝖐𝖞 𝕷𝖆𝖓𝖉 — 𝕻𝖆𝖗𝖆𝖉𝖎𝖘𝖊 𝖎𝖘 𝖇𝖚𝖎𝖑𝖙 𝖚𝖕𝖔𝖓 𝖚𝖓𝖎𝖋𝖔𝖗𝖒𝖎𝖙𝖞. Disparidades en un mar de pensamiento: la heterogeneidad de Adam cautivó su preocupación. Pidió a quien consideraba un colega registros visuales de la política ejecutada bajo el ala del honorable congreso. Con precisa humildad, buscó un consejo: el lenguaje tácito del sanedrín, la dinámica de un debate que escondía el cubismo más grosero. Reconoció cualidades que algunos llamarían honorables, mas el telar de palabras forjó un foro carente de sustancia. Dictámenes aplicados en un territorio reducido eran más fáciles de ejecutar; aunque las formas imperaron, halló utilidad al cincelar un sistema imperfecto. Pero, al contemplar al cónclave regir bajo la sombra de las naciones, tan insípido le pareció que él mismo se cuestionó la decisión de invertir su tiempo en tal espectáculo. Y ante las intrincadas sombras que brotaron de un artefacto holográfico, Zeraim hizo una comparación ingrata. Aquello estudiado destacaba por su disposición en herradura; él rememoró que la primera deliberación ocurrió bajo el testigo de una estrella marchita y un prado que se desentendió de la finitud. Ellos, como individuos, eran innegablemente desiguales, pero en su construcción conquistaron una afinidad propia de organismos más sencillos. La individualidad nunca fue un concepto a destacar. Eran frágiles, conscientes de un funesto destino en caso de negarse a la unidad; los que antes fueron miles decidieron privarse del sueño, y fraguaron las mitzvot. Y solo cuando necesitaron dictaminar el arquetipo de la nueva sangre y carne: aquello llamado “soma", reencontraron el cónclave. '𝕺𝖓𝖈𝖊 𝖒𝖔𝖗𝖊 𝕴 𝖇𝖊𝖘𝖊𝖊𝖈𝖍 𝖞𝖔𝖚, 𝖆𝖈𝖍𝖎𝖒: 𝖏𝖔𝖎𝖓 𝖞𝖔𝖚𝖗 𝖍𝖆𝖓𝖉𝖘. 𝕳𝖔𝖜 𝖘𝖍𝖆𝖑𝖑 𝖜𝖊 𝖈𝖔𝖒𝖊 𝖙𝖔 𝖚𝖓𝖉𝖊𝖗𝖘𝖙𝖆𝖓𝖉 𝖎𝖋 𝖜𝖊 𝖙𝖗𝖆𝖓𝖘𝖈𝖊𝖓𝖉 𝖓𝖔𝖙 𝖔𝖚𝖗𝖘𝖊𝖑𝖛𝖊𝖘?' Al culmen de la última grabación, en el silencio de su despacho, contempló con frialdad la boiserie delante de él. Quizá un vestigio de nostalgia: el fruncir de los labios que expresa conflictos, palabras que no pueden ser enunciadas. No era indecisión, sino una genuina interrogante que lo indujo a la reflexión: ¿cómo la marea de almas muriendo sobre la playa podía pecar de tanta divergencia? No llegó para evangelizar; la nación del Tevel no era objetivo de conquista, solo de estudio y eventual extracción. Conflictuado, el eco de una paternidad cósmica lo empujó a sentir genuina lástima, ya fuera por la endeblez observada o por la inflexibilidad de los dogmas.
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  • Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar.

    Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad.

    Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror.

    Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro.

    Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado.

    Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio.

    Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
    Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar. Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad. Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror. Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro. Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado. Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio. Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    // ¡Muy buenas noches mi amada familia FicRol, aparezco ante vuestras presencias para saludaros y en lo principal agradeceros por la mención que me hicisteis, por las palabras dedicadas hacia mi ser, mi personaje y como usuaria también y de igual forma por sorprenderme con tan maravilloso presente, sinceramente me encantó y alegró mucho vuestra hermosa ofrenda, me refiero a el hermoso diamante con corona que veo en mi perfil, en verdad os agradezco de todo corazón, me hacéis muy feliz, os quiero y amo mucho, familia mía!.

    Envío también un agradecimiento especial para todos (as) mis grandiosos (as) amistades, hermandades y familia , mi querida y adorada familia Souvenir Ma Famille Le Jardin Des Meilleurs Amis y todos (as) mis seres queridos (as), no conocidos (as) y nuevos (as) amistades aquí en nuestra hermosa familia y Comunidad FicRol, gracias por siempre apoyarme, acompañarme y brindarme siempre lo mejor de una sincera y auténtica amistad, hermandad, que como la nuestra no hay en ningún lugar, es un gran tesoro de luz que siempre iré a cuidar para toda la vida, gratitudes infinitas desde mi alma y corazón, gracias por existir y estar aquí, en verdad son los mejores.


    // ¡Muy buenas noches mi amada familia FicRol, aparezco ante vuestras presencias para saludaros y en lo principal agradeceros por la mención que me hicisteis, por las palabras dedicadas hacia mi ser, mi personaje y como usuaria también y de igual forma por sorprenderme con tan maravilloso presente, sinceramente me encantó y alegró mucho vuestra hermosa ofrenda, me refiero a el hermoso diamante con corona que veo en mi perfil, en verdad os agradezco de todo corazón, me hacéis muy feliz, os quiero y amo mucho, familia mía!. Envío también un agradecimiento especial para todos (as) mis grandiosos (as) amistades, hermandades y familia , mi querida y adorada familia Souvenir Ma Famille Le Jardin Des Meilleurs Amis y todos (as) mis seres queridos (as), no conocidos (as) y nuevos (as) amistades aquí en nuestra hermosa familia y Comunidad FicRol, gracias por siempre apoyarme, acompañarme y brindarme siempre lo mejor de una sincera y auténtica amistad, hermandad, que como la nuestra no hay en ningún lugar, es un gran tesoro de luz que siempre iré a cuidar para toda la vida, gratitudes infinitas desde mi alma y corazón, gracias por existir y estar aquí, en verdad son los mejores. :STK-12: :STK-65: :STK-64: :STK-69: :STK-75: 😍 😇 🤗 💖 🤎 💜 🙏 🙏 🙏 👏 👏 👏 👏 👏 👏 👏 👏 👏 👏 🤝 🐼 🐻 🦄 🐾 🐾 🐾 🐾 🕊️ 💐 🌸 💮 🏵️ 🌹 🌺 🌻 🌼 🌷 🌹 🌹 🌹 🏵️ 🌸 🌸 🌸 🌻 🌻 🌻 🌺 🌺 🌍 🌄 🌅 ⛲ 🌇 🌉 🌌 🌠 🌈 ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ ☀️ 🎉 🎊 🎈 🎈 🎈 🎉 🎊 🎈 🎈 🎈 🎈 🎉 🎊 🎈 🎈 🎈 🎉 🎊 🎈 🎈 🎈 🎈 🎉 🎊 🎈 🎈 🎈 🎈 🎉 🎈 🎈 🎈 🎈 🎁 🎁 🎁 🎁 🎉 🎊 🎈 🎈 🎈 🎈 🎁 🥇 🏆
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  • Acabo de llegar a Hogwarts. Este viaje me ha venido bien, por que tengo nuevos planes. En pocas palabras, irme a vivir al campo, mi abuela sera mas libre alli y yo igual. Tampocó me olvido de los demás y tendreis una habitación alli.
    Acabo de llegar a Hogwarts. Este viaje me ha venido bien, por que tengo nuevos planes. En pocas palabras, irme a vivir al campo, mi abuela sera mas libre alli y yo igual. Tampocó me olvido de los demás y tendreis una habitación alli.
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  • Imperativo el buen uso de las palabras. La magia que ocultan, acompañadas de los gestos que se pueden desprender de pronunciarlas, pueden hacer que la voluntad de una persona se doblegue. Incluso llegando a sodomizarla, a que cumpla tus deseos sin objeciones.

    Nadie está exento a esos embrujos y una vez que se cae en esa posesión puede volverse difícil reconocer la realidad. Si te convence solo con palabras y quedas prendido en ese bucle, deseo que tengas suerte de salirte.

    ¿Estás dispuesto a conversar? ¿Te gustaría escuchar cosas que moralmente pueden prohibirse aún? O mejor... ¿quieres que nombre cada fantasía de tal manera que la saliva empiece a brotar de tu boca perdiendo la capacidad de contenerla dentro? Te desafío.

    Quizas, estés a la altura para que me doblegue a mi misma.
    Imperativo el buen uso de las palabras. La magia que ocultan, acompañadas de los gestos que se pueden desprender de pronunciarlas, pueden hacer que la voluntad de una persona se doblegue. Incluso llegando a sodomizarla, a que cumpla tus deseos sin objeciones. Nadie está exento a esos embrujos y una vez que se cae en esa posesión puede volverse difícil reconocer la realidad. Si te convence solo con palabras y quedas prendido en ese bucle, deseo que tengas suerte de salirte. ¿Estás dispuesto a conversar? ¿Te gustaría escuchar cosas que moralmente pueden prohibirse aún? O mejor... ¿quieres que nombre cada fantasía de tal manera que la saliva empiece a brotar de tu boca perdiendo la capacidad de contenerla dentro? Te desafío. Quizas, estés a la altura para que me doblegue a mi misma.
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  • -Vagando por aquella ciudad destruida, no espero encontrarse con la forma de vida artificial llamada Adam, quien estaba leyendo un libro, cuando 12B se topo con él. -

    No imagine que te encontraría.

    -Comentó de forma bastate fría y sería, apretando con fuerza el mango de su espada, si bien tenía órdenes de la comandante de si se encuentra con Adam o Eve, tendrá que iniciar una batalla para eliminarlos, en ese momento ella estaba lista para dar inicio a esa pelea pero.. Por alguna razón el albino frente a ella por ahora parecía estar más interesado en su libro que en tener una pelea contra ella.

    Adam solamente la miro mantenido una sonrisa. - Oh, no esperaba encontrar a alguien de Yorha-. Dijo este al cerrar su libro.

    12B por su parte se mantuvo seria, inexpresiva a las palabras dichas por el albino, ella está dispuesta a enfrentarlo, Adam por su parte se acomodo los lentes, manteniendo una sonrisa.-

    Ni creas que me voy a tragar eso de que no harás daño.

    -Dijo para apuntarlo con su arma, Adam, estando tranquilo, lanza un potente ataque, el cual 12B no tuvo más opción de bloquearlo, ese ataque tuvo mucha potencia, que la hizo retroceder-

    Tch...

    -Chasqua la lengua mirando al albino, quien solo se quedó mirandole con una sonrisa. -
    -Vagando por aquella ciudad destruida, no espero encontrarse con la forma de vida artificial llamada Adam, quien estaba leyendo un libro, cuando 12B se topo con él. - No imagine que te encontraría. -Comentó de forma bastate fría y sería, apretando con fuerza el mango de su espada, si bien tenía órdenes de la comandante de si se encuentra con Adam o Eve, tendrá que iniciar una batalla para eliminarlos, en ese momento ella estaba lista para dar inicio a esa pelea pero.. Por alguna razón el albino frente a ella por ahora parecía estar más interesado en su libro que en tener una pelea contra ella. Adam solamente la miro mantenido una sonrisa. - Oh, no esperaba encontrar a alguien de Yorha-. Dijo este al cerrar su libro. 12B por su parte se mantuvo seria, inexpresiva a las palabras dichas por el albino, ella está dispuesta a enfrentarlo, Adam por su parte se acomodo los lentes, manteniendo una sonrisa.- Ni creas que me voy a tragar eso de que no harás daño. -Dijo para apuntarlo con su arma, Adam, estando tranquilo, lanza un potente ataque, el cual 12B no tuvo más opción de bloquearlo, ese ataque tuvo mucha potencia, que la hizo retroceder- Tch... -Chasqua la lengua mirando al albino, quien solo se quedó mirandole con una sonrisa. -
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  • 𝑀A𝐺N𝐴:

    Señaló un caminante errante que caminaba, distraído a unos metros de ellos dos. Y, sin necesidad de decirse más palabras, los dos trataron de escabullirse de forma lo más silenciosa posible. El problema era que los bosques eran un terreno demasiado vasto y siempre estaba repleto de muertos. Era el principal problema de que el setenta por ciento de la población del país se hubieran convertido en máquinas de matar. Asi que, apenas unos metros de caminaba silenciosa después, se vieron rodeados por casi una decena de cadáveres andantes.

    -¿Qué dices? -preguntó preparando una flecha en el arco- ¿Mitad y mitad? -hizo un gesto rapido con la cabeza haciendo una división imaginaria de los muertos que se acercaban- El ultimo…-comentó al ver que eran impares- Para el ganador -sonrió antes de tensar la cuerda del arco y disparar una flecha que se clavó directa entre las cejas del caminante que tenían más cerca.

    -Uno.


    𝑨𝘼𝑹𝙊𝑵:

    — Intenta no quedarte sin flechas. — Murmura con una sonrisa aceptando el reto y sacando con su mano diestra la espada corta que porta en el cinturón y alzando la zurda justo a tiempo y con la fuerza necesaria como para destrozar la cabeza del primer caminante con el que se cruza y que chasqueaba sus dientes desnudos demasiado cerca de su yugular.
    La masa cerebral y los restos humanos podridos saltan por los aires haciéndole apartar la cabeza sin conseguir esquivar la materia orgánica en su totalidad. — ¡Uno!

    Un par de flechas más vuelan acertando en el cerebro de los no muertos antes de que Magna tenga que abandonar el arco y sacar su arma de hoja ante la cercanía de sus enemigos, mientras él cercena cabezas enteras o a la mitad. Aaron había dejado de contar, estaba demasiado concentrado en esquivar dientes y manos cadavéricas, en que el lucero del alba no se quedara atascado en ningún cráneo, y en tener un ojo puesto en la pelirroja, de esa forma la ve girar para evitar se atrapada pero quedado de espaldas a un caminante que no parece dispuesto a desaprovechar la oportunidad, Aaron no piensa en sus acciones, tan solo alza la pierna derecha colocando el pie en el pecho de un muerto el cual se hunde ligeramente pero no del todo y así le permite apartarlo de él unos metros hacia atrás, y llegar a tiempo de hundir la espada en el cerebro del caminante, por el oído.
    Con un gesto de asco y después de girar la empuñadura, Aaron da un fuerte tirón hacia delante, abriéndole el cráneo y llenando a Magna de sangre y sesos.

    — Ese cuenta extra para mí, aunque no es que lo necesite…


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ— extracto de mi rol con 𝑨𝘼𝑹𝙊𝑵 ᴬᵁ
    𝑀A𝐺N𝐴: Señaló un caminante errante que caminaba, distraído a unos metros de ellos dos. Y, sin necesidad de decirse más palabras, los dos trataron de escabullirse de forma lo más silenciosa posible. El problema era que los bosques eran un terreno demasiado vasto y siempre estaba repleto de muertos. Era el principal problema de que el setenta por ciento de la población del país se hubieran convertido en máquinas de matar. Asi que, apenas unos metros de caminaba silenciosa después, se vieron rodeados por casi una decena de cadáveres andantes. -¿Qué dices? -preguntó preparando una flecha en el arco- ¿Mitad y mitad? -hizo un gesto rapido con la cabeza haciendo una división imaginaria de los muertos que se acercaban- El ultimo…-comentó al ver que eran impares- Para el ganador -sonrió antes de tensar la cuerda del arco y disparar una flecha que se clavó directa entre las cejas del caminante que tenían más cerca. -Uno. 𝑨𝘼𝑹𝙊𝑵: — Intenta no quedarte sin flechas. — Murmura con una sonrisa aceptando el reto y sacando con su mano diestra la espada corta que porta en el cinturón y alzando la zurda justo a tiempo y con la fuerza necesaria como para destrozar la cabeza del primer caminante con el que se cruza y que chasqueaba sus dientes desnudos demasiado cerca de su yugular. La masa cerebral y los restos humanos podridos saltan por los aires haciéndole apartar la cabeza sin conseguir esquivar la materia orgánica en su totalidad. — ¡Uno! Un par de flechas más vuelan acertando en el cerebro de los no muertos antes de que Magna tenga que abandonar el arco y sacar su arma de hoja ante la cercanía de sus enemigos, mientras él cercena cabezas enteras o a la mitad. Aaron había dejado de contar, estaba demasiado concentrado en esquivar dientes y manos cadavéricas, en que el lucero del alba no se quedara atascado en ningún cráneo, y en tener un ojo puesto en la pelirroja, de esa forma la ve girar para evitar se atrapada pero quedado de espaldas a un caminante que no parece dispuesto a desaprovechar la oportunidad, Aaron no piensa en sus acciones, tan solo alza la pierna derecha colocando el pie en el pecho de un muerto el cual se hunde ligeramente pero no del todo y así le permite apartarlo de él unos metros hacia atrás, y llegar a tiempo de hundir la espada en el cerebro del caminante, por el oído. Con un gesto de asco y después de girar la empuñadura, Aaron da un fuerte tirón hacia delante, abriéndole el cráneo y llenando a Magna de sangre y sesos. — Ese cuenta extra para mí, aunque no es que lo necesite… ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ— extracto de mi rol con [AAR0N] —
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  • -La noche caía sobre la ciudad con esa calma engañosa que tienen las madrugadas, cuando casi todo el mundo ya se ha ido a dormir y solo quedan las luces lejanas y el murmullo distante de los autos que pasan por las avenidas. El balcón del bar estaba iluminado apenas por una lámpara tenue colgada en la pared, lo suficiente para dibujar sombras largas sobre el suelo de madera. Ryuji se apoyaba en la barandilla con los brazos cruzados, mirando la ciudad como si estuviera leyendo algo escrito en el horizonte. Su expresión era tranquila, casi indiferente, pero en sus ojos había ese cansancio que solo deja el tiempo.

    Por unos segundos no dijo nada. Solo dejó que el silencio se asentara entre ambos, como si estuviera esperando que el viento terminara de llevarse algo que ya no valía la pena conservar. Luego dejó escapar un pequeño suspiro, sin dramatismo, sin rabia… más parecido al gesto de alguien que ya entendió algo hace mucho tiempo. Sus ojos rojos se movieron apenas hacia ella, y entonces habló con esa calma que tenía cuando decía algo que consideraba simple-

    Las palabras son curiosas…

    -Murmuró finalmente, su voz baja pero clara en la quietud del balcón-

    pueden sonar sinceras mientras se dicen, pero pierden todo valor cuando cualquiera puede escucharlas.

    -Se enderezó un poco, apoyando ahora las manos sobre la barandilla mientras observaba la calle varios pisos más abajo. Durante un momento pareció que estaba recordando algo lejano, algo que ya no dolía, pero tampoco había sido fácil de aprender. Cuando volvió a hablar, su tono seguía siendo tranquilo, casi didáctico, como si no estuviera juzgando a nadie, solo explicando una verdad sencilla-

    La gente suele pensar que lo importante es lo que alguien dice… pero con el tiempo te das cuenta de que lo único que realmente importa es a quién decide decírselo… y a cuántos más se lo ha dicho antes.

    -Finalmente giró un poco el rostro hacia ella, lo suficiente para mirarla directamente, aunque su expresión seguía siendo calmada. No había reproche en su mirada, ni enojo… solo la serenidad de alguien que ya había aprendido esa lección mucho antes-

    Así que no te preocupes demasiado por las palabras bonitas

    -Añadió con una ligera inclinación de cabeza-

    Si realmente significan algo, nunca vas a tener que preguntarte si eran solo para ti.
    -La noche caía sobre la ciudad con esa calma engañosa que tienen las madrugadas, cuando casi todo el mundo ya se ha ido a dormir y solo quedan las luces lejanas y el murmullo distante de los autos que pasan por las avenidas. El balcón del bar estaba iluminado apenas por una lámpara tenue colgada en la pared, lo suficiente para dibujar sombras largas sobre el suelo de madera. Ryuji se apoyaba en la barandilla con los brazos cruzados, mirando la ciudad como si estuviera leyendo algo escrito en el horizonte. Su expresión era tranquila, casi indiferente, pero en sus ojos había ese cansancio que solo deja el tiempo. Por unos segundos no dijo nada. Solo dejó que el silencio se asentara entre ambos, como si estuviera esperando que el viento terminara de llevarse algo que ya no valía la pena conservar. Luego dejó escapar un pequeño suspiro, sin dramatismo, sin rabia… más parecido al gesto de alguien que ya entendió algo hace mucho tiempo. Sus ojos rojos se movieron apenas hacia ella, y entonces habló con esa calma que tenía cuando decía algo que consideraba simple- Las palabras son curiosas… -Murmuró finalmente, su voz baja pero clara en la quietud del balcón- pueden sonar sinceras mientras se dicen, pero pierden todo valor cuando cualquiera puede escucharlas. -Se enderezó un poco, apoyando ahora las manos sobre la barandilla mientras observaba la calle varios pisos más abajo. Durante un momento pareció que estaba recordando algo lejano, algo que ya no dolía, pero tampoco había sido fácil de aprender. Cuando volvió a hablar, su tono seguía siendo tranquilo, casi didáctico, como si no estuviera juzgando a nadie, solo explicando una verdad sencilla- La gente suele pensar que lo importante es lo que alguien dice… pero con el tiempo te das cuenta de que lo único que realmente importa es a quién decide decírselo… y a cuántos más se lo ha dicho antes. -Finalmente giró un poco el rostro hacia ella, lo suficiente para mirarla directamente, aunque su expresión seguía siendo calmada. No había reproche en su mirada, ni enojo… solo la serenidad de alguien que ya había aprendido esa lección mucho antes- Así que no te preocupes demasiado por las palabras bonitas -Añadió con una ligera inclinación de cabeza- Si realmente significan algo, nunca vas a tener que preguntarte si eran solo para ti.
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  • Su escritura aún es muy pobre y es probable que algunas palabras no se entiendan. Pero aún así escribió la carta con mucho cariño.
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