• † 𝕳𝖚𝖓𝖙 𝖙𝖍𝖊 𝖍𝖊𝖗𝖇𝖆𝖑𝖎𝖘𝖙 †
    Categoría Terror
    El cielo estaba pintado de gris desde hacía muchos días, los cuervos parecían manchas pululando entre nubes oscuras, Catherine fumaba frente al gran ventanal en la casona Du Pont, donde ahora residía. Como era costumbre, la vegetación alrededor de dónde ella declarara un lugar como su propiedad, empezaba a morir, la tierra se tornaba árida y era una forma que realmente amaba para alejar a las personas.

    Pocos de ellos se atrevían a entrar, pero a lo lejos avistó caballos, un carromato que no se veía nada pequeño. ¿Quién osaba molestar cuando ya casi era hora de su merienda? Agradeció que Ukobach se quedara en otra de sus casas, normalmente no habrían logrado cruzar ni el umbral de la entrada antes de arder.

    Bajó, las visitas inesperadas no eran sus favoritas, las esperadas menos. Mostró ese gesto eterno de superioridad, esa mirada que le daba a cualquiera que no consideraba mínimamente decente; ningún humano lo era. El carromato se detuvo, bajaron sus conductores. Dos hombres altos, fuertes, en uniforme de algún barón, pura elegancia, pero ellos se veían cansados, hastiados. De inmediato pusieron un banco y abrieron la puerta del elegante carro. Un hombre vestido con sedas desde la cabeza a los pies bajó con la ayuda de los otros, era un poco más bajo que Catherine pero gordo y con una papada que parecía podría comerse a alguien.

    El aroma que emanaba era horrible, ella tuvo que cubrir su nariz ligeramente.

    — Mi señora Catherine, la bruja más poderosa... La hija del infierno. — el gesto de Catherine fue más de asco por sus adulaciones que por el aroma a podrido que le venía saliendo de la entrepierna.

    — No me adules tanto y dime... ¿Qué quieres en mi hogar que vienes sin permiso a molestar?

    Supuso que el hombre no estaba acostumbrado a que le hablaran así, porque puso cara de susto y parecía encogerse un poco ante la encantadora pero asqueada voz que usó Catherine.

    — Quiero un pacto. — añadió él.

    — ¿Quieres que te quite la gonorrea? — Los ojos de Catherine se fijaron hacía abajo.

    — ¡No! yo... No tengo gonorrea... Pero no es eso. ¡Hay una envenenadora! Una mujer que mata niños, mujeres... ¡Hombres importantes como yo!

    Catherine hizo una mueca de aburrimiento. Pero respondió. — Dame el nombre, solo recuerda que yo tomaré lo que quiera y... Si tienes gonorrea.

    Terminó aceptando, solo dio el nombre de la "envenenadora", el propio y su título nobiliario, aunque nunca oyó hablar de una bruja de venenos, ahora tenía un nombre en la cabeza.

    . 𝕺𝖉𝖊𝖙𝖙𝖊 .

    Primero envió a sus cuervos a recabar información del hombre, que a final de cuentas se había presentado como un hacendado acaudalado. No era tanto de su interés, pero algo debía poseer. Lo que le causaba mucha curiosidad era la mujer, lo primero fue encontrarla astralmente, entrar en sus sueños y ver... ¿De verdad era una asesina? Qué desperdicio que mujer, si de verdad lo era sería difícil no empatizar con ella.

    Su mente era una maraña caótica de emociones, pero pudo entrar; manipular sus sueños.

    [ https://www.youtube.com/watch?v=Af2k7MfWVZw&t=226s ]

    La entrada de un enorme cementerio, el cielo gris y las plantas muertas. Esa melodía resonaba al fondo, como esperando presentarse ante su nueva invitada... La bruja dorada estaba por saludar.

    El cielo estaba pintado de gris desde hacía muchos días, los cuervos parecían manchas pululando entre nubes oscuras, Catherine fumaba frente al gran ventanal en la casona Du Pont, donde ahora residía. Como era costumbre, la vegetación alrededor de dónde ella declarara un lugar como su propiedad, empezaba a morir, la tierra se tornaba árida y era una forma que realmente amaba para alejar a las personas. Pocos de ellos se atrevían a entrar, pero a lo lejos avistó caballos, un carromato que no se veía nada pequeño. ¿Quién osaba molestar cuando ya casi era hora de su merienda? Agradeció que Ukobach se quedara en otra de sus casas, normalmente no habrían logrado cruzar ni el umbral de la entrada antes de arder. Bajó, las visitas inesperadas no eran sus favoritas, las esperadas menos. Mostró ese gesto eterno de superioridad, esa mirada que le daba a cualquiera que no consideraba mínimamente decente; ningún humano lo era. El carromato se detuvo, bajaron sus conductores. Dos hombres altos, fuertes, en uniforme de algún barón, pura elegancia, pero ellos se veían cansados, hastiados. De inmediato pusieron un banco y abrieron la puerta del elegante carro. Un hombre vestido con sedas desde la cabeza a los pies bajó con la ayuda de los otros, era un poco más bajo que Catherine pero gordo y con una papada que parecía podría comerse a alguien. El aroma que emanaba era horrible, ella tuvo que cubrir su nariz ligeramente. — Mi señora Catherine, la bruja más poderosa... La hija del infierno. — el gesto de Catherine fue más de asco por sus adulaciones que por el aroma a podrido que le venía saliendo de la entrepierna. — No me adules tanto y dime... ¿Qué quieres en mi hogar que vienes sin permiso a molestar? Supuso que el hombre no estaba acostumbrado a que le hablaran así, porque puso cara de susto y parecía encogerse un poco ante la encantadora pero asqueada voz que usó Catherine. — Quiero un pacto. — añadió él. — ¿Quieres que te quite la gonorrea? — Los ojos de Catherine se fijaron hacía abajo. — ¡No! yo... No tengo gonorrea... Pero no es eso. ¡Hay una envenenadora! Una mujer que mata niños, mujeres... ¡Hombres importantes como yo! Catherine hizo una mueca de aburrimiento. Pero respondió. — Dame el nombre, solo recuerda que yo tomaré lo que quiera y... Si tienes gonorrea. Terminó aceptando, solo dio el nombre de la "envenenadora", el propio y su título nobiliario, aunque nunca oyó hablar de una bruja de venenos, ahora tenía un nombre en la cabeza. . 𝕺𝖉𝖊𝖙𝖙𝖊 . Primero envió a sus cuervos a recabar información del hombre, que a final de cuentas se había presentado como un hacendado acaudalado. No era tanto de su interés, pero algo debía poseer. Lo que le causaba mucha curiosidad era la mujer, lo primero fue encontrarla astralmente, entrar en sus sueños y ver... ¿De verdad era una asesina? Qué desperdicio que mujer, si de verdad lo era sería difícil no empatizar con ella. Su mente era una maraña caótica de emociones, pero pudo entrar; manipular sus sueños. [ https://www.youtube.com/watch?v=Af2k7MfWVZw&t=226s ] La entrada de un enorme cementerio, el cielo gris y las plantas muertas. Esa melodía resonaba al fondo, como esperando presentarse ante su nueva invitada... La bruja dorada estaba por saludar.
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  • Reencuentro
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    Categoría Drama
    Ayer mi amiga Rachel au Anne Halliwell me envió un mensaje a través del teléfono, la he invitado hoy a casa para tomar el té y seguir con la conversación que dejamos a medias, antes de que se marchará de viaje.
    Charlie ha salido a pasar el día con nuestra hija menor Dafne, me maquillo los labios con un pintalabios rosita claro.

    Enciendo dos velas aromáticas tras volver a entrar en el salón de estar, donde nos reuniremos.
    Ayer mi amiga Rachel au [Featherington_cx] me envió un mensaje a través del teléfono, la he invitado hoy a casa para tomar el té y seguir con la conversación que dejamos a medias, antes de que se marchará de viaje. Charlie ha salido a pasar el día con nuestra hija menor Dafne, me maquillo los labios con un pintalabios rosita claro. Enciendo dos velas aromáticas tras volver a entrar en el salón de estar, donde nos reuniremos.
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  • Things from the past come at a time when you least expect them, sometimes overwhelming, they leave you thinking so much... Nothing that a little of alcohol doesn't anesthetize
    Things from the past come at a time when you least expect them, sometimes overwhelming, they leave you thinking so much... Nothing that a little of alcohol doesn't anesthetize
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    ❝I've got a hole in my soul where you used to be
    There's a thorn in my heart and it's killing me.❞
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  • — No sé si me convence lo de ser chica aesthetic y elegante que bebe té en cafeterías caras
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    𝗜𝗻𝘀𝘁𝗮𝗴𝗿𝗮𝗺 𝗣𝗼𝘀𝘁 « @.MKirijo

    Lista para la boda de una buen amiga Soomin Park
    ‍ ‍ ‍‍ ‍
    Vestido diseñado por Lillith Swan
    Tacones : Louboutin
    ︎──────────────────
    ︎≡ ↴ ⌂ ⌕ ⊞ ♡
    𝗜𝗻𝘀𝘁𝗮𝗴𝗿𝗮𝗺 𝗣𝗼𝘀𝘁 « @.MKirijo Lista para la boda de una buen amiga [The_Perverse_Muse] ‍ ‍ ‍‍ ‍ Vestido diseñado por [CxLillith] Tacones : Louboutin ︎────────────────── ︎≡ ↴ ⌂ ⌕ ⊞ ♡
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  • Uno de los mejores momentos de mi vida, te amo Akihiko Sanada hasta que Nyx nos separe

    Vestido cortesía de los Mikaelson Hope Mikaelson
    Vestidos de damas de honor : Versace
    Peinado : Watanabe Hair
    Maquillador : Shu Uemura
    Tacones : Cesare Paciotti
    Traje de novio : Paolo Martorano
    Zapatos del novio : Hermes
    Fotógrafo : Yousuke Shimada
    Uno de los mejores momentos de mi vida, te amo [Sanada_Thcx] hasta que Nyx nos separe Vestido cortesía de los Mikaelson [thetribrid] Vestidos de damas de honor : Versace Peinado : Watanabe Hair Maquillador : Shu Uemura Tacones : Cesare Paciotti Traje de novio : Paolo Martorano Zapatos del novio : Hermes Fotógrafo : Yousuke Shimada
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    —You tried to lie and say I was everything
    I remember when I said "I'm nothing without you"
    I'm nothing without you
    Somehow I found a way to get lost in you
    Let me inside
    Let me get close to you
    Change your mind
    I'll get lost if you want me to
    Somehow I found a way to get lost in you
    In you
    The pain of it all, the rise and the fall
    I see it all in you
    Now everyday I find myself say
    "I want to get lost in you"
    I'm nothing without you
    —You tried to lie and say I was everything I remember when I said "I'm nothing without you" I'm nothing without you Somehow I found a way to get lost in you Let me inside Let me get close to you Change your mind I'll get lost if you want me to Somehow I found a way to get lost in you In you The pain of it all, the rise and the fall I see it all in you Now everyday I find myself say "I want to get lost in you" I'm nothing without you
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  • ❝Tenemos un trato❞
    Fandom The Originals || OC
    Categoría Fantasía
    La lluvia golpeaba el parabrisas con insistencia mientras el limpiaparabrisas arrastraba el agua de un lado a otro en un movimiento casi hipnótico. Rue llevaba demasiadas horas en carretera. Café frío. Gasolineras perdidas. El mapa lleno de marcas y nombres tachados. Y, aun asi, aquella pista era la primera real en semanas: Jebediah Voss había vuelto. Solo pensar en aquel nombre le revolvía algo oscuro en el pecho y le provocaba náuseas. Porque recordaba perfectamente la noche en la que le clavó una estaca en el corazón la primera vez. Recordaba la sangre. La sonrisa enferma de aquel vampiro incluso mientras moría. Recordaba el cuerpo de Logan tirado sobre el suelo del salón de su propia casa.

    Todavia seguía soñando con ello.

    Y ahora alguien estaba trayendo monstruos de vuelta de entre los muertos. Vampiros. Hombres lobo. Brujas. Criaturas que deberían haberse quedado pudriéndose bajo tierra. Todos con la misma marca grabada en la piel. Como ganado marcado antes del sacrificio. La última pista la habia llevado hasta un pueblo perdido entre montañas y bosque. No muy diferente al pueblo donde se habría criado: Uno de esos lugares donde las calles quedan vacías demasiado pronto y donde la gente evita mirar a los desconocidos demasiado tiempo. Un lugar donde nunca pasaba nada…

    >> Llevaba en ese pueblo apenas unas horas y ya habia encontrado suficiente sangre como para saber que Jebediah estaba cerca. Muy cerca. El problema fue darse cuenta demasiado tarde de que él también la había encontrado a ella.

    Rue avanzaba entre los árboles con la estaba de madera bien aferrada a su mano derecha y la linterna temblando ligeramente entre sus dedos. El bosque estaba demasiado silencioso. Sin grillos, ni viento, ni animales. Mala señal. Una rama crujió detrás de ella a pesar de la maleza húmeda por la lluvia.

    La mujer reaccionó rápido, girándose con la estaca ya en mano, pero no fue suficientemente rápida. Jebediah apareció de entre un par de árboles como una sombra siniestra, estampándola contra el tronco de un árbol con una fuerza brutal. El golpe le arrancó el aire de los pulmones.

    -Oh…. -dijo Jebediah en un tétrico arrullo- Cuanto te he echado de menos, Rue -la voz del vampiro sonó pegada a su oído, suave, enfermiza- Aunque debo admitir que esperaba que el duelo te hubiese envejecido peor.

    Rue forcejeó, intentando mover la mano que sostenía la estaca, a pesar de que él le sujetaba la muñeca con fuerza sobrenatural.

    -Debería haberte arrancado la cabeza aquella noche -escupió ella entre dientes.

    Jebediah sonrió. Y aquella sonrisa, a pesar de la lluvia que empapaba el rostro del vampiro seguía siendo exactamente igual que años atrás.

    -Y aun así aquí me tienes. Una estupenda segunda oportunidad… Para mí… Por fin sabré a qué sabe tu sangre…


    Ansel
    La lluvia golpeaba el parabrisas con insistencia mientras el limpiaparabrisas arrastraba el agua de un lado a otro en un movimiento casi hipnótico. Rue llevaba demasiadas horas en carretera. Café frío. Gasolineras perdidas. El mapa lleno de marcas y nombres tachados. Y, aun asi, aquella pista era la primera real en semanas: Jebediah Voss había vuelto. Solo pensar en aquel nombre le revolvía algo oscuro en el pecho y le provocaba náuseas. Porque recordaba perfectamente la noche en la que le clavó una estaca en el corazón la primera vez. Recordaba la sangre. La sonrisa enferma de aquel vampiro incluso mientras moría. Recordaba el cuerpo de Logan tirado sobre el suelo del salón de su propia casa. Todavia seguía soñando con ello. Y ahora alguien estaba trayendo monstruos de vuelta de entre los muertos. Vampiros. Hombres lobo. Brujas. Criaturas que deberían haberse quedado pudriéndose bajo tierra. Todos con la misma marca grabada en la piel. Como ganado marcado antes del sacrificio. La última pista la habia llevado hasta un pueblo perdido entre montañas y bosque. No muy diferente al pueblo donde se habría criado: Uno de esos lugares donde las calles quedan vacías demasiado pronto y donde la gente evita mirar a los desconocidos demasiado tiempo. Un lugar donde nunca pasaba nada… >> Llevaba en ese pueblo apenas unas horas y ya habia encontrado suficiente sangre como para saber que Jebediah estaba cerca. Muy cerca. El problema fue darse cuenta demasiado tarde de que él también la había encontrado a ella. Rue avanzaba entre los árboles con la estaba de madera bien aferrada a su mano derecha y la linterna temblando ligeramente entre sus dedos. El bosque estaba demasiado silencioso. Sin grillos, ni viento, ni animales. Mala señal. Una rama crujió detrás de ella a pesar de la maleza húmeda por la lluvia. La mujer reaccionó rápido, girándose con la estaca ya en mano, pero no fue suficientemente rápida. Jebediah apareció de entre un par de árboles como una sombra siniestra, estampándola contra el tronco de un árbol con una fuerza brutal. El golpe le arrancó el aire de los pulmones. -Oh…. -dijo Jebediah en un tétrico arrullo- Cuanto te he echado de menos, Rue -la voz del vampiro sonó pegada a su oído, suave, enfermiza- Aunque debo admitir que esperaba que el duelo te hubiese envejecido peor. Rue forcejeó, intentando mover la mano que sostenía la estaca, a pesar de que él le sujetaba la muñeca con fuerza sobrenatural. -Debería haberte arrancado la cabeza aquella noche -escupió ella entre dientes. Jebediah sonrió. Y aquella sonrisa, a pesar de la lluvia que empapaba el rostro del vampiro seguía siendo exactamente igual que años atrás. -Y aun así aquí me tienes. Una estupenda segunda oportunidad… Para mí… Por fin sabré a qué sabe tu sangre… [THEFIRST.ALPHA]
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    Grupal
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  • † 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓 𝖕𝖆𝖗𝖙𝖓𝖊𝖗 †
    Categoría Terror
    El silencio sepulcral inundaba las salas, como si se tratase de una maldición, pero la bruja disfrutaba la soledad de su hogar, el gran caserón que parecía eterno, pasillos largos, amplios y llenos de habitaciones que tal vez nunca habían tenido dueño, pero existían; habitaciones con el propósito de llenarlas de vida. La reina anterior del aquelarre, la madre de Catherine, siempre quiso tener muchos hijos. Pero un parto como el que ella tuvo le secó la matriz. Ni un hijo más podría nacer de ella, pues la parte demoníaca de Cath le arrancó cada vestigio de nueva vida, su egoísmo existía desde que ella era del tamaño de un haba.

    No había manera entonces de que esa casa tuviera tantas brujas como en su momento deseó ella. Cuando se hizo del aquelarre, todas las brujas incluyéndola, llegaron a un acuerdo, cada luna llena iban a reunirse, el árbol gigantesco en el bosque de la Luna era el lugar de reunión, a la vista el trono de madera de la Reina bruja. Así que... El silencio siempre era el acompañante de Catherine, pero a veces... Ciertas veces... Necesitaba sentir que alguien le escuchaba. No necesitaba consejo, una bruja como ella no.

    En una de esas tantas noches de insomnio, donde las sombras de los que se ha llevado danzaban alrededor de su cama, la vela revelaba sus formas sobre la pared, ansiosos de ser notados por su ama. ¿Debería hacer que una sombra sea su acompañante? No, una sombra no... Las sombras son sus esclavos. Las sombras aprenden a torturar, a guiar a los demás a la locura. No hablan, no gritan, solo danzan hasta que la persona no puede resistir y su esencia viene a Cath, su nueva dueña.

    Necesitaba a alguien inteligente, que pudiera hacer todo tipo de cosas... Alguien con voz. Un humano adulador no iba a servir. Sabía ahora lo que tenía que hacer, una hija de la unión de la noche tenía que poseer a alguien que pudiera con todo lo que Catherine representaba.

    — 𝖀𝖓 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔... 𝕹𝖔. 𝖀𝖓𝖆 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔. —

    En el infierno las clasificaciones eran estúpidas y la mayoría no tenía género, pero ella no podía confiarle su espalda a algo que pudiera mínimamente ser hombre, masculino, agh.

    Movió la diestra para hacer que las sombras se fueran, el espectáculo terminó. Se levantó en su perfecta desnudez a su área de trabajo. Dibujó un círculo en el suelo con pintura roja, conocía el ritual de invocación muy bien, alguna vez trajo algo horrores Elritch, usó su propia sangre para invocar eso que ella tanto deseaba, aunque al principio quisiera ocultarlo. El sacrificio era la sangre demoníaca con humana, su deseo de una compañía apta para ella, para la bruja más fuerte.

    — 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖒í, 𝖕𝖊𝖖𝖚𝖊ñ𝖆. 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖙𝖔𝖒𝖆𝖗 𝖙𝖚 𝖑𝖚𝖌𝖆𝖗 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖒𝖎 𝖆𝖈𝖔𝖒𝖕𝖆ñ𝖆𝖓𝖙𝖊. —
    El silencio sepulcral inundaba las salas, como si se tratase de una maldición, pero la bruja disfrutaba la soledad de su hogar, el gran caserón que parecía eterno, pasillos largos, amplios y llenos de habitaciones que tal vez nunca habían tenido dueño, pero existían; habitaciones con el propósito de llenarlas de vida. La reina anterior del aquelarre, la madre de Catherine, siempre quiso tener muchos hijos. Pero un parto como el que ella tuvo le secó la matriz. Ni un hijo más podría nacer de ella, pues la parte demoníaca de Cath le arrancó cada vestigio de nueva vida, su egoísmo existía desde que ella era del tamaño de un haba. No había manera entonces de que esa casa tuviera tantas brujas como en su momento deseó ella. Cuando se hizo del aquelarre, todas las brujas incluyéndola, llegaron a un acuerdo, cada luna llena iban a reunirse, el árbol gigantesco en el bosque de la Luna era el lugar de reunión, a la vista el trono de madera de la Reina bruja. Así que... El silencio siempre era el acompañante de Catherine, pero a veces... Ciertas veces... Necesitaba sentir que alguien le escuchaba. No necesitaba consejo, una bruja como ella no. En una de esas tantas noches de insomnio, donde las sombras de los que se ha llevado danzaban alrededor de su cama, la vela revelaba sus formas sobre la pared, ansiosos de ser notados por su ama. ¿Debería hacer que una sombra sea su acompañante? No, una sombra no... Las sombras son sus esclavos. Las sombras aprenden a torturar, a guiar a los demás a la locura. No hablan, no gritan, solo danzan hasta que la persona no puede resistir y su esencia viene a Cath, su nueva dueña. Necesitaba a alguien inteligente, que pudiera hacer todo tipo de cosas... Alguien con voz. Un humano adulador no iba a servir. Sabía ahora lo que tenía que hacer, una hija de la unión de la noche tenía que poseer a alguien que pudiera con todo lo que Catherine representaba. — 𝖀𝖓 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔... 𝕹𝖔. 𝖀𝖓𝖆 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔. — En el infierno las clasificaciones eran estúpidas y la mayoría no tenía género, pero ella no podía confiarle su espalda a algo que pudiera mínimamente ser hombre, masculino, agh. Movió la diestra para hacer que las sombras se fueran, el espectáculo terminó. Se levantó en su perfecta desnudez a su área de trabajo. Dibujó un círculo en el suelo con pintura roja, conocía el ritual de invocación muy bien, alguna vez trajo algo horrores Elritch, usó su propia sangre para invocar eso que ella tanto deseaba, aunque al principio quisiera ocultarlo. El sacrificio era la sangre demoníaca con humana, su deseo de una compañía apta para ella, para la bruja más fuerte. — 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖒í, 𝖕𝖊𝖖𝖚𝖊ñ𝖆. 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖙𝖔𝖒𝖆𝖗 𝖙𝖚 𝖑𝖚𝖌𝖆𝖗 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖒𝖎 𝖆𝖈𝖔𝖒𝖕𝖆ñ𝖆𝖓𝖙𝖊. —
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