• Aquel era uno de esos días donde arrastraba los pies. El cansancio mental, a causa del estrés, la frustración y las pocas horas de sueño, terminaban pasandole la factura al hacerlo sentir agotado. Incluso sentía que sus ojos ardían y le pesaban con cada nueva luz roja que se encontraba en la pista de camino a la veterinaria. Además de su hogar, la veterinaria era el único lugar que disfrutaba visitar por una simple razón: Sus gatos. Siempre encontraba emocionante verlos convivir con otros gatos y le permitía recuperar su vitalidad ver la reacción que tenían luego de dejarlos un día completo. Y, aunque lo amaba, a veces sentía que su corazón se hacía pedazos con sus tiernos maullidos.

    — Ya estoy en aquí. ¿Dónde está mi niña?

    Vincent preguntó en el momento que entró en la guardería de mascotas. Su voz sonó de una manera chillona, diferente a la que solía utilizar durante las reuniones de scrum para ver avances; resultaba gracioso verlo modular su voz para hacerla tan dulce y jocosa, pero era más divertido ver cómo aquella gata blanca, se acercaba corriendo hacia él como si buscara consuelo.

    — Ay, ¿dónde está mi niña, dónde está? —Volvió a repetir, imprimiendo un fingido chillido cuando le abrió los brazos y la gata corrió maullando en su dirección hasta saltarle al pecho. Vincent la recibió y la apapachó con cada maullido nuevo que emitió. Era el júbilo de que finalmente estaba reunidos los dos. Un amor inseparable que solo las horas de trabajo era capaz de frenar.— Perdón, se me hizo tarde hoy, sucedieron muchas cosas y... —Un nuevo maullido interrumpió su diálogo. No era la gata, Serafina, la responsable de ello, Vincent lo sabía porque los maullidos del animal ahora parecían fuertes reclamos. Era Alessandro, su gato más joven, quien parecía sufrir por permanecer dos horas más en la guardería.— Hola a ti también, señor enojón. No volverá a... ¡Oye! No tienes que ser tan cruel.

    Alessandro terminó por morder su mano, siquiera dejó que su dueño se acercara para intentar acariciarlo, un poco al menos, y terminó por volver a llorar con demanda. Era un gato exigente que, al final, dejaba en claro que era el único capaz de girar órdenes hacia su humano.

    — Hoy no habrá churu para ti, muchacho. —Vincent se frotó la mano para intentar lidiar con el ardor que sintió, la mordida del gato no era profunda, pero la fuerza impuesta era suficiente para fastidiarlo.— Rina, gracias por cuidarlos hoy. Te juro que mañana pasaré temprano otra vez y...

    — Sí, sí, sí. Siempre dices lo mismo. Tienes suerte de que no te penalicemos todos los días, solo porque Serafina es muy linda. —La gatita maulló ante las palabras de Rina. La mujer sonrió y terminó riéndose mientras que ayudaba al hombre a organizar las mochilas y transportadoras de los gatos.— Quizá te cobre un favor, no lo sé, pensaría en una cena o ver una película. Pero no eres ese tipo de hombre así que... Hay un libro que me gustaría.

    — Está bien. Envíame el link de Amazon, te lo conseguiré mientras sigas cubriéndome la espalda. —Vincent cerró la transportadora de Alessandro, luego de varios intentos, y terminó asintiendo.— Y si me ayudas a regular su temperamento, te juro que te compraré la saga completa que quieras. Me gustaría recibir visitas en casa sin que Aless los intente morder o arañar.
    Aquel era uno de esos días donde arrastraba los pies. El cansancio mental, a causa del estrés, la frustración y las pocas horas de sueño, terminaban pasandole la factura al hacerlo sentir agotado. Incluso sentía que sus ojos ardían y le pesaban con cada nueva luz roja que se encontraba en la pista de camino a la veterinaria. Además de su hogar, la veterinaria era el único lugar que disfrutaba visitar por una simple razón: Sus gatos. Siempre encontraba emocionante verlos convivir con otros gatos y le permitía recuperar su vitalidad ver la reacción que tenían luego de dejarlos un día completo. Y, aunque lo amaba, a veces sentía que su corazón se hacía pedazos con sus tiernos maullidos. — Ya estoy en aquí. ¿Dónde está mi niña? Vincent preguntó en el momento que entró en la guardería de mascotas. Su voz sonó de una manera chillona, diferente a la que solía utilizar durante las reuniones de scrum para ver avances; resultaba gracioso verlo modular su voz para hacerla tan dulce y jocosa, pero era más divertido ver cómo aquella gata blanca, se acercaba corriendo hacia él como si buscara consuelo. — Ay, ¿dónde está mi niña, dónde está? —Volvió a repetir, imprimiendo un fingido chillido cuando le abrió los brazos y la gata corrió maullando en su dirección hasta saltarle al pecho. Vincent la recibió y la apapachó con cada maullido nuevo que emitió. Era el júbilo de que finalmente estaba reunidos los dos. Un amor inseparable que solo las horas de trabajo era capaz de frenar.— Perdón, se me hizo tarde hoy, sucedieron muchas cosas y... —Un nuevo maullido interrumpió su diálogo. No era la gata, Serafina, la responsable de ello, Vincent lo sabía porque los maullidos del animal ahora parecían fuertes reclamos. Era Alessandro, su gato más joven, quien parecía sufrir por permanecer dos horas más en la guardería.— Hola a ti también, señor enojón. No volverá a... ¡Oye! No tienes que ser tan cruel. Alessandro terminó por morder su mano, siquiera dejó que su dueño se acercara para intentar acariciarlo, un poco al menos, y terminó por volver a llorar con demanda. Era un gato exigente que, al final, dejaba en claro que era el único capaz de girar órdenes hacia su humano. — Hoy no habrá churu para ti, muchacho. —Vincent se frotó la mano para intentar lidiar con el ardor que sintió, la mordida del gato no era profunda, pero la fuerza impuesta era suficiente para fastidiarlo.— Rina, gracias por cuidarlos hoy. Te juro que mañana pasaré temprano otra vez y... — Sí, sí, sí. Siempre dices lo mismo. Tienes suerte de que no te penalicemos todos los días, solo porque Serafina es muy linda. —La gatita maulló ante las palabras de Rina. La mujer sonrió y terminó riéndose mientras que ayudaba al hombre a organizar las mochilas y transportadoras de los gatos.— Quizá te cobre un favor, no lo sé, pensaría en una cena o ver una película. Pero no eres ese tipo de hombre así que... Hay un libro que me gustaría. — Está bien. Envíame el link de Amazon, te lo conseguiré mientras sigas cubriéndome la espalda. —Vincent cerró la transportadora de Alessandro, luego de varios intentos, y terminó asintiendo.— Y si me ayudas a regular su temperamento, te juro que te compraré la saga completa que quieras. Me gustaría recibir visitas en casa sin que Aless los intente morder o arañar.
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  • —Tengo que irme... —por mucho que le costara haber pronunciado aquellas palabras, no eran menos ciertas. La vida en el bunker no era tranquila y siempre habia demasiado qué hacer, asuntos que investigar... Hope se preguntaba cómo seria un dia tranquilo y apacible en aquel lugar.

    —O... —adelantó el Winchester sin querer apartar sus manos de ella mientras se levantaba— Puedes quedarte aqui conmigo...

    El movimiento de las manos masculinas tirando de ella de nuevo hacia su regazo provocó en Hope una sonrisa divertida mientras volvía a sentarse sobre una de las piernas masculinas.

    —Eres incorregible... Dean Winchester- rio ella cerca de sus labios.

    —Yo creo que soy adorable...—confirmó el cazador volviendo a distraerla con un nuevo beso.
    —Tengo que irme... —por mucho que le costara haber pronunciado aquellas palabras, no eran menos ciertas. La vida en el bunker no era tranquila y siempre habia demasiado qué hacer, asuntos que investigar... Hope se preguntaba cómo seria un dia tranquilo y apacible en aquel lugar. —O... —adelantó el Winchester sin querer apartar sus manos de ella mientras se levantaba— Puedes quedarte aqui conmigo... El movimiento de las manos masculinas tirando de ella de nuevo hacia su regazo provocó en Hope una sonrisa divertida mientras volvía a sentarse sobre una de las piernas masculinas. —Eres incorregible... [BxbyDriver]- rio ella cerca de sus labios. —Yo creo que soy adorable...—confirmó el cazador volviendo a distraerla con un nuevo beso.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Parte 11 - Reflexión en el río.

    El agua me lleva, fría y serena,
    como si quisiera borrar mis pasos,
    como si quisiera devolverme al silencio.

    He perdido fuerza desde que llegué a este mundo, pero aun así, derroté al cazador.
    Aun así, vengué a la aldea y por primera vez, siento paz.

    Si muero aquí, quizás mi alma regrese a mi hogar. Quizás el río me devuelva a donde todo comenzó y por un instante, pienso en rendirme,
    dejar que la corriente decida.

    Pero entonces recuerdo a mi abuela Jennifer.
    Recuerdo su voz firme en los días de entrenamiento, cuando yo temía no sobrevivir a su dureza. Ella me decía: "No tienes derecho a morir, no aún. Hay cosas que aún no has hecho.
    Hay gente que te ama, y no puedes hacerlos sufrir."

    Sus palabras arden más fuerte que el fuego.
    Me recuerdan que rendirse no es opción, que en mis venas no solo corre la sangre Ishtar, sino también la sangre Queen y las Queen son las más tercas, las que nunca se doblan, las que nunca aceptan la derrota.

    Así que no, no moriré aquí, no me rendiré.
    El río puede arrastrar mi cuerpo, pero mi espíritu seguirá luchando. Porque vivir no es un derecho que se entrega al azar, es una promesa que se honra con cada respiración.

    Y mientras floto, me repito: "Morir no es una opción. Seguir es mi destino y aún hay cosas que debo hacer".

    Parte 12 - Una pequeña esperanza.

    La corriente había arrastrado a Akane lejos de la aldea, dejándola inconsciente en la orilla del río. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, pero dentro de ella aún ardía un poder que se negaba a apagarse.

    En ese momento, una joven ogra regresaba de cazar. Caminaba con calma hacia su hogar, y al pasar cerca del río se inclinó para beber agua fresca. Fue entonces que la vio: una muchacha de cabello blanco con puntas verdes, tendida en la hierba, respirando con dificultad.

    La ogra se acercó con cautela. Al poner su mano sobre el pecho de Akane, sintió que su poder luchaba por seguir viviendo, como una llama que se resiste al viento. Sin dudarlo, la levantó en sus brazos y la llevó a su casa, decidida a salvarla.
    Parte 11 - Reflexión en el río. El agua me lleva, fría y serena, como si quisiera borrar mis pasos, como si quisiera devolverme al silencio. He perdido fuerza desde que llegué a este mundo, pero aun así, derroté al cazador. Aun así, vengué a la aldea y por primera vez, siento paz. Si muero aquí, quizás mi alma regrese a mi hogar. Quizás el río me devuelva a donde todo comenzó y por un instante, pienso en rendirme, dejar que la corriente decida. Pero entonces recuerdo a mi abuela Jennifer. Recuerdo su voz firme en los días de entrenamiento, cuando yo temía no sobrevivir a su dureza. Ella me decía: "No tienes derecho a morir, no aún. Hay cosas que aún no has hecho. Hay gente que te ama, y no puedes hacerlos sufrir." Sus palabras arden más fuerte que el fuego. Me recuerdan que rendirse no es opción, que en mis venas no solo corre la sangre Ishtar, sino también la sangre Queen y las Queen son las más tercas, las que nunca se doblan, las que nunca aceptan la derrota. Así que no, no moriré aquí, no me rendiré. El río puede arrastrar mi cuerpo, pero mi espíritu seguirá luchando. Porque vivir no es un derecho que se entrega al azar, es una promesa que se honra con cada respiración. Y mientras floto, me repito: "Morir no es una opción. Seguir es mi destino y aún hay cosas que debo hacer". Parte 12 - Una pequeña esperanza. La corriente había arrastrado a Akane lejos de la aldea, dejándola inconsciente en la orilla del río. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, pero dentro de ella aún ardía un poder que se negaba a apagarse. En ese momento, una joven ogra regresaba de cazar. Caminaba con calma hacia su hogar, y al pasar cerca del río se inclinó para beber agua fresca. Fue entonces que la vio: una muchacha de cabello blanco con puntas verdes, tendida en la hierba, respirando con dificultad. La ogra se acercó con cautela. Al poner su mano sobre el pecho de Akane, sintió que su poder luchaba por seguir viviendo, como una llama que se resiste al viento. Sin dudarlo, la levantó en sus brazos y la llevó a su casa, decidida a salvarla.
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  • Faust nota que su presencia lo ha dejado sin palabras. Acérquese. Faust le concede la oportunidad de hablar. Dígame... ¿Qué conocimiento espera obtener de Faust?

    #SeductiveSunday
    Faust nota que su presencia lo ha dejado sin palabras. Acérquese. Faust le concede la oportunidad de hablar. Dígame... ¿Qué conocimiento espera obtener de Faust? #SeductiveSunday
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  • Conocí a un viajero de una tierra antigua
    que me dijo: «Dos enormes piernas de piedra
    sin tronco se alzan en el desierto. Cerca de ellas,
    en la arena, yace medio hundido un rostro destrozado,
    cuyo ceño fruncido, y labio arrugado, y mueca
    de frío mando, dicen que el escultor supo leer bien
    esas pasiones que aún sobreviven, grabadas
    en estas cosas sin vida, por la mano que las burló
    y el corazón que las alimentó.
    Y en el pedestal se leen estas palabras:
    ‘Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
    ¡Mirad mis obras, oh Poderosos, y desesperad!’
    No queda nada más. Alrededor de los restos
    de aquel naufragio colosal, desnudos y sin límites,
    las solitarias y llanas arenas se extienden a lo lejos.»
    Conocí a un viajero de una tierra antigua que me dijo: «Dos enormes piernas de piedra sin tronco se alzan en el desierto. Cerca de ellas, en la arena, yace medio hundido un rostro destrozado, cuyo ceño fruncido, y labio arrugado, y mueca de frío mando, dicen que el escultor supo leer bien esas pasiones que aún sobreviven, grabadas en estas cosas sin vida, por la mano que las burló y el corazón que las alimentó. Y en el pedestal se leen estas palabras: ‘Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes: ¡Mirad mis obras, oh Poderosos, y desesperad!’ No queda nada más. Alrededor de los restos de aquel naufragio colosal, desnudos y sin límites, las solitarias y llanas arenas se extienden a lo lejos.»
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    ╔════════ ≪ • ❈ • ≫ ════════╗
    BUSCO ROL 1x1
    ╚════════ ≪ • ❈ • ≫ ════════╝
    Busco un Sesshomaru para desarrollar esta trama.

    La llevo trabajando desde hace muchos años; la he pulido con el tiempo y me gustaría, por fin, poder llevarla a cabo como merece.

    No busco una interpretación rígida o perfecta del personaje, sino a alguien que le aporte matices propios, gustos, detalles personales e ideas que enriquezcan la historia.

    El rol puede desarrollarse como prefieras:

    — pasivo
    — omega
    — ambos alfas

    Me encanta la idea de jugar con dinámicas distintas y profundizar en ellas narrativamente.

    Si te interesa, también podemos llevar dos tramas en paralelo o incluso un 2x2, si así lo deseas.

    Puedes escribirme por privado, donde te explicaré todo con más detalle.

    ✒ Sobre mi estilo de rol
    Mi estilo es extenso, narrativo y muy detallado.

    Busco alguien de la vieja escuela, apasionade por escenas profundas, vívidas y cargadas de tensión dramática.

    Puedo ofrecerte:

    — Narrativa cuidada de escenarios y atmósferas

    — Desarrollo emocional intenso

    — Conflictos bien construidos

    — Drama de calidad

    Antes de iniciar cualquier trama, me gusta conocer los gustos y límites de la otra persona. Cuéntame tus sí y no respecto a géneros o elementos que desees agregar.

    ⭑ ⎯⎯ ᨳ Manejo diversos géneros, especialmente dentro del ámbito psicológico.

    ⭑ ⎯⎯ ᨳ Resumen de la trama principal...

    ᨳᨳᨳLa idea central de esta historia...

    Kagome jamás volvió a cruzar el pozo. Pasaron casi quince años desde la última vez que sintió el viento del Sengoku Jidai rozarle la piel. El vínculo se había roto… o eso creyó. Con el tiempo, comenzó a percibir algo extraño en su interior: el poder de la Perla de Shikon seguía dentro de ella, pero ya no era sólido ni estable. Se consumía lentamente, como si estuviera transformándose en algo más.

    La respuesta llegó demasiado tarde.
    Kagome estaba embarazada.
    Había rehecho su vida y se había casado con un hombre amable, alguien que le ofrecía paz, aunque en ciertos gestos —en silencios específicos— le recordaba dolorosamente a Inuyasha. Nunca dejó de amar a su hanyō, pero aprendió a vivir con la ausencia… o a engañarse creyendo que lo había hecho.

    Entonces, el destino volvió a arrebatarle todo.

    Su esposo murió en un trágico accidente, dejándola sola, viuda y con un hijo creciendo dentro de ella. Un hijo que, desde el vientre, se sentía distinto.

    El parto fue catalogado como “prematuro”, pero nada encajaba. El bebé pesaba casi lo mismo que un niño de un año. Kagome, aferrándose a la lógica humana, intentó convencerse de que existía una explicación médica. Hasta que lo miró a los ojos.

    Lila.

    Un color imposible.

    Esos rasgos… eran idénticos a los de Kikyo.

    El pánico se apoderó de ella cuando los médicos comenzaron a hablar de mellizos. Le explicaron que el segundo bebé había nacido después y que se encontraba en cuidados intensivos. Pero Kagome apenas podía escucharlos. Todo su ser estaba concentrado en lo que sostenía entre sus brazos.

    Eso no era su hijo.

    Comprendió la verdad de golpe, como una herida abierta: la Perla de Shikon no había desaparecido, había tomado forma. Aquello que tenía frente a ella —ese cuerpo pequeño, de cabellos blancos y ojos lila intensos— era la Perla hecha carne.

    Sus manos temblaron.

    El poder que una vez había desatado guerras, deseos y tragedias… ahora respiraba. Lloraba. La miraba.
    Ya no era un objeto maldito.
    Era un ser vivo.

    Y Kagome entendió, con horror absoluto, que el verdadero precio del deseo jamás cumplido acababa de nacer.

    Los años pasaron, y los niños crecieron bajo la atenta mirada de Kagome.
    Kaede, el de cabello negro, era su reflejo más fiel: ojos color chocolate, sonrisa abierta y una mirada llena de vida. Kagome lo había nombrado así, y para él, ella era el centro de su mundo. En Kaede no había nada fuera de lo humano, nada que despertara temor… solo la calidez de un niño que crecía a su propio ritmo.

    Alucard, en cambio, siempre fue distinto.

    No podía decir que no fuera humano, pero su crecimiento era antinatural. Cuando debía aparentar dos años, su cuerpo ya parecía el de un niño de cinco. Cabellos blancos, facciones serenas y perturbadoramente familiares. Cada vez que Kagome lo observaba, sentía un nudo en el pecho: era como ver al hijo que Inuyasha jamás había tenido con Kikyo.

    Era idéntico a ella.

    Solo esos ojos lila rompían la ilusión.
    Con el paso de los años, el miedo de Kagome no hizo más que crecer.
    Cuando llegaron a la adolescencia, sabía que ambos debían tener trece años. Sin embargo, Alucard parecía de dieciséis: alto, de rasgos maduros, con una postura firme que imponía respeto. Se había inclinado naturalmente hacia el arco y la flecha, dominándolos con una precisión inquietante, como si el conocimiento ya estuviera grabado en su sangre.
    Kaede, por el contrario, parecía quedarse atrás. No era débil, pero siempre estaba un paso detrás de su mellizo.

    Eran como el agua y el aceite.
    La abuela no disimulaba su preferencia por Alucard, fascinada por su porte y habilidades, mientras Kagome hacía todo lo posible por reconfortar a Kaede, intentando equilibrar una balanza que se inclinaba cada vez más.

    Con dolor, Kagome comenzó a notar el paralelismo cruel: sus hijos repetían su propia historia con Kikyo, pero en una versión masculina, retorcida por el destino.

    Y Kaede… Kaede empezó a cambiar.
    Las emociones negativas comenzaron a germinar en su interior: celos, resentimiento, una sombra silenciosa que crecía cada vez que era comparado con Alucard. Cada mirada, cada elogio ajeno, era una herida más.
    Kagome lo supo entonces.

    El verdadero conflicto apenas estaba comenzando.

    Hizo todo lo posible por mantenerlos alejados de aquel lugar, como si la distancia pudiera contener al destino.

    Evitó enfrentamientos, separó discusiones, suavizó silencios… cualquier cosa con tal de que Kaede y Alucard no chocaran de frente. Sabía que algo terrible podía surgir de esa fricción.

    Pero no fue suficiente.

    El accidente ocurrió poco antes de que cumplieran dieciocho años. Su madre falleció de forma repentina; su abuelo había muerto muchos años atrás, y Kagome quedó nuevamente sola, rota por una pérdida que no vio venir. Desde el primer instante sintió algo más: el pozo latía.

    No como antes.

    Su poder ya no era el mismo, estaba debilitado, fragmentado… como si hubiera sido drenado durante años.
    El día del funeral fue insoportable. El aire pesaba, la lluvia caía sin pausa y el dolor se mezclaba con una tensión que Kagome no supo leer a tiempo. Los mellizos comenzaron a discutir, palabras cargadas de resentimiento y reproches acumulados. Ella no se dio cuenta de cuándo se alejaron.

    Solo sintió el llamado.

    El pozo se abrió.

    Kagome corrió bajo la lluvia, el corazón golpeándole el pecho con violencia.

    Cuando llegó, la escena la paralizó: Kaede había empujando a Alucard. El pelinegro la miraba con horror, llorando, suplicando sin palabras.

    Entonces ocurrió.

    Del pozo emergió algo imposible: un tentáculo oscuro se alzó y se enroscó alrededor de Kaede, arrastrándolo sin darle tiempo a gritar.

    Kagome gritó su nombre, buscó desesperadamente algo con qué defenderse, y cuando logró tomar un hacha para reaccionar…

    Ya era tarde.

    El pozo antiguo se los había devorado.

    El silencio que quedó fue peor que cualquier grito.

    Kagome cayó de rodillas, empapada por la lluvia, entendiendo por fin que el pozo no solo había esperado… había reclamado lo que siempre le perteneció.

    ┌─────── ⋆⋅☆⋅⋆ ───────┐
    Requisitos / Info sobre mi rol
    └─────── ⋆⋅☆⋅⋆ ───────┘
    ✧ Manejo múltiples personajes para que la historia nunca se estanque.
    ✧ Me adapto con facilidad a los personajes que me brindes.
    ✧ Ortografía cuidada y estética en cada respuesta.
    ✧ Horarios flexibles; tengo dos trabajos y universidad, pido paciencia .
    ✧ Nada de tramas planas ni excesivamente dulces.
    Busco drama, oscuridad, misterio y emociones intensas
    ╔════════ ≪ • ❈ • ≫ ════════╗ 🌑 BUSCO ROL 1x1 🌑 ╚════════ ≪ • ❈ • ≫ ════════╝ Busco un Sesshomaru para desarrollar esta trama. La llevo trabajando desde hace muchos años; la he pulido con el tiempo y me gustaría, por fin, poder llevarla a cabo como merece. No busco una interpretación rígida o perfecta del personaje, sino a alguien que le aporte matices propios, gustos, detalles personales e ideas que enriquezcan la historia. El rol puede desarrollarse como prefieras: — pasivo — omega — ambos alfas Me encanta la idea de jugar con dinámicas distintas y profundizar en ellas narrativamente. Si te interesa, también podemos llevar dos tramas en paralelo o incluso un 2x2, si así lo deseas. 📩 Puedes escribirme por privado, donde te explicaré todo con más detalle. ✒ Sobre mi estilo de rol Mi estilo es extenso, narrativo y muy detallado. Busco alguien de la vieja escuela, apasionade por escenas profundas, vívidas y cargadas de tensión dramática. Puedo ofrecerte: — Narrativa cuidada de escenarios y atmósferas — Desarrollo emocional intenso — Conflictos bien construidos — Drama de calidad Antes de iniciar cualquier trama, me gusta conocer los gustos y límites de la otra persona. Cuéntame tus sí y no respecto a géneros o elementos que desees agregar. ⭑ ⎯⎯ ᨳ Manejo diversos géneros, especialmente dentro del ámbito psicológico. ⭑ ⎯⎯ ᨳ Resumen de la trama principal... ᨳᨳᨳLa idea central de esta historia... Kagome jamás volvió a cruzar el pozo. Pasaron casi quince años desde la última vez que sintió el viento del Sengoku Jidai rozarle la piel. El vínculo se había roto… o eso creyó. Con el tiempo, comenzó a percibir algo extraño en su interior: el poder de la Perla de Shikon seguía dentro de ella, pero ya no era sólido ni estable. Se consumía lentamente, como si estuviera transformándose en algo más. La respuesta llegó demasiado tarde. Kagome estaba embarazada. Había rehecho su vida y se había casado con un hombre amable, alguien que le ofrecía paz, aunque en ciertos gestos —en silencios específicos— le recordaba dolorosamente a Inuyasha. Nunca dejó de amar a su hanyō, pero aprendió a vivir con la ausencia… o a engañarse creyendo que lo había hecho. Entonces, el destino volvió a arrebatarle todo. Su esposo murió en un trágico accidente, dejándola sola, viuda y con un hijo creciendo dentro de ella. Un hijo que, desde el vientre, se sentía distinto. El parto fue catalogado como “prematuro”, pero nada encajaba. El bebé pesaba casi lo mismo que un niño de un año. Kagome, aferrándose a la lógica humana, intentó convencerse de que existía una explicación médica. Hasta que lo miró a los ojos. Lila. Un color imposible. Esos rasgos… eran idénticos a los de Kikyo. El pánico se apoderó de ella cuando los médicos comenzaron a hablar de mellizos. Le explicaron que el segundo bebé había nacido después y que se encontraba en cuidados intensivos. Pero Kagome apenas podía escucharlos. Todo su ser estaba concentrado en lo que sostenía entre sus brazos. Eso no era su hijo. Comprendió la verdad de golpe, como una herida abierta: la Perla de Shikon no había desaparecido, había tomado forma. Aquello que tenía frente a ella —ese cuerpo pequeño, de cabellos blancos y ojos lila intensos— era la Perla hecha carne. Sus manos temblaron. El poder que una vez había desatado guerras, deseos y tragedias… ahora respiraba. Lloraba. La miraba. Ya no era un objeto maldito. Era un ser vivo. Y Kagome entendió, con horror absoluto, que el verdadero precio del deseo jamás cumplido acababa de nacer. Los años pasaron, y los niños crecieron bajo la atenta mirada de Kagome. Kaede, el de cabello negro, era su reflejo más fiel: ojos color chocolate, sonrisa abierta y una mirada llena de vida. Kagome lo había nombrado así, y para él, ella era el centro de su mundo. En Kaede no había nada fuera de lo humano, nada que despertara temor… solo la calidez de un niño que crecía a su propio ritmo. Alucard, en cambio, siempre fue distinto. No podía decir que no fuera humano, pero su crecimiento era antinatural. Cuando debía aparentar dos años, su cuerpo ya parecía el de un niño de cinco. Cabellos blancos, facciones serenas y perturbadoramente familiares. Cada vez que Kagome lo observaba, sentía un nudo en el pecho: era como ver al hijo que Inuyasha jamás había tenido con Kikyo. Era idéntico a ella. Solo esos ojos lila rompían la ilusión. Con el paso de los años, el miedo de Kagome no hizo más que crecer. Cuando llegaron a la adolescencia, sabía que ambos debían tener trece años. Sin embargo, Alucard parecía de dieciséis: alto, de rasgos maduros, con una postura firme que imponía respeto. Se había inclinado naturalmente hacia el arco y la flecha, dominándolos con una precisión inquietante, como si el conocimiento ya estuviera grabado en su sangre. Kaede, por el contrario, parecía quedarse atrás. No era débil, pero siempre estaba un paso detrás de su mellizo. Eran como el agua y el aceite. La abuela no disimulaba su preferencia por Alucard, fascinada por su porte y habilidades, mientras Kagome hacía todo lo posible por reconfortar a Kaede, intentando equilibrar una balanza que se inclinaba cada vez más. Con dolor, Kagome comenzó a notar el paralelismo cruel: sus hijos repetían su propia historia con Kikyo, pero en una versión masculina, retorcida por el destino. Y Kaede… Kaede empezó a cambiar. Las emociones negativas comenzaron a germinar en su interior: celos, resentimiento, una sombra silenciosa que crecía cada vez que era comparado con Alucard. Cada mirada, cada elogio ajeno, era una herida más. Kagome lo supo entonces. El verdadero conflicto apenas estaba comenzando. Hizo todo lo posible por mantenerlos alejados de aquel lugar, como si la distancia pudiera contener al destino. Evitó enfrentamientos, separó discusiones, suavizó silencios… cualquier cosa con tal de que Kaede y Alucard no chocaran de frente. Sabía que algo terrible podía surgir de esa fricción. Pero no fue suficiente. El accidente ocurrió poco antes de que cumplieran dieciocho años. Su madre falleció de forma repentina; su abuelo había muerto muchos años atrás, y Kagome quedó nuevamente sola, rota por una pérdida que no vio venir. Desde el primer instante sintió algo más: el pozo latía. No como antes. Su poder ya no era el mismo, estaba debilitado, fragmentado… como si hubiera sido drenado durante años. El día del funeral fue insoportable. El aire pesaba, la lluvia caía sin pausa y el dolor se mezclaba con una tensión que Kagome no supo leer a tiempo. Los mellizos comenzaron a discutir, palabras cargadas de resentimiento y reproches acumulados. Ella no se dio cuenta de cuándo se alejaron. Solo sintió el llamado. El pozo se abrió. Kagome corrió bajo la lluvia, el corazón golpeándole el pecho con violencia. Cuando llegó, la escena la paralizó: Kaede había empujando a Alucard. El pelinegro la miraba con horror, llorando, suplicando sin palabras. Entonces ocurrió. Del pozo emergió algo imposible: un tentáculo oscuro se alzó y se enroscó alrededor de Kaede, arrastrándolo sin darle tiempo a gritar. Kagome gritó su nombre, buscó desesperadamente algo con qué defenderse, y cuando logró tomar un hacha para reaccionar… Ya era tarde. El pozo antiguo se los había devorado. El silencio que quedó fue peor que cualquier grito. Kagome cayó de rodillas, empapada por la lluvia, entendiendo por fin que el pozo no solo había esperado… había reclamado lo que siempre le perteneció. ┌─────── ⋆⋅☆⋅⋆ ───────┐ 📌 Requisitos / Info sobre mi rol └─────── ⋆⋅☆⋅⋆ ───────┘ ✧ Manejo múltiples personajes para que la historia nunca se estanque. ✧ Me adapto con facilidad a los personajes que me brindes. ✧ Ortografía cuidada y estética en cada respuesta. ✧ Horarios flexibles; tengo dos trabajos y universidad, pido paciencia ⌛. ✧ Nada de tramas planas ni excesivamente dulces. 🔥 Busco drama, oscuridad, misterio y emociones intensas 🔥
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    Tradición de las palabras de Sery
    Lugar correcto, son las xixis de su xixion xD
    Tradición de las palabras de Sery Lugar correcto, son las xixis de su xixion xD
    Nada como saber que estás en el lugar correcto de tu vida.
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  • No expresa con palabras pero la mirada ejerce presión, aprieta el gatillo revetando un eco sordo a millas de distancia. Las parvada se sumerge en vuelo despavoridos por la pólvora que se percibe en el aire.

    Concluye su trabajo sin más mediación. Sin expresión o voz, el solo silencio de una bala perforando el cráneo de algún criminal.
    No expresa con palabras pero la mirada ejerce presión, aprieta el gatillo revetando un eco sordo a millas de distancia. Las parvada se sumerge en vuelo despavoridos por la pólvora que se percibe en el aire. Concluye su trabajo sin más mediación. Sin expresión o voz, el solo silencio de una bala perforando el cráneo de algún criminal.
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  • Estaba sentado junto a la entrada de su tienda, con la espalda apoyada en un poste, la katana Rentetsu descansando a su lado como si también vigilara. Había terminado de limpiar el filo con una paciencia que parecía contradecirlo: un tipo que maldecía fácil, que respondía con gruñidos a los saludos y que tenía el talento de convertir cualquier conversación en un choque... y aun así, capaz de dedicarle minutos enteros a un detalle mínimo.

    La precisión era un vicio. O una religión. En E=== , a veces era lo mismo.

    El viento movió las lonas. La fogata más cercana escupió una chispa y se la tragó en el aire. “S” alzó la vista hacia el cielo, sin buscar constelaciones ni respuestas. Solo estaba meditando, recordando su hogar, recordando el pasado...

    Ese día...

    No quiero fallar otra vez.

    Esa frase no la decía. Ni se la permitía con palabras. Era más bien un músculo tenso bajo la piel.
    Estaba sentado junto a la entrada de su tienda, con la espalda apoyada en un poste, la katana Rentetsu descansando a su lado como si también vigilara. Había terminado de limpiar el filo con una paciencia que parecía contradecirlo: un tipo que maldecía fácil, que respondía con gruñidos a los saludos y que tenía el talento de convertir cualquier conversación en un choque... y aun así, capaz de dedicarle minutos enteros a un detalle mínimo. La precisión era un vicio. O una religión. En E=== , a veces era lo mismo. El viento movió las lonas. La fogata más cercana escupió una chispa y se la tragó en el aire. “S” alzó la vista hacia el cielo, sin buscar constelaciones ni respuestas. Solo estaba meditando, recordando su hogar, recordando el pasado... Ese día... No quiero fallar otra vez. Esa frase no la decía. Ni se la permitía con palabras. Era más bien un músculo tenso bajo la piel.
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  • - Krenor, Veilara, Tavion y Lunara... encontre a nuestros otros hermanos, ojala pudieran conocerlos tambien como yo. Ustedes nacieron conmigo y se criaron conmigo en el templo de cristal, pero no pudieron vivir lo que yo... les juro que yo sere el que calme a padre y lo baje del trono... por nosotros, por nuestros hermanos, por todos

    El joven chico acostumbraba a hablar solo, dirigiéndose a sus hermanos, los primero que conocio y los que fueron creados al mismo tiempo que el y no lograron tener la misma aprobación de padre. Tiene la esperanza de que sus palabras lleguen a ellos de alguna manera en lo que su eterna busqueda de sus hermanos y su propósito continuaba

    - Soy el dios del tiempo y el espacio... pero por favor denme mas tiempo, por favor, aun no pueden desaparecer

    Todo lo dicho; en su mente. Mientras jugaba con su propio rostro o manos sin mostrar emocion alguna como de costumbre. Le cuesta sentir emociones fuertes a pesar e saber lo que esta sintiendo en esos momentos... lo confunde
    - Krenor, Veilara, Tavion y Lunara... encontre a nuestros otros hermanos, ojala pudieran conocerlos tambien como yo. Ustedes nacieron conmigo y se criaron conmigo en el templo de cristal, pero no pudieron vivir lo que yo... les juro que yo sere el que calme a padre y lo baje del trono... por nosotros, por nuestros hermanos, por todos El joven chico acostumbraba a hablar solo, dirigiéndose a sus hermanos, los primero que conocio y los que fueron creados al mismo tiempo que el y no lograron tener la misma aprobación de padre. Tiene la esperanza de que sus palabras lleguen a ellos de alguna manera en lo que su eterna busqueda de sus hermanos y su propósito continuaba - Soy el dios del tiempo y el espacio... pero por favor denme mas tiempo, por favor, aun no pueden desaparecer Todo lo dicho; en su mente. Mientras jugaba con su propio rostro o manos sin mostrar emocion alguna como de costumbre. Le cuesta sentir emociones fuertes a pesar e saber lo que esta sintiendo en esos momentos... lo confunde
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