• Apoyé el culo en el barril como si el barco fuera mío y no de Kalyra. La jarra de hidromiel ya iba medio vacía y la verdad… tampoco tenía prisa por que se acabara. El mar estaba tranquilo y la tripulación andaba mirándome como si en cualquier momento fuera a sacar un demonio del bolsillo.
    Les sostuve la mirada un momento… y luego me reí.
    -Joder, qué caras…

    Dije dando otro trago.
    -Ni que os estuviera vendiendo vuestra alma.

    Uno de los marineros escupió al suelo.
    Normal.
    Una bruja en un barco pirata no es precisamente una garantía de seguridad.
    Me limpié un poco la espuma de la hidromiel con el dorso de la mano y miré a Kalyra, que seguía apoyada en el mástil con su botella de ron, tan tranquila como si todo aquello fuera una taberna flotante.
    Señalé hacia el horizonte con la jarra.
    -Tres días hacia allí. Isla fea de cojones, roca negra, acantilados y una cueva sellada con magia vieja.

    Encogí un hombro.
    -Magia que vosotros no podéis romper… pero yo sí.

    Algunos empezaron a murmurar.
    Me dio bastante igual.
    -Dentro hay oro. Mucho. Cofres, reliquias, joyas… todo lo que hace que a los piratas se les iluminen los ojos.

    Volví a beber.
    -También puede haber algo que nos quiera arrancar la cabeza, claro. Pero vamos… eso ya es parte del viaje.
    La miré de reojo y levanté la jarra hacia ella.
    -A ver…

    Seguí con tono despreocupado.
    -No voy a mentiros. No soy una bruja de fiar.

    Apoyé los codos en las rodillas.
    -Pero cuando hay un buen porcentaje de oro en juego…
    Puedo ser la compañera más leal que vais a encontrar en todo el puto mar. Kalyra Marea
    Apoyé el culo en el barril como si el barco fuera mío y no de Kalyra. La jarra de hidromiel ya iba medio vacía y la verdad… tampoco tenía prisa por que se acabara. El mar estaba tranquilo y la tripulación andaba mirándome como si en cualquier momento fuera a sacar un demonio del bolsillo. Les sostuve la mirada un momento… y luego me reí. -Joder, qué caras… Dije dando otro trago. -Ni que os estuviera vendiendo vuestra alma. Uno de los marineros escupió al suelo. Normal. Una bruja en un barco pirata no es precisamente una garantía de seguridad. Me limpié un poco la espuma de la hidromiel con el dorso de la mano y miré a Kalyra, que seguía apoyada en el mástil con su botella de ron, tan tranquila como si todo aquello fuera una taberna flotante. Señalé hacia el horizonte con la jarra. -Tres días hacia allí. Isla fea de cojones, roca negra, acantilados y una cueva sellada con magia vieja. Encogí un hombro. -Magia que vosotros no podéis romper… pero yo sí. Algunos empezaron a murmurar. Me dio bastante igual. -Dentro hay oro. Mucho. Cofres, reliquias, joyas… todo lo que hace que a los piratas se les iluminen los ojos. Volví a beber. -También puede haber algo que nos quiera arrancar la cabeza, claro. Pero vamos… eso ya es parte del viaje. La miré de reojo y levanté la jarra hacia ella. -A ver… Seguí con tono despreocupado. -No voy a mentiros. No soy una bruja de fiar. Apoyé los codos en las rodillas. -Pero cuando hay un buen porcentaje de oro en juego… Puedo ser la compañera más leal que vais a encontrar en todo el puto mar. [cosmic_olive_lion_413]
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  • 𝕸𝖆𝖌𝖎𝖈 𝖆𝖑𝖜𝖆𝖞𝖘 𝖈𝖔𝖒𝖊𝖘 𝖜𝖎𝖙𝖍 𝖆 𝖕𝖗𝖎𝖈𝖊
    Fandom .
    Categoría Fantasía
    Cada cierto tiempo se veía obligado a abandonar la comodidad de su hogar a las afueras de Northumberland para reabastecerse de ingredientes. Eran contadas las ocasiones en las que pagaba por los que tomaba, usualmente decía tomarlos «prestado» con la promesa de devolverlos algún día o alegando que las personas no magicas no echarían en falta esas cosas, ni las necesitaban.

    Tenía una lista de lo que debía buscar primero: líquido de embalsamar y sangre de muerto, ambas cosas anotadas en un intenso color rojo para marcar la urgencia.

    Se echó un saco negro sobre los hombros y tras tomar un maletín, abrió un portal en la sala de su casa; cruzandolo con paso al frente, como quien esquiva un charco de agua aunque por poco no pisa uno al aparecer del otro lado.

    Podía elegir a dónde llegar, pero siempre elegía lugares solitarios, estratégicos para que el unico testigo de su aparición fuese la nada misma y no alguna persona que dudaría de su cordura al verlo caminar a través de un círculo de luz amarilla. Le echó un vistazo al callejón, arrugando la nariz por el penetrante hedor de la basura; no podía quejarse, los callejones se habían convertido en sus lugares favoritos para aparecer pues no solía encontrar más que basura, gatos persiguiendo ratas o algún vagabundo dormido.

    Se acomodó la ropa mientras abandonaba el callejón y tras una breve caminata, pidió un par de indicaciones para llegar al hospital mas cercano. Una vez allí, hechizó una carta de poker para convertirla en el gafete de algun medico, no importaba si ese doctor no trabajaba ahí, con que tuviera la credencial que todos llevaban en el uniforme bastaba para hacerse pasar por uno de ellos.

    No tuvo inconveniente para encontrar la morgue, solo tuvo que seguir a unos enfermeros que empujaban una camilla con un cuerpo totalmente cubierto por una sábana. Se ocultó detrás de una máquina expendedora en el corredor y cuando los vio salir, entró antes de que la puerta terminara de cerrarse.

    El lugar estaba vacío a excepción de los cuatro cuerpos en sus respectivas camillas que esperaban a que les realizaran la autopsia. John abrió el maletín sobre una mesa vacía y guardó en el interior algunas botellas de líquido de embalsamar sin preocuparse por acomodarlas, el maletín no era uno convencional y albergaba más sitio del que aparentaba.

    Tomó una jeringa de un aparador y destapo el cuerpo que tenia mas cerca; pero antes de realizarle al cadáver la extracción de sangre, desvió la vista a su propia sombra y con un movimiento de cabeza, le señaló la puerta por la que había entrado. La sombra se desprendio del cuerpo de su dueño y se deslizo por el suelo como una serpiente, lista para hacer guardia y avisarle si alguien se acercaba mientras él hacía lo suyo.

    Zelda Thorsen
    Cada cierto tiempo se veía obligado a abandonar la comodidad de su hogar a las afueras de Northumberland para reabastecerse de ingredientes. Eran contadas las ocasiones en las que pagaba por los que tomaba, usualmente decía tomarlos «prestado» con la promesa de devolverlos algún día o alegando que las personas no magicas no echarían en falta esas cosas, ni las necesitaban. Tenía una lista de lo que debía buscar primero: líquido de embalsamar y sangre de muerto, ambas cosas anotadas en un intenso color rojo para marcar la urgencia. Se echó un saco negro sobre los hombros y tras tomar un maletín, abrió un portal en la sala de su casa; cruzandolo con paso al frente, como quien esquiva un charco de agua aunque por poco no pisa uno al aparecer del otro lado. Podía elegir a dónde llegar, pero siempre elegía lugares solitarios, estratégicos para que el unico testigo de su aparición fuese la nada misma y no alguna persona que dudaría de su cordura al verlo caminar a través de un círculo de luz amarilla. Le echó un vistazo al callejón, arrugando la nariz por el penetrante hedor de la basura; no podía quejarse, los callejones se habían convertido en sus lugares favoritos para aparecer pues no solía encontrar más que basura, gatos persiguiendo ratas o algún vagabundo dormido. Se acomodó la ropa mientras abandonaba el callejón y tras una breve caminata, pidió un par de indicaciones para llegar al hospital mas cercano. Una vez allí, hechizó una carta de poker para convertirla en el gafete de algun medico, no importaba si ese doctor no trabajaba ahí, con que tuviera la credencial que todos llevaban en el uniforme bastaba para hacerse pasar por uno de ellos. No tuvo inconveniente para encontrar la morgue, solo tuvo que seguir a unos enfermeros que empujaban una camilla con un cuerpo totalmente cubierto por una sábana. Se ocultó detrás de una máquina expendedora en el corredor y cuando los vio salir, entró antes de que la puerta terminara de cerrarse. El lugar estaba vacío a excepción de los cuatro cuerpos en sus respectivas camillas que esperaban a que les realizaran la autopsia. John abrió el maletín sobre una mesa vacía y guardó en el interior algunas botellas de líquido de embalsamar sin preocuparse por acomodarlas, el maletín no era uno convencional y albergaba más sitio del que aparentaba. Tomó una jeringa de un aparador y destapo el cuerpo que tenia mas cerca; pero antes de realizarle al cadáver la extracción de sangre, desvió la vista a su propia sombra y con un movimiento de cabeza, le señaló la puerta por la que había entrado. La sombra se desprendio del cuerpo de su dueño y se deslizo por el suelo como una serpiente, lista para hacer guardia y avisarle si alguien se acercaba mientras él hacía lo suyo. [cursedandfree93]
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  • El sol resplandecía como si estuviera presumiendo su derecho a brillar, la suave brisa corría entre los techos y los callejones de la ciudad de la libertad.

    El olor a pan recién orneado anunciaba las primeras tandas de desayunos junto con el dulce y carbonizado aroma de la carne a la miel del Gran Cazador, los guardias del turno de la noche pasaban al restaurante a comer antes de ir a la sede a dar reporte y terminar turno, el eco de los feroces y precisos golpeteos del martillo de wagner contra el yunke resonaban a distancia, parecía una día animado y tranquilo como siempre, hasta que...

    -¡Woo hoo!

    Se escuchó un grito de adrenalina, acompañado del potente rugido de una maquinaria muy poco común en ese mundo, un "corcel de acero". Aquella calma se vio momentáneamente interrumpida por aquel rugido metálico. Una sombra a gran velocidad pasó varios metros sobre la fuente central a la entrada de Mondstadt hasta impactarse en el suelo frente a la puerta de entrada a la ciudad. El peso de la moto y la velocidad la habían llevado a frenar hasta el puente saliendo de Mondstadt en un perfecto derrape, si, Jean había bajado a toda velocidad desde la explanada de la iglesia en aquella moto prestada.

    -....Por...el Gran Arconte Anemo....

    Dijo agitada sobre la motocicleta, sus mejillas estaban ruborizadas por la adrenalina ante el vehículo que le habían prestado incluso había perdido por ese momento su rígida postura como Gran Maestra Interina dejando ver a aquella alma rebelde y risueña por la que siempre era identificada en la academia.

    -Tendré que pedirle a la Señorita Mavuika la posibilidad de tener una para mi... -Dijo mientras usaba sus manos como abanicos sentada en la moto echándose aire en el rostro aún sintiendo como su corazón golpeaba contra su pecho-
    El sol resplandecía como si estuviera presumiendo su derecho a brillar, la suave brisa corría entre los techos y los callejones de la ciudad de la libertad. El olor a pan recién orneado anunciaba las primeras tandas de desayunos junto con el dulce y carbonizado aroma de la carne a la miel del Gran Cazador, los guardias del turno de la noche pasaban al restaurante a comer antes de ir a la sede a dar reporte y terminar turno, el eco de los feroces y precisos golpeteos del martillo de wagner contra el yunke resonaban a distancia, parecía una día animado y tranquilo como siempre, hasta que... -¡Woo hoo! Se escuchó un grito de adrenalina, acompañado del potente rugido de una maquinaria muy poco común en ese mundo, un "corcel de acero". Aquella calma se vio momentáneamente interrumpida por aquel rugido metálico. Una sombra a gran velocidad pasó varios metros sobre la fuente central a la entrada de Mondstadt hasta impactarse en el suelo frente a la puerta de entrada a la ciudad. El peso de la moto y la velocidad la habían llevado a frenar hasta el puente saliendo de Mondstadt en un perfecto derrape, si, Jean había bajado a toda velocidad desde la explanada de la iglesia en aquella moto prestada. -....Por...el Gran Arconte Anemo.... Dijo agitada sobre la motocicleta, sus mejillas estaban ruborizadas por la adrenalina ante el vehículo que le habían prestado incluso había perdido por ese momento su rígida postura como Gran Maestra Interina dejando ver a aquella alma rebelde y risueña por la que siempre era identificada en la academia. -Tendré que pedirle a la Señorita Mavuika la posibilidad de tener una para mi... -Dijo mientras usaba sus manos como abanicos sentada en la moto echándose aire en el rostro aún sintiendo como su corazón golpeaba contra su pecho-
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  • -"Un momento...PERO QUE MI-" (El chico se quedaria mirando a la pared sorprendiendo) "Meh mala foto, pero mejor solo le quito la esquina...Pero de quien se tratara esto...mejor salgo de este callejon de mala muerte antes de que me vengan a atracar"
    -"Un momento...PERO QUE MI-" (El chico se quedaria mirando a la pared sorprendiendo) "Meh mala foto, pero mejor solo le quito la esquina...Pero de quien se tratara esto...mejor salgo de este callejon de mala muerte antes de que me vengan a atracar"
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  • En algun callejon con paredes rotas se encontraria un pequeño cartel mal hecho de "se busca" con la esquina en donde aparece el numero a llamar rota, definitivamente alguien que no le gusto su foto quito esa esquina
    En algun callejon con paredes rotas se encontraria un pequeño cartel mal hecho de "se busca" con la esquina en donde aparece el numero a llamar rota, definitivamente alguien que no le gusto su foto quito esa esquina
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  • El tocador tiene cajones con capacidad infinita así que puede meter todo lo que le dé la gana.
    El tocador tiene cajones con capacidad infinita así que puede meter todo lo que le dé la gana.
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  • Aprovechó de aquel día para reordenar su habitación y eso incluía su aburrido guardarropa donde sólo podían verse al menos unos cinco uniformes de exterminadora... Con suerte algún pijama perdido por ahí. Nunca fue de tener una gran variedad de ropa pues no tenía motivos para tenerlo.
    Fue por ello que, acomodando, alzó una ceja al encontrar en cajones mucha ropa y muy variada... Aunque su estilo. Eso le hizo alzar una ceja. ¿Desde cuándo tenía eso? Llegando a fruncir el ceño se preguntó si es que acaso alguien se había metido en su cuarto en su ausencia y le había dejado aquello como una broma
    Aprovechó de aquel día para reordenar su habitación y eso incluía su aburrido guardarropa donde sólo podían verse al menos unos cinco uniformes de exterminadora... Con suerte algún pijama perdido por ahí. Nunca fue de tener una gran variedad de ropa pues no tenía motivos para tenerlo. Fue por ello que, acomodando, alzó una ceja al encontrar en cajones mucha ropa y muy variada... Aunque su estilo. Eso le hizo alzar una ceja. ¿Desde cuándo tenía eso? Llegando a fruncir el ceño se preguntó si es que acaso alguien se había metido en su cuarto en su ausencia y le había dejado aquello como una broma
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  • Habia pasado todo el día entre planes y consejos con Tormund, Sir Davos y los capitanes de las casas que habían decidido unirse a su causa. Todos intentando dar su punto de vista de cual seria un mejor plan de ataque al enfrentarse contra Ramsay Bolton. El mapa sobre la mesa de la tienda estaba lleno de estatuillas de lobos, osos, hombres desollados... Un autentico ajedrez que ahora se habia convertido en un dolor de cabeza. Y, durante las dos horas siguientes, mientras Jon cavilaba y, de tanto en tanto cambiaba alguna efigie de lugar, habia estado tallando algo en un trozo plano de madera.

    Sir Davos le habia enseñado a hacerlo unas semanas atrás. Según él, calmaba el estrés de la guerra venidera. Para Jon aquello era un foco más de ansiedad. Aun así ponía en este todo su empeño. Sabia qué día era ese. El día del Nombre de Sansa. Y queria hacer algo que mereciera la pena. Puede que aun no pudiera poner Invernalia a sus pies, ese hubiera sido un gran presente, pero aquel regalo que ahora repasaba con la yema de su dedo para eliminar el serrín y las esquirlas de madera era algo real y sincero.

    Sansa entró en la carpa y Jon dejó el cuchillo sobre la mesa alzando la mirada hacia ella.

    -Dime que Tormund no te envía para hacerme pensar en otra de sus locas ideas de ataque...- dijo con cierto aire divertido y cansado mientras se acercaba a 🜲 ㅤ𝑆𝑎𝑛𝑠𝑎 𝑆𝑡𝑎𝑟𝑘.

    Tomó la mano de la pelirroja y posó sobre esta el trozo de madera tallado con el emblema de la casa Stark.

    -He pensado que puede que este al fin sea un día del Nombre feliz... -le dijo- Lo celebraremos en casa. Pronto.
    Habia pasado todo el día entre planes y consejos con Tormund, Sir Davos y los capitanes de las casas que habían decidido unirse a su causa. Todos intentando dar su punto de vista de cual seria un mejor plan de ataque al enfrentarse contra Ramsay Bolton. El mapa sobre la mesa de la tienda estaba lleno de estatuillas de lobos, osos, hombres desollados... Un autentico ajedrez que ahora se habia convertido en un dolor de cabeza. Y, durante las dos horas siguientes, mientras Jon cavilaba y, de tanto en tanto cambiaba alguna efigie de lugar, habia estado tallando algo en un trozo plano de madera. Sir Davos le habia enseñado a hacerlo unas semanas atrás. Según él, calmaba el estrés de la guerra venidera. Para Jon aquello era un foco más de ansiedad. Aun así ponía en este todo su empeño. Sabia qué día era ese. El día del Nombre de Sansa. Y queria hacer algo que mereciera la pena. Puede que aun no pudiera poner Invernalia a sus pies, ese hubiera sido un gran presente, pero aquel regalo que ahora repasaba con la yema de su dedo para eliminar el serrín y las esquirlas de madera era algo real y sincero. Sansa entró en la carpa y Jon dejó el cuchillo sobre la mesa alzando la mirada hacia ella. -Dime que Tormund no te envía para hacerme pensar en otra de sus locas ideas de ataque...- dijo con cierto aire divertido y cansado mientras se acercaba a [N.Q.Stark]. Tomó la mano de la pelirroja y posó sobre esta el trozo de madera tallado con el emblema de la casa Stark. -He pensado que puede que este al fin sea un día del Nombre feliz... -le dijo- Lo celebraremos en casa. Pronto.
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  • La carretera se abría infinita bajo aquel cielo negro que no prometía nada bueno. Las primeras gotas habían comenzado a caer horas atrás como un susurro contra el parabrisas… y en cuestión de minutos la lluvia habia comenzado a caer sobre la chapa del coche con decisión. De forma constante, como si no fuera a detenerse nunca. Los limpiaparabrisas marcaban el ritmo: derecha, izquierda, derecha izquierda. Con un sutil sonido mecánico que acompañaba de fondo el rugido grave del Impala.

    Dentro del vehículo, el mundo era otro.

    Hope no miraba el paisaje, ni se preocupaba por la lluvia incesante. Tenía un libro antiguo abierto en sus manos. Un tomo cuyas páginas amarillentas estaban marcadas por símbolos que parecían respirar cobrar vida propia bajo los faros de algún coche que se les cruzaba en el camino. Los dedos de la tríbrida recorrían las líneas con concentración absoluta, el ceño ligeramente fruncido, y sus labios presos en una mueca algo tensa, como si el mundo entero dependiera de una traducción correcta.

    -¿Algo útil? —preguntó Dean sin apartar la vista de la carretera.

    Hope tardó en responder. Siempre lo hacía cuando estaba absorta en alguna lectura o en un asunto peliagudo. No le gustaba ser interrumpida.

    -Depende de cuánto te emocionen las palabras “ritual irreversible”.

    Dean bufó con cierta sorna.

    -Cojonudo. Es justo lo que quería oír.

    A pesar de las circunstancias, no habia miedo en el interior de aquel coche. ¿Porqué tenerlo? Eran una tríbrida inmortal y un puñetero Winchester. Confianza. Eso era lo que se respiraba en el interior del coche. Aunque el mundo les habia puesto la zancadilla una y mil veces, esos dos habían sobrevivido a todo a base de resiliencia y mucha confianza en si mismos.


    >> Los kilómetros seguían acumulándose y quedando atrás en la luna trasera del vehículo. La radio sonaba a un volumen bajo, casi un murmullo. Con el paso de las horas, en algún punto entre una línea en latín y la siguiente salida de la autopista, el libro empezó a descender lentamente de las manos de la tríbrida.

    Hope parpadeó un par de veces, cansada. La adrenalina, por desgracia, no es eterna.

    Dean se percató, por supuesto, antes de que ella cediera del todo. Siempre lo hacía. Era un presentimiento. Como movidos por un engranaje siempre sabia escuchar los silenciosa de la joven.

    El libro resbaló hasta cerrarse sobre el regazo de la tríbrida. Y la respiración femenina se volvió más profunda, más lenta. Y, casi sin darse cuenta, su cabeza terminó apoyada contra el hombro derecho de él.

    Dean no dijo nada. Pero curvó una sonrisa suave en sus labios que provocó que la comisura derecha de sus labios se perfilase.

    Ajustó ligeramente el volante con una mano y, con la otra, bajó el volumen de la radio aun más si cabe. Ni una broma. Ni un comentario sarcástico. Solo esa mirada breve y de reojo que nadie ve cuando el conductor cree estar solo.

    Siguió conduciendo. Más despacio ahora. Como si quisiera que la noche durase un poco más.


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ Dean Winchester
    La carretera se abría infinita bajo aquel cielo negro que no prometía nada bueno. Las primeras gotas habían comenzado a caer horas atrás como un susurro contra el parabrisas… y en cuestión de minutos la lluvia habia comenzado a caer sobre la chapa del coche con decisión. De forma constante, como si no fuera a detenerse nunca. Los limpiaparabrisas marcaban el ritmo: derecha, izquierda, derecha izquierda. Con un sutil sonido mecánico que acompañaba de fondo el rugido grave del Impala. Dentro del vehículo, el mundo era otro. Hope no miraba el paisaje, ni se preocupaba por la lluvia incesante. Tenía un libro antiguo abierto en sus manos. Un tomo cuyas páginas amarillentas estaban marcadas por símbolos que parecían respirar cobrar vida propia bajo los faros de algún coche que se les cruzaba en el camino. Los dedos de la tríbrida recorrían las líneas con concentración absoluta, el ceño ligeramente fruncido, y sus labios presos en una mueca algo tensa, como si el mundo entero dependiera de una traducción correcta. -¿Algo útil? —preguntó Dean sin apartar la vista de la carretera. Hope tardó en responder. Siempre lo hacía cuando estaba absorta en alguna lectura o en un asunto peliagudo. No le gustaba ser interrumpida. -Depende de cuánto te emocionen las palabras “ritual irreversible”. Dean bufó con cierta sorna. -Cojonudo. Es justo lo que quería oír. A pesar de las circunstancias, no habia miedo en el interior de aquel coche. ¿Porqué tenerlo? Eran una tríbrida inmortal y un puñetero Winchester. Confianza. Eso era lo que se respiraba en el interior del coche. Aunque el mundo les habia puesto la zancadilla una y mil veces, esos dos habían sobrevivido a todo a base de resiliencia y mucha confianza en si mismos. >> Los kilómetros seguían acumulándose y quedando atrás en la luna trasera del vehículo. La radio sonaba a un volumen bajo, casi un murmullo. Con el paso de las horas, en algún punto entre una línea en latín y la siguiente salida de la autopista, el libro empezó a descender lentamente de las manos de la tríbrida. Hope parpadeó un par de veces, cansada. La adrenalina, por desgracia, no es eterna. Dean se percató, por supuesto, antes de que ella cediera del todo. Siempre lo hacía. Era un presentimiento. Como movidos por un engranaje siempre sabia escuchar los silenciosa de la joven. El libro resbaló hasta cerrarse sobre el regazo de la tríbrida. Y la respiración femenina se volvió más profunda, más lenta. Y, casi sin darse cuenta, su cabeza terminó apoyada contra el hombro derecho de él. Dean no dijo nada. Pero curvó una sonrisa suave en sus labios que provocó que la comisura derecha de sus labios se perfilase. Ajustó ligeramente el volante con una mano y, con la otra, bajó el volumen de la radio aun más si cabe. Ni una broma. Ni un comentario sarcástico. Solo esa mirada breve y de reojo que nadie ve cuando el conductor cree estar solo. Siguió conduciendo. Más despacio ahora. Como si quisiera que la noche durase un poco más. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ [BxbyDriver]
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  • ¡Preparen esos preciosos y jugosos culitos, San Valentín está a la vuelta de la esquina y Cupipool tiene ya las flechas cargadas con amor, y que cojones, también con lujuria para que cuando llegue ese día estéis cogiendo como conejos con vuestra pareja ya sea todo el día o solo por la noche~!
    ¡Preparen esos preciosos y jugosos culitos, San Valentín está a la vuelta de la esquina y Cupipool tiene ya las flechas cargadas con amor, y que cojones, también con lujuria para que cuando llegue ese día estéis cogiendo como conejos con vuestra pareja ya sea todo el día o solo por la noche~!
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