• —Y esta es la parte en donde veo cómo ha avanzado la humanidad y… pierdo la esperanza.
    Tanta maldad, tanto odio, tantas pérdidas.

    Desde lo alto observo un mundo que brilla por fuera y se quiebra por dentro.
    Veo progreso sin compasión, voces sin amor, futuros construidos sobre ruinas.

    Soy la esperanza…
    Pero la esperanza se agota

    Pero mientras alguien sueñe,
    mientras alguien ame,
    mientras alguien se levante después de caer…

    yo no puedo desaparecer.
    —Y esta es la parte en donde veo cómo ha avanzado la humanidad y… pierdo la esperanza. Tanta maldad, tanto odio, tantas pérdidas. Desde lo alto observo un mundo que brilla por fuera y se quiebra por dentro. Veo progreso sin compasión, voces sin amor, futuros construidos sobre ruinas. Soy la esperanza… Pero la esperanza se agota Pero mientras alguien sueñe, mientras alguien ame, mientras alguien se levante después de caer… yo no puedo desaparecer.
    Me gusta
    4
    1 turno 0 maullidos
  • La plaza estaba viva. El sol del mediodía brillaba fuerte sobre las piedras del suelo, calentándolas apenas, y las palomas revoloteaban entre los bancos y las fuentes. Pero lo que realmente llenaba el aire no era el calor ni los pasos apresurados de los transeúntes, sino la música.

    Un grupo de músicos se había instalado en el corazón del lugar: un contrabajo viejo, una guitarra desgastada pero afinada con esmero, una trompeta brillante y una caja rítmica que marcaba el compás como el latido de un corazón animado. La gente se detenía, sonreía, lanzaba unas monedas al sombrero que habían dejado abierto frente a ellos. El ambiente estaba envuelto en melodía y alegría.

    Fue entonces que apareció el Vermilinguo Sniffles.

    Con su mochila tras la espalda, ropa clásica que lo hacen ver más mayor de que es, este se detuvo a unos metros del grupo, completamente maravillado. Aunque su expresión era más apática con su característica seriedad.
    La plaza estaba viva. El sol del mediodía brillaba fuerte sobre las piedras del suelo, calentándolas apenas, y las palomas revoloteaban entre los bancos y las fuentes. Pero lo que realmente llenaba el aire no era el calor ni los pasos apresurados de los transeúntes, sino la música. Un grupo de músicos se había instalado en el corazón del lugar: un contrabajo viejo, una guitarra desgastada pero afinada con esmero, una trompeta brillante y una caja rítmica que marcaba el compás como el latido de un corazón animado. La gente se detenía, sonreía, lanzaba unas monedas al sombrero que habían dejado abierto frente a ellos. El ambiente estaba envuelto en melodía y alegría. Fue entonces que apareció el Vermilinguo Sniffles. Con su mochila tras la espalda, ropa clásica que lo hacen ver más mayor de que es, este se detuvo a unos metros del grupo, completamente maravillado. Aunque su expresión era más apática con su característica seriedad.
    Me encocora
    1
    5 turnos 0 maullidos
  • "Ven y baila conmigo"
    Fandom El que sea (adaptable)
    Categoría Fantasía
    El roce de sus pies descalzos contra la piedra marca el inicio del ritual, lento y contenido, como si el suelo mismo la guiara. El arpa descansa a un lado, aún vibrando en el recuerdo de la melodía, mientras su cuerpo continúa el canto que las cuerdas ya no sostienen. Alza los brazos y las telas claras describen arcos suaves, dorados por la luz, girando con cautela, confiando más en la bendición del dios del sol que en su propia coordinación.
    Cada movimiento es una ofrenda silenciosa, un intento por traer calma, por envolver el espacio en una paz frágil pero sincera. No baila para impresionar, sino para aquietar el ánimo y sostener el orden por un instante más.
    Cuando el último giro se extingue y el silencio regresa, baja la mirada y respira hondo. Luego se acerca con pasos tímidos hacia aquella persona, las mejillas aún tibias por el esfuerzo.
    —¿Lo hice bien…? —pregunta en voz baja, con una sonrisa insegura, aguardando la respuesta como si en ella reposara el juicio del propio sol.
    El roce de sus pies descalzos contra la piedra marca el inicio del ritual, lento y contenido, como si el suelo mismo la guiara. El arpa descansa a un lado, aún vibrando en el recuerdo de la melodía, mientras su cuerpo continúa el canto que las cuerdas ya no sostienen. Alza los brazos y las telas claras describen arcos suaves, dorados por la luz, girando con cautela, confiando más en la bendición del dios del sol que en su propia coordinación. Cada movimiento es una ofrenda silenciosa, un intento por traer calma, por envolver el espacio en una paz frágil pero sincera. No baila para impresionar, sino para aquietar el ánimo y sostener el orden por un instante más. Cuando el último giro se extingue y el silencio regresa, baja la mirada y respira hondo. Luego se acerca con pasos tímidos hacia aquella persona, las mejillas aún tibias por el esfuerzo. —¿Lo hice bien…? —pregunta en voz baja, con una sonrisa insegura, aguardando la respuesta como si en ella reposara el juicio del propio sol.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    15
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • Otra vez , tuve ese sueño donde tu mi lancelot me dabas un anillo .... y luego desperte por los gritos de tristan!
    Otra vez , tuve ese sueño donde tu mi lancelot me dabas un anillo .... y luego desperte por los gritos de tristan!
    0 turnos 0 maullidos
  • ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física.

    Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura.

    El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó.

    Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él.

    Ahí va el vampiro
    - Dijo una voz burlona -

    - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas -

    Déjenme en paz
    - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon -

    ¿Escucharon eso?
    - Dijo otro chico -
    El monstruo sabe hablar

    - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho -

    ¿Es cierto que bebes sangre?
    - Preguntó uno, acercándose demasiado -
    ¿O solo eres un enfermo asqueroso?

    No es así…
    - Leo intentó decir con la voz temblándole -
    Yo no elegí esto...

    Claro que no
    - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago -
    Nadie elige ser una cosa tan desagradable

    - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas -

    ¿Y si nos muerde?
    - Dijo uno fingiendo miedo -
    Capaz y nos contagia

    Míralo
    - Aañadió otro -
    Da asco, deberían encerrarte

    - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano -

    ¡Fué suficiente!
    - Uno de ellos gritó al final -
    Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez

    Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre.

    Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
    ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física. Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura. El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó. Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él. Ahí va el vampiro - Dijo una voz burlona - - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas - Déjenme en paz - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon - ¿Escucharon eso? - Dijo otro chico - El monstruo sabe hablar - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho - ¿Es cierto que bebes sangre? - Preguntó uno, acercándose demasiado - ¿O solo eres un enfermo asqueroso? No es así… - Leo intentó decir con la voz temblándole - Yo no elegí esto... Claro que no - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago - Nadie elige ser una cosa tan desagradable - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas - ¿Y si nos muerde? - Dijo uno fingiendo miedo - Capaz y nos contagia Míralo - Aañadió otro - Da asco, deberían encerrarte - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano - ¡Fué suficiente! - Uno de ellos gritó al final - Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre. Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
    Me entristece
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • - Debería de dormir...pero no puedo. Mi canal del sueño esta terrible. Tocará ponerse a ordenar la habitación mientras canto a todo pulmón [??] -
    - Debería de dormir...pero no puedo. Mi canal del sueño esta terrible. Tocará ponerse a ordenar la habitación mientras canto a todo pulmón [??] -
    Me entristece
    Me gusta
    Me shockea
    4
    8 turnos 0 maullidos
  • En días como estos suelo reproducir la música que me enseñaste, no para extrañarte, para recordarte.
    En días como estos suelo reproducir la música que me enseñaste, no para extrañarte, para recordarte.
    Me gusta
    Me encocora
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • -El chico en la necesidas de dinero opto por hacer lo que mejor sabe hacer, matar por dinero, aunque en aquel nuevo universo ser mercenario como el suele hacerlo es ilegal, asi que entro al ejercito donde rápidamente lo admitieron, mejoraron su equipo. Dandole una nueva mascara, traje y armas, lo enviaban solo a misiones importantes, incluso lo llagaron a enviar solo, y siempre cumple. En este momento se encuentra en un edificio interrogando a alguien, para desifrar codigos de armas biologicas, asi que iba con el y le enterraba ina daga en la rodilla-

    Dime donde... estan esos codigos...ahora

    -mencionaba, pero no optenia respuesta, asi que comenzo a mover el cuchillo arrancando poco a poco aquella rodilla, se escuchaban los gritos de dolor, pero poco le importaba. Despues de unos minutos hablo. Terminando todo con un disparo en la cabeza de el contrarío, se iria de aquel edificio rapidamente y regresaria a su hogar, su equipo siempre lo conservaba asi que entraba a su departamento. Donde en la pared a lado de su puerta hay un espejo cuerpo completo, mirándose por unos minutos-

    Que te han hecho imbesil...todo lo que tienes que ocultar por unas monedas...decepcionarias a tu raza si siguieran con vida...
    -El chico en la necesidas de dinero opto por hacer lo que mejor sabe hacer, matar por dinero, aunque en aquel nuevo universo ser mercenario como el suele hacerlo es ilegal, asi que entro al ejercito donde rápidamente lo admitieron, mejoraron su equipo. Dandole una nueva mascara, traje y armas, lo enviaban solo a misiones importantes, incluso lo llagaron a enviar solo, y siempre cumple. En este momento se encuentra en un edificio interrogando a alguien, para desifrar codigos de armas biologicas, asi que iba con el y le enterraba ina daga en la rodilla- Dime donde... estan esos codigos...ahora -mencionaba, pero no optenia respuesta, asi que comenzo a mover el cuchillo arrancando poco a poco aquella rodilla, se escuchaban los gritos de dolor, pero poco le importaba. Despues de unos minutos hablo. Terminando todo con un disparo en la cabeza de el contrarío, se iria de aquel edificio rapidamente y regresaria a su hogar, su equipo siempre lo conservaba asi que entraba a su departamento. Donde en la pared a lado de su puerta hay un espejo cuerpo completo, mirándose por unos minutos- Que te han hecho imbesil...todo lo que tienes que ocultar por unas monedas...decepcionarias a tu raza si siguieran con vida...
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • "Parece que el #Seductivesunday viene intenso, pero lamentablemente en mi estado no se me permite mostrar mucho; aunque mis esposos digan que me veo igual de irresistible. Pero para que no se queden con las ganas, les suelto esta joyita y me retirare lentamente... piensen lo que quieran. Solo diré que 47 cm me parece un número bastante digno de admirar. para mi gusto, jxjxjxjx ¡Ahí se los dejo disfrútenlooo!
    "Parece que el #Seductivesunday viene intenso, pero lamentablemente en mi estado no se me permite mostrar mucho; aunque mis esposos digan que me veo igual de irresistible. Pero para que no se queden con las ganas, les suelto esta joyita y me retirare lentamente... piensen lo que quieran. Solo diré que 47 cm me parece un número bastante digno de admirar. para mi gusto, jxjxjxjx ¡Ahí se los dejo disfrútenlooo!
    Me endiabla
    Me gusta
    Me enjaja
    Me shockea
    Me encocora
    10
    21 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    —El suegro es muy guapo, pero vaya carácter horrible que tiene...
    Al menos sé que mi cervatillo sacó sus encantos con justa razón~
    —El suegro es muy guapo, pero vaya carácter horrible que tiene... Al menos sé que mi cervatillo sacó sus encantos con justa razón~
    Huele demasiado a lujuria que aroma tan molesto, sin duda el pecado de la lujuria es el que mejor trabaja en este lugar
    Casi lo envidiaria si no fuera porque detrás de las pantallas habita el pecado más grande, la humanidad
    0 comentarios 0 compartidos
Ver más resultados
Patrocinados