• -se que esto es raro de decir proveniendo de una criatura que siempre aclara no ser humana... es solo que- suspiro miro alrededor - aveces me gustaria saber hasta donde llega mi "humanidad" o si tan siquiera puedo parecer uno, se supone que como una bruja debo parecer lo mas humano posible epro aveces siento como si me alejara de ellos y tambien me pone algo nervioso conociendo como son mis tias cuando no son "humanas"-

    https://music.youtube.com/watch?v=Nh-z44MusKs&si=loiMG70qKIC6H6vL
    -se que esto es raro de decir proveniendo de una criatura que siempre aclara no ser humana... es solo que- suspiro miro alrededor - aveces me gustaria saber hasta donde llega mi "humanidad" o si tan siquiera puedo parecer uno, se supone que como una bruja debo parecer lo mas humano posible epro aveces siento como si me alejara de ellos y tambien me pone algo nervioso conociendo como son mis tias cuando no son "humanas"- https://music.youtube.com/watch?v=Nh-z44MusKs&si=loiMG70qKIC6H6vL
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  • Epístola 1 - El demonio de las armas.

    26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo.

    Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo.

    ¿Era yo quien apestaba a sangre?

    ¿Era mi propia percepción?

    ¿Era el entorno quien lo hacía?

    Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es?

    Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja.

    Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra.

    Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme.

    No quería sumirme en el abismo, pero...

    Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto.

    Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese.

    Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo.

    No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza.

    Yo seré quien lo controle.

    Yo seré quien decida si existen demonios o no.

    Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio.

    Y la cuenta comienza...ya.
    Epístola 1 - El demonio de las armas. 26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo. Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo. ¿Era yo quien apestaba a sangre? ¿Era mi propia percepción? ¿Era el entorno quien lo hacía? Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es? Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja. Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra. Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme. No quería sumirme en el abismo, pero... Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto. Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese. Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo. No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza. Yo seré quien lo controle. Yo seré quien decida si existen demonios o no. Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio. Y la cuenta comienza...ya.
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  • Aquella tarde, cuando el sol estaba a minutos de desvanecerse tras las vastas montañas cercanas al Gran Santuario Narukami, los vientos fríos comenzaron a descender suavemente. Las hojas danzaban al compás de su paso, los árboles se mecían en armonía y, juntos, creaban una melodía serena que envolvía el lugar. El aire estaba impregnado de un aroma fresco: el murmullo del manantial cercano y la tierra húmeda que reposaba después de la lluvia.
    Resultaba reconfortante saber que el pueblo celebraba la llegada de un nuevo año. Las familias se reunían, compartiendo risas y recuerdos, honrando sin saberlo la labor silenciosa de aquella guardiana de antiguas historias, quien preservaba la memoria del ayer y acompañaba el presente de sus vidas.

    Yae permanecía allí, serena. Vestía su elegante atuendo ceremonial: un kimono corto en tonos rosados y carmesí, adornado con delicados motivos florales y detalles Electro. El obi, finamente decorado en dorado, se ajustaba a su cintura, mientras los ornamentos brillaban suavemente con la luz del ocaso. Cada pliegue de su vestimenta reflejaba la dignidad y el misterio propios de una kitsune ancestral.

    A su lado, la presencia de aquella compañía especial le recordaba el valor de la humanidad: la calidez de una mano amiga, el aprecio sincero y el significado de compartir el momento, más allá del tiempo y de los siglos.

    Finalmente, cuando la última luz del día se extinguió y los faroles comenzaron a encenderse a lo lejos, Yae cerró los ojos por un instante, dejando que la brisa nocturna rozara su piel. Sonrió con calma. El mundo seguía avanzando, y ella, como siempre, permanecería allí… observando, protegiendo y recordando.
    Aquella tarde, cuando el sol estaba a minutos de desvanecerse tras las vastas montañas cercanas al Gran Santuario Narukami, los vientos fríos comenzaron a descender suavemente. Las hojas danzaban al compás de su paso, los árboles se mecían en armonía y, juntos, creaban una melodía serena que envolvía el lugar. El aire estaba impregnado de un aroma fresco: el murmullo del manantial cercano y la tierra húmeda que reposaba después de la lluvia. Resultaba reconfortante saber que el pueblo celebraba la llegada de un nuevo año. Las familias se reunían, compartiendo risas y recuerdos, honrando sin saberlo la labor silenciosa de aquella guardiana de antiguas historias, quien preservaba la memoria del ayer y acompañaba el presente de sus vidas. Yae permanecía allí, serena. Vestía su elegante atuendo ceremonial: un kimono corto en tonos rosados y carmesí, adornado con delicados motivos florales y detalles Electro. El obi, finamente decorado en dorado, se ajustaba a su cintura, mientras los ornamentos brillaban suavemente con la luz del ocaso. Cada pliegue de su vestimenta reflejaba la dignidad y el misterio propios de una kitsune ancestral. A su lado, la presencia de aquella compañía especial le recordaba el valor de la humanidad: la calidez de una mano amiga, el aprecio sincero y el significado de compartir el momento, más allá del tiempo y de los siglos. Finalmente, cuando la última luz del día se extinguió y los faroles comenzaron a encenderse a lo lejos, Yae cerró los ojos por un instante, dejando que la brisa nocturna rozara su piel. Sonrió con calma. El mundo seguía avanzando, y ella, como siempre, permanecería allí… observando, protegiendo y recordando.
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  • No dejo de encontrarme con almas conflictuadas: necesitadas de libertad, víctimas tanto de las circunstancias como de malas decisiones. El mundo puede fallar en contener a quienes lo habitan, pero ninguna adversidad justifica la maldad al momento de obrar.

    Esta convicción me concede una profunda tranquilidad. El tiempo se vuelve irrelevante, no por carecer de valor, sino porque reafirma que vale la pena defender todo aquello que ha sido construido hasta ahora.

    A quienes han encontrado humanidad en mí, les digo esto: me honra formar parte de sus vidas y haber tenido un impacto positivo en ellas.

    Cada individuo es distinto, y las circunstancias que lo moldean son demasiado complejas para reducirlas a una simple definición. Estaré junto a ustedes, guiando a quienes busquen orientación, acompañando a quienes hayan forjado una amistad sincera, y brindando apoyo incondicional a quienes han conocido la crueldad de esta existencia.

    Haré todo lo que esté a mi alcance para que el porvenir de sus vidas sea más amable. Ese es mi compromiso, mi anhelo.
    No dejo de encontrarme con almas conflictuadas: necesitadas de libertad, víctimas tanto de las circunstancias como de malas decisiones. El mundo puede fallar en contener a quienes lo habitan, pero ninguna adversidad justifica la maldad al momento de obrar. Esta convicción me concede una profunda tranquilidad. El tiempo se vuelve irrelevante, no por carecer de valor, sino porque reafirma que vale la pena defender todo aquello que ha sido construido hasta ahora. A quienes han encontrado humanidad en mí, les digo esto: me honra formar parte de sus vidas y haber tenido un impacto positivo en ellas. Cada individuo es distinto, y las circunstancias que lo moldean son demasiado complejas para reducirlas a una simple definición. Estaré junto a ustedes, guiando a quienes busquen orientación, acompañando a quienes hayan forjado una amistad sincera, y brindando apoyo incondicional a quienes han conocido la crueldad de esta existencia. Haré todo lo que esté a mi alcance para que el porvenir de sus vidas sea más amable. Ese es mi compromiso, mi anhelo.
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  • —Y esta es la parte en donde veo cómo ha avanzado la humanidad y… pierdo la esperanza.
    Tanta maldad, tanto odio, tantas pérdidas.

    Desde lo alto observo un mundo que brilla por fuera y se quiebra por dentro.
    Veo progreso sin compasión, voces sin amor, futuros construidos sobre ruinas.

    Soy la esperanza…
    Pero la esperanza se agota

    Pero mientras alguien sueñe,
    mientras alguien ame,
    mientras alguien se levante después de caer…

    yo no puedo desaparecer.
    —Y esta es la parte en donde veo cómo ha avanzado la humanidad y… pierdo la esperanza. Tanta maldad, tanto odio, tantas pérdidas. Desde lo alto observo un mundo que brilla por fuera y se quiebra por dentro. Veo progreso sin compasión, voces sin amor, futuros construidos sobre ruinas. Soy la esperanza… Pero la esperanza se agota Pero mientras alguien sueñe, mientras alguien ame, mientras alguien se levante después de caer… yo no puedo desaparecer.
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  • Huele demasiado a lujuria que aroma tan molesto, sin duda el pecado de la lujuria es el que mejor trabaja en este lugar
    Casi lo envidiaria si no fuera porque detrás de las pantallas habita el pecado más grande, la humanidad
    Huele demasiado a lujuria que aroma tan molesto, sin duda el pecado de la lujuria es el que mejor trabaja en este lugar Casi lo envidiaria si no fuera porque detrás de las pantallas habita el pecado más grande, la humanidad
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    Se busca los humanos que repecentan a la humanida en el ragnarok ..... AYUDEN A REVIVIR EL FANDOM

    ° La Humanidad :
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    > compromiso y roles
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    > amor y cariño.

    Entre otro personajes el ragnarok los espera,tambien son bienvenidos Oc's
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  • La rosa de los secretos oculta verdades que la humanidad eligió ignorar hasta shira pero recuerda... " Por el simple hecho de que no lo veas no significa que no pueda matarte"
    La rosa de los secretos oculta verdades que la humanidad eligió ignorar hasta shira pero recuerda... " Por el simple hecho de que no lo veas no significa que no pueda matarte"
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  • El campo de entrenamiento ya no fue un lugar al que pudiera volver, pues no hubo maniquí que no acabara como peluche destrozado. Tan solo pequeños pedazos de lo que alguna vez fueron muñecos de entrenamiento ¿Y sus compañeras exorcistas? Adán las habría echado de una patada aunque ella no se contuvo de casi agarrarlas de las greñas. Ni una sola competente ¿Cómo era que se habían vuelto tan débiles? Se suponía que ellas eran el batallón de defensa del cielo, la única arma capaz de evitar una rebelión de parte del infierno... Ahora reducido a un patético grupo de niñitas que jugaban a ser soldados, pues sólo requería de un fuerte golpe a cada una para derrotarlas; un hecho que sucedió en la tarde. Ninguna fue un reto, no uno verdadero.

    ¿Y en las calles celestiales? Su humor no mejoró. Todos estaban tan tranquilos y alegres como de costumbre ¿Es que a nadie le importaba lo que sucedía? ¿Ni siquiera a Sera?

    — Tsk... —

    Chasqueó la lengua. Por supuesto que a Sera no le importaba ¿Cómo podía esperar que lo hiciera si había puesto al más patético de los ángeles como líder de las exterminadoras? Probablemente allí estaba la respuesta a la decadencia de eficacia en lo que alguna vez fueron sus compañeras.
    En su habitación, los pensamientos se entremezclaron con sus sentimientos, con su alma rota y con su ira convertida en un fuego que era imposible de extinguir. La frustración creció mientras más pensaba; la decadencia en las exterminadoras, la indiferencia del cielo, los cambios en Adán....

    — ¡Agh! — Y finalmente explotó, su puño metálico golpeando la pared de su cuarto hasta agrietarlo en todas direcciones.
    Sus dos manos se cerraron como puños contra el muro, su frente apoyándose en la pared resquebrajada.

    "¿Otra vez histérica? ¿Es que acaso siempre te baja la regla?"

    Escuchó aquella voz, una que reconoció perfectamente. Se apartó del muro, levantando la mirada antes de voltear para ver a quien ya imaginaba; Adán. De brazos cruzados y recargado sobre un mueble.
    Parpadeó varias veces con los ojos bien abiertos a punto de preguntarle cuándo había llegado... Hasta que se dió cuenta. No era Adán, no al menos con el que se había encontrado. No con el vivo, no... Ese era el Adán que ella recordaba. No era la primera vez que se le parecía, la única ilusión que parecía consolarla.

    — Nadie me escucha. ¡Cada vez están más cegados, caen en tentación por las palabras de ellos! ¿¡Puedes creerlo!? ¡Prohibieron los exterminios! —

    En su voz latente la frustración mientras el fantasma alzaba una ceja tras oírle, incluso sobresaltandose al oírla. Rápidamente acercándose con alerta.

    "¿Estás de puta broma? ¿En qué puto momento?"

    — Y eso no es lo peor... Cambiaste. ¡Te cambiaron! Ni siquiera eres tú... Te ves igual, pareces igual.... — Las lágrimas de nuevo se habían acumulado en sus ojos, alejándose algunos pasos de aquella ilusión mientras se dirigía hacia la ventana que daba al exterior. Observando sin ver el paisaje que le revelaba. — ¡¡Quieres a Abel!! Lo... ¡Lo defiendes! —

    Soltó como si aquella hubiera sido la más grandes de las señales de su cambio. Como si aquel detalle le hubiera encendido las alarmas pues en lo otro sólo podía encontrar justificación a que se contenía porque eran órdenes de Sera... Aunque también le extrañó haberle visto tan tranquilo en ese aspecto. Adán habría puesto el grito en el cielo, más después de que casi lo habían asesinado, si tan sólo prohibieran los exterminios como si nada.
    El fantasma de su Adán se sobresaltó tras lo que escuchó, incluso llevándose una mano al pecho.

    "¿Defender? ¿¡A ese mocoso!? ¡Es como un grano en los huevos! Carajo. Me lavaron el puto cerebro, dime que al menos me consta que todavía soy la primera puta polla de la humanidad"

    Inhaló, profundo, en silencio y lentamente fue exhalando en lo que, observando el paisaje, pasó a observar su reflejo en el cristal. Otro reflejo, aunque en realidad no estaba, cerniendose sobre ella desde su espalda; Adán que se le había acercado.

    "No pensarás dejar que me quede como un retrasado ¿Verdad? Ya me dejaste atrás una vez"

    Apretó los labios. Ni una sola lágrima había salido de sus ojos a pesar de que antes de habían acumulado en ellos, sus manos cerrandose fuertemente en puños a sus lados mientras su mirada no se apartaba del reflejo de Adán.

    — No, señor. Voy a recuperarlo y lo llevaré a su antigua gloria —

    "¿Y qué hay de las escorias? ¿De los traidores? ¿De todos los que se cagaron en mi casi puta muerte?"

    — Pagarán. Todos lo harán... Acabaré hasta con el último de esos demonios. Limpiaré la podredumbre del infierno y abriré los ojos de todos en el cielo o los haré caer al abismo. Así deba hacerlo sola —

    Juro con su mirada oscurecida en lo que, son un gruñido de furia de tan solo pensar en todos ellos, en la forma en la que los ángeles ignoraban deliberadamente para su comodidad los cambios en la personalidad de Adán, daba un nuevo puñetazo al vidrio de su ventana hasta quebrarlo, agrietarlo, al ounto de que tal vez hasta una pequeña brisa podría hacerlo estallar.
    El campo de entrenamiento ya no fue un lugar al que pudiera volver, pues no hubo maniquí que no acabara como peluche destrozado. Tan solo pequeños pedazos de lo que alguna vez fueron muñecos de entrenamiento ¿Y sus compañeras exorcistas? Adán las habría echado de una patada aunque ella no se contuvo de casi agarrarlas de las greñas. Ni una sola competente ¿Cómo era que se habían vuelto tan débiles? Se suponía que ellas eran el batallón de defensa del cielo, la única arma capaz de evitar una rebelión de parte del infierno... Ahora reducido a un patético grupo de niñitas que jugaban a ser soldados, pues sólo requería de un fuerte golpe a cada una para derrotarlas; un hecho que sucedió en la tarde. Ninguna fue un reto, no uno verdadero. ¿Y en las calles celestiales? Su humor no mejoró. Todos estaban tan tranquilos y alegres como de costumbre ¿Es que a nadie le importaba lo que sucedía? ¿Ni siquiera a Sera? — Tsk... — Chasqueó la lengua. Por supuesto que a Sera no le importaba ¿Cómo podía esperar que lo hiciera si había puesto al más patético de los ángeles como líder de las exterminadoras? Probablemente allí estaba la respuesta a la decadencia de eficacia en lo que alguna vez fueron sus compañeras. En su habitación, los pensamientos se entremezclaron con sus sentimientos, con su alma rota y con su ira convertida en un fuego que era imposible de extinguir. La frustración creció mientras más pensaba; la decadencia en las exterminadoras, la indiferencia del cielo, los cambios en Adán.... — ¡Agh! — Y finalmente explotó, su puño metálico golpeando la pared de su cuarto hasta agrietarlo en todas direcciones. Sus dos manos se cerraron como puños contra el muro, su frente apoyándose en la pared resquebrajada. "¿Otra vez histérica? ¿Es que acaso siempre te baja la regla?" Escuchó aquella voz, una que reconoció perfectamente. Se apartó del muro, levantando la mirada antes de voltear para ver a quien ya imaginaba; Adán. De brazos cruzados y recargado sobre un mueble. Parpadeó varias veces con los ojos bien abiertos a punto de preguntarle cuándo había llegado... Hasta que se dió cuenta. No era Adán, no al menos con el que se había encontrado. No con el vivo, no... Ese era el Adán que ella recordaba. No era la primera vez que se le parecía, la única ilusión que parecía consolarla. — Nadie me escucha. ¡Cada vez están más cegados, caen en tentación por las palabras de ellos! ¿¡Puedes creerlo!? ¡Prohibieron los exterminios! — En su voz latente la frustración mientras el fantasma alzaba una ceja tras oírle, incluso sobresaltandose al oírla. Rápidamente acercándose con alerta. "¿Estás de puta broma? ¿En qué puto momento?" — Y eso no es lo peor... Cambiaste. ¡Te cambiaron! Ni siquiera eres tú... Te ves igual, pareces igual.... — Las lágrimas de nuevo se habían acumulado en sus ojos, alejándose algunos pasos de aquella ilusión mientras se dirigía hacia la ventana que daba al exterior. Observando sin ver el paisaje que le revelaba. — ¡¡Quieres a Abel!! Lo... ¡Lo defiendes! — Soltó como si aquella hubiera sido la más grandes de las señales de su cambio. Como si aquel detalle le hubiera encendido las alarmas pues en lo otro sólo podía encontrar justificación a que se contenía porque eran órdenes de Sera... Aunque también le extrañó haberle visto tan tranquilo en ese aspecto. Adán habría puesto el grito en el cielo, más después de que casi lo habían asesinado, si tan sólo prohibieran los exterminios como si nada. El fantasma de su Adán se sobresaltó tras lo que escuchó, incluso llevándose una mano al pecho. "¿Defender? ¿¡A ese mocoso!? ¡Es como un grano en los huevos! Carajo. Me lavaron el puto cerebro, dime que al menos me consta que todavía soy la primera puta polla de la humanidad" Inhaló, profundo, en silencio y lentamente fue exhalando en lo que, observando el paisaje, pasó a observar su reflejo en el cristal. Otro reflejo, aunque en realidad no estaba, cerniendose sobre ella desde su espalda; Adán que se le había acercado. "No pensarás dejar que me quede como un retrasado ¿Verdad? Ya me dejaste atrás una vez" Apretó los labios. Ni una sola lágrima había salido de sus ojos a pesar de que antes de habían acumulado en ellos, sus manos cerrandose fuertemente en puños a sus lados mientras su mirada no se apartaba del reflejo de Adán. — No, señor. Voy a recuperarlo y lo llevaré a su antigua gloria — "¿Y qué hay de las escorias? ¿De los traidores? ¿De todos los que se cagaron en mi casi puta muerte?" — Pagarán. Todos lo harán... Acabaré hasta con el último de esos demonios. Limpiaré la podredumbre del infierno y abriré los ojos de todos en el cielo o los haré caer al abismo. Así deba hacerlo sola — Juro con su mirada oscurecida en lo que, son un gruñido de furia de tan solo pensar en todos ellos, en la forma en la que los ángeles ignoraban deliberadamente para su comodidad los cambios en la personalidad de Adán, daba un nuevo puñetazo al vidrio de su ventana hasta quebrarlo, agrietarlo, al ounto de que tal vez hasta una pequeña brisa podría hacerlo estallar.
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  • : La paz del bosque, nada puede superar esta tranquilidad que impregna mis alrededores, mientras, tengo mis manos en una caña que yo misma hice para desempeñar una de las tareas más antiguas de la humanidad, la pesca.
    🪓: La paz del bosque, nada puede superar esta tranquilidad que impregna mis alrededores, mientras, tengo mis manos en una caña que yo misma hice para desempeñar una de las tareas más antiguas de la humanidad, la pesca.
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