• I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
    STARTER

    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
    STARTER La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo. Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante. Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
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  • ㅤㅤㅤㅤᥒo rιsk, ᥒo 𝕤𝕥𝕠𝕣𝕪
    ㅤㅤㅤㅤ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 𝐈𝐈
    ㅤㅤㅤㅤ˹ [BxbyDriv3r]


    ㅤㅤㅤ-¿Ves a lo que nos lleva siempre tu estúpida sensiblería? -recriminó Hope con cierto aire de desidia mientras sus ojos azules miraban a aquella inmensa oscuridad intentando encontrar un faro de luz. Algo. Cualquier cosa. Cualquier cosa que le diese una señal de por donde escapar de aquella puta pesadilla que era estar encerrada en si misma, consigo misma.

    -¿𝑀𝑖 𝑠𝑒𝑛𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒𝑟𝑖́𝑎? -preguntó su propia voz desde unos metros por detrás de ella con toda la calma del mundo, incluso de forma condescendiente- 𝑂𝑦𝑒, ¿𝑛𝑜 𝘩𝑎𝑠 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑑𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎 𝑝𝑜𝑑𝑖𝑑𝑜 𝑠𝑒𝑟 𝑒𝑙 𝑘𝑎𝑟𝑚𝑎 𝑖𝑛𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑎́𝑛𝑒𝑜?

    -¿Ahora creemos en el karma? -repuso la tríbrida, burlándose- Ahora sé porqué yo soy la fuerte de las dos.

    -𝑁𝑜 𝑙𝑜 𝑠𝑒́, 𝑑𝑖́𝑚𝑒𝑙𝑜 𝑡𝑢́ -repuso, de nuevo, su propia voz detrás de ella- 𝐸𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎𝑠 𝑑𝑖𝑠𝑝𝑢𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑎 𝑗𝑢𝑔𝑎́𝑟𝑠𝑒𝑙𝑎 𝑎𝑙 𝑝𝑜𝑏𝑟𝑒 𝐷𝑒𝑎𝑛 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑖𝑟𝑡𝑒 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑠𝑢𝑦𝑎 𝑦 𝑑𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑛𝑡𝑜…- un chasquido de dedos resonó en aquella oscura inmensidad- Nada. Te encuentras atrapada aquí conmigo.

    Hope chasqueó la lengua con fastidio, pero rápidamente se dio la vuelta esbozando una sonrisa altanera.

    -Sí, claro, pero de las dos la que saldrá de aquí soy yo… y tú y tu estúpida -recalcó la palabra “estúpida” haciéndole especial énfasis- vocecita de Pepito Grillo volveréis a desaparecer.

    Hope Mikaelson, la verdadera Hope Mikaelson, la hija que habia heredado las cosas buenas de su padre, Klaus, y de su madre, Hayley, estaba sentada en el suelo delante de una pequeña esfera de luz blanca. Tenia las piernas sentadas como un indio y los ojos cerrados, disfrutando aparentemente de aquel momento de serenidad sin dejarse amedrentar por su parte más oscura.

    -¿Y ahora qué haces? -preguntó molesta la tríbrida sin humanidad al ver a su contraparte con humanidad tan tranquila sentada en el suelo aparentando tanta calma- ¿Es que el encierro te ha vuelto espiritual?

    -𝑀𝑒𝑑𝑖𝑡𝑎𝑟… ¿𝑡𝑒 𝑚𝑜𝑙𝑒𝑠𝑡𝑎? -sonrió la heredera Mikaelson- 𝐷𝑒𝑏𝑒𝑟𝑖́𝑎𝑠 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑎𝑟𝑙𝑜, 𝑡𝑒 𝑛𝑜𝑡𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑟𝑒𝑠𝑎𝑑𝑎.

    -Lo que estoy es harta. Necesito despertar, coger mi gracia, borrarle la memoria a ese imbécil y desaparecer…

    -𝑁𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑔𝑎 𝑓𝑎𝑙𝑡𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑒 𝑏𝑜𝑟𝑟𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑎…- repuso la Hope con humanidad todavía sentada en el suelo, más con algo de tristeza en la voz.

    -¿Y eso? ¿Porqué -repuso la fría Hope.

    Al final la Hope con humanidad se aburrió de intentar meditar y abrió los ojos para mirar a su otra mitad.

    -𝑃𝑖𝑒́𝑛𝑠𝑎𝑙𝑜… 𝑆𝑜𝑚𝑜𝑠 𝑒𝑙 𝑠𝑒𝑟 𝑚𝑎𝑠 𝑝𝑜𝑑𝑒𝑟𝑜𝑠𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑐𝑟𝑒𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑦… 𝑠𝑒𝑎 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒𝑎 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜𝑠 𝘩𝑎 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜 𝑛𝑜𝑠 𝘩𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑑𝑜 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑏𝑎𝑡𝑒. 𝐷𝑒𝑠𝑝𝑒𝑟𝑡𝑎𝑟𝑒𝑚𝑜𝑠, 𝑝𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝘩𝑎𝑦 𝑢𝑛𝑎 𝑐𝑜𝑠𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑎 𝑚𝑎𝑡𝑎𝑟𝑛𝑜𝑠, 𝑝𝑒𝑟𝑜… ¿𝐷𝑒𝑎𝑛? 𝐸𝑠 𝘩𝑢𝑚𝑎𝑛𝑜. 𝑃𝑟𝑜𝑏𝑎𝑏𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑦𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑒́ 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑜…

    Hope, la Hope sin humanidad se quedó unos segundos en silencio, sopesando la situación. Luego se encogió de hombros.

    -Me da igual, una cosa menos…

    -¿𝐷𝑒 𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑? 𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎 𝑎𝑞𝑢𝑖́ 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑡𝑒 𝘩𝑎 𝑐𝑜𝑔𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑜, ¿𝑠𝑎𝑏𝑒𝑠? 𝑌… ¿𝑜𝑓𝑟𝑒𝑐𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑎 𝑐𝑢𝑟𝑎𝑟𝑙𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑒𝑗𝑖𝑙𝑙𝑎? 𝐸𝑠𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑚𝑢𝑦 𝑚𝑎𝑙𝑣𝑎𝑑𝑜, 𝑠𝑒𝑛̃𝑜𝑟𝑖𝑡𝑎 𝑐𝑜𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝘩𝑖𝑒𝑙𝑜

    -Olvídame…

    ➤➤ Abrió sus ojos de golpe, casi como si la hubieran despertado con un sonido a un volumen exageradamente alto. Solo que no habia sonido que valiese. Se sintió desorientada por un momento, como si no supiera qué habia pasado y le costara volver a cuadrar cada pedacito de sus recuerdos hasta componer una imagen completa.

    El bar. Frankie. La pelea. Dean. Su coche. La casa. El sótano. Dean. El pasillo. Dean. Nahash. La gracia de arcángel. Dean… Dean cayendo sobre ella. Dean tomándola de la mano… Y luego… nada.

    Se pasó una mano por el rostro y tardó un par de segundos más en darse cuenta de que no estaba durmiendo sobre una almohada, que lo que tenia debajo era el cuerpo de Dean Winchester.

    -Despierta, cazador… Nos han dejado KO…- le dio un golpecito en el costado mientras se incorporaba. Miró a su alrededor esperando encontrar rastro de quien podía haberles hecho aquello. Entonces lo olió, en el whisky derramado en el suelo. Narcóticos y… concentrado de verbena y matalobos… Un cocktail molotov preparado para dejarlos en coma a los dos- Que cabrones, nos han drogado… ¿Le has dejado a alguien esta botella?

    No hubo respuesta.

    -¿Dean?

    El cazador no respondio.

    Hope se giró en la cama para mirar a Dean el cual seguía tumbado en la cama totalmente inerte.

    -Eh, Winchester… -Hope se acercó algo más a Dean concentrándose en los sonidos de su corazón. Y se dio cuenta de que estos eran… débiles. Casi apagados.

    -¡Dean! -lo llamó colocando sus manos en las mejillas del cazador- ¡Winchester! ¡DEAN!

    Se supone que no debería sentir, se supone que no debería importarle. Entonces… ¿porqué se notaba tan nerviosa?

    -Te lo dije. Muerto… -respondió su propia voz.

    Hope alzó la mirada buscando el origen de esta y al final vio un reflejo de si misma en el espejo del baño. Solo que esa Hope Mikaelson estaba de pie, mirando directamente la escena que se acontecía en la habitación.

    -¿Qué hago? ¡Ayúdame! -exclamó Hope.

    -Tú eres la tríbrida inmortal…

    -Vete al cuerno… -repuso Hope devolviendo luego su atención al cuerpo inerte de Dean. Se puso a horcajadas sobre él y colocó sus manos en la misma posición que si fuera a hacer compresiones de una reanimación cardiopulmonar.

    - Phesmatos Raverus un Animum. -pronunció Hope. Sabía que aquel hechizo era peligroso. Que la última bruja que lo pronunció, Bonnie Bennett, habia muerto y habia sido enviada al otro lado. Cuando este aun existía. Sabia los riesgos que corría, sabía que estaba jugándose demasiado- Phesmatos Raverus un Animum. -repitió- Phesmatos Raverus un Animum. - ¿Porqué demonios le importaba Dean Winchester?- Phesmatos Raverus un Animum. Phesmatos Raverus un Animum.

    No lo sabía.

    -¡Vamos, Dean! ¡Phesmatos Raverus un Animum!


    #3D #Personajes3D #Mikaelson #Winchester #Winchelson #Rol #Starter #OTP
    ㅤ ㅤㅤㅤㅤᥒo rιsk, ᥒo 𝕤𝕥𝕠𝕣𝕪 ㅤㅤㅤㅤ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 𝐈𝐈 ㅤㅤㅤㅤ˹ [BxbyDriv3r] ㅤ ㅤㅤㅤ-¿Ves a lo que nos lleva siempre tu estúpida sensiblería? -recriminó Hope con cierto aire de desidia mientras sus ojos azules miraban a aquella inmensa oscuridad intentando encontrar un faro de luz. Algo. Cualquier cosa. Cualquier cosa que le diese una señal de por donde escapar de aquella puta pesadilla que era estar encerrada en si misma, consigo misma. -¿𝑀𝑖 𝑠𝑒𝑛𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒𝑟𝑖́𝑎? -preguntó su propia voz desde unos metros por detrás de ella con toda la calma del mundo, incluso de forma condescendiente- 𝑂𝑦𝑒, ¿𝑛𝑜 𝘩𝑎𝑠 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑑𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎 𝑝𝑜𝑑𝑖𝑑𝑜 𝑠𝑒𝑟 𝑒𝑙 𝑘𝑎𝑟𝑚𝑎 𝑖𝑛𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑎́𝑛𝑒𝑜? -¿Ahora creemos en el karma? -repuso la tríbrida, burlándose- Ahora sé porqué yo soy la fuerte de las dos. -𝑁𝑜 𝑙𝑜 𝑠𝑒́, 𝑑𝑖́𝑚𝑒𝑙𝑜 𝑡𝑢́ -repuso, de nuevo, su propia voz detrás de ella- 𝐸𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎𝑠 𝑑𝑖𝑠𝑝𝑢𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑎 𝑗𝑢𝑔𝑎́𝑟𝑠𝑒𝑙𝑎 𝑎𝑙 𝑝𝑜𝑏𝑟𝑒 𝐷𝑒𝑎𝑛 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑖𝑟𝑡𝑒 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑠𝑢𝑦𝑎 𝑦 𝑑𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑛𝑡𝑜…- un chasquido de dedos resonó en aquella oscura inmensidad- Nada. Te encuentras atrapada aquí conmigo. Hope chasqueó la lengua con fastidio, pero rápidamente se dio la vuelta esbozando una sonrisa altanera. -Sí, claro, pero de las dos la que saldrá de aquí soy yo… y tú y tu estúpida -recalcó la palabra “estúpida” haciéndole especial énfasis- vocecita de Pepito Grillo volveréis a desaparecer. Hope Mikaelson, la verdadera Hope Mikaelson, la hija que habia heredado las cosas buenas de su padre, Klaus, y de su madre, Hayley, estaba sentada en el suelo delante de una pequeña esfera de luz blanca. Tenia las piernas sentadas como un indio y los ojos cerrados, disfrutando aparentemente de aquel momento de serenidad sin dejarse amedrentar por su parte más oscura. -¿Y ahora qué haces? -preguntó molesta la tríbrida sin humanidad al ver a su contraparte con humanidad tan tranquila sentada en el suelo aparentando tanta calma- ¿Es que el encierro te ha vuelto espiritual? -𝑀𝑒𝑑𝑖𝑡𝑎𝑟… ¿𝑡𝑒 𝑚𝑜𝑙𝑒𝑠𝑡𝑎? -sonrió la heredera Mikaelson- 𝐷𝑒𝑏𝑒𝑟𝑖́𝑎𝑠 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑎𝑟𝑙𝑜, 𝑡𝑒 𝑛𝑜𝑡𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑟𝑒𝑠𝑎𝑑𝑎. -Lo que estoy es harta. Necesito despertar, coger mi gracia, borrarle la memoria a ese imbécil y desaparecer… -𝑁𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑔𝑎 𝑓𝑎𝑙𝑡𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑒 𝑏𝑜𝑟𝑟𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑖𝑎…- repuso la Hope con humanidad todavía sentada en el suelo, más con algo de tristeza en la voz. -¿Y eso? ¿Porqué -repuso la fría Hope. Al final la Hope con humanidad se aburrió de intentar meditar y abrió los ojos para mirar a su otra mitad. -𝑃𝑖𝑒́𝑛𝑠𝑎𝑙𝑜… 𝑆𝑜𝑚𝑜𝑠 𝑒𝑙 𝑠𝑒𝑟 𝑚𝑎𝑠 𝑝𝑜𝑑𝑒𝑟𝑜𝑠𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑐𝑟𝑒𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑦… 𝑠𝑒𝑎 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒𝑎 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜𝑠 𝘩𝑎 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜 𝑛𝑜𝑠 𝘩𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑑𝑜 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑏𝑎𝑡𝑒. 𝐷𝑒𝑠𝑝𝑒𝑟𝑡𝑎𝑟𝑒𝑚𝑜𝑠, 𝑝𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝘩𝑎𝑦 𝑢𝑛𝑎 𝑐𝑜𝑠𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑎 𝑚𝑎𝑡𝑎𝑟𝑛𝑜𝑠, 𝑝𝑒𝑟𝑜… ¿𝐷𝑒𝑎𝑛? 𝐸𝑠 𝘩𝑢𝑚𝑎𝑛𝑜. 𝑃𝑟𝑜𝑏𝑎𝑏𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑦𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑒́ 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑜… Hope, la Hope sin humanidad se quedó unos segundos en silencio, sopesando la situación. Luego se encogió de hombros. -Me da igual, una cosa menos… -¿𝐷𝑒 𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑? 𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑎 𝑎𝑞𝑢𝑖́ 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑡𝑒 𝘩𝑎 𝑐𝑜𝑔𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑜, ¿𝑠𝑎𝑏𝑒𝑠? 𝑌… ¿𝑜𝑓𝑟𝑒𝑐𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑎 𝑐𝑢𝑟𝑎𝑟𝑙𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑒𝑗𝑖𝑙𝑙𝑎? 𝐸𝑠𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑚𝑢𝑦 𝑚𝑎𝑙𝑣𝑎𝑑𝑜, 𝑠𝑒𝑛̃𝑜𝑟𝑖𝑡𝑎 𝑐𝑜𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝘩𝑖𝑒𝑙𝑜 -Olvídame… ➤➤ Abrió sus ojos de golpe, casi como si la hubieran despertado con un sonido a un volumen exageradamente alto. Solo que no habia sonido que valiese. Se sintió desorientada por un momento, como si no supiera qué habia pasado y le costara volver a cuadrar cada pedacito de sus recuerdos hasta componer una imagen completa. El bar. Frankie. La pelea. Dean. Su coche. La casa. El sótano. Dean. El pasillo. Dean. Nahash. La gracia de arcángel. Dean… Dean cayendo sobre ella. Dean tomándola de la mano… Y luego… nada. Se pasó una mano por el rostro y tardó un par de segundos más en darse cuenta de que no estaba durmiendo sobre una almohada, que lo que tenia debajo era el cuerpo de Dean Winchester. -Despierta, cazador… Nos han dejado KO…- le dio un golpecito en el costado mientras se incorporaba. Miró a su alrededor esperando encontrar rastro de quien podía haberles hecho aquello. Entonces lo olió, en el whisky derramado en el suelo. Narcóticos y… concentrado de verbena y matalobos… Un cocktail molotov preparado para dejarlos en coma a los dos- Que cabrones, nos han drogado… ¿Le has dejado a alguien esta botella? No hubo respuesta. -¿Dean? El cazador no respondio. Hope se giró en la cama para mirar a Dean el cual seguía tumbado en la cama totalmente inerte. -Eh, Winchester… -Hope se acercó algo más a Dean concentrándose en los sonidos de su corazón. Y se dio cuenta de que estos eran… débiles. Casi apagados. -¡Dean! -lo llamó colocando sus manos en las mejillas del cazador- ¡Winchester! ¡DEAN! Se supone que no debería sentir, se supone que no debería importarle. Entonces… ¿porqué se notaba tan nerviosa? -Te lo dije. Muerto… -respondió su propia voz. Hope alzó la mirada buscando el origen de esta y al final vio un reflejo de si misma en el espejo del baño. Solo que esa Hope Mikaelson estaba de pie, mirando directamente la escena que se acontecía en la habitación. -¿Qué hago? ¡Ayúdame! -exclamó Hope. -Tú eres la tríbrida inmortal… -Vete al cuerno… -repuso Hope devolviendo luego su atención al cuerpo inerte de Dean. Se puso a horcajadas sobre él y colocó sus manos en la misma posición que si fuera a hacer compresiones de una reanimación cardiopulmonar. - Phesmatos Raverus un Animum. -pronunció Hope. Sabía que aquel hechizo era peligroso. Que la última bruja que lo pronunció, Bonnie Bennett, habia muerto y habia sido enviada al otro lado. Cuando este aun existía. Sabia los riesgos que corría, sabía que estaba jugándose demasiado- Phesmatos Raverus un Animum. -repitió- Phesmatos Raverus un Animum. - ¿Porqué demonios le importaba Dean Winchester?- Phesmatos Raverus un Animum. Phesmatos Raverus un Animum. No lo sabía. -¡Vamos, Dean! ¡Phesmatos Raverus un Animum! #3D #Personajes3D #Mikaelson #Winchester #Winchelson #Rol #Starter #OTP
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