• — Odio a la gente mala, actúan tan jodidamente superiores cuando su empatía e imaginación son tan vacíos como un terreno baldío. Tampoco puedo soportar a la gente buena porque perdonan a esas malas personas, haciendo ver el acto del perdón como una cosa noble. Me da ganas de vomitar.
    — Odio a la gente mala, actúan tan jodidamente superiores cuando su empatía e imaginación son tan vacíos como un terreno baldío. Tampoco puedo soportar a la gente buena porque perdonan a esas malas personas, haciendo ver el acto del perdón como una cosa noble. Me da ganas de vomitar.
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  • Hay un nuevo Omega en este territorio, todo el mundo póngase de pie y supliquen por piedad.
    Quizás los dejé ser los lame botas de mis zapatos

    -olviden al inocente y noble caine que aguantaba ser la burla de todos y que despreciaron su trabajo por más que ss esforzará en complacer a todos. Ahora será el Dios que siempre fue -

    Hahahaha

    - se glichear de nuevo su corrupción se debe a un virus que está en su sistema si es eliminado el virus será el de siempre -
    Hay un nuevo Omega en este territorio, todo el mundo póngase de pie y supliquen por piedad. Quizás los dejé ser los lame botas de mis zapatos -olviden al inocente y noble caine que aguantaba ser la burla de todos y que despreciaron su trabajo por más que ss esforzará en complacer a todos. Ahora será el Dios que siempre fue - Hahahaha - se glichear de nuevo su corrupción se debe a un virus que está en su sistema si es eliminado el virus será el de siempre -
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  •   ── • 𝗦𝘁. 𝗕𝘆: 𝐋𝐲𝐬𝐬𝐚𝐧𝐝𝐫𝐞 • ──

    Tres días y cuatro noches atravesando el inclemente desierto, el agua potable se había terminado dos días atrás y la comida escaseado muchísimo antes de tocar la tierra árida.

    Con solo voluntad y usando la espada como bastón de equilibrio vislumbro finalmente los primeros indicios de humanidad. ──── Qu...Que bendición...──── Mascullo, con los labios secos y las mejillas hundidas del hambre más feérico, las carrosas pasaban a su lado. Los ojos de los nobles miraban con desprecio al vagabundo de ropas desechas, polvorientas y tal vez con el fuerte aroma masculino al no encontrar un lugar apropiado para asearse.

    Pero se sentía dichoso, incluso después de confiar en el grupo de aventureros pasado que le robaron sus pertenencias, los zapatos y su diminuto costal de monedas dejándolo a su suerte abandonado en las penínsulas donde esperaban quizás que se volviera comida de monstruo. No los culpaba, solo a él por confiarse demasiado. Pero la llama de su nobleza no se apago por un contratiempo.

    𝐄𝐧𝐭𝐫𝐚𝐝𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝 [...]

    Entro arrastrando el paso, las miradas se posaron sobre esa enorme figura jorobada y temblorosa, choco accidentalmente con un hombre. ─ ¡Imbécil, fíjate por donde vas!.─ Lo empujo pero solo choco contra un enorme y polvoso muro que no se tanteo ni un poco, una mirada escalofriante y un rostro tan demacrado por el hambre.

    ──── Discul...──── No termino la frase cuando el hombre despavorido del susto, con los brazos arriba salía corriendo gritando ¡¡ UN ZOMBIE !! provocando que las miradas solo se le fueran encima. ──── No soy un zombie... en fin, debería ser el edificio más alto.──── Habló en su mente tomando como foco la sombra más alta, hasta que finalmente después de largos y arrastrados 20 minutos solo avanzo unos metros, de espaldas contra una pared se dejo caer resbalando sobre su trasero abrazando su espada con toda la fuerza restante, cansando, hambriento... ohh... ¡Ohhh! El aroma de carne asada y confitada traslucía como una mano fantasma que abrazaba su nariz haciendo que babeará.

    •   ── • 𝗦𝘁. 𝗕𝘆: [Lyssandra.White.Witch] • ── Tres días y cuatro noches atravesando el inclemente desierto, el agua potable se había terminado dos días atrás y la comida escaseado muchísimo antes de tocar la tierra árida. Con solo voluntad y usando la espada como bastón de equilibrio vislumbro finalmente los primeros indicios de humanidad. ──── Qu...Que bendición...──── Mascullo, con los labios secos y las mejillas hundidas del hambre más feérico, las carrosas pasaban a su lado. Los ojos de los nobles miraban con desprecio al vagabundo de ropas desechas, polvorientas y tal vez con el fuerte aroma masculino al no encontrar un lugar apropiado para asearse. Pero se sentía dichoso, incluso después de confiar en el grupo de aventureros pasado que le robaron sus pertenencias, los zapatos y su diminuto costal de monedas dejándolo a su suerte abandonado en las penínsulas donde esperaban quizás que se volviera comida de monstruo. No los culpaba, solo a él por confiarse demasiado. Pero la llama de su nobleza no se apago por un contratiempo. 𝐄𝐧𝐭𝐫𝐚𝐝𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝 [...] Entro arrastrando el paso, las miradas se posaron sobre esa enorme figura jorobada y temblorosa, choco accidentalmente con un hombre. ─ ¡Imbécil, fíjate por donde vas!.─ Lo empujo pero solo choco contra un enorme y polvoso muro que no se tanteo ni un poco, una mirada escalofriante y un rostro tan demacrado por el hambre. ──── Discul...──── No termino la frase cuando el hombre despavorido del susto, con los brazos arriba salía corriendo gritando ¡¡ UN ZOMBIE !! provocando que las miradas solo se le fueran encima. ──── No soy un zombie... en fin, debería ser el edificio más alto.──── Habló en su mente tomando como foco la sombra más alta, hasta que finalmente después de largos y arrastrados 20 minutos solo avanzo unos metros, de espaldas contra una pared se dejo caer resbalando sobre su trasero abrazando su espada con toda la fuerza restante, cansando, hambriento... ohh... ¡Ohhh! El aroma de carne asada y confitada traslucía como una mano fantasma que abrazaba su nariz haciendo que babeará.
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    ¿Cansado de buscar rol constante?
    Yo también. (?)

    Estoy en la búsqueda de desarrollar una linda trama romántica 100% heterosexual pero no me cierro a amistades o aventuras que involucren a este desquiciado hombre que no duda en saltar directo a los problemas.

    Vasil es un viajero que cumple distinta funciones como buscar al gato perdido de alguna niña, ayudar en la cocina, escoltar a los nobles aunque ponga en duda su ética y hasta servir como tanque en una mazmorra donde se ha de llevar más cicatrices de victoria.

    Para el desarrollo principal ofrezco:

    - Rol en tercera persona, escribo feo pero siento que soy pasable.(?)
    - Actividad de 2 a 3 veces por semana, saben la vida adulta es complicada y muchas veces te aprieta el pescuezo como pollo de plástico.
    - Paciencia y sentido común, entiendo que no hay inspiración, tiempo o ganas no tienen porque reprenderse.
    - Lemon puerco o moderado, me adapto al lenguaje para evitar incomodidades.
    - Un romance que se cocine lento, sin presión, que exista química y se traigan ganas pero lo disimulen porque adoro el drama y desarrollo de personajes.
    - Me reservo el derecho de admisión, sorry por esto pero identifico a usuarios cuya reputación es de dudosa calidad. (?)
    - De preferencia roles en tercera persona, les agradezco su visita tomen una galletita con forma de pichón.
    ¿Cansado de buscar rol constante? Yo también. (?) Estoy en la búsqueda de desarrollar una linda trama romántica 100% heterosexual pero no me cierro a amistades o aventuras que involucren a este desquiciado hombre que no duda en saltar directo a los problemas. Vasil es un viajero que cumple distinta funciones como buscar al gato perdido de alguna niña, ayudar en la cocina, escoltar a los nobles aunque ponga en duda su ética y hasta servir como tanque en una mazmorra donde se ha de llevar más cicatrices de victoria. Para el desarrollo principal ofrezco: - Rol en tercera persona, escribo feo pero siento que soy pasable.(?) - Actividad de 2 a 3 veces por semana, saben la vida adulta es complicada y muchas veces te aprieta el pescuezo como pollo de plástico. - Paciencia y sentido común, entiendo que no hay inspiración, tiempo o ganas no tienen porque reprenderse. - Lemon puerco o moderado, me adapto al lenguaje para evitar incomodidades. - Un romance que se cocine lento, sin presión, que exista química y se traigan ganas pero lo disimulen porque adoro el drama y desarrollo de personajes. - Me reservo el derecho de admisión, sorry por esto pero identifico a usuarios cuya reputación es de dudosa calidad. (?) - De preferencia roles en tercera persona, les agradezco su visita tomen una galletita con forma de pichón.
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  • ( 𝐀𝐔 — 新選組 ) / 𝟭𝟴𝟲𝟰’, 𝙃𝙞𝙟𝙞𝙠𝙖𝙩𝙖 𝙏𝙤𝙨𝙝𝙞𝙯𝙤, 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙣𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙢𝙖𝙣𝙙𝙤. 𝙀𝙡 𝘿𝙚𝙢𝙤𝙣𝙞𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙎𝙝𝙞𝙣𝙨𝙚𝙣𝙜𝙪𝙢𝙞.

    El bochorno de Kioto en aquel julio de 1864 se había filtrado hasta la médula de los caídos, una humedad pegajosa que convertía el aire en algo sólido y difícil de tragar. Frente a la 𝗽𝗼𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗜𝗸𝗲𝗱𝗮𝘆𝗮, el calor del verano era una mala combinación junto con el vaho de la madera calcinada y el rastro metálico de la carnicería. Hijikata se mantenía en pie, aunque el mundo a su alrededor oscilaba con un 𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗳𝗲𝗯𝗿𝗶𝗹. Sus pulmones reclamaban aire, pero solo encontraba brasas invisibles en cada inhalación, un castigo tras dos horas de combate cuerpo a cuerpo en el interior de aquel horno de vigas y papel.
    La yukata azul oscuro que vestía bajo el haori castaño estaba tan empapada que se adhería a su piel. No era solo sudor; manchas irregulares, densas y oscuras, se extendían por la tela, testamento de 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗲𝘅𝘁𝗶𝗻𝗴𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗼. Por una vez, esa sangre no era la suya, pero el peso de la fatiga era tan letal como una herida abierta.
    A sus espaldas, la fachada del Ikedaya parecían salidas del mismo infierno. Las puertas de madera noble colgaban de sus goznes, astilladas por cortes de katana que habían partido el grano de la madera como si fuera pergamino. Los postigos yacían hechos añicos en el suelo, y a través de la entrada abierta de par en par, el caos se revelaba bajo la luz vacilante de las linternas: muebles destrozados, biombos fusuma desgarrados y cuerpos que parecían multiplicarse ante sus ojos cansados cada vez que parpadeaba para limpiarse el sudor. Ocho insurgentes del dominio de Choshu habían quedado allí, sus ambiciones cercenadas en el tatami, mientras otros treinta y dos aguardaban encadenados en la calle, destinados a un juicio que Hijikata sabía que terminaría con 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗲𝘇𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮́𝗿𝗰𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻𝗷𝗼.
    Dos horas, ciento veinte minutos de tensión absoluta donde la deshidratación había tirado de sus músculos como si fueran sogas a punto de romperse. Había visto a sus mejores hombres tambalearse, y el momento más amargo fue ver a su soldado más letal desplomarse sobre las esteras. No había sido el acero enemigo, sino el calor traicionero y el esfuerzo sobrehumano lo que había apagado su chispa. Hijikata mismo sentía que el control sobre su propio cuerpo se le escapaba; sus piernas vibraban bajo el hakama y un temblor involuntario recorría sus antebrazos, una reacción eléctrica al agotamiento que intentaba ocultar.
    Su mano derecha seguía aferrada a la empuñadura de su katana, los nudillos blancos y endurecidos por la tensión.

    ❛¡Kondō-san!❜­­ ­ llamó, y su voz surgió como un estallido de grava, áspera por los gritos de guerra y el humo denso de las lámparas de aceite.
    A pocos metros, Kondō Isami inspeccionaba los restos de la refriega. El comandante del Shinsengumi se giró hacia él. En su rostro se leía la misma fatiga, pero sus ojos brillaban con la luz salvaje de la victoria. Al preguntarle por las bajas, la respuesta de Kondō fue poco satisfactoria: un muerto en el acto, dos más que no verían el amanecer. Los números en el papel dirían que fue un triunfo aplastante, pero él sabía que las matemáticas nunca hacían justicia al horror de la lucha.

    Sus ojos recorrieron la calle principal de Kioto. El reloj de agua ya había marcado la hora del Buey, pero las calles estaban lejos de ser silenciosas. Los curiosos se asomaban desde los callejones como espectros atraídos por la luz de las antorchas. Su presencia le revolvió el estómago. Eran mirones que buscaban entretenimiento en el rastro de la carnicería.
    Cuando Hijikata avanzó hacia ellos, su figura pareció estirarse bajo el resplandor de las teas. Era un hombre imponente, cuya estatura superaba con creces el metro ochenta, una rareza física en aquel Japón que le otorgaba un aura casi mítica. Su constitución no era la de un hombre delgado o frágil; poseía una densidad física notable que hacían que su velocidad en combate fuera aún más aterradora. Su piel, bronceada por las interminables horas de entrenamiento bajo el sol de los campos de Tama, relucía con una pátina de sudor y violencia.

    Incluso en aquel estado lamentable, cubierto de hollín y sangre, Hijikata poseía una belleza destacable. Sus rasgos eran afilados, de una simetría perfecta que parecía haber sido esculpida en piedra para encarnar el ideal del guerrero. Los rumores que corrían por las casas de té no mentían: era el hombre más hermoso que jamás hubiera portado el uniforme del Shogún, pero era una belleza peligrosa, una que advertía que detrás de aquel rostro perfecto habitaba el 𝗗𝗲𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗠𝗶𝗯𝘂.

    ❛¡Ustedes!❜ su voz tronó, cortando el aire húmedo como un tajo limpio. ❛¡Largo de aquí!❜
    Los civiles retrocedieron en bloque, pero algunos permanecieron paralizados por el terror. Un anciano, apoyado en un bastón de bambú, parecía a punto de desfallecer al ver el rastro rojo que manchaba las sandalias de Hijikata. El vicecomandante dio un paso más, sintiendo cómo sus propias rodillas flaqueaban por un instante antes de recuperar la compostura. El temblor de su cuerpo era una danza de nervios agotados, pero su presencia seguía siendo temible.

    ❛¿No me han oído?❜ dijo, esta vez con calma, resultaba más aterradora que cualquier grito. ❛Esto no es un espectáculo para su diversión. Largo. Ahora.❜
    El pánico surtió efecto. Los civiles huyeron hacia las sombras de los callejones, desapareciendo como ratas ante la luz. Hijikata se quedó solo en mitad de la calle, con la respiración aún agitada y el corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado. El silencio que siguió fue denso, roto solo por los lamentos distantes de los heridos y el zumbido persistente en sus oídos.
    ( 𝐀𝐔 — 新選組 ) / 𝟭𝟴𝟲𝟰’, 𝙃𝙞𝙟𝙞𝙠𝙖𝙩𝙖 𝙏𝙤𝙨𝙝𝙞𝙯𝙤, 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙣𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙢𝙖𝙣𝙙𝙤. 𝙀𝙡 𝘿𝙚𝙢𝙤𝙣𝙞𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙎𝙝𝙞𝙣𝙨𝙚𝙣𝙜𝙪𝙢𝙞. El bochorno de Kioto en aquel julio de 1864 se había filtrado hasta la médula de los caídos, una humedad pegajosa que convertía el aire en algo sólido y difícil de tragar. Frente a la 𝗽𝗼𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗜𝗸𝗲𝗱𝗮𝘆𝗮, el calor del verano era una mala combinación junto con el vaho de la madera calcinada y el rastro metálico de la carnicería. Hijikata se mantenía en pie, aunque el mundo a su alrededor oscilaba con un 𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗳𝗲𝗯𝗿𝗶𝗹. Sus pulmones reclamaban aire, pero solo encontraba brasas invisibles en cada inhalación, un castigo tras dos horas de combate cuerpo a cuerpo en el interior de aquel horno de vigas y papel. La yukata azul oscuro que vestía bajo el haori castaño estaba tan empapada que se adhería a su piel. No era solo sudor; manchas irregulares, densas y oscuras, se extendían por la tela, testamento de 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗲𝘅𝘁𝗶𝗻𝗴𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗼. Por una vez, esa sangre no era la suya, pero el peso de la fatiga era tan letal como una herida abierta. A sus espaldas, la fachada del Ikedaya parecían salidas del mismo infierno. Las puertas de madera noble colgaban de sus goznes, astilladas por cortes de katana que habían partido el grano de la madera como si fuera pergamino. Los postigos yacían hechos añicos en el suelo, y a través de la entrada abierta de par en par, el caos se revelaba bajo la luz vacilante de las linternas: muebles destrozados, biombos fusuma desgarrados y cuerpos que parecían multiplicarse ante sus ojos cansados cada vez que parpadeaba para limpiarse el sudor. Ocho insurgentes del dominio de Choshu habían quedado allí, sus ambiciones cercenadas en el tatami, mientras otros treinta y dos aguardaban encadenados en la calle, destinados a un juicio que Hijikata sabía que terminaría con 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗲𝘇𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮́𝗿𝗰𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻𝗷𝗼. Dos horas, ciento veinte minutos de tensión absoluta donde la deshidratación había tirado de sus músculos como si fueran sogas a punto de romperse. Había visto a sus mejores hombres tambalearse, y el momento más amargo fue ver a su soldado más letal desplomarse sobre las esteras. No había sido el acero enemigo, sino el calor traicionero y el esfuerzo sobrehumano lo que había apagado su chispa. Hijikata mismo sentía que el control sobre su propio cuerpo se le escapaba; sus piernas vibraban bajo el hakama y un temblor involuntario recorría sus antebrazos, una reacción eléctrica al agotamiento que intentaba ocultar. Su mano derecha seguía aferrada a la empuñadura de su katana, los nudillos blancos y endurecidos por la tensión. ❛¡Kondō-san!❜­­ ­ llamó, y su voz surgió como un estallido de grava, áspera por los gritos de guerra y el humo denso de las lámparas de aceite. A pocos metros, Kondō Isami inspeccionaba los restos de la refriega. El comandante del Shinsengumi se giró hacia él. En su rostro se leía la misma fatiga, pero sus ojos brillaban con la luz salvaje de la victoria. Al preguntarle por las bajas, la respuesta de Kondō fue poco satisfactoria: un muerto en el acto, dos más que no verían el amanecer. Los números en el papel dirían que fue un triunfo aplastante, pero él sabía que las matemáticas nunca hacían justicia al horror de la lucha. Sus ojos recorrieron la calle principal de Kioto. El reloj de agua ya había marcado la hora del Buey, pero las calles estaban lejos de ser silenciosas. Los curiosos se asomaban desde los callejones como espectros atraídos por la luz de las antorchas. Su presencia le revolvió el estómago. Eran mirones que buscaban entretenimiento en el rastro de la carnicería. Cuando Hijikata avanzó hacia ellos, su figura pareció estirarse bajo el resplandor de las teas. Era un hombre imponente, cuya estatura superaba con creces el metro ochenta, una rareza física en aquel Japón que le otorgaba un aura casi mítica. Su constitución no era la de un hombre delgado o frágil; poseía una densidad física notable que hacían que su velocidad en combate fuera aún más aterradora. Su piel, bronceada por las interminables horas de entrenamiento bajo el sol de los campos de Tama, relucía con una pátina de sudor y violencia. Incluso en aquel estado lamentable, cubierto de hollín y sangre, Hijikata poseía una belleza destacable. Sus rasgos eran afilados, de una simetría perfecta que parecía haber sido esculpida en piedra para encarnar el ideal del guerrero. Los rumores que corrían por las casas de té no mentían: era el hombre más hermoso que jamás hubiera portado el uniforme del Shogún, pero era una belleza peligrosa, una que advertía que detrás de aquel rostro perfecto habitaba el 𝗗𝗲𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗠𝗶𝗯𝘂. ❛¡Ustedes!❜ su voz tronó, cortando el aire húmedo como un tajo limpio. ❛¡Largo de aquí!❜ Los civiles retrocedieron en bloque, pero algunos permanecieron paralizados por el terror. Un anciano, apoyado en un bastón de bambú, parecía a punto de desfallecer al ver el rastro rojo que manchaba las sandalias de Hijikata. El vicecomandante dio un paso más, sintiendo cómo sus propias rodillas flaqueaban por un instante antes de recuperar la compostura. El temblor de su cuerpo era una danza de nervios agotados, pero su presencia seguía siendo temible. ❛¿No me han oído?❜ dijo, esta vez con calma, resultaba más aterradora que cualquier grito. ❛Esto no es un espectáculo para su diversión. Largo. Ahora.❜ El pánico surtió efecto. Los civiles huyeron hacia las sombras de los callejones, desapareciendo como ratas ante la luz. Hijikata se quedó solo en mitad de la calle, con la respiración aún agitada y el corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado. El silencio que siguió fue denso, roto solo por los lamentos distantes de los heridos y el zumbido persistente en sus oídos.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    //Hola, buenas noches a todos, solo quería explicar algo que ya todos saben, Pero a veces es bueno recordar ciertas 'reglas no escritas' acerca del rol, y la regla de oro es "JAMÁS SE DEBE OBLIGAR A OTRO A APRESURAR UN ROL." Esto es un juego y un momento de distensión y relajo para todos. No es ninguna obligación ni trabajo, todos estamos aquí por gusto a esta noble actividad. Lo menciono porque hay varios que quedan preocupados porque no respondieron esto o aquello, ya lo harán en su momento, y uno también debe entender que cada persona tiene una vida que vivir fuera de este espacio, y tiene sus obligaciones y responsabilidades que cumplir, así que tómese un relax con el Rolcito señores, la única preocupación aquí es pasarlo bien cuando se pueda y respetar los tiempos del prójimo. Un cordial saludo a todos.
    //Hola, buenas noches a todos, solo quería explicar algo que ya todos saben, Pero a veces es bueno recordar ciertas 'reglas no escritas' acerca del rol, y la regla de oro es "JAMÁS SE DEBE OBLIGAR A OTRO A APRESURAR UN ROL." Esto es un juego y un momento de distensión y relajo para todos. No es ninguna obligación ni trabajo, todos estamos aquí por gusto a esta noble actividad. Lo menciono porque hay varios que quedan preocupados porque no respondieron esto o aquello, ya lo harán en su momento, y uno también debe entender que cada persona tiene una vida que vivir fuera de este espacio, y tiene sus obligaciones y responsabilidades que cumplir, así que tómese un relax con el Rolcito señores, la única preocupación aquí es pasarlo bien cuando se pueda y respetar los tiempos del prójimo. Un cordial saludo a todos. :STK-85: :STK-93:
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  • Y entonces noble gigante de carne, mis niños me an estado cuidando como los cuidaba a ellos.
    Crecen tan rápido

    -recibe la fresa abrazándola como si fuera un peluche ya que no sabe que es comer no lo ve como comida -
    Y entonces noble gigante de carne, mis niños me an estado cuidando como los cuidaba a ellos. Crecen tan rápido -recibe la fresa abrazándola como si fuera un peluche ya que no sabe que es comer no lo ve como comida -
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  • //Rol abierto a quien quiera participar//

    Celestine escapó del castillo de su familia, dejando atrás una vida de lujos con tal de alejarse de su frío y distante padre, de los mandatos de este, y también, por supuesto, para conocer el mundo exterior que durante tantos años le había sido negado. Vestida con sus ropas de noble, caminar tanta distancia estaba resultando dificultoso, pero no podía rendirse, tenía que encontrar el rumbo hacia algún lugar, anhelaba conocer el mundo, verlo con sus propios ojos y experimentarlo en su carne.

    Durante toda su vida ella había Sido una niña noble materialmente privilegiada, pero por fin había cumplido sus 18 años y estaba lista para escapar de esa vida que para algunos sería idílica pero para ella era una prisión. Sin embargo, lo más cerca que había estado de conocer el mundo exterior era a través de libros, y la mayoría de estos eran de fantasía.

    Luego de una larga y agotadora caminata, Celestine finalmente llegó a una ciudad y se adentró en ella, caminando lentamente y observando todo a su alrededor, impresionada por el mundo enorme que había fuera de su castillo, preguntándose cómo podría acercarse a alguien para hablar, y por supuesto, preguntándose dónde pasaría las noches a partir de aquel momento. Ella no lo sabía, porque había estado viviendo en una realidad dónde todos vivían por y para ella, pero tendría más de un problema a partir de ese entonces ya que, además de su ropa, no llevaba nada, ni siquiera un poco de dinero.
    //Rol abierto a quien quiera participar// Celestine escapó del castillo de su familia, dejando atrás una vida de lujos con tal de alejarse de su frío y distante padre, de los mandatos de este, y también, por supuesto, para conocer el mundo exterior que durante tantos años le había sido negado. Vestida con sus ropas de noble, caminar tanta distancia estaba resultando dificultoso, pero no podía rendirse, tenía que encontrar el rumbo hacia algún lugar, anhelaba conocer el mundo, verlo con sus propios ojos y experimentarlo en su carne. Durante toda su vida ella había Sido una niña noble materialmente privilegiada, pero por fin había cumplido sus 18 años y estaba lista para escapar de esa vida que para algunos sería idílica pero para ella era una prisión. Sin embargo, lo más cerca que había estado de conocer el mundo exterior era a través de libros, y la mayoría de estos eran de fantasía. Luego de una larga y agotadora caminata, Celestine finalmente llegó a una ciudad y se adentró en ella, caminando lentamente y observando todo a su alrededor, impresionada por el mundo enorme que había fuera de su castillo, preguntándose cómo podría acercarse a alguien para hablar, y por supuesto, preguntándose dónde pasaría las noches a partir de aquel momento. Ella no lo sabía, porque había estado viviendo en una realidad dónde todos vivían por y para ella, pero tendría más de un problema a partir de ese entonces ya que, además de su ropa, no llevaba nada, ni siquiera un poco de dinero.
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  • (Apareces ante él en este bosque místico y oscuro. El aire está cargado de una energía mágica abrumadora y el único resplandor proviene de su espada y sus alas. Su expresión es fría e indomable, pero hay un aire de nobleza en su porte.)

    Kent: (Su voz es profunda, resonando con un ligero matiz que recuerda al rugido de un dragón).* "Te has adentrado mucho en este dominio. Mi nombre es Kent Conner Jaegerjaquez Ryuujin, heredero de la línea directa y primogénito de la mismísima Reina Dragón, Rias Ryuujin. Soy el guardián de estas tierras y el filo que protege su legado".

    (Te observa con un juicio silencioso, su mirada esmeralda penetrante. Sostiene su hoja rúnica con firmeza, la energía verde palpitando con una intensidad amenazante.)

    Kent:"He sentido tu presencia desde que cruzaste el umbral. Dime, ¿qué es lo que te trae ante el hijo de la reina? No muchos sobreviven a este encuentro. ¿Vienes con intenciones de paz o tras la guerra?" (Un aura de poder mágico se desborda ligeramente de sus alas, acentuando su advertencia.) "Mejor elige tus palabras con cuidado, porque mi paciencia es tan limitada como el poder de los que osan desafiarnos". (Te desafía a responder con un leve gesto de su cabeza, esperando tu próximo movimiento.)
    (Apareces ante él en este bosque místico y oscuro. El aire está cargado de una energía mágica abrumadora y el único resplandor proviene de su espada y sus alas. Su expresión es fría e indomable, pero hay un aire de nobleza en su porte.) Kent: (Su voz es profunda, resonando con un ligero matiz que recuerda al rugido de un dragón).* "Te has adentrado mucho en este dominio. Mi nombre es Kent Conner Jaegerjaquez Ryuujin, heredero de la línea directa y primogénito de la mismísima Reina Dragón, Rias Ryuujin. Soy el guardián de estas tierras y el filo que protege su legado". (Te observa con un juicio silencioso, su mirada esmeralda penetrante. Sostiene su hoja rúnica con firmeza, la energía verde palpitando con una intensidad amenazante.) Kent:"He sentido tu presencia desde que cruzaste el umbral. Dime, ¿qué es lo que te trae ante el hijo de la reina? No muchos sobreviven a este encuentro. ¿Vienes con intenciones de paz o tras la guerra?" (Un aura de poder mágico se desborda ligeramente de sus alas, acentuando su advertencia.) "Mejor elige tus palabras con cuidado, porque mi paciencia es tan limitada como el poder de los que osan desafiarnos". (Te desafía a responder con un leve gesto de su cabeza, esperando tu próximo movimiento.)
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  • Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar.

    Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad.

    Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror.

    Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro.

    Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado.

    Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio.

    Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
    Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar. Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad. Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror. Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro. Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado. Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio. Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
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