• [Elizabeth descansa en pastos cerca del templo donde está ayudando este mes... La has encontrado descansando sobre el césped en una preciosa área verde de tonos más claros que los ojos de ella. Aunque no la despiertas, ella estaba alerta aun en su relajación.]

    "Mmm... perdona... este clima es perfecto. El aire sereno, el sentimiento de libertad. Todo es maravilloso... tanto que no pude evitar cerrar los ojos y tomar una siesta... ¿Por qué no te unes a mí en esta aventura?"
    [Elizabeth descansa en pastos cerca del templo donde está ayudando este mes... La has encontrado descansando sobre el césped en una preciosa área verde de tonos más claros que los ojos de ella. Aunque no la despiertas, ella estaba alerta aun en su relajación.] "Mmm... perdona... este clima es perfecto. El aire sereno, el sentimiento de libertad. Todo es maravilloso... tanto que no pude evitar cerrar los ojos y tomar una siesta... ¿Por qué no te unes a mí en esta aventura?"
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  • No imploréis la clemencia de un Dios al que habéis vendido en cada transacción de vuestro templo. Yo soy el único sacramento que os queda por recibir: el de la retribución.
    No imploréis la clemencia de un Dios al que habéis vendido en cada transacción de vuestro templo. Yo soy el único sacramento que os queda por recibir: el de la retribución.
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  • Después de la purga
    Fandom Cualquiera
    Categoría Fantasía
    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre-

    -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final-

    -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja-

    -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas-

    -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad-

    -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio -

    Los hombres mienten.. y los demonios también...

    -Su mano descansó sobre el pomo de la espada-

    Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes....

    -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente -

    -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente -

    -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar-

    -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción-

    -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre- -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final- -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja- -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas- -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad- -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio - Los hombres mienten.. y los demonios también... -Su mano descansó sobre el pomo de la espada- Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes.... -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente - -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente - -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar- -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción- -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
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  • [después de haber estado con aquel gigante de antes ahora el general se encontraba caminando sobre continentes que flotaban sobre el vacío los cuales conectaban entre si atravez de puentes, cada uno de estos continentes tenia algo en común y era aquellos relojes de arena que de a poco se agotaban por la parte superior, estos relojes marcaban el tiempo restante que le quedaba al general dentro de la dimensión]

    Supongo que perdí mucho tiempo con aquel gigante pero ahora que lo veo bien la arena de esos relojes se mueve a un ritmo más lento que antes, ¿Alguien manipuló su velocidad? Dudo mucho que haya sido el maestro al que vine a ver.. no tendría sentido que el usará sus poderes para algo que no lo beneficia.

    •tras una larga caminata entre los continentes el general llego a un templo donde un misterioso portal lo esperaba estando activado, esto provocó desconfianza en el general pues todo estaba siendo muy raro•

    ¿Porque está activo? Se supone que debería ser yo el que averigüe como abrirlo.. esto me da mala espina.

    •despues de pensarlo un rato el general ingreso al portal siendo llevado hacia un lugar muy diferente, se veía al fondo un reloj inclinado rodeado por libros flotantes y bajo sus pies había agua inundando un enorme puente, pero lo más extraño fue cuando el general dirigió su mirada adelante notando la silueta de alguien que se acercó hacia el general hasta dejarse ver bien•

    Maestro: así que tu eres el general Deimos Ain ¿No es así? Te estuve esperando e incluso decidí brindarte algo de ayuda para que llegarás a tiempo

    Ya veo así que tu eres uno de los maestros al que todos conocen como el legendario demonio relojero, dicen que dominas todo lo que tenga que ver con el tiempo.

    Maestro: puedo incluso ver el futuro y pasado lo cual me ayudó a saber el motivo de porque decidiste venir, déjame decirte que me parece algo patético que decidas volverte más fuerte solo por una pelea pérdida.. tuviste una batalla de 3 contra 1 ¿Eso no te hace sentir orgulloso?

    ¿Orgulloso? Que un demonio sea derrotado la raza de las diosas no es nada orgulloso.

    Maestro: si esa es tu forma de pensar entonces no te entrenaré por voluntad mía.. tendrás que derrotarme en una batalla para ganartelo

    Será un honor pelear contra uno de los poderosos maestros ¡Hagámoslo!

    •asi fue como la batalla inicio, el general esquivaba manecillas de reloj que eran arrojadas hacia el como cuchillas para luego lanzarse a atacar al maestro el cual usando su visión futura lograba esquivar los ataques del general como si nada y hacia que el tiempo se congele para poder atacarlo con facilidad•

    [Está fue una batalla que duraría más de 10 rondas donde el general siempre era derrotado ante los poderes del relojero pero gracias a su deseo por conseguir más poder este se levantaba y seguía sin parar provocando que el combate se siguiera estirando]
    [después de haber estado con aquel gigante de antes ahora el general se encontraba caminando sobre continentes que flotaban sobre el vacío los cuales conectaban entre si atravez de puentes, cada uno de estos continentes tenia algo en común y era aquellos relojes de arena que de a poco se agotaban por la parte superior, estos relojes marcaban el tiempo restante que le quedaba al general dentro de la dimensión] Supongo que perdí mucho tiempo con aquel gigante pero ahora que lo veo bien la arena de esos relojes se mueve a un ritmo más lento que antes, ¿Alguien manipuló su velocidad? Dudo mucho que haya sido el maestro al que vine a ver.. no tendría sentido que el usará sus poderes para algo que no lo beneficia. •tras una larga caminata entre los continentes el general llego a un templo donde un misterioso portal lo esperaba estando activado, esto provocó desconfianza en el general pues todo estaba siendo muy raro• ¿Porque está activo? Se supone que debería ser yo el que averigüe como abrirlo.. esto me da mala espina. •despues de pensarlo un rato el general ingreso al portal siendo llevado hacia un lugar muy diferente, se veía al fondo un reloj inclinado rodeado por libros flotantes y bajo sus pies había agua inundando un enorme puente, pero lo más extraño fue cuando el general dirigió su mirada adelante notando la silueta de alguien que se acercó hacia el general hasta dejarse ver bien• Maestro: así que tu eres el general Deimos Ain ¿No es así? Te estuve esperando e incluso decidí brindarte algo de ayuda para que llegarás a tiempo Ya veo así que tu eres uno de los maestros al que todos conocen como el legendario demonio relojero, dicen que dominas todo lo que tenga que ver con el tiempo. Maestro: puedo incluso ver el futuro y pasado lo cual me ayudó a saber el motivo de porque decidiste venir, déjame decirte que me parece algo patético que decidas volverte más fuerte solo por una pelea pérdida.. tuviste una batalla de 3 contra 1 ¿Eso no te hace sentir orgulloso? ¿Orgulloso? Que un demonio sea derrotado la raza de las diosas no es nada orgulloso. Maestro: si esa es tu forma de pensar entonces no te entrenaré por voluntad mía.. tendrás que derrotarme en una batalla para ganartelo Será un honor pelear contra uno de los poderosos maestros ¡Hagámoslo! •asi fue como la batalla inicio, el general esquivaba manecillas de reloj que eran arrojadas hacia el como cuchillas para luego lanzarse a atacar al maestro el cual usando su visión futura lograba esquivar los ataques del general como si nada y hacia que el tiempo se congele para poder atacarlo con facilidad• [Está fue una batalla que duraría más de 10 rondas donde el general siempre era derrotado ante los poderes del relojero pero gracias a su deseo por conseguir más poder este se levantaba y seguía sin parar provocando que el combate se siguiera estirando]
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  • El suelo de piedra crujió bajo sus botas, rompiendo un silencio que parecía haber durado siglos y la vegetación devoraba los restos del antiguo templo, pero la majestuosidad de la entrada seguía intacta, coronada por un emblema dorado que resplandecía a pesar del moho. En el centro del camino, una katana clavada en la roca actuaba como una última y silenciosa advertencia.

    El aire se volvió denso de golpe, un frío sobrenatural comenzó a filtrarse desde las grietas de la madera vieja, trayendo consigo el olor a metal oxidado, ceniza y sangre antigua, los espíritus de los guerreros caídos no tardaron en manifestarse; el ambiente vibraba con el eco de susurros en un idioma olvidado.

    Antes de que Yue o 𝐒𝐎𝐋𝐃𝐈𝐄𝐑 pudieran avanzar un paso más, la realidad misma pareció distorsionarse.
    Dos colosales Oni, de piel roja como el fuego extinguido y ojos brillantes de ira ancestral, materializaron sus siluetas frente a las puertas de la forja.

    ── Bueno, esto mismo pasó la ultima vez que vine, pero estoy segura que es más justo un dos contra dos...──
    El suelo de piedra crujió bajo sus botas, rompiendo un silencio que parecía haber durado siglos y la vegetación devoraba los restos del antiguo templo, pero la majestuosidad de la entrada seguía intacta, coronada por un emblema dorado que resplandecía a pesar del moho. En el centro del camino, una katana clavada en la roca actuaba como una última y silenciosa advertencia. El aire se volvió denso de golpe, un frío sobrenatural comenzó a filtrarse desde las grietas de la madera vieja, trayendo consigo el olor a metal oxidado, ceniza y sangre antigua, los espíritus de los guerreros caídos no tardaron en manifestarse; el ambiente vibraba con el eco de susurros en un idioma olvidado. Antes de que Yue o [SOLDIER0] pudieran avanzar un paso más, la realidad misma pareció distorsionarse. Dos colosales Oni, de piel roja como el fuego extinguido y ojos brillantes de ira ancestral, materializaron sus siluetas frente a las puertas de la forja. ── Bueno, esto mismo pasó la ultima vez que vine, pero estoy segura que es más justo un dos contra dos...──
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  • Y allí estaba ella en la entrada de aquel imponente templo japonés aún se preguntaba como había terminado así toda la situación .

    Luego de una charla con los espíritus elementales se enteró que a los alrededores de aquel templo sucedían cosas fuera de lo normal, una inusual energía rondaba furtiva e inquietaba a los espíritus y los animales, estos últimos obtaron por alejarse del lugar confiando en su instinto de supervivencia.

    Yukine quien luego de ser informado de la situación decidió tomar cartas para esclarecer estos sucesos, su apari femenina actual sería perfecta ya que dicho templo por tradición siempre albergaba a una sacerdotisa encargada del cuidado y la purificación del lugar y sus visitantes.

    En primeras de su llegada al imponente santuario no percibió nada fuera de lo normal salvó esa tranquilidad casi sobrenatural y un camino alfombrado con las hojas secas de los árboles

    "Tengo mucho trabajo que hacer"

    Pensó para si misma al ver todo lo que tenía que limpiar de manera rudimentaria ya que no podrá usar su magia para facilitarse las tareas; sin pensarlo 2 veces avanzo por el sendero y entro al templo principal donde fue recibida por un monje anciano quien a su llegada se reverencio y presento a su nueva sacerdotisa a su vez que le daba instrucciones de sus funciones y quehaceres en el templo.....
    Y allí estaba ella en la entrada de aquel imponente templo japonés aún se preguntaba como había terminado así toda la situación . Luego de una charla con los espíritus elementales se enteró que a los alrededores de aquel templo sucedían cosas fuera de lo normal, una inusual energía rondaba furtiva e inquietaba a los espíritus y los animales, estos últimos obtaron por alejarse del lugar confiando en su instinto de supervivencia. Yukine quien luego de ser informado de la situación decidió tomar cartas para esclarecer estos sucesos, su apari femenina actual sería perfecta ya que dicho templo por tradición siempre albergaba a una sacerdotisa encargada del cuidado y la purificación del lugar y sus visitantes. En primeras de su llegada al imponente santuario no percibió nada fuera de lo normal salvó esa tranquilidad casi sobrenatural y un camino alfombrado con las hojas secas de los árboles "Tengo mucho trabajo que hacer" Pensó para si misma al ver todo lo que tenía que limpiar de manera rudimentaria ya que no podrá usar su magia para facilitarse las tareas; sin pensarlo 2 veces avanzo por el sendero y entro al templo principal donde fue recibida por un monje anciano quien a su llegada se reverencio y presento a su nueva sacerdotisa a su vez que le daba instrucciones de sus funciones y quehaceres en el templo.....
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    ****Edad del Caos.****
    "Cuando el Ángel Dudó"

    Asuna se quedó paralizada. Conocía ese poder, no entendía cómo, pero lo conocía y eso la asustó más que cualquier otra cosa. De pronto, imágenes aparecieron en su mente como fragmentos de recuerdos olvidados. Vio un templo blanco, columnas bañadas por la luz de la luna y varias niñas jugando entre los jardines. Entonces vio a una pequeña niña muy parecida a Yen, solo que con piel normal de Elunai. La niña corría y reía dentro del templo mientras mujeres vestidas de blanco la observaban. Asuna sintió un fuerte dolor en la cabeza y retrocedió confundida. No entendía por qué conocía ese lugar ni por qué sentía nostalgia al verlo.

    Las imágenes desaparecieron y Asuna volvió en sí respirando agitadamente. Miró a Yen con furia.

    -¿Cómo puedes usar ese poder? ¡La bendición de Yue solo puede ser otorgada por la Diosa!

    Sujetó a Yen por el cuello y la estrelló contra la pared. -¡Los seres del caos no pueden usar luz sagrada!

    Yen apenas podía respirar. El sellado seguía debilitándola y había usado lo poco que le quedaba de energía para curar a Onix. -No sé… de qué hablas…-

    Asuna apretó más fuerte mientras los recuerdos seguían golpeando su mente. Ya no estaba segura de nada. Aquella energía era idéntica a la que las sacerdotisas usaban en los recuerdos que acababa de ver pero entonces las cadenas detrás de ella se tensaron de golpe.

    Onix había despertado, sin decir una palabra rompió los grilletes de sus brazos y atrapó el cuello de Asuna usando las mismas cadenas. Ambas cayeron al suelo mientras Yen terminaba desplomándose a un lado, demasiado débil para levantarse.

    Asuna intentó liberarse usando su fuerza y extendiendo sus alas, pero Onix tiraba con todas sus fuerzas. Las cadenas se hundían cada vez más en el cuello del ángel. Las manos de Onix comenzaron a sangrar por la presión, pero ella no se detuvo. Lo único que veía era a esa mujer intentando matar a Yen.

    Asuna golpeó el suelo desesperadamente mientras trataba de respirar. Sus alas comenzaron a desaparecer poco a poco. Intentó usar magia, pero no podía concentrarse. Onix siguió tirando de las cadenas incluso cuando sus brazos temblaban por el esfuerzo.

    Hasta que finalmente Asuna dejó de moverse, Onix permaneció unos segundos inmóvil, respirando agitadamente, todavía sujetando las cadenas por si aquella mujer volvía a levantarse. Cuando entendió que ya no reaccionaba, soltó las cadenas y corrió hacia Yen. Sus manos estaban destrozadas y llenas de sangre, pero ni siquiera las miró.

    Tomó a Yen entre sus brazos mientras ella apenas seguía consciente. -Nos largamos de aqui…

    Yen intentó responder, pero no tuvo fuerzas, entonces Onix salió de la celda cargándola y escapó a través de las ruinas iluminadas por la luna.
    ****Edad del Caos.**** "Cuando el Ángel Dudó" Asuna se quedó paralizada. Conocía ese poder, no entendía cómo, pero lo conocía y eso la asustó más que cualquier otra cosa. De pronto, imágenes aparecieron en su mente como fragmentos de recuerdos olvidados. Vio un templo blanco, columnas bañadas por la luz de la luna y varias niñas jugando entre los jardines. Entonces vio a una pequeña niña muy parecida a Yen, solo que con piel normal de Elunai. La niña corría y reía dentro del templo mientras mujeres vestidas de blanco la observaban. Asuna sintió un fuerte dolor en la cabeza y retrocedió confundida. No entendía por qué conocía ese lugar ni por qué sentía nostalgia al verlo. Las imágenes desaparecieron y Asuna volvió en sí respirando agitadamente. Miró a Yen con furia. -¿Cómo puedes usar ese poder? ¡La bendición de Yue solo puede ser otorgada por la Diosa! Sujetó a Yen por el cuello y la estrelló contra la pared. -¡Los seres del caos no pueden usar luz sagrada! Yen apenas podía respirar. El sellado seguía debilitándola y había usado lo poco que le quedaba de energía para curar a Onix. -No sé… de qué hablas…- Asuna apretó más fuerte mientras los recuerdos seguían golpeando su mente. Ya no estaba segura de nada. Aquella energía era idéntica a la que las sacerdotisas usaban en los recuerdos que acababa de ver pero entonces las cadenas detrás de ella se tensaron de golpe. Onix había despertado, sin decir una palabra rompió los grilletes de sus brazos y atrapó el cuello de Asuna usando las mismas cadenas. Ambas cayeron al suelo mientras Yen terminaba desplomándose a un lado, demasiado débil para levantarse. Asuna intentó liberarse usando su fuerza y extendiendo sus alas, pero Onix tiraba con todas sus fuerzas. Las cadenas se hundían cada vez más en el cuello del ángel. Las manos de Onix comenzaron a sangrar por la presión, pero ella no se detuvo. Lo único que veía era a esa mujer intentando matar a Yen. Asuna golpeó el suelo desesperadamente mientras trataba de respirar. Sus alas comenzaron a desaparecer poco a poco. Intentó usar magia, pero no podía concentrarse. Onix siguió tirando de las cadenas incluso cuando sus brazos temblaban por el esfuerzo. Hasta que finalmente Asuna dejó de moverse, Onix permaneció unos segundos inmóvil, respirando agitadamente, todavía sujetando las cadenas por si aquella mujer volvía a levantarse. Cuando entendió que ya no reaccionaba, soltó las cadenas y corrió hacia Yen. Sus manos estaban destrozadas y llenas de sangre, pero ni siquiera las miró. Tomó a Yen entre sus brazos mientras ella apenas seguía consciente. -Nos largamos de aqui… Yen intentó responder, pero no tuvo fuerzas, entonces Onix salió de la celda cargándola y escapó a través de las ruinas iluminadas por la luna.
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    ****Edad del Caos.****
    La Hija del Caos y la Luz de Yue

    La técnica de sellado atravesó el cuerpo de Yen como una descarga helada. Por un instante sintió que algo dentro de ella se rompía violentamente, como si le hubieran arrancado una parte del alma. La energía oscura que envolvía su espada desapareció de golpe y sus piernas cedieron. Cayó de rodillas entre los escombros mientras respiraba con dificultad.

    Asuna descendió lentamente frente a ella. Sus alas doradas iluminaban las ruinas y la sonrisa en su rostro mostraba una satisfacción cruel.

    -Por fin…- Dijo mientras bajaba su espada. -Por fin corté tu conexión con el poder del Caos.-

    Yen levantó la mirada confundida, sentía el cuerpo pesado, vacío.

    -¿Caos…? ¿De qué estás hablando…?-

    Asuna frunció el ceño, como si la pregunta le pareciera ridícula.

    -No te hagas la ignorante. Todos saben que tú y Ozma provienen del Mundo del Caos. Tu padre es el Rey del Caos… el monstruo que trajo destrucción a este mundo.-

    Por primera vez desde que comenzó la guerra, Yen entendió algo importante, sos Elunai realmente creían aquellas historias. Ella siempre pensó que “monstruos del caos” era solo una forma despectiva de referirse a ellos por su apariencia y poder. Nunca imaginó que los Dioses hubieran construido toda una mentira alrededor de su existencia.

    Yen apretó los dientes y logró levantarse un poco. -Mi padre no es ningún rey del caos…-

    Asuna rodó los ojos con fastidio. -Claro que lo es.

    -¡No!- Gritó Yen. -¡Oz no es un monstruo! ¡Es un esposo al que le arrebataron a su esposa! ¡Un padre al que le robaron a su hija… y le mataron a la otra!

    El viento recorrió las ruinas mientras su voz temblaba de rabia. -Los Elunai comenzaron todo esto. Mi padre solo se cansó de su crueldad… de sus experimentos… de sus mentiras!!-

    Pero Asuna ni siquiera tomó en serio sus palabras. Para ella, aquello no era más que la manipulación de una criatura nacida del Caos.

    -Siempre dicen cosas así.- Respondió con desprecio y antes de que Yen pudiera reaccionar, Asuna le golpeó el rostro con la empuñadura de su espada. Yen cayó inconsciente sobre las piedras destruidas.

    Horas después, despertó lentamente, el ambiente era frío y húmedo. Un débil olor a polvo antiguo llenaba el aire, Yen abrió los ojos y vio gruesos barrotes de la celda. Al girar la vista encontró a Onix encadenada contra la pared. Su cuerpo estaba lleno de heridas y marcas de golpes. La joven apenas podía mantenerse consciente. -Onix…!!!-

    Yen intentó levantarse, pero el sellado seguía afectándola. Su cuerpo se sentía extrañamente débil. Cada movimiento era pesado, antinatural. Onix levantó un poco la cabeza al escucharla.

    -Yen… ¿qué haces aquí…?-

    Yen ignoró el dolor y avanzó hasta ella tambaleándose. Se arrodilló frente a su amiga y observó las cadenas en sus brazos. Intentó usar nuevamente el poder oscuro al que estaba acostumbrada pero no ocurrió nada, el vacío seguía ahí, pero entonces, casi por instinto, recordó algo diferente, una sensación cálida, lejana y suave, la misma presencia que a veces sentía bajo la luna llena. Yen cerró los ojos y una pequeña luz blanca comenzó a aparecer entre sus manos.

    No era el poder oscuro que siempre había utilizado junto a Ozma, este era distinto, puro y sereno. La energía recorrió las cadenas y el cuerpo de Onix. Las heridas comenzaron a cerrarse lentamente mientras un brillo plateado envolvía la celda.

    Los ojos de Onix se abrieron con sorpresa. -¿Ese poder…?

    En el exterior, Asuna sintió aquella presencia y su expresión cambió por completo, el aura que provenía de la celda era imposible. Asuna corrió por los pasillos de las ruinas y abrió la puerta de golpe. La luz de la luna entraba por una pequeña ventana con barrotes, iluminando a Yen desde atrás. Su cabello oscuro reflejaba la luz plateada de tal forma que parecía volverse blanco por momentos, y entre sus manos seguía brillando aquella energía sagrada.

    Asuna retrocedió un paso, su mente no podía comprender lo que estaba viendo. Ese poder era idéntico al que las sacerdotisas Elunai utilizaban en los templos de la Diosa Yue.

    "¿Cómo es esto posible…?" *Se pregunto en su cabeaza. ¿Cómo podía una criatura nacida del Caos poseer un poder sagrado?
    ****Edad del Caos.**** La Hija del Caos y la Luz de Yue La técnica de sellado atravesó el cuerpo de Yen como una descarga helada. Por un instante sintió que algo dentro de ella se rompía violentamente, como si le hubieran arrancado una parte del alma. La energía oscura que envolvía su espada desapareció de golpe y sus piernas cedieron. Cayó de rodillas entre los escombros mientras respiraba con dificultad. Asuna descendió lentamente frente a ella. Sus alas doradas iluminaban las ruinas y la sonrisa en su rostro mostraba una satisfacción cruel. -Por fin…- Dijo mientras bajaba su espada. -Por fin corté tu conexión con el poder del Caos.- Yen levantó la mirada confundida, sentía el cuerpo pesado, vacío. -¿Caos…? ¿De qué estás hablando…?- Asuna frunció el ceño, como si la pregunta le pareciera ridícula. -No te hagas la ignorante. Todos saben que tú y Ozma provienen del Mundo del Caos. Tu padre es el Rey del Caos… el monstruo que trajo destrucción a este mundo.- Por primera vez desde que comenzó la guerra, Yen entendió algo importante, sos Elunai realmente creían aquellas historias. Ella siempre pensó que “monstruos del caos” era solo una forma despectiva de referirse a ellos por su apariencia y poder. Nunca imaginó que los Dioses hubieran construido toda una mentira alrededor de su existencia. Yen apretó los dientes y logró levantarse un poco. -Mi padre no es ningún rey del caos…- Asuna rodó los ojos con fastidio. -Claro que lo es. -¡No!- Gritó Yen. -¡Oz no es un monstruo! ¡Es un esposo al que le arrebataron a su esposa! ¡Un padre al que le robaron a su hija… y le mataron a la otra! El viento recorrió las ruinas mientras su voz temblaba de rabia. -Los Elunai comenzaron todo esto. Mi padre solo se cansó de su crueldad… de sus experimentos… de sus mentiras!!- Pero Asuna ni siquiera tomó en serio sus palabras. Para ella, aquello no era más que la manipulación de una criatura nacida del Caos. -Siempre dicen cosas así.- Respondió con desprecio y antes de que Yen pudiera reaccionar, Asuna le golpeó el rostro con la empuñadura de su espada. Yen cayó inconsciente sobre las piedras destruidas. Horas después, despertó lentamente, el ambiente era frío y húmedo. Un débil olor a polvo antiguo llenaba el aire, Yen abrió los ojos y vio gruesos barrotes de la celda. Al girar la vista encontró a Onix encadenada contra la pared. Su cuerpo estaba lleno de heridas y marcas de golpes. La joven apenas podía mantenerse consciente. -Onix…!!!- Yen intentó levantarse, pero el sellado seguía afectándola. Su cuerpo se sentía extrañamente débil. Cada movimiento era pesado, antinatural. Onix levantó un poco la cabeza al escucharla. -Yen… ¿qué haces aquí…?- Yen ignoró el dolor y avanzó hasta ella tambaleándose. Se arrodilló frente a su amiga y observó las cadenas en sus brazos. Intentó usar nuevamente el poder oscuro al que estaba acostumbrada pero no ocurrió nada, el vacío seguía ahí, pero entonces, casi por instinto, recordó algo diferente, una sensación cálida, lejana y suave, la misma presencia que a veces sentía bajo la luna llena. Yen cerró los ojos y una pequeña luz blanca comenzó a aparecer entre sus manos. No era el poder oscuro que siempre había utilizado junto a Ozma, este era distinto, puro y sereno. La energía recorrió las cadenas y el cuerpo de Onix. Las heridas comenzaron a cerrarse lentamente mientras un brillo plateado envolvía la celda. Los ojos de Onix se abrieron con sorpresa. -¿Ese poder…? En el exterior, Asuna sintió aquella presencia y su expresión cambió por completo, el aura que provenía de la celda era imposible. Asuna corrió por los pasillos de las ruinas y abrió la puerta de golpe. La luz de la luna entraba por una pequeña ventana con barrotes, iluminando a Yen desde atrás. Su cabello oscuro reflejaba la luz plateada de tal forma que parecía volverse blanco por momentos, y entre sus manos seguía brillando aquella energía sagrada. Asuna retrocedió un paso, su mente no podía comprender lo que estaba viendo. Ese poder era idéntico al que las sacerdotisas Elunai utilizaban en los templos de la Diosa Yue. "¿Cómo es esto posible…?" *Se pregunto en su cabeaza. ¿Cómo podía una criatura nacida del Caos poseer un poder sagrado?
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    ****Edad del Caos.****
    "Encuentro inesperado"

    La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes,
    ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses.

    Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra.

    -¡Los Dioses finalmente se escondieron!
    -¡Temen al gran Ozma!
    -¡La princesa del Caos los hizo retroceder!

    Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba.

    -Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba.

    Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante.

    A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor.

    Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana.

    Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años.

    -Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.*

    *Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal.

    La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza.

    No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros.

    Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente.

    -Son ellos!
    -¡Los héroes!
    -¡Salvaron la caravana!
    -¡Derrotaron a los monstruos del bosque!

    Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo.

    La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada.

    -¿Qué hace ella aquí…? *Pensó.

    La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad.

    -¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad.

    *Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas.

    Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso.

    -S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.*
    -Solo hicimos lo que cualquiera haría.

    Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente.

    -Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual.

    Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada

    Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros.

    Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina.

    -Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
    ****Edad del Caos.**** "Encuentro inesperado" La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes, ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses. Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra. -¡Los Dioses finalmente se escondieron! -¡Temen al gran Ozma! -¡La princesa del Caos los hizo retroceder! Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba. -Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba. Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante. A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor. Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana. Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años. -Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.* *Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal. La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza. No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros. Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente. -Son ellos! -¡Los héroes! -¡Salvaron la caravana! -¡Derrotaron a los monstruos del bosque! Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo. La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada. -¿Qué hace ella aquí…? *Pensó. La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad. -¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad. *Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas. Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso. -S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.* -Solo hicimos lo que cualquiera haría. Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente. -Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual. Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros. Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina. -Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
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  • 》 Rol Priv con Lázaro

    Un juramento Irrompible. 《

    El miedo a los límites de la ciudad había quedado atrás. Las antiguas inseguridades de Lyssandre se disolvieron entre mapas polvorientos, senderos hostiles y el acero de su propia determinación.

    Ya no era solo una sanadora de interiores; los viajes la moldearon en una bruja autosuficiente. Aprendió a leer la caligrafía de la tierra, a pisar sin despertar trampas naturales y a ejecutar hechizos de defensa con la misma precisión con la que medía los gramos de un pastel de luna.

    Su motivación actual no era el oro, sino el conocimiento. Los rumores sobre las ruinas de una civilización olvidada describían un milagro botánico: una flor mística capaz de revertir maldiciones de forma paulatina. Para una bruja gastronómica, aquello era el ingrediente definitivo.

    El viaje en solitario exigió una preparación meticulosa. Su mochila de suministros no contenía raciones comunes, sino frascos de cristal con masa madre encantada, mermeladas de bayas lunares que restauraban la estamina y panes de centeno bendecidos contra el cansancio.

    A su lado, su fiel unicornio Kamerynn avanzaba con paso firme. Su presencia no solo aligeraba el camino, sino que purificaba el aire de las toxinas del bosque circundante.

    Al cabo de unos días, la vegetación dio paso a imponentes estructuras de piedra devoradas por el musgo y las enredaderas. El ambiente en las ruinas se volvió denso, cargado de una quietud sepulcral. Lyssandre descendió de su montura, ajustó las correas de su bolso médico y avanzó a pie entre los pilares derruidos. El aroma a piedra húmeda y magia antigua era casi masticable.

    Fue al cruzar el umbral del que parecía ser el templo principal cuando el viento cambió. El sutil pero inconfundible olor a hierro rompió la pureza del lugar. No era la flor mágica. Era sangre....

    Lyssandre apresuró el paso, esquivando unos bloques de granito caídos, hasta que sus ojos se abrieron con sorpresa. Tendido sobre las losas frías, inmóvil y cubierto, se encontraba el cuerpo de una persona.
    》 Rol Priv con [ELEAZ.AR] Un juramento Irrompible. 《 El miedo a los límites de la ciudad había quedado atrás. Las antiguas inseguridades de Lyssandre se disolvieron entre mapas polvorientos, senderos hostiles y el acero de su propia determinación. Ya no era solo una sanadora de interiores; los viajes la moldearon en una bruja autosuficiente. Aprendió a leer la caligrafía de la tierra, a pisar sin despertar trampas naturales y a ejecutar hechizos de defensa con la misma precisión con la que medía los gramos de un pastel de luna. Su motivación actual no era el oro, sino el conocimiento. Los rumores sobre las ruinas de una civilización olvidada describían un milagro botánico: una flor mística capaz de revertir maldiciones de forma paulatina. Para una bruja gastronómica, aquello era el ingrediente definitivo. El viaje en solitario exigió una preparación meticulosa. Su mochila de suministros no contenía raciones comunes, sino frascos de cristal con masa madre encantada, mermeladas de bayas lunares que restauraban la estamina y panes de centeno bendecidos contra el cansancio. A su lado, su fiel unicornio Kamerynn avanzaba con paso firme. Su presencia no solo aligeraba el camino, sino que purificaba el aire de las toxinas del bosque circundante. Al cabo de unos días, la vegetación dio paso a imponentes estructuras de piedra devoradas por el musgo y las enredaderas. El ambiente en las ruinas se volvió denso, cargado de una quietud sepulcral. Lyssandre descendió de su montura, ajustó las correas de su bolso médico y avanzó a pie entre los pilares derruidos. El aroma a piedra húmeda y magia antigua era casi masticable. Fue al cruzar el umbral del que parecía ser el templo principal cuando el viento cambió. El sutil pero inconfundible olor a hierro rompió la pureza del lugar. No era la flor mágica. Era sangre.... Lyssandre apresuró el paso, esquivando unos bloques de granito caídos, hasta que sus ojos se abrieron con sorpresa. Tendido sobre las losas frías, inmóvil y cubierto, se encontraba el cuerpo de una persona.
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